Capítulo 2
Sólo era el comienzo.
La advertencia resonó en la mente de Naruto, siniestra y oscura. Una maléfica tempestad se dirigía directo hacia él. Olvidó la necesidad que tenía de preguntarle a la mujer su nombre y sus verdaderas razones para ayudarlo.
—¿A qué te refieres con que eso fue sólo el principio?
Aquí aún acecha el peligro. Tienes que llegar a la seguridad de las calles.
—¿Qué clase de peligro?
Otros demonios rondan por aquí, también vampiros. Una vez que se enteren de la muerte de su amigo, serás cazado nuevamente.
Su niño interior se animó inmediatamente al pensar en tener que hacer volar más cosas. Su yo adulto gimió en protesta, se encontraba demasiado cansado y dolorido para jugar más, solo quería recoger sus juguetes e irse a casa.
—¿Sabes? Esta selva es realmente un jodido Quién es Quién. —Como había temido, la descarga de adrenalina se desvanecía rápidamente, las explosiones y el calor le pasaban factura. Necesitaba un lugar seguro para desplomarse.
Pensó, que por alguna razón estúpida, no quería que la mujer supiera cuanto le costaba respirar. Quería que pensara en él como en alguien fuerte e invencible.
Entonces, mantuvo su respiración pausada, incluso enderezó los hombros y mantuvo la expresión firme.
—¿Puedes sacarme de esta selva? —Sus dedos se flexionaron para cerrarse alrededor de la empuñadura del machete.
Al norte. Dirígete al norte.
Caminó lenta y pesadamente a través de las cenizas, rocas y ramas, hasta que llegó a un bosque de árboles blancos. Se tambaleaban como fantasmas. No podía recordar haber visto antes esos árboles. Arrancó una de las hojas blancas mientras la sensual voz de la mujer lo dirigía hacia la salida. Poco después encontró un par de huellas y se dio cuenta de que alguien más había tomado ese mismo camino.
Ésas son tus huellas.
—No puede ser —dijo él, incrédulo.
Echa un vistazo.
Se agachó y estudió las sucias huellas. Por supuesto. Coincidían con su talla y tipo de zapatos. Frunció el ceño. Ya había estado aquí antes, pero obviamente había ido en la dirección equivocada.
—¿Cómo de cerca está la salida?
Ya lo verás, rió ella.
Surgió cinco minutos después.
Naruto maldijo por lo bajo. Se detuvo al borde de un camino empedrado, que se alejaba serpenteando del bosque. Tan simple. Tan fácil. La oscuridad era cada vez más espesa pero sin la densidad de los árboles alrededor del camino, hilos de luz de un suave y brillante dorado se deslizaban desde la cúpula con total libertad.
Frunciendo el ceño, soltó el machete y situó sus puños a los lados. Sólo le había llevado tres miserables días, tres explosiones y una maldita Mujer Invisible salir de allí.
—Podría haber encontrado la salida yo solo. —murmuró él para su propio orgullo.
La mujer se rió de nuevo, un sonido tan exuberante y sensual que hizo que su cuerpo respondiera al instante. Lo más seguro es que pudiera condenarlo a un infierno eterno de lujuria que lo llevase tras ella. Se endureció aún más por ella, anhelando tocarla. Sonaba tan sexy.
Le disgustaba con que rapidez y facilidad lograba afectarlo. De hecho, esto no solía sucederle. Por mucho que amara y atesorara a una mujer, por mucho que disfrutara saboreándolas y mimándolas, ellas siempre iban a él, tenían que esforzarse para lograr su interés. Nunca había respondido tan fuerte a una en particular; había demasiado donde escoger.
La única forma en que hubieras logrado salir de esa jungla sin mí, habría sido con el demonio arrastrando tu cadáver entre los dientes.
—Listilla —dijo él, pero se encontró a sí mismo sonriendo.
Las criaturas nunca te habrían encontrado si no te hubieras rociado con repelente de insectos.
—¿Estás bromeando? Se supone que ese repelente es inodoro.
Para los insectos, tal vez.
Perdió todo rastro de sonrisa. Si la etiqueta del repelente hubiera dicho una palabra, al menos una maldita palabra sobre atraer demonios y vampiros, nunca lo hubiese utilizado. Disgustado, Naruto se detuvo y tomó un sorbo de su cantimplora, la frescura del agua calmó su garganta quemada.
—¿A dónde voy desde aquí? Necesito una comida caliente. —La barrita energética en su mochila no le sería de mucha ayuda esta vez—. Un baño y una cama suave. —Una mujer bien dispuesta tampoco estaría mal. Preferiblemente la que escuchaba en sus pensamientos.
Ella se aclaró la garganta. Si, bueno, solo sigue por ese camino.
Él rió entre dientes y se puso nuevamente en marcha. Quizás era tonto por su parte confiar tanto en ella, pero eso fue lo que hizo. Ella le había salvado la vida. Dos veces.
Tal vez esto formara parte de un diabólico plan, pero la verdad es que no le importaba. En ese momento, ella podría estar conduciéndolo directamente a una olla de estofado humano y él habría ido de buena gana.
Su bota golpeó un montoncillo de guijarros, que se esparcieron y lo hicieron tropezar. Se enderezó y se frotó la herida en el muslo. Cada movimiento incrementaba el dolor allí.
Necesitas limpiar eso, también la de tu cuello.
—Tan pronto como encuentre refugio, usaré el botiquín de primeros auxilios que está en mi mochila. —No es que la pomada antibiótica fuera a ser de mucha ayuda. La había estado utilizando durante dos días sin que sirviera de nada.
Te hiciste ayer esas heridas, ¿verdad? ¿Del vampiro?
—Sí.
¿Y sólo han empeorado? Eso no es bueno, nada bueno.
Él captó la preocupación bajo su tono.
—¿Necesito preocuparme por convertirme en un fantasma de la noche sediento de sangre?
Su tono seco la sacó de sus casillas.
No deberías bromear sobre algo tan serio. ¿El demonio de hoy te mordió o arañó?
—¿Bromeas? El bastardo apenas se acercó a mí.
Ella suspiró. Ninguno de los dos tiene razones para exaltarse, por ahora. Aparte de tu monstruoso ego, deberías estar bien.
Estaba cansado, pensó él. Dios, estaba tan cansado. No había mentido.
Necesitaba una cama y comida tan pronto como fuera posible o sus piernas se derrumbarían. En este punto, el baño y la mujer eran opcionales.
Una suave y agradable ráfaga de aire fresco lo atravesó, ofreciéndole un poco de consuelo a sus músculos entumecidos. La oscuridad había vuelto la noche totalmente negra, como una tumba, donde no sería capaz de ver ni una maldita cosa.
Bajando por el camino, notó una franja brillante en contraste con las sombras.
Después de un momento, se dio cuenta de que era una persona caminando lentamente en la misma dirección en la que él viajaba, sólo veinte pasos por delante de él. Naruto se tensó y alcanzó su arma, sin frenar su marcha. Le quedaban dos balas en la recámara.
Sólo necesitaba una.
Deberías tranquilizarte Naruto. La ninfa no te molestará.
—¿Ninfa? —Él se detuvo brevemente, con la palabra bailando en su mente—. ¿Una ninfa de verdad? ¿Una hembra con un alto apetito sexual que deja a su pareja en un coma de placer?
¿Podrías ponerte serio?
—Estoy hablando en serio. ¿La conoces? ¿Puedes presentarnos?
Ella gruñó por lo bajo. Para tu información, las leyendas de la superficie están equivocadas. La mayoría de las ninfas son machos.
¿Machos?
—No puede ser.
Acércate y míralo por ti mismo.
Él lo hizo, su mirada escrutando intensamente la espalda de la criatura, quedándose con los pequeños detalles. Hombros anchos. Un andar masculino. Pies largos asomándose por debajo del dobladillo de la túnica.
Un estremecimiento sacudió a Naruto, y todos sus pensamientos sobre comas de placer se desvanecieron.
—Ese hombre merece morir simplemente por fastidiar mi fantasía.
Él no será tan fácil de matar como el demonio. Las ninfas son los mejores guerreros de la tierra, incluso más fuertes que los dragones, nunca atacan primero. Mientras lo dejes en paz, ambos saldréis ilesos.
—Lo recordaré. —Mientras más se acercaba a la ninfa, más se percataba de lo alta que era la criatura. Más alta que él, de hecho. Una hazaña increíble considerando que Naruto alcanzaba los seis pies con cinco y normalmente miraba por encima de cualquiera que se encontrara.
Sosteniendo su arma preparada, sólo por si acaso, Naruto mantuvo un amplio margen de espacio cuando pasó a la criatura.
El imponente hombre vestido de blanco frunció el ceño, echó una mirada alrededor, y agitó una mano delante de su sorprendentemente femenino y absolutamente hermoso rostro. Él gruñó algo en un profundo y gutural idioma.
—¿Qué dijo? —Preguntó Naruto tan pronto como estuvo a una buena distancia.
Que apestabas a ceniza y muerte.
—Bueno, hoy no es mi día. —Casi comido vivo, y después insultado por su olor.
Se olió a sí mismo, y frunció sus labios. Vale, sí que olía un poquito.
Él se adentró aún más en las sombras, escuchando algún indicio de pisadas o el gatillo de un arma. Tal como su compañera mental predijo, la ninfa lo dejó tranquilo.
Sin embargo, sólo cuando se alejó una milla más, relajó su guardia. Respiró profundamente y dejó vagar su mirada. La belleza allí lo asombraba. Las gotas de rocío brillaban como diamantes encima del brillante follaje verde. El susurro de las olas de aire creaban un melódico ritmo, y el aroma de la piña y el coco dejaba su fragancia en el aire. Con un La—Z—Boy reclinable, una nevera llena de cerveza fría y una docena de bailarinas hawaianas —desnudas por supuesto— él estaría en el cielo.
¿No puedes pensar en nada más aparte de mujeres y sexo?
—Claro que puedo. —Él saltó sobre un montón de rocas, sin alterar sus zancadas—. ¿Por qué no te quitas toda la ropa y me dices dónde estás y porqué me estás ayudando?
Al principio, la única reacción de ella fue un jadeo, él habría dado cualquier cosa por ver su expresión. Por verla. Sospechaba que ella se había sonrojado. ¿Se sonrojarían solo sus mejillas, o se extendería haciéndose más profundo, a lo largo de su clavícula... hasta sus senos?
Él tragó el repentino nudo que se le formó en la garganta.
Podemos discutir eso después, dijo ella finalmente.
—Sigues diciendo lo mismo, y para ser honestos, ya me enferma escuchar siempre lo mismo. Ni siquiera sé tu nombre.
Silencio.
—Un nombre es algo muy simple. Seguramente puedes decirme el tuyo.
No puedo.
—Sí, puedes. Abre la boca y deja salir el sonido. Inténtalo, puede que te guste.
No. De verdad no puedo decírtelo. Porque, bueno… porque no tengo ninguno, admitió ella a regañadientes y con vergüenza.
Él frunció el ceño. ¿No tenía nombre? Todo el mundo y todas las cosas tenían nombre. ¿Tal vez estaba mintiendo? No, decidió al momento siguiente. Su vergüenza era muy real. Lo cual planteaba la pregunta: ¿por qué no tenía un nombre?
En lugar de presionarla para obtener más detalles, él dijo:
—¿Por qué no te llamo Bebé? Es corto, fácil y perfecto para ti.
No soy un niño, dijo ella, claramente ofendida.
—En tu caso, la palabra significa caliente y sexy.
Ok, ohhh. Él la imaginó sonriendo de manera ensoñadora. Aún así, prefiero algo menos sugestivo. Puedes llamarme… Jane Doe.
—Ahora es mi turno para negarme —se encogió—. No voy a llamarte por el nombre que uso para los cadáveres de mujeres que no logro identificar.
Ella suspiró.
¿Me llamarías Hinata?
Él experimentó un golpe de sorpresa ante el hecho de que ella escogiera ese nombre, ya que era la razón por la que él estaba allí. ¿Era por eso que escogió ese nombre? Se preguntó él con cierta sospecha.
—Será Hinata, entonces. —Él hizo rodar el nombre en su lengua, paladeando su sabor. No había visto su cara, pero alguien con una voz tan sexy merecía un nombre sexy, y Hinata encajaba a la perfección.
Él sorteó un montón de rocas.
—¿Por qué me ayudaste, Hinata?
Ella exhaló lentamente, el pequeño sonido del aire acariciaba sus terminaciones nerviosas como el roce de una pluma. Necesito tu ayuda. Ella sonaba a la defensiva.
Insegura.
—¿Ayuda para qué?
Para salvarme. Me han encarcelado de nuevo y yo…
—¿De nuevo? —Él se detuvo en seco y la mochila lo golpeó en la columna—. ¿Por qué demonios…?
Por ser quién soy. Creo que tus habitantes de la superficie dirían que todo el mundo quiere un trozo de mí.
El tono de reprimenda en su voz lo hizo reír, y se puso de nuevo en movimiento.
—Me gustaría ayudarte bebé, pero estoy algo justo de tiempo.
Ya lo sé. La amargura endureció su tono. Estás buscando la Joya Hinata de Byakugan.
En el momento en que lo dijo, los músculos de sus hombros se tensaron. Oh, no le sorprendió que ella lo supiera, después de todo podía leer sus pensamientos. Pero oírselo decir en palabras… no quería tener que encontrarla y silenciarla (permanentemente) porque sabía algo que se suponía que no debía saber. Podría contárselo a alguien más.
Él tomó aire y lo liberó lentamente.
—Lo que estoy haciendo aquí es irrelevante para ti.
Puedo llevarte hasta la joya, Naruto. Ésa es la razón por la que he escogido el nombre de Hinata para mí. Soy la única que puede llevarte hasta ella.
—Por favor. Puedo encontrar lo que sea, donde sea. Es por eso que mi jefe me escogió para esta misión. Además, trabajo solo. —Hizo hincapié en cada palabra, esperando que no hubiera duda de su negativa—. Siempre.
Aún así, ella insistió. Nunca la encontrarás sin mí. Eso te lo juro.
Él sacudió la cabeza y se le ladeó el pañuelo. Se lo volvió a colocar en su sitio.
—Este pequeño bebé me dice que puedo —dijo él dándole palmaditas al sistema GPS que había enganchado a su cinturón, el cuál seguía con un tranquilo, constante y suave pitido.
Ella rió.
Así que ése pequeño bebé te ayudo a salir de la jungla ¿eh? ¿Ése pequeño bebé te ayudó a derrotar a un demonio? Déjame decirte algo. No navegarás con éxito ni sobrevivirás en Konoha sin mí.
Apretó los puños ente el recordatorio, y ante la velada amenaza.
—Dirías cualquier cosa para salirte con la tuya.
Sí, replicó ella con sinceridad y sorprendiéndolo. Lo haría. En este caso, sin embargo, no estoy dando vueltas en torno a la verdad. Nos necesitamos mutuamente.
Él enseñó sus dientes en una mueca amenazadora y pateó una roca grande con la punta de acero de su bota, lanzándola camino abajo. Hinata tal vez había probado ser digna de confianza, pero él prefería contar sólo consigo mismo. La gente se asustaba y terminaba haciendo cosas estúpidas.
El último compañero del OBI lo había dejado abandonado en un complejo de armamento a la primera señal de problemas, dejándolo a merced de un enfurecido cabecilla militar extranjero. Sólo el largo historial de Naruto seduciendo a la Dama Suerte lo ayudó a escapar con vida. Eso, y dos paquetes de explosivos C4 de dos libras.
Si Hinata era la única manera de llegar a la gema, la necesitaba. Punto. Había estado malgastando un tiempo valioso no yendo en su búsqueda. Y Naruto odiaba perder el tiempo casi tanto como odiaba sentirse indefenso.
Yo siento lo mismo.
—Podía pasar sin ese comentario —le respondió él secamente.
No olvides que te salvé la vida. Dos veces.
—Eso es discutible —dijo él, aún sabiendo que había pensado lo mismo sólo unos momentos antes.
Si ella estuviera con él, podría asegurarse de que no hablara a nadie sobre su misión y lo comprometiera. Pero si la rescataba y ella convenientemente "olvidaba" ayudarlo a encontrar a Byakugan, si trataba de lastimarlo o detenerlo… Suspiró.
Yo nunca te haría daño.
Iba a liberarla, y lo sabía. Ni se molestó en intentar convencerse de lo contrario.
La salvaría y la obligaría a ayudarlo, si tenía que hacerlo. Y lo haría por razones que no tenían nada que ver con aquella voz estoy—esperando—a—que—me—encuentres—y—me—folles.
¡No es verdad!
Ante su indignación, él perdió algo de su furia. Para ser honestos, no podía esperar para ver a Hinata y oír su voz en persona, para encontrarse cara a cara con la mujer que podía leer su mente.
El camino empedrado giraba bruscamente a la izquierda, apartándolo de las sombras. Aceleró el paso hasta que estuvo cubierto de nuevo por la más profunda oscuridad. Más adelante, el camino se extendía por millas.
Tal vez tuviera suerte y se encontrara con una sala de masajes.
—¿Tengo que recorrer todo este camino para llegar hasta ti?
Al principio, ella no dijo nada. Luego: ¿Vas a ayudarme?
—Nos ayudaremos el uno al otro. ¿No era ese el trato?
Sí. ¡Sí! Oh, gracias. No te arrepentirás.La alegría, el asombro y la excitación irradiaban de sus palabras, y la imaginaba bailando… donde diablos quisiera que estuviera, sonriente, usando nada más que un pequeñísimo top negro de cuero.
Estalló otro momento de silencio, antes de que ella bufara y dijera:
Si necesitas saberlo, llevo una túnica blanca que me cubre desde la cabeza a los pies.
—Vaya una manera de fastidiar una fantasía y hacer que el General Happy se esconda. —Él trató de sonar rudo, pero la diversión se filtraba en su tono. Nunca se había divertido tanto haciendo bromas a una mujer—. Creo que escogimos el nombre equivocado para ti. Creo que debería llamarte Prudence.
Hazlo y tu General Happy va conocer apropiadamente mi rodilla.
Se le escapó una risa ronca y sonora.
—Ah, Pru, tenemos que soltarte un poco. Enseñarte las ventajas de ser malvada. Voy a añadir eso a mi lista de cosas por hacer.
Sí, bueno, puedes estar aquí en dos días, dijo ella cambiando el tema.
—¿Dos días? —Él no quería soportar otros dos días en ese infierno.
Simplemente rodea la colina que ves a lo lejos, pasando la granja de ovejas…
—Asciende por el río y atraviesa los bosques, luego baja por el camino amarillo. Ya lo sé —exhaló él—. Una cosa a la vez, bebé. Una cosa a la vez. —Tal vez esos dos días no serían tan malos. Le darían oportunidad de descansar y recuperar las fuerzas—. Todavía necesito esa comida caliente, el baño y una cama suave.
Oh, sí por supuesto. La granja de ovejas tiene todo lo que necesitas.
Tres horas después, la oscuridad había menguado y Naruto llegó a la granja.
Comprobó el perímetro y descubrió al dueño del lugar dormido en su cama. El hombre/cosa tenía la parte de arriba de un humano, y el resto del cuerpo de un caballo pardo, completito con pezuñas y cola. Dios santo.
No le hagas daño por favor.
Silenciosamente, Naruto sacó una pistola de dardos tranquilizantes de la mochila y con un tiro rápido en la nuca del hombre—caballo le inyectó uno. La criatura se sacudió, luego se quedó totalmente inmóvil. Ése era el único tranquilizante que Naruto había llevado, y odiaba tener que utilizarlo en ese momento. De todas formas, en este punto, lo hubiera inyectado en su propio padre si con eso conseguía comer una comida caliente sin que lo interrumpieran.
Cuando Naruto se aseguró de que la criatura no se despertaba durante varias horas, entró a zancadas en la cocina y tiró la mochila al suelo de madera recién pulido.
El lugar le recordaba a una casa rural con todo incluido, camas de paja, estufa de leña, y el aroma fresco de la comida hecha en casa.
Llenó un cuenco de cerámica con agua, se desnudó por completo y se lavó desde la cabeza hasta los dedos de los pies, con cuidado alrededor de las heridas. Estas las untó con la pomada antibiótica antes de vendarlas.
Ten cuidado, por favor. Estás haciendo que me estremezca.
Él arqueó una ceja.
—¿Puedes verme?
Sólo a través de tus ojos.
Cuán remilgada sonaba, pensó él, sonriendo justo antes de mirar hacia abajo.
Ella jadeó.
Él se rió entre dientes.
—Creo que le gustas al General Happy.
Si, bueno… Yo pensaba que Su… este… su nombre era privado.
—Él parece ser el único al mando, así que ha subido de rango. Se ganó un bonito ascenso. —Su garganta se apretó al tratar de contener las carcajadas—. ¿Quieres que mire hacia abajo de nuevo?
Ella se mantuvo en silencio, y la sonrisa de él creció.
Finalmente limpio, se vistió de nuevo con sus ropas manchadas de lodo. Odiaba usar ropa sucia, especialmente ahora que estaba limpio, pero tampoco las habría dejado atrás. Después de devorar un tazón de fruta y nueces, y un plato de alguna clase de pastel de frutas, robó una túnica azul real y una toga amarilla del armario de la criatura. Se echó la primera por encima de la cabeza y empujó la segunda al interior de la mochila.
—¿Porqué usan túnicas los centauros?
Ellos no las usan. La ropa es para las sirenas que los visitan.
Sirenas. Mujeres que atraen cantando a los hombres hacia su muerte. Desde luego. Debería haberlo sabido.
Puedes dormir aquí. Al centauro no le importará.
—Prefiero encontrar un sitio en el bosque. —La soledad era siempre más segura. Su mirada captó un pedazo largo de cuerda, y Naruto la metió en la mochila—. ¿No tendrá balas por algún lado, verdad?
No, no hay balas.
—Valía la pena intentarlo.
Él se dirigió de nuevo hasta el camino empedrado, sintiéndose más cargado de energía de lo que había estado en días. La oscuridad se había desvanecido aún más, abriendo paso a un brillante resplandor dorado.
Las flores habían abierto sus pétalos, alfombrando el terreno con todos los matices del color pastel, desde los tonos lavanda más básicos hasta los más exquisitos amarillos. Los árboles estaban llenos de renovada vitalidad.
Él divisó a varias personas vestidas con togas similares, sus cabezas cubiertas por las capuchas. De nuevo, su primer instinto fue sacar su cuchillo y golpear.
Las sirenas son tan inofensivas como las ninfas. Simplemente bloquea tu mente a sus voces.
Naruto rebasó a zancadas al pequeño grupo, y su mirada encontró la de una mujer.
Era bonita y delicada, del tipo "protégeme," con piel clara y ojos de un verde musgo. A pesar de su belleza, no se sintió atraído por ella. Ella abrió su boca, apunto de hablarle y él rápidamente aceleró el paso, poco dispuesto a dejar que la sensualidad de su voz lo atrajera hasta su muerte.
Cuando estaba fuera de ser oído, le dijo a Hinata.
—Me dijiste que todo el mundo quería un pedazo de ti. No me dijiste por qué.
Soy especial, lo evadió ella.
Él abrió la boca para presionarla y que le diera más detalles, luego la cerró con un chasquido. Sonaba desamparada, al borde de las lágrimas, y saber eso por alguna razón lo desequilibraba. Le hacía dolorosos nudos en el estómago, hacía que se le apretara la garganta y le doliera. Hasta el momento había sido insolente y atrevida.
—¿Te están haciendo daño? ¿Las personas que te tienen cautiva?
No quiero hablar de eso. Su voz vaciló.
Lo que quería decir que sí, la lastimaban. La furia lo atravesó de golpe, hirviente y abrasadora. Naruto había hecho muchas cosas reprochables en su vida, todas en nombre del patriotismo, pero nunca había lastimado a una mujer. Para él, ella era suave y delicada, necesitaba que la protegieran. Cualquiera que dañara a una mujer como esa merecía sufrir dolor. Un dolor prolongado y de tortura.
Él ya había decidido liberar a Hinata de su prisión, pero ahora su determinación se intensificó, alcanzando nuevas dimensiones. No había una maldita forma de que la abandonara. La salvaría o moriría en el intento.
No habrá muerte de tu parte. Te lo prometo.
—Por supuesto que no. Debes haberte perdido el memorándum, pero soy invencible.
Sí, claro.
Transcurrió otra hora, esta vez en silencio, cada uno reflexionando en sus propios pensamientos. Todo ello mientras ascendía una peligrosa y empinada montaña, perdiendo rápidamente todas sus energías.
Por fin —Dios, por fin— Hinata pronunció las mágicas palabras que su cansado y exhausto cuerpo anhelaba escuchar.
Aquí estarás a salvo.
Naruto arrojó inmediatamente su mochila al suelo y acampó. Sólo cuando estuvo acostado en su saco de dormir, con la toga amarilla robada haciendo de almohada, se permitió a si mismo admirar el paisaje. Estaba instalado en la cima de la montaña, disfrutaba de una vista que robaba el aliento, con árboles, flores y una cascada que relucía como si fueran perlas líquidas. Era tan transparente que podía ver el fondo de musgo.
Aves exóticas con brillantes y coloridas plumas volaban a su alrededor, llamándose unas a las otras en una sinfonía de gritos y graznidos. Esta era, posiblemente, la vista más hermosa que había presenciado jamás.
Sobre su cabeza, el arco de la cúpula de cristal estaba tan cerca que parecía que sólo tenía que alcanzarlo para tocar su brillante y áspera superficie. El agua del mar se agitaba en todas las direcciones, salpicando un lugar y luego otro antes de alejarse danzando. La espuma y la niebla insistían con determinación, mientras veía pasar bancos de peces.
Te avisaré si se acerca alguien. Duerme bien Naruto.
—No voy a dormir profundamente. Sabré si alguien se acerca a mí.
Lo que tú digas.
Una suave melodía se filtró en su mente, la sexy voz de Hinata arrullándolo hasta llevarlo a un muy, muy profundo sueño.
Sus párpados cayeron pesados contra el brillo del amanecer, y bostezó. ¿Por qué luchar? Lentamente se rindió a la nada, con un último pensamiento rondando por su mente: si hoy era sólo el principio, llegar al final iba a ser un viaje infernal.
