Capítulo V:
La luna llena iluminaba el bosque que se encontraba tras la mansión, hacia ya rato que su puro se había apagado, pero aun no podía girarse. Estaba detrás de ella, lo sabía, hacía rato que él estaba en la oficina y se negaba a ser ella la que rompiera el silencio. Intencionalmente había dejado los diarios de su abuelo, su pistola y la carta, la dichosa carta que había colocado su mundo en una balanza, la más cruel y paradójica.
Pocos años después de acabado Milennio la reina había fallecido, por lo que el príncipe heredero asumió el trono y conoció a la verdadera mesa redonda y los secretos que esta guardaba, Hellsing entre muchos de tantos, restringió los movimientos de sangre y seleccionó los capitanes a su cargo. A diferencia de la anterior corona, la nueva no estaba dispuesta a tolerar que seres tan poderosos se movieran con libertades y pelearan guerras que estaban fuera del alcance de los mortales, por lo que intervino absolutamente todos los organismos del reino unido.
El nuevo rey se había interesado poco favorablemente por la draculina Seras Victoria y él mismo había autorizado a que ella realizara misiones de campo que no estuvieran relacionadas con Hellsing, sin embargo siempre dejó bien en claro, en privado, a la Comandante que estas criaturas no eran más que herramientas, ya estaban muertas y por lo tanto no tenían derecho alguno.
Integra, por su parte, siempre esperó el regreso del conde y cuando este volvió su alegría fue tan grande como su pesar, porque sabía que no iba a poder ocultas por demasiado tiempo su regreso. El consumo de sangre y los ojos que el rey tenía en su división eran demasiados como para pasar su presencia de largo. Los hombres lobos solo aceleraron lo inevitable.
Poco después de que Alucard se coloque en letargo junto a su draculina, ella fue llamada por la corona. El rey personalmente le había dado la carta que ahora estaba en su escritorio, donde estaba la orden real de acabar con uno de los dos vampiros, puesto que uno solo era más que suficiente para la defensa del reino. Integra supo en ese momento lo que tenía que hacer y a quien debía elegir, era fácil, o eso pensó.
- ¿Qué piensas hacer?- la voz del vampiro mayor resonó en toda la oficina. Un escalofrío recorrió la columna de Integra y de pronto sintió que regresó a ser la niña que corría por su vida escapando de su tío. La situación estaba fuera de su control.
-Aun lo estoy meditando- fue lo que respondió. Era importante que aunque no supiera aún qué hacer con la situación, dejara en claro que era ella quien tenía la última palabra- regresa al sótano. Te haré saber cuando tome una decisión- termino sin más, se quedó observando la luna y pudo percibir cuando el vampiro abandono la habitación ya que de pronto dejo de sentir un frio helado a sus espaldas.
Siguió observando la luna y al bajar la vista pudo observarla. Allí en el jardín estaba Victoria sentada en una banca, no llevaba el uniforme de Hellsing, ropa deportiva y nada más, solo el mismo camisón hasta las rodillas. Hacía muchísimo frio afuera, pero la vampiresa parecía que era inmune a este, al frio y a muchas otras cosas.
Durante 30 años la muchacha fue más que un soldado, fue un pilar para ella. Un recordatorio constante de cuál era la sagrada misión de su familia. Cuando la mansión debió ser reconstruida Victoria había supervisado personalmente la obra, la selección del personal domestico también. Durante décadas cumplió fielmente al mandato de su señor y había cuidado diligentemente de Sir Hellsing, pero también sabía que lo había hecho por gusto, La draculina tenía buen corazón y se preocupaba por los demás.
Por otro lado estaba su creador. Alucard la había salvado de su tío y le habría criado prácticamente. Sabia como dirigir, mandar y ordenar porque él le había enseñado como no mostrar piedad con sus oponentes. Durante su crecimiento el rey no muerto la ilustró y preparó para lo que era el trato y confrontamiento con la no vida, así que gracias a eso ganó prácticamente todas sus batallas. Y volvía al mismo punto de inicio. ¿A quién iba a sacrificar por la corona?
-Las sombras están agitadas- el susurro casi imperceptible para los oídos mortales fue más que suficiente para los habitantes de la mazmorra de la mansión- ¿qué es lo que sucede maestro?- el silencio fue toda la respuesta que obtuvo. Solo se resignó a seguir hasta su cuarto y recostarse en su ataúd, sus fuerzas a un no estaban de regreso.
Desde el regreso de su maestro las cosas habían cambiado drásticamente. Al principio, la noche en la que volvió, se mantuvo a su lado, sin decir nada Victoria sabia que una de las pocas esencias que había en el interior del viejo Rey, era un fragmento de su alma, y que fue este quien le permitió regresar al mundo mortal. Desde esa primera noche y las que siguieron Alucard aceptó la presencia de Victoria en sus aposentos y permitió que le acompañase en su alimentación y quehaceres diarios (que era nada, prácticamente).
Su rutina se había convertido en un reconocimiento del otro ente que habitaba la mansión. Pronto las sombras de Victoria que cubrían la mansión se vieron invadidas por las de Alucard, el cual también las extendía para conocer todo lo que pasaba a su alrededor. El vampiro veía y oía todo sin moverse de su trono. Al principio fue extraño, pues se había acostumbrado a estar sola y cargar con la mansión en sus hombros: sin previo aviso su maestro regresó y extendió su presencia en todo el territorio pero nunca intervino en nada de lo que sucedía a su alrededor, se mantenía como un observador, dejando que fuera ella la que resolviera cada asunto que surgiera. Desde un desperfecto en la mansión al trato con los soldados.
Aunque jamás lo admitiría, para él también fue extraño desde su regreso. Descubrió que solo sus aposentos se encontraban libres de la presencia de su draculina, cada parte de la mansión y los alrededores estaba impregnado con la presencia de ella. Observó gratamente que había aprendido a controlar las sombras y se había vuelto muy precavida. Al menos en algo había madurado. Por esa razón siquiera se molestó en decirle que había sucedido en el despacho de Sir Hellsing, cuando sus sombras se mezclaran ella lo descubriría
El atardecer llegó y con este ambos vampiros despertaron. Victoria sentía las sombras de su maestro agitadas y al prestar atención a la mansión sus ojos demostraron la pena que sentía por su buena amiga. Alucard por su parte supo que ese día marcaría nuevamente un punto importante en su existencia. Una mueca similar a una sonrisa se formó en su pálido rostro. Integra bajaba con unos soldados y el equipamiento necesario, al fin había tomado la decisión más lógica.
- Es tiempo- habló la comandante entrando a la habitación- Dormirás hasta mi muerte, luego el sello se romperá ya que no tengo herederos de sangre que perpetúen el legado- Sin más tapó el ataúd y procedió a sellar a la criatura en su interior. Fue difícil tomar esa decisión, el vampiro restante lo sabía, no la culpaba o juzgaba. Pero sí fue para todos una certeza que desde ahora Sir Hellsing ya no tenía la confianza ciega del no muerto que aun restaba.
Bueno, hasta acá. No me voy a disculpar por haber tardado tanto ya que sería muy egoísta de mi parte. Honestamente me metí en un embrollo que no sabía cómo terminar. Fueron seis finales distintos los que cree y solo este después de darle vueltas y vueltas me convenció.
Si llegaste hasta acá te agradezco que le dieses la oportunidad al fic y espero de corazón que te haya gustado. Seguro nos leemos en alguna otra historia.
Un saludo enorme, Noaharg.
