Instituto Hokkaido
By: A n D s I
C.A:
Les aconsejo preparar vía Youtube la siguiente canción: "Your love is a song", de Switchfoot. Escúchenla apenas lleguen a la parte donde diga "A Yamato. Traté de evitar la comilla, pero es para que no lo pasen por alto. ¡Los conmoverá mejor de esa forma! ;)
Bon voyage...
Capítulo 7
"Abriendo los ojos"
-Gesto medicinal-
Poco a poco la oscuridad empezó a disiparse al abrir lentamente sus ojos, sintiendo como si a medida que lo hacía se intensificaba un punzante dolor de cabeza. Trató de acostumbrarse a la luz del día, pero su cuerpo se negaba provocándole ganas de esconderse bajo sus sábanas y así no tener porque soportar aquella incomodidad incandescente. Se quejó por lo bajo por un inusual dolor de garganta, que con el simple acto de tragar saliva era toda una tortura, eso sin contar lo mucho que le dolían los músculos, como si le hubiese pasado un tractor encima. Casi podría decirse literalmente.
Al acostumbrarse a la claridad de su habitación, desvió la mirada hacia su lado, observando una ya acomodada cama individual que le pertenecía a su compañero de cuarto. ¿En donde estaba Ishida? Ya era de mañana, lo más seguro que se había levantado para ir a clases, y ella aún postrada en su cama con un bendito dolor de cabeza. No le costaba nada al menos tratar de despertarla, ¿No?
En eso, al tratar de hacer memoria, a su mente vinieron unas escasas imágenes del día de ayer, luego de haber llegado del paseo. Ella tratando de solucionar con Ishida, luego ambos discutiendo… y luego…
Volvió a quejarse pero esta vez un poco más audible, revolviéndose en su cama sin poder tolerar la punzada en su sien. Se sentía tan mal. Y peor se sentía al saber que aquel asunto había quedado inconcluso. ¿Por qué simplemente no se podían llevar bien? Ella que creyó que ahora todo sería mejor, pero sentía que con cada paso que daba en su amistad luego retrocedía tres. ¡No puede ser tan difícil ser amiga de Yamato Ishida!
¿Qué tanto tiene que escalar para cruzar ese muro de indiferencia?
Trató de incorporarse con las pocas fuerzas que le quedaban. Se sentía pésimamente mal, pero por Dios, no podía dejar así como así aquella discusión. No recordaba qué fue exactamente lo que pasó, y por ello tenía una remota ansiedad por averiguarlo.
Apoyó su codo para sostenerse y al fin sentarse, pero algo suave y húmedo la detuvo en el intento.
-Shh… Tranquila…
Sin poder luchar contra aquella orden, el peso que había sido suavemente depositado en su frente ahora le obligaba a acostarse una vez más, volviendo a sentir la almohada bajo su cabeza y los párpados pesarle. Empezó a ver borroso a causa del sueño, se sentía débil y no era capaz de oponerse a la persona que presionaba suavemente aquel objeto húmedo contra ella, retomando una frescura inmediata y que le hacía tanta falta con la migraña que tenía.
Cerró los ojos por fin, ya sintiendo el sueño clamar por ella y entregándose lentamente a los brazos de Morfeo.
Corrió como pudo hasta perder el aliento y hasta que nadie parecía seguirlo, sosteniendo firmemente su bulto y recostándose contra la pared del pasillo respirando al fin con ritmo pausado. Había sido realmente difícil el día de hoy, tanto por mentir a los chicos con que tenía que ensayar con Miso, y en "robar" –Sí, literalmente- algunos utensilios de medicina en la enfermería. Ya se conocía de memoria este instituto, llevaba estudiando lo suficiente como para saber que al mediodía no había nadie en aquel sitio, y con sus tácticas de ladrón –Cabe destacar enseñanzas de Tokumori, pues Yamato era rebelde pero el pelinegro era rebelde y ocioso- logró abrir la puerta sin que nadie se percatase, entrando así a enfermería y robar lo necesario.
Bien, bien, robar suena muy feo. "Tomar prestado por tiempo indefinido". ¿Ahora sí?
Y lo había logrado. Nadie lo había visto, y lo que tenía no haría milagros pero sí ayudará a que la fiebre de la castaña baje un poco.
Desde anoche, en realidad, desde que se había desmayado, había sido todo un reto por mejorar el estado de la castaña. Apenas la joven se desmayó en sus brazos pudo percibir el calor corporal que este emanaba, tenía la fiebre tan alta que por un momento pensó en buscar ayuda. Pero no podía. Obvio que no podía. Si bien sabemos que Mimi es "Miso", y si el médico del instituto la examinaba seguro se meterían en grandes problemas, o al menos ella.
Empezó a caminar hacia su habitación, haciéndose el desentendido y pasando desapercibido entre todos sus compañeros. Estaba preocupado, nunca antes se había encargado de un enfermo, y que ahora tenga que arreglárselas solo por bajarle la fiebre a la castaña no era cosa fácil, y menos aún tomando en cuenta su escaso conocimiento medicinal. Y aunque de vez en cuando ella se despertaba solo lo hacía para decir incoherencias o delirar, y eso realmente no era una buena señal.
¡Demonios! Esto era tan frustrante. Si tan solo pudiera llamar a un médico…
Pero ella… ¡Ella le había pedido que no lo hiciera! En medio de sus delirios en la madrugada, se lo había pedido, rogado en realidad.
"…Por favor… Si lo haces me descubrirán…"
-"Demonios, demonios…"- pensó perturbado, para luego sentir un ligero sonrojo en sus mejillas al volver recordar lo que había ocurrido luego de aquella petición… -¡No ahora!- se regañó molesto sacudiendo la cabeza.
Cruzó otro pasillo, encontrándose por primera vez en soledad por lo desierto que estaba. Seguro todos estarían almorzando, menos mal se había adelantado en comprar algo de comer, y poco le importaba si Tachikawa se quejaba por lo que había elegido para ella, no estaba en ánimos para ser selectivo con la comida ni mucho menos cuando de a poco ella pronunciaba una sílaba.
Aumentó su paso cruzando otro pasillo más, alcanzando al fin su zona de dormitorio y la puerta que tenía el número de su habitación, la cual antes de tomar el pomo empezó a observarla dubitativo.
Mimi tenía fiebre, él no tenía conocimiento previo en medicina, y no sabía por cuanto tiempo más ella podría aguantar, ¿Qué sucedería si de repente empeorara? No podía seguir fingiendo, es totalmente imprudente. Además, si ella llegara a faltar también mañana el encargado no dudará en venir, y sabemos muy bien lo que implica si alguien la consigue en ese estado.
-¡Ishida!
Pegó un brinco al escuchar que le llamaban, sosteniendo aún más la mochila inconcientemente para luego reconocer aquella voz. Lo que faltaba, más de…
-Jhonsson…- saludó con su usual indiferencia, mientras observaba como el rubio recuperaba el aliento tras correr para alcanzarlo.
-Vaya, se me hicieron siglos poder conseguirte- rió, retomando su postura -¿Cómo estás?
-Bien. ¿Necesitas algo?
Michael sonrió al fracasar una vez más en su intento de llevársela mejor con el rubio. Pocas veces había tenido oportunidad para platicar con él, y la verdad de esas pocas veces solo unas 3 intercambiaron algunas palabras, pero no más de allí. Las advertencias de los demás con que "Yamato es alguien difícil" ahora parecían tener más sentido, era siempre un fracaso tratar de socializar con él, aunque no dudaba el hecho de que quizás bajo aquella fría y antipática coraza hay una simpática y buena persona.
No por nada Tachikawa se la pasa día y noche con él, compartiendo proyectos y comiendo juntos casi volviéndose inseparables, aunque ellos no se percaten de eso.
Yamato puso mala cara al volver a ver aquella estúpida sonrisa. ¿Qué no captaba la indirecta?
-Pues…- ahora rebuscando dentro de su mochila, para sacar un cuaderno el cual se lo ofreció al rubio –Toma, seguro necesitará apuntes de la clase de hoy, sé lo mucho que le cuesta la matemática, así que anoté todo lo que pude.
-¿De qué hablas?- confundido.
-Tachikawa, me percaté que faltó a clases… ¿Se encuentra bien? Seguro la lluvia de ayer pudo haber…
-Está bien- soltó seco ahora agarrando la manilla de la habitación ignorando por completo el cuaderno –Y no te preocupes, yo le explicaré la clase de hoy…
-Pero…
-Adiós.
Entró rápido cerrando la puerta tras de sí y recostándose contra esta, imaginando al extranjerito con la mano aún extendida ofreciéndole aquel cuaderno.
Sí, había sido un total grosero y maleducado, pero realmente no le interesaba nada de aquel chico, ni mucho menos cuando implicaba a
Tachikawa. Aquel joven podría ser una amenaza para la estadía de la castaña, y no lo conocía lo suficiente para saber que tipo de intenciones tenía para con ella. Quién sabe. Quizás sí era un chico bueno que solo le interesaba su amistad, pero no iba a arriesgarse, no iba a arriesgarla. Ella le había rogado con lágrimas que la ayudara a esconderse de Jhonnson, y él como buen samaritano se lo había prometido, que pasara lo que pasara Yamato no iba a permitir que ella sea descubierta por él, así tenga que ser un completo frívolo o grosero.
Además, al solo recordar lo que había visto el día anterior, cuando Mimi y Michael compartían amistosamente en el espectáculo de delfines, sentía hervir su sangre y apretaba casi automáticamente los dientes. No soportaba el hecho de verlos cerca, retomando la cercanía que alguna vez ellos dos habrán tenido en el pasado, y que seguro eran momentos que la castaña guardaba en su corazón. ¡Se veía tan ridícula sonrojándose por él! Que aunque le implore que la ayudase a pasar desapercibida ante el rubiecito, en el fondo rogaba estar cerca de él, era tan obvia que le provocaba nauseas a Yamato.
Recogió su rubia pollina hacia atrás con una expresión pensativa, ahora teniendo solamente a la castaña en sus pensamientos, sintiendo aquel memorable cosquilleo en el estómago que lo había acosado abruptamente en horas de la madrugada…
¿En qué estaba pensando?
-Uhm…
Reaccionó inmediatamente al escuchar lo que parecía ser una queja, comprobando que Mimi seguía en el mismo sitio en donde la había dejado y como la había dejado. Seguía dormida, aunque con el ceño fruncido, parece que el pañito mojado que había puesto en su frente no había ayudado mucho.
Se aproximó a ella sin dudarlo, sentándose a su lado en la cama y ahora quitándole la peluca que seguro era un castigo para el calor que debía tener la chica. Se la había dejado puesta por si las moscas, quien sabe si alguien entraba y la descubría con su cabello suelto. Pero ahora él estaba ahí, dedicándole su tiempo para mejorar su estado de salud y protegiéndola de cualquiera del instituto, contemplando en silencio como su castaña cabellera cobraba vida dispersándose en la almohada, cambiando por completo el rostro de la chica por uno aún más femenino y tierno.
-Jumm…
Se sonrojó al descubrirse ensimismado por aquello, ahora a la expectativa de los movimientos de la castaña. Se quejó una vez más, ladeando su rostro hacia el rubio, con la misma expresión que antes y con los labios apretados.
Yamato por un instante se sintió impotente.
-Mierda… aún tienes fiebre- soltó algo preocupado tras quitarle el pañito y sentir la calentura de la chica a través de su frente. Al menos había bajado un poco, la temperatura de ahora no se comparaba en nada con la de la madrugada. Repitió el mismo proceso de las últimas horas mojando y exprimiendo, para luego acomodarlo en la frente de la castaña y transmitirle un poco de frescura…
Escuchó un sutil murmullo, pero solo duró dos segundos cuando la expresión de la castaña se fue suavizando, para luego ir abriendo los ojos poco a poco y atrayendo toda la atención del rubio, primer panorama que tenía la joven al despertar y que a los segundos dejaba de ser borrosa.
-Matt…
Apenas su nombre fue dicho con voz ronca y débil el rubio sintió un impacto de alivio en su pecho. Por Cristo. Quizás no haya mejorado lo suficiente como para pegar sus inusuales brincos y insultarlo a los 4 vientos, pero estaba despierta, mirándolo sorprendida, al fin con una expresión de sorpresa y no una neutral e inexpresivo rostro.
Quiso suspirar, pero se contuvo irguiéndose y mirándola fijamente.
-¿Cómo te sientes?
-B-Bien…- soltó aún aturdida, queriendo estirarse pero aún le dolían un poco sus extremidades –¿Qué me ocurrió…?
-No… ¿No recuerdas nada?- la castaña negó sutilmente con su cabeza –Pues… enfermaste. Incluso te me desmayaste encima, ayer en la noche… ¿En serio no recuerdas nada?
-No…
-Ya… veo…- soltó sin más, bajando la mirada y sintiéndose repentinamente un tonto. ¿Qué iba a recordar? Seguro la persona que hablaba en la madrugada no era ella, sino la fiebre. Era normal, o en al menos en algunas personas, que luego de una pesada fiebre no lograran recordar nada. Además, era mejor así, ¿Verdad? O sea, si llegara a recordar… ¡No! ¡Era mucho mejor así!
Hubo un silencio por algunos segundos hasta que Yamato buscó en su mochila una caja de pastillas tratando de buscar oficio. Dio al fin con un pequeño paquete y un envase con lo que parecía tener sopa, además de algunas que otras bebidas. Antes de venir se había dedicado a comprar lo suficiente para volver a hidratar a la castaña, sabía que después de este esporádico virus iba a necesitar mucha agua, además de una buena alimentación. Si empeorara, que por los cielos sabía que no sería así, tendría que buscar a una persona más apta para esto. Seguir jugando al doctorcito no venía con él.
-Toma…- entregándole lo que sería su almuerzo –Sé… que no te gusta la sopa, pero será mejor que te la tomes por tu bien. Y apenas termines de comer tómate dos de estas- ahora dándole la caja de pastillas -¿Aún te duele la cabeza?
-Solo un poco…
-Entonces eso te servirá. A mi me da sueño cuando lo tomo, así que no te preocupes y descansa luego.
Sorprendida, aunque con un notable rubor en sus mejillas más por fiebre que por vergüenza, observó detenidamente como el joven ahora cerraba su mochila tras ordenar lo que había traído en la mesita de al lado. Pudo detallar en silencio las inmensas ojeras que se alojaban bajo sus atigrados ojos azules, aparentemente no había dormido nada, su voz había sonado cansada, y a diferencia de todas las veces en que lo había escuchado hablar en ningún momento le habló con desinterés. La verdad, parecía… ¿Preocupado?
Yamato estuvo a punto de levantarse cuando sintió que tomaban de su camisa, extrañándose con el débil agarre de la castaña para luego mirarla a los ojos, cuales estaban fijos en él.
-¿No has dormido…por mi culpa?
Su estómago se prensó con la culpabilidad que desprendían sus iris color miel.
"Tengo frío… Matt, tengo mucho frío…"
-De-debes comer…- soltó sin más el rubio mientras se levantaba, ahora con un pronunciado cosquilleo en el estómago que luego se dispersaba por todo su cuerpo, teniendo como primer síntoma un pronunciado sonrojo y los nervios.
No, no había dormido nada. Y sí, sí era culpa de ella.
Pero... Cielos…
-Vengo después. Trata de descansar.
Salió del cuarto y cerró la puerta tras de sí. Recordando una vez más…
La miró por largos minutos, lamentándose en silencio por lo que se avecinaba. Ella estaba acostada con su temperatura corporal ardiendo y temblando de frío, ¡Demonios! Esto no podía estar pasando, ¡O al menos no ahora! ¿Qué podía hacer? Aparentemente nada de lo que hacía parece ayudar a la castaña, o al menos tardaba mucho en ello… todo lo que sabía sobre estas cosas eran caseras, tampoco era médico para saber que darle exactamente, ¡Ni mucho menos llamaría uno! Es más que obvio que la descubrirían, no podía permitir eso…
Se agarró la cabeza, nervioso, sin saber qué hacer… ¡Maldita lluvia! ¡¿En qué carajos estaba pensando? ¡Solo a ella se le ocurre seguir con un proyecto bajo una tempestad! Eso de ser el "Alumno Perfecto" era realmente una estupidez. Pero por otro lado… se sentía culpable, si el no se hubiese puesto con sus tonterías no tendrían porque estar en esta situación. Tonto Matt, ¿Por qué tienes que ser tan terco? ¿Por qué simplemente no puedes llevártela bien con ella? ¡Tonto, tonto Matt!
La castaña se revolvió una vez más en la cama, con escalofríos y con una expresión de sufrimiento que le rompía el alma al Ishida. Estaba enferma, y necesitaba un médico. Al diablo con todo. No podía permitir que algo malo le suceda…
-Ya es suficiente, voy a buscar al médico…- se dijo decidido, caminando hacia la puerta de su oscura habitación.
-Matt…
-Basta…- se interrumpió.
El sonido del pito del profesor obligó a que todos dejaran de movilizarse por el campo y así dar por terminado el partido de Football. Había sido un duro entrenamiento, y con duro nos referimos a 5 horas de flexiones y finalmente un partido sano entre secciones, pues solo se había tratado de una exigente práctica. No estaba muy lejos el gran evento deportivo del Instituto Hokkaido, donde jugaran contra otros colegios y además pelearan por el reconocimiento merecido, por eso los entrenamientos eran más continuos y prolongados, cosa que realmente no le molestaba a los jugadores pues se notaba a leguas que el deporte era genético.
Ya eran las 6 de la tarde, hora en que el sol empezaba a esconderse dando entrada al atardecer con colores rojizos y anaranjados, una gama de colores cálidos que se disipaban en el cielo contrastando con la frescura y el frío del otoño.
-¡Buen partido, chicos!
El profesor animó a los jóvenes, quienes lo rodeaban recuperando el aliento en medio del campo. Era una costumbre que después de cada partido el docente les hacía saber que el talento de ellos era innato, y que muy pronto alguien los descubriría con rumbo al éxito. Siempre sus palabras reconfortaban a los chicos haciéndoles sentir aún más ansiosos. No se podía ser uno de los mejores equipos de Japón sin un buen profesor, y claro, sin un buen capitán.
-Y excelentes movimientos, Yagami… Espero que sean igual de buenos en el evento.
-Serán mejores, profesor…- respondió contento.
-Jhonnson…- llamó el hombre, atrayendo la atención de un rubio que había colaborado sustituyendo a un jugador que había faltado a la práctica –Espero verlo pronto en nuestro equipo… Nunca está de más un talentoso jugador.
-Gracias, profesor… Lo tomaré en cuenta- sonriente, mientras el moreno depositaba su mano en su hombro en señal de ánimo.
El hombre dio algunas que otras indicaciones, para luego despedirse de los chicos y recordarles la práctica de mañana y que además tendrán una hora extra de entrenamiento. Sí, suena realmente agotador, pero para ellos era todo lo contrario, mientras más es más. Una buena práctica siempre tendrá buenos resultados.
-Nada mal, Jhonnson…- felicitó un conocido pelinegro, quien caminaba al lado del rubio en compañía del moreno –Y yo que pensaba que eras puro cerebro.
-Es que Michael es el niño prodigio, Tokumori… Cuidado y me roba el puesto de capitán- agregó burlón, recogiendo sus cosas.
-Jeje, no creo poder llegar a ese nivel…
-¡Pero podrías! No nos viene mal un nuevo capitán- animó Tokumori, ignorando burlón la mueca enojada del moreno.
-De robarme el puesto de capitán no estoy tan seguro- trató de arreglar Yagami –Pero sí que podrías entrar al equipo. Si vienes mañana ya es cosa segura…
-Me encantaría pero…- agarrando mejor su bolso –Estos días estaré realmente ocupado…
-¿En serio? ¿En qué?- preguntó curioso Taichi –Que yo sepa no estás en ningún deporte del instituto…
Michael sonrió ante la curiosidad de los chicos, meditando si decirlo o no.
-Pues… soy el asistente de profesor Dhammson…
-¡¿QUÉ?
Sus poses de impacto revelaron cuan escalofriante era aquella noticia. ¿Qué rayos…? ¿El niño prodigio era asistente del in-nom-bra-ble? ¡Era una blasfemia! Solo un tipo de chico es capaz de seguir los pasos de ese hombre, y creer que Michael sea…
-¡No, no! No es como ustedes creen… aunque es realmente discriminante que piensen eso- trató de aclarar el rubio al descifrar las expresiones de sus compañeros, se notaba a leguas lo que pensaban pero les costaba decir –El profesor Dhammson es un hombre respetable… quizás algo estrambótico y… ¡Oh!- mirando su reloj, sorprendiéndose –Debo irme, ¿Nos vemos mañana en clases?
-Ehm, s-sí…- respondieron con desconcierto.
-¡Hasta mañana!
Tai y Tokumori guardaron silencio por un buen rato hasta divisar como el rubio accedía al edificio, sin iniciar en voz alta la pregunta del siglo.
¿Qué rayos hacía Jhonnson como asistente del "Profesor Susu"?
Se sentó nuevamente en la cama, secando sus largos y mojados cabellos con una toalla. Se sentía nueva tras aquel baño, fue como si se hubiese quitado de encima el virus que se había ganado, que aunque sentía un poco de dolor de cabeza ya no poseía aquellos espantosos escalofríos que le obligaban a acurrucarse bajo las sábanas.
Miró de reojo el envase de sopa ahora vacío mientras exprimía las puntas de su cabello con el paño. Ahora que no se sentía tan mal, y que tenía el estómago lleno, pudo analizar mejor un detalle. Yamato Ishida la había cuidado. ÉL, el Dios del Hielo, de los sarcasmos, de la indiferencia, se había preocupado por ella, lo sabía por su mirada, por su esmerado intento de bajarle la fiebre y que aunque él le diera poca importancia sabía que no había dormido, conociendo lo orgulloso que es. ¿Por qué? ¿Por qué no simplemente llamó un médico y se lavó las manos? No mucho le costaba, mucho más complicado tuvo que haber sido cuidar de ella.
Definitivamente Yamato no concordaba con la común definición humana conocida como "Libro abierto". Para nada. Piénsenlo, un día eres ignorada y humillada por un cruel compañero de cuarto, después de luchar constantemente por ser aprobada por él logras aumentar unos pasitos, que por muy escasos que sean sientes que haz cometido un logro. Luego de haber tenido una ardua batalla por compartir una "Amistad" –si eso le podríamos llamar a quienes se lanzan cosas y se insultan cada día- de la nada, repentinamente, volvemos a los primeros días, donde eres ignorada una vez más. Y como para ponerle la cereza al postre, ayer en la noche de sarcástico y malhumorado pasó a ser atento y agradable.
¡Agh! Sinceramente, Ishida era todo un enigma para ella.
¡Toc Toc!
El sonido sutil pero continuo de la puerta la despertó de su trance, reconociendo que alguien la golpeaba esperando respuesta. Inmediatamente buscó con la mirada la peluca y la alcanzó colocándosela con rapidez, para luego quitar el seguro de la puerta y volver a sentarse en su cama tapando sus piernas con la sábana, agradeciendo silenciosamente haber cerrado la puerta con seguro mientras se bañaba. ¡No podía arriesgarse de nuevo! Mucho menos desde aquella vez en como Yamato descubrió su "verdadera identidad".
-¡Adelante!
La manilla dio vuelta y un segundo luego un joven de bucles cortos y rubios se asomó por la puerta, vistiendo ropas deportivas y algo descuidadas lo cual desconcertó a la castaña, aunque no lo analizó mucho que digamos, menos al ver una cálida sonrisa apenas sus miradas se encontraron. Sintiendo una vez más aquel cosquilleo de solo ser vista por él, por sus ojos celestes que con el sol cambiaban a verdes. Ayer pudo comprobarlo, en el momento en que el se ofreció a acompañarla, que aunque en un principio fue aterrador, luego se tornó realmente agradable, ¡Se sentía tan bien al estar a su lado!
Mantuvo la calma, trató de no pensar mucho en que Michael estaba ahí, en su habitación y… solos.
-Buenas tardes, ¿Interrumpo?
¡Cielos, cielos! ¡Estaban SOLOS!
-N-No… ¡Pasa!- casi se muerde la lengua, ¡Se supone que esté a solas con él NO era una buena idea!
-Permiso…
El extranjero entró a la habitación cerrando la puerta tras de sí y caminando un poco hacia la castaña.
-¿Cómo sigues?
-Bien… Mucho mejor ahora- respondió devolviéndole tímidamente la sonrisa -¿Estabas…entrenando?
-Estuve de sustituto no más, recién ahorita es que finalizó el entrenamiento- dijo mientras destapaba un vaso plástico de donde salió un poco de vapor –Te he comprado té de manzanilla, te aliviará un poco más el malestar.
La castaña aceptó la bebida sonrojada, con ganas de sonreír abiertamente al ver que el chico de sus sueños se había preocupado por ella. ¡Michael es tan perfecto! La recibió gustosa mientras aspiró el dulce aroma de manzanilla. Aparentemente era su día de suerte.
-Muchas gracias…- agradeció mientras sostenía emocionada el vaso –Y lamento si en algún momento les preocupé, ya para mañana volveré a clases.
-Que bien- sonriendo cálidamente –Los chicos preguntaron varias veces por ti, pretendían visitarte pero Yamato les pidió que lo mejor será que descanses.
-¡Que alivio! Tenerlos aquí todos a la vez es realmente estresante- confesó riendo –Ni sabes lo que es soportar las bromas de Yagami y Tokumori día y noche.
-Jeje, lo imagino… Es bueno saber que se la llevan muy bien.
-¡Oh, sí! Quizás hacemos un grupo bastante raro, pero…- ahora sonriendo para sí misma –No los cambiaría por nada.
Mimi guardó silencio por unos segundos mientras observaba su reflejo en el té. Acababa de darse cuenta que por muy enferma que esté, al recordarlos, se sentía mucho mejor.
-Al parecer te gusta vivir aquí.
Subió su mirada despertando de sus pensamientos, encontrándose con que Michael le miraba atento.
-Bueno… la verdad es que sí- sonriendo un poco más tranquila, gracias a Dios los nervios ya se disiparon –No te niego que… al principio me costó, pero se me hizo fácil adaptarme… ¿Qué hay de ti? Se te tuvo que haber hecho difícil por el idioma y eso…
-¡Je! Estás en lo cierto- sentándose a los pies de la cama de la castaña, quien en realidad no se inmutó al respecto –Mis padres llegaron con la noticia 6 meses antes de venirme, por mi promedio me anotaron en la lista de alumnos de intercambio al extranjero, y la verdad oportunidades así son las que no dejan pasar mis papás. Así que al día siguiente ya estaba estudiando japonés y las costumbres, y sinceramente pienso que 6 meses no alcanzan para ser experto en el tema.
-¡Pero la verdad hablas muy bien el japonés! Y has acertado en todas las costumbres… no tienes de que preocuparte- animó mientras le daba otro sorbo a su té.
-¿De verdad lo crees?
-¡Claro!
-¡Jeje! ¡Eso me reconforta mucho!- haciendo sonrojar un poco a la castaña -¿Y ya arreglaron el problema?
-¿Eh?
-Tú e Ishida…
-¡Oh!
Bajó la mirada inmediatamente, sin saber qué decir.
-La verdad, no hemos hablado al respecto porque… me sentía muy mal.
-Disculpa…- La joven lo miró desconcertada, tratando de buscar razón para aquella disculpa –Sino hubiera sido por mi idea, ahora no estarías enfermo…
-¡No, no! ¡Para nada! Todo lo contrario, me ayudaste mucho ayer… Además, ¡Ya me siento mucho mejor! ¡En serio! Antes de que me visitaras me comí una…
Michael la miró por unos instantes fijamente, escuchando más no oyendo el relato donde la castaña ponía en clara evidencia su mejoramiento. Estaba tan ensimismada en hacerle creer que estaba bien que no se percató de la extraña mirada que había posado el extranjero sobre ella, revelando una pequeña sonrisa que, a diferencia de las otras, ésta parecía tener un mensaje oculto, como si significara algo en especial.
-Me alegra que te encuentres mejor…
-¡Mucho mejor!
Miró su reloj y se sorprendió con la tarde que se le había hecho. Ya eran casi las 7 y recién fue ahorita que había terminado de practicar con la banda. Hubiese salido más temprano si a Tokumori no le hubiese tocado entrenamiento, lo maldijo varias veces hasta que por fin se asomó por el umbral del salón de música con su ropa deportiva sucia y con su típica sonrisa de inocente. No duró mucho tiempo sermonearlo, en realidad no estaba de humor, y todos se percataron de ello. Así que, con su humor de perros, ensayaron lo que tenían que ensayar y dieron por listo que ya estaban preparados para el evento, cual era en dos semanas y era el tema de todo el instituto Hokkaido. Como pasa de rápido el tiempo…
Agradeció el vuelto a la cajera y salió del comedor con dos cenas ligeras para llevar, caminando a paso rápido de regreso al haber tardado más de la cuenta gracias a las colas de la cafetería. Justo el ensayo finalizó en la hora pico, tiempo en que a cada ser masculino de este instituto se le antojaba comer, teniendo como castigo esperar para que los 12 estudiantes delante de él eligieran que carajos comer y, para mejorar la cosa –nótese el sarcasmo-, al llegar su turno de elegir nada más habían como opciobes 3 comidas bajas en grasa y con algún apestoso vegetal incluido. ¡Genial!
Se aferró más a su instrumento queriendo en su fuero interno que Mimi haya mejorado. Le encantaba la grasa, odiaba los vegetales, pero si debía comer una sopa de vegetales por ella, lo haría. Más aún sabiendo su estado de salud. Bien podría ella venir a comer y así él no tendría porque pasar por esto, pero estaba enferma, y la verdad se había esmerado en gran magnitud por bajarle la fiebre a la castaña.
Volteó sorprendido hacia la cama, no creyendo haber escuchado bien hasta que divisó una mueca en la cara de Tachikawa. Caminó rápidamente hasta agacharse al lado del mueble, a la altura del rostro de la chica, tratando de definir que sentía la castaña y que podía hacer por ella.
-¿Cómo te sientes?- preguntó preocupado, al momento en que ella abrió con lentitud sus ojos color miel cuales le miraban de forma inexpresiva -¿Te duele algo?
-No…
-¿Qué necesitas?- cuestionó impaciente, acercando una vez más su mano hacia su frente y sintiendo la fiebre -¡Estás ardiendo!
-Estoy…bien…- respondió tratando de sonreír, pero volvió a dibujar aquella mueca de dolor en su rostro alertando al rubio.
-¡No, no estás bien! Estás prendida de fiebre, un médico necesita verte…
-¡No!- respondió abruptamente –No, un médico no…
-¡Estás loca! ¿Quién más puede curarte? Tienes que… ¡Agh! No te daré excusas, llamaré a un médico- trató de levantarse pero sintió que le sostenían desde la camisa, obligándolo a encontrarse con que la castaña no lo quería dejar ir.
-Por favor… Si lo haces… me descubrirán…
El rubio guardó silencio por unos segundos. Cierto. Ella tenía toda la razón. ¿Pero qué más podía hacer? Sino llamaba a alguien apto para estos casos quien sabe que podría ser de ella…
-Mi mamá… siempre me daba té de manzanilla cuando enfermaba- agregó repentinamente la chica, sin soltarlo, mirándolo con unos tristes ojos que le rogaban en silencio.
Yamato suspiró, tratando de contenerse y de no insultarla. La ojimiel fue suavizando su agarre hasta que el chico salió por fin de la habitación, para luego regresar en unos minutos con un recién hecho té de manzanilla y que desprendía un aroma embriagador para la castaña.
-Toma…- le entregó serio, observando estudioso como la joven trataba de levantarse. Al ver que la castaña le costaba acomodarse dejó la bebida a un lado para sentarse junto a ella y acomodarla. Que testaruda era, para todo, era una mimada y consentida, siempre es lo que ella quiere, así sea mal o bien para su persona. ¿Por qué se esmeraba tanto en esta estúpida vida? ¿Por qué rayos tenía que fingir que no se sentía asquerosamente mal? -Si me hicieras caso…- dijo entregándole una vez más la bebida –Podría ser tu madre quien te haría el té como te gusta…
-No…- negó tras darle un delicado sorbo y sonreír –No hace falta, lo hiciste tal como me gusta…
Apretó la bolsa de papel con sus cenas, volviendo a sonrojarse y sintiéndose estúpido al no poder definir lo que le ocurría. Ya esto era el colmo, ponerse así por ese simple recuerdo que intensificaba notoriamente las emociones que, un día antes, eran más fácil de ignorar. Pero si quería terminar de una vez por todas con esta incertidumbre debía analizar, tratar de escarbar en lo profundo de sus pensamientos para así hallar una razón coherente respecto a esta sensación. Sin embargo, presentía que en este preciso caso era mejor no saber a que responder, no sabía por qué pero algo le decía que la ignorancia a veces es más conveniente que el conocimiento.
Pero, claro, son suficientes 3 segundos después para volver a recordar y sentir ese insoportable cosquilleo, casi como un jodido karma.
-Me cago en la…- maldijo por lo bajo al momento de estar en frente de la puerta de su alcoba compartida. Suspiró y se obligó a relajarse en silencio. Si seguía con esto se volvería loco, en serio.
Bastó que se relajara para al fin percatarse de algo. Una risa que ya era bastante familiar para sus oídos lo detuvo en su meta de agarrar la manilla de la puerta, sonriendo aliviado al poder al fin escuchar con ánimo la voz de la castaña, y mejor aún, una risa. No obstante, después de un segundo notó una voz masculina de una persona dándole a entender que Mimi no estaba sola. Por un instante creyó que se trataba de Taichi, queriendo animarla con alguno de sus chistes, pero ese no era Yagami, lo sabía por el tono de voz que empleaba el misterioso chico. Tokumori fue inmediatamente descartado de la lista pues hace minutos estuvo con él, y en cuanto a otra persona sería relativamente imposible pues se diría que una de las habitaciones menos visitada por estudiantes del Instituto Hokkaido sería la 201, o sea, la de ellos. Con lo poco amistoso que es el Ishida y considerando el "pequeño" secreto de Mimi es absurdo que alguien que no sea de su círculo social esté ahí.
Se acercó más a la puerta con finalidad de oír y adivinar, y no fue sino hasta que escuchó de los mismos labios de la castaña quién era la supuesta persona.
-Jhonsson…
Inevitablemente sintió la sangre hervir, y como si fuera poco, juró que si tuviera una razón lógica para golpear la pared, lo haría.
-¡Buenas noches!
-Buenas noches.
Mimi observó desde el umbral de su habitación como el joven de bucles dorados se alejaba por el pasillo, revelando con poco disimulo una enamorada sonrisa en su rostro mientras en su mente ocupaba el ameno rato que había compartido con él. Que tonta era al creer evadir a aquel personaje, ahora que lo meditaba realmente había exagerado aquel día, sino había sido descubierta ahora, habiendo tenido contacto visual por más de 3 horas, entonces era porque no la recordaba, por muy triste que suene la idea. La relación amistosa que habían tenido de pequeños seguro no abarcaba ni el 0,1 por ciento de su memoria, es un recuerdo infantil y fugaz que solo ella recordaba con mucho estimo porque era una masoquista, aunque dolor es algo que no ha sentido desde que llegó a Japón. Simplemente era un amor rosa, perfecto pero en su propio mundo, que aunque sienta ese conocido revoloteo en su estómago estaba conciente que solo será eso, maripositas, y ya.
Cerró la puerta y regresó la cama, sintiendo el estómago lleno al cenar junto con Michael en la habitación, se había molestado en ir a comprar sus cenas y volver tiempo antes de que todos salgan a cenar, para así evitar la tardanza en colas. Apenas regresó con la comida se sorprendió al encontrar crema de auyama con trozos de queso Mozzarella de búfala, siendo esta comida inusualmente servida para los estudiantes. Al tratar de entender de donde salió aquel menú se enterneció al escuchar el humilde esmero que había gastado Jhonsson con la cocinera, obviando los detalles de cómo la convenció. Sino hubiese sido por el inoportuno protocolo masculino que debía cumplir, hubiese saltado a abrazarlo demostrando lo mínimo de su agradecimiento. ¿Cómo es que podía ser tan perfecto? Su sonrojo confesó lo que estaba sintiendo en ese momento, ahora más que nunca se sentía mejor. ¡Se sentía tan bien!
Estaba a punto de meterse en su cama cuando en eso escuchó la puerta abrirse, volteando de inmediato creyendo que era Michael por si había olvidado algo pero su rostro denotó sorpresa al ver por fin, después de todo un día, a su compañero de cuarto, quien tenía un semblante serio y de pocos amigos.
-¡Matt, haz regresado! Estaba preocupada por ti, ¿Dónde estabas?
Sin dar respuesta alguna cerró su habitación con llave y dejó su apreciado instrumento en el mismo sitio de siempre, todo ante la expectante mirada de Mimi que no lograba comprender la causa de su silencio. Parecía molesto, quizás frustrado, lo creía por la forma en que llevaba a cabo sus movimientos cuales eran un poco secos, ¿Qué le había ocurrido?
-Oye, Matt… te estoy hablando- insistió Mimi, siguiéndolo con la mirada hasta que se detuvo en frente de su armario donde siempre cuelga las chaquetas al llegar a la habitación, cosa que le había enseñado a golpes por cuestiones de orden. Podría decirse que en ese aspecto Yamato había mejorado mucho.
Al ver que no iba a responder, por mucho que le preguntase, suspiró vencida y luego cambió su expresión por uno más animado. Necesitaba hablarle sobre lo de hoy, era una buena noticia, quizás así podría relajar el ambiente.
–Hey, ¿Sabes quién estuvo aquí?
Silencio.
-Bueno, igual te diré, ¡Michael! Pero no te asustes, nada malo pasó, todo lo contrario, ¡Fue tan atento!- rememorando el poco tiempo que había compartido con el extranjero, queriendo compartir su entusiasmo aún cuando eso era lo que menos estaba haciendo -Al principio me sentí asfixiada, ya sabes, por lo que podría suceder… pero a la final resultó ser totalmente diferente a lo que alguna vez pude pensar de él, ¡Sigue siendo igual de agradable y detallista!
No le prestó caso que el rubio entrara al baño y se encerrara, más bien se sentó en su cama y empezó a jugar con algunos hilos de su cubrecama. Como cosa común, a veces hablaban así, aunque lo poco que hablen sea irrelevante. Ya se sentía familiarizada al respecto, por lo que prosiguió con su anécdota.
-Hace rato se fue, un poco antes de que tu llegaras, ¿Puedes creer que me compró la cena? ¡Y no solo eso! Logró persuadir a la cocinera para que me diera una cena 'Especial'- agregó dándole más importancia a la última palabra –Logró conseguirme Crema de Auyama con queso de Búfala, ¡De búfala, Matt! ¿Sabes lo mucho que extrañé comer ese queso? ¡Fue fascinante!
Sonrió gustosa mirando la nada, dispuesta a seguir.
-Creo que… que Michael sea mi amigo no es tan malo después de todo…
El sonido de algo quebrándose hizo que Mimi se sobresaltara y dirigiera inmediatamente su atención a la puerta del baño. Tras escuchar algunas maldiciones poco censuradas por parte del rubio, se levantó de su cama y se aproximó a la puerta, un poco consternada al imaginar los pedazos de vidrios rotos dispersados por el suelo.
–Oye, Matt, ¿Estás bien?
-Sí- respondió al cabo de algunos segundos casi en susurro, cosa que complicó la audición de Mimi.
-¿En serio?- pegando su oído a la puerta, curiosa –¿Qué se te cayo?
La puerta inesperadamente fue abierta causando que ambos se reencuentren de forma muy cercana, pues ninguno de los dos se esperaba el otro. Sus miradas por un instante se mantuvieron fijas teniendo la libertad de detallarse mutuamente, como si en una fracción de un segundo pudieran rememorar los colores de sus ojos, los rasgos de sus rostros y el ritmo de respiración de cada uno.
Yamato casi sintió un paro respiratorio al encontrarla del otro lado de la puerta, realmente no se la esperaba, y más tenerla a 30 cm de distancia recalcaba un poco más su –exagerada- taquicardia. Pudo darse cuenta que no vestía las mismas pijamas de antes, incluso pudo percibir aquel aroma a rosas que su cabello desprendía luego de un baño, seguro se había aseado apenas mejoró, conociéndola no podía durar un día sin bañarse, sin usar aquel Shampoo de perfume embriagante y sin ponerse aquella crema de almendras que suavizaba su piel de tal forma que a simple vista parecía de porcelana. Trató de no prestarle atención al irremediable nerviosismo que estaba sintiendo, pero era inevitable cuando sus miradas se encontraban, contemplar silenciosamente aquella calidez e inocencia en su mirada realzaba los latidos de su corazón.
La castaña, ignorante del intenso efecto que había causado su cercanía en el rubio, desvió su mirada y visualizó los vidrios rotos en el suelo, algunos acumulados en una pequeña montañita que empleó Yamato apresurado, seguro ahora se proponía buscar una escoba.
-Hay… lo había conseguido en rebaja- soltó sonriendo desanimada al ver el nuevo estado del portavelas de vidrio -¿No te cortaste?
Yamato, quien se había alejado casi de inmediato apenas ella había hablado, desvió la mirada tratando de evadir la de ella, negando con la cabeza.
-¿Uhm?- extrañada –Matt, ¿Te sientes bien?
-Que sí…- Carajo, le ardía la cara.
-Es que estás… todo rojo.
Por poco pega un brinco al verse descubierto tan descaradamente, sacudiendo la cabeza tratando de disipar –si es que es posible- el notable tono rojizo que habían ganado sus mejillas. Incómodo movió sus pies sin definir destino hasta que evitando la mirada de la castaña pasó por un lado, ignorándola por completo.
-No lo estoy.
-Pero, Matt…- siguiéndolo.
-No molestes.
-¡Pero estás todo rojo!
Se sintió inmensamente nervioso al ser acorralado sin previo aviso por Tachikawa, quien aún le miraba preocupada.
-¡Que no me pasa nada!
-¿Cómo puedes estar seguro de ello? ¡Puede que te haya contagiado el virus!- evitando que el rubio escape obligándolo a sentarse en su cama, aproximándose a su rostro con intención de tocar su frente con la de ella y así comprobar su estado.
-¡O-O-OYE! ¡¿Q-QUÉ…?
Sin mucho por hacer, fue silenciado abruptamente al tener el rostro de la castaña lo suficiente cerca como para detallarla a la perfección, desde su blanca y suave piel y sus rasgos japoneses americanizados, pues ahora con aquella cercanía pudo darse cuenta que tenía una mezcla bastante atractiva en su sangre. Quiso morir apenas sus frentes obtuvieron el mínimo roce, todo con intención sana mientras que él juraba no poder controlarse, a pesar de no saber qué controlar.
Observó en completo silencio y, cabe destacar, plenamente sonrojado como Mimi analizaba su temperatura corporal, con los ojos cerrados y con su usual mueca de concentración en sus labios.
-No, no tienes nada…- concluyó separándose, cosa que provocó que Yamato volviera a respirar.
-¡T-Te dije que NO me pasaba nada!
-Pero es que me preocupe, habías llegado con esa cara y con mi virus pensé que te lo había contagiado- se justificó cruzando los brazos –En serio, ¿Qué te pasa, Matt?.
Ishida permaneció en silencio, con la mirada fija al suelo y sintiendo que su cuerpo aún no podía calmar lo que sentía. Mimi por su lado lo observó unos segundos más, conciente de que para sacarle información a su compañero de cuarto era una tarea muy difícil, o al menos por ahora. Sabía que por más que insista no será gracias a ella poder escuchar sus pensamientos, Yamato era un chico demasiado introvertido, si él debía hablar con alguien, entonces él lo debía elegir, no ella.
Suspiró conciente de que nada hacía esperando, así que, mediante un impulso lleno de cariño y aprecio, acercó sus labios a la mejilla del rubio y se alejó casi tan rápido como le había nacido el gesto.
-De verdad gracias por haberme cuidado, prometo remendártelo- sonrió animada, aproximándose a su cama y dándole poca importancia a lo que había hecho –Me voy a acostar… No te preocupes más por mí, estoy perfectamente. Procura mañana esperarme para irnos juntos a clases, ¿De acuerdo?
Se acurrucó en su cama y dijo sonriente:
–Muy buenas noches, Matt.
Yamato sintió que la impotencia en su sangre poco a poco iba colmando sus sentidos. Había ubicado la silla del escritorio justo al lado de la cama de la castaña, llevando sentado en ella desde hace bastante rato. Varias veces el sueño había tratado de persuadirlo, pero con el panorama que tenía ante él fácilmente lo ignoró para así centrar toda su atención en la persona que yacía en la cama. Desde hace algunas horas había estado mojando y poniendo un pañito frío en la frente de la castaña, saltando de vez en cuando hacia el cuello y estómago, técnicas que había aprendido de pequeño al momento de ser él el enfermo. Varias oportunidades ella rogó ser arropada, pero el rubio decidido impuso que si quería mejorar arropándose hasta el cuello no era la manera.
Y de cierta forma eso le hacía sentir culpable, pues, verla temblar de frío y arrugar varias veces su frente hacía sentir a Yamato el ser más miserable del planeta. Era como si queriendo curarla fuera una tortura para ella, y lo entendía, los escalofríos que deben sentir su cuerpo deben de ser insoportables.
Quitó del cuello de Tachikawa el ya tibio pañito, conciente de que la fiebre no ha bajado aún cuando ya son las 3 de la madrugada. Volvió a introducir la tela en un perol de agua con hielo dispuesto a hacer el mismo proceso, pero cuando tuvo la intención de exprimirlo sintió algo cálido que acariciaba su mejilla.
Dedicó su mirada a la castaña, sorprendido ante el tacto que estaba sintiendo. Ella en cambio lo mirada con pena, sin poder emplear una acaricia más trabajada debido a su debilidad.
-Discúlpame…
Matt guardó silencio, contemplando como la luz de la luna que atravesaba el ventanal de la habitación iluminaba los rasgos y silueta de la castaña. Pudo apreciar como sus ojos color miel se cristalizaban con intención de llorar, así que de inmediato soltó la tela dentro del envase y acercó sus manos frías a las calientes de la joven. Ella creyó que iban a ser apartadas, pero para su sorpresa el rubio solo las mantuvo en su mejilla, presionando delicadamente como si con eso podía transmitirle mil palabras. Se mantuvieron así por unos segundos, hasta que con suavidad el rubio las separó de él para luego ubicarlas junto a la castaña, quien aún lo miraba con pena.
-¿Cómo te sientes?
-Bien…- mintió con los labios rotos y con algunos escalofríos. Yamato suspiró riendo ante el disimulo de la castaña -¿Qué es… gracioso?
-Que no estás bien- acercando su mano a la frente de la chica, sintiendo su calor corporal –Aún tienes fiebre.
-Pero eso se me quita rápido…
-Eso dijiste hace algunas horas- tomó un vaso de agua y ayudó a Mimi para que bebiera de éste, empleando una sutileza en sus actos por su estado –Creo que… es mejor que veas a un médico.
-No… No…- negando constantemente, asustada.
-Pero es por tu bien, ¿No lo entiendes? Si sigues así es peligroso.
-No quiero… Por favor, me descubrirán, Matt- en eso, su rostro refleja un semblante triste -¿Acaso quieres que me descubran?
-¿Qué? Yo no quiero eso.
-Pero es que… desde hace algunas semanas me has tratado tan mal, y hoy, digo, ayer…
-Lo de ayer fue una estupidez de mi parte- soltó inesperadamente el rubio, sorprendiendo a la castaña –Y tienes razón, no he sido muy simpático que digamos en estos días, pero en serio esa no es mi intención.
-Pero…- confundida, ahora jugando con sus manos en una señal de nervios, como sino supiera qué decir realmente –Es solo que… me duele que seas así conmigo…
Apenas dijo aquellas palabras sintió como si una bala hubiese atravesado su pecho sin previo aviso. Jamás creyó que podría sentir tal impacto por aquel simple comentario, varias veces Tokumori y Taichi le habían dicho cosas similares criticando su forma de ser, pero jamás le dio importancia, más bien era como "Lo tomas o lo dejas". En cambio, solo faltó para que Mimi Tachikawa dijera eso para que entendiera lo mucho que puede afectar su actitud a las personas. A ella. Realmente no lo hacía apropósito, simplemente le nacía ser así, como si fuera un sistema de defensa que empleaba para quienes trataran de atravesar su escudo.
Yagami y el pelinegro eran por decirlo las únicas personas más cercanas para él, y aún con eso nunca han podido siquiera rasgar la barrera que los separaba de Yamato.
Hasta que llegó Mimi.
En eso, la castaña repentinamente empezó a temblar más de la cuenta, soltando débiles gemidos de dolor debido a los espasmos que sentía en todo su cuerpo. Trató de alcanzar el cubrecama para así arroparse y luchar con la misma ventaja contra el frío, pero Yamato la detuvo, repitiendo el mismo acto cada vez que ella trataba de cubrirse con algo.
-No, si te arropas te hará mal…
-Pero…
-Tu cuerpo está peleando contra la fiebre, y si te arropas será peor- regañó seco, ya cansado de la insistencia de ella. Realmente no tenía paciencia para estas cosas, Dios bien sabía que ser médico no estaba en sus planes.
Estuvo a punto de quitarle las sábanas por completo hasta que la oyó sollozar.
-Tengo frío… Matt, tengo mucho frío…
Y de esa manera, lo que había tenido como barrera, se terminó por quebrar cayendo trozo por trozo al suelo. Ya era ley, Mimi Tachikawa había atravesado ese escudo.
La castaña se abrazó así misma, sin poder controlar más el sollozo que ansiaba salir desde hace un buen rato. Se sentía tan débil y frágil, como una copita de cristal agrietada. ¿Por qué justo le tenía que pasar esto aquí en Japón? Acá no tenía nadie, sus padres no podrían saber su estado ni mucho menos sus abuelos porque seguro ya saltarían para acá, y algo como eso es casi el Apocalipsis. Yamato tenía razón, la única forma de mejorar es con un médico, con una persona especializada, y no es que no aprecie los cuidados del Ishida, pero es absurdo creer que pueda curarla, ni siquiera las pastillas han surtido efecto.
Sollozó una vez más sintiéndose cada vez más frustrada, con el frío escarbando en sus entrañas y con cada espasmo torturando sus poco desarrollados músculos.
-Shh…
Sintió algo cálido acercarse a su cuerpo.
-Tranquila, todo está bien…
Algo que se amoldaba perfectamente a su lado y que la abrazaba fuertemente.
-Aquí estoy, Mimi.
"A Yamato.
La castaña buscó con su mirada poblada en lágrimas sus zafiros que la miraban con intensidad. Podía sentir con detalle los latidos del corazón de él, eran rápidos pero con el pasar de los segundos poco a poco volvían a su ritmo normal. Su respiración era pausada y le era inevitable sentir su aliento chocar contra su cuello debido a la posición en la que él la había acomodado, abrazándola por detrás y enredando los dedos de su mano con la de ella.
¿Qué era todo esto? ¿Acaso estaba soñando? Yamato Ishida no era de los que abrazaba y apretaba con delicadeza su mano, que acariciaba sus cabellos como si fuera un tesoro, que movía sutilmente su cabeza con la de ella mientras dejaba escapar suspiros contra su nuca…
Yamato era… era tan… cálido.
I hear you breathing in
Another day begins
The stars are falling out
My dreams are fading now, fading out
Repentinamente, el frío que en algún momento sintió desapareció. Siguió gimoteando hasta que su respiración se volvió calmada al mismo tiempo que sus lágrimas cesaban, una extraña tormenta de sentimientos estaban sustituyendo todo aquel malestar que había sentido, puede que sea desconcertante el hecho de estar tan pero tan cerca de él, pero por Dios, no podía negarlo…
I've been keeping my eyes wide open
I've been keeping my eyes wide open
Se sentía tan bien.
Ooh, your love is a symphony
All around me, running through me
Ooh, your love is a melody
Underneath me, running to me
Oh, your love is a song
Yamato por su parte aprovechó en secreto darse el lujo de oler su cabello y acariciarlo con su nariz con ternura, sintiendo su suavidad en el acto. Era increíble aún cuando pasaba un día y el aroma de rosas seguía intacto en cada hebra de su melena castaña. Mimi era tan suave, tan dulce, tan frágil… sus expresiones siempre van relacionadas a sus palabras, sus sonrisas pueden volver tu día en uno soleado aún cuando cae la peor de las tempestades, su alma es tan pura que es hasta contagiosa, te sientes tan diferente cuando estas cerca de ella que por poco juras que es la magia de su persona, de su mirada color miel, de su melodiosa voz...
The dawn is fire bright
Against the city lights
The clouds are glowing now
The moon is blacking out, is blacking out
Sintió el cuerpo de la castaña relajarse al fin, como si aceptaba plenamente el gesto que estaba dedicándole en aquel instante. La estrechó aun más hacia él de manera que cada extremidad de sus cuerpos estaban en contacto, desde sus cabezas hasta sus pies, ambas posiciones encajando una con la otra perfectamente, cariñosamente. Yamato apreció esta oportunidad para percibirla de una forma que no lo había hecho antes…
So I've been keeping my mind wide open
I've been keeping my mind wide open, yeah
…De una manera que, secretamente, había querido siempre.
Ooh, your love is a symphony
All around me, running to me
Ooh, your love is a melody
Underneath me, and into me
-Matt…
El rubio acarició inconcientemente su mano, distante a la hora, día y año en el que estaban.
-¿Hmm?
-¿Cuál es tu animal favorito?
-¿Por qué me preguntas eso?- embriagándose con el aroma a rosas, cerrando los ojos.
-Solo responde…
-El lobo…
Oh, your love is a song
Your love is a song
Oh, your love is a song
Your love is strong
Mimi sonrió, pegando la mano del rubio hacia su corazón inconcientemente, sonriendo y se acurrucándose más a él.
-Que alivio…
With my eyes wide open
I've got my eyes wide open
I've been keeping my hopes unbroken
Yeah, yeah
Ooh, your love is a symphony
All around me, running through me
Ooh, your love is a melody
Underneath me, running to me
Yamato miraba el techo destellando un inusual brillo de sus zafiros, sintiendo que en cualquier momento su corazón salía de su pecho a pesar de no llevar a cabo ninguna actividad física. Sus pensamientos y sentimientos se encontraban en otro lado, no muy lejos, en realidad bastante cerca, y no fue sino hasta ahora que reconoció quién era el causante de ello y por qué. ¿Cómo antes no se había dado cuenta? ¿Cómo antes había sido tan ciego? Y ahora que lo reconocía, ya no hay vuelta atrás. La verdad es la verdad, por mucho que quieras tergiversar las cosas.
Your love is a song
Yeah, yeah
Your love is my remedy
Cerró los ojos soltando un largo suspiro, para luego acomodarse de lado en la cama y observar atentamente su nuevo panorama. El cosquilleo en su estómago volvió apenas detalló como su silueta se denotaba bajo aquellas sábanas, que a diferencia de la noche anterior ya no temblaba ni sufría por el frío. Ahora ella dormía plácidamente, y a pesar de los 2 metros que los separaban podía detectar el perfume a rosas que había saboreado al tenerla tan cerca. Su pecho se comprimió al extrañar aquel recuerdo. Y ahora, que analizaba cada uno de los detalles, pudo abrir los ojos.
Rió irónico, sin poder creer aún lo que le dictaba su corazón…
-Estoy… jodidamente enamorado de ti, Mimi Tachikawa…
Oh, your love is a song…
..To be continue…
Comentarios de la autora:
¡HOLA HOLA!
Jaja, seguro se preguntarán, "¿Y esta loca de donde salió?". Pues, sí, Andsi ha actualizado, ¡Enhorabuena!
Creo que no hace falta llegarles con el mismo cuento de siempre, ¿Razón de mi tardanza? Universidad, universidad, blah blah… ¡Lo mismo de siempre mis amores! Dentro de dos semanas finalizo mi 4to semestre, y no sé si es que justamente me tocó los profesores con más problemas existenciales o es que yo estoy deficiente en cuanto a tema laboral. Y OBVIO que es la primera opción, ¡No más vieran lo dedicada que soy con mis asuntos! Soy de las personas que cuando hace algo lo hace BIEN, no ha medias, no mas o menos, sino bien, y por ende soy un poco más lenta de lo habitual en mis cosas. Pero bueno, entre gustos y sabores encuentras de todo en la villa del señor. Aunque de esto no era precisamente lo que quería hablarles en mis c-a.
Extrañaba realmente actualizar, en serio. Y más que nada extraño recibir sus preciosos y agradables comentarios, en realidad podría decirse que además de mis historias ustedes, mis queridos lectores, son también mi tesoro. Los recuerdo con muchísimo cariño cada vez que voy a escribir, pensando qué podría gustarles y qué no. Yo soy la chef y ustedes son mis comensales, y algo que me fascina es saber que disfrutan leer mis historias como si fueran platillos exquisitos. ¡No saben las caras de ustedes que me estoy imaginando ahora! Pues, vamos a admitirlo, este es el capítulo más Mimato que he escrito hasta ahora.
La canción, nombrada ya arriba, pertenece a Switchfoot, se llama "Your love is a song". La verdad me encanta este grupo, me parece tan romántico, y creo que la canción se adapta perfectamente a la escena, o al menos eso siento yo. No quería que él la cantara, pues me parece muy pronto para que Yamato Ishida se abra de esa manera con ella, por lo tanto quise que fuera Música de Fondo, para darle sazón al momento. Espero haberlo logrado.
Considerando el tiempo que tenía sin actualizar, tampoco me dio tiempo de tocar una tecla para con JLRJ. Sinceramente siento que he perdido el "toque" con esa historia, no digo que no la seguiré, no, no. Simplemente digo que hasta que no me llegue mi hada madrina de la inspiración con esa no la tocaré, pues bien saben que odio escribir capítulos mediocres, sobretodo cuando se acerca el glorioso final de esa historia. Así que no esperen actualización de JLRJ hasta nuevo aviso. Disculpe de verdad la situación.
Sus RR's fueron realmente un gusto, cuanto me animaba al leerlos. Desde mis antiguos a nuevos lectores, siempre sus comentarios serán bien recibidos. No piensen que porque no les respondo no los aprecio, todo lo contrario, es que si conocieran mis comentarios se espantarían, ¡Son terriblemente largos! Que se los diga mi ami queridísima, o Nai –Where r u, Nai?-, que siempre las obligo a apartar un día para que lean mis rr's, ¡Jaja!
Como noticia de última hora, les tengo que informar que posiblemente me vean con una nueva historia. Por ahora no, hasta que no termine IH no empezaré con otra, pero por mi cabeza ha rondado una idea que me emociona. No daré adelantos, ¿Para qué? ¡La idea es que sea sorpresa! Solo les comentaré que será bastante urbana, sin el drama de una tragedia amorosa ni mucho menos el exceso de comedia barata como la hay en esta, jaja. Será por decirlo más seria, más adaptable con sus vidas, algo así como "Todos podríamos pasar por eso". Presiento que les gustará.
En cuanto a mis autoras favoritas, ¡LES JURO dejarles un rr muy pronto! Apenas terminen estas dos semanas de clases ya me pondré al día con sus historias. Que vergüenza, lo que son Lyls, Mikapunzel, Nora, Santalia, Princess Moon –¡Jaja! Apodo que se me viene a la mente cuando leo las historias de PrincessLunaMadelaineJulia-, entre otras… deben tenerme en un rincón de rechazados. ¡Cuánto lamento mi tardanza! ¡Lo siento, lo siento!
Mmm… ¿Se me olvidó alguien?
¡JAJA! Debes estar maldiciéndome, ami! Sakura Tachikawa no solo es mi autora y lectora predilecta –no tengo lectores favoritos, pero ésta se esfuerza siempre por ser la primera-, sino una de mis leales amigas. Su apoyo por animarme a escribir es incondicional, diría que gracias a ella he podido actualizar más pronto de lo que pensaba. ¡Mil gracias por todo, Honey!
En fin, me he extendido, pero es que la verdad tenía tiempo sin escribir c-a. Fue un gusto volver a actualizar y llegarles con este capítulo. Para quienes quedaron consternados con algunas escenas háganmelo saber por rr, si tengo la oportunidad les responderé.
¡MUCHAS GRACIAS POR LEER!
PS: ¡Feliz navidad y feliz año nuevo ATRASADISIMO! Jajaja, soy la peor.
Atte.
A n D s I
