Capítulo 5

"Solo quiero que sigas siendo tú, Viktor

Dijo esas palabras con tanta seguridad que hizo que mis mejillas se tornaran carmesí. Otra vez ese chico desenterrando reacciones del pasado, emociones que creía pérdidas en el dolor. Otra vez él con su mirada dulce, sus palabras simples, pero significativas. Otra vez el soldado Katsuki de la secta división me hacía sentir de nuevo.

Este tipo parece que le pegó fuerte el sentimiento, a ver cuánto le duró la felicidad. Nada es para siempre y menos si le oculta algo tan importante.

Después de eso lo seguí acompañando, nos sentamos en su cama, me quedé a su lado en silencio, no pensé en nada, no intenté decirle nada, sólo lo acompañe.

-¡¿Qué?! ¿Eso fue todo? ¿Y yo qué pensé que iba a haber más salseo? ¿Ni un abrazo siquiera? Se acabó, dejo este diario, prefiero ayudar a mi abuelo a buscar pantuflas- esa fue mi reacción al leer tan prometedora escena con tan enclenque final. Al parecer me enojé bastante porque mi abuelo fue a golpear la puerta de mi habitación.

-¡¿Oye niño qué haces?! ¿Por qué gritas tanto? ¿No ves que tu pobre abuelo quiere tomar una siesta después de preparar tantos piroshkiz?-

-¡Lo siento abuelo!...aaah…-suspiré algo cansado- lancé el diario con desinterés sobre la cama, este rebotó y cayó al suelo, no era mi intención que cayera, pero tampoco me molesté en recogerlo.

- ¡Ja! Te lo tienes merecido estúpido diario y…- me detuve, analicé mis palabras ¿le estaba reclamando a un objeto inanimado?, ¿por qué lo hacía? Es como si ese diario tuviera vida propia.

Agité la cabeza de un lado a otro, esperando que esos pensamientos salieran de mi mente, la solución más rápida para olvidarlos era ir a comer, por cierto siempre subo como 5 kilos cuando vengo a la casa de mi abuelo, ¿Qué tendrá esta casa que me causa tanta hambre?

Fui a la cocina, pero no pude comer nada, todo me recordaba al diario. Al tomar la mermelada de fresa imaginé la sangre del teniente Viktor (y no me sorprendería que a ese hombre le corra mermelada por las venas en vez de sangre, de ahí vendría su manera tan melosa de escribir).

Asqueado decidí beber un poco de agua, me dirigí al grifo, lo abrí. El agua caía tal como me imaginé que cayeron las lágrimas del soldado Katsuki. Por un momento vi claramente el rostro de un soldado, con el cabello recogido hacia atrás, ojos marrones y una mirada que transmitía firmeza pero a la vez calma, que haría que cualquiera temblara de miedo. Me quedé embobado viendo el agua fluir, buscando la imagen del soldado en el fondo del vaso, sin percatarme que el vaso no aguantaba más lágrimas, digo, agua.

-¡Ah! Mierda- exclamé soltando bruscamente el vaso-¡Tengo que saber qué pasó!- salí corriendo hacia mi habitación.

Fue tanta mi emoción que incluso pisé la cola del gato, el cual soltó un chillido tan agudo que mi abuelo lo confundió con el timbre. Él salió presuroso hacia la entrada, nos cruzamos, casi chocamos pero alcancé a esquivarlo. Después de eso mi abuelo decidió que debería cambiar el tono del timbre o bien cambiar de gato.

Bueno, creo que me desvié un poco del tema. En fin…al llegar a mi cuarto el diario se encontraba sobre la cama. Abierto en la última página que había alcanzado a leer antes de que nos peleáramos.

"Esto no puede ser más extraño"

Sentí un cosquilleo que subía por mi espalda. Mentiría si dijera que fueron escalofríos, ya que la sensación no fue fría, si no caliente. Como un fuego que recorría toda mi espalda y, sin saber cómo, atravesaba mi pecho, en el cual se desvanecía como si nunca hubiera existido tal fuego.

Era la misma sensación que tenía de pequeño. La sensación que me impedía explorar, conocer y sentir nuevas cosas. Algo que me detenía. Que me impedía abrir una puerta que nunca había atravesado. Que me impedía dar un salto por medio a caerme y a sentir dolor…

Por un instante estuve a punto de huir de mi habitación pero recordé unas palabras que me dijo mi abuelo una vez cuando niño: "siempre tienes que hacer las cosas a las que le tienes miedo. ¿Quieres convertirte en un patinador profesional, cierto? Entonces nunca debes dejar que el miedo te detenga, si no, ¿cómo podrás realizar un salto si siempre temes caer? .Los sueños mueren en el miedo y no querrás que tu sueño de ser patinador muera en un lugar tan mediocre".

Yuri, tú… ¿a qué le temes?

Bueno…me da vergüenza admitirlo pero le temo a las polillas…

No esa clase de miedo tontito (dijo Viktor acariciándole los cabellos a Yuri como si fuera un niño pequeño que no entendía los temas de los adultos)

Basta (respondió riendo, quitando suavemente la mano del contrario) Y si primero tú me dices a qué le temes para comprender mejor tu pregunta

Bueno yo le temo al amor…

¿Al amor?...mmm…pues un día leí una frase con respecto a eso, decía: - Temerle al amor es temerle a la vida, y aquellos que le temen a la vida ya están casi muertos.

Pues debo decirte que a veces me siento un muerto en vida…pero, por ironías de la vida el amor es lo que me revive…el amor de alguien especial con ojos de niño y manos de bailarina

¿Q-quién Viktor?

(Viktor solo sonrió y pasó su mano suavemente por sus mejillas) luego te digo, ahora tenemos que irnos que ya es hora de alistar a las tropas

Continuará…