Instituto Hokkaido
By: Vainiella
Capítulo 5
"Crisis"
-Los sentimientos afloran…-
"¿Michael…?"
-Su nombre es Michael Jhonnson, y viene de Estados Unidos como estudiante de intercambio…- señalando la puerta en forma de bienvenida, dejando entrar a un chico rubio de rasgos americanos y de uniforme intacto.
No podía ser…
No podía ser que él… esté aquí.
-¿Qué te sucede?- preguntó el Ishida extrañado al reconocer lo pálida que estaba su compañera de mesa.
-Joven Jhonnson, ubíquese en aquel puesto, junto al joven Tokumori.
Mientras el americano caminaba sereno hacia su mesa, una impactada castaña no le quitaba la mirada de encima.
Había perdido el aliento con solo reconocerlo, y eso que han pasado demasiados años como para recordarlo. Pero, ¿Cómo olvidar aquel chico que había sido su primer amor secreto? Michael ha sido desde el primer momento para la castaña el perfecto prototipo de "Futuro Esposo y padre de sus hijos". El típico príncipe sobre su blanco corcel. La fantasía romántica y secreta de toda niñez. Él era la única persona por la cual Mimi perdía el equilibrio y la habilidad de hablar coherentemente, y nada más al recordar las oportunidades en que lo tuvo en frente todavía se paraliza, ¡Era tan emocionante que lo único que su cuerpo podía hacer era mandarle toda la sangre a sus mejillas!
¿Qué rayos hacía él aquí?
Mejor dicho,
¡¿Por qué aquí?!
Con todos los colegios que hay en el planeta… ¡Con todos los institutos para chicos que hay en el planeta! …Justamente se viene a antojar con el de Hokkaido… ¡¿Qué no podía estudiar en China o en Rusia?! ¡NO! Estudiemos en el mismo plantel estudiantil que Mimi Tachikawa para complicarle aún más la vida.
Ahora no solo tendría que lidiar con una manada de testosteronas que no la dejaban tranquila, sino que también tenía que buscar como carrizos pasar desapercibida ante una persona que aparentemente aún detenía su respiración.
Y es que… seguía siendo tan adorable.
-¡Basta!
Sacudió su rostro inmediatamente al volver a sentir los mismos síntomas de enamoramiento, reconociendo que aquello pasó hace mucho tiempo y que en estos momentos NO estaba para esas cosas. Debía controlarse, ¡Debía hacerlo! Ahora que era alumna de un instituto para chicos, no podía bajar la guardia.
Ahora… no era femenina, no era mujer, noera Mimi. Era un chico común y corriente de secundaria llamado Miso. Y por más complicaciones que se presenten en su misión "No USA", no iba a rendirse.
Cerró los ojos y se concentró en su apoyo interno, repitiéndose mentalmente de que todo estaría bien.
-Disculpa…
Todo estará bien. Todo estará bien.
-Oye…
¡Sí, todo estará bien!
-¿Qué eres esquizofrénico o qué? Te están hablando…
La voz del Ishida la despertó por fin de sus pensamientos, haciéndola reaccionar y mirar al frente encontrándose con un uniforme pulcro y con la camisa por dentro. Subiendo su vista lentamente pasando por una corbata intacta, un cuello bien arreglado y…
-Michael…
-¿Eres Tachikawa, cierto?
Su cuerpo no solo había temblado, ahora podía que literalmente el corazón se le subió a la garganta.
-S-S-Sí… ¿Por-por qué?- Será posible que…
¿…Haya sido descubierta?
-Se te ha caído esto…- entregándole cortésmente algunos papeles con su apellido. Fue en ese instante que Mimi reconoció a la persona con la que había chocado; él. Y lo peor que no tuvo la cortesía de ayudarle a levantarse cuando había sido su culpa que cayeran al suelo. Si tan solo se hubiese detenido, el impacto que está causando su aparición no sería tan mortífero.
-Oh… G-Gracias.
Sintió un inmenso alivio salir de ella como un suspiro. Que tonta, era imposible recordarla después de tantos años. Solo estudiaron unos cuantos grados juntos, y aunque sus padres son buenos amigos, nunca intercambió más que un "Hola" y "Gracias" cuando estaban en la misma habitación. Ella solo fue una pequeña niña que estuvo perdidamente enamorada de su serenidad y sonrisa, y al estar escondida tras las piernas de su madre cada vez que él estaba cerca no era porque le tenía miedo, sino porque le amaba tan profundamente que no sabía como actuar.
Pero eso fue hace tanto tiempo, así que no hay nada de qué preocuparse… lo mejor será que no la recuerde.
Sí, todo estará bien…
-Por cierto…
-¿Sí?
-¿Qué haces vestido como chico, Mimi?
Wake UP!
-¡DIOS!
La luz del día atravesaba las persianas de la habitación iluminando tenuemente cada esquina. Era de día, quizás no pasaba de las 10, y a pesar de ser un fin de semana, era hora de que todos despertasen. Claro está, de una manera sutil, y no como lo había hecho una agitada castaña que se había sentado de golpe en su cama sin percatarse de las gotas de sudor que resbalaban por su frente.
Había tenido un sueño que aún no sabía si diferenciarlo de pesadilla, agradeciendo al Todopoderoso por solo haber sido una rata jugada de su subconsciente y no la vida real. Aunque las palabras intercambiadas entre ella y el rubio, y su secreto descubierto había sido todo producto de su mente, lo que sí era real es que Michael cursaba su mismo instituto, y no solo eso, su mismo salón.
Abrazó sus piernas aún con su peluca puesta y miró pensativa sus pies bajo las sábanas. Decir que hace unos días había pensado en esa persona… y que ahora estudiara con ella parecía alguna especie de brujería. ¿Era posible que su estadía en Hokkaido fuera más difícil aún? Tener que esconder su género día y noche –hasta para dormir-, tener que mentirle a su familia… y ahora… cueste lo que cueste, no podía permitir que Michael sepa de ella, o mejor dicho de "él". Hasta ahora todo iba bien, ni miradas han intercambiado, pero aún así…
…Si algo como el sueño llegara a pasar…
-Oye… ¿Estás bien?
Una voz la había despertado de sus pensamientos, mirando al frente y detallando al fin una nube de vapor que salía rápidamente del baño y un conocido rubio ojos azules que cepillaba sus dientes mientras secaba su cabello con una toalla.
-Bu-Buenos días…- sonrojada, desviando la mirada al reconocer que solo vestía unos pantalones y medias.
-Buenos días… ¿Tuviste una pesadilla?
-Algo… parecido- saliendo de su cama y caminando hacia el baño -¿Terminaste?
-Seh…
Mimi corrió hacia el baño cerrando la puerta tras de sí, dejando a un confundido Yamato Ishida que miraba por donde se había ido, extrañado. ¿Qué le sucedía? Al salir del baño no pudo evitar notar alguna especie de preocupación acosándola al tener esa mirada tan perdida, como si algo llevase perturbándola y no sabía como lidiar con ello. Desde hace unos pocos días mantenía una actitud así, pensativa, tímida, y como si cada paso que diera peligrara su vida. Además, con solo el hecho de no insultarlo en más de 4 días es… preocupante, ¡Si cada mañana lo único que escuchaba eran amenazas e insultos! Así no era divertido molestarla…
Y no es que sea asunto de él pero… algo preocupaba a la castaña.
-Oye…- mirando la puerta –Estabas dormida pero Koushirou pasó para avisar que en media hora tenemos que ir al auditorio, aparentemente tenemos una especie de ensayo general con nada más los actores de la obra.
-Ok…
Sí, algo le sucedía.
Y tenía una ligera sospecha de qué era lo que la tenía así.
Un grupo de estudiantes con ropas cotidianas ocupaban el auditorio del instituto Hokkaido, eran pocos, pero eran los primordiales para que la obra de teatro del profesor Susanne Dhammson se lleve a cabo en el próximo evento.
Había puesto tanto esmero a su profesión como profesor, que nada más ver como sus alumnos cumplían con sus palabras aún cuando odiaban lo que hacían lo reconfortaba. El arte era su oxigeno, pero propagar el arte era como respirar… Odiaba el hecho de algo tan hermoso como la creatividad sea censurado, ¿Qué tiene de malo que un instituto de género individualista interprete una obra de romanticismo? ¿Qué los hombres solo pueden regirse por el deporte? Hokkaido está infestado por balones, lo cual no es muy colaborador con su meta… Y no es que es difícil enseñarles Arte, sino que con la monotonía de los institutos masculinos, que el principal protagonista es el deporte y ciencias, ¿Cómo podría cosechar cuando ya la siembra fue cosechada?
Miró estudioso la interpretación de Julieta por parte de la castaña, quien con su peluca y ropa holgada, aún así resplandecía la belleza de una doncella del renacimiento.
Quizás estaba haciendo trampa, pero aquella misteriosa chica que se hace llamar como "Miso Tachikawa" era su carta maestra para demostrar que toda institución, sea masculina o femenina, debe tener tanto peso en el Deporte como en el Arte. Mediante las actividades físicas como el Football o Basketball, estás manifestando poder, fuerza, pero mediante, como por ejemplo, una clásica obra de William Shakespeare, estás manifestando sentimientos, emociones, ideales, deseos… todo bajo algún disfraz o máscara que a la final interpreta la obra de tu vida en un estilo antiguo, pero innovador.
El arte es "Eres, o no eres", y aquella chica era una artista bajo su propio concepto, manifestando sus ideales bajo una peluca artificial y siendo alguien que no es para ser ella misma. Cierto, puede que su trabajo como profesor en el instituto Hokkaido peligre por guardar el secreto de una fémina que se hace pasar por chico, pero no podía permitir que acabe una obra que recién empezaba.
La obra de "Miso" Tachikawa.
-"¡Dices que quieres que me case con Lord Paris pero…!"- apretando con sus manos su pecho dirigiéndole una profunda mirada al estudiante que interpretaba el papel de su madre –"¡Este corazón no te pertenece, ni a ti, ni a mi padre…!"
-"¡Julieta!"
-"…Pues no es su sangre que lo hace palpitar, ni su voluntad capaz de detenerlo…"
-"Pero el apellido que llevas es suficiente"- con sequedad
Sonrío apenas la exitosa escena de la discusión entre Julieta y su madre terminó.
No, no iba a permitir que "ese" telón cierre aún.
-¡Magnifique!- dando unos cuantos aplausos para luego levantarse y aproximarse al escenario -¡Ha quedado de lo más…!
-Gracias, profesor Susu…- agradeció la castaña haciendo una pequeña reverencia por educación.
-Non, non… No me lo agradezcas a mí, mon chéri- dijo con aquel familiar tono maternal, sin perderlo al decir lo siguiente –Soy yo quien debe agradecértelo…
-¿Uhm?
-¡Hey! ¡Tachikawa!
La voz de un moreno había despertado a Mimi de su extrañeza, que luego de ver quien le llamaba no pudo encontrar a su profesor de teatro con la mirada. ¿Qué había sido eso? Podría haberlo pasado por alto, pero aquel tono de voz… era la primera vez que aquel hombre se refería así a ella.
-¡Estuviste genial!
Nuevamente su voz la sacó de sus pensamientos, regresándolo a ver.
-¡Gracias Taichi-kun! Aunque debo admitir que me dio un poco de pena…- avergonzada.
-Para nada, me convenciste totalmente…- sonriente, para luego mirar con cierto brillo a la castaña –Serás una estupenda Julieta.
-Gra-gracias…- sonrojada.
-Yo pienso todo lo contrario…
Mimi al escuchar aquella voz sintió como la vena le crecía automáticamente, poco a poco volteando a ver aun indiferente rubio que escondía sus manos en aquellos bolsillos de Jean, cabe destacar pantalones que combinaban perfectamente con las sandalias masculinas, franelilla blanca sin mangas y camisa gris con mangas remangadas, contagiando frescura para aquel caluroso día de verano.
Claro está, frescura que no siente ni en los poros la castaña.
-¡¿Qué te hace creer que no puedo hacerlo?!
-Eres hombre, ya de por sí interpretas a la Julieta más fea que he visto…- sonriendo de medio lado.
-Oye, no seas cruel Ishida…
-Tú no hables, cachifa…- respondió al recordar el papel que interpretaba Taichi.
-Hey, para que sepas, no es cachifa, es MUCAMA, ¡Y no lo digas como si fuera un papel inútil!- cruzando de brazos mirándolo despectivo.
-Cierto, tienes razón… Alguien tiene que encargarse de arreglar a Julieta para encontrarse con su Romeo- provocando celos en el moreno, para luego acercarse peligrosamente a la castaña causando un sonrojo en ella –Espero que no te avergüence recibir mi amor, Ugly Juliette.
Y ahora afectando a la castaña.
-¡…Óyeme bien, idiota…!- siendo sostenida rápidamente por Taichi al ver que por poco Mimi se le iba encima al rubio.
-My dears!
El profesor Susu atrajo la atención de todos, causando que aquella pequeña y sana discusión terminara al empezar explicar algunas cosas para el día del evento.
Mimi, que escuchaba atenta lo que su profesor decía, empezó a sentir una cercana mirada sobre ella. Volteó a su lado encontrándose con unos atigrados ojos azules que tras revelar una sonrisa desvió su vista al frente, provocando cierta confusión en la castaña.
-¿Qué?- a la defensiva.
-Nada…- encogiéndose de hombres –Es solo que ya volviste…
-¿Eh?
-¡…Escena IV: Jardín de los Capuleto!
Mimi y Yamato inmediatamente palidecieron al escuchar aquella escena tan familiar, recordando inevitablemente los labios del uno y del otro aún cuando eso no estaba en el guión. Ambos, a pesar de haber sido su primera interpretación, se habían dejado llevar al punto que por poco eran realmente aquellos personajes Shakespeareanos con deseos de sellar su amor en un anhelado y prohibido beso.
"El rubio poco a poco fue acercando su rostro al de ella, ambos cerrando sus ojos por cada centímetro aumentado.
Era como si… realmente se encontraban sobre la tarima, en un jardín lleno de hermosas flores con un baile esperando por dos amantes a punto de besarse.
A punto…"
-¡NO!- gritaron a la vez.
La negación tomó por sorpresa a todos, quienes miraron extrañados a dos jóvenes descaradamente sonrojados y con caras incómodas.
-¿No…?- preguntó Susu confundido -¿Por qué no?
-Es decir… Bueno…- trataba de arreglar la castaña, que al igual que el rubio no sabía qué decir.
Cierto, ¿Por qué no?
Ya que, si lo niegan, eso quiere decir que realmente iba a pasar algo.
Y no fue así, ¿Verdad?
-¡…Sí, profesor!- dijeron nuevamente a la vez.
-Muy bien, empiecen.
Mimi y Yamato con coordinación se ubicaron en sus puestos para iniciar la escena, escena que tendría a Julieta paseando por el jardín y a Romeo con intenciones de sorprenderla. La verdad, no estaban nerviosos, para nada, ya que había sido la primera escena que ensayaron juntos y la primera que se habían aprendido. Pero aún así, era demasiado incómodo ya que aquel ensayo dejó… mucho en qué pensar. Y aunque no lo querían admitir, en el fondo entraba la incógnita de que si Tai no hubiese abierto la puerta, ¿Qué habría pasado?
La escena dio inicio, Yamato entrando al medio del escenario sorprendiendo falsamente a Mimi.
-"Lamento sorprenderla…"- se disculpó con una reverencia al acercarse –"…Mi lady"
-"No… No se preocupe"- desviando la mirada, dando la imagen que le apenaba ver a Romeo –"¿Se le ha perdido algo, caballero?"
-"Ciertamente…"- sonriendo –"Pero ya lo conseguí…"
Romeo se acerca a Julieta, a pocos centímetros de distancia
–"¿Por qué… tanta cercanía…?"- sonrojada. Aparentemente este tipo de escenas aún la comprometían.
-"Para no olvidar cada rasgo de su perfecto rostro…"
-"Mi rostro no es perfecto…"- alejándose un poco –"Ni sus…"
Pero justo cuando desvió la mirada hacia el público, se percató de algo que hubiese sido mejor no haber visto.
-Michael…
Ahí estaba él, entre el pobre público que contemplaba los ensayos de la obra.
Su azulada mirada observaba detenidamente cada uno de sus movimientos, fijamente hacia la castaña que fue cuestión de segundos y ya empezó a sentir un ataque de nervios. ¿Cómo es que no lo había visto antes? Estaba segura que si antes hubiera sabido de esto no habría actuado, inventando cualquier excusa aún cuando podría costarle el pellejo considerando el humor de Susu.
Pero, aquel rubio la estaba viendo fijamente, sintiendo como su cuerpo empezó a temblar más los nudos en su garganta, y aunque solo esté viendo a Julieta, o a un estudiante llamado Miso…
…la estaba viendo, y aquello le aterrorizó.
-…Ni sus actos como caballero- dijo en susurro el Ishida al notar el colapso de Mimi.
-¿Eh? ¡Oh! "Ni… ¡Ni sus actos como caballero!"- evitando la mirada del americano.
-"…He olvidado como serlo"- tras dedicarle una mirada de extrañeza a la castaña, retomó la cercanía entre ambos agarrándola por la cintura –"…su gloriosa sonrisa es la causa"
Miró de reojo una vez más al público… ¡Demonios, aún la estaba viendo!
-Dije… "Su gloriosa sonrisa es la causa"- remarcó Yamato. ¿Qué rayos le pasa?
-¡…!- volviendo en sí -"¡S-Suél…teme!"
-"No lo deseo…"
-"Suélteme, le… le ordeno"- repite, tratando de zafarse pero el rubio la apretaba aún más.
-"Solo si me concede un santo beso…"
-"Solo besos santos… solo… yo le…"
Nuevamente, volteó a verlo.
Y aquello fue algo que Yamato no pasó por alto.
-Puedo preguntar…- escuchándose desde la audiencia -¿Qué sucede contigo, Juliette?
La voz de Susu hizo reaccionar a los jóvenes, obligando a que se separaran. Mimi tenía un rostro de vergüenza tan descarado que quizás por ello habían detenido la escena. Pero más que vergüenza, estaba aterrada, ¿Cómo no estarlo? Que alguien como Michael la esté viendo de una manera tan fija era suficiente razón como para perder el habla. Hace unos momentos había actuado tan fluidamente, olvidando todas sus preocupaciones… pero al descubrir que una de sus mayores preocupaciones le estaba dedicando toda su atención, le hacía recordar la razón por la cual estudiar en el Instituto Hokkaido no era tarea fácil.
…Para nada fácil.
-Lo… lo lamento- dijo agachando la cabeza en forma de disculpa, muy sonrojada –He olvidado mis líneas…
-Mmm…
-De verdad lo lamento.
Susu miró estudioso a la joven, para luego suspirar resignado y acomodarse aún más en su puesto.
–En ese caso, te doy permiso para que busques tu libreto, ¿De acuerdo?
Mimi subió la mirada, agradeciendo mentalmente que le pidan retirarse aunque sea en buscar su guión. Y es que, tenía que salir de ahí, al menos por unos minutos.
-¡Sí! Gracias, y disculpe…- abandonando inmediatamente el escenario.
Siendo seguida con la mirada por más de una persona.
Entró con tanta rapidez que por poco se cae.
Apenas obtuvo el permiso para retirarse, corrió con todas sus fuerzas hacia su camerino añorando que el tiempo se detenga, o mejor dicho, regresar el tiempo e insultarse así misma antes de haber cometido la idiotez de entrar a un instituto para chicos. Pareciera como si un ciclo de desgracias atormentara su vida tratando de darle una lección, diciéndole de una manera aterradora que debía madurar y no tomar decisiones tan abruptas como las que toma.
Pero, ya es tarde para eso, y aunque quisiera que una novela de H. G. Wells pueda hacerse realidad –aunque realmente le desagrada los Morlocks-, debía enfrentar la dura realidad y ser un "hombre".
Pero mierda, una peluca artificial no es suficiente para que eso ocurra.
Lo mejor era buscar el guión y regresar –ya que para eso se había ido-. Es preferible no llamar tanto la atención, seguir la obra como si nada y regresar a su habitación sigilosamente. Si cuidaba cada uno de sus movimientos no pasaría nada, así que sin más, y un poquito –pero solo un poquito, ¡Válgame!- más tranquila, empezó a buscar entre sus pertenencias dicho libreto.
El guión, el guión…
¿Dónde carajos estaba ese guión?
-¿Dónde está?- cada vez estresándose más, juraba que estaba dentro del bolso, siempre había estado dentro.
…
Demonios, Mimi…
¡¿Dónde está el bendito guión?!
-¿Buscabas esto?
Una voz varonil y terriblemente familiar hizo que un escalofrío danzara en su columna dorsal, haciendo que hasta sus poros tuviera piel de gallina con solo escucharla.
Con lentitud, fue volteándose hacia la puerta del camerino… al fin encontrándose con lo último que necesitaba en ese momento; un joven de cabellos rubios ondulados y ojos azul pálido que mostraba aquella serena sonrisa tan típica de él. Estaba parado junto la puerta con suma tranquilidad, llevando en manos algo que se le hacía muy conocido por cierto, algo que particularmente en esos momentos debería estar en su bolso y NO en manos de su Stress llevado a estado físico.
Maldijo profundamente al guión. Hubiese preferido que se lo haya comido algún perro…
-Espero que el orden de las hojas sea el correcto- soltó dando unos pasos hacia ella, sonriente –Al caernos hizo que todas las hojas se regaran… espero que no te moleste que las haya ordenado.
Al caernos… ahí reconoció que Michael era el mismo chico con el cual había chocado minutos antes de entrar a clases… he por ello que tenía su guión, y que ahora mágicamente se lo ofrecía como si nada hubiese pasado.
Mimi recibió los papeles tímidamente, hojeando por encima y cerciorándose de que el joven Jhonnson era un chico muy eficiente en cuanto a los favores, había ordenado hoja por hoja lo cual le tuvo que tomar más de una hora, gastando su tiempo en un "chico" que no conoce, gastando su tiempo en una joven castaña perdidamente enamorada de él. No ha cambiado… sigue siendo el hijo predilecto de toda madre y el príncipe azul de toda doncella.
En eso, un recuerdo fugaz llegó a su mente, uno que le despertaba un sentimiento muy similar al que sentía en ese instante…
Una pequeña castaña miraba con tristeza al frente, escuchando distante la tempestad que había afuera. Estaba cayendo un fuerte diluvio en el colegio en que estudia, aunque eso no era realmente la razón por la cual sus padres aún no la buscaban.
Hace unos minutos la profesora le había avisado que su madre se retrazaría por unas horas, y que el viaje de negocios de su padre no se acabaría sino dentro de unos meses más, aún cuando en un día como este ya debería estar en su casa celebrando su 6to cumpleaños. Por lo menos, por ser una institución privilegiada y privada, no permitían cerrar las puertas hasta que todos los alumnos hayan sido buscados, obligando que algunas profesoras permanezcan pendientes diciendo algún que otro comentario causante de más lágrimas.
-Pobrecita…- se escuchaba desde afuera del vacío salón –Justo en su cumpleaños…
-Tan pequeña… y decir que su madre no puede dedicarle al menos unos minutos.
-Hay padres que son tan desconsiderados…
Poco a poco haciendo que las lágrimas se amontonen en sus ojos.
-¡Jullianne, Madison! ¿Han visto a Jhonnson?
-¿Eh? ¿No estaba contigo?
-¡Oh!
Lo único que escuchó fueron los pasos apresurados de sus profesoras, y nuevamente el silencio volvió a reinar en un vacío salón donde una castaña lloraba silenciosamente.
Si tan solo… alguien le dijera un cálido "Feliz cumpleaños".
-No llores…
Una infantil voz masculina la hizo reaccionar, mirando hacia la puerta y encontrándose con un empapado rubiecito.
No era la primera vez que lo había visto, en realidad sus padres eran buenos amigos además de que estudiaban juntos, pero nunca había intercambiado palabra con él, para ella todos los niños eran unos tontos, sin excepción, y en su mundo solo habitaba el color rosa, sus padres y ella.
Eso había sido así, hasta ese momento.
-¡JUM!- dándole la espalda, secándose las lágrimas –No estoy llorando…
La castaña, que aún mantenía los brazos cruzados y algunas lagrimitas con ganas de salir, no se percató que el niño se había acercado a ella, extendiéndole un ramito de rosas rosadas lleno de tierra y agua.
Inmediatamente Mimi se sorprendió al verlas, pues, esta mañana las había mirado tanto pero no quiso arrancarlas para no ensuciar su vestido y no lastimarse con las espinas.
-¿Por… qué…?- volteando a ver extrañada al niño, quien no solo estaba emparamado y lleno de tierra, sino que tenía algunos raspones y pequeñas cortadas.
-Espero que éstas puedan hacerte sonreír…- sonriendo con serenidad, y un brillo en su mirada que atrapó por completo a la castaña –Feliz cumpleaños, Mimi…
-Disculpa…
Nuevamente su voz volvió a sorprenderla, esta vez despertándola de aquel recuerdo y haciéndola reaccionar. Michael seguía ahí, frente a ella, esperando lo que parece ser un "Gracias" o algo que por lo menos le demuestre algún tipo de agradecimiento. Sacudió su cabeza tras volver en sí y con un gran sonrojo hizo una educada reverencia, respetando las costumbres japonesas y tratando de relajar los latidos de su corazón que se habían intensificado al volver a su mente ese recuerdo.
-¡Muchas gracias!
-No hay de que…- respondió sonriente el joven –Espero que te ayude con el ensayo…
-¡Sin duda! ¡Muchísimas gracias!- aún sin levantarse, rogando al cielo para que el joven se retire y así no ser descubierto su tan descarado sonrojo.
-Será que… ¿Podría hacerte una pregunta?
Una pregunta…
Aquello no le daba buen sabor.
Ya que aquello repentinamente le recordó demasiado al sueño.
Sus piernas empezaron a temblar y sin darse cuenta empezó a sudar frío, calculando en su cabeza lo que podría ser esa pregunta y el tipo de respuesta que podría dar. ¿Cual? ¿Cuál podría ser la respuesta de lo que presentía? ¿Cómo explicarle a un joven que te conoce como mujer el porqué estás vestida como hombre? Y no solo eso, te comportas y vives como uno.
Esta situación aparte de ser bochornosa, era absurda… no había razón lógica por su infantil engaño, y ser descubierta solo la conllevará a una mala imagen de ella, y por supuesto, un pasaje de regreso a USA.
-S-Sí…- volviendo a su postura normal, ocultando a medias su rostro.
-Acaso… ¿Tú…?
Rezó, necesitaba un milagro para no escuchar esa pregunta.
-Ejem…
Ambos jóvenes voltearon hacia la puerta del camerino al escuchar a alguien interrumpirlos, reconociendo a un nuevo rubio que escondía sus manos en sus bolsillos y expresaba la misma indiferencia de cada día.
-Yamato…
-El profesor me mandó a buscarte, nos pidió ensayar a solas ya que no estamos preparados para este ensayo…
-¿Qué no qué…?- ofendida -¡Yo estoy preparada!
-Estarías preparada el día que interpretes a Julieta, y no a un robot con falta de aceite…
-¡Yo…!- estuvo a punto de salir con un contraataque, pero se vio interrumpida al reconocer que no estaba sola, volviendo a caer en aquella actitud tímida cada vez que él estaba cerca.
-Bueno, en ese caso los dejaré solos para que ensayen…- dijo con tranquilidad el extranjero, con intención de irse.
-¡Gracias…! Uhm… Por… devolverme el libreto. Lamento cualquier inconveniente…- sonrojada.
-No te preocupes… Solo espero que podamos compartir en otro momento…- con una sonrisa –…Tachikawa.
-S-Sí…
Y tras esto, se fue.
-¡AQUÍ, PÁSALA TOKUMORI!
Una fuerte patada provocó que el balón volará a toda velocidad hacia un joven moreno, recibiéndola ágilmente para luego evadir al equipo contrario quienes intentaban a toda costa quitarle la pelota. Sus movimientos eran rápidos, intuitivos y potentes, vacilando más de una vez a sus contrincantes y corriendo con todas sus fuerzas sin parar de patear el balón, llevándola cada vez más rápido hacia un nervioso guardameta.
Un poco más… ¡Un poco más!
-¡AGH!
Y el balón salió disparado como si hubiese venido de un cañón, volando en forma ovalada por los aires…
-Vamos…
…Para luego dar justamentecontra el tubo metálico de la portería.
¡PIII!
-¡DEMONIOS!
Ya era ley de que el partido de Soccer había finalizado, y no de una manera en que todos habían disfrutado el juego.
El equipo contrario celebró abiertamente mientras se alejaban de la cancha, dejando a un grupo de derrotados chicos recogiendo sus cosas sin ganas de soltar una sonrisa. Había sido un buen partido, pero a pesar de eso habían perdido y no necesariamente por cosas del destino. Tai, que era el capitán y delantero de su equipo junto con Tokumori, había fallado lo que iba a ser un asegurado gol, y decir que el tubo de la portería estaba atravesado sería evadir la realidad.
Su cuerpo había estado en el juego, pero su cabeza no. Era por ello que habían perdido 2 a 0… porque Tai había fallado más que un gol.
-¿Qué rayos te pasó?- aprovechó Tokumori apenas quedaron solos en la cancha, tomando sus pertenencias.
-Nada…- seco.
-¡Si eso fuera así no hubieses jugado como un pánfilo!- histérico, siguiendo a su compañero –Te recuerdo que nuestro partido está cerca, ¡Si sigues así perderemos!
-¡En vez de estar diciéndome eso deberían agradecerme de que tendremos ese partido!- enfrentándolo –¡Si no fuera por mí seguiríamos con estúpidas prácticas!
-Hey, hey… relájate…
-Solo déjame en paz…
El pelinegro observó detenidamente a Tai mientras levantaba con mal humor sus cosas, sin comprender realmente de donde había salido su extraña actitud. Él siempre había sido muy exigente con el Soccer, y haber jugado como si tuviera cosas más importantes en la cabeza es porque había algo que realmente perturbaba a Taichi.
-Tai…- posando su mano sobre su hombro –Te vuelvo a preguntar, ¿Qué te sucede?
Tras un minuto de silencio para relajarse, soltó un suspiro…
-Es… complicado- despertando un ligero sonrojo en sus mejillas –Mejor déjalo así.
-Si se trata de Miso no es complicado.
Inmediatamente volteó a ver a su compañero con los ojos muy abiertos, ¿Cómo había adivinado? A pesar de ser un gran amigo, es incapaz de contarle algo tan vergonzoso y personal como lo de su situación con Miso, ¡Y es que era demasiado! Nada más imaginarse la expresión del pelinegro al enterarse que está enamorado de… un… chico, ¡Es preferible seguir guardando el secreto!
Al menos que… Yamato se haya adelantado.
-¡¿Qué te dijo Yamato?!- avergonzado.
-¿Eh?- extrañado -¿Qué debería decirme?
-¡…!- sonrojado y desviando la mirada -¡N-na…NADA!
-Oh, vamos Tai… no es necesario que me cuenten para enterarme que te gusta Miso.
-¡¿QUÉ?!- soltó sus cosas dejándolas caer al suelo, el sonrojo se había intensificado al igual que el ritmo de los latidos de su corazón y los nervios poco a poco se fueron apoderando de él.
Imaginar que alguien más sabe de aquello le ponía la piel de gallina…
¡No podría soportar los chistes de Tokumori por el resto de su vida!
-¡¿D-D-De q-qué… di-diablos… hablas…?
-De ti, y de Miso…- estirándose –Y no sigas negándolo que bastante obvio eres…
-Y-Yo…- sin saber qué hacer, sin saber qué decir, apretó sus manos en puños buscando en silencio que clase de excusa podría darle a su amigo cuando era obvio que ya era demasiado tarde. Había sido descubierto, y si aún le costaba lidiar con la idea de que le gustaba Miso, no se podía imaginar como serían los comentarios de Tokumori si admite abiertamente eso.
Pero… Miso le gusta…
Y si quiere ganarse a Tachikawa, tiene que demostrar que no le importa lo que digan los demás.
-¡SÍ ME GUSTA, ¿Y QUÉ?!
El sorpresivo grito tomó por sorpresa al pelinegro, dejándolo sin palabras.
-Y si tienes algún problema con ello, haz lo que quieras… no me importa lo que digas.
Estaba a punto de salir con su orgullo intacto cuando en eso recibe un fuerte balonazo en la cabeza, obligándolo a voltear y mirar sorprendido a Tokumori.
-¿Qué caraj…?
-¿Se te olvida quien soy?- ofendido –En ningún momento he dicho algo… además no tengo por que criticar asuntos que no son míos.
-Tokumori…
-Si te gusta Tachikawa ese es tu problema, lo último que esperarás de mí es una crítica al respecto- cruzando los brazos –¿Estamos claros?
-S-Sí…
-Bueno- serio –Ahora… ¿Estás así porque estás celoso de Yamato?
-¿Cómo… sabes lo de Yamato?
-Es su compañero de cuarto y su Romeo… si yo estuviera en tú lugar también estaría celoso- encogiéndose de los hombros –Aparte… la manera en como se fueron después del ensayo es algo sospechosa.
-Él no es Gay.
-Ni tú tampoco- suelta, dejando confuso al moreno –No puede ser que tú…
-¿Uhm?
-¡Agh!- dándose una palmada en la frente, moviendo negativamente su cabeza –Hay que ver que eres idiota…
-¡¿Eh?! ¡Explícate…!
-Es mejor que te des cuenta por ti mismo, si te lo digo nunca aprenderás…
-¡¿Aprender qué?!
-A no ser tan despistado como lo eres…- recogiendo el balón y marchándose.
-¡No, espera! ¡¿Qué quisiste decir con eso?!
-Ya olvídalo…
-¿Se puede saber por qué me raptaste?
Yamato se sentía ciertamente incómodo, y la verdad es que ser secuestrado por la castaña encerrándolo en la habitación con seguro lo ponía, peligrosamente, nervioso.
Justo cuando estaban saliendo de los camerinos fue jalado abruptamente del brazo obligándolo a correr, alejándose de todos tomando un atajo para llegar más rápido perdiendo la vista de sus compañeros de clases. Lo agarró desprevenido, quiso imponerse a ser jalado por ella por los pasillos pero lo único que hizo para que cumpliera la orden de seguir sus pasos fue unos serios e intimidantes ojos miel que se posaron sobre él. Había parecido tan desesperada que sea lo que sea sería preferible no oponerse… al menos que quiera recibir otro de los tantos ataques Saiyajin que se sabía la "inofensiva" castaña.
Tachikawa empujó al rubio hacia dentro de la habitación sin esperar contradicción y cerró la puerta recostándose contra ésta. Seria, muy seria. No pensó en pedirle que la acompañase porque sabía que diría que "No" con lo cabezón que es a la hora de pedirle algo, ni tampoco pensó en lo poco recomendable que era quedar a solas con un depravado –Cabe destacar; hipérbole-. Pero… ¿Qué más le quedaba si pensaba todo aquello? Así sea cierto que es un idiota en estos momentos necesitaba a ese idiota. ¡Estaba en un gran aprieto! No podía estar sola en esto… Luego de lo que sucedió en el camerino no podía tomar a la ligera todo, más bien es ahora más que nunca que necesitaba ayuda. Así tenga que acudir a la última persona sobre la faz de la tierra para pedirle un favor.
Última persona sobre la Faz de la tierra = Yamato Ishida.
-¿Y bien?
Mimi suspiró profundamente, buscando las palabras adecuadas para empezar con lo que se trancaba en su garganta… Pedirle un favor. Otro. Cada vez debiéndole más al arrogante de su compañero de cuarto.
-Necesito tu ayuda…
-¿Eh?- parpadeó consecutivamente, desconcertado, no creyendo haber escuchado bien -¿Mi ayuda?
-Sí…- desviando la mirada tratando de guardar el poco orgullo que le quedaba.
-Vaya, hace minutos querías matarme y ahora me necesitas…- sonríe –Aparentemente no puedes vivir sin mí.
-¡No te hagas el importante! Si necesito de ti es porque estoy envuelta en un GRAN problema… ¿O piensas que disfruto depender de ti?
-¿Y por qué dependes de mí?- sin obviar una sonrisa picarona.
-¡Porque eres el único idiota que sabe mi secreto, POR ESO!
-Oye, ahórrate los insultos…
-¡ES QUE ERES UN IDIOTA!- pataleando, ¡UY! Hubiese sido genial que no le saliera con otro estúpido comentario egocéntrico… pero no, él necesita disfrutar de su dependencia, de su crisis, ¡Necesita perturbarla con alguna insinuación machista! Ya bastante tenía con pedirle favores. Sino fuera porque realmente lo necesitara en esos momentos lo hubiese golpeado, en serio.
-¿Terminaste tu desahogo menstrual o debo quedarme para oír más?
Una de las normas para tratar a una chica… nunca, pero NUNCA, culpes su menstruación a la hora de una discusión.
-Eres… ¡Eres…!- apretando los puños y tornándose extremadamente sonrojada -¡ERES UN PEDAZO DE…!
Mordió su lengua al venírsele a la mente aquel adorable rostro que minutos antes había hecho latir a millón su corazón, estaba a punto de decir un poco sutil –mucho menos que sutil- insulto que le hubiese encantado habérselo gritado a los cuatro vientos. Incluso sino fuera por los metros que los separaban Yamato ya podría haber estado en el suelo nuevamente lamentándose por poseer un lenguaje tan deplorable al tratar con una dama. ¿Es posible que sea tan insensible? Desahogo menstrual… ¡Ojala esté presente cuando tenga una crisis en esos días para que sepa en serio lo que es lidiar con una chica!
-¿Soy un…?- dibujando una mueca divertida en sus labios, contemplando como la castaña se contenía.
-Créeme que me encantaría decírtelo, pero en estos momentos… te necesito.
Silencio.
Vaya, en serio lo necesitaba.
Yamato vaciló, repentinamente la chica se había tornado seria, comprendiendo de que ya era hora de dejar las bromas a un lado. Suspiró sentándose en su cama dispuesto en escucharle.
Aunque sabía muy bien de donde venía todo.
-Tiene que ver con el extranjero… ¿No es así?
-¿Eh…?- sorprendiéndose enormemente -¿Cómo…?
-Tachikawa, eres un libro abierto… además por como te pusiste en el ensayo. Fue por él, ¿Verdad?
Se aterró.
¿Era posible que haya sido tan descarada?
-Tranquila, yo fui el único que se dio cuenta…- apoyando sus codos en la cama, indiferente.
-¿Seguro…?
-Seh…
-Dos mío…- soltó en un suspiro, aliviada.
-Entonces…- pausa -¿Qué es lo que necesitas de mí?
Lo miró dubitativa, para luego reaccionar y empezar con nerviosas palabras su más trabajada petición.
–Bueno, necesito que… necesito que me ayudes a… ocultarme de Michael.
-Je… Me lo imaginé…
-Entonces… ¿Sí me ayudarás…?- sonriendo emocionada.
¡Con que su medio limón no era tan ácido después de todo!
-No.
W T F ? !
-¡¿QUÉ?!
-Olvídalo, ya bastante tengo con ocultarte con los chicos…- dándole poca importancia a las palabras de la chica –Y si ya se me hace difícil con ellos, no me imagino como será con ese…
-Pero… ¡PERO…!
-Ya te dije que no, recuerda mi condición... no le diré a nadie mientras no me incluyas en tu drama. Harás que me expulsen…
-¡Si Michael mi descubre me expulsarán a mí!- histérica.
-Ese es tu problema… tenías que haber pensado en las consecuencias al entrar a este instituto- encogiendo los hombros.
En eso, una pesada aura se adueñó de la habitación, obligando a Yamato que notara que la castaña no había movido ningún músculo desde que se negó a la petición. Incluso estaba inmóvil, cabizbaja ocultando su mirada con la falsa pollina de su peluca.
-Ehm… Oye…
No pudo detallar su rostro… y aquello de cierta forma incomodaba a Matt, ver como Mimi no se movía de su lugar, ni se inmutaba... Simplemente se quedó ahí, tiesa, con un aire taciturno que poco a poco escalofriaba al rubio. Sintió una pésima sensación al no escuchar ni reconocer reacción alguna de ella, creciendo dentro de él una preocupación que la única forma para que aumentara es…
Sollozo.
-¿Estás… llorando?- impactado.
No recibió respuesta. Mentira. Sí la recibió… otro sollozo y el acto de unión de manos con rostro fue lo que respondió la pregunta del Ishida. La castaña ahora estaba llorando haciendo un esfuerzo sobrehumano para no elevar el tono de sus sollozos que acompañaban algunas lágrimas que escaparon por los rabillos de sus ojos. Demonios, sí estaba llorando. Un revoltijo jugó con sus entrañas provocándole un mal sabor… sin duda ver a una chica llorar entraba en su lista de las cosas que no quería volver a presenciar en su vida.
Se quedó paralizado en medio de una batalla mental por saber qué carrizo podría hacer en una situación así, ¿Biberón? ¿Palmaditas en la espalda? No, Yamato, no seas idiota… no es una bebé.
Es una simple chica que fue ofendida por lo insensible que eres.
Congrats.
-¿Qué te… sucede?
-No quiero…
-¿Uhm?
-No quiero irme…
Y al decir aquello, separó sus manos de su rostro y subió la mirada, reflejando unos ojos hinchados y con algunas que otras lágrimas resbalando por sus mejillas. Que escena tan conmovedora… y no en el buen sentido. Ver como la delicadeza de sus rasgos se transformaban en una expresión desesperada lo impactó, era la primera vez que la veía llorar… parecía incluso aterrada, como si su vida en USA fuera una desdicha y que estudiar en un instituto para chicos disfrazándose de uno era muchísimo mejor.
¿Qué hay en USA… que espanta a Tachikawa?
-¿Quieres decirme por qué no quieres irte?
-…- otro sollozo, pero esta vez con una necesidad de relajarse –Porque… no soy feliz…
Yamato la observa sorprendido, aún sin comprender lo cual fue notado por la castaña.
-Por favor, haré lo que sea… pero tienes que ayudarme… Michael no puede descubrirme, sus padres son amigos de los míos, y si se enteran tendré que regresar…- acercándose al Ishida, ofreciéndole una penetrante mirada de ruego –No quiero regresar. Por favor…
Se hubiese retirado dándole poca importancia a sus palabras, hasta era capaz de ignorar las emociones de una persona solo por tener un poco de paz… pero él no quería salir de ahí, ni tampoco quería hacerle caso omiso. Por más extraño que parezca, esta castaña provocaba en él una necesidad de protección que nunca antes había despertado en su indiferente y neutro corazón. Y sino… ¿Entonces por qué aquel día había aceptado sus disculpas? ¿Por qué aquel día la había apoyado en guardar su secreto?
Y más importante.
¿Por qué no podía dejarla sola en ese momento?
Suspiró sintiéndose derrotado por otras dos simples lágrimas que apenas se asomaban y que aún no habían recorrido sus mejillas. Ya qué. No le costaba nada intentar ayudarla aunque sea, era increíblemente insoportable ver a una chica llorar, lo pone nervioso.
Aparte… una incógnita se había dibujado en su mente al escuchar el eco de aquellas palabras; "No soy feliz". ¿No lo era? ¿Cómo una chica como ella no es feliz? Aparentemente lo tiene todo, faltándole solamente algo tan metafórico como la felicidad. A él también le faltaba eso, pero no era capaz de disfrazarse de otro sexo para poder hallarla.
Suspiró resignado, decidido en que había llegado a un callejón sin salida en ese momento, ya se sabrá más adelante donde conseguir las piezas del rompecabezas que tenía ante él.
Solo necesitaba un poco de paciencia. Es todo.
-No te prometo nada…- inició sentándose y desviando la mirada –Será difícil que pases desapercibida pero trataré de ayudarte.
-Lo dices… ¿En serio?
-Ya te dije que sí…- un segundo, dos segundos… al no recibir respuesta, dirigió su vista hacia la castaña disimuladamente y… -¡HEY…!
Para luego mirar al techo al sentir el delgado cuerpo de ella encima de él.
Mimi se había abalanzado hacia Yamato de forma inadvertida, obligando a que ambos cuerpos se acostaran por todo el peso que había depositado ella encima de él sin previo aviso. Misteriosamente, la mueca depresiva que poseía la chica segundos antes ahora había mutado a una hermosa y enorme sonrisa mientras apretujaba al chico hacia ella. Si antes estaba incomodo ahora prácticamente esa palabra evolucionó a un nivel inalcanzable, y es que… rodeando sus brazos alrededor de su cuello, apretándolo cariñosamente… provocaba unos pequeños cortos circuitos en el rubio al ser la primera vez en tener una chica de manera tan cerca.
Tan… tan cerca.
-¡¿Q-Q-Qué… ha…ces…?!- nervioso, sonrojado y sin poder separarla de él.
-¡Mil gracias! ¡De verdad!- apretándole, para luego susurrarle inocentemente en su oído –Gracias, Yamato…
Aquel susurro causó escalofríos en su piel, paralizándolo de tal manera que ni siquiera podía corresponder el cálido abrazo que se aferraba a él. Era como si ella tenía el poder sobre él en una estúpida muestra de cariño, lleno de inocencia y pureza… despertando un extraño e intenso revoloteo en su estómago que pintaba sus mejillas en un tímido sonrojo.
Desconcertado, confundido… ¿Qué eran esas cosas que se movían dentro de él?
Esas cosas tienen un nombre, tienen un significado.
Tienen un cómo y un por qué.
No, no puede ser posible…
-¡OH!- separándose casi de inmediato, un poco sonrojada al reconocer como tenía al rubio en momentos atrás –Lo lamento, me dejé llevar…
-…
-Bueno, quedé con Koushirou por unos apuntes, será mejor que me vaya- abriendo la puerta, sin darse cuenta el efecto que había causado en el rubio –Por cierto, creo que es algo que deberías saber…
Y aún con esa peluca, con esas ropas masculinas…
Yamato contempló como la castaña le mostraba la sonrisa más pura y hermosa que jamás haya podido ver.
-Me llamo Mimi Tachikawa- haciendo una respetuosa reverencia tan acostumbrada en Asia –¡Pero solo cuando estemos a solas te doy el derecho de llamarme por mi nombre, eh!- guiñándole tiernamente para luego tener intenciones de irse.
-Matt…
Aquello detuvo que pusiera el otro pie afuera, haciéndola voltear y mirarlo confundida.
-¿Qué…?
-Puedes… llamarme Matt…- desviando la mirada, sonrojado.
Y los sentimientos afloran…
..To be continue…
Comentarios de la autora:
¡Cha chaaaan!
Surprise surprise! *.*
Aquí Andsi, de vuelta, ¡PARA QUEDARSE!
Oh, bueno, hasta que inicien las clases
Siempre aprovecho los C/A al máximo, y una manera en que lo haré es… ¡DISCULPENME! Madre santa, esto no fue un retrazo, ¡Fue un castigo! Tanto para mí, tanto para ustedes –Ya que sé como se siente cuando no actualizan u.u-, y la verdad fue algo desprevenido, más bien entiendo completamente que hayan olvidado esta historia Espero que no sea así, ya que lo que viene ahora es lo que tanto han esperado…
Esto se pone emocionante xD
Bueno, si quieren saber –solo si quieren saber xD- me fue bien en los estudios. Claro, hubo oportunidades que duraba más de 48 horas despierta haciendo mis tareas – .-, y eso me desgastó MUCHISIMO, tanto que cada vez que quería escribir lo que hacía era dormir… Fue un semestre super pesado, pero bajo un constante esfuerzo y dedicación pude pasarlo con éxito :) Estoy feliz por ello n.n
Otra disculpa para los escritores que entran en mis favoritos y que no he podido leer sus historias u.u SO SORRY! Ahora que ya todo volvió a la normalidad, me dedicaré a ustedes, i promise! *.* Eso va contigo Nai, mira que actualizar en mi fecha estudiantil fue cruel ¬¬
Ajá, también tú Ale… ¬¬ No te me escapas.
xD
Ahora, lo más importante…
¡ S!
Por su apoyo incondicional como lector :) a todos ustedes, que han esperado mi historia por tanto tiempo, y que aún así hayan entrado a leerla –Y dejarme un RR, ¿Verdad? *.* xD- significa mucho para mí… eso me anima como escritora, y me hace sentir muy feliz, ya que siento que estoy cumpliendo aquellos deseos por leer cosas que queremos leer, que estoy cumpliendo como Fan de Mimato, que estoy cumpliendo conmigo misma, y con ustedes. :)
Todos sus RR… todos fueron tan especiales para mí, y se los agradezco de corazón, al igual que pido disculpas por haber tardado tanto. Ya estoy en vacaciones, y prometo en todos estos fin de semana actualizar mis historias.
Y sino puedo, prometo avisarles
xD
Anyway, no quisiera alargarme tanto, pero como tengo tanto tiempo sin mis C/A me da emoción xD De verdad espero que este capítulo haya sido de su agrado, a pesar que le faltó sazón –o sea, MIMATOxD- es suficiente para volver agarrar el hilo y así continuar Instituto Hokkaido :) ¡Es tan emocionante!
¿Qué más? ¿Qué más…?
Mmm…
Nai debe amarme por como puse de adorable a su Mich xD
¡Majo G! Querida, te me has adelantado… :) ¡Que éxito! Mil gracias por dedicarme tu asombrosa historia, espero que te haya alegrado ver esta actualización… ¡Mira que abandonarte imposible, Honey! :D Gracias por todo n.n
Pasemos a los agradecimientos :D
Anisol,
Glisa,
L0ck,
Eri-sshi,
Sakura Tachikawa,
Meems-ishikawa,
Meems Tachikawa,
digimon4ever99,
Hana Echizen,
Melisa,
Nailea,
Ana,
,
Sweetcarmeen,
Majo G,
Meimi,
,
Estefhany.
De corazón, MIL GRACIAS :)
Especialmente a Sakura Tachikawa, ¡Supieran todo lo que me jaló de orejas para que actualizara! xD No, en serio, me dio mucho animo… :) ¡Gracias ami! *.*
Bueno, sin más que decir…
¡OH, SÍ!
El 11 es mi cumple *.* Así que de adelanto… Déjenme RR, ¿Ti? *.* xD Jo, toy vieja…
¡Ahora así!
Atte.
I
