Hola de nuevo, :D

Como cada semana aquí tienen el nuevo cap, gracias por aquellos que están siguiendo la historia.

Si estan de vacaciones como yo, espero las esten disfrutando :3


Capítulo 2: Maldita costumbre.

Llegue a la hora acordada en el ministerio, me indicaron cual era la oficina del nuevo departamento, era de las escondidas y pequeñas que hay en todo el edificio, esperaba encontrarme con Granger pero no fue así, solo encontré dos escritorios, uno más pequeño que otro, varios estantes vacíos, unos cuantos libros en el escritorio grande y un par de sillas, decidí sentarme en la silla del escritorio que se veía de menor tamaño, pero la ansiedad no dejaba de embargarme, intente acomodarme de tal forma que no se notara, acomode mi túnica un poco, definitivamente mi instinto de supervivencia me decía que saliera inmediatamente de ahí, las miradas poco afectuosas que me dieron la mayoría de las personas en ese lugar eran suficiente evidencia para saberme no querido, pero mi orgullo es mucho más fuerte, realmente no es como que pudieran hacerme algo, pero más allá de esa miradas quería huir de ella, desde un inicio sabía que no sería buena idea pero nunca fui bueno con mis propios instintos así que por primera vez decidí ignorarlos por completo y armarme de valentía, la sola idea me dio risa, una serpiente valiente, vaya ironía.

Mis pensamientos me llevaron a un lugar que había estado evitando, en mis años en Hogwarts, desde que conocí a Granger siempre admire su inteligencia, incluso le había confesado a mi madre que por un momento deseaba que ella no fuera una hija de muggles, mi madre simplemente suspiro ante mi comentario diciendo que un Malfoy siempre se hallaría atraído a mujeres con alto coeficiente intelectual pero que nunca debía olvidar cual era mi obligación y mi lugar, lejos de ella, eventualmente.

Entonces recordé un último encuentro que tuve con el trio dorado, en la sala de los menesteres, cuando el idiota pelirrojo proclamaba con todo el orgullo posible que Granger era su novia, mi ser se llenó de rabia al escucharle, no entendía como un ser tan inferior podría haber atraído a la bruja más brillante de nuestra generación, ¿Por qué él sí podía?¿Por qué yo no?, no era ningún secreto que a esas alturas Granger era un premio para cualquier mago que se propusiera cortejarla, pero esa clase de trofeo necesitaba mucho más que un simple cuerpo bien trabajado o la seducción barata que se aprende con el tiempo, sabía que más de uno lo intentaba, sin embargo a ella parecía no interesarle en lo absoluto, incluso los ignoraba sin pretender hacerlo y admito que eso me dio cierta tranquilidad de saber que nadie era digno de ella, ya que supuestamente, ella no era digna para mi.

Ahora estoy aquí, esperando, siendo ella mi "niñera" personal, ¿Quién no es digno de quién aquí?, solo espero que este tiempo no sea insufrible para ella, ni para mi, pero nunca se que espera cuando se trata de Granger, me vuelvo irracional cuando se trata de ella.

-Debería ser suficiente con lo que se solicitó en un inicio Señorita Granger…- oí la voz del ministro de magia justo detrás de la puerta-

-El deber y el ser son cosas muy distantes Ministro Kingsley, para empezar la búsqueda de los magos nacidos de muggles ha sido, en mi opinión, el principal obstáculo para que esto funcione, por el simple hecho de que las pocas personas que se encuentran a cargo no están capacitadas para dicha búsqueda...- siempre queriendo tener la razón con argumentos validos, era la costumbre que más odie y ahora admiro de la leona, obviamente, molesta.

-Es correcta su afirmación, sin embargo sabe perfectamente que las personas que antes se encargaban de esta situación, desafortunadamente, ya no se encuentran con nosotros, así que los nuevos no han tenido tiempo suficiente para poder ser expertos en la materia, señorita.-

-Y por eso henos aquí Ministro.- aún sin verle podía imaginarla con esa sonrisa tan característica que pone cada que tiene la razón, como siempre lo hacía en clase cuando levantaba la mano apresurada por decir cualquier cosa que nos dejará en claro que ella era capaz de saber todo.

-Ciertamente, por ello, sabiendo que es muy poco el tiempo que se le está otorgando, tengo una sorpresa para usted, contará con un ayudante personal para esta tarea, y dicho ayudante la obedecerá en cualquier cosa que solicite tal cual como usted le enseñe.- las palabras del ministro me dejaron helado, eso solo significaba que ella no sabía de mi presencia en esta oficina, solo rogaba por que no decidiera salir corriendo a verme, aunque no le culparía si lo hiciera.

-¿Ayudante? por la manera en la que dice que tendré que "moldearlo" supongo que esa persona no sabe mucho del tema.- oía como decía esas palabras con pesadez, como si quisiera evitarse el trabajo extra que simbolizaba "moldearme" cosa que me molesto, fue un golpe directo a mi ego.

-No es el mago más experto en el tema, pero le aseguro que es capaz de cumplir con sus expectativas en poco tiempo, reconozco que tiene habilidades bastante buenas.- ¿eso era cierto o lo decía por burlarse? aún no conozco al ministros Kinsley tan bien como para distinguir si le divertía lo que estaba a punto de ocurrir o intentaba calmar todo antes de la tormenta. - Así que si no me equivoco, él ya debe estar adentro esperando, y si señorita Granger… creo que escucho todo.- su silencio solo invitaba a mi imaginación a recrear la cara de sorpresa e indignación que seguramente puso a saberse expuesta, mi ego volvía a sentirse bien en estos momentos, así que puse mi mejor sonrisa a ver la puerta abrirse con el ministro dando paso a Granger.

-Será un placer trabajar contigo Granger…- no pude seguir con mi discurso a verla detenida justo delante de mí, sentí como con cierto descaro mis ojos la escanearon por completo, se veía diferente, más hermosa de lo que pudiese recordar, ahora no había ojeras debajo de sus ojos color miel, ni pelo fuera de su lugar en ese recogido que llevaba, no había prendas enormes alrededor de su cuerpo bien proporcionado, solo esa falda y saco que se ajustaban sin tregua alguna a sus curvas, una camisa blanca impecable que dejaba ver el inicio de sus senos.

-¿Tú?.- su voz salía en un susurro forzado, me detuve a observar sus ojos, aquellos que siempre me cautivaron, ahora parecían un mezcla de emociones que eran dificiles de decifrar, el primero que pude distinguir fue confusión, tal vez enojo, recelo, pero había algo más que no logré entender.

-Señorita Granger…- habló el ministro intentando disuadir esa guerra de miradas que ambos establecimos.- el señor Draco Malfoy estará a su cargo, por un periodo de dos años, espero que no sea problema para usted…-

-Tengo que salir un momento, si me disculpan.- hablo lo más aprisa que pudo para salir prácticamente corriendo con sus tacones resonando por el pasillo, suspiré sabiendo que yo era la causa por la cual huía, eso era demasiado incómodo para mí ¿Cómo iba a ganarme su confianza por lo menos para trabajar?

-Eso salió mucho mejor de lo que esperaba, nadie se insultó ni lanzaron hechizos a diestra y siniestra.- decía con autosuficiencia el ministro mientras me dedicaba una sonrisa- Bueno, señor Malfoy, me retiro, espero que su estancia sea… agradable.- dijo cerrando la puerta gentilmente

A verme solo de nuevo suspire hondamente, echando mi cabeza hacía atrás, no sabía como resolver esto, ni siquiera estaba seguro de querer hacerlo a cien, ¿Desde cuando Granger era una semidiosa andante?¿Por que me siento tan mal si aún no he hecho nada de que arrepentirme?¿Verdad?, el sonido de la puerta me hizo enderezarse de golpe, de nuevo estaba ahí, ojos color miel enfurecidos hacia mi persona, me levante lentamente, no quería que se fuera de nuevo, así que decidí rodear el escritorio con paso firme hacia la puerta para cerrarla, me sabía observado con cautela pero definitivamente nadie saldría de aquí en un rato.

-¿Que crees que haces?.- me preguntaba con cierto recelo por mis acciones, me gire hacia donde se encontraba para encararla de frente, sin acercarme demasiado.

-Cierro la puerta para poder trabajar mejor, jefa.- sabía que había tocado una fibra sensible con esa palabra, sus ojos se entrecierran haciéndome saber que no le agradaba mi nuevo "apodo"

-Escúchame bien, entiendo que estás aquí por tu condena, pero no dejare que me estorbes, haremos esto a mi manera, sé que el ministro te dio información sobre que actividades desempeñamos y ciertamente no pienso darte más detalles sobre el tema, simplemente te limitaste a tareas de transcripción de información a pergaminos y asistir a la juntas que tendremos con el ministro cada semana para mostrar los avances, solo eso ¿Quedó claro?.- no puede evitar sonreír ante su sutil amenaza, estoy seguro que espera que le arrebata dicha situación, ¿Qué pasaría si no fuera así?

-Entendido jefa, transcripciones y juntas solamente ¿Qué dias seran las juntas?- dije lo más tranquilo posible, reincorporandome a mi sitio en esa oficina, su cara de asombro no tenía precio, seguramente su mente viajaba a mil por hora para darle sentido a lo que había escuchado, me sentía satisfecho con el resultado. - Solo tendrás que indicar a que hora y que días serán y que es lo que quieres que transcriba.-

-Los lunes en la sala de ministerios, justo a la hora de entrada, los manuscritos serán la información que estará en tu escritorio todas las mañanas.- me dijo recuperándose de sus shock inicial, ya sin soberbia o enojo en su voz, sacando varias notas y libros de un pequeño bolso de cuencas que obviamente estaba hechizado.- empezaras por esto, información sobre el último mago hijo de muggles registrado antes de la guerra, acomoda la información en el pergamino que tienes en los cajones de tu escritorio y cuando termines déjalo en el mio para revisarlo.-

Vi como dejaba de manera ordenada las notas y libros en mi escritorio, ya sin mirarme en el proceso, para irse a acomodar a su escritorio, como habían dicho Kinsley, pudo haber sido peor, intente dejar de verla esperando algo más, me enfoque directamente a mis nuevas tareas.

Los mortifagos de habían encargado de eliminar primeramente a los magos que tenían información sobre cualquier hijo de muggles registrado en el ministerio, incluso modificaron información en un inicio para que perdiera fuerza el mismo ministerio en el tema, me sorprendía que pudiesen encontrar aún algo válido, Oliver Johnson, actualmente 8 años de edad, no localizado desde hace 3 años, última vez visto en Knightsbridge junto a su familia, Padre, Madre y dos hermanos menores que no poseen poder mágico, era un expediente bastante incompleto, supe que el barrio de Knightsbridge había sido atacado durante la guerra pero según las notas que pudieron recolectar no encontraron a este niño sin embargo sus padres no sufrieron la misma suerte, ¿Cómo fueron capaces de ocultarlo? lo muggles no son seres poderosos, pero no había duda que ellos protegieron a su hijo, junto con sus hermanos. Suspiré, viendo las imágenes eran simples niños, solos, por culpa de una guerra que no entendían ni conocían, como no había pensado en eso antes, supongo que mi mundo realmente era bastante reducido, era realmente molesto.

El día pasó relativamente rápido, no hubo mayor roce con Granger, pero su indiferencia me molestaba, no me veía ni se molestaba siquiera en hacer notoria su presencia en el mismo lugar, a la hora de la salida simplemente se limitó a guardar su cosas e irse con un "Engorgio", eso me recordaba en lo limitada que era mi magia en estos momentos, guarde las cosas acomodandolas en el estante que había detrás mío, dejando el pergamino en el escritorio de Granger antes de irme caminando… como cualquier otra persona, era molesto pero no tanto como esperaba.

Llegando a mi departamento no podía dejar de pensar en el caso del hijo de muggles, me sentía culpable, justo en estos momentos de soledad sentía que todo lo que había traído como consecuencia la guerra era culpa mía, sabía que era absurdo y me molestaba conmigo a sentirme de esa forma, ni un whisky de fuego me podía permitir, así que solo fui directo a mi cama sin esperar nada, sabía que no dormiría pero simplemente no tenía nada ni a nadie, vaya que la soledad mataba por dentro.

Pasaron las semanas y los casos aumentaban, cada vez eran más sencillos, pues se trataba de los niños que no presentaron sus poderes hasta después de la guerra, así que no estaban en los registros anteriores y no presentaban mayor dificultad, las juntas solamente se trataba de cómo se procedería a hacer contacto con ellos y sus familias, sorprendentemente Granger se encargaba de todo, mencionaba que era importante que la familia se involucra lo más que se pudiera ya que eso igual afectaba a los niños directamente. Después de aquel fatídico primer encuentro no hubo nada en relación con nuestra convivencia, nos concentramos en una rutina muy conveniente para ambos, todos los días ella llegaba antes que yo y se iba primero, yo me encargaba de transcribir lo que hubiese en mi escritorio ese día y lo dejaba en el de ella para que lo revisara antes de acomodarlo en el estante de los casos con los que trabajaba, curiosamente me aprendí de memoria que solía salir de la oficina a mediodía para almorzar con la comadreja inútil que tenía por novio, posteriormente llegaba con un rostro enrojecido a la altura de los ojos, a menos casi siempre, era obvio que tenía, en otras circunstancias la hubiese molestado de inmediato, pero ya no podía, no estaba seguro si molestarle sería lo más conveniente en esos momentos, ella no tenía la culpa de enamorarse de alguien de tan poco valor, nadie era lo suficientemente bueno para ella, en verdad creía eso.

- Nos esperan - dijo sin verme, con la voz apagada como siempre desde que trabajamos juntos.

- ¿En qué sala es Granger?- pregunté con cierta cadencia a decir su apellido, sabía que cuando lo hacia por lo menos lograba que volteara indignada a verme con esos ojos furicos.

- Ya sabes cuál.- Salió sin esperar que le siguiera, al menos logré mi objetivo que me mirara antes de hacerlo, no recuerdo cuándo fue la última vez que logré que ella mencionara mi nombre, mejor dicho mi apellido, quería oírlo de nuevo de su boca, no se bien el por qué, pero es algo que me hace falta. Pero por otro lado quisiera que no fuera en ese tono tan agrio que usa al dirigirse a mi.

Llegue directamente a la oficina del ministro, ella ya había ocupado su lugar habitual de lado derecho frente a escritorio de Kingsley, así que yo me ubicaba a la izquierda, el ambiente estaba más tenso de lo que recordaba últimamente, los documentos que hojeaba el ministro parecían de suma importancia para él, no dejaba de verlos con suma inquietud.

-Iré directo a punto, me alegra ver los avances que se tienen con los nuevos magos, han hecho un trabajo bastante notable, con sus consejos señorita Granger los resultados que estamos obteniendo son formidables, sin embargo, hay un tema pendiente con el caso del pequeño Oliver, como bien saben desde entonces no se han obtenido datos de su localización exacta, considerando su pasado es posible que no vea con confianza a ningún mago que se acerque, así qué tendrán que hacerse pasar por muggles un tiempo hasta que den con él.-

Por un momento hubo un silencio enorme, me costo trabajo procesar las palabras del ministro, ¿Muggles?, ¿Nosotros?, no era el único que se sintio ofuscado por dicha insinuación.

-¿Pretende que nos ganamos su confianza engañándolo?¿Fingiendo ser algo que no somos?- preguntaba Granger sumamente contrariada por lo solicitado.- Dudo que volverlo a engañar sea la solución este problema, se que es delicada la situación pero…-

-Señorita Granger, estoy conciente de la situación tanto como usted, por ello sabe perfectamente que la única forma que Oliver salga de su escondite es confiando en un muggle, si nos acercaremos de manera honesta la posibilidad que el quiera volver a huir junto a sus hermanos es enorme, aunado a eso su magia no tiene control alguno y si se siente en peligro podrá provocar un accidente donde el puede salir gravemente herido, no puedo permitir que eso pase.-

-Ministro…- por fin me atrevía a hablar.- comprendo a lo que se refiere, pero dudo que el aparentar algo que no somos, sea lo más conveniente, si lo que quiere es que el niño confíe debería dejar que Granger sea la que se acerque a él, no creo poder ser de ayuda en este caso.-

-Señor Malfoy, creo que no he sido del todo claro, este niño como le llama, no es un simple mago nacido de muggles, es un huérfano a cargo de dos hermanos menores, alguien que salió lastimado de la guerra a igual que nosotros, su magia a partir de este suceso, se ha descontrolado bastante, no se si esta a tanto de los incidentes que se han generado alrededor de Knightsbridge, señor Malfoy, requiere que los dos estén involucrados para que tengan el respaldo mutuo.-

-¿Cuales incidentes?.- ahora mi mirada se concentraba en Granger, ella no me había dejado tocar ese caso de nuevo desde aquel primer día, sabía que trabajaba en el, pero pensé que obtiene muy poca información sobre el tema.

-Oliver ha estado ocasionando explosiones e incendios en los pueblos aledaños, todos son considerados como accidentes domésticos, en cuanto algo así se presente él vuelve a desaparecer junto a sus hermanos, creemos que cuando algo lo irrita o lo asusta causa estos "accidentes".- decía sin mirarme directamente, podía notar como su mente trabaja de manera acelerada ante la situación ¿Por qué tenía que ser tan malditamente complicado?

-Mañana se dirigieron a su nuevo departamento en el mundo muggle en Knightsbridge, sus identidades y su forma de proceder las dejaré en su criterio, pero les aconsejo que mantengan la cabeza fría y asuman las consecuencias de las decisiones que tomen, pueden retirarse.-

Sin decir nada más Granger salió como la vida se le fuera en ello, esa maldita costumbre que tenía de dejarme atrás como si no existirá.

-Granger…- la llame haciendo que se detuviera a medio camino.- tenemos que hablar.- vi como suspiraba sin voltearse.

-Aquí no Malfoy, hablemos en la oficina.-

Sin decir mas siguió su camino y yo detrás de ella, encerrarnos en nuestra oficina, ahora estábamos solos, estaríamos solos por quien sabe cuanto tiempo, supongo que ahora esa sería nuestra nueva maldita costumbre.


¿Qué les pareció? espero lo disfrutaran... nos estamos leyendo.

Linda semana