¿Era un buen momento para hablar?
-Por supuesto que sí, teniente estúpido-
Estuve a punto de retirarme y callar…sin embargo, ya había hecho eso mismo antes. Hui de la verdad, de lo que realmente debía hacer…y los resultados de aquello, me llevaron a esta situación.
No dejaría pasar esta oportunidad, sé que no enmendará mis errores, pero por lo menos quiero intentarlo…
Tratando de ser prudente, esperé unos minutos para que volviera a la calma después de la discusión. Mientras, me dediqué a obsérvalo, esperando que no se diera cuenta de mi presencia.
La tenue luz de las estrellas apenas iluminaba su perfil perfecto. Sus largas pestañas ocultas tras esas gafas, custodiaban con recelo sus ojos. Ojos antes serenos y llenos de luz, que ahora albergaban inquietud y oscuridad.
-Yuri.-
Hablé casi como una súplica. No se sorprendió al verme, al contrario, su expresión de formalidad y rectitud con la que cumplía su deber era inmutable.
-¿Necesita algo?-
Antes de seguir mirando al frente, el soldado Katsuki, me dirigió la mirada unos segundos, en ese breve lapso de tiempo pude sentir todo el desprecio que me tenía.
-Quiero hablar contigo-
-No tengo nada que hablar con usted- respondió secamente
-Yuri, es necesario y lo sabes- esta vez insistiría-
A pesar de sus negativas, insistí, no dejaría que las cosas se quedarán así nuevamente, sin resolver…
-¿Para qué? No estoy dispuesto a escuchar mentiras-
-Ni yo a decirlas. Si estoy aquí es para tratar de enmendar mis errores-
-Eso es imposible ¿sabe?, no se puede resucitar a los muertos
Su mirada se clavaba en mí, cual espinas en un cardo.
-Soy consciente de ello, pero si no puedo regresarles la vida a quienes la perdieron, por lo menos quiero recuperarte a ti- aproximándome a él, intenté tomar sus manos, pero fui bruscamente rechazado.
-No me toques, veté – sus ojos de desprecio y asco me dolían
-No te tocaré si no quieres, pero aún no puedo irme…-
Puse mis rodillas en el suelo, al igual que mi pecho y mis manos. Estaba a sus pies.
-…Sé que lo que hice es irreparable, pero te lo ruego, perdóname
-Levántate…
-Yuri…
-¡Levántate! ¡¿Crees que solo porque tienes tu orgullo en el suelo te perdonaré?! Más importante, si dices que lo que has hecho es irreparable ¿para qué pides perdón?
A pesar de sus gritos, permanecí en el suelo y seguí hablándole. Una pequeña "humillación" no se comparaba con lo que hice.
Lo hago porque no puedo pedírselo a nadie más, ni a las personas que murieron, ni a las resultaron heridas físicamente. Te pido perdón porque sé que te sentiste engañado y dolido, eres el que más ha sufrido…
Te pido perdón porque eres al que más me duele perder, y al que más ansío recuperar
-Que bonito discurso preparaste, pero no te servirá de nada
Continuará…
