Disclaimer: Todo pertenece a JK.


Hermione volvió de la cabaña de Hagrid sintiendo como su a cada paso se sentía peor. Había intentado convencer al guardabosques de que le dejara ayudar a planear sus clases, pero él se había negado en rotundo.

Fijó su mirada hacia la lejanía, y vio como la profesora Sprout se entretenía en recoger una de las pocas hortalizas que había entre la nieve. Y también se percató que Regulus salía del Bosque Prohibido. ¿Qué hacía él a estas horas en el Bosque Prohibido?

Hermione entró al Castillo rápidamente, intentando por todos los medios no entablar conversación con él. Se sentía un poco incómoda desde su último encuentro, y no quería que su cara mostrara que le afectaba su presencia. No era que le tuviera miedo o algo por el estilo, era sólo que no quería verlo más que lo estrictamente necesario.

—¡Hermione!—Y oyó como la voz de él la llamaba, desde el otro lado del pasillo.

La aludida volteó y arqueó una ceja al notar como Regulus estaba con su aspecto normal, y no con su "disfraz".

—¿Qué te ocurre? —le siseó furiosa—: ¿Quieres que todos sepan quién eres?

—Nadie sabe quien soy—replico éste, sonriendo—: Tenemos que hablar.

—Estamos hablando.

—Vale, no sé porque estas de mal humor, pero no tengo que estar soportándote.

Hermione se cruzó de brazos y soltó un respiro.

—Es sólo que estoy segura de que Umbridge terminará echando a Hagrid, por el simple hecho de que él es un semi gigante.—Hizo una mueca con la boca y añadió con amargura—: Sólo espero que Dumbledore haga algo al respecto.

—Espero que no sea mal momento para decir que me voy. —Exclamó sin escucharla Regulus.

Hermione lo miró confundida.

—¿Qué?

—Me voy de Hogwarts. Dumbledore cree que ya no tengo nada que hacer aquí.

—¿Qué?

—Ya te lo dije, Dumbledore...

—No eso ya lo sé; es sólo que nunca pensé que te irías.

Regulus se revolvió el cabello, incómodo.

—¿Quieres ir a pasear? No podemos hablar aquí con libertad.

—Claro, claro. Pero explícame eso de que te vas. No lo entiendo.

Hermione y Regulus echaron a caminar de nuevo hacia los jardines del Castillo.

—Estaba aquí con el pretexto de ser profesor suplente, pero ahora ya regreso el de Runas Antiguas, y Dumbledore cree que lo mejor será que este en Grimmauld Place con Sirius.

Hermione lo miró con el ceño fruncido.

—No lo sabía... Creo que esto es un adiós.

—Eso creo.

Se hizo un silencio incómodo, y Hermione miró la cabaña de Hagrid, intentando encontrar algo de anormal en ella.

—Yo... debo de irme, me esta esperando Tonks en Hogsmade.

—Oh.— A la chica no sabía porque le costaba tanto mantener una conversación racional con él.

—Supongo que te veré en Navidad.

Hermione miró el rostro del chico y negó con la cabeza.

—No, me quedaré con mis padres. Pero supongo que iré a Grimmauld Place un día de vacaciones.

Regulus la miró fijamente, con esos ojos grises que la solían poner tan confundida y nerviosa.

—Adiós, Hermione.

Y la abrazó con soltura tomándola por la cintura. Hermione no sabía como actuar y cuando quiso corresponderle, Regulus ya la había soltado.

Él hizo una sonrisa y se fue caminando hacia donde era la salida para Hogsmade. La chica lo vio marcharse y decidió hacer algo.

—¡Regulus! ¡Espera...!—Gritó la chica, y corrió a su lado. Éste la miró sorprendido, titubeó un momento,y la abrazó. Regulus no sabía que demonios le estaba ocurriendo, pero se sentía increíblemente bien al estar junto a Hermione. Ni siquiera se le pasó en la cabez

Pasó una de sus manos hacia su cintura, y la otra la puso en su mejilla. Hermione lo miró, intentando descifrar su mirada, y se sorprendió al ver como éste la miraba fijamente. Por primera vez, se había quedado sin palabras.

—Tengo que irme, Tonks se preguntara en donde estoy.— Regulus sonrió y soltó a Hermione. Ésta lo miraba confundida por el momento de extraña confianza que habían tenido hace un minuto.

—Claro...—¿Qué hacer con él después de haberse abrazado de aquél modo? Hermione intento sonreír, pero le quedo una mueca en el rostro. —Adiós.

—Te veré pronto— Más que una promesa, parecía una afirmación. Regulus echó a andar dándole con la mano un gesto de adiós, y no volteó a verla.

Hermione lo miró marcharse y dando un suspiro, se encamino hacia el Castillo. Debía explicar su ausencia ante sus dos mejores amigos. Al entrar al umbral del Hogwarts, la chica observó como mucha gente se entretenía en hacer figuras de nieve.

Se apresuró a caminar hacia la Torre de Gryffindor, y al pasar el retrato de la Señora Gorda, vio como Ron y Harry tenían a su alrededor una pila inmensa de libros y pergaminos. Haciendo los deberes al último momento, pensó.

—¿Qué paso con Hagrid?—preguntó Ron, mirándola desde su pergamino.

—Traté de planearle las clases, pero él no me dejo.—Se sentó al lado de Harry, e hizo un movimiento de varita complicado para que su túnica se secara de la nieve. —Estuve vario rato esperándole, pero no llegó hasta media hora después del Bosque Prohibido.

Harry soltó un gemido.

—¿Qué esta guardando allí? ¿Te dijo..?—Farfulló el chico.

—No— respondió ella, tristemente—: Pero dice que quiere que sean una sorpresa. Traté de explicarle acerca de Umbridge, pero él no lo entiende. Continua diciendo que nadie en su sano juicio preferiría estudiar lo que le digo a las Quimeras. No creo que haya conseguido una Quimera—añadió ante la cara de miedo de Harry y Ron.

La primera clase de Hagrid no fue la mejor; Umbridge intentó hacer que se trabara y lo trató como si fuera incapaz de hacer dos ideas seguidas.

Hermione se le hizo un suplicio ir a Runas y no ver la característica mirada de Regulus. Desde aquél momento no pasaba ni un minuto sin pensar con él. Y esperaba tontamente que él le escribiera, pero jamás llegó una carta. Y tuvo el presentimiento de que su relación con Regulus (si es que tenía una en realidad) jamás sería un atisbo de como era antes. Se sentía confundida, agobiada y más estresada que nunca.

Diciembre llegó, trayendo con el más nieve y una enorme avalancha de tareas para los de quinto año. Los deberes de prefectos de Ron y Hermione se volvieron más pesados mientras se acercaba la Navidad. Fueron llamados para supervisar la decoración del castillo, para vigilar a los de primero y segundo año mientras pasaban sus recesos dentro por el frío y para patrullar los corredores con Filch, quien sospechaba que el espíritu de las fiestas se mostraría en duelos entre magos.

Después de haber tenido la última sesión del ED, Hermione y Ron se fueron a la Sala Común dejando a Harry con Cho. Hermione pensó que tal vez de una buena vez, Harry le pediría a Cho que saliera con ella. Al entrar a la Sala Común, Hermione vió una lechuza negra parada en el sillón.

—¿Es para tí?—preguntó Ron, mirándola con sorpresa, ya que no solía recibir muchas cartas.

—Eso creo— Hermione miró el sobre con detenimiento, y se emociono al pensar que tal vez era de Regulus. Al abrirla, se sintió decepcionada, era de Viktor.

Querida Hermione:

Vendré a verte el veinticuatro de Diciembre, mis padres no podrán ir. Mamá siente no poder ir pero ciertos asuntos le han impedido, y padre jamás dejaría a mamá sola.

Dejando de lado eso, quiero verte ya, tengo tanto que contarte sobre mi equipo de quidditch. ¿Cómo les ha ido con todo el asunto por allá? Espero que tu amigo Potter se encuentren bien, han publicado varios artículos no dignos de mención. En fin, tengo que irme a entrenar...

Espero verte pronto,

Viktor Krum.

Hermione terminó de leer la carta con el ánimo un poco más optimista. Se sentía extraña al pensar en que Viktor vendría a verla. Una idea cruzó por su mente, pero se obligó a alejarla. No era bueno que Regulus estuviese en todo lo que pensara. ¿Desde cuando se había adentrado en su ser? No tenía derecho a hacerlo, pero la chica suponía que el haberlo salvado había sido un factor importante en su relación.

Se acomodó en una butaca cercana al fuego y al lado de Ron, que había empezado a hacer sus deberes, comenzó a escribir una carta para Viktor. En ella le destaca lo estresada que se encontraba por los deberes y por el ser prefecta. Menciono vagamente a Harry y el resto de la carta le disculpaba el que sus padres no pudieran ir a su casa. También señalo la alegría que le produciría verlo unos pocos día antes de que se fuera de gira con su equipo de Quidditch.

Oyó como Harry hablaba de como había besado a Cho, y estuvo a punto de reírse al oír como éste se preocupaba por saber si besaba bien o no. Y después de darle una larga perorata sobre los sentimientos de Chang, éste se encontraba más confundido, si se podía. Ron la miraba impresionada de que una persona pudiera sentir tanto.

—¿Para quién escribes esa carta tan larga?— preguntó Ron, después de estar un rato callados los tres.

Hermione la subió, sabiendo que después de que éste conociera la respuesta, intentaría ver lo que ponía en ella.

—Para Viktor— contesto distraídamente, pero noto como Ron ponía los ojos en blanco e intercambiaba una mirada de exasperación con Harry.

—¿Viktor Krum?— se asombró Ron, como si no supiera que ella se carteaba con él.

—¿A cuantos Viktor más conocemos?— replicó exasperada la chica, siguiendo esciribiendo. Llegó a la despedida y con un suave: Un beso, Hermione, selló la carta cuidadosamente. Se levantó, colgó su mochila en su hombro y dio las buenas noches a sus amigos con un bostezo.

Al llegar a su dormitorio y meterse a su cama, un sentimiento entre la preocupación y el presentimiento de que algo no iba bien, le llenó el estómago de golpe. Pero moviendo su cabeza, se convenció que era puras tonterías.

A la mañana siguiente, se levantó por los ruidos y los cuchicheos que le llegaban hasta su cama. Se volteó intentando conciliar el sueño una vez más, pero parecía que Lavander y Pavarti tenían un chisme grande.

—¿Podrían dejar dormir a la gente?— Gimió Hermione, apartando las sabanas de ella y levantándose.

—¡Hermione!— Chillaron las dos al mismo tiempo, yendo a su cama.

—¿A qué no crees que paso?

—Harry vio como atacaban al padre de Ron...

—Cuando estaba durmiendo y vino McGonagall y se los llevó con Dumbledore...

—Y al parecer los Weasley y Harry se fueron de Hogwarts.

—¿Qué?— exclamó Hermione, mirándolas a las dos alternativamente— ¿Cómo se enteraron de eso?

—Todo el mundo habla de esto, Hermione—contestó Lavander, como si fuera lo más obvio.

—¡Por Merlín!—exclamó Hermione, tapándose el rostro con las manos—: No puedo creerlo.

—Pues créelo, porque ni los Weasley ni Harry están aquí.

Hermione pasó toda la mañana distraída. Gran parte del colegio se había enterado del extraño "suceso" en el Harry y los Weasley tomaban parte. Incluso Umbridge no pudo hacer nada para que estos se fueran sin su autorización. La chica apenas prestaba atención a las clases y miraba con frecuencia el banco vacio de Harry y Ron. Pensaba en lo extraño de que Harry viera como atacaran al padre de Ron. Era extraño y no lo entendía del todo. ¿Cómo podía ver alguien una "visión" de lo que pasa en el presente? Y más alguien que no había demostrado facultades para la adivinación.

Cuando entró a clase de McGonagall, ésta la miró significativamente y fue hacia donde se encontraba.

—Srita. Granger, el director quiere verla— dijo con el rostro tenso. —La contraseña es "Varita de regaliz".

—Claro, profesora. —Hermione titubeó— ¿Sabe algo del Sr. Weasley?

—Esta bien, pero este no es momento adecuado para hablar de eso.—Observó McGonagall mirando a su alrededor. Los alumnos se habían quedado mirándola con atención.— Vamos, vaya con el director.

Hermione asintió con la cabeza y colgándose su mochila, salió del aula para encaminarse al despacho de Dumbledore. Suponía que éste le diría algo sobre sus amigos y en donde se encontraban. Tal vez si tenía suerte podría averiguar que paso en realidad.

—Varita de regaliz— exclamó Hermione a la gárgola cuando llegó. Ésta la dejó pasar, y la chica subió los escalones.

Tocó la puerta del despacho del director, y oyó un fuerte: Pase. Abrió la puerta y vio a Dumbledore sentado detrás de su escritorio.

— Siéntese, Srita. Granger.

—Gracias— E hizo lo que le indicaban. Miró con atención al anciano que tenía enfrente y espero pacientemente a que le dijera noticias de sus amigos.

—Verás, te he llamado para decirte que Harry tuvo...—Comenzó a decir Albus Dumbledore.


—¿Qué hacen aquí?—preguntó Regulus mirando a los Weasley y Potter con atención.

—Arthur ha sufrido un ataque mientras estaba de guardia— informó Sirius, al ver que nadie le contestaba. —Mas bien la pregunta, es ¿qué haces levantado a estas horas?

—No podía dormir con esos gritos— Y miró significativamente a los gemelos, quienes lo miraron con antipatía.

—¿Por qué no te largas?— exclamó casi gritando Ron, mirando a Regulus con odio.

—No me hables en ese tono, Weasley—replicó Regulus, regresándole una mirada de hastío— Y me iré a donde me valga la gana, esta es mi casa.

Y diciendo lo último, se sentó en un silla tomando una cerveza de mantequilla mirando desafiante a los Weasley. Harry se sentía incómodo pero imitó a Regulus y se acomodó en la silla mirando fijamente al suelo. Se sentía tan culpable...


—¡Hermione!—exclamó la Sra. Granger mirándola con una amplia sonrisa. La abrazó y la retuvo por varios minutos en sus brazos. —¡Oh, cariño! ¡Estás enorme!

—Mamá, solo han pasado un par de meses—le recordó la chica, sonriendo.—Pero ahora estoy, aquí.

—Lo sé... estoy segura de que nos divertiremos muchísimo. ¡Y más porque vendrá toda la familia!

—¿Qué?

—Oh, sí. Tía Amelia llamó anoche para confirmarme que vendrá con tus primas y tío Charles dijo que vendría con Daniel.

—Oh—Hermione forzó una sonrisa—: No sabría que tendríamos visitas, mamá.

—¡Cariño! Es hora de que nos vayamos, tenemos varias cosas que hacer— Revisó su reloj y le dirigió una mirada— ¡Vamos, apúrate, cariño!

Hermione se apresuró a arrastrar su baúl dirigiéndose hacia el automóvil de su madre. Era incapaz de pensar en que sus primas Sarah y Rachel vendrían. Ella jamás se había llevado bien por la sencilla razón que desde niñas habían hecho de su vida un suplicio. La odiaba y tenía la sospecha de que ese sentimiento no había variado en la más mínimo.


—¿Huyes? Pensé que eras un digno Gryffindor.—Exclamó fingiendo sorpresa Regulus Black, al ver como Harry Potter salía de la habitación en donde dormía con su baúl.

—No huyo, sólo que no quiero que nadie muera a causa de mi culpa—contestó el chico, sin mirarlo.

—Oh, lo haces por fines valientes y honrados... ¡Qué enternecedor!—Añadió con sorna—: ¿Qué demonios crees que harás? ¿A dónde irás?

—Con mis tíos, supongo—respondió Harry con un deje de duda en la voz. —Eso sería mejor que estar rodeado con magos, los cuales podrían salir heridos por mi culpa.

—¡Oh por favor!—bufó por lo bajo Regulus—: ¿Es qué "ser el niño que vivió" te hace ser peligroso, Potter?

—No lo entiendes, el Sr. Weasley pudo haber...

—... muerto si no fuera por tu oportuna visión. Deja de preocuparte, Potter; Dumbledore sabe lo que hace al traerta para acá.

—¡Dumbledore! ¡Siempre él! ¿Por qué siempre hace lo que quiere conmigo sin decirme nada?— gritó Harry, exasperado—: Nunca me dice nada de lo que esta ocurriendo, pero quiere que acate sus órdenes.

—Deja de hacerte el maldito incomprendido y entiende que tu conexión con el Señor Tenebroso es más fuerte que nunca—le interrumpió Regulus, alzando la voz—. ¿Es qué no has pensado en que tal vez eres demasiado joven para llenarte de preocupaciones? ¿O decirte toda la verdad cuando no puedes hacer nada para solucionar el problema? Deja de ser tan imbécil y madura de una buena vez—añadió, saliendo de la habitación huraño.

Se dirigió a su antiguo dormitorio y se dejó caer en su cama, pensando en lo imbécil que era Potter a veces. Era increíble que no viera lo grandioso de vivir sin preocupaciones, sin el temor de saber a lo que estas destinado.

—Te envidió Potter, al menos tú vas a tener una mejor vida de la que yo tuve—murmuró Regulus, quitándose la camiseta de una tirón— Al menos no sabrás a esta edad lo que es tener tu destino marcado, y si lo sabes, tendrás a tus estúpidos y valientes amigos a tu lado apoyándote.

Y a eso último, la imagen de Hermione se le vino a la mente. ¿Qué estaría haciendo la chica? Y... ¿cómo rayos fue que la abrazó con tanta efusividad? Jamás había tenido tantas dudas acerca de su relación con la hija de muggles. Es decir, ¿desde cuando él se dedicaba a ser tan bueno y santo? Vale, se había dado cuenta de que el mestizo del Señor Tenebroso era un impostor, pero ¿dar abrazos a sangre sucias? Eso era algo muy diferente, totalmente extraño en su manera de ser. No se explicaba que cojones estaba haciendo.

—Maldita seas, Granger.


—Eh... hola Rachel, Sarah— dijo Hermione con una sonrisa forzada, al ver a sus primas.

—¡Hermione!—exclamaron a duó, con una sonrisa afectada.

—¡Has cambiado tanto! —Dijo Rachel—. Tus dientes no son tan grandes como antes. Parecías un castor andante.

—¡Y te has cortado tu cabello! Ya no parece tanto a un nido de pájaros.—Añadió Sarah.

—Sí...—Par de arpías, pensó.— Ustedes están más delgadas, sobretodo tú Sarah.

—¡Qué encantador es tener visitas!—Intervinó la Sra. Granger con una sonrisa maternal—. ¿Les he dicho que vendrá un amigo de Hermione muy famoso de Bulgaria?

—Hermione se lo había ahorrado, tía—señaló Rachel, sorprendida con la noticia— ¿Así que es famoso? Qué calladito te lo tenías, ¿eh?

—Es sólo que no quería hablarles de él hasta cuando viniera—contestó Hermione.

—Oh.

Hermione las miró y con enfado, se metió a la cocina con el pretexto de hacer té. Se entretuvo buen rato hasta que se escabulló a su recámara, y al abrir la puerta vio como una lechuza negra estaba en el marco de su ventana.

La chica se apresuró a ir hasta donde se encontraba la lechuza, y la abrió impaciente:

Querida Hermione:

Acabo de partir de Bulgaria, pero temo que tardaré más de lo planeado ya que mi equipo tendrá un partido imprevisto al que me veo obligado a asistir. Lamento decirte que no vendré hasta Año Nuevo, espero que entonces puedas perdonarme...

Un fuerte abrazo,

Viktor K.

Hermione suspiró: serían unas largas y excepcionalmente fastidiosas vacaciones. Los días pasaron asombrosamente rápidos, tanto que el veinticuatro de Diciembre, la chica fue obligada a ir por las compras navideñas junto a sus primas. No fue tan malo como creyó que sería, inclusive Rachel le compró un vestido al confesar que no tenía ninguno para ponerse cuando viniera Viktor. Habían cambiado un poco, aunque no lo suficiente como para que fuesen sus personas favoritas en el mundo.

Y allí estaba, cenando un pavo y escuchando como su papá hablaba sobre su colegio con sus perplejos tíos.

—¿Y dónde se encuentra exactamente tu instituto, Hermione?—preguntó tía Amelia, con una sonrisa.

—En Escocia—respondió Hermione—: Es realmente grande, tía.

—Oh, me imagino.—Contestó esta, metiéndose a la boca más pavo.

—Un amigo de Hermione vendrá en Año Nuevo, es de Bulagaria—informó la Sra. Granger, mirando a su hija—: Es un chico encantador, mira que venir hasta acá para verla.

—¿De Bulgaria?—se asombró su tía—: ¿Cómo lo conociste, cariño?

—Sí, dinos como lo conociste Hermione—la secundó su hija Sarah, mirando de refilón a su hermana.

—Debe ser toda una historia apasionante—añadió Rachel ante la mirada de Sarah.

—Eh...—Hermione se atragantó con el bocado, pero para su buena suerte, el timbre sonó en aquel momento. —Yo voy—añadió, dirigiéndose a su familia, y levantándose rápidamente de su asiento.

Abrió la puerta de golpe, pero se quedó estática en su sitio. No podía ser cierto. Abrió la boca intentando decir algo, pero la cerró al no tener nada que decir.

—¿Qué..?—Tartamudeó sin poder creer que estuviera allí parado frente a su . Black. En. Su. Casa.

—¿No te alegaras de verme?—musitó él, con una sonrisa de lado—. Te ves bien—añadió, fijándose en lo ajustado que le quedaba en algunas partes el vestido que portaba.

—¿Hermione? ¿Quién es?—la voz de Jean Granger llegó desde el comedor.

—Oh, es sólo...

Jean apareció a donde se encontraba su hija, y se quedó mirando a Regulus con sorpresa, pero después pareció entender la situación.

—Oh, Viktor, ¡llegaste antes de lo esperado!—exclamó, caminando a donde se encontraba el chico y abrazarlo.

Hermione se apresuró a decir:

—Mamá él no es Viktor...

—¿Y entonces quién es?—preguntó, mirándola confundida.

—Regulus Black, señora Granger.— Intervino Regulus— Hermione me invitó a pasar un día de las festividades con ella, así que pensé pasar un momento por acá.

—Ya pasaste, puedes irte—murmuró por lo bajo Hermione, mirándole con una mueca.

—¡Hermione, qué modales!—exclamó su madre, que parecía bizarramente impresionada y encantada con la compañía de Regulus.

—Oh, ella solo está siendo considerada—replico Regulus, educadamente—. Deber no haber suficiente espacio para mí en la cena.

—No te preocupes, siéntete como en casa, querido.—Contestó Jean, sonriéndole con simpatía.

—Lo haré, señora Granger— Regulus sonrió galantemente, mientras Hermione rodaba los ojos a su lado.

—Llámame Jean, querido. —Y ambos rieron con complicidad.

Hermione fulminó a Regulus con su mir

ada antes de seguirlo al comedor. Y pudo ver la expresión de sorpresa de Rachel y Sarah al visualizar a Regulus. Y entonces fijó su mirada en él, y se dio cuenta de que se veía realmente muy atractivo con un traje muggle que se había puesto.

—¿Él es Viktor, Hermione?— intervino Rachel, aún sabiendo a lenguas que el mencionado no llegaría hasta mucho después. Intentaba crear un poco de cizaña para poder quedarse con aquél bombón.

Él es Regulus Black, es hermano del padrino de mi amigo Harry. ¿Te acuerdas de Harry, verdad mamá?— añadió, intentando desviar el tema a su amigo.

—Oh, te hemos repetido que lo invites a él y Ron a la casa, cariño.— Intervino el Sr. Granger.

—Lo sé, pero sus tíos no son recios a dejar salir a Harry— De hecho en nada que sea relacionado a su sobrino, pensó amargamente y le indicó con un gesto a Regulus que se sentara a su lado.

—Vaya, vaya, vaya...— Exclamó Sarah, mirando a Regulus con atención—, entonces ¿eres novio de Hermione?

¡Splash! Hermione que en ese momento tomaba un trago de ponche, lo escupió escandalosamente y empezó a toser fuertemente. Hubo un silencio tenso en el cual solo se oía los tosidos de Hermione, hasta que Regulus, bastante perplejo por lo dicho anteriormente, le dio su copa para que dejará de toser.

—¿Qué...?—Hermione respiró y tomo otro tanto de la copa de Regulus, intentando reponerse de lo dicho.— ¿Qué has dicho, Sarah?

—Que si son novios, tú y él— Dijo lentamente Sarah, mirándolos fijamente.

—Por amor a Dios—comenzó a decir Hermione, sintiendo la mirada fija y atenta de sus padres—, por supuesto que...

—Sí— intervino Regulus, con una sonrisa en los labios—, supongo que no fue el mejor momento, pero Hermione y yo estamos saliendo desde hace varios meses.

—¡Pero es mayor que tú, Hermione!—le reprochó su padre, levantándose de la mesa—: ¿Por qué no lo habías mencionado, pichoncito?

Pichoncito. Lo había mencionado; Hermione abrió los ojos al oír como su padre la llamaba y sintió vergüenza. Vergüenza al notar como Regulus a su lado se reía socarronamente. Y su cara se puso rojo momentáneamente al pensar en como saldría de aquél lío.

—Lo siento papá, pero yo no quería... Regulus insistió en mantenerlo todo en secreto— Y sonrió al ver como los ojos de su padre pasaban al chico que estaba a su lado.

Maldita. Seas. Granger.

Explícate—Exigió George Granger, fulminándolo con la mirada.

No había otra alternativa.

—¡Confundus!—exclamó Regulus, apuntandole con la varita disimulada con el mantel.

—¡Regulus!—Hermione lo miró enfadada y sin poder creer lo que había pasado. A su alrededor, los demás no habían notado nada, únicamente que Regulus y el Sr. Granger se miraban fijamente.

Bueno, creo que si lo ocultaste fue por una buena razón hijo, no hay problema—dijo el George con la mirada extraviada pero con una sonrisa en los labios.

Así se dice Georgeaprobó tía Amelia asintiendo con la cabeza¿Les he comentado que Sarah saldrá en la proxima edición de la revista Vogue?

Y a eso siguió una plática en la cual Hermione ya no podía ni quería seguir escuchando. Se levantó de la mesa sin decir nada y salió del comedor. Regulus la imitó, disculpándose antes, y alcanzó a ver como Hermione tomaba su abrigo del perchero salía de su casa. El chico salió también y empezó a correr para alcanzarla por algún motivo que no sabía explicar.

¡Hermione! ¡Hey espera!—gritó al tiempo que corría a donde se encontraba.¿Qué demonios te ocurre?

—¡Qué que me ocurre!exclamó Hermione, encarándolo: ¿Cómo pudiste haber hecho eso?

No paso nada, HermioneRegulus la miró confundidoSolo fue algo sencillo, no era para tanto..

¡Qué no fue para tanto! ¡Hechizaste a mi padre!Gritó Hermione, empezando a derramar lágrimas de rabia— ¡Como pudiste hacerlo! ¡Eres un maldito cabrón!

—Espera.. ¿qué? No hice nada, no es para que te pongas así, Hermione...—Solo quería ir a su lado y tomarle de los hombros para quitarle las lágrimas.

—¡Eres un idiota! ¡Estás actuando como un asqueroso...!—Se calló abruptamente al ver como Regulus se ponía pálido.

—¡Dilo! Oh, vamos... ¡Es evidente que quieres hacerlo! ¡Como un mortífago, ibas decirlo! ¿Cierto?, pues para tu información eso soy, querida. Odio y pienso que los muggles no merecen ninguna de mis consideraciones.

—¡Cállate!—Hermione empezó a golpearle en su pecho— Tú no eres así, lo sé. Sé que tuviste miedo de lo que era Quién-tú-sabes y te echaste para atrás..

—Puede ser, pero no por eso quité mis ideas acerca de la pureza de sangre. Te tolero a tí, eres diferente... Pero eso no significa que amo a los muggles.

Intentó acercarse pero ella retrocedió.

—¡Aléjate de mí!—vociferó Hermione—: ¡Vete! ¡No valió la pena el haberte salvado la vida y lo has dejado claro! ¡Aléjate de aquí para que no pueda volver a verte jamás en mi vida!

—¡No puedo...!—gritó Regulus, con sinceridad. Y su voz resonó en toda la calle.

Y se formó un silencio tenso. Hermione, con lágrimas en los ojos, lo miró confundida. Regulus desvió la mirada y fijó sus ojos en el suelo incapaz de añadir algo. Pero después alzó su mirada y se quedó largo rato mirando a Hermione y taladrándole con sus grises ojos.

—¿Qué has dicho?

—Que jamás conseguiría olvidarte, Hermione— exclamó Regulus, sintiéndose por un momento valiente, algo que rara vez ocurría. Y dió un paso para cercarse, pero Hermione retrocedió.

—No.. no— Se le quebró la voz— : Lo siento. Yo..

—Es bastante claro lo que quieres decir— dijo Regulus fríamente e hizo una mueca— Me odias.

—Yo no te odio, es sólo que...— Hermione suspiró totalmente confundida y añadió—, eres la persona más desconcertante que he conocido. ¿A qué vino lo que dijiste?

—No lo sé— admitió Regulus, a regañadientes—. ¿Te produzco odio, Hermione?—añadió poniéndose frente a ella.

Su espontanea sinceridad la dislocó, se suponía que él era frío y sarcástico, pero aquello era diferente. Y supo que había cambiado desde la primera vez que lo vió, no tanto, pero si lo suficiente como para que ella se fijara en él.

—Por supuesto que no—Sonrío amargamente Hermione—, jamás podría odiarte, Regulus...— Y lo decía en serio, con más sinceridad de la que ella quería.

—Era todo lo que quería oír— Y la besó. Hermione abrió los ojos sorprendida a pesar del terrible frío que hacía y que sus mejillas estaban heladas, se asombró de como se sujetaba a Regulus.

Sus manos tocaron su pelo, suave y esponjoso, mientras Regulus la tomaba de la cintura al aumentar la pasión del beso. Al separarse, Hermione sintió como se le iba el aliento... todo era tan inverosímil, pero sin embargo, estaba ocurriendo, era real.

—¿Hermione..?—La voz lejana de Rachel llegó a ellos, interrumpiendo—. Debes volver adentro.

¿Qué?...Ah, ¿Qué?

Hermione volteó a verla y asintió con la cabeza. Se metió la manos en su abrigo y volteó a ver a Regulus, como si quisiera saber que había pasado. Pero ella lo sabía muy bien. Rachel se marchó al ver como Hermione le lanzaba una fugaz mirada.

—Debemos volver—Hermione susurró, sin saber otra cosa que decir.

—Eso creo...—Regulus la soltó y ambos se separaron sin saber como actuar. El chico se metió las manos en los bolsillos y caminaron hasta llegar a casa de Hermione.

Oh, no... Esto no puede estar pasando.


Pánico. Se acomodó de nuevo en la cama e intentó dormirse de nuevo. Pero no podía. La imagen de Regulus y ella besándose como si no existiera otra cosa en el mundo le carcomía por dentro. Había sido una idiota enorme. Se levantó de la cama y prendió la luz; sin saber que hacer ante el inesperado insomnio, se puso a leer Historia de Hogwarts. Pero ni siquiera su preciado libro la pudo distraer. Debatiendo internamente qué hacer, se decidió a salir de su recámara.

Miró de reojo la recámara de invitados, en donde Regulus dormía, y tras detenerse momentáneamente siguió caminando hasta las escaleras, en donde bajó. Al bajar, se sorprendió al ver la luz de la cocina prendida. Pensó que tal vez se trataría de su madre, pero al adentrarse, vio con sorpresa como Regulus Black estaba allí sentado tomando un vaso, que Hermione sospechó que sería alcohol.

—Linda pijama—. Hermione miró su ropa, pants y una enorme sudadera de color naranaja que decía: "Chuddle Cannons" (regalo de Ron), y por algún motivo se sonrojó. Daba gracias a que la cocina no estaba muy iluminada.

—Eh... gracias— Señaló la botella y añadió—: ¿Qué estás tomando?

—Whisky de fuego, no podía dormir—Respondió, indicándole con un gesto que se sentara a su lado—: Y tú... ¿no podías dormir?

—Quiero hablar de lo que pasó—soltó Hermione, ignorando su pregunta.— Quiero decir...—se acaloró al ver la mirada fija de Regulus en ella—, no entiendo a que vino eso.

—No vi que te quejaras mientras lo hacíamos—replicó éste, dejando a un lado su vaso de whisky de fuego, y prestándole atención—: Hasta me atrevería a decir que te gustó.

—Yo...—Desvió su mirada e intentó fijarse en la cocina—: Ese no es el punto.

—Oh, claro—se mofó él, sonriente—: Es normal para tí besarte con un tipo como yo...

—No quise decir eso, es sólo que no se que esta ocurriendo.

—No es evidente..—Regulus se acercó aún más—, nos besamos, Hermione, te agrade o no.—Se levantó y dándole una sonrisa añadió—: Mañana nos iremos a Grimmauld Place.


Su llegada a Grimmauld Place no fue tan calurosa como ella deseaba que fuera. Al fin y al cabo había decido separarse de sus padres e irse a la lúgubre mansión Black. No es como si fuera lo más deseado por ella en ese momento, pero Regulus le contó lo que le sucedía a Harry y entendió de inmediato que debía ir a verlo. Eran mejores amigos, al fin y al cabo. Necesita del todo apoyo necesario...

—¿Dónde está Harry?—preguntó la chica, quitándose la bufanda del cuello, y mirando a Ginny y a Ron.

—Con Buckbeack—replico Ginny—, deberías hablarle, esta raro desde que llegamos del hospital...

—Sí, sí... Regulus me lo dijo. Por cierto, gracias por tu regalo, Ginny, era muy hermoso; y ese perfume es muy especial, Ron—añadió con una sonrisa, y subió para poder encontrar a su amigo.

—Conque un perfume, ¿eh?—comentó Ginny, al ver como su amiga se iba—, ¿que irá después?

—Cállate, Ginny—A Ron se había puesto las orejas rojas.

Después de una larga charla con Harry, logró que éste volviera se desahogara junto a Ginny y Ron. Se asombró de lo mucho que podía aguantar ahora Ginny con Harry sin sonrojarse... Tal vez ya no le gustará su amigo o simplemente se había resignado al hecho de que éste le atrayera más Cho. Hermione sinceramente no sabía que le veía su amigo a Chang, es decir... se la pasaba llorando, era bella, pero bastante enfadosa.

Y luego recordó a Regulus, odiaba como se iba metiendo en su vida sin dejarle nada para ella. Todo giraba a su alrededor y por un minuto pensó que tal vez no fue tan malo besarle...

Hermione suspiró. No fue buena idea ir a Grimmauld Place.


¡Estoy viva!

¡Dios mío! Perdónenme con todo su corazón, darlings. Desde que entré al semestre me la he pasado con exámenes, proyectos y de todo. Espero compensarlas con este capítulo, tengo la esperanza de hacer otros dos capítulos en vacaciones de Navidad. Gracias por sus reviews, hicieron más fáciles mi regreso a FanFiction.

Déjenme su review, que nada les cuesta y que a mí se me hace más fácil el encontrarle sentido a la historia.

MarianaMasen

PD. Si a alguien bastante amable le gustaría hacerme una fotografía para la historia, se lo agradecería de todo corazón