Hola! Esto tenía que ser solo un one-shot, pero no podía dejar a Cas sufriendo! Espero que os guste como continua la cosa! Dejadme en reviews qué os parece!
Dean fue hasta la cocina con su hermano en brazos. Cas lo seguía de cerca, aun sin palabras. Sentó a Sam en uno de los taburetes que quedaban cerca de la pared y lo apoyó ahí. Se apartó de él con las manos levantadas, comprobando que se aguantaba solo, aun desmayado, y preparado para cogerle si caía. La gigantesca silueta de Sam parecía que no se deslizaría hasta las baldosas del suelo, así que Dean soltó un suspiro satisfecho mientras colocaba las manos en la cintura. Finalmente se giró para enfrentarse a un Cas muy confundido. Tan confundido estaba que no había hecho nada más que mirar todo el proceso sin hacer nada por ayudar.
En el fondo sabía que Sam no estaba en peligro, así que la preocupación no había llegado a espabilar su cerebro. Seguía allí, de nuevo en el marco de la puerta, observando en silencio. ¿Estaba alucinando? Pero Sam también lo había visto. Había sido transportado por aquel cuerpo que parecía el de Dean. ¿Se podían compartir las alucinaciones? Castiel sabía que no, pero…
—Bueno Cas… —dijo Dean mirándole con un brillo especial en los ojos— aquí estamos otra vez.
Las lágrimas acudieron a sus ojos, de repente y con fuerza. No hizo ningún esfuerzo por detenerlas. Los ojos de Dean se humedecieron con tristeza y compasión al verle. Pero no lloró. Quizás no era real. Quizás era algún nuevo monstruo intentando jugársela, matarles. Quizás incluso era una extraña alucinación compartida que los recuerdos del búnker habían creado en su mente y en la de Sam. Quizás.
Quizás.
Quizás le daba igual.
Sí. Le daba absoluta y rotundamente igual.
El llanto inundaba sus mejillas sin que Castiel se diera cuenta. Levantó los brazos y se deslizó entre el espacio que los separaba. Sus manos encontraron los hombros y la nuca del hombre al que amaba, y no pudo hacer nada más que enterrar el rostro en su cuello. Dean correspondió a su abrazo y los apretó más aun, si es que eso era posible.
—Sshhh… Cas… estoy aquí… tranquilo… —siguió regalándole palabras de consuelo sin parar de estrujarle entre sus brazos— todo se arreglará… tranquilo… Hueles a mar.
Entre sollozo y sollozo, una sonrisa intentó elevarse en sus labios ante el comentario. A Dean no le iba a gustar cómo se había comportado ante su muerte, como un cobarde. Evitando a Sam. Evitando al mundo entero. Pero nada iba a alejarle de él, nunca más.
No tenía ni idea de cuánto rato llevaban allí. Los dos de pie, uno en brazos del otro. Pero al fin Castiel se había relajado lo suficiente, que no era mucho, como para poder respirar con cierta normalidad. Desenterró el rostro del cuello de Dean y le miró a los ojos directamente. A aquel verde que tanto amaba y, que en ese momento, parecía brillas más que nunca.
Seguía muy confundido, y un montón de preguntas reclamaban su atención dentro de su mente. Pero lo que sentía era infinitamente más poderoso, más importante. Dean le sonrió con amor, sin tapujos ni vergüenza.
Un pedacito de Castiel le avisaba de que si aquello era algún truco, iba a sufrir más que nunca. Más de lo que había sufrido hasta el momento. Le decía que no se fiara. Que le hiciera preguntas y se asegurara de que lo que estaba pasando era real. Pero Castiel estaba flotando. No podía parar de mirar, de hundirse en aquel verde, de ahogarse en él y respirarlo a la vez.
Dean abrió los labios, dispuesto a decir algo. Ese simple gesto llamó toda la atención de Castiel. A regañadientes dejó los ojos esmeralda y fijó su mirada en la boca del hombre que seguía abrazándole. Tan perfectos…
—Cas, yo…
Sin hacerle caso, sin hacerse caso a sí mismo, avanzó un poco y lo calló con un beso. Fue un beso que pedía y reclamaba, que daba sin reservas, que moría y resucitaba, que no demandaba ninguna explicación. Dean le correspondió.
En algún momento las lágrimas habían vuelto a surcar sus mejillas.
En algún momento se separaron, pero Castiel no quería abrir los ojos. Tenía tanto miedo de descubrir que estaba solo otra vez… Una suave caricia le recogió las lágrimas.
—Cas… —volvió a intentar Dean, viéndose de nuevo interrumpido.
—Te quiero. —Castiel tenía miedo de lo que aquel Dean pudiera decirle, no quería que aquello se acabara.— Te he echado de menos… no, me he desvanecido. Sin ti, no puedo… seguir. Ni las abejas tienen sentido en un mundo en el que tú no estás.
—Cas, cállate. —Levantó la vista para hundirse, una vez más, en ese mundo esmeralda.— Déjame hablar. Por favor.
Castiel asintió una sola vez. Fijó la mirada en él, seguro de que iba a desaparecer en cuanto le dijera lo que tuviera que decirle, e intentando aprovechar hasta el último segundo que el universo le diera.
Dean suspiró.
—Yo también te quiero. Y también te he echado de menos. Más de lo que jamás creerás. Más de lo que yo habría creído posible. Te quiero tanto… —Ya está, iba a irse, ya había dicho lo que debía, se iba, se iba, Dean se iba, y él no podría hacer nada excepto volver a hundirse en lo profundo del océano…— Te quiero tanto que no podía mantenerme alejado de ti ni un minuto más.
¿Qué? Pensó Castiel. Debía de ser un sueño. Dean le sonrió, sabiendo que lo había cogido por sorpresa. Dios… qué sonrisa…
—Venga, despertemos a Sam y os lo cuento todo.
Castiel tardó unos segundos en comprender lo que le pedía. Tenía que soltarlo, dejarle ir. No quería. No podía. Seguía sin estar seguro de que aquello fuera real, ni de si sobreviviría si no lo fuera. Al ver que no le dejaba ir, Dean le plantó otro beso. Esta vez, lleno de ternura y seguridad. Un beso que le deshizo el nudo del estómago y le llenó el corazón. Aflojó los brazos y él aprovechó para dar un paso hacia su hermano.
Castiel era débil, y lo sabía. Era extremadamente susceptible a las palabras de Dean, pero lo era aun más bajo los efectos de sus besos.
