Instituto Hokkaido
By: V a i n i e l l a
Capítulo 11
"Celos, malditos celos"
-Rueda afortunadamente infortuna-
De acuerdo.
El hecho de haber sido besada por Yamato Ishida, hace menos de una semana, no tendría porque ponerle nerviosa cada segundo.
Porque, o sea, había sido parte de la obra. Todo fue actuado; su mirada intensa, el tono ronco y seductor de su voz, el acercamiento sigiloso hasta ella, y hasta el beso estaba claramente escrito en el guión. Matt estaba interpretando a Romeo, ¿No? ¡Todo fue parte de la obra! No había razón lógica para ponerse nerviosa. Aquello no significó absolutamente nada.
¿Y qué hay del "En estos momentos no estoy interpretando a Romeo"? ¿Qué carajos crees que quiso decir?
¡Pues nada, claro!
¿…Verdad?
-¡Basta!- se dijo sacudiendo la cabeza de un lado a otro, incapaz de seguir tolerando el curso que estaban tomando sus pensamientos.
Se encontraba a solas en su habitación, sentada al estilo indio en su cama y abrazando fuertemente la almohada, la cual servía para ocultar el rostro avergonzado cada vez que venía a su mente aquel bendito beso. No se lo sacaba de la cabeza desde aquel día, incluso no pudo dormir en toda la noche luego de la obra por aquel suceso. Después de todo, en la cama que estaba junto a la suya se encontraba el culpable de todas esas sensaciones. Mientras el tranquilo de Matt dormía en su cama como un bebe en el más profundo sueño ella no paraba de darle vueltas al asunto. Que si la forma en cómo le agarró la nuca para atraerla hacia ella, que si el movimiento de sus labios contra los de ella, que si el brillo de sus ojos al separarse… ¡Dios, estaba todo tatuado en su cerebro! No había forma de restarle importancia, ¡Todo lo contrario!
Y además, nada está como antes luego de aquello.
Ya estaba claro que él no seguía molesto con ella, era obvio. Pero el ser acorralada en algunas oportunidades por aquella mirada tan intensa no mejoraba las cosas. Es decir, ¿Cómo reaccionar ante aquello? No podía evitar sentir sus piernas temblar ni mucho menos aquel incontrolable sonrojo dominar sus mejillas. Y, no era por nada, pero cada vez que Yamato la miraba de aquella manera se sentía como alguna clase de bocadillo, apetecible, y que él era un tigre hambriento al acecho…
Un tigre bastante guapo, y sexy. Y…
También un poco apetecible.
-¡MIMI!- el sonrojo se apoderó de todo su rostro, y en un intento por luchar contra el cosquilleo en su estomago se recostó de lado en su cama, abrazando con más fuerza la almohada mientras se movía de un lado a otro.
Suspiró sonoramente tras recuperar la calma.
Además de pensar en todas esas cosas sin sentido –pero ciertas-, había también otro detalle acosándola. Uno que tenía cabellos rojizos, tez bronceada y rostro dulce y amigable. El que en un momento se hizo llamar "El primer amor de Yamato", y que luego mutó a otro nombre tras un encuentro poco afortunado.
Sora.
La mejor amiga de Taichi, que le había prometido visitarlos pronto. Y también la chica que le rompió el corazón a Matt.
Que ahora que lo recordaba, había entablado una conversación demasiado amena con él luego de haberse terminado el concierto. Y mientras esos dos "Tortolitos" hablaban entre alguna que otra risa sospechosa y tiernas sonrisas nostálgicas Mimi veía todo desde lejos, con el rostro rojo pero de coraje. No sabía por qué, pero en aquel momento había sentido la sangre hervirle y también calentarle las orejas. Y Aunque quería no había podido desviar la mirada de ellos. Sus ojos estaban prendados de él, y de su sonrisa ladina. ¡La cual no debería ser dirigida a ella, cuando siempre fue dedicada a Mimi! O al menos, algún tiempo antes de que apareciera ella.
Ella, con su cuerpo atlético y con tanta soltura para moverse como si controlara perfectamente el sentido del equilibrio, adem'as de un bronceado envidiable.
¡Porque ese cuerpazo de infarto no era gran cosa, ni el bronceado, ni su agilidad! ¡Ni esas sonrisitas ni mucho menos aquel lado femenino que mostraba con toda libertad!
Bufó por lo bajo, vencida.
¿A quien quería engañar? Envidia, maldita envidia. Y odiaba el hecho de que alguien como Sora, teniendo un pasado con Matt, pudiera mostrarse con él como la chica perfecta, mientras que Mimi se disfrazaba de chico para estudiar en aquel instituto. ¿Cómo se fijaría en ella, teniendo a semejante atleta y modelo a su alcance?
Se mordió el labio, atormentada. ¿Por qué se comparaba con Sora?
El sonido de la puerta abriéndose la sacó de sus pensamientos, y al dirigir la mirada hacia ésta sintió que toda la sangre se acumulaba en su rostro, y inevitablemente los acelerados latidos de su corazón dieron inicio.
-Hola- dijo su celestial voz. Voz que canta. Voz que seduce. Voz que acaricia.
Ay, Dios mío…
-Ho-Hola…- respondió la castaña, mirando al suelo con los nervios embobándola, mientras escuchaba los pasos del rubio tras haber cerrado la puerta.
De reojo, vio como el chico se aproximaba a su cama, para luego dejarse caer en ella haciendo que sus cabellos se revolotearan más que antes y que su uniforme se arrugara con las sabanas sin estirar y doblar. Estiró sus brazos hacia arriba, envolviéndose el rostro con ellos al escucharse algún que otro hueso sonar, y con aquella pose desgarbada y cansada Mimi solo pudo sentir como la baba resbalaba de sus labios.
¡Hasta era apetecible de aquella forma!
-¿Sucede…Sucede algo?
El rubio no se inmutó con la pregunta, en cambio, siguió en aquella posición.
-Matt…- insistió ella.
Un segundo luego, el chico asomó su mirada por debajo de sus brazos, posando su vista en los ojos de la castaña, quien no tardó mucho en sentirse nerviosa por ello.
-Pensaba- dijo sin más –Y estoy cansado.
-Ah…
Silencio.
-¿Tai te contó sobre lo de este fin?- le preguntó la castaña tratando de buscar conversación, y de no seguir en aquel incomodo silencio. El rubio asintió con un bufido de por medio. En realidad, recién se lo había conseguido y enterado del plan, aunque no supiese realmente a donde irían. Al parecer era como una clase de "Sorpresa" -¿Sabes a dónde iremos?
-No.
-¿Pero irás?
-Sí.
-¿Por qué me hablas en monosílabos?
-No sé.
El silencio se intercaló entre ellos por segundos, minutos… largos y un poco estresantes, o al menos para Mimi, quien sentía su cabeza darle vueltas, sin saber cómo comportarse o que decir. ¿Por qué? Nada entre ellos había cambiado, ¿No? Debería poder comportarse como siempre, sobre todo al estar en paz con él. Si quería, podía hablarle, preguntarle por la hora, o sobre el clima, cualquier estupidez es válida. Pero entonces, ¿Por qué no podía? No era como si él mordiera, ¿Cierto?
-Mimi.
-¿Sí?- respondió casi de inmediato, y luego tuvo morderse la lengua por haberse oído algo desesperada.
-¿Qué sentiste?
-¿Eh?
-Me refiero a la obra…- la castaña no parecía caer todavía –Al beso.
Ah… eso.
¡ESO!
-B-Bu-Bue-Bueno… Y-Yo… Yo…- su corazón latía más rápido, y las cosquillas eran indomables en su estomago. No, el chico no mordía, ¡Pero vaya que sí sabía cómo hacerle sonrojar! –¿Q-Qué debería…sentir?
Una sonrisa seductora se dibujó en los labios del rubio, y Mimi quiso llorar al no poder controlar los nervios, que parecieron venir agarrados de la mano con su voz.
-No sé… Dime tú- dijo con voz ronca -¿Te gustó?
¡Que si le gustó!
-¡No-No voy a responder eso!- dijo rápidamente.
-¿Por qué no?
-Porque no.
Con reproche, la castaña se dio la vuelta, teniendo como nuevo panorama la pared que estaba pegada a su cama. Trató con todas sus fuerzas de ignorar al Ishida, quien parecía divertido con el vergonzoso tema de conversación. Miraba la pared como si con ello pudiera quitarse de la mente la descarada pregunta del chico. No, no le había gustado el beso. ¡Le había encantado! Y ese era el problema, que aquello no podía ser, que aquellas intensas sensaciones no tenían porque darse en ella, porque él era Matt, su compañero de mesa, su compañero de cuarto, su amargado y sexy cómplice que lo único bueno que ha hecho hasta ahora es hacerle rabiar.
Cerró los ojos, dándose fuerzas, y casi, casi por un instante olvidó por completo que a dos metros de su cama estaba el culpable de todo lo que le ocurría.
Pero un sonido alertó sus sentidos, y escuchar como el rubio se levantaba de su cama supo que no estaba fuera de peligro. Ni mucho menos al escuchar sus pasos, que en lugar de alejarse sonaron más cerca. Más y más cerca.
Tras de ella, el borde de la cama se hundió por un sospechoso peso, y una mano varonil y conocida se apoyó muy cerca de su cabeza. Para cuando Mimi haya sentido que aquello era el colmo de los descaros, se volteó bruscamente, y solo para encontrarse el rostro del rubio inclinado peligrosamente hacia su rostro, teniéndolo a pocos centímetros de distancia separado del de ella.
-Dime la verdad- dijo haciendo que su delicioso aliento a hierbabuena chocara con su rostro, terminando por disparar la tensión de la castaña –¿Te gustó?
-M-Matt…
-¿O quieres que te refresque la memoria con otro?
Casi se desmaya al sentir como el roce de sus narices era el previo aviso de lo que ocurriría, y Mimi simplemente fue cerrando los ojos dejándose llevar, esperando con hambre sentir sus labios contra los de ella. Otra vez.
Deseó sentir la humedad de sus labios, como también la sensación de las manos de Matt envolviendo sus cabellos, cuales reafirmaban la pasión del beso. Quería sentir su pollina rubia haciéndole cosquillas en la frente, y sus calor, su piel, su…
Esperó.
Y esperó.
¡¿Dónde estaba su maldito beso?
-Lo lamento…- dijo el chico de pronto, y la castaña casi se siente morir por ello. Abrió los ojos asustada, y para su sorpresa, ahí seguía estando la sonrisa ladina, y unos brillantes ojos azules que la miraban con sensualidad –Pero no me interesan los chicos.
Yamato hizo referencia con lo dicho jalándole la peluca a Mimi, sin quitársela, y un segundo después se había ido al baño, encerrándose en el.
Y dejando a una chica disfrazada de chico con la sangre corriéndole como loca por el cuerpo.
-¡ERES UN IDIOTA, ISHIDA!
Era temprano, cerca del mediodía, y el clima estaba esplendido.
Pero Yamato miró a la persona que estaba a su lado con un gruñido acumulado en sus labios, cual iba en conjunto con sus brazos cruzados amargadamente. Porque para él el día no era tan genial. No porque el cielo esté despejado de nubes o por el divertido ambiente de aquel lugar, tampoco estaba así por la mala compañía o por cualquier otra tontería. En realidad, estaba así porque era justamente en AQUEL lugar en donde estaban, y, por supuesto, Mimi Tachikawa no se percataba de ello, ¿Cómo lo haría? Si tenía los ojos puestos en todos lados menos en él, ignorando por completo su estado de humor.
Como nunca había ido a un parque de diversiones en Japón estaba como loca, pegando brincos de un lado para otro, comportamiento que hacía de Yamato su sombra, al tener que estar persiguiéndola y avisándole que eso de pegar chillidos de emoción no iba con los "chicos". Le hizo recordar bastante el día en el que fueron al Zoo. Y al igual que ese día, el rubio poseía un humor de perros, como bien había dicho Tokumori al llegar. La única diferencia era que era por otros motivos, como por ejemplo, el haber sido obligado por los ojitos de borreguito de Tachikawa –que, en serio, bajaban todas las defensas de Yamato, ¡Ay!- al querer irse. Ignorante de sus razones, Mimi logró convencerlo, y allí estaban.
En el mismo estúpido sitio en donde había tomado una estúpida decisión que lo llevó a una estúpida humillación pública.
-¡¿Puedes quedarte quieta?- histérico, Yamato agarró el brazo de Mimi tras susurrarle aquello justo cuando la chica pensaba correr de nuevo para curiosear, pegándola a su lado y haciendo que la castaña lo mirara con reproche -¡Pareces una niña!
-¡¿Qué tiene de malo que me emocione con este lugar?- se defendió la chica, susurrando también. Sus compañeros de clases estaban un poco apartados de ellos, todos esperando por Taichi que aún no llegaba -¿Qué te pasa? Estás insoportable.
-¡Tú estás insoportable!
-¡Claro que no!
-¡Chicos!
Aquella voz logró dar por terminada la breve discusión entre ambos chicos, quienes en compañía con sus otros compañeros voltearon hacia atrás para encontrarse con cierto moreno con cabellos chocolates que corría hacia ellos, acompañado.
Y Sora Takenouchi era ese acompañante.
Mientras se saludaban y se recriminaban la espera, Mimi miraba a la chica desde su puesto, un poco intimidada. O celosa. ¿Qué hacía ella aquí? ¿Quién la invitó? Miró al moreno quien parecía bastante sonriente, al igual que Tokumori, y Koushirou. Todos contentos por la llegada de ella. Y mientras que Mimi vestía unos pantalones bastante anchos y una camiseta demasiado grande para su cuerpo –que según Sarah nunca crearía sospechas-, aquella chica vestía de la forma más femenina posible, pero con su estilo atlético. Sandalias bajas, unos shorts blancos que resaltaban el bronceado de sus piernas, y una blusa de mangas largas y con cuello en "V", que revelaba lo bien dotada que estaba, ¡De paso!
Sí, Mimi se sentía celosa, porque todas las miradas estaban sobre Sora, y no sobre ella. Y aunque parecía lo más recomendable, en estos momentos era todo lo contrario en su interior, siempre estuvo acostumbrada a ser halagada por su físico, por su belleza, y ahora vistiendo esas ropas tan poco atractivas hacía que la autoestima de ella bajara notoriamente.
Sobre todo cuando, al voltear hacia Yamato, este miraba a la chica fijamente.
-¡Oh, hola, Matt!- finalmente Sora se acercó a ellos, sonriente -¡Miso, que genial verte! ¿Cómo estás?
-M-Muy bien… gracias.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Matt, desconfiado.
-Hey, no seas maleducado- defendió Taichi burlón –Me pareció una buena oportunidad para un reencuentro.
-Y hablando de reencuentro… ¿Qué pasó con Sato y Louis?- preguntó de repente la pelirroja, extrañada, mirando a su alrededor buscando rastros de los chicos.
-Les fue mal en un examen y tienen el de recuperación mañana Lunes- Tokumori se había acercado a ellos, respondiendo la pregunta de la chica –Pero te mandaron muchos saludos.
-Que mal. Al parecer hay cosas que nunca cambian, ¿No?
Entonces hubo un segundo en donde Sora correspondió la fija mirada del rubio.
Y Mimi sintió que no lo aguantó más.
-¡Oye, vayamos a eso!- dijo de repente, jalando al rubio de la manga y llevándoselo con ella.
No le importó haber sido maleducada, o haberse llevado a Matt como si estuviera compartiendo con él nada más y no con el resto de los chicos. En realidad, le importaba un bledo lo que pensaran de ella, con tal de detener el camino que estaban tomando sus pensamientos, supo que debía de alejarse de ahí cuanto antes. Y, por supuesto, Matt iría consigo.
Después de todo, sentía que el culpable de los nervios y la molestia era Sora. Y no le gustaba en lo absoluto como miraba al chico.
¡Es que no tenía ni porque mirarlo!
-¡Hey, espérennos!
Yamato escuchó la voz de Tai, y no faltó mucho para que los alcanzara. Mientras iban a lo que parecía un juego de kartings, el rubio pensó un poco en la nueva integrante del grupo, quien lo había sorprendido bastante. No es que haya querido sonar grosero al preguntarle por qué estaba con ellos, pero de verdad le extrañaba bastante que fuera justo hoy, y justo en ese lugar en donde habían programado el reencuentro. Tampoco le importa mucho. Después de todo, luego de haber conversado con Sora en el día del concierto, ya la tensión en el ambiente había disminuido una gran cantidad, aunque no se haya nombrado el tema de su ruptura tiempo atrás.
En lugar de darle cabeza a ese asunto, miró a la castaña que lo llevaba a rastra y pudo percatarse de su extraña actitud. Parecía molesta, porque la mueca que tenía en la cara era más que obvia, pero lo que no entendía era porque había jalado de él, sabiendo que la razón más probable de su molestia sea la discusión que no hace mucho habían tenido. Una tonta discusión, por cierto. ¡Pero es que lo estaba sacando de quicio! Además, ahora que se daba cuenta, él realmente no tenía ganas de salir hoy. Haberse quedado en el instituto suena mucho más atractivo que esto, pero claro, el gran detalle es que nada tenía sentido si Mimi no estuviera con él…
Por eso, y por los ojitos de borreguito había venido. Pero si le dieran a elegir, hubiese preferido quedarse en la habitación. Con ella.
Después de todo, era divertido hacerle sonrojar cada vez que la chica bajaba la guardia.
Un poco más, y haría que Mimi deseara estar con él.
-¡Bien, morderán polvo!- alegó Tokumori sonriente, interrumpiendo los pensamientos del rubio al estar todos en la entrada del juego. Incluso se había remangado la franela para alardear de su talento con los carros. El chico a pesar de tener un fuerte interés en la música, siempre ha soñado con manejar algún ejemplar de la Formula 1. Y esto de los kartings era algo así como un consuelo para el pelinegro al no poder llegar tan lejos aún.
Koushirou y Sora, quienes no se sentían familiarizados con la velocidad, habían decidido ver la carrera en las gradas, y Matt pensó que no sería mala idea de que Tachikawa formara parte de ellos, sabiendo lo delicada que era para ese tipo de juegos. Viendo las intenciones de la chica por participar, el rubio la jaló deteniéndola, con rostro preocupado.
-¿A dónde vas?
-¿A dónde más, tonto? Quiero jugar.
-No en este, es muy rudo para ti.
Taichi se percató de la conversación, justo en el momento en que entregaba uno de sus tickets para participar.
-¿Cuál es el problema de que juegue?- interfirió el moreno, burlón –Tranquilo, Miso. Yo cuido que nadie te pase, ¡Pero tendrás que pasarme primero a mí!
Mimi trató de seguirlo al ser la siguiente en dar su ticket, pero el rubio volvió a detenerla esta vez colocándose en frente de ella. Esta lo miró con el ceño fruncido sin entender su insistencia.
-Ve a las gradas- insistió –Allá está Sora, puedes charlar con ella mientras termina la carrea.
Pero al nombrar a la Takenouchi, Mimi frunció el ceño, considerando la idea de ir a las gradas como absurda. ¿Qué le hacía creer al rubio que ella quería sentarse con Sora para hablar amenamente?
-No, gracias. Quiero jugar.
-Mimi.
-¡Quítate!- bufó la ojimiel.
-¡No jugarás!
-¡Pues mira como te hago caso!
Con un fuerte empujón lo sacó de su camino, tirándole el ticket al chico de la entrada para luego salir corriendo hacia el último carrito disponible. Yamato, indignado, estuvo a punto de entrar y seguirla, pero fue detenido por el mismo chico alegando que debía esperar para la otra carrera para participar. Sin entender, señaló al último carro que había, cual estaba estacionado detrás de Mimi, y el encargado de recibir los tickets le explicó que recién se había dañado. Yamato comprendió entonces que no podría cuidar de ella desde cerca.
Observó como la chica se ponía su casco, y que luego se sentaba en aquel diminuto vehículo, cual comparado a ella, era demasiado grande, y peligroso.
Cuando la bandera dio señal de que la carrera había empezado, el Ishida empezó a rodear unos pocos metros de la pista, al momento en que la castaña había acelerado y arrancado en la informal competencia. Vio como la chica iba a la par con Taichi, con Tokumori bastante delante de ellos. Era una terca, lo era, ¿Cómo puede andar participando en cosas así? No era un chico, ni una chica lo suficientemente competitiva como para correr en kartings. Mimi era muy frágil, y la consideraba demasiado delicada para estas cosas. No por subestimarla, o discriminarla por su género, sino porque la conocía, y era más que obvio que ella no nunca había participado en algo así.
Mucho menos disfrazada de chico. ¿Es que era tonta?
Apretó los puños, preocupado, al ver como Taichi se le adelantaba y la dejaba atrás, haciendo que las curvas las llevaran más osadamente al tratar de alcanzarse.
¡Sí, lo era, tonta y terca!
-De paso manejas mal- dijo en voz baja.
-Matt.
No reaccionó al escuchar a Sora a su lado, en cambio, siguió mirando la competencia, pero consciente de que no estaba solo.
-¿Por qué no participaste?
-No habían más carritos.
Ambos observaron como los tres chicos daban la primera vuelta, faltando cuatro. Estaban en silencio hasta que la pelirroja con una sonrisa volvió a hablar con él.
-La obra estuvo increíble. Aunque no entendí muy bien porque saliste en nada más una escena.
-¿La viste?- sorprendido.
-¡Sí, claro! No me la hubiese perdido, ¡Me reí muchísimo!
Por otro lado, Mimi parecía absorta en la carrera. Tenía los ojos en la pista, las manos en el volante, y los pies en cada pedal. Quizás tratar de alcanzar a Tokumori era imposible, pero Tai no estaba muy lejos, en realidad, unos pocos metros y lo alcanzaba. No podía negar que no estaba hecha para este tipo de cosas –esperaba que esta se la ultima vez, ¡Sus pobres pies!-, pero el arranque de adrenalina es lo suficientemente fuerte como sacarle la fuerza de donde no existe para mover el volante con agilidad, y sus reflejos estaban al máximo, al poder percatarse en donde estaban exactamente los otros competidores o cual era la curva más cercana.
Taichi había empezado a alejarse, frustrando a Tachikawa. Si dejaba que se alejara más no podría alcanzarlo.
Ahora que lo pensaba, ¿Por qué kartings? ¿Por qué no se le había ocurrido ir a una montaña rusa o a la rueda de la fortuna? No tendría porque tocar un volante donde miles de manos sudadas han estado, o con un casco que olía a humedad y a pizza –sabrá Dios como llegó el olor a pizza en algo que sirve para la cabeza-, y algo como un carrusel hubiese sido lo más adecuado para ella, sabiendo lo bonitos que son los caballos con aquella cantidad de decoraciones y luces.
Bien, tenía una pequeña sospecha de porque había elegido los kartings. Y es que tener a Sora mirando a Yamato no le gustaba, ¡Nada de nada! Mucho menos estar a solas con ella, como Yamato se lo había propuesto al decirle que este juego era muy rudo para ella. Claro que no se quedaría con Sora en las gradas, por más amena que sea la compañía de Koushirou. No le gustaba estar cerca de ella, porque inevitablemente se comparaba con su belleza, con su vestimenta, con su simpatía y con su feminidad, y no le gustaba sentirse de esa forma. Además, no es como si verla embobada por el Ishida fuera genial, porque era más que obvio que la chica seguía embobada de él, ¿No? ¡Como él de ella, según había concluido el día de su más desagradable discusión! No, no le agradaba Sora, por muy simpática que se vea, no le gustaba y punto. Matt era un tonto por haberse fijado en esa chica.
Y hablando de Matt, ¿Dónde estaba?
No recuerda verlo alcanzarle, ni parecía estar delante de ella. Volteó rápidamente hacia atrás, y no había más nadie, en la competencia estaba Tokumori, Tai, unos cuantos competidores más y ella. Ishida no estaba compitiendo.
-¿Dónde se metió?- se preguntó preocupada, buscándolo con la mirada por todos lados, hasta que de reojo vio a un joven rubio cerca de las gradas, quien parecía conversar con una chica.
Abrió los ojos de un golpe y se olvidó por completo de la competencia, mirando con atención al supuesto chico rubio, y que resultó ser Yamato.
Obviamente, no hacía falta ser adivino para darse cuenta que aquella pelirroja era Sora.
¡Y los dos estaban hablando de lo más normal, como si nunca hubiesen tenido algo que terminó mal!
-¡Ese idiota!- gruñó Tachikawa, acelerando un poco más justamente en una curva muy cerrada. Lo cual, por razones lógicas, terminó por afectar al vehículo -¡AY!
El pequeño carro empezó a colearse. Mientras ella trataba de controlarlo con el volante no supo lograrlo con los pedales, al tratar de permanecer en la pista. El sonido de los cauchos picando en el suelo atrajo la miradas de todos, y Mimi al darse cuenta que no había manera de mantenerse en la pista en cuestión de segundos terminó por montarse en la grama, arrancando una gran parte de ella y de tierra. Movió el volante para todos lados, asustada, y como si eso no fuera suficiente para controlarlo un gran tronco parecía ser lo único en su camino, cual con un sonoro impacto detuvo cualquier clase de movimiento del vehículo.
Una gran cantidad de hojas del mismo empezaron a caer sobre la castaña, mientras que desde la gradas un preocupado rubio había visto perturbado toda la escena.
-¡Mimi!- llamó, muy preocupado, saltando la cerca que separaba al público de la pista para luego correr sin importarle los otros jugadores hacia la chica. Esquivó a Taichi, incluso, quien al percatarse de todo estacionó rápidamente el vehículo a un lado. Los encargados del sitio también no tardaron en reaccionar, dos de ellos corriendo hacia el sitio mientras que los otros veían desde lejos la situación, en compañía del público.
Matt corrió hasta la castaña, y al momento de tenerla en frente la ayudó a quitarse el casco, sintiéndose un poco aliviado al verla consciente.
-¿Estás bien? ¿Te lastimaste?- con voz preocupada, observó el rostro asustado de la chica, quien aún con la peluca en su lugar revelaba su vulnerabilidad con aquel puchero –Mimi.
-Me duele un poco el cuello… el impacto me sacudió un poco.
El moreno se acercó luego de que la chica se sobara el cuello, inclinándose un poco a su altura.
-Lo siento, Miso, debía de haber estado pendiente de ti… Pensé que no tendrías problemas de alcanzarme y…
-No, Tai, no es tu culpa. Me distraje con…- miró a las gradas, donde había esta vez estaba Sora en compañía de Izzy, mirando atentos hacia su dirección. Luego miró a Yamato, con ojos tormentosos, y el chico no pudo evitar sentirse consternado al verla, malinterpretando su expresión.
-Te dije que esto era muy rudo. Te has hecho daño.
-¿Se lastimó?- preguntó uno de los encargados, un adulto joven -¿Quiere que llamemos a una ambulancia?
Mimi miró al hombre avergonzada, no creyendo que aquel golpe haya sido tan grave como para llegar a eso. Negando rápidamente, se quito el cinturón y la colcha que protegía su cuello. Quizás, de no haber tenido aquel objeto hubiese sido peor. Pues la sacudida al chocar contra el árbol había sido bastante fuerte.
-No, no es necesario- con ayuda del rubio y de Tai, se levantó y salió del auto -¡Lamento los daños!
-No se preocupe, vayan con cuidado.
Los chicos se dirigieron hacia las afueras de la pista, siendo acompañados desde la entrada por Tokumori, que al parecer recién se había percatado del pequeño accidente justo luego de haber llegado de primero en la competencia. Mimi respondió con una penosa sonrisa que se encontraba bien, que podía caminar y que no había nada de qué preocuparse. Incluso trato de calmar a los comentarios preocupados de Koushirou y Sora, quien, por cierto, la miraba con ojos estudiosos y preocupados.
Incomoda con la fija mirada de la pelirroja, los chicos abandonaron el juego mientras Yamato seguía ayudándola a caminar, aun cuando no era realmente necesario el ser ayudada. De reojo trató de comprobar si la chica persistía con aquel inesperado acoso visual, pero al ver como esta se reía de algún chiste tonto que había dicho el Yagami suspiró. Quizás estaba imaginando cosas.
-Y te vuelvo a decir, ¡No se compara!
-Por supuesto que no, el helado es mucho más refrescante.
-¡Es el refresco, idiota! ¡Por algo se llama re-fres-co!
La tonta discusión entre Taichi y Tokumori había sido la protagonista de la conversación entre los chicos. Luego de salir del juego de kartings, todos optaron por ir a tomar algo, para refrescarse un poco bajo el incandescente sol que acaloraba a todos los visitantes. Por la graciosa fachada, entraron a un sitio donde servían las bebidas más frías del sitio, y luego de haber pedido extrañas mezclas para refrescarse un poco, Tokumori había sacado el tema de que era preferible un helado, en vez de aquello para sentir menos calor. Tai, obviamente, no perdió la oportunidad para llevarle la contraria, alegando que en tal caso el refresco era mucho mejor que un helado a la hora de aliviar la sed. Pero, como es de esperarse, ninguno de los dos se rindió con aquel tema, y no faltó mucho para que Sora, Izzy, Matt y Mimi se percataran de la insulsa discusión.
-¿No les parece un poco tonto el tema?- opinó Izzy, tras darle un sorbo a su batido de piña con guayaba –Ambas cosas son refrescantes.
-Kou tiene razón- todos miraron a Sora, que sin parar de beber su batido de melocotón por el pitillo había dicho aquello –Es lo mismo.
-Claro que no, ¿Por qué crees que cuando comes helado te da sed luego?
Tokumori estuvo a punto de llevarle la contraria, cuando Mimi interrumpe la discusión sin parar de batir su bebida con el pitillo.
-En realidad no te da sed, es porque el helado tiene un alto contenido de azúcar, y uno toma agua para librarse de ese sabor dulzón que queda… no porque nos de sed. El refresco es lo mismo- bebió distraída, sintiendo la frescura de su batido pasar por su garganta.
Todos la escucharon atentos, como no creyendo que ella pudiera salir con algo como eso, y mucho menos cuando lo que había dicho era lo que se necesitaba para cortar aquella tonta discusión.
Mimi, tras notar que nadie había hablado, los miró confundida, sintiéndose un poco cohibida.
-Y-Yo… quería decir… ambas son bebidas refrescantes, sí, pero de nada sirve si luego te dará sed…- pausa -¿No?
Tras segundos sin que nadie dijera nada, Tai empezó a reír, y luego fueron sumándose Tokumori y los demás, explotándose en risas que terminó por contagiar a Mimi, al principio confundida con sus reacciones. Incluso Matt, que había estado bastante callado durante todo el rato, estaba riendo, y la castaña no tardó en darse cuenta lo guapo que se veía riendo, con aquellas líneas de expresión varoniles que se acentuaban con cada risa.
Disimuladamente trató de ocultar el sonrojo volviendo a mirar su batido, mientras que poco a poco todos volvían a la normalidad luego de aquel ataque de risas sin sentido. Al menos para la castaña.
-Está dicho, esta discusión ha sido un total fracaso como aporte nutritivo a la humanidad- dijo Tokumori secándose una lagrima del ojo, con alguna que otra risa escapando de sus labios –De ahora en adelante, ¡Batidos para refrescarse!
-¡Salud!- dijeron todos chocando los vasos de sus batidos, sonrientes.
Luego de aquello habían aprovechado el día en el resto de los juegos, desde la casa encantada que había aterrorizado gravemente a Sora y a la castaña –quien tuvo que agradecer al Ishida varias veces cuando le tapaba la boca en medio de un grito femenino-, luego se habían montado en el carrusel, por insistencia de Tokumori, que en medio del dar vueltas y vueltas hizo reír a los muchachos con sus elocuencias, como lo fue cuando empezó a hacer un stripper parado sobre el caballo con el tubo que lo sostenía. No duró mucho para que seguridad los obligara a abandonar el juego. Y aprovechando el recorrido, se montaron en una montaña rusa, inmensa y veloz, en donde todos pudieron disfrutar sin complicaciones el sitio, con excepción de la castaña y Yamato, la primera por evitar que la peluca saliera volando por los aires y el segundo por acompañarla, aunque aun le cueste demostrar ese lado cariñosamente cuidadoso de él.
Habían disfrutado el parque, eso era seguro, y comieron cada cosa que a pesar de ser un potente de males estomacales sirvieron para animar aun más el rato. Desde algodones de azúcar, helados, refrescos, y perros calientes. Y como bien había dicho la castaña, bastante agua para aliviar la extraña ganas de quitar tanto dulce de la lengua.
Ya estaba anocheciendo, y como no faltaba mucho para tener que regresar a casa, habían decidido ir a un último juego, el más grande de todos, el más llamativo y, cabe destacar, el más romántico.
Desde lejos se podía avistar una gran estructura metálica en forma de rueda, con una increíble cantidad de luces decorándola y que cada vez que se movía éstas titilaban. Era lo más resaltante de aquel parque, y según el mismo era su mejor atracción. Mimi miró aquella majestuosidad con ojos deseosos, proyectando en su mente una pobre foto de cómo se podría ver todo el alrededor de lo más alto. Seguro se vería maravilloso, y más siendo de noche, cuando cada luz de cada bombillo en el parque iluminaba todo el sitio. Y hablamos de millones, tomando en cuenta el tamaño colosal del mismo.
Teniendo a Yamato a su lado, y unos pasos más atrás de los demás, volteó a verlo emocionada, y el chico al sentir su mirada puesta en él terminó por corresponderla, un poco sonrojado.
-¿Qué?
-Este ha sido un día genial- respondió demasiado contenta, y un calor agradable se extendió en el pecho del Ishida –Ha sido la primera vez que he venido a un sitio así, ¡Gracias!
-¿Por qué me lo agradeces?
-Pues, por pagarme la entrada y… por venir. No hubiese venido sin ti, después de todo.
Matt la miró fijamente, sin poder creer que aquel momento tan afable se estaba dando justamente entre ellos dos. Era un ambiente distinto, claro, pero confortable, dulcemente confortable, y aquello le gustaba de una manera celestial al chico. Verla tan animada, y con esas sonrisas que aún conseguían quitarle el aliento hacía de Yamato muy afortunado. Se sentía tan a gusto con ella, y verla feliz le daba la impresión de que ella estaba igual de gustosa con él.
Mimi, al sentirse mirada de aquella manera tan intensa y dulce, sintió como sus mejillas se sonrojaban hasta más no poder. Y es que el chico tenía una expresión demasiado sexy y hermosa, como para ser cierto. En instantes, volvió a contemplar los atractivos rasgos del rubio, su nariz perfilada, sus ojos atigrados y de un azul perfectamente perfecto, sus labios casi asimétricos y proporcionados… cada parte y ángulo de su rostro tenía escrito "Soy Hermoso", y Mimi no sabía cómo ser ciega con semejante belleza. A pesar de verlo ser arrogante en algunas ocasiones –como bien se comportaba cuando la seducía o la acorralaba-, no podía negar que Yamato era todo el prospecto que una chica soñadora y romántica podría querer como pareja. O sea… es que…
-Mimi…
-¿Sí?- con un hilo de voz.
-¿Piensas besarme o qué?
La castaña abrió los ojos de golpe, y rápidamente se dio cuenta que se había detenido y se encontraba con el cuello levemente estirado hacia arriba, como queriendo alcanzar la altura del rubio. Quien parado en frente de ella estaba a unos cuantos centímetros de su rostro, con una ceja enarcada y sonrisa traviesa.
Sus ojos color habían estado cerrados, y sus labios entreabiertos.
¡Y estaba a punto de besarlo!
-¡E-E…YO…EST-TABA!- tragó pesado, avergonzada hasta más no poder, y roja del coraje infló sus mejillas,
Indignada consigo misma, y sin decir más nada, dio unas cuantas zancadas siguiendo a los chicos, quienes ni se habían percatado de su atraso. Yamato, en cambio, miró burlonamente a la chica, para luego sentir el cosquilleo en su estomago y una emoción arribarle el cuerpo. De no haberla conocido como lo había hecho, de no estar vistiendo esas falsas ropas de hombre y de no estudiar en un instituto para chicos, Matt comprendió que sin duda este momento se hubiera dado de alguna manera, porque se sentía tan a gusto con ello que no parecía coincidencia nada más. Era mucho más que eso.
Supo entonces que, de haber la oportunidad, le pediría una cita a la castaña, para disfrutar de una manera mucho más intimo aquel momento.
Luego de haberle confesado sus sentimientos, finalmente.
-Esta rueda de la fortuna tiene la mejor vista de todo el parque- acotó Izzy, apenas todos los chicos se habían reunido en la cola para el juego –Una vez vine con mis padres, y fue increíble.
-Yo también vine una vez…- agregó Tai, esta vez con una sonrisa débil –Con Hikari.
-¿Hikari?- cuestionó la castaña, incluida en la conversación -¿Era tu novia?
-No, era mi hermana- todos parecieron un poco tristes con aquel comentario, y Mimi apenas recordó el significado del "era" se consternó –Murió hace unos años.
-Tai, yo lo siento…
-Tranquila- el moreno sonrió para restarle importancia –Fue una hermana maravillosa, y lo seguirá siendo. Ahora nos toca a nosotros de tener un recuerdo estupendo de este lugar, ¿No?
Sora tomó de la mano al chico de forma cariñosa, dándole una sonrisa cómplice cual fue de inmediato correspondida.
-Claro que sí- un hombre les llamó avisándoles que era su turno de abordar el siguiente cubículo. Sora, siendo la primera, pasó y entró en el mismo. Tai se había detenido así que Matt, quien era el siguiente, le siguió los pasos a la pelirroja indiferente con sus manos en los bolsillos, y no fue hasta haber entrado al cubículo que notó que nadie lo seguía, en cambio, los chicos seguían en su lugar, con una Mimi perturbada al haber sido detenida por el moreno fácilmente.
Estuvo a punto de salir, pero el hombre encargado del juego jaló la palanca de la máquina de control, logrando que las puertas del ajustado espacio se cerraran para luego obligarlo a sentarse, al sentir como se mecía el cubículo.
Bastaron unos segundos para entender entonces que fue lo que pasó, y al ver la sonrisa traviesa de los chicos lo comprendió todo.
¡Los muy idiotas habían planeado esto desde el principio!
-¡Los voy a matar!- gruñó el Ishida, mirando con agujas en los ojos hacia su dirección, ignorando por completo el rostro de la castaña, que lejos de ser juguetón o vengativo, se asimilaba un poco al dolor, preocupación y molestia.
Ella lo miraba de esa forma porque era justamente lo que sentía. Y el haber sido jalada inesperadamente por Taichi cuando le estaba siguiendo los pasos al rubio no le había dado tiempo de reaccionar, justo hasta ese momento, que no sabía definir todo lo que sentía en su interior.
-Aquí fue la última cita de Matt con Sora- comentó de repente el chico, y Mimi sintió como caía en un vacío oscuro, frío y tenebroso al procesar aquellas palabras –Y Sora nos pidió una segunda oportunidad para hacer lo que no hizo la primera vez.
-Después nos lo agradecerá.
El comentario de Tokumori o el de Taichi dejaron de tener importancia, porque desde donde estaba la castaña miró con ojos temerosos como aquel cubículo se alejaba más y más de su vista, de su total vigilancia, sin poder estar al tanto de lo que ocurra, como ocurra, y cuando ocurra.
En aquel espacio estaba Sora, el primer amor de Yamato. Hermosa, simpática, dulce, agradable, había pedido una segunda oportunidad a los chicos, para intentarlo a pesar de estar consciente de lo injusta que había sido con él tiempo atrás. Era una chica, una femenina y atlética, una que había movido el piso del rubio, y que aún podría seguir haciéndolo. Porque, a ojos de Mimi, él parecía seguir sintiendo algo por ella.
Y también, en aquel reducido e íntimo espacio, estaba Matt. Su compañero de cuarto, su compañero de mesa, su mejor amigo en aquella institución desbordante de masculinidad, y quien ha velado por ella desde el primer momento en que reveló su identidad. Yamato, el mismo chico que la ha cuidado, le ha hecho llorar, sonreír, y que ha estado con ella día y noche, estaba compartiendo a solas con la que fue su primer amor no correspondido.
En aquel romántico y oportuno ambiente, estaba Sora, y con ella Matt.
SU Matt.
-¿Qué tal si vamos a los mini juegos?- opinó Taichi, al momento en que empezaban a caminar en dirección a lo que parecía una pequeña feria de juegos de tiro al blanco. Mimi, en cambio, se había quedado estática en su lugar, quien no parecía salir de su trance -¡Eh, Miso! ¡Vamos!
Desde arriba, a unos 6 metros que poco a poco iban aumentando a medida que se movía el cubículo en forma circular, un rubio perturbado e incomodo miraba hacia abajo a través del ventanal, en silencio. Desde aquella altura podía ver la silueta de la castaña, y aunque era difícil detallar su rostro como si la tuviera a pocos centímetros, percibía que no se encontraba bien, y estaba realmente preocupado por bajar de aquel estúpido juego y volver a estar cerca de ella.
En lugar de ver la hermosa vista que ofrecía aquella estructura dinámica, miraba hacia abajo, molesto. Totalmente indiferente a la persona que justamente lo acompañaba en ese momento.
-Matt, relájate, ¿Ahora le tienes miedo a las alturas acaso?- soltó la chica con una sonrisa burlona, pero no ofensiva, y fue gracias a eso que el chico supo que lo mejor era esperar, suspirando –Mucho mejor.
-Lamento que estemos aquí solos, Sora. No pensé que los chicos seguían siendo igual de inmaduros que antes- bufó –Apenas salgamos de aquí les daré una paliza por los dos.
En medio de aquel temporal silencio, Yamato empezó a disfrutar de la vista del parque, tratando de distraerse. La verdad, ver aquel inmenso terreno repleto de grandes juegos de distracciones adornados por una absurda cantidad de luces había hecho de aquella broma pesada algo mucho más llevadero. Desde aquella altura podía ver hasta la entrada del parque, que era lo más lejos de donde estaban, como también a todas las personas que se divertían en él como todo un fin de semana. Pudo ver a personas disfrazadas animando a familias, a la montaña rusa funcionando y causando gritos de emoción en algunos visitantes, incluso la casa de terror no estaba tan lejos, pudiendo escuchar algunos alaridos de terror que desde donde estaba daba un poco de risa. ¿Acaso la momia era lo suficientemente aterradora? Para él no lo había sido en lo absoluto.
Miró el paisajismo, el cielo oscuro y estrellado, sintiéndose a gusto con haber podido tener un día agradable, a pesar de todo.
-Matt…
-¿Mmh?
Sin mirar a la pelirroja, siguió contemplando aquella vista.
-¿Recuerdas cuando vinimos a este lugar?
Pero repentinamente la vista había dejado de ser maravillosa, sacándolo de su total comodidad. Extrañado, miró a Sora. Claro que recordaba haber venido con ella, si por esa razón no le había gustado estar aquí al principio.
Aquello fue cuando tuvieron su última cita, antes del concierto. En realidad, este había sido el último juego que disfrutaron. Solos, con una vista nocturna casi tan bonita como esta, por poco había sido el momento perfecto para pedirle ser oficialmente novios. Pero Yamato a última hora había preferido otro momento para ello, animándose a ser un poco más romántico, porque Sora lo merecía, animándose a ser un poco arriesgado, porque Sora lo valía. Así que en vez de pedirle aquello en aquel preciso momento, intimo, romántico, y perfecto, lo había hecho al día siguiente, durante el concierto, frente de cientos de personas. Porque por Sora pensó que valdría la pena pasar por semejante bochorno.
Pero no fue así. Al terminar, y luego de esperar una hora y media en su camerino, ella nunca llegó. Ni lo llamó, ni volvió a responder sus llamadas. Y al creer que al día siguiente aparecería disculpándose por aquello, solo hizo que todo se desplomara. Porque a la final nunca volvió a saber de ella, solo por medio de Tai.
Claro que recordaba esa cita, porque aquella había sido el detonante de muchas preguntas, ¿De no haber sido en el concierto, ella habría respondido que sí estando en la rueda de la fortuna?
¿De no haber desperdiciado aquel momento, quizás aún hoy podrían seguir siendo novios?
-Cuando nos subimos a este juego… esperé que me pidieras ser tu novia, ¿Sabes?- confesó la chica, sacando finalmente a Yamato de sus pensamientos –Creí que ya no te interesaba, y en aquel entonces era muy tímida como para pedírtelo. Cuando llegué a mi casa en esa noche me sentí muy tonta, y lloré hasta quedarme dormida.
El rubio abrió los ojos como platos, sin creer lo que escuchaba.
¿Había escuchado bien?
-¿Tú…querías ser mi novia en ese entonces?- preguntó incrédulo.
-Claro- una sonrisa triste se formó en sus labios –Siempre lo quise.
-Entonces, ¿Por qué en el concierto…?
-Porque había ido ese día para pedirte que no nos viéramos más. Ni sabes lo que planeaba decirte, hasta temía ponerme a llorar al verte- comentó avergonzada –Me hice toda una novela en la cabeza, incluso pensé que si me decías que necesitabas tiempo imaginaría que era por otra chica. Estaba demasiado paranoica.
El chico siguió mirándola asombrado, sin poder comprender nada de lo que había dicho.
-Pero luego… me lo pediste… antes de aquella preciosa canción, en frente de todas esas personas- Yamato atisbó a ver como los ojos de Sora se humedecían, viéndose tan distinta a como solía verla antes, fuerte, sonriente, segura, jamás la había visto de aquella manera –Era el sueño de toda chica, y yo me sentí aterrada. Por un lado me había sentido tan feliz, porque era correspondida, pero por el otro, sentía tanto rencor por cómo me había sentido en la noche anterior… no me gustó sentirme de esa manera, porque era como odiarte, pero no a ti, sino a la imagen que creé de ti al no obtener lo que más soñaba.
-Y por eso te fuiste- dijo con voz fría y gesto molesto Yamato –Y por eso no respondiste mis llamadas.
-Lo lamento…
Entre ambos se intercaló unos segundos de silencio, sin percatarse que el movimiento de la rueda se había detenido, como suele pasar para poder apreciar mejor la vista. Seguro ya habían dado una vuelta, pero aquella conversación se había tornado tan seria que ninguno de los dos le prestó atención a su alrededor.
Sora miraba a su acompañante con ojos tristes, arrepentidos, y no fue hasta escuchar un sonoro suspiro escapar de sus labios que supo que el peor momento había pasado. Lo conocía bien, y sabía que Yamato podía reaccionar de peores maneras, y más con noticias así, pero verlo relajado a su manera alivió a la pelirroja.
-No importa- respondió el rubio, con voz cansada, haciendo que la chica lo mirara sorprendida, que luego cambió a una expresión tristeza –Ya pasó, y tuviste razón en parte de sentirte de aquella manera. Fue mi culpa en darte esa idea- al volver a mirar a la chica, estando antes concentrado en el suelo pensando en qué decir, se mostró más comprensivo, pero el tono de voz seguía teniendo algo de reprimenda. Sora lo entendía –Pero el irte no solo cambió mis sentimientos por ti, también afectó a una potente amistad… Jamás me esperé algo así de tu parte, Sora.
-Lo sé… y por eso estoy tan arrepentida- la chica bajó el rostro, ocultando el dolor que revelaba su expresión –Yo… Discúlpame…
-Hey.
Sora subió la mirada, no porque haya querido, en realidad, una mano masculina y fuerte había levantado su rostro por su barbilla, dándole a ver que Yamato se había inclinado hacia ella para alcanzarla y de esa manera ofrecerle aquella mirada comprensiva rara vez vista en él. Sintió su corazón acelerarse, y todo aquel conjunto de sentimientos cada vez que lo tenía así de cerca en tiempos atrás había vuelto con todas ganas, pero esta vez, precisamente desde la última vez que lo vio, ya no la miraba con amor. Todo ahora era distinto, y ella lo sabía.
-Tranquila, ya pasó, ¿De acuerdo?
Y, a pesar de lo mucho que le dolía, conocía la razón.
-La verdad… Matt…- se separó de su mano, suspirando –El que estemos aquí solos fue gracias a mí.
-¿Qué?
-Le pedí a Tai que nos dejara solos- continuó –Porque quería ser yo quien remendara las cosas entre nosotros, y aprovechar lo que no pude al dejarte en aquel concierto- sonrió, y sintiendo como la rueda proseguía su último recorrido hacia abajo, confesó con voz dulce –Te amo, Matt. Y quisiera estar contigo…
Mimi entró a la habitación con rostro cansado, escuchando los pasos del rubio también al entrar con ella y luego la puerta siendo cerrada.
I can't wait…
Eran las 11 de la noche, una hora bastante tarde para lo que habían planeado para la hora de regreso. En realidad, habían regresado tarde gracias a la brillante idea de Tokumori por ir a bailar un poco, luego del parque de diversiones. Con los contactos del chico, lograron entrar a una discoteca en donde solo permitían la entrada para mayores de edad, y con pintas de no haber pasado una mañana corriendo por ahí y por allá. Pero aquello no fue un problema para los amigos del pelinegro, que siendo hijo del socio de la discoteca si le daba la gana entrar desnudo y oliendo a basura no le prohibirían la entrada.
Pero Mimi no le prestó atención el haber ingresado a una discoteca siendo menor de edad, ni mucho menos haber tenido la oportunidad de beber cocteles de los que siempre había leído en revistas. Para ser francos, a Mimi no le importaba haber sido vista por chicas quienes juraban de su masculinidad, al verse rodeada de guapos chicos y con ropas varoniles.
Nada de eso le importó, porque luego del parque de diversiones, no quería saber de más nada.
No había podido quedarse a ver como el rubio y Sora salía de la rueda de la fortuna, porque Tai la había obligado a irse con ellos. Y no fue hasta luego de un rato que se reencontraron, y ambos chicos venían de lo más cercanos y sonrientes.
I can't wait
Let it be now
I want to breathe
I want to feel
-¿Te vas a bañar primero o…?- preguntó repentinamente Yamato, sacando a la castaña de sus pensamientos –Mimi.
No respondió, en cambio, ingresó al baño encerrándose en él, dejando al chico sorprendido por la extraña actitud que tenía ella desde que habían salido del parque.
Como acostumbra siempre cada vez que la chica usaba el baño, cerró con seguro la puerta de la habitación, aunque tenía la certeza de que a nadie se le ocurriría molestar, tomando en cuenta lo dormidos que deben estar todos al tener clases dentro de unas pocas horas. Además, no es como si Taichi entrara –siendo la amenaza más posible-, cuando con ayuda de Koushirou lo habían acostado en su cama gracias al alto grado de alcohol en su sangre. El pobre ni podía hablar con coherencia.
Por suerte el pasillo estaba solitario, como todo el recorrido hacia sus habitaciones. Ser descubiertos por un profesor sería castigo al día siguiente, pero, nuevamente, gracias a la ventajosa amistad que tenía Tokumori con el vigilante de la institución pasaron sin problemas, claro está, algún que otro billete grande en el medio. El chico tenía sus influencias en la gente, pero más era su bolsillo el que lograba eso.
Let it be now
You are here
In my dreams
Se sacó la camisa cual usaba además de una franelilla blanca que resaltaba sus brazos y su ancha espalda, combinación para el calor del día y el fresco de la noche. Mientras escuchaba la ducha correr en el baño se dio cuenta que necesitaba uno, no porque olía mal o estaba sucio –Yamato era bastante pulcro a decir verdad-, sino por refrescarse un poco luego de aquel ajetreado día, lleno de un poco de todo. Risas, sustos, enfado, sorpresas… como la de la rueda de la fortuna, cual había sido la necesaria para que todo cambiara.
Porque luego de haber escuchado la confesión de Sora nada volvió a ser como antes, eso es seguro.
Tras escuchar sus palabras, cuales a ojos de Yamato fueron sinceras y llenas de sentimiento, comprendió muchas cosas. Cosas que antes lo habían llenado de rencor, de desconfianza, y que ahora aliviaba cualquier sentimiento negativo en él. Comprendió que Sora no era mala, sino en aquel entonces inmadura, y que las cosas se habían dado de esa manera por "Cosas de la vida". Quizás, de haber tenido otro curso de como hayan surgido, quizás en aquel momento todo sería distinto entre él y ella. Pero, por supuesto, ocurrió lo que ocurrió, y no hay vuelta atrás, por más que se quiera.
Luego de haber escuchado la confesión de ella temió por herirla, al no poder corresponder sus sentimientos. Pero no habían pasado ni dos segundos cuando ella prosiguió, y le dijo lo que jamás creyó escuchar de alguien más. Algo que le hizo abrir los ojos.
Sí, de haberse confesado aquella primera vez en la rueda de la fortuna, o de haber sido correspondido por Sora durante el día del concierto, todo sería distinto. Y de cierta manera, agradecía que fuera así.
-Matt…
Oh… Let it be now…
El rubio salió de sus pensamientos, volteando hacia la puerta del baño de donde salía un poco de vapor de la ducha.
Observó anonado entonces lo que se presentaba ante él. Con el contraluz de la oscuridad de la habitación y la luz del baño, contempló embobado a una castaña de largos cabellos mojados envuelta en una toalla para ocultar su desnudez. De hermosas piernas suaves y con el mismo tono blanco de su piel, Yamato no pudo apartar los ojos a medida que subía y bajaba la mirada, sin creer lo que estaba viendo. Sus brazos delgados y con manos delicadas que sostenían la toalla con timidez. Sus cabellos húmedos que caían en cascada sobre sus hombros. Su rostro avergonzado, que miraba al suelo con ojos rojos y tristes.
Pero, todo esa perfección dejó de tener sentido al detallar los ojos rojos y humedecidos de Mimi, cuales evidenciaban tristeza y angustia.
¿…Acaso había llorado?
You can relieve my pain
You can relieve my fear
-¿Qué…Qué ocurre?- con voz ronca, casi se muerde la lengua por haber hablado con ese tono de voz, lleno de deseo y fascinación. La chica se sonrojó aún más, y apretó con más fuerza la toalla contra ella.
-Quiero preguntarte algo…- se mordió los labios, dudosa, para luego subir la mirada y observar al rubio con nuevas lagrimas acumulándose en sus ojos -¿Aún amas a Sora?
You can relieve my soul
You can relieve my tears…
Aquella pregunta lo había agarrado fuera de base. Sobre todo viniendo de ella. ¿Qué si aún amaba a Sora? ¿Qué clase de pregunta era esa? Por supuesto que no, en realidad, nunca llegó a amarla, tomando en cuenta lo inocente y pobre que había sido su relación. Y aún luego de haber escuchado su confesión, de haber oído de los labios de ella que lo amaba, no correspondía sus sentimientos. Ni podría, cuando eran otros.
-¿Por qué me preguntas eso, Mimi?
-Solo respóndeme, por favor…- insistió encogiéndose de hombros con timidez –Necesito saberlo…
-No- dio dos pasos hacia ella, reduciendo un poco de los 2 metros que antes los separaban –No la amo.
-No me mientas.
-No lo estoy haciendo.
-Pero Sora sí te ama- soltó la castaña con reproche, dando un paso hacia él tratando de recuperar la seguridad que había sentido al plantearse tener esa conversación con él, luego de salir de la ducha -¿Cómo puedes ignorar eso, sabiendo que ella fue tu primer amor?
You held the cure
Matt se acercó lo suficiente como para tener menos de un paso separándolos, y con ojos intensos miró a la chica.
-Lo fue, Mimi. Pero ya no- dijo con voz ronca –Ahora tengo sentimientos por otra persona.
You held the cure
You can relieve my soul
You can relieve my tears
Tachikawa se sintió repentinamente cohibida y asustada, además por la atractiva presencia del rubio a tan poca distancia de ella, también estaba así por aquel comentario. ¿Sentimientos? ¿Cómo no había pensado en eso? Sora no era la única fémina en el planeta, era obvio que el chico tuvo que haber conocido a muchas más como ella. Y, obviamente, desarrollado sentimientos más intensos de los que sintió por la pelirroja.
¡Qué tonta y ciega era!
Asustada por Sora, quien a la final terminó siendo rechazada, obviando por completo que en la mente de Yamato podría estar otra chica mucho más hermosa.
-Ya veo…- soltó de repente, cabizbaja.
-Mimi.
La chica no volvió a mirarlo.
-Tú la conoces.
-¿Eh?- sorprendida y dudosa -¿En serio?
-Claro- y una sonrisa torcida y hermosa se formó en los labios del rubio, sacándole por completo el aliento a la castaña y haciendo que su corazón se acelerase como caballo de carreras. Era tan mágica, tan preciosa, tan sexy… -En realidad… Es una chica que se disfraza de chico… y estudia conmigo.
You held the cure…
Mimi había dejado de respirar. De ver, escuchar y sentir. Estaba prendada de los intensos y brillantes ojos azules del rubio, quien había acortado las distancias entre ellos permitiéndole a la castaña observar con lujo de detalles los destellos azulados de su mirada y el color dorado de su piel. Era como si, en ese preciso instante, podía ver lo que antes no pudo. Era como si al escuchar aquellas maravillosas palabras sus ojos podían ver con mucha más precisión, desde su suave piel a los rasgos varoniles marcados de su rostro, cuales en conjunto con su cabello revuelto y atractivamente despeinado hacía del chico todo un modelo de una apasionada leyenda griega. Y con aquella franelilla, Dios, contemplar sus anchos hombros y brazos desnudos hizo que se le hiciera agua en la boca a Tachikawa, el chico destilaba sexualidad hasta por los poros, ¡Con razón era tan arrogante, el condenado, con lo bueno que estaba!
Quizás, tan deslumbrada que estaba por su presencia, quizás no había oído bien…
Oh…
Let it be now…
-¿Qué…?
Yamato sonrió, encantado por el revelador sonrojo que se adueñó de las mejillas de la castaña.
-Tú, Mimi, eres tú… Como que toda la sangre acumulada en tu rostro no es bueno- el chico le jaló una mejilla sonrojada con tono burlón -Comparte un poco con tu cerebro, ¿Quieres?
-¡E-E-Eres un…!- avergonzada, levantó la mano con todas las intenciones del mundo de golpearle el hombro, pero el rubio había sido mucho más rápido, atrapando el brazo de la joven con delicadeza pero sin permitirle soltarse, para luego jalarla hacia él con un movimiento rápido.
Al estrellarse contra la tibieza de su pecho Mimi casi siente sus piernas flaquear. El joven, con ternura y lentamente, envolvió a la chica en un delicioso abrazo, obligándola a sentir el calor de su cuerpo y de esa manera evitarle el frío al seguir estando desnuda.
Yamato, con suavidad, enterró su rostro en los cabellos húmedos de la castaña, deleitándose con el olor a rosas que desprendía cada hebra de su cabello. Sintió su piel, tan suave como lo había imaginado, y junto con ella ambos sintieron los choques eléctricos al acariciar su espalda desnuda, aún húmeda por el baño recién tomado.
-Estoy enamorado de ti, Mimi Tachikawa- confesó abrazándola con más fuerza, logrando que de los labios de ella saliera un suspiro de anhelo.
-Yo…
Cerró los ojos, sonriendo aliviada.
-Yo también siento lo mismo, Matt… Me gustas mucho, ¡Mucho!
You can relieve my pain
You can relieve my fear
Poco a poco, envueltos en aquel ambiente intimo y encantador, ambos se fueron separando lentamente a la vez, para poder mirarse uno al otro con detalle tras haber confesado finalmente lo que había en sus corazones. El tenía una sonrisa preciosa, deslumbrante, y los ojos de la castaña brillaban con tanta felicidad que casi podían desprender por ellos todas aquellas sensaciones agradables que invadían su cuerpo. Habían juntado sus frentes, sin detener el contacto visual, rozando levemente las puntas de sus narices gracias a la inclinación del rubio por tratar de estar a la altura de la chica. Una ráfaga cálida y deliciosa se paseó por cada parte de sus cuerpos, dichosos por el momento, deseosos por creer que no estaban soñando, poco a poco fueron cerrando los ojos, acercándose cada vez más, y apenas sus labios encontraron el primer roce todo cambió. El piso, las paredes, el aire, el mundo dejó de girar de la misma manera que siempre lo había hecho, para girar en torno a ellos, como si fueran el centro del mundo del otro.
Yamato besó a Mimi con ternura, y Mimi se dejó besar por Yamato con fascinación.
Yamato acarició el rostro de Mimi mientras saboreaba la suavidad de sus labios, y Mimi se aferró al cuello de Yamato temiendo desmayarse del puro gusto.
Yamato la estaba besando.
Mimi lo estaba besando.
Y todo había dejado de ser bello para ser hermoso, porque eran ellos dos y más nadie, por fin, solos.
Cuidadoso, el joven bajó las manos hacia la cintura de la castaña, sintiendo como la sangre se revolvía en sus manos causándole unas incontrolables cosquillas. Ella soltó un silencioso gemido, al descubrirse tan deseosa de sentir las caricias del rubio en su cuerpo. Incluso dejó de respirar cuando dejó de besarla, continuando sus delicados besos por su mandíbula hasta alcanzar su cuello, embriagando al chico con aquella deliciosa aroma.
Besó su clavícula.
Su hombro.
Luego regresó al cuello y saboreó el lóbulo de la oreja de la castaña.
Dios mío… pensó incrédula ante tantas sensaciones, dejando de abrazar el cuello del chico para aferrarse por temer perder la rigidez de sus pies, que parecían volverse gelatina con sus piernas por cada caricia. Con el desespero por sentir en cada ángulo posible, la chica lo empujó suavemente, obligándolo a retroceder y chocar contra la cama. Apenas el joven se había percatado de las intenciones de Mimi trató de detenerla, pero había sido mucho más rápida, dándole un ultimo empujón y haciéndole caer hacia atrás, sobre su cama.
-M-Mimi… ¿Qué haces?
No sabiendo muy bien si estaba haciendo lo correcto o no, se fue inclinando poco a poco hacia él, recostando una pierna y luego la otra sobre la cama, sin dejar de sostener su toalla con su mano. Había rodeado con las piernas al rubio, sentándose sobre él sin apartar su mirada tímida y a la vez deseosa, que causaba que los latidos del corazón del Ishida alcanzaran el record de velocidad. Incluso sintió un fuerte dolor en su parte baja, al sentirla a ella tan dispuesta para él, porque, para ser francos, que se haya sentado de esa forma sobre su cuerpo y para rematar con una toalla como único elemento de tela que ocultaba su desnudez, no podía ser una prueba más clara de lo que ocurría, y lo que estaba a punto de suceder.
-Mimi…
No hacía falta ser experto para saber que ocurriría. Incluso ella, sin haber estado nunca con un hombre, o al menos a ese nivel físico, estaba consciente de la entrega que revelaba su cuerpo, el estar desnuda y de aquella forma, sabía lo que quería… y cada parte de su ser le pedía a gritos que no lo detuviese. Que siguiera. Que la tocara y la siguiera besando.
Ella estaba desnuda, y él quería estar con ella. Estaban en un cuarto, solos, y tenía la certeza de que nadie los molestaría.
-Por favor…- dijo la castaña con voz cortada por el deseo –Sigue…
No hacía falta pedirlo dos veces, porque ya Yamato se había inclinado hacia ella con el apoyo de un codo y acercado su rostro hacia él con su mano libre. El beso, que al principio había sido suave y tierno, se transformó en uno apasionado y hambriento, permitiendo a ambos jóvenes el explorar dentro de sus bocas y saborear sus labios con anhelo.
Las manos inexpertas de la chica se habían adueñado de los cabellos del rubio, mezclando sus dedos con sus finas hebras y sintiendo la suavidad de los mismos. Decir que aquel peinado revuelto era una de las cosas que más le derretían, y aunque no haya querido admitirlo en todo este tiempo, sentir sus manos enredarse en estos le encantaba, y le incitaba a besarlo con más ansias.
Yamato bajó sus manos hacia la toalla de la castaña, y con un movimiento práctico y cauteloso hizo que aquella prenda cayera, revelando el paisaje más exquisito para los ojos del rubio, o cualquier ser masculino. Una desnudez que había desnudado todas las defensas del chico, y que a partir de ese momento dejaron de tener sentido teniéndola a ella encima de él. Era demasiado hermosa, demasiado perfecta, demasiado… Mimi.
Era tan Mimi que le encantaba.
-Nunca… Nunca he estado así con un chico- comentó con voz dudosa, tímida, queriendo ocultar la desnudez de sus pechos, pero no se atrevía –Me refiero a esto… o a cualquier cosa…
Él siguió mirándola embobado.
-S-Soy virgen…- aclaró en un hilo de voz, y como si aquello era lo necesario para hacer reaccionar al rubio, este finalmente la miró a los ojos gracias a un gran esfuerzo de voluntad -Esta es…Mi…Mi primera vez.
Pasaron algunos segundos, y la castaña temió por haber dicho algo que le haya molestado. El chico tenía un rostro sorprendido, y no parecía reaccionar. ¿Acaso el ser virgen era malo? ¿Ya no quería besarla por eso, acaso? Sintió algo desagradable dentro de ella, no queriendo que aquello ocurriera, y quizás había sido eso, o la mirada aterrada de la chica que hizo reaccionar finalmente al chico.
Él sonrió ante aquel comentario, reprimiéndose las ganas de seguir besándola y sintiéndola. En cambio, internamente se dio un buen golpe en la cabeza.
Con delicadeza, terminó por sentarse, agarrando a la chica por los hombros para acercarla a él y luego abrazarla. Ella parecía confundida, pero él no, y tras estar un par de segundos en aquella posición, él con su fuerza nada brusca la bajó de su cuerpo, ubicándola a su lado tal y como si fuera una muñeca de trapo. Mimi se dejó hacer, curiosa, creyendo que quizá el chico prefería alguna otra pose para empezar lo que en su mente imaginaba de mil maneras. Pero no fue hasta sentir como él se apartaba y sacaba el cobertor de debajo de ella que supo lo que el chico quería, y sus facciones no tardaron en dibujar reproche en su rostro al verse arropada, únicamente ella, esta vez por una gruesa manta para dormir.
-Matt...
-No haremos eso ahora- alegó el muchacho, levemente molesto consigo mismo por no haber tomado en cuenta los sentimientos de ella, justo en el momento que se acomodaba junto con ella, separados por la manta al estar él sin ser arropado –O al menos, será en el momento indicado, cuando te sientas lista…
-Pero, Matt… Yo estoy…
-No- interrumpió –Estás temblando, y me miras como si fuera un lobo feroz- dijo un poco apenado, mientras con una mano apartaba algunos mechones de cabellos castaños. Oler aquella fragancia de rosas lo había hecho temblar también, pero no por miedo, sino por deseo –Lamento si me apresuré un poco…
-¿Acaso…no quieres…?
Ah… Maldita su caballerosidad, que no sabe lo que dolió la hombría al escuchar aquello.
Se insultó con los labios prensados, no quería que ella malinterpretara sus acciones.
-No es eso- confesó, acariciando el rostro de la chica, estando levemente sobre ella pero respetando las distancias, solo para poder controlarse –Claro que quiero, y no sabes cuánto he esperado por esto, pero no quiero que estés asustada, Mimi. Y lo estás. Nuestra primera vez no puede ser de esa forma, ¿Entiendes?
Ella asintió suavemente con la cabeza, poco convencida, pero no le importó después de sentir el cálido brazo del rubio rodear su cuerpo sobre la manta, quien ya se había acomodado para dormir a su lado. No pudo evitar sentir un cosquilleo incontrolable en su estomago, sintiéndose afortunada por ser correspondida por un caballero, que de haber sido otro no hubiese desaprovechado la oportunidad. En cambio, en todo momento él había sido delicado y cariñoso en cada caricia y beso, como si Mimi fuera de cristal y podría romperse en cualquier momento. Nunca se había sentido de esa manera, y le gustaba, sobre todo ahora, que Yamato estaba en su cama, cuidando que ya no se revele su desnudez gracias a la manta y abrazándola como con temor en dejarla ir.
You can relieve my soul
You can relieve my tears
You held the cure
-Matt…
-¿Mmh?
-Sora… Sora te dijo sus sentimientos en la rueda de la fortuna, ¿Verdad?- la joven sintió al chico asentir con la cabeza -¿Qué le dijiste?
-Nada- se encogió de hombros –En realidad, luego de habérmelo dicho, me pidió que no le respondiera.
-¿Por qué?- confundida, se acurrucó más a él, mirando las facciones del chico que parecía a punto de quedarse dormido –Matt…
-Porque ella ya sabía lo que siento por ti, Mimi- comentó el rubio con voz dulce, un poco adormilado –En cambio, me pidió que te lo dijera hoy mismo… pero de haber sabido que sería así lo hubiese hecho mucho antes- rió silenciosamente con su sonrisa torcida –Eres una gatita salvaje, ¿Eh?
-¡Tonto!- le reprochó sonrojada, sonriendo también.
…You held the cure
..To be continue…
Comentarios de la autora:
¡Aja, chicas guarras, ¿Qué tan lejos llegaron sus mentes cochinas antes del final, ah? ¡Cochambrosas!
Aquí Vai, ¡Reportándose con una actualización! A tiempo :O Ver para creer, sí, sí.
Primero que nada, este capítulo fue un dolorcito de cabeza, ¿Eh? Lo reescribí un montón de veces, por querer darle un mejor final o un mejor comienzo. Para serles franca, el capítulo terminaba con la confesión de Sora, pero me dije que lo que continuaba era un mejor final, porque ya tenía planeado otra cosa para el comienzo del siguiente capítulo. Por lo que terminé escribiendo 15 páginas, ¡Sí! Es mucho, tomando en cuenta que suelo escribir solo 10, o 12 como mucho… pero bueno, por ustedes, lo que sea. Espero que no haya sido fastidioso estar tanto tiempo en frente de la computadora para leerme xD
¡Y, Oh, Dios! ¡200 reviews, mi gente, hemos llegado a 200 reviews! ¡Qué éeeeeeexito! ;) O sea, jamás me imaginé que este Fic llegaría a tanto, al empezar a escribirlo. Y me alegra tanto que este sea el primero que tenga 200 rrs de los que he escrito, ¡Estoy tan orgullosa de mi bebe! T^T Gracias por todos sus comentarios, y espero que con el tiempo –y mi muestra de responsabilidad a partir de ahora xD- permita que hayan muchos más rrs. ¡Siempre encantada con ellos!
Por cierto… antes de entrar en detalles con este capítulo. Seguro querrán que les responda, ¿No? Porque yo estoy gustosa por hacerlo, el único detalle es que se me torna realmente fastidioso escribirle a cada uno a sus cuentas, no porque no quiera, porque por supuesto que quiero, el asunto es que me quita mucho más tiempo de esa manera, así que pensé en responderles en mi perfil, fácilmente visible para ustedes. Prometo dedicarles el mismo tiempo que han dedicado en dejarme un rr para responderles, en serio, ¡Además de que me divierto de un montón con eso! De todas maneras, si algunas –o algunos, who knows-, prefieren que les responda directamente a su cuenta, entonces lo haré con gusto, ¡Como vosotras quieran! :D
Aja, ¿Qué tal el lado seductor de Yamato? Es "extrañable", ¿Verdad? ¡Me hacía una falta ponerlo tan chico arrogante! Es algo OoC, lo sé, pero me encanta como le queda. Y ahora, en cuanto a las reacciones de Tachikawa, hacía falta que esta chiquilla se diera cuenta de lo "i'm sexy and i know it" que es él, ¿No? Era justicia. Y… Bueno, no crean que yo sé mucho de Japón, y que eso del "Lago Hokuto" es cierto. En realidad, Hokkaido tiene bastantes lagos, y tiene una subprefectura llamada "Hokuto", pero ese lago lo he inventado yo, así que antes de preguntar que cómo es y cómo es el clima allá, ya saben xD Seguramente fascinante, pero en algún otro momento me inspirare un poco más por investigar profundamente.
Hagamos de la idea que aquel parque existe, y que es muy fino, ¿Ok? xD
A ver… El extraño comportamiento de Tachikawa, los sentimientos de Matt, la fallecida hermana del Yagami –no me maten, todo tiene una causa, aunque eso no quiera decir que la he matado apropósito. ¿O quizás sí…?-, el plan malévolo de los chicos por dejar a solas al Ishida con Sora –por petición de ella-, se dieron bastante cosas. Unas más relevantes que otras, tuvo un poco de relleno este capítulo. Que por cierto, Koushirou es el más relleno de todos, ¡Al pobre lo tengo como el que actúa de piedra en una obra sobre un bosque, donde la piedra está detrás del árbol! Lamento sus fieles fans xD
La canción, por si quieren escucharlas durante la lectura de la última escena, se llama The cure, de Miro. Es ChillOut, es más, sale en el volumen 7 de Café del Mar, pero no sé, justamente la estaba escuchando escribiendo esta parte y se me dio por incluirla. Es mágica, a mí me encanta, y me parece que va mucho con ellos en ese ambiente. Espero sus opiniones al respecto :)
Btw, ¿Qué pensaban que iba a pasar, ah? ¡No, señoritas, Vai no está lo suficientemente cochina como para escribir un lemon en este capítulo! Bueno, un poco, pero no tanto como para corromperlas xD Sí, seguro esperaron algo de acción entre ambos chicos, que con las hormonas de adolescentes se puede esperar cualquier cosa. Pero preferí buscar un mejor momento para ello, que tengo muchos en mente xD No se preocupen, que no soy tan cochambrosa como creen, más bien romántica empedernida, y seguro me pasaré de empalagosa para ese capítulo. Ya veremos, ya veremos… por ahora, esto. De cualquier forma, por si piensan "Joder, que regalada es la Tachikawa", comprendan las hormonas, yo las tuve… en su momento. Not good, not good. Me babeaba por ver un buen culo masculino cada vez que pasaba cerca. No sé como hubiese reaccionado de tener a un Yamato Ishida besándome con esas ganas…
Cof, cof…
El siguiente capítulo será en la misma fecha, de lo contrario les avisaré con antelación. Pero tranquilos, que les diga eso no significa que no cumpliré xD Es por si acaso me pica un sapo radioactivo y termino contrayendo Spattergroit… (?) Quién sabe, ¿Nadie ha visto un sapo radioactivo antes?
Para más de mis elocuencias, o un medio más efectivo para apreciar mis ojitos de borreguito para que me perdonen –quienes aun no lo han hecho u.u-, entren a mi perfil que ahí sale como contactarme, ya sea por correo, msn, face o deviant… ¡Estaré encantada de tenerlos por esos lares!
Agradecida enormemente por su tiempo, sobre todo a aquellos que se tomaron la molestia por averiguar sobre qué carajos es Spattergroit…
Atte.
V a i n i e l l a
