Disclaimer: Pertenece a JK Rowling todo lo que puedan reconocer.


Creo que deberías arreglar tu habitación un poco—comentó Hermione al estar sentada en la polvorienta cama de Regulus.

No te preocupes por ella, no dormiremos en ella—Regulus alzó las cejas y añadió—: A menos que quieras, preciosa.

Hermione rió con desdén.

—No seas ridículo, Regulus.—Y miró a su alrededor, crítica—: ¿Qué es esto?—añadió al ver un relicario encima de la mesita de noche, totalmente llena de polvo.

Regulus se apresuró a quitárselo de las manos a Hermione.

—Esto no te incumbe, Hermione.—Contestó, poniendo el relicario en su cajón y cerrándolo, ante la atónita mirada de la chica.— Es por tu propia seguridad, no me mires así.

—¿Seguridad?—repitió Hermione, sin poder creérselo.—¿Hablas en serio?

—Mira, tu tienes tus secretos y yo no ando pidiéndote que me expliques, ¿vale?—Replicó él, bruscamente. El ambiente cómodo en el que habían estado por horas se había transformado en uno hostil.

Hermione lo miró de hito en hito.

—Yo no tengo secretos, Regulus. No seas tan infantil, sólo pregunte por ese collar por mera curiosidad.

—¿Y qué me dices de tu cita con Viktor Krum?

—No seas tonto—Hermione lo miró dolida y añadió—: Y si según tú no me dices lo del dichoso relicario no es por seguridad, es por tu propio pellejo.

—Hermione, espera—Regulus la tomó de los hombros—, lo siento. Actué como un idiota posesivo, lo lamento.

Hermione palideció y guardó silencio por la sorpresa. No le cabía en la cabeza como conocía esa información.

—No soy tonto, Hermione.—Dijo Regulus, mirándola fijamente—: Vi perfectamente como Krum te abrazaba posesivamente...

—No pasó absolutamente nada, Regulus. —Se apresuró a decir ella—: Sólo me abrazo así porque no volveré a verlo jamás.

—Bien...—Regulus resopló y tomó a la chica de la cintura.—Sólo no vuelvas a mentirme, ¿quieres?

—Está bien—balbuceó Hermione, un tanto nerviosa por la cercanía del cuerpo del chico al de ella. Sentía su respiración en su nuca y su corazón latir en su pecho. Trago grueso al sentir el cuerpo de Regulus tan cerca al de ella. Hermione colocó audazmente una mano en su pecho, que aceleró aún más el corazón del joven, y la otra la puso en su mejilla, que le daba cosquillas al tener la barba de una semana.

La chica se puso de puntillas para alcanzar el rostro de Regulus y besarlo. De una manera natura y sin fingir que ella era experta haciendo eso. Regulus dejó salir un sonido ronco de lo más profundo de su garganta y la atrajo mas hacía él. Sus lenguas se fusionaban en una danza rítmica y las manos de Regulus acariciaban el pelo de la chica.

Hermione, valientemente, empezó a bajar sus manos por el pecho del chico; se sentía quemar al tocar sus músculos y al llegar al final suéter que traía (la Sra. Weasley había insistido en que se lo pusiera) metió sus manos dentro de él y palpó cada centímetro de su piel. Se ruborizó al pensar en que diría Ginny si la viera, pero una parte de su mente (la más racional) se desconectó. Sus sentidos se agudizaron y la dejaron sentir la caliente piel de Regulus.

El chico gimió de sorpresa al sentir como Hermione, tímidamente, le tocaba su pecho. Jamás pensó sentir algo semejante a eso y ayudó a la chica a que le quitará la camiseta y ése ridículo suéter. Él volvió a besarla con más pasión y poco a poco fueron a acercándose a la polvorienta cama. Al tumbarse una mota de polvo se levantó pero ellos estaban demasiado ocupados para notarlo. Pero fue únicamente cuando Regulus se colocó debajo de Hermione, y que ésta moviera sus caderas en la intensidad del beso, se dio cuenta de que era demasiado apresurado.

Se puso rígida y un poco tensa, y Regulus lo notó al instante. Fue parando la intensidad del beso hasta que prácticamente ambos se separaron, jadeantes y se miraron fijamente. Hermione desvió la mirada ante el pecho del chico desnudo y sintió una absurda vergüenza ,tomando en cuenta que ella empezó todo eso.

—Debo irme—Musitó Hermione, separándose del cuerpo de Regulus.— Es tarde y no dudo en que la Sra. Weasley vaya a vernos para asegurarse de que empacamos todo...

—Te marchas mañana—recordó Regulus, incorporándose y poniéndose su camiseta, añadió—: Es una estupidez.

—La Sra. Weasley sólo lo hace por ayudar, Regulus, no seas tan injusto...

Regulus la abrazó por detrás sorprendiendo a Hermione. No le cabía en la cabeza como el chico había cambiado lentamente, sí, pero al fin su actitud a ella. Hermione se giró y sonrió.

—Tengo que irme...—Musitó Hermione; Regulus la besó en la frente y la liberó de sus brazos.

—Descansa, Hermione—Susurró Regulus, antes de que la chica cerrará la puerta y se apoyara en ella, con una sonrisa idiota en la cara. Cerró los ojos y se dejó embargar en todos esos momentos con Regulus en su habitación, que ciertamente, no había sido muchos.

—¿Otra vez aquí?—La gruñona voz de Sirius la sobresaltó. Hermione abrió los ojos y se encontró la cara burlona del animago viéndola desde su propia habitación.—Ya decía que era raro que Reg no estuviera en el salón con una cobija a estas alturas...

—¡Sirius! Yo sólo...

Sirius esbozó algo parecido a una sonrisa.

—No te daré un sermón acerca de éso—hizo énfasis en la palabra y Hermione se puso como un tomate—: Pero si me gustaría recomendarte algo: no vas a salir bien parada de todo esto. Conozco muy bien a mi hermano y no dudaría en ponerte a un lado por el poder y la ambición, así que no te sorprendas si te rompe el corazón, Hermione...

Hermione sintió que el ambiente se hacía muy pesada y las palabras de Sirius se le clavaron como estacas en su corazón. Intentó no cambiar su cara y mostrarse indiferente, pero sabía que Sirius, muy en el fondo, tenía algo de razón.

—...sólo no te dejes encariñar demasiado con él.—Sirius la miró seriamente antes de entrar a su recámara y dejarla allí, con el ánimo en los pies.

Hermione intentó convencerse de que no podía ser cierto, pero había algo que si lo era: no conocía realmente a Regulus Black. Pero algo en su interior, le hacía creer ciegamente en él.

Aquella mañana era todo un ajetreo en Grimmauld Place. No había llegado todavía la guardia para Harry y Hermione se sentía un tanto preocupada por el tiempo. Intentó matar el nerviosismo mirando por toda la casa si no había dejado ningún objeto regado por allí, pero lo que sí encontró fue a Molly con una cara de pocos amigos.

—Llegó la guardia para Harry, Hermione—dijo ella al verla, se enjuagó la frente y agregó—: Estoy tan cansada, esta casa es un total desastre. Estaré contenta de regresar a la Madriguera pronto.

—¡Oh, es cierto!—Hermione sonrió—: ¿Quienes se quedarán aquí al irse, Sra. Weasley?

—Solo Sirius, Regulus y tal vez Remus o... Tonks se aparezcan aquí—Molly se giró hacia ella, con una cara extrañamente curiosa—: A propósito, ¿qué relación llevas tú con el hermano de Sirius?

Hermione daba gracias a que no tomaba nada en ese momento, por que de lo contrario hubiera escupido todo. Realmente la Sra. Weasley no era tonta, sí que se había dado cuenta. La chica trago saliva y, temerosa, preguntó:

—¿A qué se refiere, Sra. Weasley?—Intentaba mantenerse indiferente pero era difícil hacerlo con el serio semblante de Molly.

—Oh... a que pasan mucho tiempo juntos—respondió ésta con una sonrisa—, aparte de que he notado que se miran muy a menudo...

¡Patapum! Hermione agradeció por primera vez que Tonks fuese tan torpe y la salvará de ese atropello. La aurora entró disculpándose y diciendo que la guardia ya había llegado para Harry. Hermione aprovechó la distracción para irse de allí y desaparecer de la atenta mirada de la Sra. Weasley.

Subió las escaleras con la intención de decírselo a Ron y a Harry, cuando Regulus apareció y le bloqueó las escaleras con su cuerpo. Tenía un semblante muy serio y con señas le indicó que lo acompañara a la puerta que daba al salón.

—¿Qué sucede?—preguntó Hermione, tensa, cuando él cerró la puerta. Lo miró fijamente, intentando entender su comportamiento.

—Lo siento—dijo a media voz Regulus, mirándola fijamente con sus ojos grises. Hermione frunció el ceño intentando entender su disculpa.— No debemos seguir viéndonos.

—¿Qué..?—Hermione sintió como el aire se le iba de los pulmones e intentaba asimilar sus palabras—, pero... ¿por qué?

—Porque no eres la adecuada para mí—contestó Regulus y ella sintió que sus ojos se llenaban de agua. —Lo siento si te hice sentir que te correspondía pero no fue mi intención.

—¿Tu intención?—repitió ella, como si no pudiera creer sus palabras.—¿De qué hablas?

—Seamos francos, esto es inverosímil—Regulus se acercó a ella y añadió—: No quiero que me cartees o si estamos los dos en la misma habitación, no quiero que te me acerques. Los siento, pensé que sentía algo hacia tí por haberme salvado la vida, pero no es así... No me importa si mueres o vives en absoluto.

Hermione se obligó a mostrarse indiferente y añadió, con más frialdad de lo que esperaba:

—Bien, así no tendré que fingir algo por tí—Lo miró fijamente y agregó—: Adiós, Regulus.

Hermione casi troto para salir del salón. Se apresuró a subir hasta donde estaba la habitación que compartía con Ginny, y se desplomó en la cama. Lloró a media voz y sentía que jamás sería feliz de nuevo. Hubiera querido mantenerse así largo tiempo, pero la agitada voz de Ron la sobresaltó:

—Es hora de irnos, Hermione—La chica se levantó de la cama y limpiándose las lágrimas, se obligo a mantener la compostura. No se dejaría caer ante semejante imbécil. Lo odiaba, como jamás creyó que haría con alguien.

La despedida de Grimmauld Place fuer rápida y con sobresaltos. Harry intentó hablar un poco más con su padrino, pero éste, después de darle un abrazo y desearle buen viaje, lo dejó que se fuera. Hermione se despidió de los Weasley y Sirius (ya que Regulus la ignoró por completo) y éste último le susurró que cuidara a Harry por él.

Se trasladaron por medio del Autobús Noctámbulo y al llegar a Hogsmade, Lupin y Tonks se despidieron calurosamente de ellos. Ginny, Ron, Harry y ella caminaron hasta el castillo y se dirigieron a la Torre de Gryffindor. Al llegar, la chica se despidió de sus amigos y fue directa a su recámara.

Al llegar a ella, se tumbó en su cama, cerró las cortinas y rompió a llorar. Lloró por ser tan ingenua y tonta, porque Regulus fuera un patán de letras mayúsculas y sobre todo, porque sus sentimientos hacia él había dado un giro. No podía creer como él la había usado como una estúpida distracción. No bajó a cenar y cuando Ginny preguntó que le pasaba, ella le mintió diciéndole que tenía dolor de cabeza.

Las semanas pasaban y Hermione llevaba su autocontrol a todo lo que daba, aunque no fuese suficiente. Lloraba en el baño por horas o en su recámara (si no había nadie allí). Intentaba apoyar a sus amigos con sus deberes y a Harry apoyándole con la Oclumancia.

Aquella mañana al estar en el Gran Comedor desayunando, un ave le dejó un ejemplar del Profeta. Hermione casi escupió su jugo al ver en la portada como diez fotografías, blanco y negro, de personas ocupaban toda la plana. Eran los mortífagos que se habían fugado de Azkabán.

La chica les leyó a sus amigos, indignada, cuando en el artículo daban a entender que Sirius había sido el que provocó todo eso. Pero eso no era todo, cuando la chica dió la vuelta a la portada, un artículo hablaba sobre la muerte de un funcionario del Ministerio de Magia.

Todo aquello era tan extraño y precipitado, es decir... ¿quién demonios confundía un lazo del diablo con una planta corriente? Todo eso pintaba muy mal, y Hermione se le ocurrió una idea. se levantó de su asiento y salió corriendo a escribir una carta. Debía localizar a Skeeter lo más rápido posible...


HARRY POTTER HABLA POR FIN: LA VERDAD ACERCA DEL-QUIEN-NO-DEBE-SER-NOMBRADO Y COMO LO VIO REGRESAR.

Harry Potter nos concede la mayor intimidad de las entrevistas al decirnos lo que realmente pasó esa noche y quiénes estuvieron involucrados. Rita Skeeter se ha trasladado ...

Regulus resopló al ver una foto enorme de Potter y comenzó a leer. Sintió pena internamente al leer como el chico tuvo que pelear contra el Señor Tenebroso a tan temprana edad. En cierto modo, él le recordaba a sí mismo. Ambos con un destino que cumplir.

Apartó el periódico y subió a su habitación de nuevo. Tenía que admitir que extrañaba la agitación que los Weasley ocasionaban al estar en la casa; suspiró y se dejó caer en su cama. Había ordenado a Kreancher que la limpiara a fondo y eliminara todos los estandartes de Slytherin y recortes que tenía acerca del Señor Tenebroso.

Pensó en como habría de eliminar aquél relicario, que contenía algo que al Señor Tenebroso le era vital. Nunca supo que contenía pero sabía que tenía algo muy oscuro. Lo volvió a guardar en su buró y suspiró.

Nunca pensó que las cosas con Hermione terminarían de aquél modo tan nefasto. Tuvo que mentirle y decirle que no sentía nada en absoluto cuando la besaba o cuando ella lo tocaba. Era mejor... el que Sirius le dijera que era un egoísta por expropiarse de la inocencia y candidez de la chica le hizo recapacitar las cosas.

Tenía razón. A pesar de que él apenas tenía cinco años más que ella, estaba podrido por dentro. Sabía que tarde o temprano, el Señor Tenebroso lo buscaría y mataría a cualquiera que tuviera relación con él. Pero rompiendo las relaciones con la chica no era para ser un santo, lo hacía por su propio pellejo y el de ella. No había otra opció ó rumiando y se encaminó a la biblioteca, al menos allí podría investigar como destruir objetos obscuros.

Pasaron los meses, y Regulus se sentía más abatido cada día. Sirius evitaba hablarle si podía, y una vez le oyó hablar con Lupin acerca de que lo difícil que era olvidar que su él había sido mortífago en el pasado. No le importaba lo que decían de él, pero inesperadamente, eso le dolió.

Y fue hasta que una tarde llegó Tonks y Lupin con una noticia alarmante: Potter y su grupito fueron al Ministerio de Magia, más concretamente, al Departamento de Misterios.

—No debes de ir—insistió Tonks, al verlo prepararse—Te verán y estoy segura de que reconocerán, Regulus.. no seas idiota.

—Iré, debo asegurarme de que...—Hermione está bien, completó en su mente. Tonks lo miró, confundida, pero no pudo decir más ya que fueron directo al Departamento de Misterios.


Regresé! Vale, espero que no me maten. Dejen su comentario, ¿ok?

Un beso,

Mariana Masen.

PD. Si alguien tiene un tiempecito extra, me gustaría que me hiciera una imagen para la historia. Se los agradecería de todo corazón, really.

Dejen su review, dejen su review... No te vaya sin dejarlo... Sí, allí abajo, querida... Ándale, dame tu review.