Disclaimer: Galaktic Football no me pertenece, no.
Llegó mil años tarde con un café sabor MeixTia en la mano: ¿Hola? ¿Hay alguien aquí?
Qué te pondrás, qué te pondré
Se ata su cola de cabello al salir de la ducha, tira la toalla mojada encima de la cama y la mira de reojo.
—¿Vas a salir así?
—No sé, a lo mejor ni salgo.
Saben que no es verdad, porque Aarch les dejó bien claro que su presencia no era opcional, pero a veces le gusta llevarle la contraria, por las expresiones que pone, los gestos que hace.
—Tia.
Lo dice con esa voz, un susurro grave que no se permitiría nunca delante de las cámaras, y Tia sabe que está negando con la cabeza, como cuando Sinedd hace falta o como cuando no le gusta no lo que hay para comer, y Tia tiene que apartarse el brazo de los ojos para verle la cara.
Mei se deja caer en su cama, a meros centímetros de caer encima de ella, y Tia siente las mejillas estirarse en contra de su voluntad. No puede controlar las sonrisas. Mei lleva unos sostenes de rosa pálido, lo que quiere decir que se pondrá ropa de color claro.
Tia le pone un dedo debajo de un tirante y Mei sonríe:
—Ponte un vestido.
—No.
Le deja caer el tirante sobra la piel morena de su hombro.
Mei le pone las manos por debajo de la camiseta y entorna los ojos:
—Déjame vestirte.
—Ya me sé vestir sola, Mei. Aprendí de pequeñita.
Mei la pellizca y Tia vuelve a estirar el tirante del sostén, sosteniéndolo amenazadoramente en su dedo, mientras Mei intenta hacerle cosquillas.
—No me dejes marca.
Tia asiente contra su hombro, y Mei para de mover los dedos para apretarle la cintura. Sonríe a centímetros de su cara y susurra:
—Luego puedes dejar las que quieras.
Tia le pasa la lengua por los labios, porque todavía tiene tiempo antes de que se los pinte.
—¿Dónde yo quiera?
Mei le ronronea con la garganta y le pasa la nariz por el cuello. A cambio, Tia le deja suavemente el tirante y le acaricia la piel al lado del sostén, del hombro hasta el pecho.
—¿Dónde yo quiera?
Le pasa el dedo por debajo de la copa y levanta el sostén hasta rozarle un pezón.
—Donde tú quieras. Sin quejas.
Mei le muerde en un brazo, porque a Tia le da igual, y lame la impresión de sus dientes.
—Pero te pones lo que yo te diga.
—Con una condición.
Mei sonríe contra sus labios y a Tia le encanta tenerla así, tenerla cerca y tenerla encima y le encantaría deshacerle la cola para poder sentir el cosquilleo de su cabello y enredárselo entre sus dedos y enredarse los dedos en él. Mei respira caliente en sus labios y Tia le estira un poco de la cola para alejársela y verle los ojos y la sonrisa satisfecha con la que dice:
—¿qué condición?
—Que lo que me pongas tú, me lo tienes que quitar tu.
Mei se ríe y Tia siente la risa contra su caja torácica como una bomba de relojería, Mei es un peligro, Mei es imán con ondas magnéticas de cabello y curvas suaves.
—Por supuesto, Tia, sería mi placer.
Y se levanta de la cama casi, alejándose hacia al armario contoneándose como si estuviese en un pase de modelos. Tia le repasa la espalda con la mirada y empieza a quitarse la ropa antes de que Mei se gire.
—Ponte el sostén blanco que te regalé para el cumpleaños de Micro-Ice.
Mei le prepara una camisa blanca con las mangas por los codos, abotonándoselos todos hasta el cuello, aprovechando para acariciarle la piel entre botón y botón, y unos pantalones oscuros con los que sabe Tia irá cómoda.
—Y para acabar, toma, -le pone una corbata color burdeos y le guiña un ojo. —A juego con mi vestido.
Tia aprovecha la cercanía para besarla otra vez, porque una vez que sabes que puedes, ya no puedes resistirse.
