Disclaimer: ¡Nada de esto me pertenece, únicamente a JK!

Nada justifica el haberme demorado tanto para actualizar, ¡gracias, gracias, gracias por sus reviews! He decidido actualizar por el cumpleaños de Harry y JK Rowling, nuestra reina. ¡Gracias por darnos la magia, la amistad y el amor en tus historias! Estaré eternamente agradecida.


Capítulo 19: El principio del fin.

por Mariana Masen


—¿Has oído que va a ir al baile con Cormac McLaggen?

—Ni siquiera es tan guapa en cambio Cormac es un sueño...

—Oí que Cormac aceptó con la condición de que le hiciera los deberes de Pociones por el resto del año, ya sabes, como es un cerebrito...

—¡Lo que yo daría por estar en su lugar!

—Es que no sé que le ven los chicos, primero Krum y ahora Cormac, además siempre se la pasa con Potter...

—¡No puedo creer su suerte!, es decir, mírala, no tiene nada de extraordinario...

Hermione dejó escapar un bufido y cerró el libro que leía bruscamente, dejando en claro su presencia ante la bolita de chicas que estaba a varias mesas para atrás. Les lanzó una mirada maliciosa y se levantó. Salió de la biblioteca un tanto abrumada con la atención que recibía al ser la pareja de un chico tan idiota como lo era Cormac McLaggen.

Caminó hasta la sala común en donde desvió su mirada de la traumática escena de Ron y Lavander besándose apasionadamente. A pesar de que Hermione había superado su infantil enamoramiento hacia Ron, una parte de ella le dolía y se moría de celos al verlo besarse libremente por cualquier rincón de Hogwarts. No era tanto el hecho de que Ron tuviese novia, sino que le dolía ver que Lavander Brown había terminado con su amor platónico de la adolescencia. Era saber que ella nunca había sido lo suficiente femenina para que Ron pudiera verla más que una amiga.

—¡Hermione!—Harry le hizo una seña para que se sentara a su lado; el chico se veía sumamente incómodo con la visión periférica del espectáculo que daba su mejor amigo con su novia.

—Hey, Harry...—Saludó Hermione, dejando escapar un suspiro de abatimiento.— ¿Ya encontraste pareja para el baile de Slughorn?

—Todavía no he pensando con quien ir...—Harry recargó su cabeza en el brazo del sillón, teniendo una visión periférica de Ginny riendo con sus compañeras de cuarto.

Hermione arqueó una ceja al ver a su amigo tan pensativo y movió discretamente su cabeza para tener una visión de lo que observaba su amigo tan fijamente. La figura de la pequeña de los Weasley apareció en su campo de visión y Hermione sonrió discretamente. Si tan solo Ron supiera de los sentimientos de su mejor amigo hacia su hermana...

—En fin, tengo que decirte que varias chicas tienen preparado darte filtros de amor—dijo Hermione, seriamente, sacando a Harry de sus cavilaciones—, por eso debes apurarte para invitar a alguien...

—No te preocupes—se apresuró a decir Harry y le sonrió—: Voy a invitar a alguien que me agrade, alguien interesante...


Regulus miró a su alrededor: aquella choza se veía tan destartalada y vieja como su alrededor. Susurró un "Lumus" y empezó a observar con atención y el ceño ligeramente fruncido. Aquello no era nada a lo que se esperaba. Y eso que sus esperanzas no eran muy grandes, ¡por Merlín que no! Aquel ambiente tan lúgubre le hizo sentirse un tanto desamparado y darse cuenta de que aquello iba muy en serio.

Jamás pensó que si alguna vez, si es que volvía a despertar de aquél letargo, tendría que vivir de nuevo la guerra con el monstruo de Quien-tu-sabes. Pensaba que al menos aquello se había enterrado con su vieja y pasada vida. Pero... ¡oh, sorpresa! Regulus Black tenía que pagar de alguna forma, o al menos él pensaba aquello, sus pecados y errores. Aquello lo hacía sentirse de algún modo enojado con aquella especie de karma.

Y es que el karma es una perra, sí que lo era. En vez de estar seguro y confortable en Hogwarts tenía que estar en aquella choza destartalada junto al hombre-lobo Remus Lupin. Aquél amigo y compañero de su fallecido hermano Sirius Black y de quien Regulus sospechaba que estaba enamorado de su prima Nymphadora. No es que Remus fuera tan mal acompañante, pero él hubiera preferido estar solo.

Soledad. Había estado más de una década dormido o Merlín-sabe-qué en aquella maldita cueva. Regulus sabía que si había alguna forma de expiar sus pecados había sido de aquella manera, pero jamás pensó que debía hacer algo más, como aquella estúpida misión en la que Dumbledore le había dado, o más exacto, mandado.

—¿Todo bien?—Remus lo sacó de sus cavilaciones y Regulus se quedó momentáneamente callado, aturdido con la varita iluminada del mago en su rostro.— Supongo que pasaremos la noche aquí...

Regulus asintió y comenzó a sacar su saco para dormir, escuchó como Remus a su lado comenzaba a roncar suavemente. Maldito licántropo suertudo. Él, desde hacía tiempo, tenía que perseguir al sueño como si se tratara de un perro en busca de su hueso favorito. Muchas veces, la mayoría, solo alcanzaba a dormir un par de horas antes de que se pusieran en marcha.

Y como muchas noches consecutivas pensó en Hermione. Carajo. Se estaba volviendo en un maldito sentimentalista de mierda. Cerró los ojos y la imagen de una Hermione besándole con pasión mientras se sujetaba de su cuello le inundó su cerebro. Si seguía así tendría que conseguir una ducha fría. Sintió unas ganas irreverentes de reír ante el hilo de sus pensamientos. Menudo marica se había vuelto con Hermione. Un marica con un enorme problema. Maldita sea.


Hermione se veía en el espejo críticamente; el vestido era muy ceñido de la parte del busto y tenía una caída un de campana. Frunció el ceño e intentó acomodarse la parte superior del vestido, pero fue en vano. Estaba muy ceñido y Hermione rogaba a Merlín para que Cormac McLaggen no estuviese mirándole toda la noche el escote.

Sabía que había sido mala idea pedírselo a su madre; ella le había escogido no solo un vestido que no le favorecía en el color sino tampoco en el corte, además que ciertos atributos en su cuerpo habían crecido más de lo que Hermione hubiera deseado.

"Si me pongo el chal encima no se verá tanto", pensó la chica, acomodándose la fina tela encima del vestido y tapando así el escote. "Bah, ¿a quién quiero engañar?, éste vestido muestra más de lo que yo quiero".

Hermione se colocó el chal, de tal forma que no se viera nada, y terminó de verse en el espejo, sentía que si seguía mirándose no bajaría nunca al sentirse más insegura con aquél vestido. Se puso sus zapatillas, de un tacón pequeño, y pensó que no se veía tan mal, después de todo. Con un suspiro, bajó las escaleras y se encontró con un pequeño grupo de personas en la sala común.

Sabía que no había muchos Gryffindor en el grupo de la Eminencias, por lo tanto Hermione se sentía un poco cohibida ante la mirada de todos. Se alisó innecesariamente el vestido y se apresuró a reunirse con Cormac, al notar la mirada que le lanzó Ron, sentado junto a una Lavander que miraba la escena con estupefacción.

—¿Nos vamos?—le susurró Cormac al oído de la chica, que asintió rápidamente. Se ruborizó al notar como McLaggen la tomaba de la cintura y sintió un pinchazo de rechazo en su cuerpo.

Salieron de la Sala Común y Hermione aprovechó despegarse del firme agarre de Cormac, que la hacía sentirse incómoda y un tanto acalorada. El camino al despacho de Slughorn lo hicieron en silencio, con un par de comentarios casuales, entre ellos el clima y que bocadillos habría en la fiesta. La chica no se esforzaba demasiado con la conversación y se recriminaba mentalmente el haber invitado al imbécil de Cormac McLaggen. Si tan solo se hubiese dejado de ñoñerías infantiles con Ron y hubiera pensado detenidamente sobre su decisión, no estaría allí.

Pero le había dolido como Ron la hubiera humillado frente a Lavander y Pavarti en clases que poco le había importado en aquel momento su decisión y solo esperaba ver la cara molesta del pelirrojo. El brazo de McLaggen le mandaba oleadas de escalofríos que la hacían estremecerse hasta el punto que el chico le pregunto si quería que le prestara su chaqueta. Hermione, incómoda a morir, se negó y así llegaron al aula del profesor Slughorn.

El lugar estaba decorado con cientos de farolillos de todos colores y tamaños dándole al aula un aire de calidez y luminosidad. Hermione sonrió cortésmente ante el saludo de Horace, quien miraba a la pareja con un brillo en sus ojos.

—Has escogido a la mejor pareja, Cormac—le dijo Slughorn felizmente, dándole un codazo amistoso al aludido quien sonrió presuntuosamente, dándose una encogida de hombros—. ¡Harry, muchacho!—Gritó el profesor al darse cuenta de quien había llegado. Hermione volteó y suprimió una carcajada al notar la pareja que había escogido su mejor amigo.

Luna Lovegood llamó la atención de todos los presentes en el aula por su peculiar vestido y forma de andar, como si estuviera bailando a cada paso. Hermione caminó hacia ellos para intentar hablar pero Cormac la retuvo con su brazo y la jaló a la pista de baila. La chica intentó no mostrarse tan molesta y trató de bailar un poco con él.

—Estas fiestas están cada vez peor, ya sabes...—Cormac soltó una risita y señaló sin disimulo a Luna, quien hablaba con Harry y otra persona animadamente—: Si Luna Lovegood entra ya no hay exclusividad. Mi padre decía que Slughorn es sus mejores tiempos...

—¿Vamos por ponche?—le interrumpió Hermione sonriendo débilmente—: Me muero de sed.

—Lo sé, esta muy caliente aquí, ¿no?

A Hermione no le agradó en la más mínimo la mueca que Cormac hizo y se apresuró a ir a la mesa del ponche. Se sirvió uno y agradeció mentalmente cuando Harry se le acercó para hablarle de ciertas cosas con Luna a su lado. Comenzaron una charla sobre vampiros y otras criaturas mitológicas mientras Hermione vigilaba con el rabillo del ojo si Cormac se acercaba, pero gracias a Merlin, Slughorn lo tenía atrapado en un grupo de personas mientras que McLaggen se pavoneaba como de costumbre.

—Demonios, allí viene—musitó Hermione al verlo venir para donde se encontraban y se fue de allí rápidamente, desapareciendo por la cortina detrás de ella. Cormac, sonriente, llegó hasta donde se encontraba Harry y Luna.

—¿Dónde está Hermione?—preguntó él, cogiendo un bocadillo de una mesa cercana.

—Acaba de irse a polvear la nariz—respondió Harry, escuetamente, mientras que Luna miraba la escena con ojos soñadores.

—Le encanta hablar a tu amiga, ¿no?—siguió diciendo McLaggen en un tono aburrido—: Bla, bla, bla...—se detuvo y miró el bocadillo que estaba comiendo con una mueca.—¿Qué estoy comiendo?

—Testículos de dragón.


Las vacaciones de invierno llegaron más rápido de lo que Hermione esperaba y aquel año se encontraba de regreso a su casa. Sorprendentemente nadie la había invitado a la Madriguera y la chica sentía una pizca de celos al oir como Harry si iría. No era que no quisiera pasar tiempo con sus papás, es solo que el estar alejada de la magia y volver al mundo muggle la hacía deprimirse un tanto.

Se bajó del carro, en donde su mamá seguía hablando de un paciente particularmente difícil, y Hermione no pudo evitar sonreír al vislumbrar su casa. Mediana y acogedora; la chica cargó su baúl y esperó a que su madre abriera la puerta. La Sra. Granger estaba particularmente parlanchina aquella mañana, sin duda el hecho de tener a su única hija la hacía rejuvenecerse.

—... todos vendrán a cenar, cariño—Venía diciendo ella, dejando su abrigo y poniéndose de lado para dejar pasar a su hija. La miró llena de orgullo y añadió—: Tendremos unas navidades maravillosas, cariño, ya lo verás... Tu padre y yo estamos emocionadísimos con todo esto, ya sabes, pensamos que la pasarías con los Weasley—Jean Granger la miró por un momento, atentamente—, ¿por qué no estuviste con ellos?

—Eh...—No supo que contestar, ya que ella tampoco tenía idea de qué decir. Un "Me peleé con Ronald por su novia" sonaba bastante patético y podría malinterpretarse. Tragó saliva, nerviosa, y respondió—: Decidí que hacía mucho que no los veía, los extrañaba...

Su madre sonrió y la abrazó efusivamente, conmovida por las palabras de su hija.

—Oh, Hermione, nosotros también te extrañamos; tu padre y yo no sabemos qué hacer con la casa tan silenciosa.

—¿Así que quienes vendrán a cenar, mamá?—preguntó Hermione.

—Oh, ya sabes, tus tíos...—Jean Granger se dirigió a la cocina para comenzar a sacar ciertos alimentos para preparar la cena, Hermione la observó en silencio moverse con agilidad y como se giraba de repente a ella—: ¿Vendrá a visitarte tu amigo...?, el de la vez pasada, ¿cuál era su nombre?

—Regulus—respondió Hermione automáticamente y se reprendió mentalmente al ver el rostro emocionado de su madre—: No lo sé, mamá, hace meses que no lo veo...

—Pensé que eran novios—señaló su madre mirándola por encima del hombro—: Es una pena, era muy guapo...

—¡Mamá!

—... pero si lo crees necesario, ¿quién soy yo para cuestionarte?

Jean Granger esbozaba una sonrisa burlona y comenzó a encender la estufa; Hermione, turbada, se sintió con las ganas de explicar como su relación con Regulus era aún más compleja de lo que parecía. Ella ni siquiera podía explicar ese sentimiento que tenía al verlo y mucho menos cuando él la besaba o confortaba.

Nunca se imaginó que podía sentir algo tan profundo por una persona que parecía tan egocéntrica y oscura como lo era Regulus Black pero tampoco se había imaginado el sentirse tan protegida y amada con una persona. Sin palabras. Solo una mirada podía hacerle temblar las piernas. Y no sabía en donde demonios se había metido.

—Es complicado, mamá—dijo Hermione después de un tiempo y añadió—: Iré a poner mis cosas en su sitio.


—Así que regresarás ahora.

Remus volteó a ver a Regulus, quien estaba sentado en una sillón roído y mohoso, y sonrió débilmente. El joven con el que había estado los últimos casi tres meses no tenía nada que ver con su fallecido hermano pero aún así habían logrado hacerse buenos amigos.

Y teniendo en cuenta que habían estado espiando toda la actividad de los mortífagos, que era casi inexistente, los desvelos, la comida agria que conseguían encontrar y el pasar tantas horas juntos, casi siempre en silencio, supuso que Regulus lo extrañaría.

—Dumbledore me pidió volver, ya lo sabes...—comenzó a meter sus roídas pertenencias en su baúl y miró de reojo al chico—: No me dirás que me extrañarás, Regulus.

—No jodas, Lupin, ahora podré dormir sin que tus ronquidos molestos toda la noche—replicó el aludido con un deje de molestia pero con una sonrisa. Miró el baúl de Remus con el ceño fruncido y lo comparó con el suyo: elegante y de los más finos materiales.— ¿Es qué no tienes un mejor baúl, Lupin?

—¿Qué tiene de malo esto?—replicó él, viendo a su baúl con cariño ya que lo había acompañado a todos sus viajes a Hogwarts—: Funciona bastante bien.

—Toma—Regulus se levantó y colocó un saco de monedas encima del baúl. Remus, confundido, lo observó y frunció el ceño al ver de que se trataba. Tomó el saco y se lo regresó a Regulus rápidamente.—Lupin...

—No necesito de tu dinero, puedo apañármelas perfectamente...

Regulus le aventó el saco de monedas en peno pecho y se alejó mientras Remus lo miraba con curiosidad.

—Regulus, yo no...

—Te oí, ¿vale?—Regulus comenzó a andar de un lado a otro en la pequeña choza sin mirarla a la cara—: El asunto es que necesito saber que regresarás bien, Lupin, no puedo arriesgarme a que Dumbledore me eché en cara que no pude cuidarte, ¿bien? Y ni se te ocurra regresarme el dinero porque te lanzaré un maleficio y créeme que he aprendido unos cuantos bastantes malos.

—Gracias Regulus.

El aludido lo alzó su mirada del suelo y lo miró fijamente.

—No me lo agradezcas, maldita sea, solo vete.

Lupin asintió con la cabeza, se colocó su abrigo junto con la bufanda y tomó su baúl con su mano; al abrir la puerta se giró a Regulus para despedirse de él con una cabezada.

—Espera...

—¿Qué sucede?

—Prométeme que no le dirás a Her...Granger en donde estoy—Regulus frunció el ceño—: Prefiero que no sepa en donde estoy. ¡Prométemelo, Remus!

El nombre del hombre lobo causó un silencio en la choza en donde Remus y Regulus se miraban fijamente en cada extremo de la habitación.

—Lo haré—La voz de Remus salió rasposa y grave—: No le diré nada a Hermione sobre en donde estas.


El número doce de Grimmauld Place parecía aún más tétrico que nunca, o al menos, a Hermione le pareció así. Se ajustó su bufanda con los colores de Gryffindor y comenzó a avanzar a la puerta que aparecía mágicamente.

Al abrir la puerta de la vieja mansión le parecía que todo estaba cada vez más sucio y polvoroso; sintió la adrenalina correrle las venas al pensar en que Regulus estaría en algún lugar de la casa y cerró la puerta.

—¿Quién anda allí?—La voz de Remus Lupin, baja y clara, resonó en las paredes de la casa.

—Soy yo, Hermione—la chica respondió en voz baja recordando que la Sra. Black se ponía a bravear cada vez que alguien alzaba la voz.

La figura de su antiguo profesor, alto y cansado, la sorprendió al darse cuenta que tenía la varita alzada.

—¿Cómo te diste cuenta que era un licántropo?—le preguntó sin bajar la varita.

—El profesor Snape nos dejó un trabajo acerca de ellos al faltar usted y me di cuenta al unir todas las fechas en las que faltaba o se sentía mal.

Remus bajó la varita y sonrió.

—Siempre he dicho que eres la bruja más brillante de tu generación, Hermione.

—Gracias, profesor Lupin—Hermione lo miró ansiosa y preguntó mirando a su alrededor—: ¿Está Regulus por aquí?

—Es Remus, Hermione, ya no soy tu profesor—le recordó Remus y su mirada se ensombreció—: Vamos a la cocina, Hermione, tengo algo que decirte.

La chica lo obedeció y siguió a su antiguo profesor sintiendo que su estómago se estrujaba por la expectación de sus palabras. Algo no marchaba bien. Lo notaba por como Remus no la había mirado a la cara al decirle lo último y sospechaba que tenía que ver con Regulus. El hombre lobo le ofreció una cerveza de mantequilla que la chica tomó inmediatamente y lo miró con una ceja alzada.

—Solo dilo—La voz de Hermione era silenciosa y neutral.

Remus suspiró pesadamente y la miró a la cara.

—Es Regulus...

—¿Le pasó algo?—saltó la chica inmediatamente—: ¿Está enfermo o qué?

—No, no, ¡Por Merlín no! Él va a ausentarse por un tiempo.

—¿Qué?—Hermione sintió como algo frío y pesado le caía en su cuerpo. Inmovilizándola y dejándola sin fuerzas; tomó un trago de cerveza de mantequilla y se sentó en un taburete, derrotada.—¿Cómo... cómo lo sabes? ¿E-él te lo dijo?

—No, no...—Remus volvió a suspirar y miró a la joven que tenía enfrente de él con simpatía. No supo que le había poseído en ese momento para prometerle a Regulus que no le diría a ella en donde estaba. No, sí lo sabía, era amistad. La misma que la tenía cuando hacía la vista gorda hacia las travesuras de James y Sirius en Hogwarts—: Hermione, solo quería que lo supieras.

La chica miró la botella en sus manos, confundida, y volvió a alzar su mirada a Remus.

—No entiendo, ¿por qué no se despidió de mí?—Le dió otro trago a la cerveza de mantequilla que le supo amargo—: ¿Cuándo volverá?

La mirada que le entregó Remus hizo que algo en ella muriera; como si fuera a decirle algo que la haría derrumbarse enfrente de sus ojos.

—No lo sé.


El regreso a Hogwarts fue peor de lo que jamás se imaginó y solo la esperanza de encontrarse con Harry, Ginny e inclusive Ron, hicieron el trayecto más pasajero. El resto de las vacaciones las había pasado enterrada en una montaña de libros que poco feliz hizo a su mamá, quien seguía pensando en que debía regresar con Regulus a pesar de sus pocas esperanzas y silencios hoscos por parte de ella.

El día estaba maravillosamente despejado cuando bajó por el sendero del castillo y miró como en la casita de Hagrid salía humo por la chimenea. Decidió que visitar a el semigigante sería una distracción hasta que llegaran sus amigos.

Después de varias horas de charla entre Hermione y Hagrid, en donde ella comentaba todas las cosas que había leído y podía aplicar en sus futuras clases, la chica se despidió al ver por la ventana que comenzaba a oscurecer. Hagrid la acompañó y se quedó con Alas Marchitas viéndola marchar al castillo.

—¡Harry! ¡Ginny!

Harry,Ginny y Ron voltearon a verla caminar a ellos con la cara sonrosada y la capa volandole por la velocidad que llevaba la chica al trotar.

Regresé hace un par de horas, he ido a visitar a Hagrid y a Buck— quiero decir Witherwings— continuó ella jadeante. —¿Pasaron una buena Navidad?

Miró por el rabillo como Ron se apresuraba a responder pero ella lo ignoró rotundamente. Si quería hablar con ella debía de disculparse por haber sido un cabrón insensible. Recordó de pronto la nota que le había dado Hagrid, de parte de Dumbledore, para que a su vez se la pasara a Harry.

—Tengo algo para tí—dijo Hermione, mirando a su amigo—: Eh... la contraseña es Abstinencia.

—Exactamente— dijo la Señora Gorda, con una voz débil, y se balanceó para revelar el agujero de retrato.

—¿Qué sucede con ella?— preguntó Harry.

—Se excedió durante la Navidad, por lo visto— dijo Hermione, recordando lo que había oído al llegar y dejar su baúl—. Ella y su amiga Violeta bebieron vino todo el camino desde el cuadro de los monjes hasta el pasillo de Encantamientos.

Ella revolvió en su bolsillo durante un momento, luego sacó una voluta de pergamino con la escritura de Dumbledore en él y se lo entregó a su amigo.

—Genial— dijo Harry y lo desenrolló para mirar a su amiga después—: Tengo muchas cosas para decirte. Vamos a sentarnos...

Pero en aquel momento hubo un chillido fuerte de "¡Won-Won!" y Lavender Brown vino precipitadamente de la nada y se arrojó a los brazos de Ron. Varios espectadores rieron disimuladamente; Hermione dio una risa un tanto exagerada. Ron parecía miserable en los brazos de Lavander y aquello parecía justicia divina.

—¿Vienes Ginny?—preguntó Harry y Hermione giró la cabeza rápidamente; su amigo no pareció darse cuenta de ello ya que miraba a Ginny fijamente.

—No, gracias, tengo que ir con Dean— dijo Ginny, no muy entusiasmada. Abandonando a Ron y a Lavender que estaban con los brazos entrecruzados, Harry condujo a
Hermione a una de las mesas.

—¿Entonces, como estuvo tu Navidad?— le preguntó Harry, todavía mirando como Ginny se iba por el rabillo del ojo.

Horrible, miserable, un asco.

—Ah, bien—Se encogió de hombros. —Nada especial. ¿Que era eso de Won-Won?

Tuvo que suprimir la sonrisa y ponerse seria para fingir que todavía seguía igual de enojada con Ron que hace un mes. Realmente si el pelirrojo se disculpaba ella también reconocería sus errores y volverían a hacer amigos. Pero eso todavía no había pasado.

—Te lo diré en un minuto— dijo Harry. —Mira, Hermione, ¿no puedes...?

Sabía que significaba ese "¿no puedes..?" de Harry y lo interrumpió antes de que terminara la frase.

—No, no puedo— dijo ella rotundamente. No era ella la que había sido un cabrón insensible; Ron debía de hacer el primer paso, no ella.—No preguntes.

—Pensé tal vez, ya sabes, durante Navidad...

Ella volvió a interrumpirle, impaciente.

—Era la Señora Gorda quien bebió una tina de vino de quinientos años, Harry, no yo. ¿Entonces, cuáles eran esas importantes noticias que querías contarme?

Harry dejó de insistir al ver la ferocidad y tenacidad de Hermione en ese tema y le contó todo lo que él había oído por casualidad entre Malfoy y Snape. Cuándo él terminó, Hermione se quedó
pensando durante un momento y luego dijo:

—¿No piensas que..?

—¿...él pretendía ofrecerle ayuda de modo que él pudiera engañar a Malfoy y descubrir lo que planeaba?—terminó Harry por ella y Hermione lo miró asombrada y después comprendió. Debió de habérselo comentado al Sr. Weasley mientras estaba en la Madriguera y este le había convencido de lo contrario.

—Pues, sí— dijo Hermione convencida de que la fe ciega de Dumbledore a Snape debía de tener un enorme peso de valor y por ello ella también confiaba en él, a pesar de ser un hombre desagradable y taciturno.

—El papá de Ron y Lupin piensan igual— dijo Harry de mala gana. —Pero esto definitivamente prueba que Malfoy está planeando algo y no puedes negar eso.

—No, no puedo— reconoció despacio y se acordó de Regulus inevitablemente. Tal vez Harry tenía razón y Malfoy estaba bajo las órdenes de Voldemort. El pensamiento la hizo sentir pena por su compañero a pesar de todo el desprecio que el rubio siempre había sentido a ella.

—¡Y él actúa bajo las órdenes de Voldemort, tal como dije!—continuó Harry, obsesionado con el tema.

—Hmm, ¿realmente mencionaron ellos el nombre de Voldemort?

Harry frunció el ceño, tratando de recordar.

—No estoy seguro... Snape definitivamente dijo "su maestro", y ¿quién más sería el?

—Tal vez tengas razón, Harry...—admitió ella a regañadientes y Harry la miró asombrado.

—¿Qué?, ¿estás en serio, Hermione?

—Sí, es decir, odio pensar en esto, pero...—Se detuvo y miró a Harry con el ceño fruncido.

—¿Qué cosa?

—A R-regulus le pasó lo mismo...—explicó ella, nerviosa e incómoda de tocar el tema del joven Black con Harry pero este parecía bastante interesado, y prosiguió—: Lo reclutaron cuando era muy joven, ya sabes, por ser el heredero de los Black después de que Sirius se fuera, y Voldemort le hacía encargos personales...

—Eso tiene sentido—Harry se levantó del sillón, demasiado eufórico por lo que le había dicho Hermione, y comenzó a caminar de un lado a otro—: ¿Recuerdas que lo vimos en el callejón Knockturn en la tienda de Borgin y Burkes? Malfoy estaba allí y apuesto lo que sea a que tiene que ver con Vol...

—¡Harry!—le reprendió Hermione mirando a su alrededor—: No hables tan alto, pueden escucharte.

Harry volvió a sentarse y le cuchicheó a Hermione.

—Malfoy le había dicho a Borgin que necesite que le guarde algo y apuesto a que lo amenazó con la Marca... ¿Y si tiene que pasar alguna prueba para ser la mano derecha o algo?

—No lo sé, Harry—La cabeza de Hermione daba vueltas ante las conjeturas de su amigo—, creo que ni Malfoy es capaz de ser tan...

—¿Malvado?—completó Harry con una sonrisa y ambos se echaron a reír como si todo estuviera completamente normal allá afuera. —Veremos quién tiene razón... Ah sí, me peleé con Rufus Scrimgeour también...

Y el resto de la tarde la pasaron ambos hablando del Ministro de la Magia, tanto Hermione, como Ron, pensaron que
después de todo lo que el Ministerio dijo sobre Harry durante el año anterior, ahora estaban muy nerviosos para
pedirle ayuda. Y no era para menos, Harry Potter se había convertido en el Elegido y con ello la cara del movimiento AntiVoldemort.


—¿Hermione, estás despierta?—La suave voz de Ginny se coló en los oídos de la aludida y abrió los ojos, desorientada.

—Lo estaba—replicó, molesta, y se giró a la derecha, en donde Ginny estaba sentada en su cama.—¿Qué sucede, Gin?

Ginny se levantó y se sentó en la orilla de la cama de Hermione como respuesta, la castaña la miró preocupada, cerró las cortinas de dosel e iluminó la pequeña cama con un encantamiento.

—Bien, ¿quieres hablar de ello?—preguntó Hermione en un susurro ya que sus compañeras dormían y no quería despertarlas.

—¡Muffliato!—susurró la chica y Hermione la miró confundida: jamás había oído hablar de ese hechizo.— Boquea los sonidos; Harry se lo enseñó a los gemelos estas navidades, al parecer estaba en uno de sus libros...

—¡Ése condenado libro!—exclamó Hermione, enojada—: Podría haber sido un encantamiento peligroso...

—Hermione, voy a terminar con Dean.

La aludida se calló y miró a Ginny con sorpresa.

—¿Qué?

Ginny se retorció incómoda y suspiró.

—No lo sé, mi relación cada vez es peor...

—¿No lo estarás haciendo por Harry?—sospechó Hermione, mirándola fijamente y cuando Ginny rehuyó su mirada le recriminó—: ¡Ginny!, no deberías hacerlo por él, es decir, ¿estás segura de que a Harry le gustas?

—Maldito Harry Potter, me confunde tanto Hermione...—Dejó escapar un gruñido y la miró—: ¿Crees que tenga algún chance?

Hermione sonrió.

—Sí lo creo, pero no sé si Harry lo intentaría...

Ginny suspiró y dejó caer su cabeza en la cama.

—Y tú, Hermione... ¿hasta cuándo volverás a hablarle a Ron? ¿O mejor dicho, Won-Won?

—¿Qué significa eso de Won-Won?—inquirió Hermione, recargando su cabeza en su mano y mirando a Ginny, mientras ésta intentaba ahogar una risita.

—Lavander le envió un horrible collar a Ron que decía Won-Won...—Hermione soltó una carcajada y ambas se echaron a reír por varios minutos, hasta que Ginny se agarró el costado y añadió—: Debiste haber visto su cara: parecía a punto de vomitar.

Hermione volvió a reírse y Ginny se le unió hasta que las dos terminaron saliéndoles lágrimas. La castaña no recordaba desde cuando había reído de esa manera: libre y sin preocupaciones.

—Gin...

—¿Si, Hermione?

—Fui a Grimmauld Place en vacaciones...

Ginny se incorporó rápidamente y la miró con los ojos desorbitados por la sorpresa.

—¡Hermione, debiste mencionarlo! ¿Lo viste?, ¡por Merlín!, Hermione, ¡habla!

La aludida frunció el ceño al recordar su viaje a Londres .

—É-él no estaba, Ginny.

—¿Y no volviste a visitarle?—preguntó Ginny, confundida con la actitud de su amiga—: ¿Qué pasó?

—Me encontré a Remus, ya sabes... vive allí, prácticamente—Sintió un nudo en la garganta formándosele pero intentó detenerlo—: Gin... él se fue.

Y eso fue suficiente para que la pelirroja comprendiera y viera como Hermione descargaba todas las lágrimas que se había negado a derramar en sus vacaciones navideñas; Ginny la abrazó fuertemente y la castaña se dejó consolar mientras lloraba.

—É-él...—musitó con la voz ronca mientras se separaba de Ginny—: él jamás me lo dijo, ¿sabes? Y no lo entiendo, es decir, se suponía que me quería, Ginny... Lo odio, ¿tanto le costaba despedirse? No me ha enviado ni una maldita carta.

—Oh, Hermione...

Hermione se limpió las lágrimas y la miró con tristeza.

—¿Y sabes que es lo peor? Que lo sigo queriendo cada vez más y más... No es justo.

Ginny la miró seriamente.

—¿Cuándo volverá?

—Esa es la peor parte, nadie lo sabe, ¡por Merlín!

—Oh, Hermione...

La aludida se volvió a acostar y abrazó su almohada.

—Lo extraño tanto, Ginny...

Ginny se acostó a su lado, apagó la luz de la varita y la abrazó por detrás.

—Lo sé, Hermione, lo sé...


Habían pasado varias semanas desde su derrumbamiento frente a Ginny y estado depresivo posterior. Trataba de convencerse que debía seguir adelante por Harry, ya que este cada vez más se acercaba a su destino.

Hermione pensaba en lo mucho que perderían con la guerra viniendo a la vuelta de la esquina y es por ello que trataba de guardar aquellos buenos momentos juntos a sus amigos. Después de que Ron resultara envenenado por la bebida que le había entregado Slughorn, todo había vuelto a la normalidad entre ellos, o algo así.

Lavander y Ron, o como Hermione les gustaba llamarlos (maliciosamente) Lav-Lav y Won-Won, terminaron rompiendo ya que éste había preferido a Hermione por encima de su novia. Aquello hizo que la chica sintiera que era suficiente para perdonar a Ron y volver a ser amigos. Pero para las desgracias de los tres amigos, Harry también había quedado en la enfermería por el golpe de McLaggen, y así, perdiendo el partido de Quidditch.

El tiempo cada vez más pasaba más rápido, entre clases de Harry con Dumbledore, espiando a Malfoy usando a Kreancher y a Dobby, las pruebas de aparición y el que Harry se matara pensando en como abordar finalmente a Slughorn para encontrar el recuerdo.

Queridos Harry, Ron y Hermione

Aragog murió anoche. Harry y Ron, la conocieron y sabían cuán especial era. Hermione, sé que te habría caído bien.

Significaría mucho para mí si ustedes se pasaran por aquí en la noche para el entierro. Estoy planeando hacerlo al crepúsculo que era el horario favorito de ella en el día. Yo sé que no está permitido que salgan por la noche, pero pueden usar la Capa. Yo no se los pediría, pero no puedo enfrentar esto solo.

Hagrid.

—Mira esto—dijo Harry, dándole la nota a Hermione.

—Oh, Dios—dijo, leyendo deprisa y pasándosela a Ron para que la leyera quedándose cada vez más incrédulo. Sabía lo mucho que Hagrid amaba a Aragog, y por lo tanto, sería casi imposible no romperle el corazón al no ir.

—Mira— dijo furioso. —¡Aquella cosa dijo que nos iba a comer a Harry y a mí! ¡Dijo que era para ayudarse! ¡Y, ahora, Hagrid espera que bajemos allí y lloremos encima de su horrible y peludo
cuerpo!

"Ron y su maldita sensibilidad del tamaño de una cucharilla de té", pensó Hermione.

—No es sólo eso— dijo Hermione. —Él está pidiéndonos que dejemos el castillo a la noche y sabe que la seguridad es un millón de veces más estricta y en qué lío nos meteríamos si nos encuentran.

—Nosotros bajaremos a verlo antes del anochecer— dijo Harry, firme.

—Sí, ¿pero para qué?— dijo Hermione. —Nosotros nos arriesgamos mucho para ayudar Hagrid, pero a fin de cuentas, Aragog está muerto. Si fuera una cuestión de salvarlo...

—Yo tampoco querría ir— dijo Ron firmemente. —Tú no lo conociste, Hermione. Créeme, estando muerto estaremos mucho mejor.

Hermione vió como Harry volvía a tomar el pergamino y sabía que sonaría horrible, pero él no podía bajar. Sí, Hagrid era su amigo, pero no podían arriesgar su seguridad y menos ahora que Voldemort y los mortífagos estaban más cerca.

—Harry, no puedes pensar en ir—dijo Hermione, adivinando sus pensamientos—Es insensato, podrías ganarte una detención.

Harry suspiró.

—Sí, lo sé—dijo, derrotado. —Supongo que Hagrid tendrá que enterrar Aragog sin nosotros.

—Sí, él lo hará— dijo Hermione, mirándolo aliviada. —Mira, la clase de pociones estará casi vacía esta tarde, con nosotros haciendo nuestras pruebas ... ¡intenta ablandar a Slughorn un poco!

—Cincuenta y siete veces más afortunado, ¿no crees? —dijo Harry amargamente.

—Suerte—dijo Ron de pronto. —Harry, eso es… ¡tener suerte!

—¿Qué quieres decir?

Y Hermione lo comprendió: Felix Felicis.

—¡Usa tu poción de la suerte!

—Ron eso … ¡eso es!—musitó ella, asombrada—. ¡Claro! ¿Por qué yo no pensé en esto?

Harry los miró.

—¿Félix Felicis?


—No puedo creer que lo hayas besado finalmente—dijo Hermione, asombrada y mirando a Ginny con la boca abierta—: Es decir, sabía que Harry te miraba diferente, pero eso fue...

—Absolutamente increíble—Ginny soltó una risa feliz y miró a Hermione con alegría—: Harry Potter es mi novio, oh Hermione, ¡él es mi novio! ¡Toma eso, Cho Chang!

Hermione río, feliz y alegre.

—¿Viste la cara de Ron?

—¡Eso fue lo mejor!

Ambas se echaron a reír pero dejaron de hacerlo cuando Ron bajaba del dormitorio de los hombres y se unía a ellas en la sala común. Era de noche y estaban comentando la reciente relacion de Ginny y Harry

—¿No han visto a Harry?

Hermione lo miró confundida.

—Pensé que estaba contigo...—En ese momento se abrió el rellano de la Señora Gorda y Harry entraba febrilmente—. Oh, allí esta, ¿Harry?

—Tengo que irme...—les dijo y miró a Ginny por varios minutos, vacilante, y volvió a observar a sus dos amigos—: Tienen que ver que esta haciendo Malfoy con el mapa... Estoy seguro que hará algo.

Harry subió a su dormitorio y volvió a bajar segundos más tarde con la capa invisible, una botellita de Felix Felicis y el Mapa del Merodeador. Le entregó los últimos dos y les dijo:

—Llamen al Ejército de Dumbledore, necesitamos vigilar a Malfoy y evitar que haga algo; repártense el Felix Felicis...

—¿Y tú?—preguntó Hermione, preocupada—: Tú lo necesitas más que nosotros.

—Estaré con Dumbledore—Sonrió Harry—, no necesito suerte.

Hermione se preguntó que había salido mal aquella noche; habían hecho lo que les dijo Harry: habían convocado al ED por medio de los galeones falsos (únicamente Luna y Neville habían ido), se habían repartido el Felix Felicis y vigilado a Malfoy.

Pero no contaban con algo: él había ingresado Mortífagos al castillo por un armario evanescente; todo lo anterior para poder matar a Dumbledore y cumplir su misión. Jamás se imaginó que de unos días atrás pudieran sentirse tan desamparados y solos.

Jamás imaginó que Albus Dumbledore moriría y menos a manos de Severus Snape. El siervo escondido había salido de su escondrijo para poder darle el golpe final. Y se preguntó si así sería de ahora en adelante. Si ahora estarían luchando mano a mano contra Voldemort y sus Horrocruxes.

Y aquél día, en el funeral de Dumbledore, se prometió a sí misma que jamás abandonaría a Harry, el niño que sobrevivió, el Elegido pero sobre todo, su mejor amigo, su hermano. Porque sus padres, Sirius y ahora Dumbledore lo habían abandonado y ella no podría hacerlo. De ninguna manera, lo acompañaría hasta el final.


¡Ta-chán! ¡Por fin terminé, y que capitulazo! Muchas gracias a los reviews de: MedianocheGlow12043, , Guest, natsu-hime12, Lefrance13, AikoUchiha, susan-black7, Anaid Rosero Belmont, Smithback y sirone aphrody. ¡Gracias, gracias, gracias por su paciencia y espero haberlas recompensado con este enorme capítulo!

Espero con ansias sus reviews que me hacen el regreso más rápido :)

Besos,

Mariana Masen.

Pd: ¡En el próximo capítulo veremos a Regulus!