Instituto Hokkaido

By: A n D s I


Capítulo 8

"Cuando la verdad duele"

-Declaración indirecta de guerra-


La castaña tiró su bolso al suelo y se dejó resbalar contra la pared hasta el mismo, sintiendo que ya su cuerpo no daba para otro ensayo y examen. Recién en estos momentos había terminado el último examen de este corte, ahora le quedaba por saber las notas y, finalmente, presentarse en la obra teatral del instituto Hokkaido, cual era en menos de una semana, ¡Cosa que no la relajaba en lo más mínimo! Y no es que no se sienta preparada, todo lo contrario, es el hecho de tener que actuar en un clásico de Shakespeare, sabiéndose que ella era un "El" y que debía interpretar a Julieta, en pocas palabras, no solo debía actuar como un chico, sino que debía actuar como un chico actuando como una chica.

¡Que embrollo!

Suspiró por enésima vez y cerró los ojos por un momento, estaba un poco cansada. No hace mucho había salido de una terrible gripe, y por más que sea aún su cuerpo estaba en proceso de recuperación. Claro, si hubiese sido por Matt aún estaría en cama. No porque no la haya cuidado, sino porque estaba demasiado sobreprotector últimamente. A cada rato que lo veía en vez de recibir un comentario sarcástico o una mirada despectiva ahora él se limitaba por estudiar su salud como si fuera un doctor en proceso, ya sea tocándole la frente o preguntando a cada rato como se encontraba. Eso sin contar la cantidad de liquido que había bebido gracias a su insistencia, ¡Por eso a cada momento le daban ganas de ir al baño!

Sí, estaba muy agradecida, pero tanta atención por él la desconcertaba un poco. ¿Qué había pasado con el antipático y poco amistoso Yamato Ishida?

Sonrió. Definitivamente este lado de él le agradaba mucho más.

Recordó el comentario de Tokumori, una vez que presenció como Yamato le había comprado un agua sin razón alguna y se había ido apenas Mimi se lo había agradecido. Duró algunos segundos para darse cuenta de la mirada inquisitiva que le ofrecía el pelinegro, como si hubiese hecho algo que nadie puede y que muy pocos han logrado presenciar. Algo confundida, le cuestionó por qué la miraba de esa forma, a lo que él respondió que quizás sea la primera persona sobre la faz de este planeta que ha logrado sacarle un gesto al Ishida, por muy insignificante que sea. Mimi rió, creyendo su comentario absurdo, se le hace imposible creer que ella, la rosa, la malcriada, la infantil Mimi Tachikawa sea la primera persona en lograr eso en Yamato, limitándose en decirle a Tokumori que seguro estaba equivocado, alguien más tuvo que haber ganado ese tipo de gestos en él. Y antes de escuchar lo que el pelinegro pretendía decirle, se vieron interrumpidos por el oportuno de Taichi. Luego de aquello nadie más habló al respecto.

Y ahora, pensándolo mejor, si en tal caso ella es la primera…

-Entonces no fue tan difícil atravesar la coraza de Yamato Ishida- se dijo riendo un poco aún con los ojos cerrados, comparando en su mente la cara endurecida del rubio tiempo atrás, y como ahora se transformaba en un rostro sereno, que a veces adornaba con una sonrisa de medio lado.

-¿Y aún tienes la receta?

Se incorporó apenas escuchó esa voz, abriendo los ojos de inmediato y sorprendiéndose ante lo que tenía en frente. Parado ante ella se encontraba aquel conocido extranjero que en varias oportunidades le había hecho una grata compañía, solo que ahora a diferencia de antes le había escuchado hablando sola y cosa que no era para nada favorable para ella.

Tocó su peluca disimuladamente cerciorándose que todo estaba en su lugar, para luego sonreír nerviosa y evitando un poco la mirada de Jhonnson.

-Me sorprendiste, Michael.

-Jeje, lo lamento. Es que al principio me preocupe al verte dormido en este pasillo, pero me alivió que estuvieras meditando respecto a Ishida.

-¡Oh! No es que pensaba realmente en él, o sea, pensaba en él pero no en la forma que crees, ¡En realidad estaba…!

-Tranquilo, tranquilo –rió, sentándose a su lado –Que sueñes despierto con Yamato Ishida no me hará sacar conclusiones.

-¡He dicho que no pensaba de esa forma!- le soltó propinándole un suave golpe en el brazo del chico, cual volvió a reír pero esta vez con más soltura. Mimi se unió a su risa apenas despidió el sonrojo de su rostro, volviendo a apreciar el tener que compartir de esa forma con Michael aún tomando en cuenta sus pasados.

La verdad, jamás creyó poder desarrollar una amistad con el extranjero. Había exagerado tanto las consecuencias de un simple intercambio de palabras con él, ¿Cómo era posible que Michael, tan amable, atento y sereno, sea capaz de volver un caos su vida? ¡Vamos, chicas! ¡Si es perfecto! Es imposible que una persona como él, si llegara a descubrirla, vaya a "chismear" sobre su verdadera identidad con la única intención de afectar su vida. Todos estos días se han mostrado tan agradable con ella, tratándola como un amigo sin siquiera conocerse del todo –ó, en realidad, conocerla-. Es por él que Mimi Tachikawa cree en los cuentos de hadas, porque en medio de este desastre social, Michael había llegado sobre su corcel blanco dispuesto en auxiliarla cada vez que los dragones de esencia masculina deseen atormentarla. ¡Incluyendo su círculo de amigos! Por muy grato que sea a veces compartir con ellos…

-¿Qué tal te fue en el examen?

-¡Bien!- admitió contenta –Por suerte se me da bien la literatura. ¿Y qué tal a ti?

-Ciertamente se me hizo muy fácil… En especial la parte de Poe.

-¡¿Eh? ¡¿Te gusta Poe?- el rubio afirmó, pensativo -¡Igual a mí!

-¿En serio?- preguntó sin mirarla a los ojos.

-¡Sí, sí! Es raro conocer personas que se interesen por sus escritos… muchos dicen que es muy tétrico.

-Jeje, igual me sucede con los que conozco…

-¿Y cuál, de los que pusieron, te gustó más?

-A Elena.

-¿De verdad? ¡A mí también! Es mi favorito…- confesó emocionada, mientras cerraba los ojos y visualizaba en su mente cada letra y párrafo de aquel poema -"…De la luna la luz límpida, la luz de perla se apaga. El perfume de las rosas… muere en las dormidas auras. Los send…"

Se detuvo abriendo los ojos de inmediato y mordiéndose la lengua. ¡¿Qué carajos…? ¿Desde cuanto a un hombre le gustan este tipo de cosas? Y si lo hay, no le venía para nada con ella tomando en cuenta que mientras más varonil se mostraba más pasará desapercibida, ¡Y recitando un poema romántico de Poe no tiene NADA de varonil! Casi se daba un manotazo en la frente, sin atreverse a mirar al joven que se sentaba a su lado, ¿Qué pensará de ella ahora? Mínimo, lo catalogará de "Raro" y no le volverá a dirigir la palabra, ya saben, todo hombre querrá prevenir cuestionar su hombría al estar cerca de alguien amanerado, ¡Cosa que le parece realmente discriminante! ¿Qué tiene de malo que un chico se interese por estas cosas? ¿A qué clase de sistema está acostumbrado el humano? No es justo que hayan jóvenes que se priven de cultura para así evitar opiniones no pedidas. ¡¿Cuántos? ¡¿Cuántos chicos querrían leer un libro de Poe o de Neruda y NO pueden por lo que puedan pensar los demás? No, ella no era chico, y realmente no tenía suficiente propiedad para pensar todo esto, ¡Pero qué coraje! No es justo que no pueda relatar libremente A Elena por lo que pueda pensar alguien más, ¡Mimi Tachikawa no está acostumbrada al rechazo! Por muy Michael que sea, por muy amor platónico que él sea, más le vale que no vaya a…

-"…Los senderos se oscurecen."- continuó mirando el techo, con una sonrisa nostálgica, evitando que cualquier palabra salga de los labios de Tachikawa –"Expiran las violas castas. Menos tú… y yo… todo huye, todo muere, todo pasa."

Era imposible describir la expresión que tenía pintada la ojimiel en su rostro…

-Jeje, es mi favorito…- confesó un poco sonrojado, mientras se rascaba incómodo la cabeza.

Todo el análisis que había tenido en su mente anteriormente cayó rendido ante la sonrisa de él. ¿Cómo es posible? ¿Acaso cayó del cielo? Lo único que le faltaba a Michael Jhonnson eran alas, y estaba segura que podía verlas salir de su espalda, recalcando que la imaginación y el corazón pueden hacerte alucinar un poco. Pero, por Dios, es que era increíble… No solo era todo lo que pensaba de su persona, sino que hoy había descubierto que ya no era necesario una prueba científica para comprobar que era perfecto. Los latidos de su corazón incrementaron apenas escuchó su risa de vergüenza, sintiendo una fuerte necesidad de acercársele al rostro y besarlo, y confesarle al fin todo aquel sentimiento del que él sea dueño.

Sintió cosquillas en su estómago, imaginando un momento que ella no era un estudiante del Instituto Hokkaido, y que podía confesarle libremente lo que sentía por él.

-Oh, ¡Hola Ishida!

La voz de su compañero la despertó de su trance obligándola a mirar hacia atrás, encontrándose con unos brillantes ojos azules y que la miraban intensamente. A unos metros de ella, con su típico uniforme desarreglado y con la chaqueta sobre el hombro, estaba aquel joven de rubios cabellos rebeldes ligeramente peinados hacia un lado. Su mirada, a diferencia de los últimos días, brillaba más de lo usual, pero un brillo intimidante, si se puede recalcar. Tenía la mandíbula apretada, y se podía ver que sus puños estaban en el mismo estado, como si fuera capaz de deformar una lata si la tuviera en mano. ¿Qué le sucedía?

-¿Matt?- tragó -¿S-sucede algo?

El rubio alcanzó la distancia suficiente como para que las miradas de ambos jóvenes se elevaran para apreciarlo más cómodamente. No parecía tener intenciones de decir algo, aunque por un momento la castaña creyó que gritaría, sus labios parecían contener algo que desconocía por completo. Se levantó en compañía de Michael, enfrentando con un poco más de confianza la actitud que había tomado sorpresivamente el Ishida.

-¿Qué pasa?- preguntó con un tono suave, pero en vez de recibir respuesta, Yamato apartó su mirada de la de ella para luego mirar fríamente al extranjero.

-Tenemos ensayo…- habló de forma tan seca que casi Mimi pudo sentir escalofríos –Lamento interrumpir, pero Tachikawa debe ensayar.

-Ah, comprendo… ¡Está bien!- la respuesta relajada de Michael de cierta forma tuvo un efecto en su compañero de cuarto, pues la bocanada de aire que había tomado dio mucho en qué pensar –Supongo que nos vemos mañana.

-S-Sí…

La castaña confirmó a duras penas, interponiéndose disimuladamente entre Yamato y Michael presintiendo que así podría evitar un desastre. Contempló un poco triste como esté ese alejaba de ellos, animándola un poco al verlo voltear y recibir una sonrisa de su parte. No podía evitarlo, pero sentirse alejada de él después de aquel momento compartido le hizo soltar un suspiro, ¿Cómo es que algo bueno haya durado tan poco?

Un segundo después, reaccionó.

-¡Oye!- llamó la castaña volteándose a ver a Yamato, quien se había alejado unos pasos como dando por hecho que ella le seguiría -¿A dónde crees que vas?

-Ensayar. No pensarás practicar nuestras escenas en medio del pasillo.

-¡Obvio que no!- tomando su bolso del suelo y siguiendo su paso, un poco descontenta -¿Puedo preguntar que fue eso?

-No.

-Ok, te lo exijo entonces.

-¿Qué?

-¿Por qué le hablaste así a Michael?- tratando de alcanzarlo.

-¿Cómo?

-¡Tú sabes!- regañó, ahora igualando su paso.

-No, no lo sé…

-¡OYEME!

La castaña corrió unos pasos para así obstaculizar el camino del Ishida, estirando los brazos para darle a ver que no pretendía dejarle pasar.

-¿Ahora qué…?- cansado.

-No pretendo tolerar como evades mis preguntas, Matt… Así que, por las buenas, responde.

-¿Y qué se supone qué harás? ¿Alguna tortura?- se burló, cruzándose de brazos, paciente.

-¡Pues, soy capaz!- bufó -¿Por qué rayos te comportaste tan frío con Michael?

La sonrisa burlona del rubio desapareció apenas la castaña nombró al chico, confirmando las sospechas de ella. ¡Lo sabía! Algo tenía en contra de él, por eso siempre se comportaba de esa forma cuando Michael estaba presente, con razón no le conseguía sentido que Yamato se ponga pesado cada vez que compartía con su amigo. ¿Pero por qué? ¡Si Jhonnson era todo un amor! En definitivo, Matt era una persona verdaderamente difícil, mira que odiar a alguien como su querido amor secreto es de Grinch's. ¡Hay de él si se le ocurre hacerle algo!

-¿Y bien?

Yamato suspiró, vencido.

-No me cae.

-Eso está más que claro- respondió sarcástica –'Por qué' es mi pregunta.

-¡Porque no me cae, y ya!

-¡No tiene lógica esa actitud!

-¡¿Desde cuándo se necesita de lógica cuando alguien es insoportable?

-¡Desde que ESA persona NO es insoportable!

Mimi cerró los puños y Matt dejó a ver su vena en la sien. Parecían a punto de explotar.

-No comprendo porque lo defiendes tanto… ¡Se suponía que…!- cayó y miró a su alrededor, gracias al cielo todos estaban en exámenes, siendo ellos los únicos afuera al terminar de primero- …Se suponía que querías que no te descubriera.

-Lo defiendo porque es mi amigo. Y eso fue antes enfrentarlo, Michael no es como crees.- recordó la castaña, con certeza.

-¿Entonces para qué demonios me pediste mi ayuda?

-¡Porque estaba asustada!- gritando en susurro.

-¡UY, SÍ! ¡Bien asustada estabas que andabas muy melosa dedicándose poemas hace rato!- imitando a la castaña, tratando de no subir la voz.

-¡¿Estabas espiando?

-¡Claro que no!

-¡Lo estabas!

-¡Que no!

-¡ARGH! ¡No lo puedo creer!- dándole una patada al suelo, repitiendo el misma escena de siempre -¡ERES UN METICHE!

-¡¿UN QUÉ?- incrédulo -¡YO NO SOY UN…!

-¡Oigan! Están en un pasillo, no en un campo de boxeo- regañó un profesor, sorprendiéndolos -¿Se puede saber que es tanto alboroto?

-N-Nada, profesor…- respondieron ambos a la vez, bajando la mirada apenados.

-Más les vale terminar con esto sino quieren que les levante un acta. Agradezcan que no los consiguiera a golpes porque les salía expulsión.

-Sí, profesor…- nuevamente.

-Estos chicos de hoy en día…

Apenas el docente desapareció retomaron la mirada fría entre ambos, dando a ver que un simple sermón de un profesor calvo y regordete no era suficiente para detener su descontento.

-¿Así es como me agradeces que evite que te descubran?

-Gracias, pero realmente no necesito tu ayuda… Me las puedo arreglar sola.

-Después no vengas llorando pidiendo mi auxilio.

-Créeme, lo último que quiero sobre todas las cosas es PEDIRTE algo. Ya tengo suficiente tener que deberte por cuidarme cuando estuve enferma, y siéndote sincera no hay cosa que me haya frustrado más que eso desde que pise este instituto.

Yamato apretó las manos, agudizando la mirada.

-Eres una malcriada.

-Y tú un antipático, grosero y maleducado. Deberías aprender a ser como Michael, quizás así consigas más amigos, y una novia que te enseñe a tratar a las mujeres. Eso, si ya no te dejaron por ser tan jodidamente estúpido.

Las pupilas del rubio se dilataron notoriamente, para luego dar a entrar una mirada frívola y llena de indiferencia que atravesó cada hueso de la castaña. No pudo evitar sentir escalofríos apenas esa mirada se plantó sobre ella, y más jurar que si las miradas mataran ya estaría sin pulso en el suelo. Esperó cualquier cosa, de verdad que sí. Hasta creyó que en cualquier momento Yamato le propinaría un puño en la nariz, rompiendo con toda regla moral de que a las mujeres no se les golpea. Esperó por esos tres largos segundos cualquier tipo de reacción móvil o audible, pero nada vino. Todo lo contrario, tras haberle dedicado la mirada más significativa y vacía, se dio la media vuelta, caminando lentamente por el pasillo hasta desaparecer en el primer cruce.

Mimi, inconscientemente movió sus labios con intención de llamarlo, y hasta un paso le animó en seguirlo. Pero no se movió. Quizás tenga peluca, quizás tenga un falso nombre masculino, pero su dignidad femenina era como la de nadie, y algo que siempre le había dicho su madre era que nunca se rebaje por un hombre. Y ella no debía seguirlo, no, no. Él fue el que falló, primero tratando mal sin razón coherente a Michael, segundo por expiarlos, y tercero por decirle todas esas cosas. ¡Lo tenía bien merecido, más bien! Y ciertamente, NO se va a arrepentir.

No, claro que no.

Ni un poquito.

Nop.

Que no.

"Demonios…"


-¡Trampa! ¡Haz hecho trampa!

-No hables disparates, Yagami…- se excusó el pelinegro, agarrando las ganancias del centro.

Normalmente, cada vez que tenían horas libres, los chicos se reúnen en los pasillos menos transitados para jugar un poco de Poker. Esta costumbre fue planteada por Tokumori, amante de los juegos, que en compañía de la banda y de Yagami hacían apuestas con sus ahorros. Era una rastrera forma de distraerse, y mucho más ahora que estaban en pruebas finales. Hay materias que no compartían con Tachikawa, por lo tanto aún le quedaban algunos exámenes, y si bien sabemos como son sus personalidades, en vez de gastar su tiempo en repasar nunca les viene mal un juego de Poker.

-¡Pero haz hecho trampa!

A pesar de que Yagami termine histérico.

-¿Cómo estás tan seguro?- retó Shitsuya, revolviendo las cartas con rostro serio.

-¡Simplemente lo sé!

-Ya déjalo, Taichi…- opinó aburrido Sato, aquel joven de cabello trenzado cual siempre adornaba con un gorro de invierno.

-Cierto, ya es cosa vieja que Tokumori es un tramposo…

El pelinegro miró ofendido a Louis, quien volvió a jugar con las baquetas de su instrumento.

-No soy tramposo, ¿Con qué derecho?

-Bah, si ya sabemos que siempre escondes una carta bajo la manga- agregó Sato, indiferente –Y literalmente.

-¡¿Qué?- Yagami se levantó inmediato saltándole encima a su compañero, evitando a toda costa sus patadas y así alcanzando las mangas de su chaqueta -¡ERES UN CAPULLO!- le gritó tras descubrir dos cartas, ambas Ases.

-¡No sé de donde ha salido eso!

-¡No jodas! ¡Ya se me hacía extraño que vistieras chaqueta nada más en estos juegos…!

-¡He dicho que no sé de donde salió eso!

-¡Eres un rastrero, Shitsuya!

Sato y el rubio de ojos marrones observaban acostumbrados la escena, lo único que les extrañaba como era que Taichi se había tardado tanto en descubrirlo. Se encogieron de hombros apenas Tokumori le dio una patada al estómago del moreno, escuchando cada insulto que se dedicaban y que a la final no harán cuenta de ello.

-Ohm… Hola.

Los sobrantes de la pelea voltearon al escuchar aquella familiar voz, encontrándose con aquel extraño estudiante que muchas veces ha compartido con Ishida. El moreno y su rival de juego aún estaban absortos en la trifulca, ignorando totalmente la visita de la castaña y quien los miraba un poco extrañada.

-Vaya, Tachikawa… no sabíamos que estabas ahí. Ven, siéntate- invitó Sato, haciéndose a un lado en el piso y así permitir que la ojimiel se sentara entre él y Louis -¿Qué tal te fue en los exámenes?

-Bien… Qué… ¿Qué les sucede a esos dos?

-Bah, problemas matrimoniales… Tú sabes cómo son- explico el rubio, prosiguiendo con su batería imaginaria.

-¿Taichi descubrió la trampa de Tokumori?

-Es correcto. Cielos, hasta tú… Como se ve que el negro es un despistado.

-Sí… Oigan- bajó su mirada algo apenada, tratando de evadir su preocupación por cierta persona, pero era imposible al tener el gusanito carcomiéndole la conciencia, como si hubiese cometido algo muy muy malo, sin importar quién sea el culpable de aquella discusión -¿Han visto a…Yamato?

-¿Eh? ¿No estaba contigo?

-Cierto- rectificó Louis –Él dijo que iba a ensayar contigo.

-Oh, bueno… respecto a eso…

-¡Maru-chan!

La escena ante Mimi era ciertamente cómica, pues, sino hubiese sido por Tokumori, Tai ni sabría su presencia. El moreno se encontraba encima de su compañero tratando de quitarle la chaqueta a toda costa, mientras que el pelinegro mantenía el cuerpo del chico suspendido gracias a sus piernas, manchando un poco la camisa blanca de Yagami gracias a sus sucias suelas de zapato. Tras reconocer su presencia, casi de inmediato Taichi se separó sacudiendo sus ropas, no sin antes darle una ligera patada a su amigo en la cabeza.

-¡Agh! ¡Bastó que llegara Tachikawa para que madures, ¿No?

-¡Que te den, Tokumori!- se acomodó en frente de la castaña, un poco preocupado -¿Cómo te sientes?

-Bien, bien… Esto… ¿Tienen idea de donde podría estar Yamato?

-¿Yama? ¿Qué no estaba contigo?

-Eso pregunté… Nosotros le habíamos propuesto para jugar Poker, Tachikawa, pero dijo que tenía que ensayar contigo- explicó Sato, extrañado.

-Oh, ya veo…

-¿Por qué? ¿Pasó algo?- la mirada seria que plantaron todos los chicos sobre ella solo logró ponerle nerviosa, ¿Qué podría decir? ¿Qué sí? ¿Qué sí había pasado algo que era culpa del Ishida pero que le hacía sentir culpable a ella? ¡Ni sabía porque había venido para acá! Si bien podría haberse regresado a su habitación y ducharse, ya luego en la noche hablaría con él y le exigiría una disculpa, obvio –Eh, Tachikawa…

Claro, eso haría si no tuviera el presentimiento de que Yamato Ishida estaba realmente molesto y que exigirle una disculpa vendría como una cereza sobre el postre.

-Bueno…- inició nerviosa.

-¿Qué carajos le habrás dicho esta vez?

-¡¿Eh?- roja, cruzándose de brazos molesta -¡¿Cómo que dije esta vez? ¡Si él fue el idiota!

-¡Oh, pelearon!

-¡YO NO HE DICHO ESO!

-Anda ya, que ya pusiste en evidencia que discutieron de nuevo… Y por esa mirada seguro fue que la embarraste otra vez.

-¿Otra vez?- cuestionó Sato en compañía de Louis, ignorantes de la conversación.

-Seeh… verás, el primer día de clases de Tachikawa también tuvieron una discusión, solo que esa vez Maru-chan le dijo a Yamato que seguro estudiaba aquí porque nadie lo quería en su familia…

-¡UUUUUUUH!

-¡Carajo, Tokumori! ¡No tenías que haber contado eso!

-A ver, cuéntanos… ¿En qué humillaste al catire esta vez?

-¡EN NADA!- molesta -¡Sois unos metiches! ¡No es mi culpa que él sea tan susceptible!

-En realidad… si lo ofendiste es porque realmente el insensible eres tú. Tienes la misma mirada de culpable que aquel día, y si has venido hasta nosotros es porque quizás esta vez no te perdone- analizó el pelinegro, ante las expresiones de sorpresa de sus otros compañeros.

-¡En ese caso haber venido aquí a sido un error! ¡ME VOY!

-Vamos, Miso… No te enojes, solo queremos saber- le detuvo Yagami, un poco preocupado.

-¡Pues parece que lo único que quieren es joderme!

-Anda, anda… relájate… Te estás poniendo de la misma manera que aquel día, en el teatro del instituto. De a poco nos botan por tu culpa.

-¡Ah! Con que eras tú aquel gritón…- recordó riendo Louis.

-Ahora, ¿Qué pasó?

Mimi dudó, lo pensó dos veces, la verdad no se podía fiar del todo de estos muchachos. La primera vez que sucedió algo así se sintió verdaderamente culpable, y sus concejos no la ayudaron mucho que digamos. En realidad, nunca se disculpó con Yamato después de ese día. La razón por la cual volvieron a hablarse fue porque él descubrió su secreto, y ciertamente no intercambiaron muchas palabras en aquel momento, más bien… ¿Por qué había accedido en no descubrirla ante los demás? Pudo haberlo hecho, aquellas crueles pero inocentes palabras que le había dicho eran razón suficiente para haberlo hecho. Y aún así, aún sin haberse disculpado nunca por aquel incidente, Yamato le había ayudado, le había acompañado cuando lo necesitaba, y la había cuidado día y noche.

Se mordió el labio, sintiendo la culpa crecer a pesar de no tener idea del por qué.

-Primero que nada…- empezó, hasta que una voz interrumpió la conversación.

-Chicos…

Todas las miradas se centraron a unos cuantos metros detrás de la castaña, ella aún sin voltear al sentir la piel de gallina por reconocer aquella voz. Los rostros de sus compañeros estaban sorprendidos, conscientes de que el protagonista del cuchicheo se veía diferente, no por vestuario, no por peinado, eran sus ojos los que revelaban que cualquier pregunta respecto a su ánimo causará una muerte no natural.

Tokumori se levantó primero, sonriente, acercándose a su compañero ante las miradas expectantes de los chicos, sin incluir la de la castaña.

-Vaya, estábamos hablando de ti, Yama… ¿En donde estab…?

-Tenemos que practicar, les espero en el salón de música.

-¿Eh?- Sato se levantó también, extrañado -¿Qué ya no era necesario?

-No tengo otra cosa que hacer… Además, tenemos que hacer quedar bien al instituto después de esa estúpida obra.

-Oye, se supone que no será estúpida, recuerda que actuamos en ella, catire…- recordó un poco ofendido Shitsuya, con intención de poner su mano sobre el hombro del rubio, pero este, sin más ni más, la apartó bruscamente.

-Yo no estaré en esa estúpida obra.

¿Qué?

-¡¿De qué hablas? ¡¿Quién hará de Romeo ahora?- preguntó preocupado esta vez Yagami, levantándose pero sin apartarse de Tachikawa.

-No sé, ni me interesa…- encogiéndose de hombros –No pienso pasar vergüenza.

¿Por…qué…?

-¡Pero…! ¡¿Qué hay de Tachikawa? ¡No puedes dejarle solo en esto!

-¿Ah no…?- preguntó frívolo, invocando telepáticamente la mirada de la castaña, quien apenada y nerviosa, le respondió con sus ojos color miel más abiertos de lo común –Mírenme.

Tras esto, se fue.

Simplemente se fue.

-¿Qué rayos…?- Tokumori se rascó confundido la cabeza, sin entender ni una milésima de lo que había ocurrido -¿Qué ha sido todo aquello?

Tras esto, todos voltearon a ver a Tachikawa.

-Yo…- nerviosa –Bueno… yo…

-Será mejor que Louis y yo vayamos… no parecía estar acorde- opinó Sato, tomando sus pertenencias del suelo y siguiendo el paso del Ishida en compañía de Louis –Nos vemos luego.

-Miso- Taichi se agachó en frente de ella, preocupado, obligándole a verle a los ojos -¿Qué pasó entre Ishida y tú?

-Nada… O sea, él fue quien me sacó de mis casillas y…

-¿Pero qué le dijiste?- insistió Tokumori, con la misma expresión.

-Bueno… yo…- respiró profundo, buscando fuerzas para decirlo, temiendo que realmente había metido la pata –Le dije que era un grosero, un estúpido. ¡Que debía madurar si quería tener amigos!- apretó las manos, recordando lo mucho que se había molestado en aquel momento, para luego volver a ver en su mente la mirada vacía que le había dado el rubio tras decirle lo siguiente –Y que seguro su novia lo abandonó por ser un idiota.

Y como si eso hubiese sido el detonante de todo esto, Tai y Tokumori soltaron un suave "Oh", eso sin agregarle las expresiones de atónitos que tenían. Mimi sintió su pecho comprimirse a pesar de no saber qué tenía de malo lo que había dicho. ¿Qué tan grave pudo haber sido? Y si su novia le dejó, ¿Qué? ¡A todos nos ha pasado algo así! ¡Nadie va a morir por eso!

Bufó y se cruzó de brazos, apretando los labios. No, no pretendía arrepentirse ni mucho menos sentirse culpable. ¡Allá él y su estúpido ego! No lo necesitaba.

-Miso…

La castaña se extrañó subiendo su mirada hacia Tokumori, notando el semblante serio de este. Nunca antes le había llamado por su "nombre", o al menos no con aquella expresión.

-Verás…- prosiguió, recostándose contra la pared y mirando el piso –Lamento decirte que… has vuelto a acertar.

Cielos.

-Pe-pe-pero… ¡¿Qué iba a saber yo? ¡Será mi culpa que le hayan dejado!- gruñó –Además, eso prueba que es un idiota, ¡Una chica no dejaría a alguien si no fuera un idiota!

-Sí, sí… Yamato es un idiota, pero… no le dejaron por eso- ante la incógnita en la castaña, Taichi siguió.

-A Ishida lo plantaron en su propio concierto. Luego de confesar públicamente sus sentimientos, acordó en esperar a la chica en el camerino.

-La chica nunca llegó, a pesar de haber ido al concierto.

-¿Y cómo sabes que fue…? Capaz no estaba ahí y…

-Es mi mejor amiga, Miso- agregó Taichi –Y estaba conmigo cuando Yamato dijo por el micrófono que la amaba.

Oh…

Doble cielos.


Esperó a que sus compañeros de banda abandonaran el salón, y así al fin, suspiró.

Luego de aquel incidente no había intercambiado palabra alguna con Tachikawa. En realidad, ni le había visto, pues ayer no había llegado a dormir a su habitación, compartiendo alcoba con Sato y Louis. La verdad, tenía intenciones de dormir en su cama, pero el coraje aún no había sido apaciguado, y eso que ya había pasado un día y que se supone debería ser suficiente. Pero estaba seguro que así pase una semana no podrá calmarse, estar en cualquier sitio en donde también este Mimi solo hará arder troya, y ciertamente no tenía ganas ni de verle el rastro.

Cierto, ella no lo sabía… Ella no tiene idea de nada ya que nunca se ha molestado en contarle, y conociendo a sus compañeros ninguno se atrevería a decirle. Entonces, si ella es realmente inocente en este asunto, ¿Por qué se molestaba tanto?

"¿Será porque la persona de la que estás enamorado te dijo, sin rodeos, que ninguna chica se fijaría en ti?

Ó…

¿Porque definieron a Michael como el chico perfecto en tu cara?"

Sea cual sea estaba cabreado, y mucho.

Tomó el forro de su guitarra y se la guindó al hombro, sosteniéndola fuertemente. Había terminado un innecesario ensayo, pero sabía que sus compañeros accedían en practicar para ayudarle a distraerse. No tenía idea de que tanto sabían ellos del problema, pero alguna idea deberían tener, eso si ya Taichi o Tokumori ya sabían. Conociendo lo insistentes que son ya le habrían sacado todo a Tachikawa, y por consecuente, confesado porque Yamato Ishida estaba tan encabronado. Y si así fuera el caso la vena le palpitaba aún más, ya que la malcriadita esa no ha tenido la decencia de reportarse y ofrecerle una merecida disculpa.

Claro, ya había declarado la guerra. Así que por muy rodillas que ella se ponga, no le perdonaría. Se ha pasado, niegue quien lo niegue. Nadie ha salido ileso tras haber herido su orgullo, y por los santos, ella no solo había herido gravemente su ego, orgullo, dignidad.

Había destrozado su corazón.

Gruñó por lo bajo, haciéndose el desentendido, creyéndose invencible. Ella no era nadie, realmente no lo era. Su personalidad, su actitud, su forma de hablar, ¡Todo chocaba con él! No entendía como pudo haberse fijado en ella, si siempre había odiado a las chicas de su tipo. Siempre tercas y malcriadas, superficiales, hijas de papá y mamá, ¡Era un jodido dolor de cabeza y él enamorado de ella! Es absurdo… ¡Absurdo!

Caminó con más brusquedad, como si con eso pudiera abrir hoyos en la tierra con cada paso.

Demonios. Estaba encabronado.

¡Necesitaba golpear algo!

-¡AGH!- lanzó un fuerte golpe a la pared, sintiendo su mano arder -¡MALDITA SEA!

Su puño aún se encontraba presionado contra la pared. Y aún así, nada de lo que sentía parecía calmarse.

-¿Estás bien?

Aquella voz lo tomó por sorprendido, sintiendo sus dientes apretarse casi por instinto. Genial. Solo cuando menos lo llamaban ÉL aparecía, y por lo que podría calcular debía tener un semblante preocupado en su carita de niño bueno, a él no lo engañaba, sabía que algo escondía ese tal Michael Jhonnson, por muy inocente que aparente. Sin importar lo que digan los demás no le cae y no le caerá, punto. Y ciertamente menos lo hará en este preciso instante.

Bajó la mano a su costado, sin verle la cara. Era el peor momento para entablar dos o tres palabras con él, estaba seguro que a la primera la pared sería el extranjerito, y la verdad, con el mal humor que le carcomía mínimo lo dejará en terapia intensiva, en serio. Debía alejarse, por el mismísimo bien de él, a pesar de haber soñado siempre con estamparle un soberano golpe en la nariz sin razón alguna. Así que, tras suspirar profundamente y conteniendo las ganas, dio un paso al frente y lejos de él.

-Yamato… detente.

Realmente, hoy no era su día de suerte.

-¿Qué quieres?

-¿Por qué te caigo tan mal? ¿Acaso te he hecho algo?

-No- respondió seco –Simplemente me caes mal.

-Vaya, ¿Debo sentirme especial por eso?

El Ishida volteó a verlo, sorprendido.

-No te soy indiferente, por lo tanto debe haber una razón en especial por la que te caigo mal.

-No, no la hay.

-¿Seguro?- continuo, ignorando por completo la poca confianza que tenían ambos -¿O acaso Tachikawa no cuenta como una?

Bastó y sobró para que la mirada del Yamato se agudizara, para luego aproximarse lentamente a su rival y plantarse con seguridad en frente de él.

-No sé qué mierda querrás de Tachikawa, sé que no eres sincero con él, pero la verdad ya no me importa, hagáis lo que queráis- con intención de marcharse, y dar por terminada aquella conversación.

-Ciertamente… sí te importa, y más aún cuando estás enamorado de ella.

"¡OH, MIERDA!"

-¡¿Q-Qué…?- impactado, estudiando la expresión seria del extranjero quien le miraba con suma tranquilidad.

-¿Qué te confunde? ¿Qué sepa que estás enamorado de ella? ¿Ó que sepa que Miso realmente es Mimi?

Sinceramente, esto no tendría por qué estar pasando.

Hubo un tenso silencio entre ambos por lo siguientes segundos, sin apartar la mirada ni mucho menos el ambiente retador que les rodeaba. Yamato había quedado sin habla, ni tenía el ingenio para evadir aquellas acertadas suposiciones. Estaba más que claro que Michael sabía con pruebas que Miso Tachikawa era realmente una chica disfrazada de estudiante masculino, y para embarrarla más, tenía toda la certeza de que se trataba de ella, de Mimi, con la cual estudió. Tenía todas las de perder si planeaba proteger la identidad de Tachikawa…

Pero no pretendía permitir que él saboteara su estadía en Japón, por muy molesto que pueda estar con ella.

-Es obvio que no puedo negar su verdadera identidad- respondió al fin Yamato, muy serio, retomando la seguridad que había perdido tras escuchar aquella confesión –Pero no te dejaré joder su vida… Juró que te romperé la boca si pretendes decirle a alguien más sobre su secreto.

-Je…- rió, sin perder su actitud tranquila, acomodando en su regazo algunas libretas que le habían pedido buscar –Dudo que me creas, pero todo lo contrario… lo que más quiero es que no la descubran.

-¿Eh?

-Mimi y yo estudiamos juntos unos cuantos años, por lo tanto terminamos siendo cercanos…- Matt pudo descubrir la nostalgia con la cual relataba el extranjero, la serenidad había desaparecido para dar lugar a un brillo en sus ojos celestes, un brillo que podía jurar que era similar al de él cada vez que pensaban en la misma persona –Ella es una persona increíble, ¿Sabes? Yo era un poco débil, normalmente se metían conmigo por mi cabello, pero ella siempre salía a defenderme- recordó riendo un poco –Adoraba ese lado de ella, me contagiaba su ánimo, y cada vez que sonreía me sentía feliz. Hasta que empezaron a dejarla sola…

-¿Quiénes…?

-Sus padres.

Siguió escuchando atentamente cada palabra, armando poco a poco el rompecabezas que se le plantó ante él.

-Ella era muy feliz hasta que sus papás empezaron a dedicarle más tiempo a los negocios. A veces se olvidaban de ella en el colegio, de sus cumpleaños… Recuerdo el día en que le tocó cantar en un recital, le dedicó la canción a sus padres, y cuando los buscó con la mirada y no los consiguió se puso a llorar y a cantar a la vez- contó apagado, mirando el suelo –La vez que le tocó mudarse fue imprevista, y desde ese entonces más nunca la volví a ver.

-¿Por qué me cuentas todo esto?

-Porque esa es la razón por la cual no quiero que la descubran…- respondió con certeza –Primera vez, desde la última vez que la vi, la veo sonreír tanto. No te imagines lo feliz que me hizo sentir escuchar su risa. No sabes lo mucho que sufrió…

Y por un pequeño instante, la imagen de una caja de anti depresivos vino a su mente.

-¿Y te parece eso razón suficiente para hacerse pasar por un chico?- retó enfadado, no creyéndoselo del todo –Tus papás son conocidos de los de ella, tranquilamente puedes hacerle terminar esta farsa y así ella tener una vida normal.

-¿Tú lo harías?

-¿Eh?

-¿Tú permitirías que la descubrieran y la regresaran a USA? Ella estará sola allá, se ha mudado muchísimas veces que no tiene amigos, y sus padres prefieren mil veces darle lujos que amor. ¿Quieres que ella vuelva a esa vida?

-N-no…

-Su sonrisa es una luz en un túnel para mí, Yamato… Daría lo que sea por ella. Y sé que tú también, ¿Ó me equivoco?

Sin respuesta de inmediata, Ishida desvió la mirada, sonrojado.

-Si sabes su identidad… ¿Por qué no se lo dices?

-Porque conociendo lo histérica que se pondría armaría un embrollo- soltó sonriente –Además, extrañaba nuestra naturalidad, la de nuestra amistad… y estoy seguro que si lo hago no podré evitar confesarle también lo que siento por ella.

-Ya… veo…- sorprendido, sintiendo un poco de temor por ello. ¿Pero que más daba? Si a la final Mimi lo prefería a él, a Michael, al príncipe azul y no al típico sapo embrujado. No lo elegiría a él. No valía la pena luchar, ni mucho menos por mantener este sentimiento, odiaba perder, y más aún odiaba perder una batalla aún sin haberla iniciado -¿Qué te impide?

Michael levantó sus cejas, en señal de incredulidad.

-¿Qué me impide?

-Sí. Hacen la pareja perfecta.

-Sí, puede ser…- sonrió –Pero lamentándolo mucho no puedo hacerlo cuando ella puede dudar.

Y antes de que Yamato pueda decir algo, Michael prosiguió.

-No me preocupa este ambiente, ni el hecho de que ella tenga que ocultarse siempre… Me preocupas tú.

-¿Y-Yo?

-Siempre estas cerca de ella, y si no eres tú, es ella quien está cerca de ti. Son inseparables, no puedo luchar contra eso.

-¿De qué estás hablando?- confundido –Solo somos compañeros de cuarto, ¡Ni nos soportamos!

-Pero la amas… y no es por nada, pero me siento celoso. La necesidad de ella por estar cerca de ti, más por impresionarte y hacerte parte de su vida… ojalá ella haya hecho esas cosas por mí.

Su corazón empezó a latir rápidamente, recordando por un instante todos aquellos momentos en los cuales estuvo al lado de la castaña. Era cierto, así sea peleando o en silencio, siempre estaban juntos. Fuera del salón, fuera de la habitación, y aún fuera de la obra, siempre se hacían compañía, y sinceramente aquello le reconfortó. Sus sonrisas, sus patadas, todo en ella poco a poco fue acaparando con cada momento de sus días, y había sido un ciego para darse cuenta a estas alturas. ¿Por qué razón ella siempre terminaba cerca de él? Su indiferencia, su frialdad, sus comentarios sarcásticos, nada de eso fue suficiente como para alejarla… ¿Por qué seguía a su lado, aún con lo antipático que había sido con ella?

-No sé qué ocurrió entre ustedes dos… Traté de averiguarlo para así animar a Tachikawa, pero no me quiso decir nada. De lo único que me enteré es que rechazaste a última hora ser Romeo. Por lo que…

Michael, esta vez serio, se acercó más a él para ser claramente oído.

-Tomé tu lugar en la obra. Si vuelves a flaquear, también tomaré el lugar que estás desperdiciando… Y créeme que ahí la perderás por completo.


Abrió la puerta de su habitación para luego entrar cansada a esta, cerrándola tras de sí. Prendió la luz encontrándose una vez más dos camas vacías, sin el sonido de la ducha que pueda evidenciar alguna presencia, ni mucho menos algún rastro de él. Quizás había venido a eso de la tarde, mientras ella ensayaba para la obra. Su almohada no estaba y su armario pareció haber sido tocado, seguro vino por ropa nueva, ya que aún parecía estar enojado con ella como para dormir en el mismo sitio. Suspiró, un poco desanimada con la idea de dormir otra noche sola, siendo algo tan irónico cuando al principio, cuando puso el primer pie en este instituto, quiso con todas sus fuerzas una habitación para ella sola.

Definitivamente, la había cagado.

Y no se le ocurría nada para remendar su error.

Se sacó los zapatos y directamente se acostó en su cama, sin pensar en ponerse su pijama. Se sentía tan estúpida… ¿Cómo ha sido capaz de meter la pata dos veces? ¡Y con la misma persona! Primera vez que le pasaba algo así, pero es que ¡UY! Yamato podría sacarte de sí, es realmente frustrante discutir con él. Nunca antes había tenido tantas diferencias con alguien, era tan frío, apático, ¡Y para rematar un verdadero pervertido cuando se lo proponía! Es todo lo contrario a ella, siempre odió a las personas así, que parecen siempre tener algo en contra del mundo, antisociales… y que se creen lo suficientemente grandes como para no necesitar a nadie. ¡Es un egocéntrico de mierda!

Pero, a pesar de ello, se sentía jodidamente culpable. Más ahora cuando debía ensayar con Michael en vez con Yamato… ¿Qué si no le pone nerviosa? Debería, su Romeo ahora en adelante será su amor secreto, pero comparado a lo que había sucedido, no parecía causar efecto alguno en ella. Al parecer, cada vez que tenía algún problema serio con Matt sus piernas de gelatina y las mariposas en el estómago desaparecen al estar cerca de Michael. No podía evitar sentirse frustrada cuando su único amigo, aliado, se encontraba molesto con ella. Y no es que Yamato sea alguien que necesite en su vida, pero sí era especial para ella. Siempre estaba ahí cuando le necesitaba… y le echaba una mano en todo aún cuando ella no se lo pedía. Quería odiarlo, pero eso sería buscar una excusa. Por muy idiota que él pueda ser, tenía sentimientos… y nadie merece que le recuerden cuan duro es su pasado. Y ella, muy inteligentemente, le había abierto heridas cicatrizadas, y de la forma más cruel. ¡Las palabras son el peor arma! Y no tuvo la mínima consideración en callarse y al menos por una vez en su vida perder una discusión.

Se mordió la lengua, como si con ello pudiera castigarse, pero ya el remordimiento de conciencia estaba haciendo de las suyas. Seguro no podría dormir tampoco hoy, a tan pocos días de la obra… de la obra que él ya no estará por culpa de su bendita lengua.

Demonios…

-¿Cuánto daño te habrán hecho, Matt?- soltó por lo bajo, con los ojos ligeramente rojos y con algunas lágrimas amontonándose –Tu padre falleció, tu madre te abandonó, y no solo eso, la chica que amabas también lo hizo.

Un pinchazo hizo sentir a su corazón. Recordándole lo cruel que había sido.

Primero su familia, luego la persona que amaba…

Sora…

"Mimi bajó la mirada avergonzada, sin poder definir el peso que se había instalado sobre sus hombros. ¿Cómo pudo haber sido tan desconsiderada? Ella no tenía el derecho de decir esas cosas, no conocía realmente a Matt, y ya era la segunda vez que cometía el mismo error, ¡No se podía ser tan cruel!

-Debo irme… Soy el único que sabe domar a la bestia, así que nos veremos- se despidió Tokumori, alejándose un poco –Y no te sientas tan mal por hacerle miserable la vida a Yama, Maru-chan… Es normal que algunas personas sean más cagonas que otras.

-¡No me ayudas en lo absoluto, Tokumori!

-¡Jaja, nos vemos!

Tras quedar Taichi y la castaña a solas, Mimi soltó un largo suspiro.

-No le hagas caso, sabes cómo es su humor…

-Sí, muy negro.

-Jeje, pero es su forma indirecta de animarte. Relájate, ya pensaremos en algo.

Le ayudó a levantarse, caminando ambos al mismo ritmo por el pasillo en dirección a los dormitorios.

-Tai…

-¿Hmn…?

-¿Quién era ella?

-Se… llama Sora, estudiamos juntos hasta que mis papás decidieron meterme en este instituto.

-Ya veo… ¿Y cómo se conocieron ella y él?

-Pues, la verdad fue gracias a mí…- confesó bajando la mirada –Ella me gustaba.

-¡¿Eh?

-Jeje, no te alarmes, a la final resultó ser un cariño infantil… además, ella eligió a Yamato sobre mí- contó nostálgico –La invité a verme en un partido importante, me sentí muy feliz al verla en las gradas animándome, y porque no quería dejarla sola le pedí a Yama que la acompañara mientras jugara en el partido.

Hizo una pausa, para luego sonreír vencido.

-Cuando terminó, descubrí la forma en que ella le miraba a él, y viceversa… creo que fue amor a primera vista.

-Oh… Lo lamento.

-¡No, no! La verdad al principio me encabroné mucho, pero bueno, así es la vida… no siempre se gana, no siempre se pierde. Me gustaba verla feliz, y ella lo era al lado de él. Todos los fines de semana Yamato tenía una cita con ella, nunca olvidaré la vez en que nos confesó que la amaba, y que el día del concierto lo diría públicamente. Claro, idea de Tokumori, con lo romanticón que es él…

-¡Quizás por eso se sintió cohibida!- justificó Tachikawa, con una ligera esperanza –Puede que ella le dio vergüenza responder en ese momento… puede que…

-Si realmente hubiese sido así, Miso… ¿No crees que hubiese sido correcto que le visitara al día siguiente o le llamara? Al menos para encararle y decirle que no compartía sus sentimientos.

-Yo…

-Ella es una buena persona- continuó con la mirada al frente, siendo escuchado atentamente por la castaña –Siempre piensa en el bienestar de los demás. Varias veces le apodé Magdalena… era sorprendente su iniciativa por ayudar, así sea a personas que no conozca. Pero aún así…- silencio -…Nunca entenderé porque dejó plantado a Yamato de esa manera, sabiendo lo que él sentía por ella.

-Y… ¿No trataron de averiguarlo ustedes mismos?

-Yo lo hice… y lo único que me dijo es que hiciera que Yamato la olvidara.

Mimi sintió comprimir su corazón, imaginando por un segundo el rostro dolido del rubio tras esperar y esperar por la llegada de aquella joven llamada Sora. Si no hubiese sido por la definición de Tai la hubiese imaginado como una chica pretensiosa y cruel, pero creer que era tan buena y aún así había herido tanto a Yamato la desconcertaba. ¿Por qué razón le dejaría plantado? Por más que quisiera creer otra cosa, sabía que no se lo merecía.

-Es por eso que reaccionó así, Miso… Él amaba a Sora, y aún la herida sigue ahí. No solo su familia le dio la espalda, sino la única chica a la que le había confesado sus sentimientos.

Cerró los ojos, sintiendo el sueño pesarle.

Sintiendo una pequeña lágrima por la mejilla resbalarle.


..To be continue…


Comentarios de la autora:

¡JAJA! ¡Verso sin esfuerzo! xD

Hola mis queridos lectores… ¡Cuánto tiempo! ¡Sí, sí! Ya es demás que venga a ponerme de rodillas como suelo a hacerlo para pedir disculpas por mi tardanza xD Pero sí pido disculpas, ya que nadie se merece dejar cortado por tanto tiempo, ¡Que cruel soy! Pero bueno, este capítulo no es suficiente como para remendar mi irresponsabilidad, ya que muy poco tiene de Mimato, o al menos más indirecto. Pero prometo alegrarlos con lo que viene a continuación…

¡EL SIGUIENTE CAPITULO YA ESTA LISTO!

¡JUJU! ¡AJÁ! ¡OH SÍ! –baile de victoria- ¡Andsi promete ser puntual! ¡AUNQUE USTED, NO LO CREA! Jaja xD

Estoy muy loca, ya deben de saberlo.

Adivinen mis queriditos… ¡HE PASADO AL 5TO SEMESTRE EXITOSAMENTE! OH YEAH! ¡Cuanta emoción! Tendré de vacaciones solamente un mes, y como tengo la inspiración a millón no solo tengo este capítulo listo en menos de una semana, ¡SINO DOS! Enhorabuena, ¿No? Me siento realizada xD Jaja.

En fin, quiero agradecerles con todo mi corazón todos sus rr's, ¡Sinceramente! Me han animado como no tienen idea, ¡Tengo los mejores lectores del mundo! ¡Que orgullo! Les agradezco su apoyo y su ánimo, ¡Espero haberles contentado un poco con este capítulo!

Ahora, hablemos del tema…

Primero, sí, sí es corto, en realidad era más largo pero decidí cortarlo ahí porque me pareció el final perfecto para este cap. Una mente atormentada es suficiente para despertarnos la duda de "¿Qué pasará luego?"

Segundo, ¡Gracias a sus suposiciones no podía alargar más la intuición de Mich! ¡Carajo! Y quienes no lo hayan predicho pues, suprise! xD Pues, sí, ya nuestro adorado Mich sabía… y más que eso, confesó de una vez sus sentimientos por Mimi. ¡Aquí arderá Troya, muchachas! No, no esperen trifulca, Jhonnson –apellido que le inventé- es muy civilizado para ello… Me preocupa es Matt xD Que por cierto, bastante apapachable se vio en este capítulo, ¿No es verdad?

Tercero, para aclarar quienes conocen la identidad de Mimi, solo Yamato, Susu, Tokumori y Michael saben la verdad. Del resto maybe, i don't know, puede sorprenderlos… El único mequetrefe que no lo sabe DEFINITIVAMENTE es Taichi. Solo es para aclarar.

Cuarto, Sora… Oh, Sora… ¡Extrañaba escribir sobre ella! Si bien se dan cuenta en todas mis historias ella está presente, de alguna u otra forma. Debó anticipar que no pretendo ponerla como una bruja o como la niña perfecta en esta historia. Mis amores, si lo notan, ninguno de mis personajes es perfecto. Recuerden, un defecto puede ser una virtud, no necesariamente se tiene que ser perfecto para tener una estupenda vida.

Ah, mierda, me puse filosófica…

En fin… diría quinto, pero pretendía hacerlo como un mensaje subliminal.

Bah… ¿A quién quiero engañar?

Quinto… ¡REVIEWS! Y es que no hay otra cosa que me haga más feliz, ¡En serio!

Y depende de cuantos puede que publique el cap más pronto… ;)

Anyway!

Gracias por leer… *.*


Atte.

A n D s I