Nota: Hola c: el formato de este episodio está cambiado para que se pueda entender mejor lo que pasa, no todo está escrito en el diario, solo unas pocas cosas, la mayoría son recuerdos. Espero que no les resulte confuso, si es así, no duden en decirlo. Gracias 3
Capítulo 14

"La noche era tranquila. Las nubes se estaban alejando, el cielo se abrió en todo su esplendor. Un suave viento corría entre nosotros, rosaba nuestros rostros y hacía que nuestros cabellos se alborotaran."

"El lago reflejaba las siluetas de dos hombres, uno de ellos valiente y aguerrido como ninguno, capaz de arriesgar su propia vida para salvar a los suyos. El otro, un ser hundido en la cobardía del deseo de la muerte, incapaz subsistir con su dolor, incapaz de superar el pasado, incapaz de vivir"

"Le confesé mi dolor, lo que atormentaba mi corazón. Decidí ser directo"

Yuri, yo…estoy casado-

"Su reacción fue…no sé cómo describirlo, su rostro se tornó sombrío, bajó la mirada. Creo que no le debía haber dicho tan directamente que estoy o estaba, ya ni siquiera sé cómo decirlo, casado"

¿Qué? Eso…no lo esperaba…-

-Yuri- dije levantando su rostro delicadamente con mi mano- Soy un hombre casado, sin esposa a su lado-

- ¿Cómo? No entiendo, no me digas que…ella, ¿ella te engañó con alguien más?-

- Mi querido Yuri, ojalá me hubiera engañado, ojalá se hubiera ido con otro. Por lo menos mi corazón estaría tranquilo al saber que es feliz, a pesar de no ser yo la razón de su felicidad…-

Después de una breve pausa le conté lo siguiente:

La conocí un día de otoño cualquiera, en un parque de mi ciudad. Me encontraba sentado en una banca, furioso por cierto, ya que no lograba conseguir un trabajo por la mala situación del país. Estaba tan encolerizado que me puse de pie repentinamente y comencé a patear un árbol.

"Hey, joven", me digo una dulce voz "sé que está algo molesto, pero el árbol no tiene la culpa de su problema".

Voltee. Detrás de mi había una hermosa joven de cabello oscuro y rizado, tez blanca como la leche y preciosos ojos color esmeralda, sobre sí llevaba un hermoso vestido rosa pálido. La muchacha no tuvo ningún reparo en invitarme a pasear con ella por el parque, para pasar el mal rato. Yo, como todo un caballero, no iba a rechazar tan amable oferta.

Desde el día que me reprendió tan dulcemente por mi actitud, empezamos a salir. Todas las semanas nos reuníamos en el mismo parque, charlábamos cosas cotidianas, le contaba mis problemas con encontrar trabajo…siempre tenía la respuesta adecuada- acompañada con una linda sonrisa- para resolver mis inquietudes.

Era tan distraído que no le pregunté su nombre hasta la quinta vez que nos vimos.

"Hey, me acabo de dar cuenta que no sé tu nombre"

"Viktor, eres muy despistado, mi nombre es "Evelina""

"¿Edelina?"

"No, tonto, Evelina, significa "vida", que no se te olvide"

Jamás podré olvidar su nombre

Tiempo después pude conseguir trabajo - en parte, gracias a sus consejos- como vendedor de periódicos de una imprenta local, la paga no era mucha, pero me servía para llevarle pequeños regalos, los típicos, flores y alguno que otro dulce.

Y así, poco a poco, entre charlas y detalles, nos enamoramos.

Quería hacer las cosas bien, así que cuando logré ascender en el trabajo, le propuse matrimonio. Sus padres no estaban muy de acuerdo de que su hija se casará con un simple trabajador de una imprenta, pero comprendían que su hija ya era una adulta, así que nos apoyaron en nuestra decisión. Además, no dieron algo de dinero que, junto con nuestros ahorros, nos ayudó a rentar los primeros meses de nuestro cité.

La situación seguía siendo mala a pesar de tener trabajo. Evelina se tuvo que dedicar a coser y lavar ropa ajena para ganar dinero extra. Muchas veces nos faltó comida en nuestro plato por tener que pagar la renta. A veces sentía que no podía soportar más la situación, pero ella…, ella me daba fuerzas con sus palabras. "No te preocupes, si estamos juntos seremos felices, el dinero no es tan necesario".

Es cierto que sus palabras eran reconfortantes, pero al verla con sus manos lastimadas, como si en vez de solo cocer y lavar ropa, hubiera tenido una pelea a muerte con un cactus. Me hacía sentir impotente.

"¿No te duelen tus manos?" le preguntaba siempre, a lo que ella siempre respondía: "Son manos de trabajo y de orgullo, ¿por qué habrían de doler?" En esos momentos solo podía abrazarla, abrazarla fuerte para que nunca se alejará de mi tan maravilloso ser.

A pesar de todo, éramos felices. Poco tiempo después pude ascender nuevamente en la imprenta. Así que pude estabilizar nuestra situación, ella podría darse el lujo de no trabajar, sin embargo, aunque se lo pidiera, no lo hacía.

"No quiero ser una mantenida" decía con un tono muy firme "pero si tanto insistes, trabajaré menos".

Siempre me sonreía al terminar cada frase, no importaba lo seria que se comportará o los difíciles momentos que pasáramos ella…ella siempre sonreía.

Cierto día me mandaron a hacer un trabajo fuera de la ciudad, a eso había que agregarle que era mi día de descanso. Pero necesitábamos mantener ese trabajo. Muy apesadumbrado se lo conté.

"No te preocupes por mí, te esperaré con una sorpresa" dijo.

Nos despedimos con un beso, como siempre, sus labios eran tan suaves y tibios, como besar un bizcocho recién salido del horno.

"Y al volver, me besarás con más amor aún".

La última mentira fue tan dulce…

Siempre pienso que si ese día no hubiera ido a trabajar, si hubiera rechazado ese trabajo, si me hubiera quedado con ella yo…yo…podría…yo habría…de igual manera, no podría haber hecho nada. Una bomba había caído en mi ciudad. La bomba que marcó el inicio de esta terrible guerra.

Cuando supe la noticia, deje todo lo que hacía y corrí hasta el lugar, muchos trataron de detenerme, pero no seguí avanzando. No recuerdo como regresé, quizás la adrenalina me hizo olvidarlo, solo pensaba en ella.

Edificios antes imponentes, ahora destruidos a ras de piso. Personas tiradas en las calles, algunas que ya habían entregado su alma a lo desconocido, otras gemían por estar en medio del limbo de la vida y la muerte. Y yo, sólo corría entre ellos.

Nuestro hogar, nuestro esfuerzo, nuestros recuerdos, nuestros sueños, destruidos.

No supe de dónde saqué toda esa fuerza pero escarbé entre los escombros.

Tenía la esperanza de encontrarla viva…y la encontré ella estaba recostada, abrazada a sus rodillas y la cabeza hundida entre ellas, como si tratara de proteger algo.

Grité incontables veces su nombre, intentado que despertara. Esperando que mi voz alcanzara su alma. Fue inútil. Lloré y grité como nunca lo había hecho en mi vida. Sentía que el alma se me escapaba con cada grito, con cada suplica, con cada sollozo.

La saqué como pude de aquel lugar.

Cuando la "acomodé" en medio del frío pavimento, noté que tenía algo entre sus manos, eran dos zapatitos pequeños, tejidos a mano, de un tierno color amarillo. Esa era su sorpresa.

Intenté llorar nuevamente, pero no me quedaban más lágrimas, todas se había ido junto con su alma desvanecida. Ahora la impotencia se apoderaba de mí ser. Solo pude lanzar un grito sordo hacía al cielo buscando una explicación.

Después de terminar mi historia con estas palabras, Yuri sollozaba

Yuri, por favor, no tienes que…

Me abrazó repentinamente, sus brazos me apretaban con fuerza, sus dedos se afirmaban de mi chaqueta militar. Se sentía tan cálido, así que le correspondí.

-Viktor, ya puedes dejar de aguantar- dijo entre sollozos y aun aferrándose a mí.

-Yuri, yo no estoy aguantando nad-

Mi voz se cortó, y comencé a ver borroso por las lágrimas que inundaban mis ojos, estás cayeron sobre el hombro de mi querido soldado Katsuki.

¿Cómo era esto posible?, creía que ya no me quedaban más lágrimas, que mi dolor se había secado para siempre y me encontraba ahí. Llorando como un niño abrazando a mi querido Yuri…

Continuará…