Disclaimer: Todo le pertenece a JK. Rowling, la maravillosa creadora de Harry Potter, yo sólo escribo con fines creativos. Hay segmentos que no me pertenecen, sacados directamente del libro, y que sólo utilizo con propósitos de hilar la historia.
Capítulo 21: Grimmauld Place
por Mariana Masen
—¿Nos has traído aquí?—dijo Harry, incrédulo—. ¿Es que estás loco?, Snape podría entrar aquí.
—¿Severus?—repitió Regulus, confundido—. Él es la menor de mis preocupaciones Potter, por si no te has dado cuenta hay una docena de mortífagos persiguiéndote; además, yo sigo siendo el Guardián del Secreto, Dumbledore me nombró antes de que me marchara.
Ante la revelación de Regulus ninguno de los chicos protestó nuevamente y comenzaron a caminar hacia sala que se encontraba en la entrada. Ron y Harry se dejaron caer pesadamente sobre los sillones, los cuales soltaron una nube de polvo, mientras que Hermione encendía las luces. Regulus los miraba del otro lado con semblante serio sin saber que hacer a continuación.
—¡Homenum revelio!—exclamó Regulus, sobresaltado a Hermione pero no pasó nada. La chica conocía perfectamente el hechizo y se alegró de saber que eran los únicos que se encontraban dentro de la mansión Black. Harry y Ron lo miraron confundido.
—¿Qué se supone que tenía que demostrar ese hechizo? —preguntó Ron mirándolo con desconfianza.
—¡Ha hecho precisamente lo que yo pretendía! —refunfuñó Regulus mientras se sentaba en una butaca enfrente de Hermione—. ¡Es un hechizo para revelar la presencia de humanos y aquí sólo estamos nosotros!
—Eso es una buena señal, ¿no?—comentó Ron y miró como Harry hacía una mueca de dolor pero se abstuvo de decir algo. Hermione lo miró preocupada y corrió a su lado cuando el chico soltó un grito de dolor, Regulus se acercó también y miró con sorpresa como el adolescente se agarraba la frente y como su cicatriz de rayo se encontraba roja e inflamada.
—¿Qué era? —preguntó Ron acercándose a él—. ¿Lo has visto en mi casa?
—No; sólo he sentido su cólera. Está furioso…
—Pero podría estar en La Madriguera —insistió Ron, preocupado—. ¿Y qué más? ¿No has visto nada? ¿Has visto si atacaba a alguien?
Regulus rodó los ojos ante las preguntas necias del pelirrojo y notó como Hermione miraba a Harry asustada.
—No, no; sólo he notado la rabia que siente. No sabría decir…
—¿Otra vez la cicatriz? Pero, ¿qué está pasando? ¡Creía que esa conexión se había cerrado!
—Se cerró algún tiempo —masculló Harry y en su rostro podía leerse el dolor que tenía—. Creo que… que se abre otra vez cuando él pierde el control. Así fue como…
—¡Pues tienes que cerrar la mente! —chilló Hermione, histérica—. ¡Dumbledore no quería que usaras esa conexión, quería que la cerraras, por eso te hizo estudiar Oclumancia! ¡Si no, Voldemort puede ponerte imágenes falsas en la mente, acuérdate…!
—No creo que Potter quiera que el Señor Tenebroso haga eso, Hermione—la interrumpió Regulus y Hermione lo miró desafiante. Harry, detrás de ella, agradeció internamente que Hermione dirigiera sus temores hacia otra persona; Regulus ignoró el gesto molesto de la chica y se agachó hasta quedar frente a Harry, observando su cicatriz con cuidado—. Lo mejor será darte algo para el dolor, Potter...
No terminó porque Hermione había chillado nuevamente; Regulus se levantó inmediatamente y por inercia colocó a Hermione detrás de su cuerpo. El motivo del chillido de Hermione era la presencia de un patronus plateado que entraba volando por la ventana del salón y se posaba en el suelo delante de ellos, donde se solidificó y adoptó la forma de la comadreja que hablaba con la voz de Arthur Weasley.
—Familia a salvo, no contesten, nos vigilan.
Acto seguido, el patronus se disolvió por completo y Regulus se quedó mirando por un minuto el lugar en donde se había desvanecido. No sabía como sentirse ante la noticia pero una pequeña parte de él se alegró que Fleur no tuviera que llorar el día de su boda. Ron, a su lado, emitió un sonido entre gimoteo y gruñido y se dejó caer en el sofá; Hermione se sentó a su lado y le cogió un brazo.
—¡Tranquilo, Ron, están bien! —susurró, y él la abrazó, casi riendo de alivio.
Regulus los miró de reojo y los celos se volvieron a apoderar de él al ver la familiaridad y complicidad que existía entre los dos amigos. Sintió unas ganas de romper algo y se volvió a mirar la pared como si fuera lo más importante.
—Harry —escuchó como decía Ron con voz débil—, yo…
—Tranquilo, no te preocupes —repuso Harry, rápidamente —. Se trata de tu familia; es lógico que estés inquieto por ellos. A mí me pasaría lo mismo. —Hubo una pausa y el chico añadió—: A mí me pasa lo mismo.
—¿Regulus...?—lo llamó Hermione con voz suave y se dio cuenta que se había quedado viendo la pared mientras ellos hablaban. El joven volteó a mirarla y frunció el ceño ligeramente al ver como Hermione se veía ridículamente débil y pequeña en su vestido de gala, el cual había pasado de ser vaporoso y hermoso a tener polvo y unos hoyos, como si alguien hubiera tirado de ella.
—¿Si?
—¿Sabes que habitaciones podemos utilizar?—preguntó mientras se mordía el labio nerviosamente.
Regulus asintió con la cabeza y miró a los chicos que se encontraban frente a él; Ron parecía a punto de dormirse mientras que Harry estaba pálido y sudoroso. Regulus se acercó a un mueble, sacó una poción para el dolor y se la tendió a Harry, quien lo miró confundido.
—Es para el dolor—Aclaró Regulus y Harry la aceptó de mala gana. El chico la tomó entre sus manos y musitó:
—Voy al baño.
Salió rápidamente del salón y los demás lo miraron confundidos. Regulus frunció el ceño, pensando en como los dolores en la cicatriz de Harry eran inusualmente fuertes y extraños, sin duda se trataba de magia negra... ¿Sería posible? No, no creía que el Señor Tenebroso hubiera llegado tan lejos...
—...deberíamos comenzar a acomodarnos para dormir, Ron—iba diciendo Hermione mientras sacaba cosas de su bolsita de cuentas: pijamas y cepillos de dientes—. Ten, este es tuyo y este de Harry... ¿Crees que esté bien?
—No te preocupes, Hermione, tú sabes como son sus dolores de cabeza.
Regulus los interrumpió:
—¿Desde cuándo le ocurre esto a Potter?—E hizo un ademán para referirse a la situación. Hermione miró a Ron, quien se mostraba un tanto reacio a responder pero cedió ante la mirada de la chica:
—Empezó cuando estábamos en cuarto año pero no eran tan malas como las de ahora.
Regulus asintió con la cabeza.
—Las habitaciones del segundo piso están habitables, Kreacher se encargó de limpiarlas cuando llegué—mencionó Regulus y se acercó a Hermione—: ¿Vienes?
La chica miró a Ron nerviosamente y respondió vacilante:
—Mmm...
Pero su atención se desvió al ver como Harry salía del baño, viéndose ligeramente mejor. Regulus, entendiendo el dilema de Hermione, se retiró silenciosamente del salón y subió a las escaleras para ir a tirarse a su cama. Lo único que necesitaba era encerrarse y cerrar los ojos. Había sido un largo día...
Escuchó como alguien tocaba la puerta de forma vacilante y Regulus sonrió para sus adentros sabiendo con anticipación que se trataba de Hermione; no se equivocó, al abrir la puerta y verla con su pijama puesto, el cual consistía de un pantalón largo de pana y un suéter ridículamente grande y ancho que tenía una H en medio de él.
—¿Puedo pasar?—preguntó Hermione mirándolo fijamente y él como respuesta hizo un gesto con la mano para que entrara, ella entró y se quedó observando su recámara con atención. Parecía que alguien había hecho una gran labor de limpieza profunda ya que las paredes ya no tenían los recortes haciendo alusión a Voldemort, el mobiliario se veía brillante y la cama tenía un edredón nuevo.—¿Remodelaste?
Regulus se encogió de hombros y respondió secamente.
—Fue Fleur.
—Oh.
Se quedaron en silencio sin saber qué decir exactamente por un momento hasta que Hermione se atrevió a musitar:
—¿Puedo dormir contigo?
Regulus arqueó una ceja burlonamente.
—Vaya, directa al grano—Hermione se ruborizó al darse cuenta del doble sentido pero Regulus añadió—: Me gusta.
—No me refería a eso.
—¡Qué decepción!—fingió Regulus y la atrajo hacia sí; movió sus brazos hasta envolverla por completa y Hermione dejó escapar un sollozo.—Hermione...
Hermione soltó un suspiro y cerró los ojos momentáneamente, sintiéndose protegida en los brazos de Regulus.
—Será mejor que nos durmamos—Le susurró Regulus después de unos minutos de estar abrazados sin decir nada.
Hermione asintió con la cabeza y se separó suavemente de él; caminó hacia la cama sin saber en qué lado dormir pero no tuvo tiempo de decidir porque Regulus se metió al lado izquierdo. Sintiéndose ligeramente cohibida, se metió a las cobijas de la cama y agradeció internamente el que Fleur hubiera remodelado todo ya que las sábanas se sentían suaves pero al mismo tiempo le proporcionaban el calor adecuado.
Regulus se volteó a verla y sonrió de lado al verla al otro extremo de la cama con su cuerpo tenso sin moverse.
—¿Planeas dormir así toda la noche?—se burló Regulus y Hermione rodó los ojos, fingiendo que se encontraba molesta por la pregunta. El joven se acercó lentamente hacia ella y tiró su cuerpo hacia él. —Había extrañado esto.
—¿Esto?
—Tú sabes a qué me refiero, Hermione.
Hermione soltó un suspiro al sentir como Regulus depositaba un beso en su frente y cerró sus ojos, feliz, pero al mismo tiempo cansada después del largo día que había tenido. Parecía inverosímil que doce horas antes estuvieran en la Madriguera festejando el matrimonio de Fleur y Bill.
—¿Crees que estén bien?
La preguntó pilló de sorpresa a Regulus, quien se había entretenido con el cabello de Hermione; pensó en el Patronus con el mensaje que Arthur les había mandado y se sintió extrañamente aliviado de que nadie hubiera muerto. Quién lo diría.
—Lo están, me preocupa más lo que haremos con Potter y Weasley...
Hermione, tragó saliva, nerviosa, y se mordió el labio, indecisa de lo que diría a continuación. Sabía que le había prometido a Harry que no dirían nada de la misión que Dumbledore les había dado pero al mismo tiempo sabía que no podía ocultárselo a Regulus.
—Mañana hablaremos sobre ello.
Su voz sonó más segura de lo que había planeado y Regulus asintió y procedió a apagar las luces con un toque de su varita. Hermione sintió como el pecho de Regulus comenzaba a respirar de forma pausada y el latido de su corazón hizo que se quedara dormida rápidamente.
A la mañana siguiente, Hermione se despertó tarde, lo cual resultaba ser algo extraño para una persona que acostumbraba a levantarse diariamente a las seis de la mañana. Abrió sus ojos, lentamente, sintiéndose temporalmente confundida al estar en una habitación extraña hasta que lo recordó todo.
Oh.
Dirigió su mirada a un lado, en donde Regulus Black dormía pacíficamente con el cabello cayéndole frente a su rostro y la chica sintió una arrebato de cariño al ver su cara tan relajada, era extraño pensar que veinticuatro horas antes no sabía nada de él y ahora se encontraba en su cama con él.
¿Qué opinarían Ron y Harry de su relación con él? No eran tontos, había visto la mirada que ambos le dirigieron al verlo llegar inesperadamente en la boda y sujetarla de la cintura. Sus amigos podían llegar a ser un tanto controladores, en especial Ronald...
—Para.
Hermione se sobresaltó al escuchar la ronca voz de Regulus y lo miró con sorpresa, no se había percatado que Regulus había despertado.
—¿Perdón?
—Deja de pensar tanto, Hermione—le explicó Regulus, cerrando sus ojos nuevamente y acomodarse aún más en la cama.—Puedo escuchar como tu cerebro empieza a sobrecalentarse con tantos pensamientos. Debes relajarte un poco más.
—¿Relajarme?—Repitió Hermione, indignada—. ¿Crees que debo relajarme cuando estamos todos en peligro de muerte y los mortífagos están detrás de nosotros acechándonos? Es ridículo que me digas que...
Pero no terminó la frase porque Regulus la jaló hacia él y la besó en los labios de manera suave. Hermione al sentir la caricia cerró los ojos y movió sus manos hacia ambos lados de la cara de Regulus, sintiendo como se sentía un tanto áspera por la incipiente barba; cuando dejaron de besarse, ambos se quedaron mirándose en silencio por varios segundos.
—Buenos días—musitó Regulus en voz ronca y baja.
—Buenos...—dejó escapar Hermione un tanto turbada y tímida al sentir sus ojos grises mirándola intensamente, carraspeó y se despegó suavemente del agarre del joven. —Será mejor que bajemos a desayunar, Ron y Harry se preguntarán en donde estoy...
Regulus sonrió de lado pensando en lo furioso que estaría el pelirrojo si viera a Hermione salir de su recámara pero se abstuvo de decir algo. Miró como Hermione salía de la cama, se ponía sus zapatillas y abría la puerta para irse de manera rápida; sabía que la única forma en la que estarían juntos serían a escondidas de sus amigos y el sólo pensar que tendría que ocultar su relación lo hacía sentirse extraño.
Hermione cerró la puerta de la recámara de Regulus tras de sí y se topó de frente con Harry, el cual la miró con sorpresa y recelo en el rostro.
—¡Harry!
—¿Qué hacías en su recámara Hermione...?
—¿Yo...?—Hermione miró como Harry tenía en las manos un pergamino y una fotografía rota a la mitad—¿Qué es lo que traes en las manos?
—Es una carta...—Harry carraspeó nervioso y se la tendió a Hermione—: Es de mi madre, se la mandó a Sirius...
—Vaya—Hermione sostuvo la letra y una sensación de tristeza se apoderó de ella al pensar que tal vez esta era lo único que su amigo tenía perteneciente a su madre y que probablemente era la primera vez que veía su letra escrita.
Querido Canuto:
Muchas gracias por el regalo de cumpleaños de Harry. Fue el que más le gustó, con diferencia. Con sólo un año ya va zumbando en su escoba de juguete. ¡Se lo ve tan satisfecho! Te mando una fotografía para que lo compruebes. Imagínate, apenas levanta dos palmos del suelo y ya estuvo a punto de matar al gato y destrozó un jarrón espantoso que Petunia me envió por Navidad (lo cual no me importó nada). James cree que es un niño muy gracioso, claro; dice que será un gran jugador de Quidditch, pero de momento hemos tenido que esconder todos los adornos y asegurarnos de no perderlo de vista cuando coge la escoba. Preparamos una merienda muy tranquila para celebrar su cumpleaños. Únicamente estuvimos nosotros y Bathilda, que siempre ha sido muy cariñosa con todos y que adora a Harry. Nos entristeció que no pudieras venir, pero la Orden es más importante, y, de cualquier forma, el niño es demasiado pequeño para saber que es su cumpleaños. James se siente un poco frustrado aquí encerrado; intenta que no se le note, pero a mí no me engaña. Además, Dumbledore todavía conserva su capa invisible, de modo que no puede salir ni a dar una vuelta. Si pudieras visitarnos, James se animaría mucho. Gus vino el fin de semana pasado; lo encontré un poco desanimado, pero debía de ser por lo de los McKinnon (lloré toda la noche cuando me enteré). Bathilda nos hace compañía casi todos los días. Es una ancianita maravillosa y nos cuenta unas historias asombrosas sobre Dumbledore. ¡No sé si a él le gustaría enterarse! Me cuesta creer todo lo que dice, porque parece increíble que Dumbledore
—Que Dumbledore... ¿qué?—murmuró sin darse cuenta Hermione al terminar de leerla y darse cuenta que la carta estaba sin terminar; percibió como Harry, a su lado, asentía con la cabeza.
—Eso es todo, es como si alguien la hubiera cortado a propósito—Explicó Harry y le tendió la fotografía añadiendo—: También encontré esto.
Hermione sostuvo entre sus manos la fotografía en donde un Harry bebé entraba y salía montado en la escoba de juguete; sonrió nuevamente con tristeza al pensar en lo diferente que sería la vida de su amigo si sus padres no hubieran muerto.
—¿Y bien?—Harry la miraba expectante y Hermione le sonrió.
—Es increíble Harry...—La chica miró por detrás de él y frunció el ceño al ver como la habitación de Sirius, a diferencia de la de Regulus, se encontraba ridículamente desordenada. —¿Todo esto lo has desordenado tú, o ya estaba así?
—No, alguien ha desordenado este dormitorio antes que yo.
Hermione frunció aún más el ceño, confundida.
—Es extraño, las demás habitaciones parecen estar en perfecto estado, Regulus me dijo que Fleur había estado...
—Eso es... ¡Regulus!—exclamó Harry y, caminando hacia la puerta de Regulus, comenzó a pegarla—: ¡Regulus!
—¿Qué sucede, Harry?—preguntó Hermione, mirándolo como si se hubiera vuelto loco pero él la miró con los ojos abiertos sin dejar de tocar la puerta.
—Es él, Hermione...
—¿Él?
—RAB... Él es RAB, el de la carta...
—¿Qué demonios sucede Potter y por qué estás tocando mi puerta de esta manera?—Le espetó Regulus malhumorado al abrir la puerta de su dormitorio.
—¡Por Merlín!—exclamó Hermione, mirando a Regulus—: Eres tú, ¿cómo no pude verlo?
Regulus la miró con el ceño fruncido y después miró a Harry con una ceja arqueada.
—¿Qué está pasando?—Miró a Harry en busca de explicaciones pero este se había ido a las escaleras llamando a gritos a Ron. El pelirrojo apareció después de varios segundos, despeinado, y en pijama.
—¡Por las barbas de Merlín!, ¿qué está pasando Harry?—dijo Ronald mirando a sus dos amigos y después posar su mirada en Regulus, con desconfianza.
—Regulus... él es RAB—explicó Harry en un hilo de voz y su amigo abrió los ojos con sorpresa.
—¡Ya fue suficiente de esta tontería de RAB!—intervino Regulus, molesto—. Sí, mi segundo nombre es Arcturus, soy Regulus Arcturus Black, ¿y qué? ¿Por qué están actuando de esta manera?
—¿Dónde está el guardapelo?—preguntó Harry directamente y Regulus arqueó la ceja, sorprendido.
—¿Cómo es que lo saben?—Miró a los tres amigos y su mirada se posó en Hermione, quien se había quedado silenciosa y evitaba su mirada.—¿Tú lo sabías?
La pregunta era claramente dirigida hacia Hermione pero ésta se encogió de hombros.
—Sí, pero no es como tú lo piensas...—comenzó a decir ella lentamente y vió como Regulus hacía una mueca—. Te juro que te lo diríamos pero...
—¿Se lo ibas a contar?—exclamó Ron, indignado pero se calló al ver la mirada que la chica le dió.
Regulus trató de suprimir lo herido que se sentía de que Hermione tuviera secretos con él y se volvió hacia Potter.
—Y bien, ¿fuiste a la cueva?
Harry soltó un suspiro pesado y asintió con la cabeza.
—Fue la noche en la que...—Sintió la garganta seca y tragó saliva, intentado mantener su temperamento—: la noche en que Dumbledore murió; el relicario tenía adentro tu nota pero nunca pensé que tú serías RAB hasta ahora.
—Cincuenta puntos a Gryffindor—dijo Regulus en tono aburrido—: ¿Y bien...? ¿Piensan contarme qué hacías con Dumbledore en la cueva o tendré que quedarme viendo como tres adolescentes arriesgan su vida sin saber en qué se metieron?
—Regulus...—lo llamó Hermione lentamente y el aludido volteó a mirarla, molesto—: ¿Alguna vez has escuchado qué es un Horrocrux?
Un recuerdo le invadió la mente al escuchar la palabra: tenía dieciséis años y acababa de ser marcado por el Señor Tenebroso para formar parte de sus mortífagos; estaba en la biblioteca de Hogwarts, orgulloso de haber sido elegido y quería ser el mejor. Como siempre lo había sido: el hijo perfecto, el estudiante perfecto y ahora uno de los mortífagos más jóvenes; por ello se había metido a la biblioteca en busca de hechizos que lo hicieran ser el mejor... Sus ojos recorrían con avidez los libros que tenía frente a él, algunos eran de la Sección Prohibida, pero el ser prefecto le daba ventajas que otros estudiantes no tenían; abrió uno de los libros: Los secretos de las artes más oscuras, en donde la palabra Horrocrux estaba tachada encima, como si alguien hubiera querido borrar el rastro de eso. Regulus, aburrido, pasó las páginas sin prestarle mucha atención hasta llegar a los hechizos que a él le interesaban.
—... había un libro en la biblioteca—musitó Regulus, perdido en sus pensamientos—: Lo leí cuando estaba en Hogwarts pero no le presté mucha atención.
Levantó su mirada y observó como los tres amigos se miraban entre ellos, indecisos, como si mantuvieran un diálogo en silencio. Harry soltó un suspiro cansado y miró a Regulus a los ojos: sus ojos verdes se veían cansados, como si lo único que quisiera el chico es irse a dormir.
—Será mejor que bajemos al comedor por una taza de té, será una larga historia.
—¿Estás diciendo que el señor Tenebroso no sólo logró hacer un Horrocrux sino que hizo seis?—preguntó Regulus, echando su cabeza hacia atrás y mirando a Potter, Weasley y Hermione con asombro.
—Sí, Dumbledore ya ha destruido dos, nos faltan cuatro—Harry tomó un trago de su taza y lo miró seriamente—: El guardapelo es uno de ellos, ¿dónde está?
—Sabía que era un objeto oscuro pero jamás me imaginé que se atrevería a hacer algo como esto—comenzó a decir Regulus lentamente—El señor Tenebroso me lo dió, pensé que era un objeto maldito pero nunca un Horrocrux; esto va más allá de todo...
Hermione sintió una ola de comprensión hacia Regulus y sin importarle, por primera, lo que pensarían sus dos amigos, le apretó la mano por encima de la mesa; el joven al sentir su mano la miró sorprendido pero no dijo nada.
—Ejem...—intervino Harry, incómodo, al ver la interacción de ambos—. Y bien, ¿me darás el Horrocrux para destruirlo?
Regulus lo miró con enfado.
—¿Sabes como destruirlo?
—No pero...
—Hasta que halles la forma de destruirlo te lo daré—respondió Regulus, sonriendo de lado—: Hasta entonces lo mantendré a salvo.
—¿Cómo sabré que sí me lo darás después?
—Tómalo o déjalo, Potter.
Harry dudó un momento pero al final cedió.
—Bien, pero si nos haces una mala jugada Regulus...
—No lo haré.
Ron, quien se había mantenido callado en el intercambio, soltó un resoplido de incredulidad.
—¿Algún problema, Weasley?—preguntó Regulus lentamente y soltó la mano de Hermione.
—Sí, lo hay—respondió Ron, enojado—: No eres de fíar, sigues siendo esa serpiente venenosa que...
—¡Ron...!
—... sólo quieres regresar con tu amo para darle toda la información que te hemos dado.
Regulus sonrió torcidamente.
—Por si no lo has notado Weasley, estamos en mi casa y si quisiera traicionarlos ya lo hubiera hecho.
Ron se levantó de la silla de un tirón y Regulus lo imitó, mirando cautelosamente como el chico se metía la mano en su bolsillo, seguramente en donde tenía su varita.
—¿Y tú qué?—le espetó a Hermione, furioso—: ¿Crees que alguien como él va a cambiar...?
—Te lo advierto Weasley, no tientes mi paciencia.
Pero Ron lo ignoró olímpicamente y siguió vociferando.
—¡Es el enemigo, Hermione! ¿Crees que un sangre pura como él va a pasar por alto que tú...?
Hermione lo miró con ojos llenos de furia.
—¿Qué yo sea qué, Ronald?—Su amigo la miró avergonzado, con sus orejas coloradas—. ¿Con una sangre sucia como yo?
—Hermione, yo no me refería...
—Pero lo hiciste.
Ronald intentó acercarse a ella pero Regulus se interpuso en el camino.
—Es suficiente, Weasley, déjala en paz.
—¡Tú no vas a decirme qué hacer, mortífago! Sólo quieres aprovecharte de ella y la dejarás como lo hiciste antes... ¡Aléjate de e...!
Pero no terminó de decir la frase porque Regulus sacó su varita y ambos soltaron se apuntaron mientras gritaban:
—¡Impedimenta!
—¡Desmaius!
—¡Protego!
El último fue lanzado por Harry e hizo que los dos fueran lanzado hacia atrás creando una barrera protectora entre los dos. Regulus miró con odio a Ron, quien seguía en el suelo. ¿Cómo se atrevía a hablar a decirlo lo que podía o no podía hacer?
—Es suficiente—gritó Harry con la varita en alto—. No podemos pelearnos, tenemos una misión.
—Díselo a tu amigo, Potter—escupió Regulus con odio.
—¡Maldito hijo...!
—¡Ron, es suficiente!—dijo Hermione desde el lado en donde estaba Regulus—. Él no ha hecho nada más que ayudarnos con esto y ofrecernos su casa...
—Pero eso no es todo lo que él quiere, ¿verdad?—respondió Ron con tono venenoso. —Te quiere a tí.
Un silencio se interpuso en el comedor y Hermione soltó un sonido de sorpresa, sin poder creer lo que su amigo le estaba diciendo.
—¿Y qué si lo hago?—respondió Regulus, tomando a Hermione de la cintura—: El que tú hayas sido tan cobarde para nunca decirle nada no significa que yo tenga que hacer lo mismo...
—¡Basta!—gritó Hermione y se soltó del amarre de Regulus—: Es suficiente, son unos idiotas.
La chica hizo un movimiento con la varita y deshizo el Protego que Harry había hecho para salir del comedor rápidamente; Regulus miró a los dos chicos con el ceño fruncido y la siguió. En cuanto abandonó el lugar, Harry miró a Ron de forma acusatoria.
—¿Qué?—preguntó éste, malhumorado.
—Tienes que disculparte con Hermione, Ron—dijo Harry, cruzado de brazos—. Te has pasado de la raya...
Ron revolvió su cabello con una mano, enfadado consigo mismo.
—Lo sé, perdí el control pero estoy hasta la coronilla de convivir con ese mortífago...
—Dumbledore confiaba en él además que ha probado su lealtad, Ron.
Y con esas palabras Harry salió del comedor también, dejando a su amigo pelirrojo pensativo.
—¿Hermione?
—¡Déjame en paz!, no estoy de humor.
Regulus recargó su frente en la puerta de la recámara en donde la chica se había instalado, frustrado.
—Abre la puerta...
—¡Quiero estar sola!
—Y yo quiero hablar contigo...
—¡Vete...!
Regulus resopló y no dándose por satisfecho con la respuesta de la bruja, abrió la puerta de la recámara con un giro de su varita. Hermione, quien se encontraba sentaba sobre la cama, saltó sobresaltada apuntándole con su varita.
—¿Es que has perdido la cabeza?—le gritó la chica, sobresaltada—. ¡Te he dicho que quiero estar sola!
—Y yo quiero hablar contigo—respondió Regulus con calma y entró a la recámara, cerrando tras de sí la puerta.
Hermione frunció el ceño y volteó su rostro hacia el otro lado de la pared, evitando así mirarlo.
—Él es un idiota...
—No quiero escucharte en este momento...
—Yo...—Regulus la tomó del hombre y la forzó a que lo mirara a los ojos—. Él se equivoca, Hermione; tú sabes como me siento sobre tí...
—¿Realmente lo sé?—dejó escapar Hermione en un hilo de voz—. Porque honestamente no sé que es lo que quieres de mí, a veces pienso que tenemos algo cuando estamos juntos pero después desapareces por meses y no sé nada de ti.
—Esto no es fácil para mí, tampoco—admitió Regulus—. Nunca tuve una relación cuando estaba en Hogwarts, todo esto es nuevo para mí también. Maldita sea, me estoy enamorando de tí, Hermione y estoy jodidamente asustado de que pueda pasarte algo porque eres lo único que me importa, no tengo a nadie más.
—Regulus...
—Así que no te atrevas a decir que no estoy lo suficientemente interesado en tí porque lo estoy; odio sentirme incapaz de cuidarte y alejarte de esta maldita guerra cuando no tienes nada que ver con todo esto.
Hermione levantó sus brazos y lo envolvió en un abrazo mientras le susurró en el oído:
—No tienes que preocuparte por mí, Regulus; todo estará bien.
—Creo que debemos de ir a Godrics Hollow—volvió a decir Harry por décima vez mientras estaban en la biblioteca buscando por algún hechizo que les ayudara a destruir el horrocrux. Hermione lo miró por encima de una pila de libros y negó con la cabeza sin responderle nada. Ron, en cambio, miró seriamente a su amigo.
—¿Estás seguro, Harry?
—Sí, llevamos una semana encerrados aquí leyendo todo y no hemos encontrado nada. Estoy seguro que hay una pista allí, lo presiento; Dumbledore hubiera querido que fuera...
—Dumbledore es un viejo que les dejó una misión sin instrucciones de ningún tipo—lo interrumpió Regulus, quien se encontraba apartado del trío, sentado en una butaca leyendo un libro.— Sería una misión suicida que fueras allí, es el tipo de cosas que el Señor Tenebroso espera que hagas.
—Vol...
—¡No digas su nombre!—gritó Ron y todos los miraron confundidos—. Creo que no deberíamos decir su nombre.
—Tenerle miedo a un nombre sólo incrementa su poder—musitó Harry serenamente.
—Lo sé, pero aún así deberíamos de mostrar algo de respeto y...
—¡¿Respeto?!—exclamó Harry, incrédulo—. ¿Estás hablando en serio, Ron?
Regulus rodó los ojos desde su lugar e intervino antes de que Potter y Weasley volvieran a pelear nuevamente. Sabía que estar en una casa encerrado con tres adolescentes recién mayores de edad tendría complicaciones de este tipo, sin embargo, resultaba ridículo el número de discusiones que los dos amigos habían tenido últimamente.
—Weasley tiene razón, Potter—dijo Regulus, en tono aburrido. Los dos chicos voltearon a verlo con sorpresa, ya que el odio que Regulus le tenía a Ron era algo evidente para todos los presentes, por ello era algo insólito que Regulus le diera la razón al pelirrojo; inclusive Hermione, quien se había mantenido alejada de la discusión, lo miró estupefacta detrás de la pila de libros que tenía.— Será mejor que dejes de usar su nombre porque puede tener algún tipo de maleficio consigo. Al menos en la guerra pasado se usaba un hechizo para que los mortífagos se aparecieran cuando alguien decía el nombre del Señor Tenebroso.
—Vaya...—Soltó Harry, a regañadientes y se dejó caer en el sofá con pesadez.— Pero sigo opinando que deberíamos de ir a Godrics Hollows, no lograremos hacer nada estando aquí encerrados.
Regulus abrió la boca para responder pero el sonido de la voz de Moody preguntando «¿Severus Snape?» le dejó helado. Alguien había entrado a Grimmauld Place. Automáticamente se puso de pie y sacó su varita, con el reojo del ojo miró como Harry, Ron y Hermione lo imitaban.
Salió de la biblioteca, con la varita en alto, y con los tres adolescentes detrás suyo y escuchó como una voz serena decía:
—No fui yo quien te mató, Albus.
El embrujo se rompió y, una densa nube gris de formó, lo que hizo imposible distinguir al recién llegado. Decidido a no perder la ventaja que tenía, Regulus exclamó:
—Petrificus Totalus.
Se escuchó un golpe sordo y Regulus seguía con la varita en alto cuando se dio cuenta con sorpresa que la figura era Remus, quien lo miraba desde el piso sin moverse.
—¡Es Remus!—chilló Hermione por detrás y la chica se apresuró a romper el hechizo; Lupin se quedó inmóvil por algunos segundos y aceptó la mano que la chica le daba para levantarse. Ron bajó su varita también pero Regulus y Harry seguían apuntándolo con la varita.
—Hermione, muévete—dijo Regulus y la tomó del brazo para quitarla del camino; la persona se veía como Lupin pero no podían confiar en nadie.— Identifícate—exclamó hacia el mago con la varita en alto.
—No creo que sea necesario todo esto...
—Soy Remus John Lupin, hombre lobo, apodado Lunático, uno de los cuatro creadores del mapa del merodeador, casado con Nymphadora (también conocida como Tonks), mejor amigo de Sirius Black que era tu hermano, le enseñé a Harry a hacer un patronus con una figura de ciervo...
Regulus y Harry bajaron la varita lentamente mientras Remus se sacudía el polvo de su capa de viaje.
—Lo siento, Lupin—dijo Regulus sonriendo de lado—, pero tenía que comprobar que no fueras un mortífago.
—Esta bien, Regulus.—Lupin miró a los tres chicos que se encontraban detrás de Regulus y les preguntó—: ¿Están bien?
—Tan bien como podemos estar—sonrió Harry, débilmente—, ¿qué ha pasado?, ¿están todos bien?
—Sí, sí —asintió Lupin—, pero nos vigilan. Allí fuera, en la plaza, hay un par de mortífagos…
—Ya lo sabemos…
—He tenido que aparecerme justo en el escalón de la puerta para que no me vieran. No deben de saber que están aquí, ya que si lo supieran habrían venido más compinches. Mantienen vigilados todos los lugares que guardan alguna relación contigo, Harry. Vamos abajo. Tengo muchas cosas que contarles y quiero saber qué ocurrió cuando se marcharon de La Madriguera.
Bajaron, pues, a la cocina, y Hermione apuntó la varita hacia la chimenea. El fuego prendió al instante y su luz suavizó la austeridad de las paredes de piedra y se reflejó en la larga mesa de madera. Lupin sacó varias cervezas de mantequilla de su capa y todos se sentaron.
—Habría llegado hace tres días, pero tuve que deshacerme del mortífago que me seguía la pista —explicó Lupin—. Bueno, díganme, ¿vinieron directamente aquí después de la boda?
—Sí, Regulus pensó que estaríamos mejor aquí—respondió Hermione y el aludido sólo se arqueó de hombros.
—Bien, bien—Remus tomó un trago de su cerveza de mantequilla—. Creo que es el mejor sitio donde puedan estar, nadie sospecha nada.
—Dinos qué pasó cuando nos marchamos. —Pidió Harry, desesperado por noticias—: No hemos sabido nada desde que el padre de Ron nos dijo que su familia estaba a salvo.
—Bueno, Kingsley nos salvó —explicó Lupin—. Gracias a su aviso, la mayoría de los invitados de la boda pudieron desaparecerse antes de que llegaran ellos.
—¿Eran mortífagos o gente del ministerio? —preguntó Hermione.
—Un poco de todo, pero a efectos prácticos ahora son la misma cosa. Eran aproximadamente una docena, aunque no sabían que estabas allí, Harry. Arthur oyó el rumor de que habían torturado a Scrimgeour antes de matarlo para que les revelara tu paradero; si eso es cierto, el ministro no te delató.
Harry miró a sus amigos y vio en sus rostros la mezcla de conmoción y gratitud que él mismo sintió. Hubo una pausa en donde se quedaron en silencio sin saber que decir ante las noticias de Remus.
—Los mortífagos registraron La Madriguera de arriba abajo —prosiguió Lupin —. Encontraron al ghoul, pero no se atrevieron a acercarse mucho. Y luego interrogaron a los que quedábamos durante horas; trataban de obtener información sobre ti, Harry, pero naturalmente sólo los miembros de la Orden sabíamos que habías estado en la casa.
»Al mismo tiempo que arruinaban la boda, otros mortífagos allanaban todas las casas del país relacionadas con la Orden. No hubo víctimas mortales —se apresuró a precisar anticipándose a la pregunta—, pero emplearon métodos muy crueles: quemaron la casa de Dedalus Diggle, aunque, como ya saben, él no estaba allí, y utilizaron la maldición cruciatus contra la familia de Tonks. Querían saber adónde habías ido después de visitarlos. No obstante, están todos bien; muy conmocionados, desde luego, pero, por lo demás, bien.
—¿Y los mortífagos lograron superar todos los encantamientos protectores? —preguntó Harry, sorprendido.
—Considera, Harry, que ahora cuentan con toda la potencia del Ministerio — aclaró Lupin—, y tienen permiso para realizar hechizos brutales sin temor a que los identifiquen ni los detengan. Así que lograron traspasar los hechizos defensivos que habíamos puesto para protegernos de ellos, y una vez dentro no ocultaron a qué habían ido.
—¿Y al menos se han molestado en ofrecer una excusa por torturar a quienquiera que se haya acercado alguna vez a Harry? —preguntó Hermione, indignada.
—Bueno… —repuso Lupin. Vaciló un momento y sacó un ejemplar de El Profeta que llevaba doblado—. Miren esto. —Y empujó el periódico sobre la mesa hacia Harry—. Tarde o temprano te ibas a enterar. Ése es su pretexto para perseguirte.
Regulus miró sorprendio como en la portada del Profeta incluía una gran fotografía de la cara de Harry, y leyó el titular:
SE BUSCA PARA INTERROGARLO SOBRE LA MUERTE DE ALBUS DUMBLEDORE
El chico dejó escapar un resoplido y miró a Lupin con intensidad.
—Se está repitiendo todo de nuevo, ¿no es así?—le comentó en un tono amargo y sacó una botella de Whisky de Fuego de la alacena. Sin inmutarse ante la mirada de Hermione sobre él, sacó un vaso y se sirvió un trago sintiendo el fuego en su garganta.
Remus asintió con la cabeza lentamente y miró a Harry con pena.
—Lo siento, Harry.
—Entonces, ¿los mortífagos también se han apoderado de El Profeta? —preguntó Hermione, furiosa. Lupin asintió con la cabeza—. Pero seguro que la gente sabe lo que está pasando, ¿no?
—El golpe ha sido discreto y prácticamente silencioso —repuso Lupin—. La versión oficial del asesinato de Scrimgeour es que ha dimitido; lo ha sustituido Pius Thicknesse, que está bajo la maldición imperius.
—¿Y por qué Voldemort no se ha proclamado ministro de Magia? —preguntó Ron.
Regulus soltó una carcajada seca y volvió a tomar un vaso de Whisky de Fuego ante la mirada de los tres adolescentes.
—¿Es que no lo han entendido, niños?—dijo Regulus y sonrió amargamente—: Estamos en una maldita guerra en la que todos los días irán desapareciendo y matando a la gente que se oponga al Señor Tenebroso, es sólo cuestión de tiempo de que todo se vaya a la mierda...
—Estás equivocado—exclamó Harry—. Todavía tenemos la misión que Dumbledore nos dio, podemos destruirlo con eso.
—¿Destruirlo?—sonrió Regulus de lado—, ¿crees que eres capaz de destruir al Señor Tenebroso? ¿Uno de los magos más poderosos que hay?
—Es por eso que estoy aquí—intervino Lupin y los cuatro voltearon a verlo estupefactos—. Yo puedo serte útil. Ya sabes qué soy y lo que puedo hacer, de manera que sería un ventaja que los acompañara y les proporcionara protección, aunque no haría falta que me contaran exactamente qué se traen entre manos.
Regulus volvió a resoplar, incrédulo.
—No creo que nos haga mucha falta tu participación, Lupin, pero se agradece el esfuerzo.
Remus apretó su quijada, molesto y le espetó:
—Tú no tienes ningún derecho de hablarme de esta manera, Black; no sabes nada...
—¿Y Tonks?—preguntó Hermione, vacilante, antes de que Regulus le respondiera a Remus y comenzaran una discusión.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Lupin.
—Bueno… ¡están casados! ¿Qué opina ella de que colabores con nosotros?
—Tonks no correrá ningún peligro; se quedará en casa de sus padres.
Regulus entrecerró sus ojos ante la frialdad de Remus al responder las preguntas de Hermione y se volteó a mirar a la chica, quien se encontraba a un lado, pero ella negó con la cabeza.
—¿Va todo bien, Remus? —preguntó Hermione con vacilación—. Ya me entiendes, entre tú y…
—Va todo muy bien, gracias —repuso Lupin, cortante.
Hermione se ruborizó. Hubo otra pausa, que los hizo sentirse incómodos a los cinco, y entonces Lupin, como si se viese obligado a reconocer algo desagradable, dijo:
—Tonks va a tener un hijo.
—¡Oh! ¡Qué bien! —exclamó Hermione.
—¡Sí, qué alegría! —corroboró Ron con entusiasmo.
—Enhorabuena —dijo Harry.
Regulus se mantuvo en silencio y con los brazos cruzados mirando la situación sin entenderla.
Lupin compuso una sonrisa forzada que más bien parecía una mueca, y añadió:
—Entonces… ¿aceptan mi oferta? ¿Iremos los cinco juntos? Estoy seguro de que Dumbledore lo habría aprobado; a fin de cuentas, me nombró su profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Y les advierto que creo que nos enfrentamos a una magia con la que muchos de nosotros jamás nos hemos topado ni llegado a imaginar.
Los tres amigos cruzaron miradas e incluso Regulus sintió la mirada de Harry sobre él.
—A ver si lo he entendido bien —recapituló Harry—: ¿quieres dejar a Tonks con sus padres y venir con nosotros?
—Allí no corre ningún peligro; sus padres cuidarán de ella —afirmó Lupin con una determinación rayando en la indiferencia—. Estoy seguro de que a James le habría gustado que me quedara contigo, Harry.
—Pues yo no —replicó el muchacho—. Yo estoy seguro de que a mi padre le habría gustado saber por qué no te quedas con tu hijo.
Lupin palideció, y la temperatura de la cocina pareció descender unos diez grados. Ron se dedicó a observar la estancia como si tratara de memorizar todos los detalles, mientras que Hermione miraba alternativamente a Harry y Remus.
—Veo que no lo entiendes —dijo Lupin por fin.
—Pues explícamelo.
Lupin tragó saliva y alegó:
—Cometí un grave error al casarme con Tonks. Lo hice contra lo que me aconsejaba mi instinto, y desde entonces me he arrepentido mucho.
Regulus sintió algo helado en el estómago al escuchar como Remus hablaba de su sobrina y le espetó a Remus:
—Así que de esto se trata, estas huyendo como un cobarde, Lupin—escupió Regulus con odio y se levantó de su asiento—: Jamás pensé que le harías esto a ella...
Lupin se levantó de un brinco, derribando la silla en que estaba sentado, y miró a Regulus con tanta fiereza que Harry vio, por primera vez, la sombra del lobo que se ocultaba tras aquel rostro humano.
—¡No te atrevas a hablar de cobardes cuando tu fuiste uno! —Remus alejó su mirada de él y miró a Harry—: ¿No entiendes lo que les he hecho a mi esposa y a ese futuro hijo? ¡Nunca debí casarme con ella! ¡La he convertido en una marginada! —Y le dio una patada a la silla que había derribado—. ¡Tú sólo me has visto rodeado de miembros de la Orden, o en Hogwarts, bajo la protección de Dumbledore! ¡Pero no sabes qué piensa la mayoría del mundo mágico de las criaturas como yo! ¡Los que conocen mi condición apenas me dirigen la palabra! ¿No te das cuenta de lo que he hecho? Hasta la familia de Tonks está molesta por nuestra boda. ¿A qué padres les gustaría que su única hija se casara con un hombre lobo? Y el niño… el niño…
Lupin se mesó unos mechones de cabello con ambas manos; estaba trastornado.
—¡Los de mi clase no suelen reproducirse! Ese niño será como yo, estoy seguro. ¿Cómo puedo perdonarme si me arriesgué a transmitirle mi condición a un niño inocente, a sabiendas de lo que hacía? ¡Y si, por obra de algún milagro, el niño no es como yo, estará muchísimo mejor sin un padre del que se avergonzará toda la vida!
—¡Remus! —susurró Hermione con lágrimas en los ojos—. No digas eso. ¿Cómo iba a avergonzarse tu hijo de ti?
—No creas, Hermione —intervino Harry—. Yo me avergonzaría.
Regulus vio como Harry se levantaba de su asiento y se ponía a un lado de él.
— Si el nuevo régimen piensa que los hijos de muggles son inferiores —continuó Potter, con ira—, ¿qué le harán a un semihombre lobo cuyo padre pertenece a la Orden? Mi padre murió intentando protegernos a mi madre y a mí, de modo que ¿tú crees que él aprobaría que abandonaras a tu propio hijo para emprender una aventura con nosotros?
—¿Cómo… cómo te atreves? —replicó Lupin—. Esto no lo hago movido por ansias de… de peligro ni de gloria personal. ¿Cómo te atreves a insinuar que…?
—¿Cómo te atreves a abandonar a mi sobrina de esta manera?—rugió Regulus, mirándolo con odio—. ¿Tú crees que ella estará mejor sin ti? No seas tan estúpido como para pensar que si la abandonas a ella y al niño estarán mejor... ¡Sólo los condenarás!
—¡Cállate, Regulus! —suplicó Hermione, pero él siguió mirando con desprecio el pálido rostro de Lupin.
—¿Crees que Sirius te perdonaría que le hicieras esto a Nymphadora?—siguió escupiendo con veneno Regulus—: Eres una vergüenza, Sirius se avergonzaría de tenerte como amigo. Eres un cobarde.
Lupin sacudió su varita tan deprisa que Regulus apenas tuvo tiempo de sacar la suya. Se oyó un fuerte estallido y el joven, como si hubiera recibido un puñetazo, salió despedido hacia atrás y chocó contra la pared de la cocina. Mientras resbalaba hasta el suelo, vio los faldones de la capa de Lupin desaparecer por la puerta.
—¡Remus! ¡Vuelve, Remus! —gritó Hermione, pero Lupin no contestó. Un instante después oyeron cerrarse la puerta de la calle—. ¡Regulus! —gimoteó—. ¿Cómo has podido…?
—Es un cobarde, nunca debió haberla dejado. —Se levantó y notó que estaba saliéndole un chichón en la cabeza, donde se había golpeado contra la pared. Todavía temblaba de rabia.
—Él tiene razón, Hermione—intervino Harry con seriedad—: Los padres —sentenció— no deben abandonar a sus hijos a menos… a menos que no tengan más remedio.
—Harry —musitó Hermione, y le tendió una mano para consolarlo, pero él la rechazó y, apartándose, se quedó mirando el fuego que ella había hecho aparecer en la chimenea. Regulus se levantó del suelo y miró la escena con hastío.
—Él se lo ha buscado, no debió de haberla abandonado de esa manera—musitó Regulus, enojado y Hermione lo miró con reproche. —Sé que no debí haberle hablado así pero no tuve otra opción, Sirius hubiera hecho lo mismo.
Y con esas palabras, Regulus salió de la cocina sin hacer caso de como Hermione le pedía que no se fuera. Subió las escaleras rápidamente y se encerró en su recámara con enojo. ¿En qué momento se había torcido todo?, se preguntó mientras miraba el techo.
—Kreancher—llamó Regulus sin moverse de su cama y sólo escuchó un ¡crack! cuando el elfo se apareció en su recámara. —¿Si amo?
—Es hora que hagamos un viaje.
¡Buum! Lo siento muchísimo por tardar nuevamente a actualizar pero no he tenido internet en mi casa y hasta ahora he sido capaz de subir el capítulo. Espero que sus reviews, ¿qué creen que Regulus hará con Kreancher?
Hasta la próxima actualización :)
