Capítulo 46

Después de pasar casi toda la noche leyendo el jodido diario. Sí, jodido. Porque todo lo que no me permite dormir lo es. Mi abuelo se le ocurrió la gran idea de despertarnos tocando su antigua diana del ejército.

-¡Arriba! ¡Despierten muchachos!-

-Abuelo, ¿Qué mierda?- me levanté de golpe pero aún con los ojos entrecerrados.

-Cuida tu boca jovencito- me reprendió

-¿Qué sucede sr. Plisetsky?- preguntó Otabek, tan ridículamente educado como siempre.

-Sucede que ya el tiempo está mejor, la ventisca ha cesado. Es hora de que salgamos de esta casa y recorramos el pueblo.

-Abuelo no me jod-, no bromees-rectifiqué- son las 7 am.

-¿Enserio? Discúlpenme muchachos, ya se nos hizo tarde. Vayan a ducharse rápido, les prepararé unos pirozhkys para que desayunen en el camino- dicho esto, cerró de golpe la puerta sin permitir objeción alguna.

En cuanto mi abuelo se fue, Otabek se levantó rápidamente de la improvisada cama que teníamos en el piso. Iba directo hacia el baño, pero lo detuve con un grito desde mi cómoda cama con sábanas de leopardo.

-¡Hey!, ¿Qué haces?-

-Me voy a bañar como ordenó tu abuelo.

-Ajá, ¿Y qué ropa te pondrás?

-Pues la misma de ayer…- agregó con algo de vergüenza

-Eso sí que no. Si vas a salir con nosotros, si quiera estrena ropa.

-Pero, Yura, ¿De dónde voy a sacar prendas nuevas? Además estoy bien as-

-No te estoy preguntando.

Revolví mi armario- más de lo que ya estaba- buscando ropa para mi amigo, hasta que por fin la encontré.

-Toma- se las lancé a la cara- Regalo de cumpleaños.

-Pero mi cumpleaños es….

-Es un regalo adelantado, acéptalo, es de tu talla- expliqué mirando hacia otro lado con desinterés.

-Ok- levantó su pulgar en señal de aprobación.

En realidad, pase un día entero buscando un regalo adecuado para darle. Finalmente me decanté en ropa, tenemos un estilo parecido, así que supuse que le quedaría bien y no me equivocaba

-Oye, espera, yo voy primero al baño, tengo ganas de cagar- comenté confianzudamente.

-Ok-

Salí rápidamente del baño ya vestido e intercambiamos lugares con Otabek.

A decir verdad, mi amigo se veía bastante bien con el estilo que le di. Consistía en una chaqueta azul marino, similar a la que tiene pero un poco más larga, una playera blanca y unos pantalones negros ajustados con cortes que parecían arañazos de gato.

-Pensaste en todo, hasta en la ropa interior- comentó algo sorprendido

Ah, sí, y unos boxers negros con un estampado de cabeza de tigre por atrás.

-¡Vámonos pronto chicos!- gritaba mi abuelo desde su auto mientras tocaba estridentemente la bocina del mismo.

-¡Ya vamos!- contesté- no sé qué mierda le picó a mi abuelo hoy, él mismo dice que prefiere estar en la tranquilidad de su hogar que meterse en el atareo del centro del pueblo, que más que pueblo, es una mini ciudad.

-Creo que es bueno que se entusiasme por salir, a su edad, ya no es común emocionarse por estas cosas.

-Mmmm, tienes razón, mejor lo dejo ser- agregué sonriendo, me alegra ver a mi abuelo así de bien y no como un soldado melancólico como lo es siempre.

-Yura no me des la razón, no ves que puede volver a caer una ventisca o algo así.

-Ja ja muy gracioso. Mejor levanta tu trasero de la cama y vámonos, que mi abuelo no para de tocarse a la vecina… ¡mierda! Digo ¡la bocina!

Nunca había visto a Beka riendo tanto en todo el tiempo que nos conocemos. No sabía que su humor fuera tan burdo para reírse de ese pequeño error.

Quién diría que esa equivocación, no estaba tan errada, ya que antes de dirigirnos a la ciudad, pasamos por la casa de la "vecina" de mi abuelo. Cabe recalcar que las casas por el sector donde reside el viejo están alejadas una de las otras. Está en particular se encontraba aproximadamente a medio kilómetro de distancia.

Bueno, pero eso no importa. El caso es que nunca lo había visto aplicar técnicas de conquista, fue curioso y asqueroso. Definitivamente ese fue un día de muchas sorpresas.

Cuando llegamos al pueblo, ayudamos a mi abuelo a descargar los pirozhki y demás panes a una panadería cercana. Así mi abuelo se ganaba la vida y le iba bastante bien a decir verdad.

Libres de esa responsabilidad, mi abuelo nos sugirió ir al museo histórico de la ciudad, aunque más que sugerencia, era una obligación, para dejarle tranquilo y que comprara flores y demás cursilerías para la vecina. Por cierto, al parecer tienen la misma edad y creo que también corresponde a las insinuaciones de mi abuelo, ya que es demasiado amable con él.

En fin, el museo se encontraba a unas cuadras de la panadería, así que nos fuimos a pie. Mientras caminaba iba subiendo historias a Instagram, por fin mi abuelo me devolvió el celular, creo que esa señora le hace muy bien.

Al entrar, lo primero que se imponía a la vista era una escalera de mármol con barandas de madera cubierta de una alfombra con decoraciones rojas y doradas que conectaba el primer piso con el segundo. Esta, se dividía en dos, llevando a diferentes salas. A pesar de lo llamativo que nos pareció, decidimos llevar cierto "orden", bueno, Beka lo decidió y comenzamos el recorrido por los distintos salones del 1er piso.

En el sector que observamos en un principio se encontraban varias armaduras perfectamente alineadas de jinetes sobre sus caballos del siglo XV. Al parecer, las divisiones del museo estaban minuciosamente ordenadas por época.

Pensé que solo veríamos armas y retratos de viejos estirados que nunca se atrevieron a pelear a puño limpio en sus vidas, si bien es cierto que había mucho de eso en el museo, también habían muchas otras cosas que no pensé que vería, como libros viejos, objetos de limpieza y hasta bacinicas antiguas dentro de los escaparates. Sin embargo, eso no impedía que tomara varias fotos para subirlas a mi Instagram, tenía que equilibrar la inactividad de todos estos días. Mientras que mi amigo kazajo, analizaba con detalle cada uno de los objetos del lugar.

Recorrido ya el primer piso, nos dirigimos hacia el segundo, no sin antes notar, una pintura que se encontraba al final de la escalera, esta retrataba la cruel guerra ocurrida hace 60 años entre Rusia y Japón. En este se mostraba a la nación rusa victoriosa -obviamente fue pintada por algún ruso- con soldados enalteciendo la bandera en medio de un campo de batalla, despreciando a los soldados japoneses que ya eran comida para gusanos en el suelo terroso.

La imagen provoco escalofríos en mi espalda, un nudo se formó en mi garganta y una intensa sensación de miedo y angustia se apoderó de mí ser por algunos ¿segundos?, no estoy seguro cuánto tiempo pasó. Después de eso recordé mi pesadilla con el campo de batalla, veía imágenes entremezcladas, estaba seguro que el cuadro se movía, parecía más un video…no, más bien…era como si yo estuviera dentro del cuadro. También sentía cómo si me contarán que alguien cercano había muerto repentinamente…a pesar de ello, no era capaz de apartar mi mirada de tan brutal escena, mi mano se acercó impulsiva y lentamente al cuadro, sin embargo no alcancé a tocarla.

-¡Yuri!- exclamó una voz conocida que interrumpió mi acción.

Esa era la realidad, Rusia ganó la guerra y nadie podría cambiarlo.

-¡Ah! ¡¿Q-qué pasa?!- respondí mirando hacia ambos lados

-Que te quedaste pegado viendo el cuadro, me estabas asustando, ¿Estás bien?- preguntó mi amigo con preocupación.

-S-sí. Solo me impresionó un poco la escena

-¿Un poco?- preguntó incrédulo.

-Sí. Un poco- afirmé rodando los ojos- sigamos

-Ok…

Continuamos por la escalera que se entraba a nuestra izquierda, al llegar a la segunda planta, comprendí el sentido de la pintura, era la sala de historia militar, esta semana había una exhibición especial de la guerra entre Japón y Rusia, de hace 60 años.

Pasamos a una sala llena de escaparates con armas de todo tipo en su interior, llegué a imaginar que talvez alguna de ellas fue utilizada por el soldado Katsuki.

Continué registrando la visita con mi teléfono, todo se veía aburrido, especialmente cuando llegamos a una vitrina con varios objetos rescatados de los campos de batalla. Entre ellos joyas, gorros, hasta cucharas.

-¿A quién se le ocurre poner una cuchara en una exhibición de guerra?- comenté.

-Los soldados también comen, Yura, ¿o se te olvida que son humanos?

Pese a lo corriente del escaparate, hubo una parte de él que me llamó la atención, un conjunto de libros viejos y desgastados, que a pesar de estar "bien cuidados" por los coleccionistas y la gente del museo, seguían pudriéndose irremediablemente.

-Oye Yuri, ¿No te parece extraño que el diario este tan bien conservado?

-La verdad es que sí, fue lo primero que noté cuando lo encontré, tomando en cuenta que el sótano de mi abuelo es bastante húmedo- respondí mirando atentamente los libros en exhibición.

Mientras hablaba con Beka, sentí unas manos que apretaban mi cintura intentando levantarme.

-¡¿Q-qué carajos?!- dije zafándome instintivamente, al darme vuelta no era otra más que la vieja bruja de Mila.

Mila Babicheva es mi compañera en el equipo ruso de patinaje sobre hielo, tiene un par de años más que yo y solo por eso se cree mi madre. Es realmente molesta ya que siempre está jugándome bromas…aunque le tengo un poco de aprecio, ¡solo un poco!, porque se preocupa por mí y a veces no es tan desagradable.

- ¿Cómo mierda llegaste hasta acá?- pregunté molesto

-Pues en avión querido Yuri, ¿Cómo han estado?- preguntó sonriendo de lo más bien, sin siquiera pedirme una disculpa por el susto que me hizo pasar.

-Bien, recién salimos a pasear por el lugar- y el idiota de Otabek también le contesta de lo más bien.

-Sí, sí. ¿Qué haces aquí bruja del bosque?- hablé obviamente molesto

-Uy, tranquilo Yuri, solo vine de vacaciones, Yakov me dejó descansar unas semanas, y qué mejor que pasar un tiempo con mi querido Yuri Plisetsky- dijo envolviendo mi cuello con su brazo para luego revolverme el cabello como si fuera un niño pequeño.

-¿Cómo supiste que estábamos aquí?- agregó Otabek con curiosidad.

-Pues vi las historias de Instagram del señorito aquí presente- respondió apretándome los cachetes- es por eso que tus fangirls siempre ten encuentran.

-¡Deja de joder! – logré zafarme de sus garras.

-¿Qué planean hacer ahora?- se dirigió a mi amigo esta vez con la sonrisa más fea del mundo.

-Terminaremos el recorrido por el museo y luego tengo que ir al lugar donde me estoy hospedando…-

-¿En dónde te estás quedando?- lo interrumpió groseramente.

-En una hostal cerca de aquí, se llama "Gata Salvaje"- contestó serio, para variar.

-¿En casa de Yuri?- preguntó la pelirroja.

-¡Auch!- se quejó el kazajo cuando lo golpeé en el hombro- ¿Qué te pasa?

-No te burles de mí inventando nombres de mierda- lo miré amenazante.

-Pero si es verdad, hay una Hospedería que está a 4 cuadras de aquí, se llama "Gata Salvaje"- explicó sobándose el hombro, mientras lo miraba incrédulo.

-Es verdad, Yuri, yo también me estoy quedando allí- agregó la bruja - llegué ayer pero no te vi.

-Es que dormí en casa de Yura-

-No creo que sea mucho la diferencia- rió con un tono burlesco.

-Ya, paren de hablar estupideces, Beka, vamos a la hostal para que recojas tus cosas y te vienes conmigo- Lo tomé del brazo, esperando que esa bruja no nos siguiera… ¡pero nos siguió la desgraciada!

-¡Vamos juntos!, salí rápido y vine muy desabrigada- se excusó.

-Eso te pasa por andar de exhibicionista- llevaba un chaleco que dejaba ver su ombligo, pantalones rasgados y botas.

-Yura, no seas así, déjala que vaya con nosotros- puso su mano sobre mi hombro y por temor a una venganza por lo que pasó antes, acepté.

-Está bien, date prisa-

Continuará…