Disclaimer: Los personajes del anime de Naruto no son de mi propiedad sino de su respectivo creador, el mangaka Masashi Kishimoto, ya que de ser mío hubiera tenido un final muy diferente. Solo los utilizo para adaptarlos a la historia de Sophie Saint Rose, A tres pasos de ti. La pareja principal es Sasuhina, sus personalidades pueden estar alteradas ya que se trata de una adaptación de la obra de otro escritor, sino te gusta no lo leas, todo lo hago sin fines de lucro y por amor al Sasuhina así que si no te gusta esta pareja ¿Qué haces aquí? Solo quiero mostrar los libros que me gustaron a través de esta gran pareja que se robó mi corazón desde que la vi.
Advertencia: La personalidad de Hinata es más parecía a la de RTN, quien avisa no es traidor. Disfruten de la lectura.
CAPÍTULO 3
UN DESASTRE DE DEPARTAMENTO
La música en el piso de al lado la despertó y gimió tapándose los oídos pues quería seguir durmiendo, pero cuando subieron el volumen se destapó la cabeza furiosa. Se levantó y descalza abrió la puerta de su casa caminando los tres pasos que llevaban hasta su puerta. La abrió fuera de sí y caminó sobre el parquet con grandes zancadas hasta la sala donde ese energúmeno trabajaba. Él estaba de espaldas a ella, mirando algo en la mesa con una lupa
— ¿Estás loco? —Sasuke suspiró antes de apoyar la mano de la lupa sobre la mesa y volverse— ¡Tengo que dormir!— le gritó histérica acercándose a él.
—No es culpa mía que hayas estado de juerga— se volvió ignorándola y Hinata entrecerró los ojos mirando a su alrededor. Vio la cadena musical en una estantería y fue hasta allí— Ni se te ocurra.
Le dio al botón apagándola y Sasuke se enderezó— Me vas a obligar a cerrar la puerta con llave y es un coñazo, porque tengo que ir a abrir cada cinco minutos.
—No me extraña con el tráfico que hay en este piso— fue hasta la puerta para largarse cuando la música volvió a sonar y escuchó como subía el volumen. Se volvió lentamente y vio a Sasuke al lado de la cadena sonriendo. Se cruzó de brazos retándola y Hinata lo vio todo rojo. —Te lo advierto. Tengo que dormir.— dio dos pasos hacia él, sin importarle que le sacara la cabeza.
Él levantó una ceja divertido— Te lo advierto. Sal de mi casa antes de que llame a la policía.
—¿Me estás amenazando?— preguntó indignada— No soy yo la que pone la música tan alta.
—Puedo poner la música en el volumen que yo quiera.
—¡No, no puedes! Esto es una convivencia.
—No, no lo es— dijo burlándose de ella.
Entonces Hinata lo entendió todo. El piso había estado vacío tanto tiempo por su culpa. ¡Era el vecino del terror! Hacía lo que le daba la gana y cuando le daba la gana, sin importarle si molestaba a los demás— ¿Quieres guerra? ¡Porque te aseguro que la vas a tener! ¡Me acabo de gastar una fortuna en ese piso y me voy a quedar! Como si tengo que pasar por encima de tu cadáver.
—Y yo te aconsejo que lo vendas. Me gusta que no haya vecinos molestos a mi lado.—respondió con descaro.
—¡Maldito psicópata! ¡Te vas a enterar!— le gritó histérica.
—¿Qué pasa?— Yumi salió con un libro en las manos.
—¡Tu tío, es un chiflado que está sordo!
—Tío Cam — dijo Yumi mirando a su tío con disgusto— Baja la música.
Hinata tiene que dormir.
—Que no hubiera estado de juerga.— dijo yendo hacia la mesa donde trabajaba.
—¡Tenía turno de noche, tío!
—Déjalo, Yumi. —dijo furiosa— No necesito que me haga favores.
Salió del piso y dio un portazo. Entró en el suyo y fue hasta el baño donde afortunadamente tenía tapones para los oídos. Se los puso y se volvió a tumbar en el sofá, tapándose con la manta hasta la cabeza. Pero aunque oía la música muy poco, ya se había desvelado del todo. Se iba a enterar.
Puede que la hubiera pillado hecha polvo por culpa del trabajo y la mudanza, pero en cuanto se repusiera, el que no pegaría ojo sería él. Se vengaría, vaya si se vengaría.
Espabilada, se levantó de mal humor y se dio una ducha de agua fría.
Después de prepararse la comida, pues ya era muy tarde para el desayuno, se puso manos a la obra. Cubrió bien los muebles nuevos y el suelo con papel para evitar que se mancharan. Tardó una hora en cubrir los enchufes con papel pero cuando estuvo listo decidió que le daba tiempo para echar una mano de pintura. Con la música que Sasuke tenía puesta, le bastaba para estar entretenida y se le pasó el tiempo volando. Estaba pintando subida a la escalera cuando se abrió la puerta y allí estaba Yumi.— Hola.
—Pasa — respondió con una sonrisa. Bajó de la escalera y vio que entraba tímidamente.— ¿Necesitas algo?
—Venía a disculparme por lo de mi tío.
—No tienes que disculparte por él. Ya es mayorcito.
—Es buena persona, de verdad. Pero desde que trabaja en eso ha cambiado mucho.
—Me lo imagino— respondió entre dientes pensando en todas a las modelos que se andaba tirando.— ¿Quieres beber algo?
—No. Vamos a cenar fuera.
Al oír la palabra cena chilló y cogió la muñeca de Yumi— ¡Mierda, Naruto!
Salió corriendo hacia la habitación cogiendo la ropa del armario. —¿Tienes una cita?— preguntó Yumi que la había seguido.
—Sí y se me había olvidado. Guárdame el secreto.
Al ver la ropa interior que sacaba del armario Yumi sonrió maliciosa—No te gusta.
Se detuvo en seco y la miró— ¿Por qué dices eso?
Yumi levantó las braguitas de algodón rosa— ¿En serio, Hinata?
Hizo una mueca arrebatándoselas de la mano — ¿No eres muy joven para saber estas cosas?
—No tanto. Sobre todo porque las amiguitas de mi tío no son muy discretas que digamos. Y ese vestido es horrible.
—Vaya, gracias.— se quitó la camiseta y los pantalones cortos.— No tengo otro. Hace siglos que no voy de compras.
—Podemos ir juntas.—dijo ilusionada.
—¿Te dejará tu tío?— fue hasta el baño y arrimó la puerta.
—Claro. Lo de ayer lo hizo por fastidiarte.
—Es muy agradable.— dijo oliéndose la axila porque no le daba tiempo a ducharse. Yumi se echó a reír y más cuando la vio salir— ¿Qué?
—¿Ni siquiera te duchas? Pobre hombre.
—Eres casi tan agradable como tu tío.— dijo cogiendo el vestido negro. Se lo puso y se ajustó los tirantes. Era muy pegado al cuerpo marcando todas las curvas. Cogió unos zapatos de tacón negros y se los puso mirando a Yumi.— ¿Qué tal?
—¿Qué tal si te peinas?
Entrecerró sus ojos perlas.— ¿No se lleva despeinado?
—No tanto. Además tienes pintura en la frente.
Gruñó entrando en el baño otra vez y vio que tenía razón. Se cepilló su melena rubia hasta que brillo y decidió maquillarse un poco pues Naruto todavía no había llegado. Se echó rimel y se pintó los labios de rojo intenso como se llevaba. Al salir Yumi silbó y ella le guiñó un ojo—
Bueno, me voy. Por cierto mi tío me ha dicho que piensa cerrar con llave.
—Dile que me bese el...
—¡Hinata!— Yumi se echó a reír a carcajadas mientras salía de su habitación y Hinata lo hizo también.
Al llegar al salón, allí estaba Sasuke mirando a su alrededor. Cuando las vio reírse entrecerró los ojos mirando a Hinata, que perdió la sonrisa y puso las manos en las caderas— ¿Sabes lo que es el allanamiento de morada?
—Mira quien fue a hablar.
—Haya paz. —Yumi le cogió por el brazo y tiró de él hasta la puerta.— Hasta mañana, Hinata. Pásatelo bien con Naruto.
Sasuke levantó una ceja— ¿Has conseguido una cita con el carácter que tienes?
—Muérete.
Su vecino sonrió mirándola de arriba abajo, mientras Yumi salía de la casa.
—Hola.
Hinata se volvió hacia la puerta y sonrió a su cita— Hola Naruto. Ya estoy lista. —cogió el enorme bolso que llevaría al hospital y se acercó a la puerta.
Sasuke y Yumi incomprensiblemente no se iban. Sasuke miraba a Naruto fijamente y Hinata no tenía más remedio que presentarlos.— Naruto Uzumaki, ellos son mis vecinos. Yumi y el insoportable.
Naruto levantó una ceja y alargó la mano hacia Sasuke, que la fulminó con la mirada mientras Yumi reprimía una risita.— Que simpática, mi nueva vecina.
—Perdona pero como no te has presentado, no sé tu apellido.— cerró la puerta con llave y se volvió para mirar a Naruto con una sonrisa radiante.
—¿Nos vamos?
—Sí, preciosa.— la cogió por la cintura y Hinata no pudo evitar mirar a
Sasuke que parecía divertido.—Sólo tenemos dos horas antes de ir al hospital.
—¿Al hospital?— Sasuke pulso el botón del ascensor.
—Somos médicos.— respondió Naruto con esa arrogancia típica de los médicos.
Hinata puso los ojos en blanco y Sasuke levantó una ceja— Médicos.— miró a Hinata y dijo —No te pega.
—¿Ah no?— preguntó a la defensiva.
—No.— dijo traspasándola con sus ojos negros sin dar más explicaciones.
—Pues es muy buena. De las mejores con las que he trabajado.— dijo Naruto mirándola con adoración que la incomodaba.
—Gracias, Naruto.
—Es una pena que se vaya a psiquiatría.
Sasuke soltó una carcajada y Yumi gimió. —Ahora lo entiendo todo. Es para sentirse en su ambiente.
Hinata sintió unas ganas de matarlo...Afortunadamente las puertas se abrieron y cogió el brazo de su pareja para sacarlo del ascensor pues miraba confuso a su vecino.— Hasta mañana, vecina.— la burla en su voz le puso los pelos de punta y le fulminó con la mirada antes de sacar a Naruto del edificio.
La cita fue un absoluto desastre porque entre que estaba cansada, de mal humor por culpa de Sasuke y que quería decirle a Naruto que aquello no podía ser, se pasó toda la cena incómoda. Al llegar al hospital Naruto le dijo— Está claro que esto no funciona. No has dicho más de cuatro palabras en toda la noche.
Se sintió fatal por su amigo— Perdona. No ha sido buena idea.
Naruto asintió apretando los labios mirando hacia las puertas del hospital. —En realidad ya lo sabía. No sé por qué me he empeñado tanto.
Esas palabras le llamaron la atención— ¿Por qué dejaste de pedirle salir a Shion?
Él la miró sorprendido— Pues...
—Te gustaba mucho.
—Sí, pero todo el mundo tiene su límite.—respondió molesto.
—Sin embargo conmigo has insistido más tiempo.
—¿Entramos? Tenemos trabajo que hacer.
Hinata le cogió del brazo deteniéndolo— Espera un momento.— le miró a los ojos— Naruto ¿qué ocurre?
Su amigo desvió la mirada y parecía avergonzado— De verdad, tengo que entrar. Dentro de veinte minutos tengo que visitar a un paciente de planta.
Naruto se alejó y confundida lo siguió hacia la entrada— No sé por qué te pones así. ¿Estás enfadado conmigo?
Su amigo se detuvo y suspiró antes de girarse para mirarla a los ojos—Estaba loco por ella— a Hinata se le cortó el aliento— Pero después de darme un millón de excusas para no salir conmigo, la vi con uno de los cirujanos en un bar del centro. Y se lo estaba pasando muy bien— dijo irónico.
—Entonces empezaste a pedirme de salir a mí. Para demostrarle que no te importaba.
Naruto asintió mientras que Hinata pensaba en ello— ¿Estás seguro que era una cita?
—Claro que era una cita— enfadado se volvió y empujó la puerta de cristal.
—No, en serio. Puede que no fuera una cita. Sé que le gustabas.
Se volvió lentamente y la miró con los ojos entrecerrados— ¿Ah, si?
Hinata sonrió con picardía— Y sé algo más pero no te lo diré yo.
—¿El qué?
A partir de ahí fue Naruto quien la siguió por todo urgencias durante toda la noche. La volvía loca con sus preguntas lo que demostraba que seguía loco por Shion.
Justo antes de salir, se encontró con Shion que llegaba en ese momento—Mañana tienes que pintar.— canturreó saliendo del vestuario.
Shion sonrió— ¿Qué tal tu cita?
—Todo perfecto. Ahí te lo dejo— pasó a su lado y susurró— Ya me darás las gracias.
Su amiga la miró como si quisiera matarla— ¿Qué has hecho?— siseó.
Silbó mientras se iba.— ¡Hinata!
Cuando salió del ascensor y atravesando el hall, se quitó los zapatos de tacón, colocándoselos bajo la axila para buscar las llaves en el bolso.
Suspiró de alivio al no oír ninguna música en el piso de al lado. Al entrar en su piso, gimió al ver todos los muebles cubiertos, incluido el sofá. Fue hasta la habitación y se desvistió quedándose en ropa interior, cuando un grito de auténtico terror la sobresaltó. Miró hacia el tabique del piso de Sasuke y volvió a oír otro grito. Descalza y casi desnuda, salió corriendo hacia el salón y vio el mango del bate de béisbol sobresalir de una de las cajas. A toda prisa salió del piso con él en la mano y corrió entrando en el piso de su vecino mientras los gritos continuaban.
Siguiéndolos, entró en una habitación abriendo la puerta de golpe y se quedó de piedra con el bate en alto, al ver a una mujer desnuda tumbada en la cama gritando como una loca mientras miraba una serpiente, que colocada a su lado estaba totalmente estirada desde los pies hasta la cabeza de la chica. La serpiente no se movía mientras que la chica parecía paralizada de terror sin dejar de gritar.
—¡Deja de gritar!
Sorprendida la rubia la miró temblando de miedo y sus negros reflejaban el pánico que sentía en ese momento.— Ayúdame—susurró alargando la mano.
Hinata rodeó la cama lentamente para llegar hasta ella sin soltar el bate y siseó— Vas a salir de la cama de un salto ¿me oyes?
La mujer miró de reojo a la serpiente y asintió. Estaba totalmente pálida y Hinata sin soltar el bate alargó la otra mano. La chica alargó la suya y se agarraron con fuerza— Bien, voy a tirar de ti.
—Sí— respondió ansiosa.
Hinata tiró con fuerza y la chica saltó de la cama soltando un chillido, abrazándola con una fuerza increíble para su complexión—¡Gracias, gracias!— la chica estaba histérica, mientras que Hinata no perdía de vista la serpiente que no se había movido del sitio. Estaba claro que la serpiente la estaba midiendo para comprobar si se podía enfrentar a ella. Lo había leído en algún sitio y tampoco sabía como reaccionaria si a ella le pasara eso.
—Vamos a alejarnos un poco ¿vale?
La chica no la soltaba pegada a ella como una lapa, mientras que Hinata continuaba con el bate en alto. Dio un paso atrás y la chica la siguió. Así que se alejaron un poco más.
—¿Qué coño hacéis?
Gritaron del susto separándose y se volvieron hacia Sasuke que las miraba de arriba abajo. Sobre todo a Hinata— Ya lo entiendo todo— dijo divertido apoyándose en el marco de la puerta.
—Oh, Sasuke...— dijo la rubia poniéndose a llorar.
Hinata se enfureció al ver que encima le parecía divertido.— ¿Cómo se te ocurre tener una serpiente en el piso?
Sasuke frunció el ceño y miró hacia la cama. Pareció sorprendido de verla allí— ¿Qué hace en la cama?
—¡Explícamelo tú! ¡La pobre chica se la encontró así a su lado!— fue hacia él bajando el bate.— ¡Eres la persona más irresponsable que conozco!
—¡Se ha debido escapar de la caja! ¡El tipo que me la dejó, me dijo que si le daba de comer no se movería de allí!
Hinata no se lo podía creer. ¡Encima no era suya!— ¿Y le has dado de comer?
—¡Claro, un ratón vivo ayer por la noche!
—¡Un ratón!— gritó Hinata palideciendo.— ¿Has metido ratones en el piso?
Sasuke frunció los ojos— Sí.
De repente algo pasó por encima de los pies de Hinata y miró hacia abajo.
Un ratoncito blanco estaba al lado de sus pies y Hinata gritó horrorizada.
Empezó a dar saltitos y tirando el bate se dirigió hacia la puerta. Sasuke levantó los brazos para detenerla pero Hinata ni se daba cuenta de lo que hacía, empujándolo con fuerza y tirándolo al suelo. El la cogió por la cintura llevándola con él y gimió al caer, pero Hinata sin dejar de chillar como una loca, lo hizo aún más fuerte cuando vio otro ratoncito blanco en el centro del salón. Se apoyó en sus hombros y se levantó, pisándolo en el estómago al salir mientras seguía gritando.
En su huida, cerró de un portazo volviendo a entrar en su piso y cerrando con llave. Temblando se quedó mirando la puerta y después miró a su alrededor. ¡Dios mío, ratones! ¡Ese idiota había dejado ratones sueltos por el piso! ¡Le mataría!
Intentaron abrir la puerta— Hinata, abre— dijo Sasuke divertido.
—¡Lárgate!
—Ya he atrapado a los ratones.
—¿A todos?— la inseguridad en su voz le hizo morderse el labio inferior.
Escuchó una risa al otro lado y furiosa abrió la puerta. Allí estaba Sasuke intentando contener la risa— No tiene gracia.
—Tenías que haberte visto.
Deseó tener el bate en ese momento para estampárselo en la cabeza.— ¿Los tienes todos?— preguntó impaciente.
Se encogió de hombros— Creo que sí. No son muy listos y estaban a la vista.
—¡Serás idiota! ¡Los ratones son muy listos! ¡Se meten por cualquier parte!—Sasuke levantó una ceja y volvió a mirarla de arriba abajo. Hinata se escondió tras la puerta — ¡Revísalo otra vez!
—Hinata, todo está bien.
En ese momento salió la rubia, que ya no estaba histérica, sino furiosa.—Sasuke, cielo...— dijo con un ajustado vestido rosa chicle y unos tacones de vértigo.
—¿Si?— Sasuke la miró indiferente y la rubia le metió un bofetón que le volvió la cara.
Hinata hizo una mueca viendo como Sasuke se volvía a mirar a la rubia.—Supongo que no te veré más.— respondió divertido. ¿Es que ese hombre no se tomaba nada en serio?
—¡No se te ocurra llamarme!— le gritó la rubia a la cara antes de ir hacia el ascensor.
Sasuke se volvió hacia Hinata que estaba con los ojos como platos y se encogió de hombros —Sobre lo de los ratones...
—¡Revísalo otra vez! ¡Y otra! ¡Te juro que como entre un ratón en mi casa, te mato!— gritó antes de cerrar de un portazo.
Dio un respingo y miró otra vez a su alrededor temblando por dentro.
Entró en su habitación y decidió darse una ducha. No pasaría nada, pensó para sí mientras entraba bajo el chorro de agua. Eran ratoncitos. No era una rata. Las ratas eran distintas, eran listas y asquerosas. En su primer año de universidad para ahorrar, había alquilado un piso cochambroso en Chinatown. Al principio había estado a gusto. Incluso ignoraba el olor continuo a salsa agridulce, porque era la primera vez que vivía totalmente independiente y todo le parecía excitante. Hasta que un día se despertó en mitad de la noche y al abrir los ojos, vio sobre su pecho una rata asquerosa mirándola. Gritó sentándose sobre la cama y la rata huyó escondiéndose tras el armario. Tardó una semana en pegar ojo y sólo lo consiguió cuando un compañero de universidad consiguió atraparla.
Después de un mes se mudó porque no podía quitárselo de la cabeza. Sabía que era irracional, que era un simple episodio que no debía haber tenido más consecuencias, pero había dejado que el pánico la dominara y ahora tenía una fobia en toda regla. Decía poco de lo buena psiquiatra que era.
No podía ni curarse a sí misma.
