Disclaimer: Pertenece a JK Rowling todo lo que puedan reconocer.
Advertencia: Contiene spoilers de Harry Potter y el príncipe mestizo.
Dedicado a Susan-Black7 quien esperaba el capítulo, ¡va por ti nena!
Hermione miraba aquél ejemplar de Pociones Avanzadas con cierto odio y resentimiento desconocido para ella. Ése libro hacía que Harry, antes un inepto para Pociones, se volviera en todo un genio en la clase de Slughorn y que él profesor lo hiciera digno de alabanzas. Y es que la chica no entendía cómo un libro podría ayudarlo tanto en una materia en la que antes era prácticamente un inepto absoluto.
Sintió unos instintos asesinos de arrebatárselo y echarlo al fuego que crepitaba en la chimenea cándidamente. Lo peor del asunto con aquél libro es que Harry ni siquiera quería saber a quien pertenecía y a pesar de que Hermione había pasado toda una tarde investigando a aquél personaje tan misterioso, no encontró nada de provecho. Ni una sola pista de quien podría ser.
Al día siguiente tendrían su primera excursión a Hogsmade y Hermione nunca había estado tan feliz por salir del castillo, si eso significaba poder evadir a Cormac McLaggen, quien comenzaba a tomar la costumbre de interceptarla cuando ella no se encontraba con sus dos amigos. Él seguía enojado con Harry al haber perdido las selecciones de Quidditch para guardián.
La chica no tenía arrepentimientos al haber saboteado la prueba de Cormac ya que seguramente él hubiese sido un dolor constante en el equipo de Gryffindor y estaba feliz por Ron, quien había retomado su confianza en sí mismo después de haber sido escogido como guardián de Gryffindor. Entró a la biblioteca, en donde los cuchicheos la seguían más seguido que nunca al ser amiga del famosísimo Harry Potter, el Elegido.
Hermione se sentía abrumada con la cantidad de miradas de las que era producto, aparte de las de McLaggen, quien parecía no conocer el significado las miradas airadas y aburridas que la chica le otorgaba, y por si fuera poco, los deberes diarios y el que Hagrid estuviera constantemente preocupado por Aragog no ayudaba su humor.
Después de terminar los ensayos que Snape, McGonagall y Flitwick les había pedido, se dirigió al Gran Comedor, en donde se sentó junto a Ron y Harry, quienes cuchicheaban sobre un hechizo Levicorpus. Hermione le echó a Harry en cara su irresponsabilidad al usarlo contra Ron, ¡podría haber sido una tragedia en ves de un recuerdo feliz y gracioso! La chica no se fiaba para nada en el tal Príncipe Mestizo que Harry y Ron defendían a capa y espada, como si lo conocieran.
Se dirigió a su dormitorio después de la cena y Hermione no pudo evitar sonreír al ver una conocida lechuza parada en el alfeizar de la ventana y picotearla, pidiendo entrar desesperadamente. Era la lechuza que Regulus había usado anteriormente. Abrió la ventana y la lechuza dejó caer un pergamino cuidadosamente doblado, para después echarse andar hacia la fría oscuridad que rodeaba al castillo.
Hermione cerró la ventana, después de ver como la lechuza se marchaba, y tomando el pergamino, se dejó caer en su cama con la emoción burbujeando en su estómago como fuegos artificiales. Cerró los doseles de su cama, para tener más privacidad, y abrió el pergamino rápidamente, contenía una frase pulcra y elegantemente escrita en él.
"Mañana enfrente de la Casa de los Gritos",
RAB.
Hermione dejó escapar un gritito de emoción poco común en ella y se envolvió en las calientes sábanas con un humor más optimista. Volvería a ver a Regulus antes de que fuera Navidad. Una voz de alarma se instaló en su mente pero ella lo arrinconó en lo más profundo de su cerebro. La pregunta ahora sería: ¿Cómo justificaría el irse por un par de horas con sus amigos?
La mañana de la excursión a Hogsmade fue un día extremadamente frío y con un viento que les desordenaba el pelo y hacía levitar la capa de los alumnos que se dirigían a un pub buscando protección del clima al que se enfretaban. Hermione intentaba caminar junto a sus amigos y cada paso sentía como se le entumecían los pies y las manos. Entraron a Honeydukes, que estaba envuelto en un aire cálido provocando que los tres amigos se reanimaran inmediatamente.
—¡Harry, mi chico! —dijo una voz detrás de ellos, que Hermione reconció como la de Slughorn.
—Oh no—gimió Harry. El chico se había librado de las famosas cenas del grupo de las Eminencias haciendo entrenamientos el mismo día y así se quedaba junto a Ginny riendo al imaginarse a Hermione junto a McLaggen y Zabini.
Los tres se dieron vuelta y se toparon con el Profesor Slughorn, quien vestía un sombrero peludo, un abrigo de piel con collar de piel que hacía juego y agarraba un bolso de piña cristalizada, y ocupaba al menos un cuarto de la tienda.
—Harry, ¡no has venido a ninguna cena!—dijo Slughorn, empujándolo cordialmente en el pecho—: ¡Ya van tres cenas que te pierdes!—El profesor se giró hacia Hermione, quien intentó no expresar su desagrada en la cara— A la señorita Granger le encantan, ¿no es así?
—Sí—dijo Hermione, rápidamente—, son realmente…—aburridas, pensó la chica pero Slughorn dejó de prestarle atención al girarse con Harry y convencerlo encarecidamente de que fuera a sus reuniones. Pero su amigo parecía tener la suerte de su lado y pretextó su falta a la próxima cena con la reunión que tenía con Dumbledore.
Al marcharse Slughorn, Hermione se giró a Harry, quien sonreía triunfante.
—No puedo creer que te saliste de otra mas —dijo Hermione, sacudiendo la cabeza—,no son tan malas, sabes…—¡Cómo si fuera a creerme!—: A veces son hasta divertidas… —se calló abruptamente al ver la expresión que llevaba Ron y cambió de tema rápidamente—. Oh, miren, tienen plumas de azúcar de lujo, ¡ésas que duran horas!
Salieron de Honeydukes y volvieron a sentir el frío calándoles hasta los huesos. Los tres amigos se dirigían a las Tres Escobas cuando Harry reconoció a Tonks en medio del camino al pub. Se acercaron a la animaga, quien traía el pelo, sin su acostumbrado color chicle, de un gris opaco, ralo y sin vida. Hermione se sorprendió al verla tan demacrada y melancólica.
—¡Tonks!—saludó Hermione, acercándose a la aurora y abrazándola rápidamente—, ¿qué haces por aquí?
—Hola Hermione, Ron y Harry—Su voz sonaba cansada y con desgana—, solo he venido a hacer un par de cosas...—se encogió de hombros—, nada importante.
—Oh—Harry la miró incómodo, pensando en un tema de conversación, y se metió sus manos en los bolsillos de sus vaqueros—, ¿quieres acompañarnos a las Tres Escobas?
—Suena bien pero tengo que irme chicos, el trabajo manda—Tonks les dió una sonrisa triste y Hermione no pudo evitar pensar en lo mucho que extrañaba a la antigua Nymphadora Tonks.
—Bueno, nos vemos—se apresuró a decir Harry con una sonrisa torcida.
—Sí, cuídense chicos—Tonks comenzó a caminar lentamente y los chicos la vieron irse antes de encaminarse hacia el pub de las Tres Escobas. Ron comenzó a apremiar a sus dos amigos a que se apresuraran a entrar al pub, pero Hermione se detuvo a medio camino a él.
—Esperen, necesito ir por unos libros...—dijo Hermione, nerviosa con tener que mentirles a sus dos amigos—, vayan sin mí, seguramente tardaré un par de horas...
—Te acompañamos—se apresuró a decir Ron, con entusiasmo—, no puedes estar vagando sola por allí.
—Por amor de Dios, Ron—se exasperó Hermione, colocándose las manos en la cadera—. Nadie va a atacarme y traigo mi varita conmigo.
—¿Estás segura de que no quieres que te acompañemos?—intervino Harry, escrudiñándola—, podría ser peligroso, ¡acuérdate de lo que nos dijo Remus y el Señor Weasley, Hermione! No podemos estar solos...
—Solo voy a ver unos libros, nada más—Hermione no podía dar crédito a sus oídos, ¿desde cuándo sus dos amigos se empeñaban a acompañarla y, aún más, a una tienda llena de libros? Pensó que con esa excusa la dejarían fácilmente pero al parecer no.
Ron parecía receloso.
—¿Por qué te empeñas en ir sola?—preguntó el pelirrojo, inusualmente serio.
—Yo...—Hermione dejó escapar un suspiro, nerviosa—, solo quiero ir a ver la tienda y no quiero que se aburran...
—¿Vas a salir con McLaggen?—soltó Ron, de bocajarro.
—¿Qué?—Hermione lo miró confundida.
—¡Eso es!—Ron parecía furioso—, por eso no quieres que te acompañemos... ¡No puedes salir con McLaggen, Hermione!
Hermione se enfureció con lo estúpido que podía llegar a ser Ron algunas veces.
—No es de tu incumbencia con quien salgo o no—le espetó Hermione, enojada—, ¡puedo salir con quién se me dé la gana!
—Ron, no creo que Hermione vaya a salir con McLaggen—intervino Harry, en voz baja pero el pelirrojo lo ignoró olímpicamente.
—¡Él sólo va a usarte, como a las demás, Hermione!—soltó Ron, furioso.— ¡No puedes salir con él...!
—¿Por qué confraternizaré con el enemigo?—adivinó Hermione, recordando las palabras que Ronald había usado al enterarse que la chica iba al baile con Viktor Krum—, ¡eres tan infantil!
—Bien, entonces si soy tan infantil, ¡vete con McLaggen para besuquearte con él!
—¡Eso es lo que haré!—soltó Hermione y se apresuró a caminar hacia en otro extremo de Hogsmade, enojada y furiosa. Ignoró los llamados que le hacía Harry para que volviera y se apresuró a caminar velozmente.
¿Cómo se le ocurría a Ronald pensar que saldría con un tipejo como Cormac McLaggen? ¿Es qué acaso no la conocía lo suficiente? Si no conociera tan bien los arranques de furia de su amigo, ella diría sin lugar a dudas que estaba celoso. Y bastante. Pero, ¿cómo explicarle que no era con McLaggen, si no con Regulus, con quien saldría sin que se pusiera como una furia?
Comenzó a andar indirectamente hacia los terrenos que bordeaban la Casa de los Gritos y se sentó en un roca, plana y fría, mientras se cubría el rostro con la manos, intentando controlar los sentimientos que la gobernaban en ese momento. Sentía tanto odio hacia el pelirrojo y también a Regulus, especialmente al último... ¿Qué se creía para citarla en un lugar abandonado después de no haberle respondido sus últimas cartas? ¿Es qué era tan predecible que hasta Regulus sabía que vendría inevitablemente?
Estaba por levantarse y encaminarse al castillo de regreso, cuando una voz, que conocía perfectamente, la obligó a alzar el rostro.
—Viniste—No era una pregunta, sonaba más como una afirmación, como si el joven no tuviera ninguna duda de como pensaba la chica.
Hermione lo miró con ira, no podía creer que Regulus fuese igual de gilipollas que Ronald.
—¿Qué quieres?—preguntó con más frialdad que la chica hubiera querido, se cruzó de brazos y lo miró, sentada en esa piedra fría.
—¿Por qué demonios estás de mal humor?—preguntó Regulus, frunciendo el ceño ligeramente fruncida.
—Hombres—musitó Hermione y se levantó de la roca abruptamente, comenzó a caminar rápidamente sin importarle que no hubiera visto a Regulus en varias semanas e ignorando el hecho de como se había emocionado internamente al oír su característica voz.
—Hermione, espera...—Regulus se apresuró a interceptarla y la tomó de los hombros—, ¿qué sucede?
Hermione evitó su mirada y se quedó contemplando fijamente sus zapatos, como si fuera lo más interesante del mundo.
—Dímelo—exigió Regulus, alzándole el mentón delicamente y fijar sus ojos grises en los de ella.
—¿Qué estamos haciendo, Regulus?—preguntó Hermione, seriamente y mirándolo fijamente en los ojos.
—Umm, no lo sé—contestó el chico, sincero y tomó el rostro de ella entre sus manos—, estás helando, deberíamos ir a algún lugar... ¿Las tres Escobas?
—No—se apresuró a decir Hermione, recordando vagamente a Ron y Harry—, tendremos que ir a otro lugar.
—Bien...—Regulus guardó silencio y después de varios segundos, esbozó una sonrisa burlona—, ¿prefieres ir a Madame Pudipié?
—Preferiría Cabeza de Puerco—admitió Hermione y Regulus dejó escapar una carcajada.
—Chica ruda, ¿eh?—musitó Regulus, pasando su brazo por los hombros de la chica y atraerla hacia él.
Caminaron hacia Cabeza de Puerco en silencio, ambos chicos estaban sumidos en sus propios pensamientos y Regulus mentiría descaradamente si no reconociera lo mucho que le gustaba tener el calor que el cuerpo de Hermione emanaba y le otorgaba esa seguridad que tanto le había faltado las semanas anteriores. Fleur había vuelto a visitarlo, algunas veces junto a Bill, pretextando que debía alimentarse adecuadamente y el que Kreancher no estuviera en la casa le hacía un inútil.
Regulus había desistido de sus intentos de encerrarse en su recámara y emborracharse hasta al amanecer cuando se dió cuenta de que lo que Fleur buscaba era una entablar una amistad con alguien que la había tratado encantadoramente. Ella no debía enterarse de que sus intentos de ser amable eran influenciados por la idea de molestar a Hermione, sin embargo, la francesa tenía algo en su aire que le hacía que fuera imposible enojarse con ella.
—¿Entras?—preguntó Hermione, al ver como Regulus se quedaba parado sin hacer hacer nada. Él parpadeó, desconcertado, y abrió la puerta, dejando pasar a la chica primero, y la cerró tras de él.
Cabeza de Puerco no ofrecía la calidez que los chicos hubieran esperado, pero sí que ofrecía la privacidad que Hermione tanto ansiaba. Se sentaron en una destartalada mesita, cubierta de una enorme capa de polvo, y Regulus se fue por las bebidas. Hermione miró a su alrededor con aprensión y sonrió quedamente al ver la figura del joven, tan elegante en un lugar como el pub.
Y Hermione volvió a pensar en qué demonios hacía en Cabeza de Puerco con Regulus Black, con quien mantenía una relación de varios besos y caricias ocasionales, y no pudo evitar preguntarse qué eran exactamente. Se quedó mirando el perfil del joven y observo como sus ademanes eran ágiles pero sin perder esa porte aristócrata.
—¿Apreciando el arte?—Hermione se ruborizó al ver la ceja alzada de Regulus y se apresuró a tomar la cerveza de mantequilla que le ofrecía.
Estuvieron varios minutos en silencio, sin saber qué decir exactamente. Hermione lo miró de reojo y volvió a mirar a la botella de mantequilla que tenía enfrente.
—Así que...—comenzó a decir Regulus, girando la botella entre sus manos—, ¿estás en el grupo de las Eminencias?
—¿Lo conoces?—preguntó Hermione, asombrada.
—Estuve en él...—Regulus dio un trago a su cerveza y la miró—, Slughorn adoraba tenerme allí, ya sabes por ser un Black, era como una ficha más en su repisa de gente eminente.
—Oh —Hermione se mordió su labio inferior—, no lo sabía.
—Hay muchas cosas de mí que no sabes, Hermione.—Había un doble sentido en la frase y la aludida se ruborizó como un tomate, desvió la mirada y se tomó un trago de cerveza de mantequilla.
Había algo en la forma en la que Regulus la miraba que le ponía la piel chinita, como si el chico quisiera saber todo de ella y con su mirada pudiera conseguir su objetivo. No podía decir que le desagradara, porque mentiría, pero se sentía un tanto extraño. Ningún chico la había mirada tan fija y escrupulosamente como Regulus Black lo hacía.
—¿Qué?—preguntó Hermione al ver como Regulus la miraba con una sonrisa ladeada.
Éste rió y se acercó a la chica, sonriéndole, y con un suave movimiento, le quitó la espuma que la cerveza de mantequilla le había dejado en su boca. Los dedos de Regulus, tibios, suaves y largos, contornearon su boca en un movimiento sensual. Hermione se estremeció al sentir aquellos dedos tibios sobre su boca, tentándola a que los besara, pero la chica detuvo el movimiento alzando su mano y entrelazándola con la de Regulus, y quedándose en su mentón.
Se miraron fijamente, expectantes, y Hermione desvió su mirada, ruborizada, y sintió como Regulus se acercaba cada vez más a ella, sin dejar de tener entrelazada su mano con la de ella en ningún momento. La fragancia masculina que el cuerpo del chico le hizo soltar un inaudible suspiro y alzó su mirada, encontrándose con los ojos grises de Regulus, que la invitaban a que acortara la distancia y lo besara.
—¿Van a querer algo más?—Una malhumorada voz los interrumpió, sacando a los jóvenes de la burbuja en la que se habían sumergido, sin darse cuenta de como el dueño, que había reconocido a Hermione, les había mirado de mala forma desde la barra.
Hermione cortó todo contacto con Regulus, separándose de él abruptamente, y su cuerpo se tensó al acordarse de que sus dos amigos la estaban esperando en las Tres Escobas. Miro al cantinero, casi disculpándose, y replicó:
—No, no... ya nos vamos.—El cantinero asintió toscamente con la cabeza y regresó a la barra, en donde comenzó a atender a unos magos que habían entrado al pub.
Regulus volteó a mirar a Hermione.
—¿Nos vamos?
Hermione asintió, se levantó y tomó su abrigo, a su lado Regulus la imitó y ambos salieron del pub, sintiendo como el viento helado les pegaba en pleno rostro. Regulus tomó la mano de Hermione y la jaló hacia él, pasándole un brazo por encima de sus hombros y volviendo a atraerla hacia su cuerpo; la chica cerró sus ojos, contenta de tener el calor y protección que el cuerpo de Regulus le otorgaba. Paso un brazo audazmente rodeando el cuerpo del chico por detrás y abrazándolo.
—¿Regulus?
—¿Si?
Hermione se despegó lo suficiente para ver su rostro.
—Debo volver con Harry y Ron...
—Quédate.
Y Regulus la besó abruptamente. Hermione sintió como millones de sensaciones se aglomeraban en su estómago y estallaban al mismo tiempo. Subió sus manos y sujetó la túnica de Regulus con firmeza, sintiendo como sus rodillas fallaban y se doblaban al notar como los labios del chico bajaban hasta posarse en su cuello.
Regulus oyó como Hermione ahogaba un suspiro y el chico comenzó a besarla con más ahínco en esa zona. El joven pasó una mano a la cintura de la chica y la acercó más hacia su cuerpo. Comenzó a bajar la fogosidad de sus besos hasta simplemente rozar su boca y tenerla entre sus brazos.
—Debo irme, Regulus—murmuró Hermione, apoyada en su pecho y respirando entrecortadamente.
—Lo sé, ¿te cuidarás?—Regulus se apartó para tomar el rostro de la chica y le dio un beso en la frente.—¿Hermione?
—¿Si?
Regulus tomó el rostro de la chica y fijo sus ojos grises en las orbes castañas de la chica, esbozó una sonrisa sarcástica y añadió:
—Solo procura no acercarte tanto al pelirrojo, ¿quieres?
Hermione dejó escapar una sonrisa y volvió a esconder su rostro en el pecho de Regulus.
Regulus dejó escapar un suspiro de agotamiento y volvió a mirar a su alrededor. Capas y más capas de polvo se hallaban en torno a él, como si quisieran fusionar al joven en todo ése lúgubre lugar. El chico se levantó y comenzó a caminar hacia la cocina, esperando a que Fleur le hubiese dejado algo que comer en la alacena.
Efectivamente la francesa había previsto que después de su encuentro con Hermione, él no estaría del mejor humor del mundo. Se sentó a la mesa, dejó a un lado el guardapelo, y comenzó a comer desapasionadamente. Todavía no encontraba como poder destruirlo y aquello que se encontrara dentro de esa cosa se defendía del mejor modo que podía.
—¿Regulus?—preguntó una voz femenina que venía desde el salón. El aludido cerró los ojos al oír como Nymphadora Tonks, su sobrina, lo llamaba con aquél tono condescendiente que usaba con él a menudo.
—¿Qué quieres?—preguntó él, aburrido, levantándose para ir por una botella de vino de elfos. Se dirigió a la pequeña cava que había en la cocina y escogió uno cuando escuchó los pasos de Tonks dirigirse a donde él se encontraba.
—Solo venía a ver si no habías muerto por intoxicación...—Tonks se apareció con su cabello desteñido y ralo, Regulus frunció el ceño al contemplar a esa desmejorada Tonks, siendo sombra de la anterior.—, aún—agregó la aurora al ver la botella en la mano de su tío.
—Solo dime lo que quieres y lárgate, ¿quieres?—Regulus con mala cara y se servió el vino en una copa que había cerca. Cerró los ojos y saboreó el vino de elfos ante la atónita e indignada mirada de Nymphadora Tonks, quien había cruzado sus brazos.
—Dumbledore necesita que vayas a Hogwarts en un par de horas, va a darte una misión.
Regulus dejó la copa suspendida en el aire y miró a Tonks por encima de ella, sin poder creerse lo que oía. ¿Acaso Albus se había dado cuenta de lo horrible que era estar todo el día sin nada que hacer? Al parecer si...
—¿Hablas en serio?
Tonks se posó a su lado, tomó otra copa y tomó un trago de vino, con una sonrisa torcida.
—No bromearía con algo tan serio, Reg.
—Ya, Tonks...—Regulus tomó otro trago y la miró seriamente—, ¿para qué crees que me necesite?
—Va mandarte a Noruega con...—Tonks soltó un suspiro de abatimiento y sorbió otro trago de vino—, con.. R-remus.
—¿Ya lo sabías?
Tonks evadió su mirada y la fijó en la copa que sostenía torpemente.
—En realidad todo los de la Orden, ya sabes..., necesitábamos estar seguros de varias cosas antes de plantearle la idea a Dumbledore.
Regulus no dijo nada y volvió a servirse en su copa vino hasta el tope de ella.
—Vale...—Asintió y, dejando la copa, se fue hacia el salón, dispuesto a hablar con Dumbledore acerca de la dichosa misión que la había dado.
—¿Cómo estaba Katie?—preguntó Hermione, sentada en un mullido sillón de la sala común. Harry y Ron le había contado con pelos y señales acerca del desafortunado ataque hacia la Gryffindor con un collar maldito.
—Según Leanne no la dejó ver el paquete y se comportaba de una forma extraña.—Respondió Harry, sentado en el suelo y viendo las llamas de la chimenea con gesto preocupado, se giró hacia Hermione y añadió—: Fue Malfoy.
—¿Qué con Malfoy?—Hermione se bajó de la butaca y se colocó al lado de su amigo.—¿Harry?
—Estoy seguro de que él le dió ése collar a Katie y que la embrujó...
—McGonagall dijo que Malfoy no había estado en Hogwarts—le recordó Ron, sentado en el sillón y viendo a sus dos amigos con preocupación.
Afortunadamente para Hermione, el incidente había borrado de la mente de Ron la discusión pasada y cuando la chica, después de buscarlos en las Tres Escobas, regresó al castillo, el pelirrojo la había puesto al tanto de las noticias sin un atisbo de enojo o rabia. Volvió a mirar a Harry, confundida con su afán de culpar a Draco Malfoy de ser mortífago.
—No lo sé, Harry, todo esto suena muy descabellado para mí—Intervino la chica lentamente—, es decir, ¿Malfoy haciendo todo esto para qué? ¿Qué gana con todo esto?
—No lo sé, Hermione...—Harry se revolvió el cabello, ansioso—, solo sé que Malfoy tiene que ver con todo esto...
Hermione evitó intercambiar una mirada de exasperación con Ron y se contentó con mirar como las llamas de la chimenea danzaban alegremente. Después de varios minutos lideando con sus dos amigos, Hermione subió hacia su dormitorio, intentando descansar de un día pesado y agitado. Se metió en su cama y recordó como los labios de Regulus estaban en los suyos, provocándole una sensación de felicidad inexplicables, y con esos pensamientos, se durmió.
Al día siguiente tenía otra reunión con el grupo Slug y no tenía el consuelo de poder tener ni a Harry ni a Ginny con ella, porque el primero había programado un entrenamiento de quidditch además de tener su reunión con Dumbledore. Eso le hacía tener todo el día ocupado y que Ginny no quisiera ir con ella, pretextando que estaría cansada y sucia.
Hermione abandonó la sala común de Hogwarts con un humor un tanto decaído y se apresuró a llegar a la famosa reunión del club de las Eminencias. Slughorn la recibió con su sonrisa condescendiente y la obligó a sentarse al lado de un sonriente Cormac McLaggen. Él le sonrió con gesto arrogante y Hermione forzó una sonrisa y volteó enfrente de ella, en donde se encontraba una mujer morena de constitución atlética.
—¿Conoces a Gwen?—Cuchicheó Cormac por lo bajo y Hermione volteó a mirarlo con un fastidio disimulado a duras penas.
—¿Gwen?—repitió Hermione, confundida.
—Oh, claro, tus padres no son dentistas...—Rió McLaggen con un deje de mofa en la voz y la miró con un aire de superioridad—. Ella es Gwenog Jones, jugadora de las Arpías de Holyhead.
—Oh—Hermione se contuvo de poner los ojos en blanco y no tuvo que contestarle a McLaggen ya que en ese momento Slughorn comenzó su perorata y la misma Gwenog Jones comenzó, con mucha emoción, a hablar sobre su experiencia en el Quidditch.
Hermione comenzó a comer un poco del sorbete que tenía enfrente, que sabía deliciosamente a frambuesas y regaliz, y prestó un poco de atención a lo que hablaba la jugadora profesional de Quidditch. Conocía un poco del tema por las grandes pláticas que tenían a menudo sus amigos y también por Viktor Krum, el cuál, gracias a Merlín, no era tan presumido como lo estaba siendo Gwenog Jones al relatar como tenía la teoría de que las mujeres eran mejores jugadores que los hombres.
—Y no se olviden de que habrá un Baile de Navidad exclusivo—Slughorn rió y miró a Hermione—, y usted, Srita. Granger deberá decirme en qué fecha estará el Sr. Potter disponible para que no falte.
Hermione sonrió torcidamente.
—Lo haré señor.
Afortunadamente, para la chica, la cena acabó rápidamente después de discutir el asunto del Baile del Club Slug, en donde el profesor les aconsejaba encarecidamente encontrar una pareja apropiada para semejante gala, al igual que el vestuario. Hermione, que jamás se hubiese imaginado que festejarían un Baile, no tenía un vestido apropiado.
El que había usado para el Baile de Navidad era sencillamente demasiado elegante para el Club Slug y estaba segura de que a estas alturas, tendría que confiar que su madre escogería un vestido apropiado para la ocasión. El tema de la pareja era otro asunto, Hermione quería invitar a Ron para los tres amigos estuvieran en la reunión y así evitar que el pelirrojo se sintiera excluido como siempre.
El simple pensamiento de invitar a su mejor amigo al Baile de Club Slug le provocaba una mezcla de escalofríos, nervios y expectación de ver la reacción de Ronald. Supongo que si me rechaza terminaré pidiéndoselo a Neville, pensó Hermione al acostarse en su cama. Cerró los ojos e intentó no reírse de sí misma por tener tanto miedo de pedirle a Ronald Weasley, su mejor amigo desde primer grado, que fuera con ella al Baile de Slug. Al fin y al cabo, suponía que sus nervios eran influenciados por el temor de que el pelirrojo malentendiera sus intenciones.
Sabía por buena mano, oséase Ginny, que a Ron le atraía un poco y aunque ella siempre se riera de sus teorías y lo negara rotundamente, no podía de darle vueltas al asunto. Ron le había gustado, ¡por supuesto que sí!, pero cuando Regulus apareció en el camino, su amigo pelirrojo y pecoso desapareció de la mente de Hermione.
Regulus Black era simplemente una fuerza que la atraía y repelía al mismo tiempo. Podía odiarlo en un día completo y aún así, Hermione jamás podría negarse a los besos y caricias que el joven le daba. Una parte del cerebro de Hermione se alarmaba al darse cuenta de lo mucho que la chica confiaba en él completa y sin dudar en un instante, pero sus sentimientos la callaban, entregándose por completo a la pasión a la que el joven le ofrecía y daba.
Y aquello la asustaba, porque si Regulus Black le fallaba, Hermione no sabría si volvería a confiar en él de nuevo.
—Regulus, siéntate, por favor—Albus Dumbledore le indicó con un gesto que se sentara en una mullida butaca y el aludido lo hizo lentamente y con cierta elegancia en el acto.—Seguramente Nymphadora Tonks ya te habrá informado un poco sobre de que quiero hablar contigo.
El joven miró la mano enegrecida del anciano director con una ceja alzada.
—Oh, eso no es nada importante—explicó Albus al ver la cara de Regulus, se enderezó en su asiento y lo miró fijamente—, no tan importante como lo que voy a encargarte, al menos.
—Es magia negra—musitó Regulus, serio—, podría ser un hechizo y matarlo por dentro de poco en poco, Albus.—Sonrió sarcástico y añadió—: Ser un miembro de la familia Black tiene sus beneficios en cuanto a conocimiento de magia negra y sus consecuencias.
—No hemos venido a hablar sobre mí, Regulus—dijo Dumbledore y esbozó una lenta sonrisa—, pero gracias por el genuino interés, solo te informo que Severus ya se hizo cargo de esto.—El anciano subió sus gafas de media luna y volvió a mirarlo con aquella mirada penetrante—. Necesito que vayas a Noruega y me informes sobre la actividad que han tenido los mortífagos recientemente.
—¿Qué quiere exactamente?—preguntó Regulus, impaciente.
—Necesito que encuentres información sobre lo que están haciendo los mortífagos; hace varios meses hemos encontrado que Voldemort...—Regulus hizo una mueca ante el nombre—, ha estado movilizando a sus seguidores para que encuentren algo en Noruega y sus alrededores.
—¿Algo?—repitió Regulus, confundido ante la vaga información.—¿A qué se refiere con algo?
—Eso es lo que necesito que averigues—Dumbledore se levantó de su asiento y se colocó a espaldas del joven, mirando por la ventana—. Estoy casi seguro de que Voldemort está buscando algo o alguien para poder hacerse más poderoso.
—Suena algo... raro para alguien como el señor Tenebroso—musito Regulus, frunciendo el ceño, y luego sonrió—, así que por eso me quiere allí, ¿cierto?
—Exacto, Regulus—Dumbledore se volteó, sonriendo—. Me alegro de que hayas dado en el clavo.
—¿Y cuánto tiempo estaré allí?
—Cerca de un año y medio, mas o menos—Dumbledore suspiró—, tendrás a Remus quien te ayudará con todo lo que necesites, pero él regresará después de tres meses, lo necesito para otras cosas. Además de que él es conocido y en cambio tú...—el anciano esbozó una sonrisa lenta—, se supone que moriste hace veinte años.
—Bien—Regulus asintió para sí mismo—, ¿cuándo me marcho?
—Mañana al mediodía.
Regulus siguió escuchando los planes y consejos que le otorgaba Dumbledore sin decir nada. Miró a su alrededor, los cuadros de los anteriores directores (mirándolos curiosamente), los diversos objetos delicados del anciano, los libros (acomodados en elegantes libreros), una perchera... El chico comenzó a sentir cierta claustrofobia y sintió una irrefrenables ganas de salir corriendo, sin saber de qué exactamente. Sentía como si algo le asfixiara y no le dejara irse libremente.
—¿Estás bien, Regulus?—preguntó Dumbledore, al verlo pálido.
Regulus asintió distraído.
Había encontrado la causa de su malestar: Hermione.
¡Hola, nenas! Espero que les haya gustado el capítulo y lamento de todo corazón no haber actualizado tan rápido, pero he estado de vacaciones (y mi musa también). En fin, espero que no me me maten con todo este rollo de Regulus, pero sepan que esto lo he estado planeando desde que comencé la historia. Gracias a susan-black7,sirone aphrody,Guest,AikoUchiha y Smithback por sus reviews! Y a los que me han puesto en favoritos !
AikoUchiha, tu correo está mal escrito, querida; no he podido enviarte un e-mail, ¿podrías volver a dejármelo, si no es tanta molestia? Me encantaría ver la imagen para el fanfic. ¡Gracias por las molestias!
Bueeeeeeeeeeeeno, besos y ¡hasta la próxima actualización!,
MarianaMasen.
