Instituto Hokkaido
By: V a i n i e l l a
Capítulo 12
"Juegos Intercolegiales"
-Salto peligroso-
Yamato miró la pizarra con indiferencia, golpeteando el lápiz contra la mesa constantemente para no dormirse, o por manía únicamente. Faltaba poco para que la clase acabara, pero era como si precisamente en ese momento el reloj optó por ser más lento por arte de magia. Y además no es como si el profesor fuera de lo más divertido para hacer pasar el tiempo más rápido, de lo contrario, parecía como si también estuviera tan fastidiado como sus alumnos. Había anotado en la pizarra anos cuantos ejercicios de matemática, y como actividad del día exigió que todos sus alumnos los resolviese, si es que podían, pues cada ejercicio era tan difícil como para sacarle canas a un grupo de adolescentes. A excepción de Yamato, que con su facilidad en los números no se le había complicado mucho para buscarle solución a cada problema, pero por el simple hecho de pararse y escribirlos en la pizarra hacía como si no supiese nada. De todas maneras, en aquella materia iba muy bien.
Pero Tachikawa no contaba con la misma suerte… la pobre mordía el lápiz con frustración al no poder resolver ningún ejercicio, ¿Cómo aquel hombre puede ser tan ruin? Eran demasiado difíciles, incluso se preguntaba si acaso el hombre había tomado los ejercicios de un libro universitario de física cuántica, pero sabía muy bien que aunque se lo preguntara el muy… desgraciado, respondería algún comentario sarcástico insultando indirectamente su desempeño mental. Y precisamente en ese momento Mimi no tenía la paciencia como para dejarse ofender.
Cada uno estaba en su mundo, cuando en eso la puerta del salón fue tocada suavemente. El profesor, junto con las miradas curiosas de sus alumnos, permitió la entrada. Un segundo después un simpático hombre de entre veinte-muchos o treinta-pocos asomó la cabeza. Muchos de los chicos sonrieron esperanzados al reconocer al Coordinador de la Promoción, un hombre joven de gran personalidad.
-Vaya, profesor Terada, ¿En qué podemos servirle?- preguntó el docente de matemáticas, al momento en que el coordinador entraba al salón sonriente.
-Buenos días, profesor. Solo vengo a compartir una noticia con los alumnos, ¿Puedo?
-Por supuesto.
El profesor Terada, de alta estatura, delgado, y de cabello castaño corto, se ubicó junto con el anciano tras el escritorio, mirando a todo el alumnado.
-Hola, chicos. Vengo a comunicarles una agradable noticia- comentó atrapando la atención de los estudiantes –Como bien saben, en dos días serán los Juegos Intercolegiales, cuales se celebrarán en nuestra institución y se llevarán a cabo distintos eventos deportivos. Además de eso, habrá competiciones contra los mejores equipos deportivos de otros colegios, y habrá premios para el más destacado.
-¡Genial!
Mimi miró a su alrededor sorprendida con el inesperado entusiasmo de sus compañeros, quienes aplaudían contentos con la noticia y otros se daban palmadas mutuamente con aprobación, dispuestos a participar sin duda alguna en el evento. Y ella no podía compartir aquellos sentimientos. Tenía una mueca pintada en el rostro al imaginar todas las cosas atléticas que debía hacer, y en las que, obviamente, no era tan buena como sus compañeros. En lo que a básquet se refiere jamás puede hacer un pase correcto ni meter la pelota en la cesta, y con respecto a futbol, bueno, ni se diga. El dar patadas no era lo suyo, ni mucho menos recibirlas.
¿Qué tiene de divertido ensuciarse, golpearse, y perseguir una pelota?
-Todos, sin excepción, deberán participar en los juegos. Quienes no me temo que tendré que descontar algunos puntos en su nota. Recuerden que es obligatoria la asistencia a este evento.
Y Mimi dejó caer su frente contra la mesa de estudio, sorprendiendo al rubio que luego la miró burlón.
Luego de algunas acotaciones con respecto al evento, el profesor se retiró al momento en que la campana de salida resonaba en cada rincón de la institución. Cada alumno se levantó de su puesto dispuesto a retirarse, con sus bolsos en mano y con planes en la cabeza.
Yamato ya había recogido su bolso cuando en eso se percata de la inmovilizada castaña que se sentaba a su lado. Y aunque no haya escuchado nada de ella misma que explicara las razones de por qué aquel imprevisto ataque depresivo, el rubio tenía cierta idea de la actitud de la chica. Después de todo, Mimi siempre se quejaba de la materia de Educación Física, y por lo que tenía entendido no era nada buena en ningún tipo de deporte. Y eso que la chica lo ha intentado.
-Vamos, no puede ser para tanto…
-¿Qué?- Mimi levantó la cabeza finalmente, mirando al chico con reproche -¿No es para tanto? ¡Debes estar bromeando!
-¿Qué sucede?- curioseó Taichi, quien era uno de los últimos en salir como sus dos compañeros –Oh- se da cuenta –Los Juegos.
-¡Exacto!
Un bufido acompañó la afirmación de la castaña. Se había levantado de su asiento con demasiada desgana y recogía sus cosas como si cada movimiento de su brazo empleara un gran esfuerzo.
-Vaya… Eres el primer chico que conozco que se desanima tanto con los deportes- Mimi se incomodó con el comentario –No puede ser tan malo.
-Es que ese es el problema…- dijo de pronto –No soy bueno en ningún deporte, y siempre termino golpeado… ¡O desmayado!
-Bueno, pero tiene que existir alguno en lo que seas bueno, ¿No?
-Cuando lo sepas avísame…- los tres empezaron a salir del salón –Quizás así tenga esperanza con la materia, que casi la raspo.
Estaban caminando por el pasillo cuando en eso se les une Tokumori, quien se había abalanzado sobre Taichi y Yamato, sorprendiendo a los chicos quienes se quejaron un poco del impacto corporal.
-¡¿Qué tal, gente?- era palpable su emoción -¿Qué no hace un día excelente?
-Será para ti…- gruñó Mimi. Yamato negó con la cabeza riendo por lo bajo.
-Anda con tu pesimismo a otro lado, Maru-chan, que me vas a contagiar tu "patulequismo"- y antes de que la chica respondiera, el pelinegro le hace un merecido coscorrón en la cabeza, para luego caminar unas grandes zancadas hacia adelante -¡Vamos, Tai! Que hay que practicar para patearles el culo a los otros equipos.
-¡Morderán polvo!- el moreno alcanzó a su amigo, dejando a sus dos compañeros atrás -¿Vienen, chicos?
-Por supuesto que no- escupió Mimi -…Tengo que estudiar Matemática, que los ejercicios de hoy estuvieron complicados.
-¿Y tú, Matt?
-Debo ayudarlo a entender que los ejercicios no son complicados, sino que el complicado es él- respondió señalando con el dedo pulgar a la chica.
-¡¿Es que hoy es el día de fastidiarme o qué?
-Siempre- respondieron todos a la vez, y un segundo luego los más atléticos del grupo se fueron corriendo antes de ser afectados por la furia de Tachikawa. Yamato en cambio la miró con una ceja enarcada –A mí ni me mires, que tu promedio depende de mí.
-Idiota…- gruñó en un susurro.
Ambos continuaron caminando por el pasillo, dirigiéndose a la biblioteca del instituto donde suelen estudiar cada vez que se presentaban oportunidades como esta. La verdad, siempre suelen estar juntos para lo que sea, ya sea para comer, estudiar, o simplemente pasar el rato. Y aunque desde hacía dos semanas que habían cambiado la amistad entre ambos, los dos chicos seguían haciendo lo posible por mantener esa rutina, a pesar de volverse ciertamente incomoda cuando ambos descubrían que no podían ignorar los acelerados latidos de sus corazones cada vez que estaban más cerca de lo acostumbrado.
Fuera de la habitación eran buenos amigos, pero dentro las cosas cambiaban. A pesar de que al confesarse se habían comportado como todos unos adolescentes con las hormonas descontroladas, luego de aquel suceso parecían más una pareja de los años 60. En donde el hombre no besaba a una mujer desnuda sin estar casado con ella primero y en donde una mujer no podía dormir en el mismo cuarto que otro hombre. A decir verdad, era un poco absurdo su comportamiento.
Pero Yamato se había jurado que si esperaba estar con Tachikawa por largo tiempo necesitaba ser paciente, y cuidadoso, aún la expresión asustada de su rostro lo atormentaba a veces, la pobre hasta temblaba sin darse cuenta.
Sí, esperaría lo necesario por ella.
Solo esperaba que no sea demasiado…
-Matt- llamó por segunda vez la castaña, al momento en que se ubicaban en una mesa de estudio -¡Matt!
El chico sacudió la cabeza distraído, para mirar a una preocupada Mimi con los ojos puestos en él.
-¿Qué te pasa?
-Nada- respondió rápidamente, sentándose en una silla enfrente de la joven –Saca los ejercicios y muéstrame con cual tuviste problemas.
-Con todos.
-Mimi, no puede ser que no hayas podido resolver ninguno.
-¡Es que ninguno lo entendí!
Yamato frunció el ceño.
-Entonces no sé qué carajos haces en tercero de secundaria…- Mimi lo miró con "ojos de borreguito", lo cual hacía sonrojar irremediablemente al chico tumbando exitosamente todas sus defensas –Ya. V-Vale… Te enseñare como se hace el primero- recobra la compostura –Pero tu intentarás hacer los siguientes luego, ¿Hecho?
-¡Hecho!
Concentrados en trigonometría, ambos jóvenes se dedicaron a resolver y entender los ejercicios. Yamato explicó con pasos básicos el primer ejercicio para que Tachikawa no tuviera problemas en entenderlo. La verdad, el rubio explicaba muchísimo mejor que el profesor, era objetivo y paciente, y con él las matemáticas se volvían mucho más divertidas. Claro, había que tomar en cuenta también los "Contra" de recibir una clase del Ishida. La cual solo era una, pero era más que suficiente.
Era tan guapo y tan sexy cuando explicaba las cosas que era fácil desconcentrarse en los números… para concentrarse en otras cosas.
Como en su cabello rubio, con aquel corte degrafilado y despeinado. Y en sus ojos, puestos en la hoja de ejercicios, le permitían a la chica contemplarlos con total fijeza. Sus pómulos que estaban perfectamente proporcionados con su mandíbula y frente, su nariz recta y varonil, sus labios sonrosados, sus orejas agujeradas…
Mimi no tardó mucho en olvidarse de matemática, pues su mente estaba divagando en los recuerdos de los últimos días al lado de su nuevo novio, Yamato Ishida.
Ella sabía desde hace tiempo que él era una persona dulce y atenta pero que trataba de no demostrarlo, pero siendo su pareja, se había quedado corta al definirlo. A pesar de ser una persona fría y orgullosa, cuando quería podía ser el chico más cálido y dulce que haya podido conocer. En una ocasión, cuando había tenido unas pesadillas atormentándole, el chico se había ido de su cama para recostarse junto a ella y ofrecerle protección en la realidad, que se reflejaron después en los sueños de la chica. Y no hacía falta abrir los ojos para darse cuenta de su cercana presencia, ya con su distinguido perfume varonil y calor corporal Mimi aseguraba que no se podría dormir de manera más cómoda teniéndolo a él tan cerca.
O como cuando tiene celos… Taichi seguía tratando de conquistarla, aunque no con tanta insistencia como antes, y el comportamiento posesivo del rubio hacía que Mimi se derritiera. Apenas entraban al cuarto luego de algún intento por parte del Yagami el chico mejoraba a su rival con algún inesperado abrazo o asfixiante beso. Asfixiante, porque siempre dejaba a Mimi sin poder respirar al tratar de concentrarse en las sensaciones de sus labios contra los de él.
Y aunque esperaba repetir el beso de cuando se habían confesado, por ahora se complacía con los cortos pero agradablemente tiernos por parte del chico.
Ya buscaría el momento de acorralarlo, y exigir un verdadero beso. Que seguro tenía de sobra para ofrecer.
-Déjame buscar el libro, ¿De acuerdo?- dijo de pronto el rubio al terminar de explicar y entregarle la hoja a Mimi para que continuara –Tiene los resultados de estos ejercicios, así podemos comprobar que están buenos.
-Ok.
Yamato se levantó sin percatarse de lo que había ocasionado en la chica al casi descubrirla espiándole. Caminó hacia uno de los pasillos, justamente en donde sabía que se encontraba el libro. Había escuchado la puerta de la biblioteca ser abierta, pero estaba tan ocupado buscando entre los cientos tomos que había en el mobiliario del pasillo -que actuaba como una alta pared de unos 2 metros, como mínimo, de altura- que no optó por voltear hacia fuera del pasillo y ver quien había entrado. Tuvo que agarrar uno de los bancos para poder montarse y alcanzar el libro, cuando en eso, en el pasillo siguiente a él, unas familiares voces resonaron en el silencio del lugar, y aunque eran en un disimulado susurro Yamato pudo escuchar sin problema.
-Apúrate.
-Ya, ya…- pausa –Toma, recuerda no abrir la boca, cabrón.
-Tranquilo, brother. Tú solo consíguemela cuando te la pido, y estaremos bien- se escucha una controlada risa de satisfacción –Esta se ve buena.
-La mejor.
El rubio, que segundos antes había estado demasiado indiferente a su alrededor como para escuchar voces ajenas, miró de reojo a sus espaldas, precisamente hacia el mobiliario contrario lleno de libros, y que obstaculizaba su vista para poder reconocer a los dueños de las voces.
Bajó del banco silenciosamente, y reprochándose por andar pendiente de lo que no le correspondía, iba a regresarse con Mimi, cuando se detuvo en seco al escuchar lo siguiente.
-Oye, ¿Qué no es ese Tachikawa?
-Vaya, sí.
Yamato miró hacia la dirección de las voces atento.
-¿Dónde está su perro guardián?- la otra voz no respondió –Es raro verlos separados.
-Cierto… ¿Crees que deberíamos aprovechar?
-Aquí hay mucha gente, idiota. Tiene que ser cuando esté completamente solo.
-Claro, claro.
El rubio ya había prensado los puños y la mandíbula, aguantándose las ganas de tirar de una patada el mobiliario que lo separaba de los marginales de al lado. Pero se contuvo, esperando escuchar algo más que pueda identificar a las voces. Por alguna extraña razón una se le hacía demasiado familiar, pero no lograba saber de quién era. La otra, lamentándolo mucho, no se le hacía para nada conocida, y quizás aquello era lo que le incitaba a contenerse. Sea lo que sea que estaban planeando, debía asegurarse quienes serian los culpables si algo le ocurriera a Mimi. Si es que llegaba a permitirlo…
-Además…
Pausa.
-Seguro chillará apenas le pongamos las manos encima, y no queremos que nadie se entere, ¿No?
Suficiente.
Yamato ya iba propinarle una potente patada al mueble, cuando en eso, sin querer, había dejado caer el libro al suelo, causando un sonoro golpe seco. Por supuesto, los de al lado no tardaron en darse cuenta que habían sido escuchados, pues habían movido uno de los libros que servían como obstáculo visual entre los pasillos, y para sorpresa del rubio pudo reconocer una nariz demasiado grande y unos ojos marrones mirándolo con sorpresa, no recordaba aquellos rasgos. Y antes de poder reaccionar, o moverse, un fuerte golpe resonó en toda la biblioteca, para luego verse como el mueble que separaban a los chicos tambaleara de un lado a otro, logrando que la gran mayoría de los libros cayeran del lado del rubio y, por lo tanto, cayéndoles encima.
Para cuando Matt había jurado que el mueble no caería encima de él, trató de salir rápidamente de allí para poder a alcanzar a los dos estudiantes que habían ocasionado aquel alboroto. Pero al tratar de correr resbaló con algunos libros esparcidos en el suelo, haciéndole caer de forma dolorosa al suelo y no pudiendo correr tras los chicos, quienes ya habían corrido hacia la salida como si el demonio les persiguiera, mientras que las pocas personas que estaban en la biblioteca se concentraban en el área de los libros caídos, y en donde un rubio reposaba en el suelo adolorido.
-¡Matt!- llamó repentinamente la castaña, sin percatarse siquiera de los sospechosos chicos que habían escapado de la escena de crimen.
-¿Seguro que no podrás participar en los juegos, hermano?
Yamato negó con la cabeza por quinta vez en el día, y el moreno solo pudo hacer una mueca descontento al mirar las muletas del rubio. No era divertido competir en los juegos intercolegiales si no estaban todos sus amigos participando en él. Sobre todo cuando había uno accidentado, como el pie envuelto en vendas del Ishida.
-Al menos tiene la justificación medica- comentó Mimi vestida con sus uniformes deportivos también, quien también como sus compañeros todos se encontraban en las gradas de las canchas, lo suficientemente grandes para que abarcaran los estudiantes de otras secciones, grados, y colegios –Digo, así su nota no se verá afectada.
-Sí, claro- dijo Tokumori, igual de desanimado que Yagami –Es una lástima que no puedas jugar, Yama. Eres uno de los mejores, además de Tai y yo.
-Modestia aparte- agregó el rubio.
Debido a que el instituto era de puros varones, obviamente habían tomado en cuenta el resaltar más las áreas deportivas que cualquier otra cosa. Y en el Instituto Hokkaido tenían las mejores canchas deportivas, las mejores pistas de velocidad, entre otras zonas para el desempeño físico. Quizás por eso habían elegido aquel lugar para los juegos intercolegiales, además que la organización de los mismos era excelente. Como siempre, suelen poner unas mesas de registro en donde los estudiantes se apuntaban para algún deporte. Luego, dependiendo de la elección, se les entregaba una muñequera unicolor a cada uno, y el color identificaba el tipo de deporte, por ejemplo, las azules eran de futbol, las naranjas de básquet y las amarillas de velocidad. Salto largo, voleibol, beisbol entre otros también tenían sus respectivas muñequeras. Y además de ello, habían unas de color blanco que quizás eran la más demandadas, pero si más exclusivas. Solo los que tenían las mejores notas en Educación Física y los que formaban parte de algún equipo oficial del instituto podían usarlas.
Taichi cargaba una blanca, y Tokumori también. Mimi observó que Koushirou tenía una de color roja, que era la de Voleibol, y que Michael –con quien siempre hablaba de vez en cuando y estaba incluido en su grupo de amigos- cargaba una de color naranja. El chico era bastante alto que se entendía.
Mimi miró su mano, sin ninguna muñequera en ella, y supo que debía elegir pronto cual deporte mejor le convenga.
-Toma.
Sus manos automáticamente atraparon una muñequera verde, que había sido lanzada hacia ella, y al subir la mirada se encontró con la simpática sonrisa de Taichi, además de un gesto aprobatorio con su pulgar.
-¿De cuál es esta?- cuestionó dudosa Tachikawa.
-Salto largo- y antes de escuchar las quejas de la chica, el moreno continuó –No te registré en ninguno que tenga que ver con una pelota porque pareciera que le tuvieras miedo… Así que quedaron Velocidad y Salto largo.
-Velocidad es absurdo, tomando en cuenta lo patuleco que eres, Maru-chan…
-¡No soy patuleco!
-Entonces…- siguió Taichi, burlón –Quedó Salto Largo.
-¡Muy buena elección, Tai!- felicitó el pelinegro dándole unas palmadas en la espalda –Algo en lo que Maru-chan es bueno es cayéndose… Por suerte podrás caer en arena.
Y justo antes de darle más pie para que Mimi ataque a sus dos insoportables amigos, la voz del director retumbó en cada lugar gracias a todas las cornetas esparcidas en la institución. Todos escucharon atentos, sonriendo emocionados al reconocer que ya los juegos habían dado comienzo, por lo que los alumnos no tardaron mucho en separarse para poder participar en el deporte que le corresponda.
Mimi miró a Yamato con gesto desesperado justo cuando quedaron solos en las gradas.
-¿Cómo puedes tú ganarte un esguince y yo no? ¡Qué injusticia!
-Claro, porque es genial tener que estar sentado viendo a todos jugar- gruñó el rubio no muy contento en su situación –No me caí apropósito, Mimi.
-Si tan solo hubiera sido yo el que buscara el libro… ¡No tendría que participar en estas tonterías!
El rostro de Yamato se tornó serio apenas aquellas palabras salieron de la boca de la castaña. Quién sabe, quizás si lo hubiese buscado ella esto no le habría pasado a él, pero de ser así no hubiese podido enterarse que Mimi tenía enemigos, y unos peligrosos. Precisamente unos estudiantes que planeaban hacerle daño apenas tuvieran la oportunidad.
Luego de aquel "Accidente", Yamato fue llevado a la enfermería para que se confirmara el grave estado de su pie. Al correr y resbalarle, el tobillo sufrió una fuerte torcedura que ocasionó que el ligamento se estirara excesivamente, causando aquel desagradable dolor que había sido más como un ardor en el pie. Le habían recomendado no usar aquella extremidad por una semana, incluso guardar reposo, pero Yamato no podía quedarse sentado en su habitación sabiendo que una inocente Mimi andaría caminando sola por ahí, y aunque había demasiada gente como para que alguien se atreva a hacerle daño a la chica, no quería arriesgarse. Además, era difícil quedarse tranquilo en un lugar luego de haber escuchado aquello.
¿Qué animal querría hacerle daño a ella?
¿Y por qué?
-Bueno, tendré que irme…- suspiró de pronto la castaña, con rostro desencantado –Nos vemos luego.
-¡Espera!
Matt la siguió siendo apoyado con las muletas, y Mimi lo miró preocupada.
-No, Matt, quédate aquí- caminó hacia él para reducir las distancias –No puedes andar esforzándote demasiado.
-No te dejaré so…
-¡Hey!
Aquella voz atrajo la atención de ambos muchachos, que al voltear hacia a un lado se encontraron con cierta personita corriendo hacia ellos.
Vestida con su uniforme deportivo, aquella joven pelirroja y de tez bronceada se abalanzó sobre los chicos, abrazando a cada uno en un enérgico saludo que los contagió de ánimo en un segundo.
-¡Ya pensé que no los vería antes jugar!
-¡Sora!- saludó sonriente Mimi -¿Vas a participar?
-¡Pues, claro!- rió –Mira.
La pelirroja les mostró su muñequera, cual para sorpresa de los chicos era de color blanca.
-¡Vaya, genial!
-¿En qué jugarás?- preguntó Yamato, no tan sorprendido como la castaña.
-Futbol, por supuesto- sonrió –No por nada soy la versión femenina de Tai. Es una lástima que dividan los partidos en para mujeres y para hombres. ¡Debería ser mixto!
-Pero… ¿No te da miedo ser golpeada?- Mimi no parecía nada convencida con la opinión de la pelirroja –Digo, eres mujer.
Sora se rió fuertemente, de forma intimidante.
-Que te lo diga Matt… Las cosas funcionan al revés cuando entro al campo- con un guiño de ojo, la chica luego miró bastante sorprendida las muletas del rubio -¡Vaya, ¿Qué ocurrió?
-Me caí y me gané un esguince…- encogiéndose de los hombros –Aunque no es nada grave de todas maneras no puedo participar.
-Qué pena…
Nuevamente la voz del director sonó en las cornetas, precisamente avisando que los juegos de Atletismo estaban por dar comienzo.
-Oh, es mi turno en los juegos- suspiró la castaña, para luego mirar al rubio con molestia, casi deseando quitarle las muletas para fingir dolor -¡Adiós!
-¡Hey, espera!- Yamato trató de seguirla, pero la chica había echado a correr tan rápido hacia el área de Salto Largo que fue imposible alcanzarla con muletas -¡Demonios!
-Matt, camina suave, ¿Quieres?- el rubio gruñó -¿Cuál es tu apuro?
-Nada, Sora- O eso esperaba.
Mimi miró a los otros competidores un poco intimidada, todos eran altos y atléticos, hasta el más pequeño –incluso más que ella- tenía unas piernas bastante musculosas que seguro le permitirán de un salto llegar a la china. Habían chicos que vestían otros uniformes que señalaban la insignia de sus respectivos colegios, y por supuesto eran tan agiles como del suyo. Nunca tendría oportunidad de superarlos, y sin duda será el hazmerreir luego de saltar, si es que no se caía antes de llegar a la zona de arena.
Un silbato espabiló a la chica, quien al mirar en frente se percató que el que estaba delante de ella en la fila ya había echado a correr. Mimi observó atónita las grandes zancadas de aquel chico, y como en pocos segundos ya había cubierto los 20 m de distancia entre el inicio hasta la arena, donde con un salto descomunal logró nada más ni nada menos que dos metros y medio. Un excelente tramo según el rostro aprobatorio del profesor.
Era inevitable sentirse aún más intimidada luego de aquello, ¿Cómo esperaba superar eso, o al menos igualarlo? ¡Jamás había hecho salto largo!
Mataría a Taichi, ¡Lo haría! Y a Yamato, por haberse jodido el pie justo cuando ella era quien más necesitaba en estos momentos un bendito esguince.
¿Es que la vida tenía que ser taaaan injusta con ella?
-Yo puedo hacerlo… Yo puedo hacerlo…
Un nuevo silbato le hizo regresar a la realidad, y mucho más nerviosa que antes dio dos pasitos hacia atrás para agarrar impulso. Justo cuando pretendía empezar a correr un empujón en su espalda casi le hace caer, casi, porque en dos zancadas logró recuperar el equilibrio y fue al cuarto metro que pudo mirar de reojo el causante de su casi accidente. Solo vio borrosamente una sonrisa socarrona e idiota y una cabellera rubia platinada, y en vez de concentrarse en reconocer el rostro de quien la empujó optó por volver a mirar al frente, y no fue hasta en el sexto metro que empezó a poner a trabajar sus piernas a toda velocidad.
9 metros, No te caigas, no te caigas.
14 metros, ¡No te caigas, Mimi Tachikawa!
19 metros, ¡Impúlsate! ¡IMPULSATE!
Y cerrando fuertemente sus ojos se impulsó todo lo que pudo en la línea de salto, sintiendo como su cuerpo se elevaba lo bastante como para creer que si no estuviera la arena el golpe al caer sería la cosa más dolorosa del mundo. Tratando de imitar a los otros estudiantes movió sus piernas hacia adelante, para cubrir más terreno al medir la distancia saltada. Solo esperaba no caer de trasero, ya que eso significaba que el tramo extra que habían hecho sus pies no será contado. Por lo tanto debía caer parada, o al menos caer parada para luego tirarse hacia adelante, considerando sus dotes patulecos.
El impacto de la arena contra sus pies obligó a que la chica abriera los ojos para estudiar su punto de aterrizaje. Era como si todo hubiese sido en cámara lenta. Presionó sus pies contra la arena y con ayuda de su torso se impulsó hacia adelante, de manera que no podría caer hacia atrás.
Se fue de boca, pero cayó como mejor esperaba caer. El sabor de la arena era salado y fue inevitable masticar las piedritas que la conformaban. Con un movimiento rápido de su mano confirmó que la peluca seguía en su lugar, y tras darse la vuelta y sentarse observó bastante sorprendida el tramo del salto.
-¡3 metros y 85 centímetros!- gritó el profesor, de manera que el estudiante asistente que anotaba las distancias pudiera escuchar.
Mimi, el profesor, los competidores e incluso algunos espectadores observaron bastante asombrados el punto de impacto en la arena, y luego de unos segundos es que empezaron los silbidos y los aplausos, pues aquella había sido la mayor marca del día. Y lo bastante buena para alguien tan menudo como ella.
La castaña se levantó con esfuerza, sacudiéndose la arena de encima y escupiendo los rastros de ella en su boca. Estuvo a punto de ubicarse con los otros estudiantes en las gradas de esa área cuando en eso la voz del profesor la detuvo.
-¡Tachikawa!- ella volteó a verlo, curiosa, y el hombre siguió hablando con su potente voz cual era escuchada aún por los estudiantes de la fila -¿Usted ha entrenado para saltos largos antes?
-N-No, profesor.
El hombre arcó las cejas bastante sorprendido.
-Pues, vaya que lo ha hecho muy bien- la chica se sonrojó -¿Ha pensado en entrenar para las olimpiadas?
¡¿Qué?
-La verdad es que nunca, profesor.
-Pues, piénselo- dijo bastante seguro de sus palabras, para luego volver a sonar el silbato luego de que el chico con el rastrillo aplanaba unas vez más la arena.
Mimi se quedó pensando, pasmada ante el comentario aprobatorio del profesor. La verdad es que aquella distancia era bastante buena para una persona que nunca se haya entrenado, ¿Verdad? Es decir, ¡Era una mujer, y nunca había saltado antes! Se supone que un profesor de Educación Física del género masculino no podría quedar impresionado con ella… ¿O sí?
¡Genial!
Con una sonrisa tonta, estuvo a punto de seguir su camino, pues se había quedado embobada pensando en el elogio del hombre. Pero el sonido seco de otro impacto en la arena atrajo su atención, percatándose de que el chico que estaba detrás de ella en la fila –y el que la había empujado- era quien había hecho el siguiente salto.
-¡4 metros y 5 centímetros!- gritó el profesor al momento en que el chico del rastrillo medía con un metro la distancia saltada –Bastante bien, Tasakura, aunque con Tachikawa en el juego deberías cuidarte las espaldas.
El comentario había sido completamente inofensivo, pero el chico de cabello rubio artificial color platinado –artificial por las cejas oscuras- pensó todo lo contrario, y es que al escuchar aquello había mirado a la castaña con ojos intensos que hacía del color negro un color amenazante.
Se levantó sacudiéndose de mala gana la ropa, y empezó a hacer el mismo recorrido de la castaña, pero deteniéndose en frente de ella.
Era un chico atlético, de brazos y piernas musculosas, alto y de rasgos finos. Podría decirse que era bastante atractivo, pero Mimi no pudo evitar sentir unos extraños escalofríos corriéndole en la nuca, mirando desde abajo al imponente joven que se había plantado en frente de ella con aires amenazadores.
-El que se tiene que cuidar las espaldas es otro…- dijo con voz rotunda, terminando por aterrar a la chica, que nunca antes se había sentido de esa manera.
-Tasakura.
El profesor había interrumpido justo en el momento oportuno, y Mimi no suspiró aliviada hasta que el chico supo que aquel no era el mejor sitio para cometer un crimen. Se encogió de hombros en un gesto indiferente, pero sin apartar su mirada fija de ella dibujó una extraña y malévola sonrisa en sus labios, de la cual casi podrían percibirse colmillos y una lengua de serpiente. Obviamente se quedó paralizada, era la primera vez que un chico la intimidaba de esa manera, de una tenebrosa manera, y de la que Tachikawa no pudo librarse hasta que el joven siguió caminando, como si hace segundos no hubiese declarado indirectamente la guerra.
-¡Miso!
Un contento Louis la había alcanzado, y fue gracias a él que la chica pudo volver a tomar control de su cuerpo, ya menos agarrotado que antes.
-¿Eh? ¿Estás bien, Tachikawa?- Mimi asintió luego de unos segundos, mirando de reojo la fornida espalda del chico alejarse -¿Acaso Ryu te estaba molestando?
-No- respondió rápidamente, restándole importancia con la cabeza -¿Qué tal te fue?
El trigueño no parecía muy convencido con la respuesta de la chica, y tras comprobar que el tal Tasakura estaba lejos de ellos, volvió a sonreír.
-¡No tan bien como tú!- silbó para demostrar su admiración –Casi cuatro metros, ¿Quién lo diría? No pensé que eras bueno en los saltos largos.
-Yo tampoco- confesó en un gemido, ¿Era posible ser buena en algo sin haberlo sabido nunca? –Y yo que pensaba que iba a caer o romperme los dientes en el intento.
-¡Pues ya ves que no!
Ambos chicos se aproximaron a las gradas, y comentando alegremente sobre los siguientes saltos al poco tiempo se les había unido Yamato, en compañía de Sora, quienes se mostraron pasmados al enterarse del éxito de la castaña. El rubio se lamentó internamente por no haber podido ver a la chica, debido a su falta de rapidez al caminar gracias a las muletas y también por un breve momento como espectadores en los juegos de Velocidad. Sato era uno de los siguientes en correr, y Yamato en compañía de Sora aprovecharon la oportunidad para observarlo, y aplaudirle ante el tiempo decente que había logrado.
Conversaron sobre trivialidades mientras esperaban que cada juego terminara. Al acabar los de atletismo pudieron ser espectadores de los partidos de Beisbol, en donde no les fue tan bien como en Salto Largo o Velocidad, que las mejores distancias fueron logradas por los estudiantes del instituto de Hokkaido. Luego vino Voleibol, que aunque para algunos parezca un deporte bastante femenino para los ojos de la castaña era todo lo contrario. Koushirou se había lucido en el juego, y tuvo bastantes buenos saques. A pesar de tampoco haber ganado el equipo de la institución al menos había sido un partido fuerte y dinámico. El jurado declaró que ambos equipos se hicieron una justa pelea.
Finalmente el momento de los juegos finales había llegado, y ya eran las 5 de la tarde para aquel momento. No habían podido ver a Taichi, ni a Michael ni tampoco a Tokumori. Justamente aquellos chicos participaban en los equipos de la institución, y primero venia los partidos de Básquet antes lo de Futbol.
El grupo se sentó en las gradas, y luego de un rato más de charlas Sora avisó que ya debía de irse, para prepararse para los partidos femeninos.
-¡Suerte!- le gritó Mimi sonriente, y la pelirroja hizo una seña de agradecimiento a medida que se alejaba a pasos veloces –Ojalá le vaya bien.
-Le irá- lo certificó el rubio, sonriente –Sora es muy buena en los deportes.
-Ya veo.
El aviso de que los partidos de básquet darían comienzo se hizo mostrar, y un par de minutos luego dos equipos de distintas instituciones entraron a la cancha. En total eran 4, los 4 mejores de todo Hokkaido.
Mimi casi grita de la emoción –por poco, pues Yamato se había encargado de controlarla- al reconocer a Michael salir a la cancha. Tenía el uniforme de básquet puesto, ¡Y se veía realmente atractivo con él! Claro, no lograba sacarle suspiros como antes, ya alguien se encargaba de eso, pero si le contentaba muchísimo ver a su amigo de la infancia en pleno partido. Sin duda alguna Michael les demostraría a los japoneses de lo que estaba hecho.
El extranjero saludo a sus amigos tras reconocerlos en las gradas, y sus compañeros no dudaron en responder el saludo aplaudiendo animados.
-Aquí ganaremos sin duda- comentó seguro Koushirou –Michael tiene buenas defensas y juega muy bien en equipo.
-¡Cierto!- asintió Louis –Aunque no ganamos en los anteriores al menos nos llevaremos el trofeo en donde somos mejores.
El partido dio comienzo, con los estudiantes de cada equipo corriendo de un lado a otro sin parar de rebotar la pelota naranjada. Todos aplaudían, gritaban y abucheaban con cada jugada desarrollada, e incluso el público se divertía con varias "olas" para animar a los equipos.
A mitad de juego, faltando únicamente el encuentro entre los dos mejores partidos, Mimi se puso rígida al momento de recordar cierto detalle.
-¡Rayos!- la chica empezó a manosear los bolsillos de su pantalón, y el rubio la miró curioso sin entender que buscaba exactamente.
-¿Qué ocurre?
-¡Olvide por completo darles esto a Tai y a Tokumori!- entonces de los bolsillos sacó dos cintillos gruesos de color blanco bastante elásticos pero resistentes –Son de la buena suerte.
-Mimi, ya no importa- le susurró el chico –Da lo mismo, la suerte será la misma.
-¡Claro que no!- le reprochó –Se los daré, ya vuelvo…
Yamato se alarmó por ello.
-¡Espera!- tomándola del brazo justo cuando la chica parecía irse –Quédate.
-¿Por qué?
El Ishida se cuestionó internamente aquello, teniendo la oportunidad quizás de contarle a Tachikawa el suceso en la biblioteca y qué era lo que lo tenía tan nervioso últimamente. Pero temía asustarla con aquello, aunque debería ser lo más recomendable. Después de todo, no se puede andar por la vida creyendo que por donde pisas crecen flores habiendo alguien que te sigue para marchitarlas.
Estuvo a punto de pedirle que se sentara para contarle qué era lo que ocurría, pero repentinamente todo el público que los rodeaba se levantaron extasiados y aplaudiendo contentos. Instituto Hokkaido llevaba la ventaja y Michael trotaba alegre por la cancha. Había encestado de nuevo.
Se dio cuenta que ya su mano no sostenía nada, y que obviamente ya Tachikawa se había esfumado. Quiso levantarse y seguirla, por donde sea que se había ido –porque no había rastro de ella por ningún lado-, pero su pie le ardió apenas se apoyó para levantarse. Se sentó de nuevo, vencido por el dolor. Por nada llevaba aquellas muletas, que a decir verdad eran bastante imposibles al ubicarla con él sin que moleste a los que estaba a su lado.
-¿Dónde se fue Miso?- preguntó Louis tras darse cuenta que Tachikawa no estaba.
-Fue a llevarle algo a los chicos- suspiró el rubio –Más le vale no tardar.
-Ah, vaya- el chico frunció el ceño sin apartar su vista del partido, como recordando algo pero sin poder dejar de apreciar visualmente el juego –Mientras que no se consiga con Ryu…
-¿Eh?
Yamato lo miró confuso.
-¿Qué tiene que ver Tasakura con ella?
-¿No supiste?- el francés siguió contándole, sin percatarse de la expresión de Matt –En Salto Largo tuvieron un roce ellos dos. En el turno de Tachikawa este Ryu lo empujó para que se cayera, pero Miso pudo recuperar el equilibrio rápidamente. ¡Incluso casi supera el record de Ryu!- ya al rubio no le había gustado que alguien se metiera con ella sin razón alguna, pero lo siguiente fue lo necesario para alarmarlo –Aunque luego pareció molestarse bastante… Medio trató de intimidar a Tachikawa pero el profe le llamó la atención.
-¿Qué le hizo?
-No, nada… pero Miso no tenía buena cara después de eso. Sabrá Dios que le dijo como para asustarlo de esa manera… ¿Eh? ¡Yamato, ¿A dónde vas?- el Ishida se había levantado sin muletas ni nada y había echado a correr, dejando a sus compañeros bastante extrañados con su actitud.
Pero Matt debía salir de allí cuanto antes, y conseguir a Tachikawa. A pesar de la pobre información que le había dado el baterista de su banda no necesitaba más de eso para estar seguro de dos cosas. Una de ellas era que alguien estaba tras de Mimi, y quería hacerle daño. Y la otra era que ya sabía porque le sonaba tan familiar aquella voz. Aquel tono tosco, áspero y altanero solo podría pertenecerle a una persona, y justamente era quien había molestado a la castaña cuando Yamato no estaba cerca. Y el que Mimi se haya ido sola no era bueno. Mucho menos cuando existía alguien como Ryu tras de ella.
-Ay, ¿Dónde están?
Tachikawa caminó a paso rápido por los pasillos de su instituto. Según Sora estaría en uno de los salones planeando las jugadas, el problema era ¿Cuál de todos? Había olvidado preguntarle a Taichi, pero gracias a la breve información de un estudiante narizón que se había conseguido en el camino –uno que la miró bastante extraño- ya tenía idea de en qué aula podrían estar los chicos, aunque tampoco es que era muy fácil conseguirlo sabiendo el tamaño de aquella edificación.
De lejos pudo reconocer la puerta de su salón, en donde supuestamente estarían los chicos reunidos con todo el equipo. Sonrió aliviada, pues no es como si la soledad y el silencio le hiciera muy buena espina a esa hora y en ese lugar, e incluso se apresuró aún más en llegar.
Tocó la puerta dos veces, pero al no recibir respuesta hizo una mueca. Creyó haberse equivocado, o de repente el chico fue quien se equivocó, pero para estar segura abrió el salón cautelosamente hasta confirmar que, en elemental, alguno de los dos se había equivocado pues allí no había nadie. Solo más silencio, más soledad, y menos claridad que antes.
-Genial- soltó con sarcasmo, y al momento de querer irse y cerrar la puerta un inesperado empujón en su espalda la impulsó hacia adelante, esta vez no pudiendo mantener el equilibro y haciéndole caer al suelo en un fuerte golpe. Su brazo izquierdo había servido como amortiguador para la caída, pero había dolido, no tanto pero sí lo suficiente como para hacerle soltar un gemido.
Confundida, asustada y preocupada, subió la mirada en dirección a la puerta, y fue automático el que sus pulmones dejaran de funcionar, pues la persona que se encontraba ante ella no era la más grata para un reencuentro como aquel.
-Vaya, vaya…- dijo con un familiar tono de voz, acercándose con pasos gatunos hacia la chica.
Mimi observó atónita la expresión malévola de aquel joven, quien tras estar lo suficientemente cerca de ella otro chico entró al salón, esta vez uno más corpulento y de rostro feo. La puerta, que había sido su siguiente punto visual, fue cerrada poco a poco por otra persona desde afuera, y por lo que pudo alcanzar a ver era el mismo joven de nariz grande y ojos marrones que le había dado las indicaciones anteriormente.
Algo se revolvió en su estomago, algo que era un grave signo de alerta. Sus manos sin que pudiera evitarlo habían empezado a sudar, y unos indispensables escalofríos danzaron en su nuca alarmándola. Aquel algo que quemó su garganta sin permitirle gritar, era ese mismo algo que sentía cada vez que estaba en peligro. Solo que esta vez la sensación era mil veces más fuerte, y no tardó mucho en aterrarse por ello.
-…Te lo dije- continuó el chico de cabellos rubios platinados, al momento en que se agachaba en frente de ella -…Es una lástima que no me hicieras caso.
Y Mimi supo que tenía razón.
...To be continue…
Comentarios de la autora:
Patulequismo: Síndrome Patuleco xD
Bien, bien, mis queridísimos lectores! Aquí un nuevo capítulo, al que yo llamo "El capitulo embrujado". Como bien se dieron cuenta, hoy no es jueves, es Viernes! Y la verdadera razón por la cual no pude subir el capitulo ayer en la noche –que fue en lo que quedamos- fue gracias a ciertas adversidades. La primera, se me dañó la pila de mi laptop –no el cargador, sino la pila que va dentro-, y aunque puedo seguir usándola tiene que ser enchufada a la pared para que no se descargue, y por ello solo podía escribir en mi casa. Segundo, ayer en la noche tuvimos que llevar a mi gatito a la clínica veterinaria. Han escuchado sobre ese dicho de "La curiosidad mató al gato"? Pues, es bastante cierto. No se preocupen, ya está muy bien, pero el muy curioso se había puesto a cazar un chinche –insecto que se tira peos muy fuchis- y no sé si es que quería conocer su sabor o solo quería jugar con él, pero para cuando me topé con mi gato olía TERRIBLE, y tuve que bañarlo –y le encanta cuando lo baño! Jaja-. El problema fue que al parecer es hipersensible a la sustancia que sueltan esos insectos, y para la tarde a noche tenía toda la barbillita hinchada, y bastante! Tuvimos que llevarlo de emergencia, y la doctora dijo que pudo haber sido peor, pues era propenso a que se le inflamara la glotis y aquello conllevaba a un problema respiratorio. Imagínense, no sabía que los gatos podían ser alérgicos a algo… bueno, quizás sí, pero a un chinche? El pobre parecía un león con la barbilla toda gigante!
Y tercero, aun necesitaba escribir estos comentarios, ya que no me gusta actualizar y que los C/A sean "Bueno, chao" xD
Este capítulo tuvo un poco de todo, y la verdad esta es la versión numero dos del capítulo 12, pues ya había escrito otra pero de otra manera, y este fue el que más me gustó. Ya deben saber qué son los juegos intercolegiales… en mi colegio se hacían mucho, solo que se llamaban "Juegos Intercurso", y era entre grados y secciones nada más. Escribir esta versión me encantó porque me hizo recordar buenos tiempos del colegio. Puse a Mimi precisamente en Salto Largo porque aquello era lo que más me gustaba, y no es por alardear –bueno, olvídenlo, quiero alardear un poquito xD- pero yo era la mejor de mi promoción en Salto largo! Lo mayor que hice una vez fue 3 metros y algo… y fue gracias a los hombres que aprendí la técnica, porque si dependía de las chicas de mi salón, que va! Las pobres saltaban como si la arena manchara sus pantalones. Yo en cambio casi que me lanzaba de clavado xD siempre Educación Física había sido mi materia favorita! Digamos que en mis tiempos colegiales era la que menos le importaba el estado de mis uñas… eso hasta que tuve mi primer crush xD –ya, se acabo el espacio de alardeo xD-.
Que les pareció mi personaje Ryu Tasakura? Es el chico malo, por supuesto, y todas las historias necesitan a alguien cabrón para que les joda la vida a los protagonistas! Bueno, es este. No supe si lo incluí bien en la historia, ustedes que creen? Esperemos que no ocurra nada malo, o que al menos Yamato llegue antes de que a Mimi le ocurra algo…
Si es que llega…
*tun tun tuuuuun….*
Esa fue mi interpretación de música misteriosa xD
El profesor Terada, sí, es el mismo de Sakura Card Captor. Me pareció cómico incluirlo! Y bueno, también quise que apareciera Michael y Sora, que por cierto al primero lo teníamos abandonado. Pero ya ven que entrada le di, no? El chico es tan lindo que no pude evitarlo! Después de todo se quedó sin la chica, al menos démosle fama.
Bueno, espero que este capítulo haya sido de su agrado, y aunque haya tardado 12 horas para subirlo espero que no haya causado graves problemas… más de los que causé en mi ausencia de meses xD No, en serio, por algo creo que este capítulo tiene una maldición, tantos contratiempos! Pero JA, la magia negra no pudo detenerme!
Muchas gracias por leer! Y por entender, para aquellos que se enternecieron con mi gatito! Es más, en face publicare una foto de él –no en la que sale todo hinchado, tranquilas jajaja- para que se derritan tanto como yo lo hago cada vez que lo veo! Me pongo demasiado "Ay chiqui pipipupu" con él xD
Muchos besos chinchesticos para ustedes!
Ps: Jaja
Atte.
V a i n i e l l a
