Instituto Hokkaido

By: Vainiella


Capítulo 6

"Solo por ser tú…"

-¿Celos?-


No sabía que carajos le pasaba…

Y realmente, no quería saberlo.

Desde hace algunos días, misteriosamente, se le ha resultado bastante incómodo compartir la misma habitación con cierta persona –y con bastante nos referimos a BASTANTE-, incluso sentía como una clase de paranoia que provocaba un estúpido déficit al hablar al primer momento de escucharla o de tenerla en frente. Creyó que con el tiempo su convivencia con ella mejoraría, pero por los cielos, ahora no solo era insoportable, era relativamente imposible. Desde dormir a dos metros de distancia a su cama, a sentarse a 30 cm de su puesto… Todo lo que antes había sido cotidiano ahora era cuestión de sobrevivencia, teniendo que inventar en cada dos por tres alguna incoherente excusa para así alejarse "sutilmente" de ella y no tener que soportar los inusuales arranques que optaba por manifestar su cuerpo de solo verla. Arranques inusuales y desconocidos, cabe destacar.

¿Por qué? ¿Por qué ahora todo era más difícil? Si bien había decidido que esto de compartir la habitación con una loca disfrazada no debía de ser tan malo –Y no, no fue sarcasmo-. Además, no es de él que una chica le quite la capacidad de hablar, y mucho menos una chica como ella. Que se hacía pasar por un varón resultando la persona más extraña que había conocido, que dura horas en la ducha sin respetar su turno, que se quejaba por todo, que lo insultaba, que le lanzaba objetos pesados y filosos, ¡Y que le hacía pasar las mil y un vergüenzas cuando revelaba su lado femenino en público! Siendo él el elegido en darle un codazo o disimular frente de los demás que su femenina voz había sido un "gallo" ó no tenía nada de malo que ella sea un poco "amanerado"… claro, que gracias a su astucia todos pasan por desapercibido aquello.

No, ella no podía ponerlo nervioso, era simplemente absurdo. Una chica como ella… malcriada, caprichosa, mimada y…

-¡Mira, un panda!- volvió a escuchar una vez más su insoportable voz chillona; tono femenino que solo empleaba cuando estaban los dos solos, tono femenino que le recordaba con impacto en sus tímpanos que ella era una chica, tono femenino, que por alguna extraña razón, causaba esa maldita indescifrable sensación que enredaba la lengua de Yamato y le hacía doler el estómago.

Y finalmente, voz que siempre conllevaba a una hermosa y reluciente sonrisa de labios rosas y mirada alegre…

-¿Qué te parece si elegimos este, Matt?- sin desvanecer su calidez mientras contemplaba a los pandas comer caña de azúcar, aferrándose a los barrotes horizontales que separaban el área del público con el espacio de estos mamíferos.

Esa sonrisa…

¡Esa maldita sonrisa era la culpable de todo!

Gruñó despectivo y desvió la mirada con cierto sonrojo, ignorando por completo la ilusión de su compañera de trabajo.

Su clase de Biología había planeado un paseo al Zoo para aprender un poco sobre los animales, y como para evitar que los alumnos se pongan a vaguear en vez de aprender, dividieron el salón en grupos de dos y a cada uno se le asignó tres animales para estudiar a fondo, desde el tipo de alimentación, habitad natural, entre otros puntos que habría que tomar muy en cuenta. Era un proyecto sencillo a decir verdad, y quizás divertido, ya que se podría elegir cualquier animal siempre y cuando el análisis de cada estudiante sea acertada y reforzada por algún guía o especialista.

Lo del Zoo estaba bien, lo de elegir cualquier animal también estaba bien…

Pero haber quedado con ella… eso no estaba bien.

Volvió a mirarla sin que se percatase, detallando en silencio y con disimulo como la expresión de la castaña cambiaba drásticamente con los movimientos de aquel mamífero blanco y negro. Sus ojos miel brillaban con emoción y sus labios revelaban lo mucho que le gustaba lo que veía, soltando suspiros enternecedores de vez en cuando y grititos de emoción que era ciertamente vergonzoso para Yamato, ya que, si bien recordamos, ella era un chico, era un estudiante masculino… y que la gente se les quede mirando por aquellos arranques poco disimulados era algo así como "Trágame Tierra".

Y cuando quería darle un codazo para que se controle, o simplemente hacerse el desconocido, no podía… y es que cuando ella le lanzaba su famosa sonrisa tratando de compartir su entusiasmo, todo en él se averiaba como si las tuercas de un mecanismo se detuvieran.

La luz de sol hacía que sus iris, vistas de forma lateral, tomaran un color más claro que la miel, llegando a un punto de ser dorado… su nariz perfilada y pequeña complementaba de manera tan acertada su rostro que era como si antes de que ella naciera alguien hubiese alterado sus genes, haciéndola lo más perfecta posible, además que sus labios no eran prominentes pero tampoco inadvertidos, eran, en realidad, perfectos. Con un color rosa que combinaba sin duda alguna con su tono de piel. Y aunque ese peluca escondía muy bien su cabello, podía recordar con detalle aquellas hebras castañas que llegaban hasta su cintura, una suave y proporcionada cabellera que caía en hondas por su espalda, tal y como una princesa…

"Una hermosa princesa…"

. . .

¡¿…Una qué?!

Sus mejillas de un momento a otro ganaron un tono rojizo de forma agresiva, como si nada más al analizar aquella palabra fuera como si haya tocado fuego sumándole litros de lava hirviendo. ¿Cómo podía haber pensado algo como eso? Sus pensamientos se habían dejado llevar pero mira que llegar a ESO era preocupante.

¡Absurdo!

¡¿Cómo carrizos podía pensar que ella era…?!

-¡Son tan tiernos…!- soltó la ojimiel sonriendo con dulzura, para luego voltear a ver al rubio y compartir la misma sonrisa -¿Verdad que sí, Matt?

Hermosa…

-¡B-B-BASTA!- sacudiendo su cabeza de forma rústica, y sin controlarse a sí mismo, empezó a caminar con intenciones de alejarse.

-¡Espera, Matt!- alcanzándolo, extrañada -¿Qué sucede? ¿Qué no te gustan los pandas…?

-¡N-No!- bastante nervioso, a decir verdad -¡Todo esto apesta…!

-Oye… no digas eso… ya nos falta poco para terminar el proyecto- defendió la castaña, sin detenerse en seguirle.

-¡Pues ya estoy harto! ¡Lo único que hacemos es ver estúpidos ositos o cachorros aprendiendo a caminar! ¡Se supone que este proyecto es de dos!- molesto, muy molesto –¡Y créeme que no elegiré un oso Panda o la cría de un elefante con lo aburridos que son…!

Mimi se detuvo en seguirle, ahora dedicándole una mirada enojada y cansada.

-¡¿Y pretendes que una asquerosa serpiente o una horrible araña es más divertido?

-¡Más que un estúpido orangután bebé, SÍ!- ahora volteando hacia ella, sin poder contener indescifrables las emociones que estaban a punto de surgir.

-Pues déjame decirte que por lo menos pude tocar mi animal, en cambio tú… ¡Si llegas a tocar el tuyo terminarías estrangulado!

-¡Y supieras que el mío se tragaría de un bocado a tu mono despelucado e idiota!

-¡DESPELUCADO E IDIOTA SERÁS TÚ, IDIOTA Y DESPELUCADO!- con la paciencia por los suelos, tirando la libreta y sin importarle un comino lo que piensan las personas.

-¡¿A QUIÉN MIERDA LE DICES…?!

-¡Hey, chicos, relájense!

Una voz conocida evitó que ambos jóvenes se coman vivos con la mirada. A pesar del tiempo que llevan conociéndose, y de su convivencia diaria y dependencia para los trabajos, siguen llevándosela tan mal como el primer día en que se conocieron.

Y más ahora cuando Yamato no parecía soportar nada de lo que la castaña hacía o decía…

-Que raro verlos a ustedes dos peleándose…- agregó Tokumori tras integrarse con Taichi en el medio de aquella batalla sin fin, con los brazos detrás de su nuca y cansado –Desde el área de los osos polares les escuchamos…

-¿Por qué peleaban?- cuestionó el moreno, hablándole a la castaña.

-¡PORQUE ESTOY HARTO DE VER SU ESTÚPIDA CARA!

Fue luego de unos segundos que Yamato se dio cuenta que no tuvo que haber dicho eso, o al menos no en el tono que había usado, siendo recriminado con la mirada por sus dos compañeros de clases al momento en que la castaña bajaba la suya.

Tokumori le obligó a leer sus labios con un "Disculpate", y Taichi simplemente lo miró fulminante.

¿Qué le había pasado?

-Ehm… yo…- apenado, para luego suspirar y dar la cara –Disculpa, es solo que… ya estoy cansado. No he dormido bien últimamente y…

"¿Y cómo dormirías bien con ella a pocos metros de tu cama?"

-…Y…- se sonrojó ante sus pensamientos, para luego sacudir su cabeza y respirar sus próximas palabras –Disculpa.

Mimi siguió mirando el suelo, aunque había escuchado cada palabra. Yamato por su parte sintió un nudo en la garganta al solo imaginar que ese silencio podría significar un próximo llanto. Realmente odiaba escucharla o verla llorar, se le partía literalmente el alma, y más cuando podría ser a causa suya. Idiota. ¿En qué pensabas al haber dicho eso? Se apartó su rubio flequillo con su mano para dejar descubierto su frente y su incomodidad. Estaba claro que la había cagado, y que ella no haya dicho anda aún dificulta aún más las cosas.

-Oye…- insistió, mordiéndose el labio nervioso.

-Idiota…

-¿Eh?

Repentinamente, la castaña subió la mirada para luego acercarse unos cuantos pasos hacia él, inflando sus cachetes y revelando sin duda alguna su enojo mediante su mirada y postura.

-¡Que eres un idiota!

Al sentir la remota cercanía de la castaña para enfrentarle fijamente con su mirada reapareció la misma sensación que lo venía acosando los últimos días, solamente que esta vez vino con un inesperado hormigueo que escalaba de forma divertida sus paredes estomacales, y que se intensificaba al detallar la corta distancia que había entre ambos.

Tenía tiempo sin volver a compartir aquella cercanía con la castaña, y a pesar de que la situación no convenga, no pudo evitar sentir una extraña emoción por volver a ver sus ojos miel con detalle.

¿Qué pasó con el juego? ¿Qué pasó con la táctica de conquista a Tachikawa? Según sabía la apuesta seguía en juego… pero era realmente imposible buscar avergonzarla o provocarle cuando ni el mismo podía controlar su cuerpo y acercarse a ella. Antes tranquilamente podía apaciguar el tenso ambiente con sus comentarios, siempre lo hacía cuando ella se le enfrentaba de aquella manera, y que tras causar el efecto buscado con sus indirectas conseguía la victoria. Sus piernas, que antes caminaban como un gato acercándose astutamente y sensualmente a su conquista, ahora casi temblaban moviéndose inquietas en señal de apuro. Sus manos que hacían lo posible por provocar el mínimo roce eléctrico que con experiencia sabía que funcionaba, por poco y reaccionan, ni se atrevían en realidad.

Y ni se diga de sus atigrados y tentadores ojos azules, ¿Qué no era su arma mortal para conquistar a una chica? ¿Qué no tenían la facilidad para hipnotizar y despertar sonrojos en mejillas ajenas?

Ahora ni podía mirarla directamente a los ojos por más de 3 segundos… eso, más que ahora era él quien se sonrojaba como un pendejo.

-A…a… ¡¿A q-quién le dices idi-idiota?!- alejándose un paso, tartamudo, aunque no mucho había logrado cuado la castaña había retomado la cercanía.

-¡A ti! ¡Porque eso eres! ¡IDIOTA! ¡Lo único que haces es quejarte y retrasarnos! ¡Si tan cansado estás te hubieses quedado holgazaneando, y así tranquilamente yo podría terminar de hacer MI trabajo sin tener que calarme a alguien criticando a cada animal que vemos ni soportar ofensas SIN sentido! ¡Por lo que… SÍ, ERES UN IDIOTA!

Mierda…

-Taichi, ¿Terminaste el proyecto?- preguntó repentinamente la ojimiel con indiferencia absoluta a lo que había pasado, desconcertando a los tres chicos que la miraban boquiabiertos.

-Eh…Ehm… sí.

-Ok, entonces acompáñame, voy a terminar el mío SOLO- fingió con voz andrógena jalando al moreno, quien luego de encogerse los hombros en señal de confunsión, siguió a la castaña por sí solo en dirección contraria.

Ishida miró absorto como ambos se alejaban de ellos… sin poder aún abrir la boca y decir algo. Era la primera vez que le quitaban la palabra, dejándolo mudo sin poder incluso contratacar.

¿Contraatacar qué? Si bien lo que había dicho ella todo era cierto, lo único que hacía era quejarse y ofenderla.

¡Pero eso era culpa de ella! ¡Ella y su estresante manera de hablarle! De acercarse, de sonreirle, de animarle, de su forma en decir su nombre… de… ¡De…!

-¡Maldita sea!

Dio un zapatazo al suelo con todas sus fuerzas y caminó apresuradamente hacia el lado contrario, siendo seguido por el pelinegro aunque era ignorado por completo.

Ella era… ¡…Era tan endemoniadamente insoportable!

Aún no entendía porque mierda consideraba seguir siendo su compañero de cuarto cuando siempre todo acababa de esa manera, con él sufriendo una asquerosa migraña y ella detrás del escudo del idiota de Taichi. ¡No sabía que coño le había visto él a ella cuando era tal y como una piedra dentro del zapato! Una astilla dentro de la uña, un corte de papel, y hasta podría decirse que era peor que los propios cólicos luego de comer la cosa más podrida del universo.

¿Por qué? ¿Por qué siempre ella terminaba por desquiciarlo y amargar oficialmente su día? ¿Qué no era el chico indiferente y solitario? Nadie osaba siquiera a enfrentársele, y ella, con su falsa peluca y mirada inocente, lo trataba con todo el derecho del mundo, insultándole e incluso lanzándole objetos como si fueran los propios Looney Tunes.

¡¿Quién diablos se creía que era?!

-Venga, hombre… que por poco botas fuego…

La voz de Tokumori lo hizo rabiar aún más.

Y la verdad, ahora no había nada que No lo hacía rabiar.

-¿Qué mierda quieres, Shitsuya?

-Ah, carajo… que la tienes con Maruchan, no conmigo…- corrigió con mala cara el pelinegro alcanzando el paso del rubio, mirándolo extrañado -¿Por qué te has alterado tanto?

-Eso no es asunto tuyo- sin detenerse.

-¡Pues mira que estás peor que los rinocerontes, Yama! ¡Por poco te confunden con uno y te meten en la jaula!

-¡Que me dejes en paz!- ahora sí, deteniéndose, apretando los puños y muy poco amistoso -¡¿Qué no puedes dejarme simplemente solo?!

-Hoy no estás de suerte, lobo solitario…- mirándole insistente –Tienes que relajarte, aunque te toque hacerlo sin Tachikawa aún tienes un trabajo que hacer.

-¡Al diablo con eso!

-¡Te estas alterando por una estupidez sin sentido, Yama!- regañó Tokumori igualando su paso -¿Desde cuando te afecta tanto lo que te dicen? ¿Qué no eres "indiferente a todo"? Vamos, hermano, relájate. No te pongas así por una tontería.

Disminuyó el ritmo de sus pasos, volviendo a respirar con calma.

-Jum…- suspiró, relajando sus hombros y por fin alejando la tensión de su cuerpo –Que tontería…

Lo era, una total tontería…

"Pero quizás esa no sea la verdadera causa de tu enojo, ¿Verdad?"

-Basta…- pensó con un extraño sonrojo, eliminándolo tras sacudir levemente la cabeza.

-Ahora que ya no estás pintado de verde y con las venas brotadas, ¿Me dirás por qué te pusiste así?

Yamato miró un poco confundido a Tokumori, para luego esconder sus manos en sus bolsillos y chasquear la lengua. Todo aquel berrinche, aquella extraña e infantil discusión, ¿Por qué había pasado aquello? Sinceramente no estaba en su personalidad pelearse por cosas con tan poca importancia, sobretodo en sitios públicos o como si de él se tratara un niño peleando por su caramelo.

Se había comportado tan inmaduro como ella, y eso era algo humillante. ¡Si lo mejor que pudo haber hecho es soltarle que hiciera lo que le diera la gana y así terminar de una vez por todas aquel proyecto! Sencillo. Práctico. Hasta ya podían haber terminado, ahorrándose el hecho de quien había elegido el mejor animal, cuando una pitón y un orangután son animales de equitativo interés.

El punto es… que lo que pasó fue una gran estupidez, probando científicamente que no podían convivir en pacífico hasta en un inocente Zoológico.

Tokumori suspiró…

-Mira, quizás no soy psicólogo, o en tu caso; psiquiatra…- provocando cierta mirada de pocos amigos en el rubio –Pero, ¿No crees que te alteras demasiado cuando de Miso se trate?

¿Qué si se altera demasiado?

¡Ni con calmantes se puede lidiar con ella!

-Sé que son bastantes opuestos…- siguió, acercándose a su amigo y tomando de su hombro –En realidad, no me extrañaría que su habitación fuera como territorio vietnamita… Se la llevan bastante mal como para que justo compartieran la misma habitación, protagonicen una obra de Shakespeare, y de paso, terminen juntos en todos los proyectos del salón. Hay que ser tan salado como un bacalao…

-Ya estás jodiendo…- regañó en tono bajo, incómodo -¿Para qué mierda me recuerdas todo eso?

-Paciencia, Padawan…- sonrió –Como decía… ¿Nunca has escuchado el dicho "Polos opuestos se atraen"?

Se tensó.

-Ó… ¿"Del odio al amor, un solo paso"?

Se tensó más.

-También está…

-¡No sigas!- sonrojado, volviendo a sentir la misma insoportable sensación cuando está con ella -¿Q-Qué carajos estás diciendo, Shitsuya? ¡Estamos hablando de…! ¡Tachikawa es…!

Tokumori lo miró cansado, queriendo abrir la boca para decir algo pero luego volvió a cerrarla.

Algo le decía que él no era el único en saber "aquello", pero prefirió dejarlo para después y seguir fingiendo.

-Un "chico", ya sé, ya sé…- dándole énfasis a aquella palabra para luego encogerse de hombros –Solo cumplo con mi profesión de amigo en aconsejarte, Yama…

-Pues, búscate otra… morirás de hambre- le soltó seco dejándolo atrás.

-¡Mira que nadie engaña a las hormonas!

Sin quererlo, sus pasos no dieron para más. Su mente le había obligado a detenerse para escuchar el resto, aunque internamente se moría de las ganas por plantarle un buen puñetazo en la boca de Tokumori para que lo deje en paz de una vez por todas.

El pelinegro sonrió… para luego aproximarse a su compañero y darle dos inocentes palmadas en la espalda.

-Ó en mejores, ó peores casos; el corazón…


Al principio los gritos fueron realmente una molestia, pero al reconocer junto con Tokumori que los que se estaban atacando con lanzas espartanas disfrazadas en palabras eran, en realidad, sus compañeros de clases, no lo dudaron ni un segundo y se fueron a detener aquella cotidiana batalla.

Realmente no comprendía como esos dos se la llevaban de perros, es más, Tom y Jerry se quedaban pendejos al lado de ellos. Escucharlos pelear era el pan de cada día, y aunque la mayoría de esas discusiones sean relativamente tontas y absurdas, la de hoy rebozó el vaso con agua, ¡Mira que pelearse por quien tenía el mejor animal no era cosa de Yamato!

Observó un poco apartado como la castaña contemplaba las peceras del acuario, sitio al que habían ingresado un poco después de la discusión y que había cambiado notoriamente el humor de Tachikawa. Habían decidido tomarse un break hasta que las cosas bajen de nivel, y aunque su idea de entrar al acuario era para ayudarla a terminar el trabajo, parecía no tener iniciativa al respecto.

Igual… Es un tonto trabajo, no hay porque alarmarse tanto, sino, de cualquier forma, le prestaría sus apuntes a la castaña, después de todo ella siempre lo hace cuando Tai se veía envuelto en algún aprieto.

Pero en eso, su mirada que se había centrado en ella segundos antes, ahora le estaba dando alguna clase señal que el moreno no pasó por alto… y es que, ver como la luz de la pecera iluminaba tenuemente su rostro, más aquella expresión de emoción, hizo que unas cosquillas en su estómago hicieran fiesta.

Era… era tan… ¿Linda?

Sus cabellos castaños y cortos no le daban la imagen masculina suficiente, hasta diría que con un vestido podría pasar como una chica tranquilamente, claro, pensar aquello quizás no era muy sano que digamos, ¡Pero debía admitirlo! Si no tuviera aquella insignia del instituto en aquel Sweater azul marino, ni usara esos pantalones holgados, Miso Tachikawa sería una hermosa chica, que más que su compañero de clases, sería como su cita, y que sin pena alguna tomaría su mano disfrutando al máximo su compañía.

-Deja de pensar en idioteces…- pensó para sí mismo, moviendo negativamente la cabeza.

-Gracias por acompañarme, Tai…- la voz andrógena de la castaña interrumpió el silencio, provocando que el moreno le preste atención aún cuando ella seguía contemplando encantada al pez –¡Oh, mira como se mueve esa mantarraya!

Sus rasgos, su delgada figura…

Y por alguna extraña razón, recordó la conversación que había tenido con Tokumori.

Acaso… ¿Acaso lo que quiso decir fue…?

-Tachikawa…

Mimi volteó a ver al moreno con una sonrisa, reconociendo al instante la extraña expresión que tenía su compañero. Parecía serio, decidido y calculador, incluso era la primera vez que veía a Taichi con aquella cara, como si hubiese descubierto algo muy delicado y estuviera a punto de decírselo sin pelos en la lengua.

-¿Sucede algo, Tai?

-Acaso… tú…

-¡Mami! ¡Mira esa mantarraya que bonita es!

Un pequeño niño con su madre habían interrumpido inoportunamente la conversación, que tras unos segundos en observar como el infante de unos 5 años hablaba de lo mucho que le gustaba el pez, Mimi volvió a concentrar su atención en Tai, sonriente.

-¿Me decías…?

-Yo…- cerró la boca -¿En qué estás pensando?- suspiró para luego rascarse la nuca y reírse levemente sobre la tontería que había acosado su cerebro segundos antes -Absurdo…

-¿Qué es absurdo?

-Que por un momento creí que eras una chica disfrazada de chico…

¡MIERDA!

-¡¿Q-Qu…QUÉ?!

Y después de algo de tiempo, volvió a sentir aquel familiar terror, desde la primera vez que puso el pie dentro del Instituto Hokkaido, y el mismo que ahora le había congelado las patas y que había pintado un gracioso color azul en su rostro.

-Jajajaja, ya sé, ya sé… fue lo más estúpido que he dicho y pensado en el día, pero es que Tachikawa, debes entender que eres bastante femenino aunque lo niegues- soltó de lo más normal, ahora siendo él quien contemplaba el mantarraya –Pero ahora que me doy cuenta…

¡OH, MIERDA! ¡OH, MIERDA!

-Me recuerdas mucho a Hikari…- confesó con una sonrisa nostálgica, revelando un brillo indefinido en su mirada.

¿Hikari?

-¡Chicos!

En eso, una voz familiar interrumpió aquel bipolar instante, haciendo que ambos jóvenes reconozcan de lejos como dos de sus compañeros de clases se acercaban a ellos. Un pelirrojo con cara de estudioso traga libros, y un rubio que nadie podía quitarle la cara de chico bueno, para no llegar a decir príncipe, eso si leemos en el diccionario de Mimi.

Y hablando de Mimi…

-Michael…

-¡Hey, ¿Ya terminaron el proyecto?- curioseó el moreno sonriente, ya al tener a ambos jóvenes en frente de ellos.

-Acabamos de terminar…- respondió un sonriente extranjero. Mimi, que había tenido la mirada fija sobre él, fue respondida por un momento con un leve saludo de cabeza, cosa que provocó que hasta la más milésima mariposa aleteara dentro de su estómago.

-Nosotros también…

-¿Pero que no estabas con Tokumori, y tú con Ishida?

-Pues, eso era hasta que volvieron a pelearse… por poco los encierran en una jaula de los salvajes que se pusieron.

¡Pero si había sido él que se puso como un mandril!

-Jeje, en ese caso, ¿Por qué no vamos a ver el espectáculo de delfines? Está apunto de empezar.

-¡¿Delfines?!- soltaron a la vez el Yagami y la castaña, con estrellas en los ojos notándose descaradamente su emoción.

-Juraría que son hermanos si no los conociera…- agregó el pelirrojo riendo, para luego empezar a caminar hacia la dirección del evento junto con los chicos –Por cierto, Tai…- atrayendo la atención de su compañero –Ryu me mandó a decirte que…

Taichi, que por un instante estuvo a su lado, ahora había alcanzado el paso del pelirrojo dejándola atrás para así poder hablar mejor un asunto sobre el equipo de Football. ¿Malo? No, no había nada de malo… claro, eso sino contamos con cierta persona que caminaba a su lado en silencio, sin adelantarse, sin atrasarse, ¡Lo cual sí era malo! Estaban tan cerca pero tan lejos a la vez que eso le despertaba unas desesperadas ganas por empezar a correr y perderse de vista, pero no podía hacerlo.

¿Por qué?

¡Sabrá que carajos tendrá en los pies que no obedecían sus órdenes!

-¿Y ahora qué hago…?- nerviosa, observó discretamente al rubio de reojo, detallando su semblante simpático más como los rulos dorados se movían con cada paso –Al parecer, no parece sospechar nada…- pensó, cuando en eso su mirada chocó con la de él provocando una conocida sonrisa más un ataque de nerviosismo en la castaña.

Seguía su paso, a su lado, y guardando el mismo silencio que ella.

¡Por Cristo!

-¿Qué te ha parecido el acuario?

Su voz simpática y amena quebró, de una vez por todas, aquel silencio que se había formado entre ellos, parándole cada uno de los pelos en los brazos de Mimi y eso sin contar los de la nuca.

-Es… A sido… ¡A sido emocionante!- ¿Emocionante? ¡¿Qué clase de respuesta es esa, Mimi Tachikawa?! –Digo, sigue siendo un tonto paseo, pero ver las serpientes ha sido lo único bueno…

Sí, claro… porque no te derretiste ni gritaste de emoción cuando viste los ositos pandas, ¿No?

-Me alegro…- respondió, ignorando por completo de donde carrizos había sacado Mimi lo de las serpientes –Para mí la mejor parte fue la del orangután bebé…

-¡¿Verdad que sí?!- ¡NO! ¡Espera! -¡Quiero decir…! Bah… Eso es como un aperitivo para mi pitón.

-Jeje, ¿No crees que es algo grotesco decir eso?

Maldito Matt…

-¡Bienvenidos!

No se había dado cuenta sino hasta escuchar la voz del hombre disfrazado de delfín que ya habían llegado al sitio, venía tan absorta con la compañía del chico extranjero que ni supo como ni por donde se metieron. Y con lo limitada que estaba por evitar ser descubierta, era imposible hacerle caso a su entorno, aún cuando el joven ni ponía atención a como le temblaban las manos o como luchaba discretamente alejarse de él.

Pero no pensó más en el tema… ahora sus ojos miel estaban contemplando sorprendida cada rincón de aquel inmenso escenario al aire libre que tenía como centro una exótica piscina, ambientada por gigantes rocas artificiales y alguna que otra palmera decorativa que le daba aquel toque playero al teatro acuático. ¡Y ni se diga del repentino salto que hicieron 3 delfines a la vez! Los gritos de emoción del público, la sonrisa triunfadora de la entrenadora de aquellos mamíferos, la música animada que venía como anillo al dedo…

¡Esto era lo máximo!

-¡Tachikawa!- la voz del moreno le hizo despertar, buscándolo con la mirada y reconociendo que se habían adentrado en una fila buscando asiento.

-¡Voy!


-¡Les presento a mis fieles compañeros…!- presentó animada la mujer con traje de buceo, mientras hablaba a través del pequeño micrófono que guindaba de su uniforme -¡Alphonse, Edward y Winry!

Tras esto, tres hermosos delfines saltaron del agua en orden a medida que eran dichos sus nombres, causando gran emoción en los espectadores del show, desde niños, adolescentes, adultos y ancianos…. todos con una sonrisa en su rostro al reconocer la obediencia y entusiasmo de aquellos mamíferos, que al terminar de hacer una graciosa pirueta en el aire, volvían a adentrarse al agua en el mismo orden y nadando animadamente dentro de la piscina.

Por otra parte, la indiferente expresión de un rubio revelaba lo poco que le importaba aquel evento. Había sido obligado por su compañero a entrar al sitio para así "animarse" un poco y disfrutar de lo que quedaba del día. Misión fallida, obviamente. Ya no había una turbia nube que opacaba su cordura, pero los ánimos eran escasos para al menos sonreír o admitir que un espectáculo de delfines podría ser interesante. Pero claro, su opinión no contaba… por ende ahí estaba, sin ánimos, viendo un tonto espectáculo de Flippers, y con el trasero húmedo al sentarse sobre un charco en su asiento de concreto que pasó por alto.

Suspiró cerrando los ojos.

Miel. Sonrisa. "Matt…"

Cosquillas.

-¡No…!- abrió los ojos de un golpe, sintiendo una vez más sus mejillas enrojecerse y su cuerpo tensarse. ¿Por qué siempre tenía que pensar esas tres cosas a la vez? ¡Era tan frustrante! Siempre cuando su mente estaba en blanco, primero venía el color miel pintado en dos femeninos y animados ojos, para luego aparecer una curvatura brillante y cálida… y finalmente, y quizás lo que terminaba por despertar ese hormigueo del demonio, su voz… su voz llamándolo, su voz diciendo su nombre, su voz…

¡Su maldita voz!

Sacudió la cabeza una vez más y se maldijo internamente, ya harto ante estas situaciones en donde al sentir que todo volvió a equilibrarse en su vida la estúpida de Mimi volvía a su mente, como el propio fantasma destinado a espantarlo cruelmente.

Aunque mataría para que ella fuese un fantasma, espantándolo con cadenas arrastradas por el suelo y con paranormales sonidos despertándole en la madrugada, en vez de ser su compañera de cuarto "secreta" que suele sacarle de quicio en simples estupideces y que, a diferencia de sonidos extraños, no puede evitar despertarse en la madrugada y contemplar inconcientemente a una castaña dormida en la siguiente cama, acurrucada cómodamente, escondiendo el color miel y revelando unos apetitosos labios rosas entreabiertos.

Apetitosos… ¡Tan apetitosos!

-¡Estás delirando, Ishida!- se dijo traumado, masajeándose la sien e ignorando por completo como el trío marino saltaba una vez más –Debo tener fiebre, seguramente…

Eso esperaba…

-Hey, mira… ¿No son los chicos?

Levantó la vista al escuchar el comentario de su compañero, siguiendo su mirada y encontrándose con, efectivamente, cuatro de sus compañeros de clases.

Iban en fila hacia los puestos más cercanos a la piscina, ocupando 4 puestos disponibles y que eran lo suficiente alejados como para interrumpir el show al querer llamarlos. Así que solo se limitó a ver como un pelirrojo se sentaba en la primera silla, luego un moreno, luego un rubio, y finalmente, ella.

Justo al lado del extranjerito.

Por alguna extraña razón frunció el ceño al solo reconocer los pocos centímetros que los separaban, ¿Qué hacía Mimi sentándose al lado de él? ¿Qué no movía cielo y tierra por evitar aunque sea contacto visual con él? Y más todavía, ¿Qué hacía con esa estúpida sonrisa en su cara? ¡Debería estar histérica, nerviosa, ó al menos incómoda! Pero nada de eso, todo lo contrario, parecía no percatarse que la persona que estaba a su lado era Michael, el "Voldemort" que tanto exageró, el único capaz de hacerle regresar a USA, para siempre.

Apretó los dientes y sintió la piel de sus nudillos estirarse al volver en puños sus manos.

Demonios…

-¿Celoso?

Ni se inmutó al escuchar a Tokumori. Nada bueno saldría de ello.

-No sé de qué me hablas…

-Oh, vamos… que tu rostro lo dice todo- rió –Definitivamente vas a hacer que te metan en una jaula.

-Y tú terminarás nadando con esos malditos peces…

-Sip. No hay duda, celos.

Iba a responderle, pero mordió su lengua al ver como la castaña reía animada. Reía gracias a algún chistecito que había dicho él.

¡¿Por qué mierda se estaba riendo?!

-Algo que escucho a menudo es lo simpático que es Miso- soltó con sonrisa burlona el pelinegro, conciente de que aunque el rubio pretendía no escucharlo, lo hacía –No me extrañaría que esos dos se hicieran amigos.

-Bien por él…

-Sí, sí, bien por él, claro…- rió –Pero, ¿Mal para ti?

Volvió a verla reír… era la primera vez que la veía reírse de esa forma, como si estuviera disfrutando al máximo aquel momento.

Un momento que implicaba a Michael.

"Y no a ti…"

-¿Eh? ¡Yama! ¡¿A dónde vas?!- pero por más que intentó hacerse escuchar, solo pudo observar como el rubio se alejaba de él con pasos firmes y con los puños prensados –Hay que ver que eres terco…


-¡Yama!

Mimi giró hacia aquella voz encontrándose con un pelinegro 4 filas más arriba mirando hacia la salida, siguiendo el trayecto hasta ver como un rubio desaparecía tras el portal sin siquiera voltear.

¿Qué le había pasado?

Sin poder evitarlo, sintió cierta preocupación en ella, como prediciendo que algo malo le ocurría a Yamato y por aquella razón no había respondido a los llamados de Tokumori.

¿Y qué le preocupaba? ¡Si había sido un total idiota momentos antes!

Refunfuñó volviendo mirar al frente y cruzándose de brazos. De ahora en adelante no le iba a importar más nada, al fin de cuentas no lo necesita… ¡Tenía al lado a Michael Jhonnson y en ningún momento ha mostrado señales en reconocerla! Podía con esto sola, así se ahorraría el hecho de estar debiéndole favores a alguien y más aún a una persona como él.

-¿Crees que esté bien?

La voz de Michael una vez más la sacó de sus cavilaciones, mirándolo sorprendida sin entender de donde había salido la pregunta.

-¿Eh? ¿Quién?- respondió al contemplar disimuladamente su celeste mirada.

-Ishida… pareció molesto, ¿Le habrá pasado algo?

Su rostro dibujó una mueca de enojo, acomodándose más en su asiento y dando por hecho mediante sus expresiones que realmente le importaba un bledo el dueño de aquel apellido.

-Sería bueno para que madure un poco… ¡A veces es necesario un buen golpe para comprender que uno no es de piedra!

Su enfado duró poco al escuchar lo que parecía ser una risa discreta, ladeando su rostro hacia el extranjero, desconcertada.

-¿Qué…qué es gracioso?

-Lo siento… Jeje…- recuperando su semblante sereno y sonriente –Es que me pareció cómico lo que has dicho.

-Pues bien cierto que es…- defendió la castaña –Yamato cree no necesita de nadie, se cree mucha cosa y hace falta que alguien se lo diga de mala manera ya que de buena no aprenderá nada.

-¿Es por ello que están peleados?

-¡Eso y porque es un idiota!- una familia la observaron sorprendidos, obligando a Tachikawa morderse los labios y caer en cuenta que debía controlar sus palabras y tono de voz.

-A veces… las personas necesitan caer para aprender a levantarse.

-Sí, exacto- afirmó.

-Pero…- siguió sonriente –…hay personas que saben mantener el equilibrio, y tardan más que otras en caer.

Mimi lo miró totalmente confusa.

-¿A qué te refieres?

-En que si tarda mucho en darse cuenta de su defecto, será tarde… A veces necesitan un empujoncito, ¿Me entiendes?

-Quieres decir… ¿Que debo empujarlo para que se de cuenta que es un idiota?

El extranjero volvió a reír, pero esta vez sin disimular, causando un sonrojo en las mejillas de la castaña tanto por escuchar la sinfonía de su voz en risas y por haber dicho algo tonto o fuera de lugar. En realidad, ahora que se daba cuenta, esta era la primera vez que compartía con el de esa forma desde que el rubio inició clases, nunca se había permitido hablar con él, ni siquiera responder miradas. De imaginar que podría ser descubierta por una sola palabra intercambiada hacía que le temblaran sus piernas.

Pero ahora no tenía miedo, ni nervios, incluso volvió a sentir la nostalgia en compartir con él, tenía tantos años sin escucharle hablar, sin recibir aquella cálida sonrisa, única capaz de mover su piso y acelerar el ritmo de su corazón. ¡Había extrañado tanto esto!

El joven dejó de reír, ahora respondiéndole la mirada al castaña quien no evitó sonrojarse aún más.

-Habla con él… Son compañeros de cuarto y deben aclarar sus problemas. Es lo mejor.

-¿Hablar con él? ¡Pero si luego de lo de hoy seguro me quemas las cosas!

-No lo creo…

-¿Cómo lo sabes?

El trío de mamíferos volvió a saltar del agua, haciendo otra pirueta mortal en el aire y cayendo una vez más a la piscina tras que todo el público aplaudiera emocionados por el éxito marino.

-Porque le importas… y mucho.


Yamato miró en silencio desde la ventana de su bus como el cielo intimidaba a los visitantes con sus inmensas e inoportunas nubes negras. Pudo disipar algunos rayos insonoros más como los árboles del Zoo se movían violentamente por la tormenta que se avecinaba. Estaba claro que iba a caer no solo una fuerte lluvia, sino más bien un caos para quien no tuviera paraguas o cualquier refugio para esconderse de las frías gotas que amenazaban con caer. Lo que parecía antes un día soleado ahora era todo lo contrario… incluso se sintió identificado con aquel panorama, sintiendo como se le calentaban las orejas y como algo se revolvía dentro de él llenándolo de ansiedad.

Se acomodó en los dos puestos con inquietud ya sintiendo desespero por regresar al instituto y acorralarse en su cama, que en vez de un cielo atormentado ahora tenía como escenario un insípido techo de metal. Quería irse, estaba de malhumor y quería dormir, y así olvidar por un rato el ajetreo mental que le había absorbido todas sus energías. Estaba exhausto, y no necesariamente por caminar y caminar en un Zoo repleto de animales exóticos y comunes. Estaba exhausto de pensar y evadir, de sentir y evadir, de querer y, otra vez, evadir. Todo era una mala jugada que le estaba plantando su mente al estar en una huelga por descansar. Si venía durmiendo mal –espantosamente mal- las últimas noches, era normal que piense en tonterías, no le extrañaría si en cualquier momento terminara viendo un Dumbo por los cielos o un gato volador en forma de Frisbee atravesando su ventana.

De malhumor, cansado, incoherente y…

Miró el techo con una incógnita formulándose dentro de él.

¿Celoso?

-He… Ishida, dame puesto.

Reaccionó sorprendido ante su compañero, pues segundos antes estaba completamente solo en el medio de transporte y ahora estaba Tokumori en frente de él.

Quitó sus piernas del siguiente puesto, olvidando por completo lo que había pensado y las consecuencias que traía ello.

-¿Qué pasó?- preguntó el rubio al detallar a todos sus compañeros subiendo el bus uno a uno.

-Ya se nos acabó el paseo, hermano… Is time to go!- estirándose –Además el tiempo prácticamente nos botó… ¿Viste como está el cielo?

Dos minutos después, todos los puestos estaban ocupados, y no fue hasta que escuchó la voz de su profesor que notó que alguien faltaba.

-¿Dónde está Tachikawa y Jhonnson?

Buscó con la mirada una cabeza castaña más no la consiguió, extrañándose enormemente ante ese hecho. No era de Mimi ser impuntual, al menos que se trata de Matemáticas que parece tener una maldición encima por siempre llegar tarde a la clase del peor profesor del instituto. Sí, solo en matemáticas llegaba tarde, no a la hora de regreso de un paseo en otro estado de Japón, en un país que no conoce, y… ¿Con Michael?

-Ellos están juntos profesor- agregó Taichi –A Tachikawa aún le faltaba un animal y Michael le acompañó.

La palabra juntos, más el nombre del extranjerito y el de la castaña no provocó otra cosa más que preocupación mezclado con enojo.

Preocupación, porque sabía que era peligroso que ellos dos quedasen solos, había un gran factor que se llamaba "Engaño" que podría hacer que el plan de Mimi se venga debajo de tan solo no tener cuidado.

Y enojo, por el simple hecho de recordar las risas animadas de Mimi para con Jhonnson, más la mirada enamorada que tenía, más lo tonta que se veía compartiendo sonrisas con él, le enervaba la sangre y hacía que el corazón se le acelerase, además que no le gustaba la sensación de cómo le sudaban las manos ni como se le calentaban las orejas.

-¡Disculpen la demora!

Repentinamente, la voz de un rubio ojos celestes atrajo la atención de todos, tratando de recuperar el aliento tras la precipitosa carrera que había hecho hasta el bus.

-Jhonnson… ¿Qué hay de Tachikawa?- preguntó extrañado el profesor al notar que no venía nadie tras él.

-Dijo que ya venía… Está terminando sus apuntes sobre el último animal y…

Un estruendoso trueno interrumpió las palabras del rubio, volviendo aún más certero que la tormenta estaba a punto de caer en cualquier momento, y que sin duda sería una bastante pesada por lo tenebroso que se había puesto el cielo y como aquellos rayos cada vez se hacían más constantes e intimidantes.

¡¿A quién se le ocurre ponerse con eso justo ahora?!

-Cielos… si no se apura le caerá encima la lluvia…- dijo preocupado el profesor, para luego decirle unas cuantas cosas más a Michael y luego al chofer.

-Hey Mich….

Taichi, que parecía un poco preocupado, detuvo a Michael justo cuando iba cruzando a su lado.

-¿Le falta mucho a Miso?

-Estaba por terminar… Pero me insistió que viniera a avisar de su situación, andábamos con la duda de que nos podrían dejar. Pero ahora con este clima...

Otro trueno sonó… más una llovizna empezó a caer.


Tonta.

Tonta.

¡Y TONTA!

¿Qué sí sabía cual era su animal favorito? Pues, NO. No lo sabía. Y quizás eso era lo que le hacía sentir más estúpida. No sabía el animal favorito de su compañero de cuarto, de su "Romeo", y equipo de trabajo, pero sí sabía que el animal favorito de Michael Jhonnson era el sapo. Sí, escucharon bien, puede que no sea un animal genial, pero era el que le gustaba al amor de su vida, con el cual no tuvo contacto por no se cuantos años y que nunca mantuvo una relación estrecha por cuestiones de timidez infantil.

Sí, sabía más de quien menos le conocía, cuando debería de ser de quien más le conoce. Irónico, ¿No?

No sabía porque estaba haciendo esto, sabiendo que el idiota del cuento había sido Yamato y no ella. Pero lo que había dicho Michael era cierto, debía hablar con él, y se le ocurrió la ya no tan brillante idea de terminar el proyecto a estas alturas y elegir el misterioso animal favorito del rubio. ¿Por qué? ¡Porque era un tonta, por eso! Y porque le pareció una buena forma de demostrarle al "idiota" que lo que había dicho no era tan en serio, como una disculpa indirecta, por así decirlo.

Indirecta, porque de sus labios no saldría ni pio si él no se da cuenta de su actitud.

Siguió caminando, algo acelerada al escuchar los truenos y como el cielo parecía venírsele encima. Hacía un catastrófico tiempo, y aunque ya había elegido el animal que se supone que es su favorito –quizás, posiblemente, podría ser…-, le había tomado algo de tiempo, y el trayecto desde donde estaba hasta el Bus iba a tomarle unos cuantos minutos, minutos que amenazaban con mojarla en cualquier momento.

-¿Pinguinos?- observó los pingüinos como tratando de convencerse que ese pudo haber sido un buen animal sino hubiese ya elegido, pero al reconocer la graciosa forma de caminar, y lo excesivamente tiernos que son, comprendió que Yamato jamás elegiría un pájaro que no vuela y que camina como si tuviera un palo metido en el…

Ejem…

Unas diminutas gotas rozaron su nariz, comprendiendo que el cielo le estaba avisando que sino se apuraba le terminaría castigando.

-Estúpido Matt…- gruñó, sin parar de caminar y tapando la ya completada carpeta del proyecto dentro de la chaqueta del instituto -¡Más te vale que te guste porque sino juro que te golpearé! Estúpido, estúpido Matt…

Empezó a correr cuando las gotas de lluvia dejaron de ser un roce para convertirse en pequeños latigazos en su rostro, ya sintiendo como su ropa se iba humedeciendo con rapidez y como su peluca pesaba más de lo habitual. Era definitivo, la tormenta dio inicio.

Siguió corriendo, maldiciéndose internamente por estar justamente en un sitio que nada más los animales poseían en donde refugiarse, ¡Además de que ya estaban ingresando a sus guaridas gracias a la consideración de los encargados! Sin tener una punzante lluvia encima de ellos clavándoles las gotas como propios aguijones.

-¡En serio eres un estúpido, Matt!

Pero, sin quererlo, y obviamente, sin predecirlo, dio un mal paso.

Resbaló.

-¡OH!

Y cayó sobre el ya empapado suelo.

-¡MALDICIÓN!


Con su chaqueta trató de resguardarse de la lluvia, caminando tan rápido como podía pero con el suficiente cuidado de no resbalar y caer. El clima estaba desquiciante, y la verdad había empeorado de la nada, sin poder dejar actuar a los profesores guías con anticipación para así evitar que les agarrara la lluvia antes de salir hacia Hokkaido. Ahora, por ende, estaban sometidos a una tempestad, una tempestad que era soportada por un rubio ojiazul que gruñía molesto al tener que ser él el elegido en buscar a Mimi.

Porque él sabía que ella era mujer, porque era el único en conocer la verdad, y por lo tanto, tenía más poder que los demás en ella.

Incluso más que el extranjerito.

-Idiota…- dijo caminando cada vez más rápido, recién entrando a la Zona Hielo y poniendo más atención a su alrededor -¿Por qué se te ocurrió venir aquí?

Obviamente, se refería a ella. Y es que la protagonista de todos sus insultos internos de estos momentos era aquella castaña insoportable que no solo le sacaba de quicio, sino que le sacaba de un sitio cálido y seco para poder buscarle.

¡Tenía que ser tan idiota!

-Donde se habrá metido…- siguió buscando, ya notando que todos los animales no estaban a la vista debido al diluvio, y que toda la zona estaba desierta, por mismas razones.

No entendía porque se le ocurrió a ella venir a esta parte, cuando tranquilamente pudo haber escrito sobre los delfines cuando los tenía en frente. Y con lo excelente que le va en Biología menos entendía, ¡¿Era antojada o qué?! Si en tal caso debería ser él el desesperado por conseguir buena nota, no ella. Sabía que era aplicada, pero en estas circunstancias es ser descuidada. Con las ropas mojadas, además de esa falsa peluca que nada más el sabía que era artificial, era muy probable que pueda ser descubierta, ¿Cómo no? Si cuando se moja la ropa se te pega más a cuerpo y…

¡Carajo, Ishida! ¡No ahora!

Sacudió su cabeza despejando aquel sonrojo que varias veces le ha molestado –y es que convivir con una chica las 24 horas del día sin… acción alguna, era de esperarse-, volviendo a concentrar su vista en su entorno buscando alguna cabellera castaña o cuerpo frágil resguardándose en la lluvia.

Hasta que… de lejos, pudo apreciar a una persona con su mismo uniforme sentada en el suelo.

-¡Tachikawa!

Aceleró su paso a mil y en un dos por tres ya estaba a su lado, recobrando el aliento.

-¿Estás…Estás bien?- respirando con dificultad.

-S-Sí…

Y el sí vino con un suspiro de parte de él, más un alivio al saber que no le había ocurrido nada malo y que al fin su preocupación por no hallarla estaba apaciguada.

-Mierda, ¡¿Qué carajos haces aquí?!- regañó, debía hacerle entender que todo lo que había corrido no debía de ser en vano -¡Te vengo buscando desde hace rato! ¡¿Qué no vez que está lloviendo?!

-Lo sé pero… es que vine a…

-¡Si lo sabes pudiste haberte regresado con ese extranjerito, así no me tendrías sin aliento ni mojado!- gruñó molesto, poniendo su chaqueta ahora encima de la castaña quien lo había observado sorprendida, un poco incrédula de haber recibido aquel gesto por él –Vamos…

Yamato empezó a caminar en dirección por donde se había venido, estando a punto de detenerse en insistir pero al escuchar como unos pasos lo seguían siguió caminando, absorto en el silencio intercalado entre ambos. No hacía falta correr por lo que mantuvieron un paso rápido pero pausado… concientes de que no había mucho que ocultar cuando estaban igual de emparamados, aunque por lo menos ya Mimi no era mojada directamente en la cara gracias a la chaqueta del rubio.

En el transcurso no intercambiaron palabra alguna. Estaba más que expuesto que había un barrera de tensión entre ellos y que ninguno de los dos parecían dar un paso por irrumpirla. Además de que no era el momento ni el lugar indicado para dar iniciativa por mejorar las cosas entre los dos.

Lo mejor será esperar, y finalmente, hablar.


-Buenas noches…

-¡Buenas noches, Tachikawa, Ishida!

Cerraron la puerta tras de sí, con el estómago lleno y con los párpados tan pesados por el ajetreado día que habían tenido.

No hacía mucho que llegaron al instituto, pero sí les tomó un buen tiempo debido al clima, y aunque no llovía con tanta fuerza como horas antes aún se podía escuchar una suave lluvia cayendo en el exterior, teniendo como mala suerte llegar en la noche y cenar tarde, aunque de ellos solo se trató la mitad de un Ramen –que por cierto Tokumori aún se las ingenió para molestar a la castaña- por la gran pérdida de apetito gracias al agotamiento, además de ánimo, pues no había sido un muy buen día que digamos para ambos.

La verdad, ninguno de los dos se había aventurado a intercambiar palabras. Hubo dos oportunidades en que la castaña trató hablar con él, pero lo único que recibía era la espalda, además de que Tokumori hacía lo imposible por relajar el ambiente con sus chistes o golpes infantiles al moreno. Desde que salieron del Zoo, Yamato no había dicho más que un "Regresemos". Su expresión en todo el viaje fue seria y calculadora, además que en ningún momento lo vio dormirse como el resto del grupo, simplemente observó a través de la ventana como el viaje transcurría y como la noche caía. Eso fue MUY estresante. Demasiado. Juró por sus venas que el Ishida estaba destrozándola mentalmente por haberle preocupado.

Aunque bien, ¡Ella no le pidió buscarle! Si se mojó fue por su culpa.

Observó como el Ishida sacaba de su armario un pantalón de pijama y un sweater, seguro por el frío. No mostraba interés en hablar ó relajar su expresión, simplemente hacía lo cotidiano como si no hubiesen discutido, ignorándola por completo. Mimi apretó sus labios, un poco ofendida al sentirse excluída de esa forma, ¿A qué jugaba? Él que se debía disculpa aquí era él, ¡No ella! Bastante grosero se había comportado los últimos días para que ando como víctima haciendo como si no estuviera ahí. Estaba loco si creía poderle hacer sentir culpable y arrancar de sus labios algo que demuestre su arrepentimiento…

Habla con él… Son compañeros de cuarto y deben aclarar sus problemas. Es lo mejor.

Dio un paso hacia él, decidida.

-Creo… que debemos hablar…

La escuchó con claridad a pesar de que haya hablado con un poco de duda. Desde hace rato se había percatado de las intenciones de ella, pero ningún momento le pareció adecuado para escucharla sino hasta ahora. Y la verdad, es que si hablaban seguro no controlaría sus palabras, y seguro en frente de los chicos causaría más problemas. Y querer evadirla una vez más no era posible, ya se le acabaron las excusas y además estaba conciente de aunque quiera salir ella no lo dejaría, se veía claramente que esta vez no tenía escapatoria, y que debían enfrentarse al problema que los viene incomodando desde hace unos días.

-Habla…

Tiró su ropa a la cama mientras se quitaba la camisa del instituto, cosa que causó un notable sonrojo en la castaña al detallar lo buen esculpido que estaba su cuerpo, siempre causaba ese efecto en ella. Pero aún así respiró hondo, tratando de pasar por alto el desnudo torso del rubio y así seguir con su meta.

-¿Por qué tú…? Ehm… ¿Por qué… últimamente has sido así conmigo?

Yamato se detuvo en ponerse su sweater, bajando las manos con el mismo y mirando a la castaña algo confuso.

-¿A qué te refieres?

-Es que… desde hace algunos días me has estado evadiendo…- se mordió el labio, ¿Estaba nerviosa? –Es como si te cansaras de mí… como si no me soportarás.

Él se inquietó.

-No sé de que hablas…

-Sí lo sabes…- respondió más decidida –Y no digas que no porque es la verdad. Hoy te has comportado así conmigo, como los últimos días lo has hecho, ¿Ó piensas que me creí la excusa de que tenías que estudiar la otra vez? Sino querías ensayar conmigo pudiste habérmelo dicho…

-Tenía que estudiar…

-¡Nunca te preocupabas por eso antes!- elevando la voz, aunque luchó por controlarse –Siempre accedías a nuestros ensayos sin ningún problema…

-He estado ocupado…

-¡Yamato, vivo contigo prácticamente! No me vengas con eso porque bien sabemos tú y yo que es mentira, ¡Me evades!

-¡Agh! ¡Basta! ¡Déjame en paz!- agarrando su ropa con intención de entrar al baño, pero la castaña logró atravesarse y evitar que entre -¡Hazte a un lado!

-¡No me moveré hasta que me digas qué te sucede conmigo!

-¡Qué no me sucede nada!

-¡No me mientas!

-¡DEMONIOS!- apretando los dientes y ya con el rostro enrojecido de la impotencia de golpear algo y desquitar la histeria que se acumulaba en él –¡Quítate de una buena vez!

-¡NO!

-¡HE DICHO QUE…!

Pero en eso, antes de volver a decir cualquier cosa… contempló por segundos como repentinamente el cuerpo de la castaña empezó a tambalearse. El miel de sus ojos fue opacado por la membrana blanca al irse para atrás, revelando con anticipo que su cuerpo había dejado de responder y que ahora le venía una abrupta caída al suelo debido a la inconciencia.

-¡Tachikawa!

Yamato, quien no reaccionó de otra forma sino alcanzarla y sostenerla, gritó su apellido continuas veces mientras poco a poco la depositaba en el frío suelo del baño. Estaba totalmente impactado ante la situación, ¡¿Qué rayos le había pasado?! La acomodó en su regazo mientras apartaba el falso flequillo de su frente y finalmente sentir una agravada calentura con su mano, ¡Estaba ardiendo en fiebre! Además de que su cuerpo empezó a temblar de escalofríos, obligando al rubio a turbarse aún más por no poder haber advertido su estado antes.

-¡Tachikawa!- la sacudió levemente, preocupado -¡Tachikawa, responde!


..To be continue…


Comentarios de la autora:

Andsi se asoma lentamente.

¿Hola? ¿Sí? ¿Hay alguien ahí…? Ejem… Bueno, mucho gusto, soy Andsi, ¿Me recuerdan?

Aunque entendería si no… u.u

De verdad, LO SIENTO multiplicado por infinito llevado al cubo! Soy la peor, i know, i know… ¿Cuál es la causa además de ser tan irresponsable escritoria? A ver si adivinan, ¡Vamos, ustedes pueden!

¡Tin tin! Tenemos un ganador –eso si alguien dijo Universidad xD-. Pues si mis lectores beios y preshioshos! La universidad esta vez me a matado del Stress… ¿Excusa? No, no. Para nada. ¡Es la realidad! En serio no tenía chance para escribir, ¡Se los juro! Y cuando por obra y gracia del señor tenía, válgame, que lo único que me salía era el título, ¡Bien gracias! xD Y no saaaaaaben todo lo que lloré, patalée, y me quejé en este semestre, ¡Fue realmente agobiante! Y eso que estamos en el 1er corte del 4to semestre… ni se imaginan lo que me viene u.u

Por eso, antes de entrar con detalles del capítulo, voy a ser sincera con ustedes… Para mí es realmente difícil actualizar con continuidad, y si se dieron cuenta –que seguro que sí- lo hago una vez cada 3 meses o 6, como mucho… si no es un poquito más… xD Pero el punto, que de verdad se me hace realmente imposible actualizar como ustedes realmente quieren, por más que me encantaría, por más que me rueguen…

Han sido unos excelentes lectores, diría yo, el hecho de que aún lean mis historias aún con mi tardanza en actualizar me emociona un montón. Han sido lo máximo. Su apoyo, su ánimo, ¡Hasta sus felicitaciones x mi cumple! ¡GRACIAS! Pero de verdad me apena no poder cumplir con sus "expectativas de lector" xD En serio, sé como se sienten, y por eso me apena muchísimo.

Pero algo que es seguro es que SÍ actualizo, como dicen, lento, pero seguro xD

Anyway! Para no dar más rodeos…

¡SEEEEE QUE ME QUIEREN MATAAAAR! Y no lo digo x el final, sino por el "¡¿Dónde carajos está el mimato?!" Paciencia, padawans… -Tokumori es lo máximo, no sé ustedes xD- que el prox cap será el causante de diabetes xD ¡No, no, en serio!

¿Adelanto?

¿Quién creen que cuidará de Mimi?

¡TIN TIN! ¿Habrá un ganador?

Di too much information… ¬¬

Ajá… xD Seguro algunos se burlarán de mi forma de escribir, me conocen personalmente y podrían caerse de la risa, ¡Soy tan Susu mezclado con Looney Tunes! xD Y sí me quieren conocer, absténganse de las consecuencias, all right? :)

Bueno, de verdad verdaderitas gracias por leer… a mis fieles lectores, que a pesar de todo siguen ahí, ¡Y POR SUPUESTO A SAKURA TACHIKAWA! AMIII! QUERIDISIMAAAA! Gracias por tu ánimo y apoyo incondicional! ¡Te quiero de aquí a ecuador y de regreso como mil veces! xDDDDDD

A todos, mil gracias, for real! Hasta los que leen y no escriben ¬¬ vamos chicos, que los rrs nos hacen famosas! xDD

Gracias por su apoyo :) ¡Espero que hayan disfrutado este capítulo!

Love ya!