Capítulo 19
- Sabemos dónde está su Cuartel General- anunció Robert.
- ¿Estás seguro?
- Completamente, lo hemos comprobado varias veces. Lo escuché en una conversación entre Malfoy y Nott.
- Bien, has hecho un buen trabajo. Hay que atacar ya, preparaos porque atacaremos en una semana. Hay que aprovechar ahora que está herido. Nos veremos donde siempre. ¿Algo más?
- Nada más.
- Pues hemos terminado.
Harry se levantó y se dirigió a Alice la cual le curó enseguida. Salió de la cocina para marcharse.
- ¿Ya te vas?- preguntó Mayca.
- Sí, me tengo que marchar a Rea.
- Ten cuidado.
- Sólo voy al colegio.
- Sabes a lo que me refiero. Lo he escuchado todo.
- Lo sé. Me voy, ya nos veremos. Adiós.
- Adiós.
Harry la dio un beso rápido y se marchó de allí con Sirius y Remus.
Harry entró en su biblioteca-despacho en busca de unos libros. Sirius entró detrás de él.
- Ahijado antes de que te vayas. ¿Podemos hablar?
- Claro. Siéntate- se sentaron uno frente al otro con el escritorio de por medio- ¿Ocurre algo?
- No. Sólo quería hablar contigo sobre Mayca.
- ¿Mayca? ¿Qué pasa con ella?
- Nada, sólo quería saber qué relación tienes con ella… Sé que hoy te has acostado con Mayca y me preguntaba si es algo serio.
Harry suspiró.
- Sí padrino, es algo serio. Le he pedido que fuese mi novia y ella ha aceptado. Sé que no debería, que se merece algo mejor pero me gusta, me gusta mucho, en realidad, me he enamorado de ella y he pensado que podía ser feliz con Mayca, aunque sólo fuera un par de semanas. Me gustaría que fuera más tiempo pero ella se dará cuenta que merece lo mejor y eso no soy yo. He intentado mantenerme alejado de ella pero no he podido y…
- Harry. Harry. ¡Harry!- gritó el animago cuando su ahijado no le escuchaba- Harry no deberías menospreciarte, eres algo maravilloso, sé que no te lo crees por las palizas que ese Dursley te daba pero eres muy bueno, para ella y cualquiera. Me alegro de que la elegida sea ella. Me cae bien.
- Gracias padrino.
- No me lo agradezcas ahijado.
Se dieron un abrazo y después Harry se marchó a Rea.
Se encontraban en las puertas del Cuartel General de Voldemort. Habían acudido todos los miembros de La Pantera Negra: Sirius, Remus, Robert, Bill, Charlie, Fred, George, Ojoloco, Tonks, Fleur Delacour, Viktor Krum, Lee, Angelina Johnson, Alicia Spinnet, Katie Bell, Oliver Wood y él.
- ¿Preparados? Vamos allá- les dijo Harry.
Derribaron la puerta con un hechizo efectivo todos a la vez y entraron. Allí estaban todos los mortífagos que quedaban, cada uno se dirigió a una zona de la casa y empezaron a luchar.
Harry sacó su arco y sus flechas y comenzó a disparar, en diez minutos había matado a treinta mortífagos, Fred y George le protegían de los ataques, no se separaban de él.
Los mortífagos estaban acorralados, les tenían miedo ya que ellos sí iban a matar no como la Orden del Fénix, se intentaron desparecer pero Harry había puesto una barrera muy potente anti desaparición.
Harry cogía una flecha tras otra y disparaba, las flechas no se le acababan gracias a un hechizo de duplicación. Miró a su alrededor.
Sirius peleaba contra Bellatrix Lestrange, Charlie contra Rodolphus Lestrange, Bill contra Rabastan Lestrange, Ojoloco contra Lucius Malfoy, Remus contra Fenrir Greyback, Robert contra Theodore Nott, Tonks contra Narcisa Malfoy y Viktor Krum contra Parkinson.
Los demás peleaban contra otros mortífagos, no había ningún herido de gravedad en su bando gracias al colgante. No se lo había dicho a nadie pero el colgante era un escudo para las maldiciones mortales, las más peligrosas.
Siguió con sus flechas hasta que Voldemort apareció, se miraron uno a otra desafiándose mutuamente.
- Chicos ha llegado la hora, tened cuidado.
- Tú también Harry- dijeron los gemelos a la vez.
Fred y George fueron a ayudar a los demás mientras que Harry se dirigía hacia su mayor enemigo, hizo desaparecer su arco y le envió la primera maldición con un movimiento de mano.
Voldemort bloqueaba sus hechizos como podía y Harry hacía lo mismo, llevaban luchando mucho tiempo pero ninguno se rendía, esta pelea sería la última que tenían uno contra el otro; y los dos lo sabían. Uno de los dos moriría.
Sirius, Remus, Viktor, Bill, Charlie, Robert, Ojoloco y Tonks ya se habían desecho de sus adversarios y luchaban contra los demás; había mucho mortífagos y ellos eran muy pocos.
