Instituto Hokkaido
By: A n D s I
Capítulo 9
"I miss my Romeo: I"
-Silencio entre orgullos…-
Finalmente.
Mañana será el día del juicio final. Ser o no ser Julieta, he ahí el dilema. Luego de este evento vendrán las vacaciones de navidad, y si no hubiese sido por los constantes comentarios de sus compañeros respecto al tema, ni se enteraría. Ha estado demasiado ocupada como para pensar en las vacaciones navideñas.
¿En qué estaba ocupada?
1, pasar desapercibida en un instituto para chicos.
2, ser la peor actriz femenina y así engañar exitosamente a todos –pues es raro ver a un hombre actuar talentosamente un personaje femenino-.
Y 3, lidiar con la culpa a la cual había apodado "Ishidalipsis".
¡¿Cómo carrizos podría pensar en vacaciones con algo así encima de ella?
Suspiró vencida, sentándose en el medio del escenario apenas todos abandonaron el auditorio.
Hoy fue el último ensayo, y que por cierto había sido verdaderamente todo un éxito. Ya estaba escrito que estaban preparados para mañana, por un instante sintió la adrenalina al ver la seriedad con la que los chicos estaban tomando esta obra. Al principio juró que iba a ser un desastre, pero sin duda alguna la disciplina del profesor Susu logró hacer algo en esos cabezas huecas. Era impresionante al ver lo mucho que se ha esmerado por hacer que su obra se lleve a cabo, y no tenía ni la más remota duda de que mañana será lo mejor del evento. ¡Los demás colegios quedarán encantados! Por muy poco creíble que suene. Pero, todos interpretaron sus papeles a la perfección, incluso Yagami, que se vio demasiado cómico con un delantal de mucama. Ya imaginaba como serían los vestuarios en sus compañeros, excepto en ella, pues aparentemente Susu planeaba algo demasiado extravagante que solo podía ser usado en el día de la obra. En varias oportunidades trató de averiguarlo, pero era obvio que debía aguantarse hasta mañana. Seguro será el hazme reír, ¿A que deberá enfrentarse?
Pudo suponer, por la creatividad de su profesor, que mínimo será un vestido pomposo color rosa, escarchado y con una corona de princesa sumamente brillante.
Y nada más una vez… deseó vestirse así.
-¡Seré una gran princesa!
-¡Jaja!
La castaña y el pequeño rubio rieron tras aquello, sentados sobre la grama del Kinder y recién acabando de desayunar juntos. Ambos, desde su último cumpleaños, siempre solían compartir demasiado y reunirse en todos los recesos, intercambiando anécdotas cómicas o jugando a ser reyes de un hermoso reino. Era increíble la química que poseían, parecían saber qué pensaba el otro, y se complementaban en cada instante.
La pequeña niña, de vestido tierno, se recostó completamente sobre la grama, siendo acompañada en el acto por el chico.
-¿Sabes qué, Mich?
-¿Qué?
-Creo que tú y yo somos almas gemelas…
-¿Ah? ¿Qué es eso?- cuestionó confundido.
-Pues, mi mamá dijo que son dos personas que están destinadas a estar juntos. Almas gemelas se refiere a que nacimos para estar cerca.
-Oh… ¿Por siempre?
-¡Claro!- agregó sonriente –Eres como mi media naranja…
-¡Ese sí lo he oído!- rió –Pero no me gustan las naranjas. ¿Qué tal si eres mi media manzana?
-¡Sí! ¡Las manzanas son ricas!
Rieron por unos minutos hasta que el silencio se volvió a dar entre ellos, apreciando el lento movimiento de nubes que se dispersaban en el cielo.
-Mimi…
-¿Sí?
-¿También seremos medias manzanas cuando seamos grandes?
-Claro, Mich…- extrañada, mirándolo.
-Que bueno… porque pienso comprarte un vestido de princesa cuando empiece a trabajar, y así podamos vivir juntos en un gran castillo.
-¿Pomposo, con mucha escarcha y rosado?- ilusionada.
-Pomposo, con mucha escarcha, y color rosado…- respondió sonriente.
Una dulce sonrisa se pintó en sus labios. Era inevitable volver a tener aquellos recuerdos en la mente cuando ahora compartía más a menudo con Michael. Hoy habían interpretado la escena del beso sin beso, ya que el profesor Susu había dicho que no era necesario. Pero por los santos, de solo pensarlo sentía que las cosquillas en su estómago se volvían locas. Se tocó sus labios, cerrando los ojos e imaginando como sería ser besada por él, seguro sería tierno… lleno de dulzura, igual que Michael. Él siempre se había mostrado de esa forma con ella, y quizás sea por eso que aquellos sentimientos buscaron lugar en su corazón. Quizás había sido una niña, quizás todo lo que sentía era infantil, pero no podía evitarlo… Michael era dueño de cada uno de sus suspiros, y aún quería creer que aquellas palabras dichas por él aquel día podrían hacerse realidad. A pesar de que todo sea una cruel ilusión.
Pues, ahora era Miso Tachikawa, y por mucho que le gustaría tener más de un aliado en este juego, no debía arriesgarse a que alguien más supiese su secreto.
Aunque sinceramente ahora es cuando más que nunca necesitaba a alguien con la suficiente confianza para desahogarse.
Volvió a suspirar, pero esta vez con un deje de tristeza en el acto. Primera vez desde que ingresó a este instituto que se sentía tan sola. No había forma de coincidir con Yamato, con lo ajetreada que se había vuelto su semana le era imposible hablar con él, pues no solo debía gastar tiempo en buscarlo, sino también en pensar las palabras adecuadas para disculparse y así, como iniciativa, tratar de remendar su error. Varias oportunidades preguntó por él, pero siempre no estaba en el sitio en que le decían, como si supiera que ella vendría por él. ¡Era tan frustrante que le causaba dolor de cabeza! Nada de esto parecía ser justo, ya que se sentía demasiado culpable por unas simples palabras que había dicho sin pensar…
"Pero, bien sabes, que a Yamato Ishida no se le puede decir cualquier cosa. Ni mucho menos recordarle lo miserable que ha sido su existencia"
Se sentía tan, pero tan IDIOTA. ¡¿Por qué tiene que pasarle esto a ella…?
¡¿Por qué…
-…Todo tiene que ser tan difícil?
-C'est la vie, Mon chéri…
La castaña dio un respingo asustada, buscando por todos lados con la mirada de donde había salido aquella voz, ¡Y con más razón luego de reconocerla!
-Here…- ubicó el hombre regordete y de baja estatura, estirando la mano desde abajo del auditorio y revelando su presencia. Era lo suficientemente bajo como para no alcanzar ni siquiera el borde del escenario. Sus cabellos rubios y lisos cortados de forma de hongo, más su mano llena de anillos raros, fue lo único que se dejó de ver, extrañando enormemente a la ojimiel -¡Oye! ¡Una manito no vendría mal, eh!
-¡OH! ¡Sí, profesor!
Inmediatamente la castaña alcanzó al hombre, tomando de su mano y ayudándole con mucha fuerza a subir. Tras un esmerado esfuerzo, ambos ya estaban sentados en el borde respirando forzosamente, ciertamente ayudar a subir a un hombre con su peso no era algo que una simple chica podría hacer.
-¡Sinceramente! ¡¿Qué les cuesta poner unas escaleras aquí en frente?- acotó molesto, cruzando los brazos y optando por una actitud infantil.
-Pero profesor Susu… ¿Por qué no tomó las escaleras de atrás…?
-Non, non… Muy lejos, además, quería comprobar tu fuerza. Tienes músculos de niña, ¿Sabes?
¡UY!
-¡Ah! J-je… E-es… ¡Genético! ¡Mi padre es un debilucho de primera!
-Podrán quemarte la lengua con esas palabras, joven Tachikawa…- regañó sutilmente el profesor, mirándola de reojo.
La castaña guardó silencio un poco incómoda. Si ha de ser sincera, cualquier encuentro privado con este hombre lo único que hacía era ponerle los pelos de punta. Parecía tener un sexto sentido, ¡Y hasta pareciera haber desarrollado la sagrada intuición femenina! Las pocas veces en las que han estado solos podría jurar que casi pudo ser descubierta. ¿O acaso que la hayan elegido JUSTO a ella para interpretar a Julieta no es suficiente advertencia? ¡Y cuando le citó en su extravagante oficina! ¡CIELOS!
-¿No se supone que deberías estar en tus aposentos? La obra será mañana, tienes que dormir lo suficiente.
-Ehm, bueno…- nerviosa, luchando para que la presencia de este hombre no le incomode –La verdad es que…
-Ah, temes encontrarte con él, ¿No?
-¿D-De quién…habla?
-Del joven Ishida, of course.
-¡¿Qué?
¡Este tío seguro le vendió el alma al diablo!
-Oh, no me engañas, Tachikawa… Tú semblante ha cambiado bastante desde que Ishida abandonó la obra, ¿Cómo pretendes que no me dé cuenta?
-¡U-U-Usted…! ¡¿Cómo puede fiarse simplemente de eso?
-¡No me grites!- dándole un coscorrón, prosiguiendo en sus deducciones mientras la castaña se sobaba la cabeza -¿Cómo puedes ser capaz de dudar de los veredictos de un dramaturgo? ¡No hay drama que no entienda! Y sin duda me huele a drama cuando Ishida y tú están en la misma frase.
-¡Claro que no!
-¡Que no me gritéis!- segundo coscorrón -¿No te enseñaron buenos modales en tu casa, pequeñajo?- suspiró, tomándose la barbilla –Ciertamente… ¿Qué habrás hecho para alterar tanto al blondie?
-¿Blondie?
-Oui. Por su cabello, y sus aires medio rebeldes…- al ver la expresión desconcertada de la castaña, recalcó -¿Nunca has escuchado Blondie?
-No…
-¡DIOS! ¡¿A qué clase de juventud se están enfrentando los chamacos de hoy en día?- agarrándose los cabellos en señal de desespero -¡Seguro si escucharan un poco de verdadera música no tendrían tanto aire en la cabeza!
-¡Oiga…!
-¡QUE NO ME GRITES!
La castaña se lamentó por tener un profesor con la mano tan dura, ya al tercer coscorrón dio por hecho que tendría un chichón en la mañana, ¡Cosa que no le favorecía en lo absoluto al ser ella la protagonista de la obra! Maldijo por lo bajo, pero muy bajo y así no ser escuchada. No sabía por qué carrizos debía soportar esto, estaba pasando por una época muy difícil como para tener que lidiar con el ataque psicótico de este Mario albino. Controló sus ganas por hacerse valer y se levantó. Necesitaba estar sola y meditar un poco…
-¿A dónde crees que vas?
-Iré… a dormir. Usted mismo ha dicho que debía descansar.
-¿Y crees que puedas lograrlo con tu mente hecha un caos?- Mimi volteó a verlo, sorprendida. ¿Con que derecho venía él a hablarle de esa forma tan confianzuda? –Caray, y yo que pretendía esperar para después de la obra.
-¿Eh? ¿De qué habla?
Repentinamente, un ambiente un poco tenso empezó a rodearlos. No tendría un mal presentimiento si no fuera por el silencio que había alargado aquel hombre. ¿Qué le pasa? ¿Por qué no habla? La castaña lo miró inquisitiva esperando cualquier señal de palabra, pero parecía no venir nada. Empezó a darle escalofríos y algo en ella le advirtió de que si no se iba en este preciso momento una cosa más por la cual preocuparse se agregaría en su lista, y para ser sinceros otro más y como mínimo le dará un ACV, ¡No, no! ¡Será mejor salir de ahí cuanto antes!
-Bueno… Estem… ¡Que pase buenas noches!
Y justo al dar un paso con intención de escapar…
-No sigas fingiendo.
…fue abruptamente acorralada. Sin salida.
-Sé que eres una chica, Mimi Tachikawa.
Salió de la habitación soltando un largo suspiro, agradeciendo al cielo que la castaña aún no había llegado y por lo tanto no tuvo que someterse a un momento incómodo.
Podría decirse que más inmaduro era él que la pobre Mimi al decirle esas horribles cosas. La idea es lidiar con los problemas, enfrentarlos, NO evadirlos. Y Yamato Ishida estaba legalmente evadiendo un problema, cosa para nada normal en él. ¿Pero qué otra cosa podría hacer? Se sentía aún muy dolido, no por el hecho de haber escuchado aquellas palabras, sino más bien por haber escuchado esas cosas de Ella. No podía negar que aquello había sido un duro golpe contra su ego, más para su corazón, claro. Era estúpido seguir negando sentimientos, y ahora que finalmente los había admitido una gran paliza verbal destrozó sus ilusiones en un dos por tres. ¿Qué pretendía? Él se lo había buscado, era claro que a ninguna persona le gustaba ser espiada, y Tachikawa no era la excepción. ¡Pero si tan solo ella supiera! No lo había hecho adrede, simplemente estaba preocupado y…
…Y Celoso. Demasiado, a decir verdad.
Empezó a caminar por los pasillos en dirección a la lavandería del instituto, llevando tranquilamente la bolsa de tela con toda su ropa sucia. A decir verdad, será algo terapéutico, ya que mientras se lave toda su ropa podrá pensar con más cautela qué hacer cuando la castaña le encuentre y deban hablar sobre el problema. Y no quería hablar de ello, ó por lo menos no recordar más el tema. Incluso pensó en la posibilidad de dejar las cosas como si nada con tal de no volver a hablar al respecto. Sí, estaba dolido… ya que ella sabía como darle en la tecla con sus acertadas ocurrencias, -estaba 100 por ciento seguro que ella no tenía la menor idea de que sí hubo una chica en su vida- pero no le daba valor a ese suceso. Más le molestaba saber que la persona que le gustaba le había dicho esas cosas… y se molestaba el doble al seguir gustándole una chica como ella.
Pero… no podía negar que cada vez que aquella pelirroja entraba a su mente le frustraba, -y cuando el recuerdo es más detallista duele más de la cuenta- pero ya era cosa del pasado. Y así como olvidó que tiene una madre que le dio la espalda para estar con su padrastro, también olvidó a su estúpido primer amor.
El único problema… es que no soportaba el hecho de incluir a Mimi en ese paquete. Estaba tan en él que al tratar de quitársela de la cabeza solo lograba pensar más en ella. ¡Parecía un karma! ¿Por qué rayos se tuvo que enamorar de ella? Cielos, a pesar de la primera experiencia no aprendía, ¡Debía sacársela de la cabeza cuanto antes! Ya que, al final de cuentas… Mimi está enamorada de Michael, ¿No?
Entró a la solitaria lavandería adueñándose de varias lavadoras para separar sus ropas.
¿Qué mierda tenía ese extranjerito? ¿Qué encanto puede tener una persona con una sonrisa de capullo en la cara las 24 horas del día? Era muy extraño. Siempre estaba de humor y no parecía tener ningún defecto, ¡No parece humano, demonios! Y lo que más le encabronaba era que ella aún así se ponía a recitar poemas con él y a halagarse mutuamente como dos enamorados. ¿Cómo es que la actitud de Michael no le parece sospechosa a Mimi? No es que vaya a delatarla, pero definitivamente ser "Amiguitos" no estaba en sus planes, y bien claro le quedó luego de aquel día.
Le dio iniciar lavado, gruñendo por lo bajo.
Sabía que ese Jhonnson se traía algo en manos, y aunque tenía cierta certeza de que él no diría nada, no podía confiar en sus tácticas. Ahora que había declarado gráficamente la guerra entre ellos no sabía que esperar, ¿Qué tan lejos llegaría ese idiota por Mimi?
"¿Qué tan lejos llegarías tú, Yamato, por Mimi?"
Quizás por el momento no pueda responder aquello concretamente. Pero algo le decía que si hacía las paces con ella no faltará mucho para responder. Y ciertamente aquello NO le reconfortaba.
-Estoy pensando como una adolescente enamorada…- se dijo apoyándose un poco contra la lavadora mientras masajeaba su sien…
-Vaya, ya decía yo cuanto tardarías en salir del closet.
Subió su mirada encontrándose con una sonrisa burlona y unos ojos chocolate.
¡Su vida no podría ir mejor!
-Te equivocas, yo no soy el experto en eso…- contra atacó Yamato, dándole la espalda y dando por hecho el sonrojo que nació en las mejillas del moreno.
Taichi se ubicó en la lavadora de al lado, haciendo el mismo proceso que el rubio en separar sus ropas para lavarlas.
-¿Qué tal…el ensayo?- cuestionó Matt un poco intrigado.
-Bien, no lo creerás pero no hubo fallas hoy.
-Ah… que bueno…
-¿Y te digo algo? Primera vez que veo a Miso actuar con tanta naturalidad. Creo que Mich influyó en ello…
Yamato lo miró sorprendido, sintiendo un destacado pinchazo en su pecho al solo escuchar aquello. ¿Qué rayos…? Al parecer se estaba tomando en serio la batalla, ¿No? Apretó los dientes volviendo a darle la espalda, y así ocultar la ligera molestia que se estaba aferrando a cada uno de sus rasgos. Esa tonta, ¿Cómo es que no se da cuenta de las intenciones de Michael?
-Me alegro por él- respondió el rubio tratando de sonar maduro.
-Yo no.
Su repentino tono seco le llamó muchísimo la atención, mirándolo extrañado.
-No sé tú, Yama… pero sinceramente Jhonnson ya no me parece tan simpático como antes- dándole iniciar lavado, cruzándose de brazos –Tú no me preocupas porque es absurdo que pierda contra ti, soy mucho más atractivo que tú.
-Ah…- encogiéndose de hombros y dándole poca importancia a esos comentarios tan comunes en Tai –Envidio tu seguridad.
-Pues, ¡Deberías!- el Ishida lo miró de reojo no creyendo su repentino tono molesto, pero al ver la cara que poseía correspondió frente a frente su tan inesperado enojo -¡Menudo idiota eres!
-¿Eh? ¿Qué bicho te picó…?
-¡¿Cómo se te ocurre dejar la obra por esa estupidez?
Yamato lo miró seriamente tras entender a donde quería llegar. No tenía tiempo para hablar sobre esto, y si antes no lo había hecho menos ahora.
-No te incumbe, Yagami…- le soltó no más, sacando su ropa ya lista de la secadora y metiéndola en la bolsa.
-Si de Miso se trata, SÍ me incumbe.
-Pues entonces te recuerdo que esto es entre él y yo, Tai. Y para serte sincero no ando para escuchar nada respecto a ese problema.
-¿Y cuando andarás de humor? ¡Por Dios, Yamato! Miso no sabía lo que decía, no tienes que hacerlo sentir tan miserable, él también tiene sentimientos.
-Mal por él- con intención de marcharse hasta ser obstaculizado por el moreno –Tai…
-Estás consciente que Michael está fuera de nuestra batalla, y que él lleva la delantera gracias a ti al permitirle sustituirte- serio, ambos un poco sonrojados por el tipo de conversación que estaban teniendo -¿Cuándo piensas hacer algo? ¿Cuándo ya Jhonnson se quede con nuestro Miso?
-No es nuestro, Yagami. Ni lo será. En realidad, él tiene más derecho en él que nosotros. Es absurda esta charla…- ya dando por sentado los sentimientos de ambos por Tachikawa.
-¡¿Cómo puedes darte por vencido?
-Tai, quítate del medio.
-¡No! ¡No puedes ignorar las cosas que te causan daño, Yama! ¡Y que te des por vencido de esta manera tan infantil con Miso solo da a ver lo cobarde que eres!
-Taichi.
-Lo mismo con tu madre, luego con Sora… ¡¿Ahora pretendes evadir también a Tachikawa? ¡Admítelo! ¡Eres un…!
Las palabras de Tai quedaron flotando en el aire al verse fuertemente impactado por un puño en su pómulo izquierdo. Todo había pasado demasiado rápido como para predecir que Yamato había tirado la bolsa a un lado para luego tomarlo de la camisa y enterrarle aquel pesado golpe en su cara. Solo pudo reaccionar en soltar un gemido de dolor y buscar una desesperada manera en soltarse y defenderse. Ambas fuerzas eran similares, a pesar de la diferencia de tamaños de músculos. Lo que había iniciado como una conversación directa y clara terminó por envolver a ambos jóvenes en puños y patadas compartidas, estrellándose mutuamente contras las lavadoras y secadoras causando el mayor ruido posible. Quien no escuche aquel desastre seguro estaría muerto.
Y seguro, sino llegaba alguien a detenerlos, uno de ellos terminará así.
Mimi contuvo la respiración. Enfrentando aterrada la expresión seria y despectiva de su profesor de teatro.
¿Es en serio?
Es decir, ¿Hasta aquí duró su largo viaje como Miso Tachikawa?
Después de todo este tiempo, luchando por no ser descubierta, esforzándose en sus estudios al máximo para que sus padres nunca tuvieran la necesidad de venir al instituto, soportando la molestia en su garganta por imitar tanto un tono masculino, soportando el dolor de las benditas vendas que rodeaban su pecho… soportando humillaciones y problemas por hacerse pasar por un chico… ¿Todo aquello había sido en vano?
Tal y como aquella vez, la castaña pudo predecir cómo iban a ser los días de ahora en adelante… luego de montar el avión y regresar a su hogar, una solitaria vida de estudiante e hija le esperaba. Iba a llegar a una casa donde sus padres la recibirían pero no la acompañarían. Se iba a acostumbrar a la fuerza a un nuevo ambiente. Olvidará todos aquellos rostros que había conocido en Japón… e incluyendo aquellos pensamientos de alegría que había tenido gracias a ellos.
Comerá en una mesa para 10 personas ella sola.
Verá películas en una sala familiar ella sola.
Nuevamente. Volverá a vivir todos los lujos, pero sin tener con quien compartirlos.
Sola.
Era de esperarse. No tenía que haber subestimado al hombre que tenía ante ella… era obvio que iba a llegar el momento en que sería descubierta. Pero no quería perder la esperanza de que, quizás, fuera a terminar la preparatoria en este instituto. Puede que sea una tortura diaria, pero nunca antes había sido tan feliz. De alguna u otra forma una pequeña familia se fue dando con el tiempo, cual quizás no estaba conformada por la típica madre, o padre, hermanos ó abuelos, pero sí valía tanto como una común y corriente. Los chicos ahora eran su familia, a veces les sacaba de quicio pero los quería, y ellos a ella a su manera. Todos la hacían sentir en casa a pesar de que su hogar estaba en USA. Cada uno de ellos desempeñaba un papel en especial en su corazón… y ahora más nunca volverá a verlos. Tai, Tokumori, Michael…
Matt…
Sintió como un vacío empezaba a absorberla poco a poco… sintiéndose jalada y llenándole de desespero. Unos preciosos e intensos zafiros invadieron su mente, reconociendo al instante al dueño y a la sensación de soledad que se propagaba en ella. No quería irse, no quería dejarle solo… justo ahora sabiendo todo el dolor que tuvo que enfrentar. Él, que la había ayudado sin costo alguno y siempre estaba detrás de ella cuidando su espalda, que le había hecho sonreír y recuperar la calidez que anheló por tantos años. No podía abandonarlo, o al menos no hasta demostrarle que ella de verdad lo apreciaba, por muchas cosas crueles que le haya dicho.
No, no. Esto no podía terminar así. Los Ishida abandonaron a Matt. Sora abandonó a Matt.
Ella NO lo va a abandonar.
-Y bien…- la voz neutral del hombre despertó a Mimi de sus cavilaciones. Atrayendo completamente su atención. –Finalmente, ¿Me dirás qué hace una chica en un instituto para chicos?
Sus piernas temblaron, pero este no era el momento de bajar la guardia.
Chica o no, estudiará en el Instituto Hokkaido.
-Yo… No me iré.
-¿Ah?
-He hecho todo bien, incluso me he comportado muchísimo mejor que todos los estudiantes de esta institución juntos. Nunca he faltado a una clase por vagabundería. Nunca he reprobado un examen. No he buscado problemas, ni me lo han buscado. He sido puntual y correcta con cada responsabilidad. Y el día que ingresé a este sitio me prometí nunca flaquear… y no lo he hecho.
-Espera…
-¡Yo merezco estar aquí, mucho más que cualquiera!
-Oye…
-¡ASI QUE HAGA LO QUE HAGA YO…!
¡Pum!
-¡AUGH!
La castaña gimió de dolor al encontrarse sentada en el piso de madera del auditorio y con un fuerte dolor en su frente. Al tratar de analizar que había ocurrido denotó un zapato junto a ella, para ser más específicos uno con tacón. Subió su mano hasta donde provenía aquel palpitante dolor y fue luego de aquello que entendió que aquel zapato de marca había colapsado contra su frente haciéndole ganar un poco atractivo chichón. ¿Qué rayos…? ¿De dónde había salido aquello?
Los pasos de su profesor la sacaron de su confusión, notando como el hombre alcanzaba el zapato y se lo ponía.
¡El muy desgraciado…!
-O-o-oiga… ¿Po-por qué…? ¡¿Por qué hizo eso?
-Era la única forma que cerraras esa bocota tuya. ¿Quieres que alguien te escuche y descubra tu identidad?
-¡Pero…! ¿Eh?
Mimi miró al hombre sin entender nada de lo que sucedía, sin palabras.
-Jum…- suspiró, apoyando sus manos contra sus caderas y moviendo su cabeza en un gesto negativo –Seriously, ¿De verdad crees que me conviene que te descubran? Además de eso, soy un profesor de teatro, no un director. Y créeme, tampoco soy lo suficientemente desalmado como para ir a chismosear sobre tu identidad.
Siguió en silencio.
-Solo te pregunté qué haces estudiando aquí, honey… en ningún momento te acusé de nada. ¡Bien histeriquita que eres, eh!
Y siguió en silencio.
-Hey, ¡Te estoy hablando! ¡No me dejes con la palabra en el aire, desconsiderada!
-Y-Yo… bueno… Cielos- sacudiendo la cabeza y masajeándose la frente –Es que… ¡Espere!- la castaña se levantó precipitadamente del suelo y enfrentó al hombre, sin poder comprender nada de lo que sucedía -¡¿Por qué usted no querría delatarme? ¡Su trabajo está en juego! ¡Y le he engañado todo este tiempo, y…!
-Si me sigues dando más razones puede que SÍ te delate, mon chéri…- respondió cruzándose de brazos, alzando una ceja –That's what do you want?
-NO WAY! No… o sea… ¡Es que no entiendo!
-¿Y qué tienes que entender? Simplemente relájate y listo. ¿Qué tiene de malo que yo sepa?
-¡Que es un PROFESOR! ¡OUGH!
Mimi retomó los masajes en su frente al volver a ser agredida por el hombre, solo que esta vez fue más suave al ser golpeada por el libreto.
-Hazte el favor y compórtate como una dama, Juliet… ¡Me estás haciendo perder la paciencia!
-¡Pero si usted…! Ya, ya… está bien- se detuvo tras sentirse amenazada por el libreto una vez más –Es que no puedo creerlo… que usted…
-¿Decida ayudarte?
-Sí…- bajando la mirada -¿Por qué razón lo haría?
Una mano varonil pero femenina a la vez tomó su hombro en señal de consuelo, obligando a la castaña a corresponder la expresión cálida que poseía el hombre que apenas le llegaba a la barbilla. Bajo aquellos finos bigotes de espiral se denotó una sonrisa que calmó la tormenta en la ojimiel, sintiendo la sinceridad en aquel gesto aún con la falta de palabras.
-Porque lo mereces…- soltó de forma honesta, sorprendiendo a la castaña –Desconozdo las razónes por las cuales te sometes a este estilo de vida, pero algo me dice que aquí has encontrado la paz que buscabas. Y si necesitas de este instituto para ser feliz, no soy quien para arrebatarte aquello.
-Profesor…- conmovida.
-Susu, dime Susu…- agregó inmediatamente –Presiento que ahora en adelante nos volveremos muy amigas, bien-aimé…- tras esto, le guiñó el ojo y le soltó, tomando su postura usual y cual le daba aquella esencia femenina –Además, estar rodeada de tantos mequetrefes hará que te vuelvas como ellos, así que podría decirse que soy tu salvadora, ¿Ok?
-Se lo…. Agradezco tanto…- con las lágrimas asomándose en sus ojos, sin poder comprender como alguien que no la conociera pueda entenderla tan bien –En serio…
-¡TACHIKAWA!
Ambas personas dirigieron su mirada a la puerta principal del auditorio, reconociendo al instante al joven pelinegro que pertenecía al círculo de amigos de la castaña. Su respiración era acelerada, y había varias gotas de sudor en su frente destacando el esfuerzo físico que había hecho antes de aparecer en el teatro. ¿Qué le sucedía? Parecía ser perseguido por el mismísimo diablo, al detallar la desesperación en su mirada. Mimi dio varios pasos hacia el borde del auditorio, desconcertada por aquella extraña actitud que tenía su amigo y olvidando por un momento la conversación que había tenido con su profesor segundos antes.
-¿Tokumori…? ¿Qué sucede? ¿Por qué estás…?
-¡Son Yamato y Taichi!
-¿Eh?- confundida, sintiendo como su corazón se detenía por instantes de solo escuchar los nombres de aquellas personas en aquel histérico desespero -¿Q-Qué les pasó?
-¡Luego te explico! ¡Por ahora ven conmigo!- saliendo del teatro y siguiendo a toda velocidad su camino.
-¡Yo…!- dirigiéndose al profesor, con suplica.
-Ve… No te preocupes. De todas formas, sabes dónde encontrarme, darling.
-Pero…
-¿Qué esperas? ¡Ve!
Y sin esperar alguna otra referencia de lo que sucedía, la castaña saltó al piso de donde se encontraban las butacas, y corrió lo más que pudo hacia la salida, dejando al hombre de cabello peculiar con una expresión de preocupación cual emparejó con un suspiro.
-Algo me dice que me vas a necesitar mucho en estos días, Mimi…- soltó mientras observaba pensativo por donde se había ido la chica.
-Yama…
-He dicho que no, Tokumori.
El pelinegro miró con pena a su compañero, quien se encontraba sentado en su cama en una pose que no le permitía corresponder su mirada. Por más que preguntó y averiguó, no hubo forma en que el rubio soltara palabra alguna, limitando su conversación en rechazo e indiferencia, cosa a la cual estaba acostumbrado. Soltó un suspiro tratando de no dar tanta importancia a la actitud de Yamato, él era así, siempre lo había sido. Que milagrosamente haya cambiado por una temporada no quería decir que iba a ser para siempre, a pesar de haber tenido esperanzas.
Tokumori era, casi decir el único, que sabía como entender al Ishida. Los años conociéndolo le han servido para conseguir razones para su personalidad. Por mucho que él solía negárselo, en el fondo Shitsuya tenía la certeza de que Yamato reconocía su amistad con él, y aunque no lo diga en voz alta, aprendió a leer un gracias mediante su silencio. La experiencia le enseñó a no esperar nada del rubio, sino demostrarle que no hay nada de malo esperar de los demás. Sin embargo, por mucho que se ha esmerado por atravesar la barrera que rodeaba a su compañero, cada vez que lograba meter el pie, era alejado 10 pasos, y hoy aparentemente era un día de esos.
Trató de maquinar en su cabeza cual fue la razón de la pelea de Tai y el rubio, observando disimuladamente el resto de la habitación y encontrándose con la repisa de Tachikawa. A diferencia de su amigo, la repisa de ella estaba meticulosamente ordenada, y de paso repleta. Tenía adornos que seguro poseían un significado en especial, algunas que otras fotos en las cuales la castaña no estaba incluida –y sabía el por qué-, y finalmente unos objetos que reconocía a toda costa, pues eran cosas que tanto Tai como Tokumori le habían regalado sin razón ni significado aparente. Luego, dirigió su vista a la repisa del rubio, sintiéndose un poco apenado por lo vacía que estaba, ni una foto que la adorne. Una mueca se dibujó en su cara hasta notar algo inusual en la repisa de su amigo…
-Yama, ¿Qué es eso?- señalando una piedra grisácea que contrastaba con el resto de la decoración.
-Una… piedra.
El tono de su voz le causó curiosidad. Y para comprobar algo, trató de alcanzarla… siendo detenido súbitamente por el rubio.
-No la toques.
-¿Por qué? ¿Qué tiene de especial?- preguntó tratando de esconder una sonrisa, pues algo que sabía muy bien era no sonreír cuando Yamato no estaba de humor –Anda, déjame verla.
-Dije que no, Shitsuya.
-Jeje, ¿Por cuánto tiempo seguirás guardándotelo para ti solo?- y no se refería al objeto.
Sabía que era. Lo sabía perfectamente. Si fue gracias a él que esa piedra existía. Fue en clase de educación física, que en medio de un partido de soccer Tokumori fue mandado a la banca por golpear a su contrincante, nada personal. Aprovechando para hacerle un poco de compañía a la castaña, se sentó junto con ella, consciente de que no se iba a parar en el resto de la clase debido a su descarada torpeza en los deportes. Mantuvieron una charla amena respecto al partido, que luego se centró en el joven rubio que jugaba maravillosamente bien a pesar de no ser fanático en los deportes. Fue en ese momento en que Tokumori descubrió como la castaña miraba emocionada al rubio, animándolo de vez en cuando. Y fue en ese momento en que descubrió los sentimientos que sentía el rubio para con Mimi, pues ya tenía sus sospechas pero al verle sonrojarse por la barra de la castaña lo confirmó todo. Rió ante este descubrimiento, para luego proponerle una idea a la castaña…
Tomó dos piedras y propuso para hacerle bromas a sus compañeros, sacando luego dos marcadores y compartiendo ambas cosas con la ojimiel. Le dijo que dibujara a quien quería hacerle la broma, para después meter la piedra dentro del zapato del dueño –pues luego del partido debían cambiarse en los baños, sitio al que Mimi nunca ha entrado ni entrará-. Le comentó que es una broma común entre ellos, y cual siempre encabronaba a Yamato. Al principio ella dudó, pero tras animarla por unos minutos accedió inmediatamente dibujando al rubio en su piedra cual, debía admitir, era idéntico.
A escondidas se encargó él solo de la misión de guardar las piedras, pues sabía que la castaña no iría con él. Metió la que él dibujó en el zapato de Taichi, y la de Tachikawa en el zapato de Matt.
Tras los chicos cambiarse, Mimi y Tokumori esperaron comentarios e insultos al respecto, pero solo Taichi llegó con millonésimas de coscorrones en la cabeza del pelinegro. La castaña esperó algo parecido del rubio, pero este solo siguió de largo, diciendo que tenía cosas que hacer. Y, entre ellas estaba, guardar la piedra cual Mimi había dibujado a un serio Yamato Ishida, mientras que en el lado opuesto dibujó a uno sonriente.
Se rió, comprendiendo finalmente la razón por la cual sus dos compañeros pelearon. Pero antes de decir otra cosa, la puerta de la habitación se abrió.
-Per-permiso…- avisó la castaña, cohibida, entrando a medias.
-Es tu habitación, ¿Qué permiso ni nada?- burlándose, Tokumori se levantó y se acercó a Tachikawa -¿Qué tal Taichi?
-Está bien, aún sigue diciendo que le romperá los dientes a Yamato…- informó riendo un poco, acompañada por Tokumori.
-Pues creo que no es el único en querer romperle los dientes a alguien. Será mejor que vaya…
-Sí- sonrió, permitiéndole la salida –El botiquín lo puse cerca de su cama, por si vuelve a sangrar.
-Vale, nos vemos- y antes de salir, miró por última vez al rubio, sonriendo –Tachikawa…
-Dime.
-Creo que tú sabes mejor que yo como calmarlo. Te lo dejo en tus manos.
-¿Ah?
Y sin darle otra pista, se marchó. Dejando a solas a la castaña y a un orgulloso rubio haciéndose el dormido y dándole la espalda.
Mimi dudó varias veces, cuando se armaba de valor por dar un paso sus pies ni se movían. Ver a Matt acostado en su cama sin permitirle siquiera mirarle a la cara le inquietó un poco, pues esperaba conseguirlo despierto, resultado contrario. En el camino hacia su habitación luchó constantemente contra su consciencia, cual le hacía sentir culpable cada vez que se acercaba más y más. En realidad, pretendía regresarse un poco tarde, incluso quería esperar a que el moreno se durmiera –que lo único que hacía era maldecir a Yamato-, pero algo en ella le decía que debía ir a su habitación, y lidiar con la persona que la ha estado evitando todos estos días.
Pero ahora que estaba ahí solo podía sentirse inútil. Al fin estaban solos… era ahora o nunca, y sus pies no respondían.
¡Fuerza, Mimi!
-Esto…- inició, jugando con sus dedos con la puerta de la habitación cerrada tras de ella –Cómo… ¿Cómo te sientes?
¡Era de suponerse!
-Tokumori me dijo que…te han dado en la boca, ¿T-Te limpiaste la herida?
-No hace falta.
Su voz varonil llenó de un ligero calor a la castaña, sintiéndose mal consigo misma por haber permitido tantos días sin escucharla. Extrañaba su voz, su postura de chico malo, y lo extrañaba a él. Sin embargo, aquello le perturbaba enormemente… ¿Por qué razón el vacío crecía más al escucharlo? La certeza de que, quizás sea la última vez que lo haga, era lo que respondía a su pregunta. Se mordió el labio lamentándose, no, todo menos eso. Yamato para ella era… algo especial, algo que tenía un significado distinto a los que le daba a sus otros amigos. Él no era su amigo, pero tampoco era indiferente a ello. Su persona lograba relajar cada músculo de ella como tensarlo hasta engarrotarlos… Sus ojos azul profundo eran una luz en un oscuro túnel, que en medio de todo seguía sin dudarlo.
Se sentía protegida a su lado… e imaginarlo lejos de ella emocionalmente hablando le ahogaba. ¿Tan remotamente importante se había transformado Yamato en su vida?
Se acercó, creyendo en la ligera esperanza de que todo volverá a la normalidad.
-Matt… Será mejor que veamos ese golpe. No querrás tener un labio así en frente de tus fans, ¿Verdad?- propuso, tratando de aligerar un poco el ambiente –La idea es que estés guapo para que todas caigan a tus pies. Estoy segura que muchas caerán rendidas a tus encantos…
Juró que fue su imaginación, pero no pudo pasar por alto como el rubio apretaba las manos, sin permitirle aún verle al tener el rostro hacia la pared, lejos de su mirada.
-O-Oye…- Sin respuesta, se armó de valor, acercándose más a él mucho más de lo permitido. Lo único que quería era ver sus ojos -M-Matt… ¿Es…Estás bien?
Y logró más que eso.
Repentinamente, y de forma relativamente brusca, el brazo de la castaña fue tomado con fuerza y fue jalada hacia la cama, obligándola a acostarse completamente boca arriba pero con las piernas en el borde. La velocidad de aquel extraño contacto obligó a Mimi a cerrar los ojos temerosa, sin atreverse a abrirlos y así no enfrentar la intimidante mirada del rubio. Su corazón latía con demasiada fuerza, tanta que podía dibujar en su mente como salía impulsado de su pecho, escapando de las extrañas sensaciones que estaban ejerciendo en su interior.
-Abre los ojos.
Contuvo el aliento, tensó sus músculos, y silenciosamente rezó.
-Mimi, mírame.
Y fue por escuchar su nombre de los labios de él que los abrió de inmediato.
Aferrando sus muñecas contra la cama, Yamato paralizó su cuerpo en todo sentido. Olvidó como respirar y como hablar, sus ojos de un azul intenso estaban a escasos centímetros de distancia a su rostro, observándola fijamente sin darle opción alguna de apartar su mirada, era imposible. Su expresión le exigía corresponderle, y su aliento chocando contra su cara terminó por desbordar la poca coherencia en sus pensamientos y actos. Las preguntas como "¿Qué está haciendo?", "¿Por qué lo hace?" y "¿Para qué lo hace?" la abandonaron cruelmente sin permitirle pensamiento raciocinio alguno. En realidad, todo en ella se congeló, esperando algo que, extrañamente, quería que sucediera.
-Quiero que me digas la verdad…- soltó interrumpiendo la parálisis de la castaña, atrayéndola al planeta tierra -¿No te arrepientes de nada de lo que me dijiste?
Sus cejas se levantaron, sorprendida.
-De lo que te dije… ¿Aquel día?
-Cada palabra.
-Yo…- desviando la mirada, avergonzada.
-¿Te arrepientes de haberte cuidado cuando enfermaste?
-¡No…! No podría, en realidad, te lo gradezco tanto…- sonrojándose momentáneamente, ante la cercanía del rubio.
-¿Te arrepientes de haberme recordado a Sora?
Sus ojos se abrieron notoriamente al escuchar aquel nombre, sintiéndose miserable y cruel en una sola palabra. Notó que tras nombrar a aquella persona la mirada de Yamato se endureció, además de un extraño brillo que empezó a darse lugar. Se sintió apenada al detallar con tanto sigilo los ojos del rubio, pero no podía evitarlo… sentía una remota curiosidad por saber que sentía el rubio por aquella misteriosa chica, y creer en la posibilidad de que aún sienta algo revolvía su estómago. ¿Qué quería lograr haciéndole estas preguntas? Estaba arrepentida, y mucho. Y odiaba el hecho de creer que Matt quería hacerle sentir más culpable en vez de escuchar sus disculpas, y aceptarlas.
-Demasiado… Disculpame, Matt, yo no…
La cercanía aumentó, rozando sus narices.
-De verdad… ¿Crees que debería parecerme a Michael para tenerte a mi lado…?
Aquello le había dejado literalmente sin habla.
¿Qué acaba de decir…?
-Yo…- sintiendo el corazón galopar salvajemente dentro de su pecho, sintiendo sus mejillas arder del sonrojo… y su boca secarse descaradamente tras contemplar por una décima de segundo sus varoniles y tentativos labios, cuales en el labio inferior adornaba una sangrienta herida que aún tenía rastros de dolor en ella. Por un momento quiso sanarle aquel daño… pero tuvo que morderse el labio para contenerse ante el extraño método que había invadido su mente.
"El solo está exigiéndote una disculpa, Mimi.
Dásela."
Desvió su rostro a un lado de inmediato, evitando el contacto directo con la cara de Matt. Sintió su cálido y entrecortado aliento en su cuello, mientras que la poca cordura que le quedaba volvía tras aquel momento de infarto.
-Discúlpame por todo, no tuve que haberte dicho esas cosas…- se apresuró –Te juro que no sabía la existencia de Sora…
Y al parecer sí causaba un efecto en él, pues al solo decir su nombre sintió el cuerpo del rubio tensarse para luego alejarse lo suficiente de ella, dejándola libre de aquellas cálidas y frías manos.
-Uhm…- nerviosa, incorporándose, sin saber realmente qué hacer –Será mejor que… busque algo para tu herida… debe dolerte.
Ignorando por completo lo que acababa de suceder, buscó el botiquín de medicinas al baño, consiguiendo una pequeña caja multifuncional cual guardaba todo lo necesario, cosa que ella había traído por si las moscas, al igual que Koushirou. Regresó al cuarto con la caja de plástico y se sentó en la silla donde estaba antes sentado Tokumori, todo con movimientos torpes y nerviosos. Su lado racional le impedía pensar en los segundos anteriores, pero cada latido desesperado le recordaba la distancia, su aliento, y sus atigrados ojos azules mirarla con un fuego pasional destellar de ellos. ¿Qué rayos le pasaba? No había pasado nada… Solo había sido su manera de hacerle ver en qué se había equivocado. Solo eso… Todo rodeaba a Sora, a la culpable del dolor que debe estar sufriendo en estos momentos el rubio, por culpa de aquella chica, por culpa hasta de ella misma, por no controlar sus palabras. Lo de Michael fue… Eso fue…
Sacudió la cabeza, controlándose a toda costa.
Nada de pensamientos absurdos.
-Matt- llamó, preparando algodón y alcohol, además de otras cosas que sirven para limpiar heridas –Déjame ver, prometo que no dolerá.
Ni se inmutó.
Mimi suspiró, relajándose y así no ser tan evidente su nerviosísimo mediante la inquietud de sus manos.
-Matt…- insistió.
Nada.
-Yamato, esto… será rápido, en serio no dole…
-Déjame en paz.
El duro carácter del rubio había dejado pasmada a Tachikawa, quitándole el aliento y todas las esperanzas que por un instante había tenido, causando un pequeño estrago en ella al no poder definir porque su pecho se comprimía al ser vista de esa forma tan seca por él. Su mirada esta vez era fría y vacía, envuelta por la misma aura que alguna vez rodeó al Ishida. ¿Qué le pasó tan repentinamente? ¿De cuando él era un cubo de hielo, dispuesto a congelarle los huesos con solo mirarla? Se mordió el labio, cohibida, perdiendo cualquier valor conocido en ella. Él había regresado, el vil, indiferente, y vacío Yamato Ishida. El que tanto le costó vencer y enterrar para luego conocer al sonriente y dulce lado de él. Un lado que, a pesar de que sea tarde, reconoció que necesitaba en su vida… se sentía tan miserable verlo de esta forma.
Un sollozo se ahogó en su garganta, no permitiéndose a sí misma llorar una vez más en frente de él. No permitiéndose el hecho de perder a ese Yamato que había cuidado de ella.
-Matt… Yo solo quiero cuidarte…- inició, desviando la mirada avergonzada, sintiendo la de él atravesar su piel y clavarse en su alma desgarradoramente –Por favor, perdóname por todo lo que dije… Juro que no sabía nada. ¡Lo juro!
Aprovechó no ser interrumpida para seguir.
-Lo que haya hecho Sora no tiene por qué cambiar lo que puedes llegar a ser, Matt…- dijo sabiamente, acercándose a él y sentándose a su lado –Ella no se merece ni siquiera el hecho de haberte conocido… ¡Ella es una…!
-Detente.
-¿Eh?
-Lo que menos quiero ahora es escucharte, Tachikawa. En serio.
Un dolor indescriptible se formó en lo profundo de su ser. Incrédula ante las frías palabras de Yamato. Incrédula ante la incertidumbre de porque le dolía escuchar eso de él. Una duda empezó a carcomer sus pensamientos dándole a entender que sus deducciones eran correctas, por mucho que le costara aceptarlo. Yamato aún sentía cosas por Sora, la forma en que él le miraba al escuchar ese nombre era una perfecta respuesta sin palabras. Él la seguía amando… por eso le dolía hablar de ella.
Y Mimi pudo compartir, por un instante, ese dolor.
-Escúchame bien…- agregó, un poco más seco que antes, sin inmutarse ni moverse –En realidad, digas lo que digas no cambiará lo que dijiste. Nunca antes desde que pisaste este instituto me has sido tan indiferente como ahora. No me importa nada que tenga que ver contigo, y hagas lo que hagas no harás ninguna diferencia, así que, si eres tan amable, déjame en paz y limítate a aceptar que no vales lo suficiente para mí como para hablarte.
Le dolía tanto.
-Matt…
-Y te pido, por favor, que no me vuelvas a llamar así.
Demasiado…
-Bien- soltó recuperando la diginidad, levantándose mirando dolorosamente al rubio -Prometo no molestarte más…- soltó dejando las medicinas que había preparado para el rubio a un costado de la mesita auxiliar de las camas. Sin decir alguna palabra más, apagó la luz de la habitación y entró rápidamente a su cama, aún cuando vestía jeans y una franela masculina. Sus ojos le ardían y era una lógica señal para lo que se aproximaba, y por nada en el mundo permitiría que Yamato la viera en aquel estado deplorable. Sus palabras le había dolido, tanto que luchaba por contener el sollozo y así no hacer ruido. Si esto era lo que el quería, está bien, de acuerdo. A partir de ese preciso instante ella estará muerta para el Ishida, y él para ella.
Un silencio sepulcral se adueñó de la habitación. Más, a pesar de estar escondidos bajo las sábanas de sus camas, solo fingían dormir "Plácidamente".
Ya que lo único que vagaba en sus mentes era el dolor que les causaba pensar el uno y en el otro.
...To be continue…
Comentarios de la autora:
Creo que deben odiarme xD
Lo sé, i know, ¡Este fue el peor capítulo Mimato de todos! Lo admito, pero vamos, chicas, ¿No se necesita un poco de dificultades para reforzar un amor? ;) Además, mi plan de "Reconciliación" no venía en este capítulo. Oh, no. En realidad, para apaciguar un poco las ganas que tienen de amarrarme a una silla eléctrica, en el siguiente capítulo será la tan esperada reconciliación.
Y, believe me, lo van a adorar.
¡Jaja! Sorry por el spoiler xD
Bueno, hablemos un poco del capítulo… Pues, corto, sí. Torturador, sí. Deprimente, totally. Pero no por eso es inútil. En realidad, necesitaba algo así para lo que viene a continuación, algo que intensifique las emociones de nuestros protagonistas y de cierta forma confunda los sentimientos de la castaña. ¿O acaso le duele solo porque su "Amigo/NoAmigo" no le habla? Creo que también habrá sentimientos encontrados para con Mimi ¡Y la torturaré demasiado!
En nombre de ustedes, me vengaré de ella por decirle aquellas cosas crueles a Yamato xD
Anyway… como les dije, a tiempo. Y antes de odiarme, les recuerdo, el próximo capítulo valdrá la pena tanta depresión. Así que hablemos un poco de lo que sucedió en este cap.
¡SUSU! Tan tan taaaaan… -música de suspenso- ¿No se esperaban este tipo de regreso? Pues, bien, ¡Justo era el tipo de regreso que le quería dar! ¿Razones? Bueno, no solo porque será un Stress menos para Mimi, sino porque también ella necesitará a una amiga de ahora en adelante, ¿Y quien mejor que Susu? ¡Ja! ¡La/o extrañaban, ¿Verdad? xD Susu es Susu, nadie lo puede odiar. En realidad, siempre me dije que si llego a tener un amigo gay tiene que ser exactamente como Dhammson, seguro le dará color a mi vida. Y eso es lo que hará con Mimi. Créanme, para lo que viene después Tachikawa necesita una opinión no masculina de los sucesos, y creo que my dear Susu es el adecuado para ello.
Juju, no les diré más pistas.
A ver, la pelea de Yama y de Tai sí debo reconocer que me pareció medio trillado, pero hey, ¿Acaso en Digimon no lo hacían a cada rato? Aquí no es muy diferente, mis niñas. Quizás no sea la última pelea que veamos entre ellos. Mimi es una afortunada, mira que dos papachongos pelearse así por ella me mata de la envidia, ¡¿Quién piensa lo mismo que yo?
-Todas levantan la mano desesperadas-.
Yeah xD
Lamento si les pareció corto, pero me pareció que surgió todo lo necesario. Ya el prox capítulo, como deben de saber, está en proceso, espero tenerlo para la próxima semana.
Por cierto, yo siempre publicaré mis historias los fines de semana, los viernes en la noche, para ser más específica.
En fin… ¡ME ALEGRA TANTO TODOS SUS COMENTARIOS! Me animaron un montón, en serio. Y con respecto a su opinión de Roommates…
-Andsi empieza a pegar brinquitos-
¡QUE ÉXITO!
Prometo, es más, no, LES JURO, no defraudarlos con esa historia. Les avisaré en cuanto a su publicación, para que puedan esperarla :) Mil gracias por sus hermosos comentarios, ¡No saben cuánto me iluminaron el día! Y para quienes no sepan de su existencia, ¡Trailer de mi prox historia, amores! ;) So, chéquenla en mi perfil.
Bueno, me alargué un poquito bastante xD ¡GRACIAS POR TODO! FOR REAL!
PS: Lo de las piedras lo hacía yo con un amigo, y en realidad así fue como me declaré indirectamente con un chico… xD ¿El resultado? El muy cabeza dura lo tomó como broma, ¿Por qué los hombres a veces son tan caídos de la mata?
Yo y mis comentarios feministas… xD
Atte.
A n D s I
