Instituto Hokkaido
By: V a i n i e l l a
Capítulo 13
"Amigos y promesas"
-Presentimiento-
Por favor…
Corrió con más fuerza.
…Que esté bien.
Un fuerte dolor le hizo soltar un alarido justo cuando había pisado el último escalón, cayendo en el suelo del segundo piso al no poder pisar correctamente con su pie lastimado.
Gruñó por lo bajo, molesto consigo mismo por no sentirse lo suficientemente capaz como para correr sin sentir dolor. Había ignorado aquella desagradable sensación en todo el camino hasta donde estaba, pero sabía que en algún momento su cuerpo le pasaría factura, si bien el doctor le había dicho que guardara reposo o no ejerciera presión en aquel pie no podría esperar que corriendo por allí como gacela no le afectaría en lo más mínimo. Tras escuchar a Louis pudo atar cabos como si siempre han estado en frente de él, ¡Era tan obvio! Aquella voz familiar, aquel tono repugnante de superioridad y malicia, ¡Maldito Ryu, y maldito su pie por doler tanto cuando más necesitaba patearle el culo a ese animal! ¿Por qué rayos querría hacerle daño a Mimi? Comprendía que hay ciertos fetichismos en sus compañeros más conflictivos, pero querer molestar a Tachikawa, siendo una persona tan tranquila y nada problemática, era de enfermos.
Solo esperaba que todo sea producto de su paranoia, y por suerte que ella ya esté con los muchachos entregándoles las banditas de buena suerte.
Dio un resoplido, indispuesto en seguir mostrándose débil. Se levantó a duras penas, absorbiendo todo el dolor en ira y empezó a caminar cojeando por el pasillo, pasillo que conectaba con los otros repletos de salón. Tuvo que detenerse al ver que el camino se dividía en dos, y uno de esos conllevaban al salón donde se estarán llevando a cabo las reuniones de estrategia. Iba a dar un paso hacia aquel pasillo, seguro, cuando en eso escucha lo peor:
-¡NOOOO!
Todas las alarmas de su cabeza dieron inicio, obligándolo a voltear hacia el sonido de aquella voz y observar el pasillo por el que estaba a punto no seguir. Aguantó la respiración, como implorando que aquella voz femenina y desesperada era producto de su imaginación, pero no lo era, y aquello había sido más que suficiente para hacerle correr de nuevo, esta vez más rápido, esta vez más asustado, porque algo en su interior le alertó que aquel grito significaba una cosa. Y sin duda no era nada bueno.
-¡Aléjense!- escuchó más de cerca.
-¡No puede ser…!
Distinguió entonces la voz de alguien más, y a lo lejos pudo ver su salón. Como si aquello fuera una señal supo que era de ahí donde provenían las voces. Reconoció a Mimi, y sus sentidos se vieron borrosos al percibirla en peligro. No estaba seguro de quien era la otra voz, pero era masculina.
Ya estaba por alcanzar la puerta cuando en eso un fuerte puno estrellándose contra su rostro le obligó a detenerse. Había venido de forma lateral, obligándolo a chocar contra la pared buscando el equilibro tras semejante impacto. Había dolido, y bastante, pero no lo dejó tan mal, así que intrigado buscó a su adversario, encontrándose entonces a la misma nariz grande y ojos marrones de la biblioteca, los que luego de mirarlo habían causado una cascada de libros caer sobre los hombros del Ishida y que, por su desespero en alcanzar a sus agresoras, terminó en el suelo adolorido.
-¡AYUDA!
De inmediato, Yamato lo miró con ojos cautelosos y fríos, y el chico pudo descubrir con un escalofrío corriendo en la nuca como el color del iris del chico mutaba de un brillante azul cristalino a un azulado muy oscuro, casi confundiéndose con negro. Obviamente trató de armarse de valor, pero no contó con que el rubio ignoraría por completo su presencia, aproximándose de nuevo a la puerta como si nunca hubiese recibido un puñetazo en la cara. Yamato ya iba a abrir la puerta cuando en eso el joven le pone una mano en el hombre con intenciones de retomar un nuevo enfrentamiento, pero tal fue su sorpresa que el rubio volteó rápidamente para estrellarle un fuerte puñetazo en la nariz y una patada en el estomago en menos de un segundo. Tambaleando, el estudiante cayó al suelo quejándose de dolor, alertando a los de adentro.
-¿Qué fue eso?
-¡Takara!- llamó la voz de Ryu, y como si aquello había sido la invitación a entrar el rubio tomó el pomo de la puerta y la abrió de un sopetón.
Lo que había a continuación le quitó el aliento.
En el suelo, ovillada como un feto estaba Tachikawa. Escondía el rostro con sus manos y protegía su estomago con las rodillas. Tenía marcas de huellas de zapatos en la franela blanca del uniforme, e incluso pudo distinguir algún que otro moretón en la piel expuesta de los brazos. Se veía tan débil y tan asustada, pero lo que era aún más desgarrador es escucharle llorar, sonido amortiguado por las manos de la chica pero a pesar de ello se escuchaba fácilmente el dolor en sus llantos.
Sus cabellos, que deberían verse cortos debido a la peluca, en realidad eran largos y ondulados con su distinguido color castaño, dispersados en el suelo con todo su esplendor y naturalidad.
Mimi había sido descubierta, además de golpeada y torturada.
Yamato casi sangra en la boca al prensar tanto la mandíbula.
-Ishida- reconoció finalmente Ryu, quien tenía la peluca en la mano y lo miraba con confusión y asombrado.
Mimi de forma automática apartó sus manos de su rostro, subiendo la mirada y contemplando con alivio a la persona que se encontraba parada en el umbral de la puerta. Reconocer el color de su cabello, de su piel, de su figura, casi logra hacerle llorar al sentirse a salvo. Pero percatarse de la mirada furiosa del chico supo que además de alivio tenía temor, temor por él y de que aquellos demonios que habían optado por lastimarla sin razón alguna pudieran lastimarlo también a él.
-Matt- gimió, atrayendo la atención del rubio quien había estado demasiado absorto observando a sus oponentes, y el encuentro de sus miradas solo logró que el corazón del chico se contrajera, y por lo tanto, ganara un sabor demasiado amargo para sopórtalo en la boca.
Mimi estaba lastimada.
Su Mimi.
-Te mataré- dijo con voz gutural, demasiado profunda, y fue fácil para Ryu darse cuenta que se refería a él.
-Espera- trató de excusarse –No sabíamos que ella era… Que Miso era…
-¡TE MATARE!
En cuestión de segundos Yamato ya estaba encima de Ryu, empujándolo con todas sus fuerzas hasta estrellarlo contra la pared mientras las manos del Ishida envolvían el cuello del chico. A pesar de la diferencia de tamaños no fue difícil para Matt acorralarlo de esa manera, ni mucho menos ocasionar un alarmante color azulado en la piel debido a la improvisada asfixia. Tasakura trataba de defenderse, tratando de apartar las manos de su cuello, pero era temible la fuerza que había adquirido el rubio en aquel momento, y como eso hacía que el respirar sea tan imposible como volar.
El otro joven, el corpulento que había visto todo inmóvil, tuvo que intervenir al confirmar las intenciones de Yamato, pasando su brazo por el cuello y gritándole cosas para que se detuviera mientras trataba de alejarlo de su víctima. Matt escuchaba gritos, voces y sentía forcejeos, pero sus ojos estaban fijos hacia el frente como un cazador acechando su presa, las venas de su cuello resaltaban por la presión ejercida y sus dientes chirriaban tratando de contener la furia que desbordaba de él. Sentía tanto odio, tanto asqueo, no podía definir el sentimiento que le producía ver el rostro espantado y atemorizado de Ryu, pero algo que sí era seguro es que no se detendría hasta sentir que la furia se dispersara, así tenga que matarlo.
Unas nuevas voces trataron de detenerlo, pero se escuchaban tan distantes y borrosas en su cabeza que no podían hacerle reaccionar. Presionó más los dedos en el cuello de Tasakura, resuelto en vengarse, pero el chico que había rodeado su cuello con el brazo en una especie de llave tenía mucha más fuerza que él, y por más ataque de adrenalina que tenga y por más deseo de ver a su adversario en el suelo sin vida, fue jalado abruptamente justo antes de que alguien se desmayara por la falta de oxigeno.
-¡Matt!
Yamato pataleó y trató de soltarse.
-¡Matt, hermano, basta!
Repentinamente Louis se había puesto enfrente de él, poniendo sus manos sobre sus hombros sin aún ser soltado por el chico corpulento. El chico trataba de hacer reaccionar a su amigo, sacudiéndolo, y no fue luego de varios intentos que logró que la mirada azulada oscura del muchacho se enfocara en él, poco a poco volviendo en sí.
-Eso es- dijo Louis, levemente aliviado. El chico de atrás fue soltando su agarre hasta cerciorarse que no tendría que forzarlo de nuevo, y se necesitaron unos pocos minutos para que todo volviera a la normalidad.
Matt volvió a mirar a Ryu, esta vez con ojos tan fríos como el hielo, mientras que el chico se encontraba sentado en el suelo recostado contra la pared y agarrándose el cuello adolorido. Este al percatarse miró temeroso al Ishida, y casi se podía ver arrepentimiento en sus ojos.
-No lo sabía…- solo alcanzó a decir –No sabía que Miso era una chica.
Hubo un silencio, y de repente el rubio pudo percatarse que además de Louis, también allí estaba Sato y Koushirou, y poco a poco aparecieron más alumnos quienes se asomaban por la puerta del salón.
-Pues, ahora ya lo sabes…- escupió seco.
-Matt…
Yamato escuchó aquel hilo de voz, y como si su mundo girara en torno a ella volteó en su dirección, notando a Mimi sentada en el mismo lugar donde la había conseguido pero esta vez con Sato y Koushirou a su lado, ambos consternados.
El rubio se acercó a ella mientras sus dos amigos le cedían el espacio. Los ojos rojos e hinchados de la chica encogieron más el corazón de Yamato, pero trató de ignorarlo, imaginando como se pudo haber sido ella al verse atacada por tres completos extraños. Agachándose en frente de la castaña, sin poder contener la indignación que sentía, escondió su rostro en el cuello de su novia sin importarle más nada en el mundo.
-Perdóname- dijo con voz ahogada, sorprendiendo a la chica –Perdóname por no protegerte, Mimi.
-¿Estás bien?
La castaña lo miró sorprendida, notando como el chico observaba sus brazos con preocupación.
-No te preocupes, ya no duelen- mintió, sonriendo de forma tranquilizadora, aunque no muy convincente. El rubio, que no se ha ido de su lado desde ayer, se comportaba de una manera demasiado cuidadosa y sobreprotectora, enterneciendo a la joven a pesar de las condiciones –Matt, en serio, estoy bien.
Yamato no se dejó convencer, pero no insistió. En lugar de ello ambos salieron del cuarto, con intenciones de asistir a clases por decisión de la castaña, quien creyó que de esa manera no crearían sospechas entre los maestros. Pero lo que no esperaban era que, al salir, los alumnos que aún se encontraban en el pasillo se les quedaran mirando fijamente. Otros parecían disimularlo, pero la gran mayoría no buscaban ser discretos. Mientras que algunos les miraban con sorpresa y confusión, otros parecían bastante molestos y desconfiados, y fue gracias a la mano de Matt tomando la suya que Mimi pudo sentirse tranquila ante tantas miradas.
Luego del incidente de ayer ella supo que nada sería igual que antes. Y era cierto. Porque no solo medio instituto se había enterado de su secreto, sino que también a la gran mayoría no le gustaba aquello. Era más que comprensible al considerarse como una intrusa en aquel lugar.
-Tachikawa.
Ambos jóvenes se tensaron, y para ellos no fue difícil reconocer aquella voz, sabiendo la cantidad de tiempo que han tenido escuchándola. Llena de vida, de sonrisas y espontaneidad, aquel tono había sido cauteloso, y al voltear comprendieron que aquello se debía a la mirada incrédula del moreno, quien en compañía de Tokumori ignoraban por completo la presencia de los demás alumnos.
-Tai…- gimió ella, esta vez hablando con su verdadera voz, logrando que el rostro del Yagami cambiara a una expresión indignada –Puedo explicarlo.
-¿Nos has mentido en todo este tiempo?
Ella se mordió el labio, y estuvo a punto de defenderse cuando en eso Matt interfiere.
-Lo hizo para poder estar con nosotros, Taichi- respondió cortante –Jamás los hizo para traicionarnos.
-Pero nos mintió- pausa –Menos a ti.
-Porque era imposible ocultármelo a mí.
-Oigan…- interrumpió Tokumori –Este no es el mejor lugar para hablar sobre ello, chicos- dijo notando las miradas fijas de los otros estudiantes sobre ellos –Vayamos a clase, y luego hablemos.
Ambos chicos, el rubio y el moreno, no estuvieron dispuestos a moverse de su lugar hasta que ambos fueron jalados discretamente por sus respectivos acompañantes. Los amigos se adelantaron con pasos rápido, y Mimi y Matt se quedaron atrás caminando a su ritmo, debido a las muletas del rubio, ya recuperadas.
Minutos después ya todos estaban ubicados en sus respectivos asientos, y no hacía falta mencionar que al igual que los estudiantes de otras secciones y grados sabían del secreto también lo sabían sus compañeros de clases. La castaña guardaba silencio, con cabizbaja y llena de remordimiento, y Yamato lo único que hacía era reconfortarla con su cercanía, afectado por las reacciones de los otros estudiantes como si acaso ella había cometido una barbaridad.
Aquella había sido la clase más lenta y tediosa de su vida. El silencio era tenso, y era inevitable sentirse incómodos siendo vistos de aquella manera acusatoria. Mimi no entendía como las cosas habían surgido tan mal, ¿Qué había hecho ella para merecer esto? ¿Mentir? ¡Había mentido para poder ser feliz, aquello no puede ser un crimen! Tenía ganas de llorar, de gritar a los cuatro vientos que dejaran de juzgarla, pero era como si su garganta había sido cocida, y aunque se moría de las ganas por reprochar la injusta actitud de sus compañeros no podía. Al menos no por ahora, que ningún profesor parecía consciente de su secreto.
El timbre sonó y espabiló a la joven, siendo luego reconfortada por las palabras calmantes del rubio. Ella le sonrió levemente, y confiaba que todo saldría bien están cerca de él.
-Esperen a que todos se marchen- dijo repentinamente Tokumori, viendo el reloj de la pared y sacando cuentas de cuánto tiempo les quedará antes de que todos vuelvan –Necesitamos hablar.
Mimi asintió tímidamente, y su círculo de amigos no se movió excepto el resto del alumnado. Koushirou, Tokumori, Taichi, Michael, Matt y ella no mostraron intenciones de marcharse, en cambio se pusieron cómodos –o al menos los que no estaban tan tensos- y aguardaron hasta que la última persona además de ellos se marchara. Luego quedó el silencio absoluto.
Koushirou se levantó y cerró la puerta del salón, para luego agruparse con sus amigos en los pupitres que rodeaban a la pareja.
-Bien- empezó Koushirou tratando de ser lo más diplomático posible –Creo que es bueno aprovechar este momento.
Todos miraron sugestivamente a la chica, y ésta solo pudo sonrojarse de la pena y arrepentimiento.
-¿Por qué estudias aquí?- preguntó repentinamente el moreno, con semblante serio -¿A qué has venido?
-Vamos, hombre, que tampoco es un fantasma- defendió Tokumori –Tachikawa…- la castaña pudo comprobar que no siempre era llamada por su apellido, y tuvo que desear no ser cruelmente recriminada por quien siempre había sido el más gracioso del grupo –Nos debes una explicación, ¿Sabes?
-Lo sé…- suspira –Lamento todo esto, y no saben lo arrepentida que estoy por mentirles…
-¿Pero por qué lo has hecho?- continuó Tai –Es decir, ¿Por qué estudiar aquí, en un instituto de puros chicos?
-Porque era la última oportunidad que me quedaba…
Todos esperaron a que continuara.
-Mi vida en USA apestaba, pero mucho. No era feliz porque no existía nadie que me apoyara o que me cuidara. Me vine a Japón porque aquí viven mis abuelos, quienes se encargarían de mí, pero una cosa llevó a la otra y terminé inscribiéndome en esta institución- se muerde los labios –Sé que no tiene sentido esto, y que la verdad suena un poco estúpido para ser cierto, ¡Pero mírenme! He logrado estudiar en este lugar, y si no hubiese sido por…- pausa –Quizás nunca se hubiesen enterado de mi verdadera identidad.
-Mentir no es bueno, Tachikawa- agregó Taichi –Nos mentiste.
-¿Me habrías apoyado de haberte enterado que soy una chica?
-No, es probable que te haya acosado sexualmente…- la sugerencia de Tokumori había sido tan descarada que el pobre moreno se había puesto rojo hasta la medula, sacando una leve risa en todos.
-¡Eso ha sido fuera de lugar, Tokumori!
-Oh, vamos, que ahora que te has enterado que no eres gay deberías estar mucho más aliviado.
Por la cara del Yagami se pudo ver que el pobre no se había dado cuenta de ese detalle.
-Chicos… de verdad discúlpenme- Mimi miró a cada uno con ojos tristes –No fue mi intención mentirles, en realidad solo quería estar aquí, cerca de ustedes. No saben lo arrepentida que estoy y…
-También nosotros hemos sido un poco mentirosos, Mimi.
Todos voltearon a ver a Michael, quien sonreía amablemente a la castaña. Ésta abrió los ojos como platos, no creyendo que aquel chico recordara su nombre con tanta facilidad. Pero luego cayó en cuenta en el comentario, frunciendo el seño al tratar de buscarle lógica al mismo.
-En realidad… Ya sabíamos que eras una chica, pero no quisimos decírtelo- respondió de forma despreocupada el pelinegro, y solo Yamato, Tai y Mimi miraron a los chicos con desconcierto –¿Qué? ¡Eres tan obvia!
-Pero… ¿Por qué no me lo querían decir?
-Porque no es nuestro asunto, Mimi. Tendrás tus razones para estudiar aquí, y las respetamos- Koushirou había sido sereno en sus palabras.
-Ya va- pausa -¡¿Cómo es que todos sabían excepto yo?
-Tai, Tai, Tai…- suspiró Tokumori -Porque eres demasiado despistado, hermano. Si no tuvieras la cabeza pegada al cuerpo se te olvidaría en algún lado.
-¡Pues, que buenos amigos tengo!
El sarcasmo en las palabras del moreno volvió a renacer sonrisas en los rostros de los chicos, y entonces Mimi se vio más animada con la conversación.
-¿Eso significa que me perdonan?
-¡Claro, Maru-chan!
Un coscorrón en la cabeza de la castaña fue suficiente para aligerar las asperezas en el ambiente, y de repente todo había vuelto a ser como antes. El ánimo, la calidez, aquellas sensaciones eran agradables gracias a ellos, y Mimi no podría sentirse más afortunada de estar cerca de personas tan consideradas como sus amigos. A pesar de todo, a pesar de las circunstancias y las adversidades que se hayan presentado en el transcurso del año escolar, ellos la querían y estaban dispuestos a aceptarla. Mimi no podría sentirse más aliviada.
-Pero aún tenemos un problema- sugirió el rubio, repentinamente serio –Ahora que se ha regado el rumor es probable que en cualquier momento los profesores se enteren.
Mierda. Aquello era cierto.
Obviamente las sonrisas no perduraron, y la cara de pánico que había mostrado Tachikawa fue un poema. La verdad el problema no radicaba en que sus compañeros del instituto se enterasen, ¡Sino los benditos profesores! Está bastante claro que si aquella verdad llegaba a los oídos de sus maestros o, peor, la dirección, no solo saldría de allí a patadas, sino que implicaría toda una humillación pública y personal. No saldría ilesa de esta, o al menos su vida se volverá un desastre apenas sus papás se enteren de todo, porque lo harían, ¿No?
Instintivamente escondió su rostro en una posición de descanso con sus brazos entrecruzados apoyados en su mesa, y casi podía sentir el sudor frio correr por su piel al imaginar lo que podría ocurrir si sus padres se llegasen a enterar. Dios mío, ¡Sería el apocalipsis! Su padre entrará en una crisis nerviosa y le gritará las veintiún mil deshonras que ocasionó en la familia por aquel acto tan bárbaro, y su madre lo más probable es que la lleve cuanto psicólogo le recomienden si es que no era algún psiquiatra respetado y con cientos de diplomas. Ya Mimi podía imaginar las cajas y frasquitos de pastillas que le prescribirían, concluyendo que la castaña padece alguna clase de retraso por pensar cosas tan estúpidas como irse del país para estudiar en un instituto para chicos, o quizás le considerarían una bisexualidad en ella que excusaría su actitud. Su madre lloraría avergonzada y su padre no le volvería a dirigir la palabra nunca más. Sería internada en un manicomio y tendrá que vivir allí hasta que el loquero considere que su cordura está levemente normal como para poder lidiar con una sociedad altamente influyente en su desequilibrada salud mental. Seguro obtendría la alta a los 25 años, se mudaría con sus padres para poder adaptarse de nuevo a la vida, y quizás se tendría que mudar de nuevo pero esta vez a un apartamento estudio para evitar escuchar los llantos disimulados de su madre o el rencor de su padre por la deshonra familiar. Sería una mujer solterona, amargada y disociada, coleccionista de gatos y de fotos de ejemplo que vienen los portarretratos que venden, acto que reconfortaría su solitaria vida imaginando como pudo haber sido de haberse comportado como una adolescente normal y corriente, y no una que prefirió estudiar en un instituto para hombres en vez…
Ah, cuán lejos puede llegar su imaginación en un ataque de pánico.
-Dios santo, ¡No tenía que haber hecho esto!- gimió desesperada, sacudiendo su cabeza queriendo alejar todos los pensamientos anteriores -¡Soy una idiota!
-Lo eres- rectificó Yamato, suspirando –Pero ya es tarde para eso. Ahora tenemos que pensar en algo.
-Si llegan a descubrirla se armará el quilombo, bro.
Mimi casi llora con la opinión del pelinegro, y nadie parecía demasiado optimista como para aligerar la tensión.
-Pues entonces tenemos que evitarlo.
Evitarlo, claro.
El problema era, ¡¿Cómo? Medio instituto sabía, y seguro para mañana la otra mitad se enteraría del "chisme". Y así como cientos de alumnos se enteraron, no faltaría mucho para que la dirección también. Era imposible tratar de evitarlo.
-Dudo mucho que Mi…mi…- se corrigió el moreno -…pueda graduarse con nosotros, pero si trabajamos en equipo y nos esforzamos es probable que podamos mantenerla aquí por un tiempo más, al menos antes de la última clase.
-Pero, ¿Cómo, Tai? ¡Suena imposible!
-Suena, pero lo lograremos- las palabras de Taichi habían dado en el clavo, quien con su porte seguro y confiado los chicos no tardaron en creer que quizás aun quedaba esperanza. Era imposible seguir guardando el secreto, mucho menos cuando medio mundo ya estaba consciente del mismo –Somos estudiantes, ¿No? Y somos hombres. Algo que tenemos es lealtad a los nuestros, y seguro que si les pedimos a nuestros compañeros más cercanos que nos ayuden a guardar el secreto de los maestros podremos posponer la expulsión de Mimi.
Entonces todo tuvo sentido. El que el alumnado del instituto sepa del secreto, además de ser el detonante del problema, también podría ser una ventaja. Solo había que tener fe, y aportar la confianza suficiente como para que todos aquellos que creyeron que nunca se presentaría una situación así descubran que ella, de haber sido un él, nadie tendría un problema, porque todos eran alumnos del mismo instituto después de todo.
-Los de nuestro equipo de futbol no tendrán problemas, mientras yo les pida que guarden el secreto nadie se enterará, y seguro se esforzaran por callar a quienes amenazan con decirlo- dijo finalmente el moreno ante el silencio pensativo de sus compañeros.
-¡Buena idea!- Tokumori sonrió –Seguro nuestra banda podrá convencer a los estudiantes de música, ¡Esos chicos son muy buena onda!
-Pues, entonces yo me encargaré de los del club de ciencias, y computación.
-Yo ayudaré a Koushirou con ellos- agregó Michael –También confió que los de ajedrez cooperarán.
-Oh, chicos- Mimi ya no podía seguir conteniendo las lagrimas, al sentirse tan enternecida por los esfuerzos de sus queridos amigos por ayudarla y mantenerla cerca de ellos -¡No saben cuánto se los agradezco!
Solo esperaba que el esfuerzo no sea en vano, y que nadie salga afectado por su culpa.
-Matt, ¿Qué ocurre?
-Solo camina.
La pareja caminó aún más rápido, y la castaña no lograba comprender la extraña actitud que había optado por tener su novio en este nuevo día. Parecía molesto, o al menos eso creía ella con la expresión amargada que el chico poseía, pero lo que Mimi no entendía era la razón por la cual se había molestado tan de repente, cuando hace unos minutos habían estado compartiendo con los chicos de la banda como si la vida fuera bastante buena. Habían cantado y habían reído, logrando distraer a la chica de todo el stress por el que estaba pasando. Al igual que Sato y Louis habían muchos más alumnos dispuestos en guardar su secreto. Era un alivio saber que el plan estaba dando resultado, y que quizás Tai tiene razón, pero a pesar de todo Mimi sospechaba que no todo sería de color rosa. Ya su secreto no era un secreto, y no podía esperar que nadie se moleste con ella por haber ocultado su género por tanto tiempo. Puede que algunos estudiantes se hayan mostrado buenos y leales a sus compañeros, pero estamos hablando de una institución de cientos de estudiantes. Es imposible convencerlos a todos.
Matt le había asegurado que todo estará bien, y ella trataba de creerle. No quería irse, por supuesto que no, pero estudiar en aquel lugar iba contra las reglas, y la expulsión seria el mínimo castigo que recibiría.
No quería irse, no quería que todo acabara de aquella forma. Sus amigos, aquel pequeño grupo de chicos, eran todo lo que necesitó en su vida para poder ser finalmente feliz. Eran tan buenos con ella, tan considerados, sería muy triste alejarse de ellos luego de tantos momentos vividos a sus lados.
-¡Esperen!
Mimi volteó hacia atrás, confundida, pero al notar quien había sido el que los llamaba fue inevitable sentir sus piernas temblar.
A unos cuantos metros estaban Ryu y sus dos secuaces, parecen haber salido del pasillo por el que pasaron en frente hace segundos. Estaban en un área donde era raro ver a demás estudiantes, por lo que no era extraño verse por aquí algún que otro embrollo entre chicos o un acuerdo monetario gracias a alguna apuesta. Estaban cerca del depósito donde Mimi se había incluido en el circulo de sus amigos por primera vez, y no muy lejos estaba el salón de música, de donde venían. Yamato por inercia observó el pasillo recién caminado, confirmando que sería imposible escapar por allí, y entonces miró hacia adelante, donde unos metros más podrían alcanzar la puerta de salida y escapar exitosamente. Mimi en cambio tenía la vista puesta en los chicos, intimidada y recordando el dolor del leve maltrato físico y psicológico de parte de ellos.
Ryu la había acorralado para humillarla, para molestarla y para jugar con su cordura. Le había dicho cosas crueles y denigrantes, y su amigo grande y feo solo reía de lo que decía. Habían sido unos ogros con ella, sin razón alguna, y pensó que quizás ellos eran así con todos los que no sabían acoplarse a su mundo, chicos diferentes, o alguien como ella; una chica.
Recordó cuando trató de defenderse para poder salir de allí, y también el fuerte golpe que le había dado a la chica con una sola patada logrando que cayera al suelo. Se había ovillado del dolor, pues su estomago ardía, pero cuando creyó que quizás esa era la única tortura que recibiría se equivocó. Ryu había puesto el pie sobre ella ensuciando su ropa, moviéndola como si fuera algún animal atropellado. Había dicho cosas más crueles e hirientes, y al ver que ella no reaccionaba a sus ofensas optó por empujarla bruscamente con el pie, causando aquellos moretones en sus brazos.
Obviamente el miedo no tardó en llegar, y aferrándose al brazo del rubio temió por volver a experimentar aquella pesadilla. De no haber sido por Yamato, quien sabe lo que le hubiera ocurrido.
-Ryu- escupió el Ishida.
Los tres jóvenes se ubicaron en frente de ellos pero bajo una distancia moderadamente respetable. Tenían rostros serios, y miraban a la pareja fijamente.
Mimi le rogó a Yamato en un susurro que quería irse, y el rubio no lo pensó dos veces y la abrazó para luego seguir caminando.
-Alto- insistió el joven de cabellera platinada –Les debemos una disculpa.
Nadie esperaba aquello, y tanto Tachikawa como el rubio voltearon sorprendidos hacia los chicos como no creyendo lo que habían oído.
-Solo queríamos molestar a Miso- se justificó Ryu, con una inusual expresión arrepentida –Jamás creímos que era una mujer.
-Pues, aparentemente hacía falta golpearla y humillarla para darse cuenta, ¿No?- dijo con voz seca Yamato, abrazando con más fuerza a la chica al sentirla temblar –¿Qué demonios les hizo ella a ustedes para merecer lo que le hicieron? ¿Es acaso un juego que tienen para demostrar que tan machos son? ¿Qué tan patéticos son?
-Matt…- gimió Mimi.
-Si no fuera por proteger el secreto de los profesores, les juro que los mataría de la forma más dolorosa y humillante posible. Y puedo asegurarles que no soy el único que piensa de esa manera.
-Lo sabemos- respondió esta vez el chico de nariz grande, bastante nervioso y preocupado -¡Han quemado casi toda nuestra ropa esta mañana!
-Y algunas cosas de valor- acotó el grande –Sabemos que fue por lo que hicimos.
La pareja comprendió entonces que la nube de humo que se asomaba por detrás de las canchas era, nada más ni nada menos, que las pertenencias de aquellos tres. Se había armado tremendo alboroto por todo aquello, e incluso Mimi temió verse envuelta en el lío por todo lo que estaba ocurriendo gracias a su identidad. Vaya que sí se asustó, pero como siempre, Matt estaba ahí para calmarla, y prometerle que nada malo ocurriría.
-Me parece que de nada sirve que quemen sus pertenencias si los dueños siguen por ahí…- Yamato había sonado demasiado frio, tanto que la castaña por un momento no lo reconoció. Se veía tanto odio en sus pupilas, mucho más de lo que ella siente hacia sus agresores –Tómenlo como una señal, a la próxima puede que sean ustedes los que terminen carbonizados.
-¡Nos hemos disculpado!- gritó Ryu repentinamente, avergonzado, dando un paso hacia ellos logrando atemorizar a la chica -¡Solo queríamos joderle la vida a Miso, y a ti, que nos caes como la mierda! Pero jamás creímos que él... ¡Que ella…!
Ella no lo aguantó más y empezó a jalar al rubio para escapar de allí cuanto antes, ignorando por completo el arrepentimiento y las disculpas. Solo querían salir de ese lugar, lejos de personas tan malas y crueles como ellos, quienes a costa del sufrimiento ajeno es una "grata" manera para divertirse y pasar el rato.
-¡Mimi!- insistió el joven, logrando que los pasos de la castaña se detuvieran al darse cuenta que su agresor había gritado justamente su nombre –Nos arrepentimos por haberte hecho daño, y entendemos que ahora nos tengas asco- la chica volteó levemente, mirándolos con sorpresa -Pero solo queremos decirte que pueden contar con nosotros para guardar el secreto.
-Sabremos si hay alguien que quiera revelarle el secreto a los docentes- dijo el narizón, menos nervioso que antes.
–El primero que se atreva a no cooperar…- prosiguió nuevamente Ryu, con mirada penetrante -…Será el primero en caer.
Un segundo después, los tres chicos abandonaron el pasillo, alejándose de la pareja hasta perderse de vista. Mimi los observó detenidamente, no creyendo la lealtad que estos le ofrecían luego de haberla lastimado tanto un día antes. ¿Cómo creerles? ¿Qué le garantizaba que guardarían el secreto, sabiendo las intenciones que tuvieron por joderle la vida a ella y a Yamato? Todo era tan estúpido, ¡Tan irreal! Nada de esto estaría pasando si ella hubiese sido lo suficientemente madura para afrontar la vida que le corresponde, la de una chica común y corriente, ¡No la de una loca que se le ocurrió la brillante idea fingir ser chico para estudiar allí!
Nuevamente habían quedado solos en el pasillo, y fue como el detonante para que las lágrimas de ella se amontonaran en sus ojos, amanzanado con salir a borbotones. Yamato no tardó mucho en darse cuenta de su estado, alarmándose al comprobar que la chica se aferraba a su brazo como único apoyo, aparentemente sus piernas no tenía la fuerza de sostenerla.
Pero allí estaba él, dispuesto a sostenerla. Dispuesto a ser su bastón cuando más lo necesitaba.
-Mimi…
Ella soltó un sollozo medianamente contenido, y con sus manos agarró la camisa del rubio para enterrar su rostro en el pecho, dejando caer las lágrimas liberadamente. Él la envolvió en sus brazos, recostando su barbilla sobre su cabeza como suele hacerlo en aquellos íntimos abrazos. La sintió sollozar contra su pecho, mientras el rubio se aseguraba que nadie podría descubrir aquel momento de debilidad en la pobre chica.
-Esto es una pesadilla…- gimió -¡Soy tan estúpida! ¡Jamás tuve que haber venido!
-No digas eso, Mimi.
-¡Claro que lo digo!- separándose abruptamente -¡Mírame, soy una chica, y no tengo razón alguna para estudiar aquí! ¡Esto jamás tuvo que haber pasado!
-No tenias otra opción- siguió el rubio, ignorando cierta presión en su pecho que habían ocasionado las palabras de la castaña –Tú misma me lo dijiste cuando te descubrí, ¿Recuerdas?
-Matt, ¿Qué no entiendes? ¡Esto ha sido el peor error en mi vida!
Lo que no contaba Mimi era con el rostro estupefacto, dolido y melancólico del rubio, que aunque la transición de expresiones había durado apenas 3 segundos había sido el tiempo suficiente para percatarse que sus palabras tuvieron el efecto que no quería.
La castaña se mordió los labios, arrepentida por sus palabras, y trató de acercarse a él para corregirse.
-No quise decir eso, Matt… Yo…
-Peor error, ¿Ah?- sonríe de forma sarcástica –Suena terrible.
-¡Me estas malinterpretando!
-Mimi…
Ella guardó silencio, esperando que la voz de Yamato continuara resonando en las paredes del pasillo. Lo miró atenta, tratando de descifrar las palabras que querían salir de sus labios pero más no podían. Dios, se veía tan herido, y Mimi lo entendió completamente. En medio de su ataque histérico había dicho cosas muy hirientes, cosas que no eran ciertas, y Matt tenía toda la razón del mundo de ofenderse ya que, de hecho, él venía vinculado con aquel "Error".
De no haber tomado aquella estúpida decisión jamás lo hubiese conocido. Y Yamato era la única fuente de felicidad que necesitaba para vivir día a día.
-Olvídalo- dijo de pronto, desviando la mirada y dejando ocultar sus ojos con su rubia pollina –Mejor sigamos.
-Matt, por favor…
-Déjalo así, Mimi.
¿Es que acaso de malo todo iría a peor?
Lo miró dormir plácidamente, y se cuestionaba con seriedad si era prudente despertarlo o no.
Estaba envuelto con las sabanas de manera un poco graciosa, y respiraba pausadamente revelando que estaba en un profundo sueño. Contempló su cabello desaliñado, con puntas rubias hacia todas direcciones tras haber tenido una noche movida, o al menos eso parecía. Ahora que se daba cuenta también había unas grandes ojeras bajo sus ojos. Vaya, menos querría despertarlo ahora, pues así como ella él seguro no había pegado ojo en toda la madrugada.
Tenían una semana en ese asunto. Desde aquella discusión no habían podido hablar civilizadamente, y de los besos apasionados pasaron mutuos silencios, como también las miradas cariñosas cambiaron a la indiferencia.
Yamato era una bomba de tiempo, en serio. Era como si guardara en su interior demasiados sentimientos encontrados, y a la primera discusión estos explotaban de la peor manera. Era tan rencoroso, ¡Tan cabeza dura! Mimi tuvo que comprimir las ganas de darle un almohadazo en la cara, pues no lograba entender nada. ¿Por qué tendría que exagerar tanto? De acuerdo, entendía que su comentario fuera innecesario, pero, ¡Diablos! Él no puede esperar que actuara con toda su cordura, cuando está que pierde la cabeza de los nervios cada vez que escuchar que alguien la llama por su apellido.
Se sentó en la cama al lado del rubio con bastante cuidado, contemplándolo en silencio mientras este degustaba la paz al dormir tan profundamente. A pesar de todo, a pesar de ser tan cabezota y por ofenderse por nada, ella lo quería. Mucho. Porque Yamato era todo lo que siempre quiso, alguien que estuviera a su lado, cuidándola, protegiéndola, queriéndola. Era imposible negar cuanta felicidad le traía él a su vida…
-Deja de mirarme mientras duermo.
Pero seguía siendo tan cabezota…
-¡Ay!- pegó el brinco, alejándose casi un metro de él -¡Estás despierto!
El rubio suspiró, estirándose momentáneamente mientras se volteaba en la cama. Las sabanas dejaron de ser una jaula cálida para él, pues las había movido a un lado luego de unos segundos para sacar las piernas de la cama y sentarse con parsimonia.
-¿Qué hora es?- preguntó un poco adormilado, sacudiéndose el cabello.
-Las 7 y 15…
Yamato se levantó e ignoró por completo la presencia de la castaña, quien un poco sonrojada observó como el rubio ingresó al baño para cumplir con su rutina mañanera.
-Oye, Matt…
Mimi tuvo que callarse al notar como el pie del rubio empujaba la puerta para cerrarla, aclarándole sin palabras que necesitaba privacidad, o que simplemente no quería escucharla, tal y como ha sido en toda la semana. La chica infló los cachetes indignada, ¡No podía creerlo! Era tan rencoroso, ¡Tan malcriado! No puede ser que siga con las mismas…
Se cruzó de brazos, y esperó paciente a que el chico terminara de hacer cualquier estupidez en el baño. Al escuchar la puerta abrirse se puso a la defensiva inmediatamente, aunque por un instante casi baja la guardia al contemplar su torso desnudo. Vaya, había olvidado lo atractivo que era…
Sacudió la cabeza, tratando de alejar sus pensamientos.
-¿Acaso pretendes ignorarme hoy también?- soltó molesta, observando atenta los movimientos del rubio mientras se vestía.
Sin respuesta.
¡Uy!
-¡Matt, te estoy hablando!- al no recibir respuesta de nuevo, avanzó hacia él -¡Matt!
-Mimi, ¿Quieres callarte?- le respondió seco, mirándola fríamente –Déjame en paz.
-¡¿Qué demonios sucede contigo?
-Nada que te importe.
Basta.
Aquello fue suficiente.
Indignada, miró al rubio con lágrimas acumulándose en sus ojos, ¿Con que no le importa, ah? Está bien, así será. Si el quería que no le importara, entonces de ahora en adelante nada que tenga que ver con él le importara. Gruñendo, refunfuñando y maldiciendo internamente, Mimi tomó su bolso con sus útiles en su interior y abandonó a la habitación, caminando a paso rápido y seguro por los pasillos del instituto. Ignoró por completo las miradas sobre ella, como también las ganas de gritar y de llorar por haber sido tratada de aquella manera tan injusta.
Yamato era un idiota, ¡Y siempre lo será!
-¡Tachikawa!
En eso, de la nada, Taichi había alcanzado su paso para luego caminar a su lado. Al igual que ella ya vestía el uniforme, y llevaba su bolso con los útiles, aunque tampoco es que sean muchos.
Mimi trató de controlar su molestia, pues tampoco es que la pagaría con el pobre muchacho. Suspirando sonoramente, volteó a verlo con una fingida sonrisa.
La verdad es que ni tenía humor para sonreír.
-Hola, Tai.
-Vaya, yo también me alegro de verte- dijo el chico enarcando una ceja -¿Qué te pasa?
-Nada- respondió seca -¡Absolutamente nada!
-Ah, ya comprendo- una sonrisa burlona se asomó en sus labios –Es que ustedes lo han hecho todo al revés, Mimi. Ya sabía yo que era muy pronto para que vivieran juntos.
-¿A qué viene eso?
Tai por poco ríe ante la mirada acusatoria pero intrigada de la castaña.
-Mucha tensión sexual- y no había sido Tai quien dijo aquello, pero fue fácil percibir aquel travieso tono de voz y risa contenida –Me pregunto si Yama tendrá como protegerse… Soy muy joven para ser tío.
-¡Idiotas!
Mimi corrió rápidamente tratando de escapar de las pervertidas acusaciones de sus amigos, entrando entonces a su salón de clases donde ya la mayoría de los estudiantes estaban ubicados en sus puestos. Mucho más molesta que antes, mucho más gruñona y avergonzada, se sentó en su silla sin importarle un comino la silla vacía que estaba a su lado. Quizás el que su compañero de mesa no estaba en esos momentos podría servirle para calmarse un poco, o al menos controlar la furia que había acumulado en esta última semana.
Minutos después ya el salón estaba casi lleno, y cosa rara el último alumno en ingresar a la clase había sido Yamato. Con su andar despreocupado, con su expresión indiferente. Ni siquiera la había mirado cuando se sentó a su lado, como si Mimi fuera parte de la estructura de la insulsa silla en donde estaba sentada. La verdad, ahora estaba mucho más encabronada
-Buenos días, alumnos- saludó el maestro de artística, entrando al salón con algunos libros. Sus alumnos respondieron desanimados, pues al notar bien la columna de libros que había ubicado el profesor sobre el escritorio supieron que la clase seria larga y tediosa –Ya, que animo tenemos hoy, ¿No? Pues les traigo algo que seguro los motivará un poco este día, además de la noticia que quien no lea y se aprenda lo que lee no podrá aprobar el siguiente examen.
Todos refunfuñaron en sus asientos, y Mimi había sido la única que no se mostró reticente con la asignación. Olvido que esta era su clase favorita, tenía un indiscutible lado creativo en ella y solo en Artística podría desempeñarlo. Pero no estaba contenta, en cambio, seguía tan molesta y gruñona como antes. Y en lugar de mirar al frente atenta de las palabras del profesor, miró al chico de cabellera rubia y distantes ojos azules que se sentaba a su lado.
Como cosa normal, él seguía aparentando ser el único sentado en esa mesa.
-Inmaduro- escupió Mimi, mirando al frente luego con expresión orgullosa.
Los libros fueron entregados y las páginas fueron establecidas. Todos se habían sumido en el silencio de aquel salón para poder concentrarse en la lectura, mientras el profesor garabateaba unas palabras en el pizarrón. Todo iba bien, o al menos eso se creyó por los siguientes minutos, pero la puerta siendo llamada con fuertes y seguros toques interrumpió la paz del aula, logrando que todos observaran la puerta curiosos mientras que el profesor permitía la entrada de quien quiera que estuviera llamando.
-Permiso, profesor- entonces la cabeza del coordinador Terada se había asomado, para luego ingresar con rostro serio –Disculpe la interrupción.
-Adelante, coordinador- el hombre lo miró confuso -¿Qué se le ofrece?
-Necesito llevarme a Tachikawa.
El profesor de artística, un hombre considerado y amable y que a pesar de la negativa de sus alumnos por aprender lo que más le apasionaba al señor, frunció el ceño y miró a la castaña, como no creyendo que justamente la buscaran a ella. Después de todo, era su alumno más tranquilo y aplicado de su clase, y estaba bastante orgulloso de su actitud.
-¿Tachikawa?- sorprendido –Es mi mejor alumno, profesor, y justo ahora estoy dando un tema para el próximo examen, ¿Es urgente?
-Me temo que sí- respondió igual de serio, esta vez mirando a la chica, que inmediatamente se encogió en su silla un poco intimidada.
Yamato miró todo confundido, para luego observar la expresión aterrada de Tachikawa. Al igual que él, ella tampoco parecía tener idea de por qué le llamaban, y tampoco sus compañeros parecieron entenderlo, aunque algunos imaginaban una idea al tomarse en cuenta la verdadera identidad de la chica. Mimi no tardó mucho para intercambiar miradas con el rubio, preocupada y, obviamente, muy asustada, ¿Qué querrían de ella? ¿Para que la llamarían? Matt tuvo un mal presentimiento, y casi retenía a la chica a su lado cuando ésta se había levantado de su puesto. Sus manos temblaban, y no fue difícil deducir qué podría estar sintiendo ella en aquel momento.
Quiso tomar su mano y detenerla, no dejarla ir, pero ya la castaña había abandonado su mesa tan pronto como se había parado, y bajo un absoluto silencio salió del salón en compañía del maestro, todo ante las expectantes miradas de sus compañeros.
-Esto no se ve bueno, hermano- susurró Tokumori, igual de serio que él.
...To be continue…
Comentarios de la autora:
Ay, Dios mío, ¿Qué rayos le pasó a Vai, que en lugar de actualizar el jueves anterior lo hizo un sábado? Yo también me pregunto lo mismo, y también me pregunto por qué carajos tuve una semana tan agitada cuando aún estoy en mis merecidas vacaciones.
No les miento, no gano nada con ello ni tampoco el buscar tontas excusas. La verdad es que en esta semana tuve desde dos cumpleaños, un improvisto trabajo y de paso una visita familiar que me costó una tarde completa metida en la cocina para poder cocinar una torta que había prometido hace siglos y que se me había olvidado por completo. En esta semana descubrí que nunca prometas algo en un tiempo impredecible. Además, el tráfico en mi país esta terriblemente estresante. Por cada cola que agarro me sale 5 canas en la cabeza. Y de la calle llegaba muy cansada y "arrecha" con la vida que ni me provocaba sentarme a escribir. Aunque bueno, no es excusa, debía haber publicado el jueves y por eso me disculpo!
¿Qué les pareció este capítulo? Mucho relleno, ¿Verdad? Pero ocurrieron cosas que me parecieron necesarias, como la charla y disculpas de los chicos para con Mimi y su identidad, como también el acuerdo de Ryu y sus secuaces, que a pesar de ser unos cabrones no quería que terminaran como los que "golpearon a una mujer", suena muy fuerte, y no sé, me pareció correcto su nueva aparición, ¿Ustedes que piensan?
Y la discusión entre la parejita… Aw, me hacía falta ponerlos a discutir por cualquier tontería xD
¿Y qué piensan sobre cómo terminó el capitulo? ¿Qué creen que ocurra?
Ya hasta se lo deben imaginar xD Pero igual les daré una pista:
Es muy posible que el siguiente capítulo sea el ÚLTIMO, si no es el penúltimo.
Sí, mis pequeñas saltamontes, eso es correcto. Supongo que ya era hora de que este Fic tuviera su final. No soy muy buena con los fics largos, y a mí parecer la cantidad de 15 capítulos o menos va muy bien conmigo. No me pondré a hablar mucho sobre esto pues ya me pone nostálgica y eso que aún no ha terminado, pero es muy probable que me ponga mariconcita cuando me toque escribir los C/A del último chapter… Es que le he cogido un especial cariño a este fic…
Para animarnos un poco les tengo una buena noticia. Al concluir éste es MUY probable que vean por ahí una nueva historia que se llama Roommates… xD Y con eso me refiero a que no se desharán de mí tan fácilmente, ni mucho menos cuando ya llevo unos cuantos capítulos de ese Fic y que prometen mucho. Bueno, al menos eso es lo que creo. Se desarrolla un tema mucho más maduro, y quizás deba ponerlo en T o en M por el contenido, pero ya veremos. Es un reto total para mí, y si quieren saber de qué va más o menos, bueno, entren a mi perfil e lean el One-Shot que se llama Roommates. Para no crear confusiones cambiaré el nombre de este One-Shot apenas esté publicado oficialmente el primer capítulo de la historia. Y no se preocupen, lo tengo bastante adelantado para evitar la presión por actualizar. En realidad tenida pensado concluirlo primero, pero bueno, no me puedo esperar por saber sus opiniones xD
En fin, no tengo mucho más que decir. Ahora tengo que ponerme a cocinar otra torta, que me compre una manga para decorarla y no aguanto por estrenarla, ¡Si me queda bonita le tomo fotos para mostrarles por fb! :D
Ah, sí, ¡Agréguenme por ahí! O por Deviant, o por MSN, o por la dimensión desconocida (?). Como más gustéis :)
Un Kiss de Hershey's gigante para ustedes!
Atte.
V a i n i e l l a
