Disclaimer: Todo le pertenece a JK. Rowling, la maravillosa creadora de Harry Potter, yo sólo escribo con fines creativos. Hay segmentos que no me pertenecen, sacados directamente del libro, y que sólo utilizo con propósitos de hilar la historia.


Capítulo 20: La Boda

por Mariana Masen


—¿Hermione?

—¿Si?

—Es hora de que bajemos, mamá está a punto de explotar.

Hermione se encontraba en la Madriguera mirándose al espejo críticamente. Su cabello, en ondas suaves, le caía en el escote que su vestido tenía en la espalda. Su vaporoso vestido lila, escogido nuevamente por su mamá, a juego con sus tacones hacían que la chica se viera sofisticada y estilizada.

Miró a Ginny con su vestido dorado y su cabello pelirrojo lacio y le pareció que su amiga nunca se había visto tan hermosa como en ese momento. Pensó en lo difícil que sería para Harry no despegar su mirada de la chica y cumplir el pacto que le había hecho a Ronald.

—Harry no dejará de mirarte todo el día, Gin—señaló Hermione mientras tomaba su bolsita de cuentas. —Hasta me atrevería a decir que es capaz de pedirte que bailes con él.

—¿Harry?—repitió Ginny incrédula y soltó un resoplido—, sí claro.

Salieron de la habitación de la chica y comenzaron a bajar los escalones para reunirse con el resto de la familia Weasley. Por las ventanas Hermione observó como empezaban a instalar la carpa en la cual se celebraría la boda.

—Oh, vamos Ginny, él también está afectado por todo esto.

—Lo sé—reconoció ella a regañadientes—, pero... ¿no le costaría ser más abierto con sus sentimientos? Después de que nos besamos por su cumpleaños no se ha vuelto a acercar.

—Sólo dale tiempo, Ginny, sabes que las cosas se han complicado...

—Sólo desearía que todo fuera diferente.

Hermione no tuvo oportunidad de responder porque en ese momento la señora Weasley las había llamado a ambas: a Ginny para que buscara a Gabrielle y a Hermione para que fuera con Fleur a darle la tiara que usaría en la boda. La tiara era hermosa y estaba fabricada con diamantes y piedras lunares, la chica supuso que sería una reliquia familiar.

—¿Fleur?—llamó Hermione y toco delicadamente la puerta; la francesa se encontraba rodeada de su madre y padre, los cuales la miraban embelesados y no era para menos: Fleur se veía como toda una veela con su sencillo vestido blanco que irradiaba una luz. Hermione parpadeó al quedarse ida por un momento y carraspeó, alargando su mano con la tiara—: La señora Weasley me mandó a entregarte la tiara.

Oh maman, c'est magnifique! —Exclamó la francesa al verla y se la colocó con cuidado en su cabello rubio. —Gacias, Eggmione.

La aludida sonrió al verla rodeada de sus padres y sintió unas ganas de llorar al acordarse del destino de sus padres. Sacudió la cabeza para evitar esos pensamientos y salió de la habitación silenciosamente. ¿Habré hecho lo correcto?, se preguntó angustiada pero no tuvo tiempo de ahondar más en eso cuando una voz la detuvo en el pasillo.

—¡Con que esta es la hija de muggles!—exclamó con desagrado una señora mayor ataviada en una túnica morada con un sombrero ridículamente adornado con plumas del mismo color que su túnica.

Hermione se quedó pasmada sin saber que decir y, para su alivio, la señora Weasley las interceptó en el pasillo.

—Hermione, ¿le diste la tiara a Fleur?—preguntó y ella asintió con la cabeza. La señora Weasley señaló a la señora y dijo:— Querida, te presento a Tía Muriel, tía ella es Hermione, amiga de Ronald.

Tía Muriel sólo frunció los labios, desaprobando su presencia, y Hermione sintió unas ganas terribles de escapar lo más pronto de la mirada que tía Muriel le daba.

—Será mejor que vaya con los demás—dijo Hermione y comenzó a caminar para el jardín pero escuchó claramente como tía Muriel le decía a Molly Weasley:

—¡Vaya, fíjate que mala postura tiene y qué tobillos tan flacuchos!

No alcanzó a escuchar lo que le respondió la señora Weasley y miró a lo lejos un grupo de hombres pelirrojos. Sonrió internamente al ver a Harry, claramente transformado por la poción multijugos, en un aspecto de un pelirrojo ligeramente más relleno.

—Al ritmo que van, se harán más ricos que cualquier otro miembro de la familia…—iba diciendo Ron pero se detuvo al verla caminar hacia ellos— ¡Vaya! ¡Estás espectacular!

La chica sintió sus mejillas enrojecerse levemente por el cumplido.

—Siempre ese tonito de sorpresa —se quejó Hermione, pero sonrió. Se había percatado que todo el verano Ron le había dados más cumplidos de los que jamás le había dado en todos sus años de amistad; aquello la ponía nerviosa ya que nunca había estado en ese plan con su amigo y no sabía como reaccionar. Los únicos quienes la habían elogiado y dado cumplidos habían sido Viktor y Regulus, el pensar en el último la hizo sentirse momentáneamente sola pero decidió concentrarse en el momento y meter a Regulus nuevamente en el fondo de su cerebro—: Pues tu tía abuela Muriel no opina como tú. Me la he encontrado en la casa cuando fui a darle la diadema a Fleur, y ha dicho: «¡Cielos! ¿Ésta es la hija de muggles?», y añadió que tengo «mala postura y los tobillos flacuchos».

—No te lo tomes como algo personal. Es grosera con todo el mundo —dijo Ron, tratando de hacerla sentir mejor.

—¿Estás hablando de Muriel? —preguntó George, que en ese momento salía con Fred de la carpa—. A mí me acaba de decir que tengo las orejas asimétricas. ¡Menuda bruja! Ojalá viviera todavía el viejo tío Bilius; te morías de risa con él en las bodas.

—¿No fue tu tío Bilius el que vio un Grim y murió veinticuatro horas más tarde? —preguntó Hermione, recordando la historia que Ron les había contado en su tercer año.

—Bueno, sí. Al final de su vida se volvió un poco raro —concedió George con una sonrisa.

—Pero antes de que se le fuera la onda siempre era el alma de las fiestas — observó Fred—. Se bebía de un trago una botella entera de whisky de fuego, iba corriendo a la pista de baile, se recogía la túnica y se sacaba ramilletes de flores del…

—Sí, por lo que dices debió de ser un verdadero encanto —le cortó Hermione antes de que Fred terminara la oración mientras Harry reía a carcajadas.

—Nunca se casó, no sé por qué —añadió Ron.

—Eres increíble —comentó Hermione y río junto a los demás ruidosamente.

—Estás prreciosa.

Hermione sintió como el alma le caía a los pies y miró como Viktor Krum se encontraba frente a ella, sonriéndole, mientras le entregaba su invitación a Ron, quien lo miraba con mala cara.

—¡Viktor! —exclamó ella, y soltó su bolsito bordado con cuentas, que al caer al suelo dio un fuerte golpe y se angustió al pensar en cómo todo lo que había puesto en la mañana se había desorganizado. Se agachó ruborizada para recogerlo y balbuceó—: No sabía que… Vaya, me alegro de verte. ¿Cómo estás?

Bien, Hermione, va a pensar que no sabes ni hilar una oración, se regañó mentalmente mientras sentía los ojos de Ron fijos en su interacción. No pudo evitar sonrojarse ante la mirada del búlgaro, quien la veía como si fuera lo más interesante del mundo.

A Ron se le habían puesto coloradas las orejas. Tras leer la invitación de Krum, como si no creyera ni una sola palabra de lo que ponía, preguntó con voz demasiado alta:

—¿Cómo es que has venido?

—Me ha invitado Fleurr —respondió Krum arqueando las ceja.

—Iré a mostrarte tu asiento—se apresuró a decir Hermione, ansiosa, al sentir como Ron estaba a punto de decirle algo más. Sus dos amigos la miraron con sorpresa mientras que Krum le lanzaba otra sonrisa amplia.

—Creo que será mejor que me lleves a , Hermione.

Esa voz. Hermione comenzó a hiperventilar al sentir como una mano que conocía perfectamente, la tomaba de la cintura y la acercaba a él. Regulus Black se encontraba a su lado sonriendo de lado, como si nada hubiera pasado, mientras que los tres chicos se le quedaban viendo pasmados.

—¿Regulus?

—¿Cuándo volviste?

—¿Quién te invitó a la boda?

La última pregunta correspondía a Ron, quien fulminaba con la mirada como el joven había tomado a Hermione de la cintura con confianza. Demasiada confianza, pensó el pelirrojo enojado. Regulus sonrió y miró a Viktor con petulancia:

—Regulus Black— Alargó su mano para saludar al búlgaro, quien lo miraba con sorpresa—¿Tú eres...?

Viktor, confundido con la presencia del joven y la interacción que había tenido con Hermione, apretó la mano de Regulus y respondió:

—Viktor Krum, amigo de Errrmione y Fleurr.

Regulus miró a Hermione de reojo y, alzando las cejas, mencionó:

—Es extraño, Hermione nunca te ha mencionado.

Ron y Harry soltaron una risita y Hermione, recuperándose del shock inicial de la presencia del joven, se soltó del amarre que tenía Regulus y miró a Viktor, ignorando olímpicamente la mirada que le daba Regulus al sentir que ella se había separado de él.

—No le hagas caso, Viktor, será mejor que te enseñe tu asiento.

Grrracias, Errmione.

El búlgaro dejó que Hermione caminara frente a él y, antes de seguirla, miró hoscamente a Regulus, el cual aguantó las irremediables ganas de darle un golpe en la cara. Se sintió molesto al ver como Hermione se había ido con Krum y lo había dejado con sus dos amigos.

—Así que has vuelto, ¿eh?—dijo un pelirrojo de aspecto robusto haciendo que Regulus dejara de mirar por donde Hermione se había junto a Krum y lo volteara a ver. Había algo familiar en su manera de verlo y hablarle, con esa seguridad nefasta, como si ya lo conociera.

—¿Algún problema?—gruñó Regulus por respuesta y miró con una ceja arqueada a los dos chicos que tenía enfrente: —¿Y bien?, ¿me dirán en dónde voy a sentarme o tendré que adivinarlo?

El pelirrojo robusto se apresuró a caminar junto a él y con un gesto le indicó que lo siguiera.

—Te mostraré tu asiento.

Caminaron en silencio y al entrar a la carpa, notó con enfado que Hermione seguía hablando con Krum. Dejó escapar un ruido de exasperación y el otro joven lo miró con sorpresa.

—No vuelvas a hacerle daño—comentó mientras señalaba su asiento. Regulus lo miró confundido y cuando el pelirrojo hizo una seña hacia Hermione, Regulus cayó en cuenta de que se trataba de Harry Potter:— A Hermione, me refiero; quedó hecha trizas cuando te fuiste sin decirle nada.

—¿Alguien más sabe que estás aquí Potter?

Harry lo miró con sorpresa pero no dijo nada y se salió nuevamente de la carpa. Regulus se sintió incómodo al estar rodeado por extraños pero se conformó con mirar a Hermione, quien se había sentado en medio de sus tres amigos. El joven observó con detenimiento como su cabello había pasado de ser una semejanza a un arbusto para verse suave y sedoso. Pensó en como se sentiría hundir sus dedos en él y...

Parpadeó, tratando de enfocarse en lo que estaba pasando actualmente y sonrió torcidamente al ver como Remus Lupin y su sobrina, tomados de la manos, se sentaban al lado de él.

—No sabía que habías vuelto, Reg—mencióno Tonks y le enseñó su mano: tenía en el dedo anular un brillante anillo—Remus y yo nos hemos casado.

Remus lo miró tímidamente desde su lugar pero Regulus sonrió abiertamente.

—Nunca lo mencionaste, Remus—dijo Regulus y al ver que Remus abría la boca para responder, se apresuró a decir: —Me alegro por ustedes, Merlín sabe que estabas muriéndote por Remus.

Tonks río mientras entrelazaba sus manos con las de su esposo pero no dijo nada al ver como los Weasley entraban a la carpa, sonrientes y saludando con la mano a sus parientes; Molly llevaba una túnica nueva de color amatista con el sombrero a juego. Unos instantes después, Bill y otro joven pelirrojo, Regulus supuso que alguno de los numerosos hermanos Weasley, se pusieron en pie en la parte delantera de la carpa; ambos vestían túnicas de gala, con sendas rosas blancas en el ojal; uno de los gemelos soltó un silbido de admiración y se oyeron unas risitas ahogadas en la parte de atrás.

Comenzó a sonar una música que al parecer salía de los globos dorados y todos callaron, excepto Hermione, quien dejó escapar un sonido de sorpresa al mirar por detrás. Su mirada chocó momentáneamente con la Regulus y ella se ruborizó nuevamente antes de girar su cabeza al frente.

Los magos y las brujas emitieron un gran suspiro colectivo cuando monsieur Delacour y su hija enfilaron el pasillo; ella caminaba como si se deslizara y él iba brincando, muy sonriente. Fleur llevaba un sencillo vestido blanco que irradiaba un resplandor plateado y le sonrió nerviosamente al pasar al lado suyo.

—Damas y caballeros—Comenzó a decir un mago con una voz cantarina—. Hoy nos hemos reunido para celebrar la unión de dos almas nobles…


—¿Cómo se atreve a hablarme después de tantos meses sin saber nada de él?—le murmuró indignada Hermione a Ginny mientras miraba como Regulus felicitaba a Fleur y a Bill. El joven se veía ridículamente apuesto con su túnica negra de gala y desvió la mirada cuando los ojos grises de Regulus la miraban fijamente, otra vez.

—Oh, vamos Hermione, cómo si no estuvieras secretamente feliz de que él haya asistido a la boda—respondió Ginny con una sonrisa cómplice.

—Ese no es el punto, Gin—exclamó Hermione, enfadada—. No puede simplemente presentarse y hablarme como si nada hubiera pasado. Ni siquiera se despidió.

—Será mejor que nos sentemos con Harry y Ron, no parecen muy felices con el papá de Luna.

Las dos chicas caminaron hacia donde se encontraban los dos amigos los cuales aprovecharon su interrupción y buscaron una mesa para sentarse. El ambiente se sentía un tanto tenso y Hermione se sorprendió cuando Luna se levantó sola a bailar.

—¿Verdad que esa chica es genial? —comentó Ron sonriendo con admiración—. Siempre tan lanzada.

Pero la sonrisa se le borró rápidamente, porque Viktor Krum acababa de sentarse en la silla de Luna.

Oh, no, pensó Hermione al ver la cara de Ron pero Viktor, con el entrecejo fruncido, preguntó:

—¿Quién es ese hombre que va de amarillo chillón?

—Xenophilius Lovegood, el padre de una amiga nuestra —contestó Ron con tono cortante, indicando que no estaban dispuestos a burlarse del personaje, pese a la clara incitación de Krum—. Vamos a bailar —le dijo con brusquedad a Hermione, levantándose de sopetón y tendiéndole una mano a la chica.

Hermione aceptó su mano, sorprendida y aturdida, y los dos amigos se dirigieron a la pista de baile. Ron comenzó a bailar con ella, con las orejas sonrojadas, e inclusive le dio un par de vueltas.

—¿Cuándo aprendiste a bailar, Ron?—le preguntó Hermione con una sonrisa.

Ron hizo una mueca.

—Mamá nos obligó a todos a llevar clases de baile para que no la dejáramos en vergüenza.

Hermione soltó una carcajada y miró a su alrededor.

—¿Crees que Harry está seguro aquí?

—No creo que nadie sospeche que es uno de los tantos pelirrojos que han asistido a la boda, Hermione.

—Lo sé, pero aún así no he dejado de tener el presentimiento de que algo sucederá...

—¿Puedo?—interrumpió una voz y los dos chicos voltearon a ver a Regulus Black parado frente a ellos. Ron frunció el ceño al verlo parado con la intención de bailar con Hermione.

—No creo...

—Está bien, Ron—lo cortó Hermione y miró como su amigo miraba con odio a Regulus antes de darle la mano de Hermione a él.

—Estaré con Harry—dijo Ron mirando con cautela a Regulus, Hermione asintió con la cabeza y miró a Regulus con enfado.

—¿Era necesario esto?

Regulus la acercó más a él y la chica sintió como su corazón empezaba a latir más fuerte.

—No me gustaba la manera en la que él te estaba viendo—dijo Regulus mirándola fijamente.

Hermione se mordió el labio inferior, nerviosa.

—¿Estás celoso de Ronald? Sólo somos amigos.

—Él no quiere eso de tí, precisamente—dijo Regulus y su brazo, que estaba en la parte superior de su espalda, bajó lentamente hasta tomar su cintura con suavidad—. Te ves bien.

—¿Para esto has vuelto?—preguntó Hermione, incrédula—, ¿para decirme que me veo bien y que me aleje de Ron? Sí así lo es, honestamente, no debiste de...

Pero Regulus no la dejó terminar; con un rápido y ágil movimiento la acercó más hacia él y la besó. Hermione, sorprendida, se quedó parada sin saber que hacer pero después de unos minutos, le correspondió el beso. Sintió como toda su ansiedad y miedos se borraban con los labios de Regulus que la acariciaban de una manera lenta, como si quisiera hacerla recordar lo mucho que la deseaba y necesitaba.

Se separaron, jadeantes, y se miraron sin saber que decir. A su alrededor, las parejas seguían bailando sin prestarles atención, lo cual Hermione agradecía internamente.

—Vamos.

Y Hermione no protestó, se dejó ir con Regulus Black, el cual la tomó de la mano. En cuanto llegaron a una mesa solitaria y alejada de oídos y ojos curiosos, se sentaron ambos.

—Lo siento—dijo Regulus sin dejar su mano entrelazada con la de él—. Siento no haberte dicho nada en estos meses pero...

—¿Lo sientes?—repitió Hermione, indignada—. ¿Sabes lo humillante que fue enterarme por otra persona que te habías ido y que no me habías dicho nada?

—Lo sé y lo siento, Hermione—reconoció Regulus y jaló la silla para que quedará enfrente de él. —Lo siento, Hermione, fue un error y no volveré a dejarte. Lo prometo, no te dejaré sola otra vez.

Hermione sintió algo cálido al escuchar su promesa y, a pesar de que seguía enfadada por como Regulus había desaparecido sin decir nada, lo perdonó. Asintió lentamente con la cabeza y Regulus la acercó a él, poniéndola encima de su regazo para que sus rostros quedaran frente a frente.

—No vuelvas a hacerlo, Reg—murmuró Hermione y su aliento chocó con la boca de él.—Nunca.

Regulus pegó su frente a la de ella y musitó:

—Nunca.

Se quedaron un tiempo así, abrazados y con los ojos cerrados, disfrutando de la cercanía que no habían tenido en varios meses. Regulus sintió como una parte de él se sentía floja y libre al estar en los brazos de Hermione.

—Regulus...

—¿Si?

Hermione abrió los ojos y se encontró con sus ojos grises mirándola con cuidado.

—Hay algo que tenemos que hablar—comenzó a decir Hermione, vacilante—. Es sobre Harry...

Pero la chica nunca terminó la frase ya que en ese momento una figura enorme y plateada descendió desde el toldo hasta la pista de baile. Grácil y brillante, el lince se posó con suavidad en medio de una multitud de asombrados bailarines. Todos los invitados se giraron para mirarlo y los que se hallaban más cerca se quedaron petrificados en posturas absurdas. Entonces el patronus abrió sus fauces y habló con la fuerte, grave y pausada voz de Kingsley Shacklebolt:

—El ministerio ha caído. Scrimgeour ha muerto. Vienen hacia aquí.

Vienen hacía aquí. Vienen. La frase de Kingsley se repetía en su mente una y otra vez mientras se levantaba del regazo de Regulus, él cual había sacado su varita y se encontraba pálido.

Fueron momentos muy confusos, de una extraña lentitud. Regulus y Hermione comenzaron a caminar hacia donde se encontraba la pista de baile. Harry, Ron, ¿dónde están? Hermione miraba a todas direcciones y muchos magos y brujas se iban percatando de que había pasado algo raro; algunos todavía no habían apartado la vista de donde poco antes se había esfumado el felino plateado. El silencio se propagaba dejando un ambiente frío desde el punto en que se había posado el patronus.

—Tenemos que encontrarlos, Regulus—dijo Hermione mientras el joven seguía tomándola de la mano con firmeza. Él asintió sabiendo a quienes se refería Hermione.

Alguien gritó y cundió el pánico. ¿Dónde están, maldita sea?. Regulus y Hermione se lanzaron hacia la atemorizada multitud. Los invitados corrían en todas direcciones y muchos se desaparecían. Hermione se dio cuenta con un escalofrío que los sortilegios protectores que defendían La Madriguera se habían roto.

—¡Ron! ¡Harry! —chilló Hermione—. ¿Dónde están?

Se abrieron paso a empujones por la pista de baile, y Regulus vio que entre el gentío aparecían figuras con capa y máscara; entonces distinguió a Lupin y Tonks blandiendo sus varitas, y los oyó gritar:

—¡Protego!

—¡Harry! ¡Ron! —vociferaba Hermione, casi sollozando, mientras los aterrados invitados los zarandeaban. Regulus sujetó con más firmeza a Hermione mientras intentaba localizar a los dos magos y tomó su cabeza protectoramente al ver como rayos de luces pasaban por encima de sus cabezas.

De pronto aparecieron Harry y Ron con caras pálidas y miraron a Hermione con alivio. Hermione se abalanzó a ellos, despegándose momentáneamente de Regulus para abrazarlos.

—Tenemos que irnos—gritó Harry, el cual tenía su rostro real ya que la poción multijugos había dejado de actuar. Regulus volvió a tomar a Hermione del brazo y miró a los dos chicos que tenía enfrente.

—Tómense del brazo.

—¿Qué?—repitió Ron sin entender nada pero Harry lo tomó del brazo a él y a Hermione mientras veía como Regulus comenzaba a girar sobre sí mismo y a sentir la presión en el brazo. Cerró los ojos momentáneamente y oyó como los gritos de la boda se alejaban cada vez más.

—¿Dónde estamos? —se oyó la voz de Ron y Hermione abrió los ojos al sentir el suelo debajo de sus pies. No se había percatado de que estaba temblando hasta que Regulus la soltó.

—Bienvenidos al número 12 de Grimmauld Place—exclamó Regulus con sorna—: O como yo le llamo: mi casa.


¡Así es!, esto es una actualización después de cinco mil años en los que no había actualizado. Siento muchísimo la demora pero se me había borrado el capítulo y realmente me desanimó el seguir escribiendo esta historia. Pero siento esta necesidad de terminar mis historias de una vez y a esta no le queda mucho para que llegue a un fin.

¡Gracias por sus reviews!

Hasta la próxima (prometo que no pasarán años para esta próxima actualización) :)