Capítulo 31

5 de Enero, 1959.

Desde que nos trasladaron a este campamento no nos han dado órdenes fijas, tenemos cierta "libertad" hasta que decidan qué hacer con nosotros. Han mandado a muchos soldados malheridos a su casa, sin embargo, Pichit no está en condiciones de viajar, tiene que esperar unas semanas hasta que su herida sane un poco más y trasladarlo.

Estamos realmente preocupados por él, ya que si nos llegaran a atacar, sería muy difícil trasladarlo y casi imposible defendernos.

A pesar que la situación no es nada alentadora, él sigue actuando positivamente y trata de animarnos…

-Eso debiera ser al revés- comenté, quise seguir leyendo, pero mis párpados se cerraban solos, mi cuerpo rogaba un descanso. Luego de leer unas cuantas líneas más, estás se tornaron borrosas e incomprensibles. Cerré el diario y lo puse a un lado, dejándome llevar por el sueño.

Esa noche fue intranquila. En mis sueños aparecían imágenes borrosas y me vi inmerso en voces que sonaban muy lejanas…

-Katsuki, a la formación-

- S-sí- -

Me había convertido en el soldado Katsuki, corrí a la formación, pero no alcanzaba a llegar, me dieron un arma de la nada. Una bruma espesa llenaba el campo…oía mi nombre en la lejanía…

-Yuri-

Una voz desconocida, pero a la vez familiar, me llamaba de distintos puntos

-Yuuuriii-

Comencé a disparar sin objetivo…

-Yuurii-

Los cielos se tiñeron de carmesí, una lluvia espesa del mismo tono caía entremezclada con gritos de dolor y lamentos….sangre corriendo por mis manos y soltando un grito mudo…

-¡YUUUURIII!-

Desperté

-¡Yuri!, ¿te encuentras bien?-

Mi respiración era agitada, en mi mente aún se encontraban los vestigios de la pesadilla. Traté de ordenar lo que sentía, pero me fue imposible…todo era confusión…bueno, si la realidad no es clara, menos los sueños…

-S-sí, solo fue una pesadilla…-

Una mano distinta a la de mi abuelo llevaba mi cabello hacia atrás, tratando de encontrar mis ojos asustados.

-¡¿Beka qué haces aquí?!- Exclamé sorprendido-

-Bueno, no contestabas mis mensajes, así que vine a verte.-

-Lo siento…no me conecté en estos días y además…espera, ¿viniste a verme hasta este lugar tan alejado solo porque no te contesté los mensajes?-

-De hecho sí. Pero, ¿estás seguro de qué estás bien? Te movías de un lado a otro y gritabas cosas extrañas-

-Sí, ya te dije que fue solo una pesadilla- respondí refregándome los ojos y tratando de sentarme sobre la cama- aaaah- bostecé- debo tener un aspecto terrible.

-Te ves bien, siempre te ves bien-

-¿Aunque este despeinado, ojeroso y como si hubiera tenido una batalla campal con la almohada?-

-Mmmm…si me lo pones así- respondió imitando seriedad- la baba en tu almohada sería tu heroica sangre derramada -

- ¡Qué cosas dices!- dije riendo- ¿cómo entraste?-

-Tu abuelo me dejó pasar, dijo que andabas raro estos días y que bajaras a comer-

-Ah, entonces bajemos, no quiero hacerlo esperar-

Al llegar al comedor vimos una mesa servida, repleta de comida, con piroshkys recién hechos, blinis (que son unos dulces muy sabrosos) y té. Nos sentamos a la mesa dando los buenos días a mi abuelo.

Mientras comíamos mi abuelo inició la conversación.

-Ustedes dos me recuerdan a un par de compañeros que tuve en la guerra-

-¿Nosotros?-respondimos al unísono

- Jeje si, ustedes, se nota que se llevan bien y tu amigo se preocupa mucho por ti. Aah- soltó un leve suspiro- me gustaría que mis amigos siguieran aquí…en fin aprovechen su tiempo juntos, y tú- señaló a Beka- más vale que no lastimes a mi nieto, ¿entendido?- dijo mi abuelo de una manera algo amenazante.

-S-sí, señor- respondió algo asustado.

Luego de desayunar tuve que ir ducharme, a pesar de tener confianza con Otabek, no era excusa para andar como vagabundo en la casa y menos frente a mi amigo.

Salí del baño con una solo una toalla amarrada a la cintura y con el cabello goteando.

-¿Qué haces?- pregunté extrañado, al parecer revisaba mis cosas.

-¿Eh?, ah…solo veía esto, ¿es una especie de libro?-

-Es un di- di- ¡achis!...ah…diario- terminé refregándome la nariz.

-Hey, cúbrete, no vayas a resfriarte- mientras decía esto me entregó algo de ropa que estaba sobre la cama -

-Otabek esto no combina –

- ¿Acaso me ves cara de asesora de modas?-

-¿Acaso me ves cara de que me quiera parecer a la tigresa del oriente?-

-En realidad, si-

-¡¿Qué dices?!-

-Vamos a estar solo los dos aquí, no importa la ropa que uses, solo mantente abrigado.

-B-bueno, n-no importa-

Mientras me vestía - Beka estaba mirando hacia otro lado, no piensen mal- le conté las cosas extrañas que sucedían con el diario, el solo asentía y meditaba en silencio.

-¿Y?, ¿Qué opinas?- finalmente pregunté.

-Habrá que seguir leyendo para descubrirlo- sonrió

Asentí y me acomodé a su lado, ahora compartíamos el diario, pero se hacía un tanto incómodo leerlo, ya que era tan pequeño que fácilmente podría caber en un bolsillo algo amplio.

-Otabek, o nos arrejuntamos más o lees en voz alta-

-Léelo tú, sonará más bonito con tu delicada voz-

-¿Me estás diciendo que tengo voz de mujer?-

-…no… ¿Qué esperas?-

-Más te vale- lo amenacé.

Continuará…