Epílogo
La noche caía y el ex teniente Nikiforov, junto con el ex soldado Katsuki, descendían del autobús que los dejaba cerca de la frontera, allí tenían que cruzar a pie el paso resguardado por militares, para ello primero debían pasar era el control de la cabina que dividía ambos lados, luego de eso encontrarían su anhelada libertad, aunque antes debían esperar en una larga fila. Pero eso no les importaba a ninguno de los dos, puesto que no era nada en comparación al tiempo que tuvieron que esperar para verse nuevamente y mientras estuvieran juntos, la espera ya no sería terrible.
Estaba realmente helado debido a la época del año y una fina capa de nieve cubría el lugar, solo algunos se resguardaban del frío con ayuda del techo que sobresalía de la caseta, pero el resto esperaba a la intemperie, por suerte ya no estaba nevando.
Ambos ex militares se pusieron en la fila, uno al lado del otro, hablaban en voz baja, aunque a nadie a su alrededor le importaba que decían, todos estaban con la mente en sus propios asuntos, todos tenían el sueño de una mejor vida al otro lado.
-Cuando lleguemos allá, te compraré un lindo abrigo- dijo Víktor, mientras miraba la nieve en piso y se apegaba más al otro para darle calor.
-No es necesario, con este abrigo es suficiente- admitió el japonés con humildad, cada uno traía una maleta pequeña, guardando solo lo necesario para los primeros días.
-Déjame consentirte…quiero darte algo bonito- le pidió con una voz cantarina.
-Bueno, pero yo también compraré algo para Víktor….
-¡Siguiente!- se escuchaba a lo lejos, era el hombre que daba los pases de la frontera, haciendo que la fila avanzara.
-¿Nos falta mucho?- preguntó el joven japonés, debido a que no podía ver por las vendas que cubrían sus ojos y parte de su rostro.
-No demasiado, ya estamos casi, pronto podrás ser libre- dijo refiriéndose a su disfraz- por cierto, creo que deberemos alojarnos en una hospedería un par de días antes de rentar un lugar definitivo.
-No te lo había dicho antes…pero pude contactarme con Pichit, así que ya tenemos un lugar a donde llegar…- le sonrió.
-¿Enserio? Me lo hubieras dicho antes- comentó contento, eso le daba tranquilidad.
-Era una sorpresa de hecho…pero no pude contenerme más, planeaba decirlo en cuanto cruzáramos.
- Bueno, está bien, pero luego tendremos nuestro nidito de amor para nosotros solos- dijo en voz baja y discretamente tomó la mano del otro - también buscaré trabajo en cuanto llegue, en una cafetería sería lo mejor, creo que descubrí mi pasión en estos meses trabajando en una, claro, mi pasión sin contarte a ti- le habló en un tono coqueto.
-Y-yo también buscaré un trabajo…- contestó nervioso ante sus palabras- en algún negocio quizás, ¿Te he dicho que soy bueno con los números?-
-No…pero, eso me ha dado una gran idea, ¿qué te parece que abramos una cafetería? Claro, cuando estemos estables económicamente, yo prepararía el café y los pasteles, y tú te harías cargo de la contabilidad-
-Eso es una maravillosa idea- sonrió ilusionado ante la idea de trabajar junto a su alma gemela y verle hacer lo que le gustaba día con día.
-Sí, trabajar en ello, tener nuestra casita - habló con emoción el ruso.
-¡Y un perro! Me gustan mucho los perros-
-Entonces tendremos un perro muy grande. Después, cuando seamos mayores, nos retiraremos al campo…sería maravilloso…
-Preferiría algo cerca de un lago, después de todo, vivimos momentos lindos junto a uno-
-Pero no podríamos nadar en él, estaremos muy viejitos- le hizo un puchero.
El más joven rió, imaginaba la cara que había puesto el ruso ante su negativa- Pero, sería lindo ver el reflejo de la luna cada noche…- alzó la cabeza, aunque no podía ver ese cuerpo celeste, un poco de su luz podía traslucirse por sus vendas.
-Sí…eso sería lindo - sonrió al ver a su amado recibiendo con alegría la luz de la luna.
-¡Siguiente!- gritó el hombre encargado de la inspección, el tiempo se había pasado realmente rápido mientras charlaban, ya era el turno de ambos para pasar la revisión.
-Por fin podremos vivir felices, Yuri-
FIN
