Capítulo 5

La cabeza de Hinata rompió la superficie del agua y sus pulmones gritaron de dolor. Tragó una gran bocanada de oxígeno mientras sacudía sus brazos y piernas para mantenerse a flote. Una oscuridad absoluta recibió a sus ojos, una penumbra profana llena únicamente de sombras fantasmagóricas. Cada pulgada suya se quemaba por obtener más aire, y el ardor sólo disminuía ligeramente con cada inspiración. Dentro, fuera, respiraba tan rápido como sus pulmones se lo permitían.

Los frenéticos y agitados sonidos debieron de haber perturbado a la fauna cercana, porque el estruendo de las ramas rompiéndose, arbustos susurrando y el sonido de las patas al golpear el suelo sonaron en sus oídos.

—Na—Naruto. —lo llamó entre susurros, tragando una bocanada de agua.

El líquido se deslizó por su garganta, frío y dulce, pero era demasiado, demasiado rápido. Se atragantó y tosió.

—No. —dijo él, su voz ronca y forzada irrumpió en el vacío—. No trates de hablar. Sólo respira. Lentamente.

¿Dónde estaba él? Se había soltado de su agarre en alguna parte del camino. La oscuridad alrededor de ellos no disminuía y no podía sentirlo cerca. Forzó a su garganta a relajarse, permitiéndole poco a poco a su boca respirar el aire rico en oxigeno, resulto difícil, pero lo hizo, dejando que cada limpia respiración la atravesara tan firmemente como las palabras de Naruto.

—¿Dónde estás? —exigió el.

—Aquí.—dijo ella con voz ronca—. Estoy aquí.

Él siguió el sonido de su voz mientras nadaba silenciosamente atravesando las inquietas aguas, hasta que la encontró. Al rozar su brazo con su estómago, ella se estremeció, resistiendo el impulso de agarrarse a él y comprobar que verdaderamente estaba ahí.

—Estás bien.

—Sí. —el sonido del inquieto mar se escuchaba al compás de cada silaba—. ¿Y tú?

—No veo una mierda, pero estoy bien —sonaba aliviado, preocupado y enojado, todo a la vez—. ¿Crees que puedes llegar a la orilla? Dondequiera que esté la maldita orilla —añadió oscuramente.

—Por supuesto.

Confiada en su gran determinación, dijo:

—Puedo hacerlo —aunque las palabras fueron más para ella misma que para él.

No debió de haber sonado muy convincente, pues él deslizo un brazo alrededor de su cintura, tirando de ella hacia la curva de su cuerpo.

—Solo mantén la respiración y yo haré el resto.

—No, yo…

—Guarda tu fuerza para una discusión que en realidad puedas ganar.

La sensación de él sujetándola, su fuerza alrededor de ella, era una cosa embriagadora, pero la idea de tenderse y dejarlo hacer todo el trabajo… ¡No! Podía sentir el cariño de sus brazos alrededor de ella, y aunque podría estar al borde el agotamiento total, pataleó y remó con él, añadiéndoles velocidad.

—A veces —dijo entre respiraciones—, una discusión… se puede ganar… sin palabras.

—Sabelotodo. ¿No sabes que me estás hacienda quedar mal? Yo, hombre, rescato… Tú, mujer, aceptas deseosa.

Hinata sonrío, amaba la forma en la que se burlaba de ella. Le hacía sentirse normal, aceptada. Como si fuera su amiga. A parte, de ninguna de las otras razas Konohakures como ella, había tenido un verdadero amigo antes. Había querido uno. Dios, lo había querido. En ocasiones el dolor había sido tan feroz, que parecía tener vida propia.

—Eso no es como nuestra rela…

Un agudo dolor se disparó a través de su pantorrilla como si mil cuchillos le atravesaran los huesos.

Los brazos de Naruto se apretaron alrededor de ella, y dejaron de avanzar, sólo el movimiento de sus piernas los mantenía flotando.

—¿Qué ocurre? —exigió, dejando salir un ligero sentimiento de preocupación en su voz.

—Solo un calambre.

Soltó un suspiro de alivio que sacudió su cuerpo y sus músculos se juntaron y tensaron.

—Lo estás haciendo muy bien, pero hazme caso por esta vez y quédate quieta — escupió una bocanada de agua—.He hecho este tipo de rescate con un hombre de nada menos que noventa kilos, así que con un peso tan ligero como el tuyo, puedo llegar a la orilla sin problemas.

—Ayudaré.

—¡Maldita sea, Hinata!

Ella obligó a sus brazos a nadar más rápido.

—Mujer testaruda —murmuró—, lo haremos a tu manera.

—Gracias.

Él estiró las piernas y con su brazo libre se impulsó en el agua rozándola en consecuencia. Debido al peligro, un contacto tan inocente no debería de haberla afectado, pero lo hizo. Corrientes de algo oscuro y suave, caliente y dulce flotaron a través de su sangre tan clara y rápidamente como el río que la rodeaba, dándole mas fuerzas.

—Gracias por venir por mí —dijo ella, tragando más líquido.

Con su ronca gratitud, susurró las palabras, suave y ásperamente.

—Ojala pudiera decir que fue un placer para mí, pero hasta ahora la aventura ha sido tan absorbente como una aspiradora.

Ella sonrió sinceramente.

El agua la golpeó como si él hubiera azotado su cabeza contra su cara. Deseó que hubiera por lo menos un poco de luz para ver sus acciones y gestos pero la oscuridad era simplemente demasiado densa.

Él apretó su cintura.

—No espero que entiendas eso. ¿Sabes incluso lo que es una aspiradora?

—Bueno, sí. Sé muchas cosas sobre la superficie.

—¿Has estado ahí?

Ella entendió su verdadera pregunta: ¿Alguna criatura de Konoha ha estado en la superficie?

—Nunca he estado, no. Ninguno de nosotros ha estado allí. Está prohibido, por no decir imposible. Sólo lo he visto en mis visiones.

Visiones de él.

Naruto se mofó soltando un aliento húmedo.

—¿Imposible cómo?

—Simplemente imposible —dijo evasiva—. Reconozco que siempre he soñado con visitar la superficie —no podía ocultar su nostalgia—. Tenéis cosas muy fascinantes allí.

—¿Sí? ¿Cómo qué? —en sus palabras se escuchaba una capa de cansancio, haciendo que las arrastrara un poco—. Exactamente, ¿qué es lo que encuentras tan fascinante Prudence Merryweather? Esto tengo que escucharlo. Espera. El agua cada vez es menos profunda —le dijo—. Estamos casi en la orilla. Fíjate si tus pies llegan.

Sus piernas descendieron hacia el fondo hasta que sus pies golpearon suavemente el suelo cubierto por el musgo.

—Sí, puedo tocarlo.

Con sus extremidades demasiado débiles para apoyarse, batalló con la arena a cada paso que daba.

Finalmente se derrumbó en una suave cama de follaje. El agua corría desde ella como su empapado y liso cabello caía por sus ojos. Naruto se desplomó a su lado. El irregular sonido de su respiración se mezclaba con la suave brisa del río. Dioses, ¿qué habían hecho?

Habían escapado de los demonios.

Transcurrieron varios minutos en un crudo silencio. Podría cerrar los ojos y dormir. Lograría haberse dejado llevar por el sueño, si Naruto no hubiera elegido seguir la conversación que habían dejado.

—¿Qué es lo que encuentras tan fascinante de la superficie? —estaba casi sin aliento—. Tu tierra es impresionante. Está plagada con el mal en persona, cierto, pero la belleza del terreno es impresionante.

Ella se estremeció cuando una ola de aire fresco la rozó.

—Yo cambiaria cada flor y árbol por tener la oportunidad de ir al cine y ver una película. De subirme a un coche descapotable a toda velocidad y sentir el viento en mí cabello. Acostarme en una cama de agua y disfrutar de un cigarrillo. Probar un…

—Quieta ahí —soltó una pequeña risa divertida, un sonido suave y rico—. Retrocedamos un minuto. ¿Cama de agua? Vives en el mar, en caso de que no lo hayas notado. ¿Y piensas que una cama de agua es fascinante? Y ¿por qué demonios querrías fumar un cigarrillo? Saben como el olor de un demonio.

Sus mejillas se calentaron y ruborizaron, sintiendo una repentina alegría porque hubiera tanta oscuridad.

Naruto no había pensado que fumar un cigarrillo fuera tan horrible la noche en la que una de sus mujeres lo había hecho. Había acabado haciendo el amor con ella, y los dos se habían acostado en una cama de agua salpicando con sus extremidades empapadas de sudor. La hermosa mujer había estado totalmente relajada, es más, eufórica como el humo que flotaba a su alrededor. Naruto había parecido igualmente saciado y menos que asqueado del supuestamente repugnante humo.

—Estoy esperando una explicación Señora Chimenea.

—La gente parece disfrutar de ellos, eso es todo. Me gustaría saber cómo es estar en una cama de líquido sin hundirme.

—Son el infierno para la espalda.

—¿Quién habló de dormir? —dijo remilgadamente.

Él bufó y ella tuvo que reprimir el impulso de darle una patada. ¿Pensaba que no podría tentar a un hombre? ¿Que no podía seducir a alguien, hasta que amara su cuerpo loca y apasionadamente?

—Mi suposición, Prudence, es que llevarías un refajo, cubierta desde el cuello hasta los tobillos, completándolo con un cinturón de castidad en forma semiautomática, para que ningún hombre lo suficientemente estúpido intentara entrar en tus bragas.

—¡Eso no es cierto! Tendría un amante conmigo. Y estaríamos desnudos —dijo ella un poco a la defensiva.

—¿De verdad? —pronunció las palabras lentamente, arrastrando cada sílaba, haciéndola sentir dolor en su interior—. Y ¿qué podríais estar haciendo los dos completamente desnudos?

Ella sabía que a Naruto le gustaba entretenerse con el cuerpo de una mujer, tomarse su tiempo y aprender cada matiz, cada aroma. Dios sabía cuántas veces lo había visto hacerlo, deseando que la estuviera complaciendo a ella. Recurriría a ese conocimiento ahora, el único conocimiento de la sensualidad que poseía.

Tratando con un tono casual, dijo:

—Acariciaría su pecho y su espalda con mis manos, por supuesto, mientras que me besa. Con la lengua. Sus dedos se deslizarían entre mis piernas, hundiéndose dentro de mí, entrando y saliendo, mientras mis caderas se arquean. Y estaría tan, tan mojada. Gritaría su nombre, rogándole que me poseyera…

—¿Acabas de soltar la bomba C? —preguntó, incrédulo, interrumpiéndola.

—Sí. Él lamería mis pechos succionando mis pezones con su boca, me atravesaría con su grueso y duro pene, y con mis piernas yo envolvería…

—¡Es suficiente! —el cuerpo de Naruto no podía resistir mucho mas.

Estaba duro y tenso, listo para explotar. Sólo con sus palabras. ¿Cuándo le había pasado alguna vez esto?

Se aclaró la garganta y se dejó caer sobre su espalda.

—Cristo, recibí la imagen y estoy considerando sinceramente en cambiarte el nombre a Blaze Champagne.

Bien, pensó ella con suficiencia. Ahora nunca la llamaría Pudence ni asumiría que no sabía qué hacer con un hombre en la cama.

—¿Qué clase de nombre es Blaze Champagne? —ella ya sabía la respuesta. Sin embargo quería que lo dijera en voz alta.

—Del tipo de estrella porno traviesa y reservada, eso es lo que es. ¡Joder!

Ella curvo sus labios en una amplia sonrisa.

—¿He ofendido tus inocentes oídos? Si es así, puedes irte a la mierda Sr. Monje.

Ser malo era más divertido de lo que podía imaginar. No se había sentido tan desenfrenada en su vida.

—Jesús, ¿Besas a tu madre con esa boca?

—Mi madre está muerta —dijo simplemente, limitándose a señalar un hecho.

—Dios, Hinata, lo siento —con remordimiento, alargó la mano y envolvió sus dedos en su antebrazo, apretando suavemente. El calor de su agarre desvaneció cualquier persistente frío causado por el viento—. Nunca hubiera dicho eso si lo hubiera sabido.

—Sucedió hace mucho tiempo, apenas la recuerdo.

—Aun así, no lo hubiera dicho y lo siento.

Él se acerco a su lado izquierdo, y tiró de la cremallera de su bolsa, un susurro de movimiento, un estruendo casi como el de un vaso rompiéndose. Un resplandor dorado de luz brotó alrededor de ellos en un halo luminiscente. En una mano, Naruto sostenía un alargado y delgado tubo, ella lo vio, cerrando sus pesados parpados lentamente contra los brillantes rayos.

—¿Qué es eso?

El objeto la fascinó, nunca había visto algo como eso. Parecía como si sostuviera el fuego puro en sus manos.

—Tiene un nombre técnico, pero me gusta llamarlo palo resplandeciente.

Naruto la miró fijamente y reclamó su fascinación. La tela que había llevado en su cabeza se había caído, por lo que ahora su pálido cabello adornaba a su cabeza. Rayas de pintura verde y negra permanecían en sus mejillas, pero la mayoría de estas ya se habían borrado.

De su frente cayeron gotas de agua hasta su nariz, y luego hasta las hojas. Sus pestañas eran negras y en punta, sus ojos eran de agua líquida, tan hipnotizante como el mar mismo.

Ella lo devoró con la mirada.

Él retiro suavemente de su frente una oscura hebra de su cabello. Sus dedos eran callosos pero, oh, era tan suave. El aire nocturno debería hacerla sentirse afligida en ese momento, pero el fresco apenas tocó su mojado cuerpo. Una creciente sensación de calidez y lasitud se entretejió a través de ella, a partir exactamente de donde él la estaba tocando.

Como estudiándola, frunció sus labios.

—¿Nos conocimos antes? Lo que quiero decir es que a veces, cuando te veo, podría jurar que te he visto antes.

Ella había soñado este momento, de reunirse con él, lo había querido, lo ansiaba, pero la respuesta era un inequívoco no.

—Te prometo que nunca nos habíamos conocido en persona hasta esta noche.

—Aun así —él se encogió de hombros misteriosamente—. Se honesta, ¿estás realmente bien?

—Estoy bien, lo prometo. Y tú ¿cómo te sientes?

Anhelaba alargar su mano y trazar su cara con sus dedos.

¿Había comenzado a debilitarlo el veneno?

Una duda surgió en su mente, recordándole que ellos aún no habían escapado de todos los peligros. Había comenzado ya a unirse el veneno del demonio y del vampiro, peleándose entre ellos, ¿luchando por dominar? ¿Destruyendo a Naruto poco a poco?

Su estomago se revolvió, con las nauseas creciendo hasta llenar su garganta. No podía dejar morir a este maravilloso hombre. Tenía que haber una manera… de hacer algo… pero por el momento no le llegó ninguna milagrosa respuesta.

Extendió los brazos por encima de su cabeza, sacudiendo cada una de las vértebras de su columna.

—Estoy bien para seguir. Más fuerte que nunca.

Él parecía sano y capaz, su piel tenía un color radiante y sus ojos brillaban. Tal vez los venenos no podían dañarlo, pensó esperanzadamente. Tal vez se preocupó por nada.

—Vamos. —dijo él—. Nos hemos quedado mucho tiempo por aquí. Necesitamos encontrar refugio lo antes posible.

Impulsó sus pies con la agilidad de un gato salvaje y acomodó su bolsa encima de sus hombros, en una mano mantuvo elevado el palo resplandeciente, iluminando el área a su alrededor.

Ella también se levantó pero con movimientos más lentos y sin la energía de los de él. Cuando trasladó su peso a sus pies, sus rodillas temblaron. Con la punta de sus dedos, masajeó su sien cuando un fuerte mareo la sacudió.

Naruto estrecho sus brazos alrededor de su cintura, sosteniéndola.

—Apóyate en mí.

—Estaré bien. —dijo ella, apartándose. Dios, lo sintió tan bien, pero no sería un estorbo. Por fin se aclaró su visión y dijo: —Puedo llevarnos a un refugio, sígueme.

—Con mucho gusto. Tu bata se está pegando a tu piel, por lo que puedo ver el contorno de una de tus…

— Naruto.

Él soltó una pequeña risa.

—Mantén tu mirada fija al frente.

—Oh, vamos. Encierra a Prudence y deja salir a jugar a Blaze.

Reprimiendo una sonrisa, Hinata se movió hasta quedar frente a él, cubriendo el objeto en cuestión.

—Necesitamos permanecer a lo largo de la orilla de río.

—Tomate tu tiempo. Yo disfrutaré de la vista. Tus dedos no ocultan nada, nena.

—Incorregible —murmuró agitando su cabeza con un falso sombrío.

Él no era así con todos, sólo con su familia y compañeros de trabajo. Para todos los demás, incluso con sus mujeres, solía ser seco, no tomando prisionera a la persona.

El hecho de que la quisiera la suficiente para probar su encanto con ella...

—Por este camino.

El tiempo pasó con agonizante lentitud, ya que tenía que maniobrar a través de árboles, arbustos y densa arena mojada. Sabiendo que Sara esperaba que ella evitara la civilización, Hinata los llevó hacia el centro de la ciudad.

Pronto la brisa seco su ropa, haciendo al materia rígido, inflexible. ¡Por lo menos no se pegó a su trasero! Los insectos estuvieron en un inquietante silencio y los merodeadores de la noche se quedaron lejos.

— Hinata —dijo Naruto suavemente—. Algo anda mal en mí.

Lo miró por encima de su hombro y luego se detuvo abruptamente. Sus ojos habían perdido ese brillo de diversión y ahora ardían de dolor, los parpados bajaron lentamente y después los abrió completamente, como si luchara por mantenerse despierto. Su piel normalmente bronceada estaba blanca y pálida, con un tono verdoso. El sudor goteaba de él.

Había comenzado.

Un intenso miedo le recorrió, y dijo:

—Ya casi estamos ahí, enfócate en mí, en mi voz y yo nos llevaré a un lugar seguro.

Una ola de mareo debió de haberlo golpeado porque se tambaleó en sus pies.

Cerró los ojos y, con sus dedos, presionó sus sienes.

—¿Qué va mal conmigo? —su voz sonó tan débil e inestable como sus piernas.

Ella no contestó, pero corrió hacia él. Era tan alto que su cabeza apenas lo rozaba por encima de sus hombros. Lo envolvió apoyando un brazo alrededor de él, abriendo su mente a la suya.

El muro que se encontraba en la fortaleza del demonio aún continuaba, y sus pensamientos atacaron instantáneamente dentro de ella.

El dolor. No puedo ceder ante el dolo. Tengo que mantener a salvo a Hinata.

Los venenos del vampiro y del demonio luchaban dentro de él. Y ella sabía que su sangre se calentaría hasta hervir. Las extremidades le dolían como picaduras de miles de agujas. Su cabeza zumbaba y latía como tambores de guerra.

—Apóyate en mí. —persuadió ella.

—No, nada de ayuda. —trató de soltarse de su agarre, pero no tuvo fuerzas. Sus brazos cayeron débilmente a sus lados, el tubo de luz extendió sus rayos a través de las ramas cubiertas por tierra.

—Yo… puedo hacerlo… por mi cuenta.

Ella sabía que las múltiples traiciones en su trabajo habían hecho que no confiara en nadie. Uno de sus socios lo había abandonado, otro trató matarlo. Y otro más lo había dejado atrás para salvarse a sí mismo. En su débil condición, su arraigado instinto auto—suficiente resurgió con más vigor. Ella sabía eso, y estaba decidida a destruirlo.

— Naruto. —dijo ella suave y delicadamente.

Con su mano libre, ella le quitó el palo resplandeciente y lo agarró, rodeándolos de nuevo con un dorado brillo.

Él no habló. Unas líneas de tensión surcaban su cara. Ella sintió el pánico creciendo dentro de él. Escuchó sus pensamientos de, No caigas, no caigas. Mantén a salvo a Hinata, y apriétala más en tu agarre.

— Naruto —repitió con firmeza—. La única manera de mantenernos a salvo es dejar que te ayude. Apóyate en mí —usando toda su fuerza, dio un paso adelante—. Ahora camina.

No dio señales de haberla escuchado hasta que cuidadosamente colocó un pie delante del otro. Siempre a un lado de él, Hinata soportó la mayoría del peso. Pronto sus miembros y espalda ardieron por el esfuerzo. Todo el tiempo se mantuvo firme, aunque conversando parcialmente, con la esperanza de que su voz lo mantuviera despierto. Si cayera dentro del sueño… Se estremeció de sólo pensarlo.

—Sólo tengo un recuerdo de mi padre, y esa fue la primera y última vez que me reuní con él. Recuerdo lo grande y fuerte que era, cómo sus hombros me hacían sentir tan pequeña cuando me acercaba a para abrazarlo. No llegué a pasar mucho tiempo con él, tal vez cinco minutos, cuando me soltó y me dijo adiós. Mi madre fue asesinada poco después y yo me quedé sola. –Ella continuó su monólogo—. Todo lo que siempre he querido es volver a encontrar a mi padre. Bueno, eso y… —ella se envaró, percatándose de que no podía admitir que le había querido.

Una arboleda de blancos árboles llenó su línea de visión, y se detuvo repentinamente, jadeando al ver donde estaban.

—Estamos aquí. –Ella no había esperado alcanzar el refugio tan pronto. A su lado, una cascada rugía contra el río, cayendo desde un alto acantilado.

Naruto gimió. Sus hombros caídos y dificultosa respiración. Los ruidos de la Ciudad Central llegaban hasta ellos, mezclándose con el barullo del agua. El olor del pan recién hecho y la fruta flotaban en el aire.

—Cinco pasos más y podrás descansar, Naruto.

—Descansar, —repitió él, la palabra arrancada con un jadeo de dolor. Sacudió la cabeza—. ¡Nada de descanso! Proteger a Hinata.

—Aquí estamos a salvo. Yo estoy a salvo. —le prometió, urgiéndole a avanzar, hacia la aislada cañada. Cuando finalmente la alcanzaron, Hinata empujó suavemente a Naruto hacia el suelo. Él se derrumbó sobre la cama de hojas con un gruñido.

Pocas criaturas se atrevían a entrar en esa área. El Bosque de los Dragones pertenecía a Sasuke, Rey de los Dragones y Guardián de las Nieblas de Konoha. Fiero y sanguinario guerrero como era, solo las más desesperadas de las personas se atreverían a tentar su furia al atravesarlos.

—Cuidaré de ti, —le dijo ella—. No te preocupes.

Ella alcanzó la mochila de Naruto, asombrada de que lo que contenía en su interior estuviese completamente seco, y retiró su túnica. Después de rasgas varias tiras, se dirigió a zancadas a la orilla del río y los humedeció en la rosada arena.

Afortunadamente ella no necesitaba la vara de luz. Sobre ellos, la cúpula de cristal se acercaba a su ciclo del alba y extendía sus delgados dedos dorados de luz sobre el bosque.

Con la tela empapada con la arena curativa, ella corrió de regreso a Naruto y lo envolvió alrededor de su brazo herido. Él no hizo sonido alguno. Ni siquiera se movió.

Su temor y aprensión crecía, y luchó contra el aguijón de las lágrimas. ¿Le había salvado la vida, solo para morir él mismo? No. ¡No!

Esto era culpa suya. Lo había guiado a ella, lo había convencido de rescatarla.

Tenía que salvarlo.

Si solo no se viera tan pálido, tan cercano a la muerte… Ella apretó los labios para cortar el sollozo de terror. Era obstinado, se recordó a sí misma. Cuando aceptaba una misión, la llevaba a cabo.

Siempre. Sin importar el costo. Cualquiera que fuera la consecuencia.

—Tienes que vencer el veneno, Naruto, o tu misión habrá fracasado ¿Quieres fallar? —ella gritó las últimas palabras, desesperada por que la escuchase.

No hubo respuesta.

—¿Quieres fracasar? —ella rompió en susurros, sacudiéndolo esta vez.

Ni siquiera un aleteo de sus párpados.

Con un gruñido, ella arrancó dos tiras más de su túnica, las llenó con arena y las usó para vendar el mordisco en su cuello. El vampiro le había cortado hasta el músculo el cual ahora se había abierto y rezumaba una espesa sangre negra. Ella también la cubrió con arena, luchando contra un resurgir sentimiento de histeria.

No podía perderle. Él era una parte de ella, siempre había sido una parte de ella.

¿Pero qué más podía hacer para ayudarle?

Ella observó el lento ascenso y caída de su pecho. Poseía tantos dones, el saber discernir la verdad de la mentira, la habilidad para ver a veces el futuro, la habilidad de leer mentes, y con todo, ninguna de esas podría ayudar a Naruto. Entonces…

Sus ojos se abrieron con desmesurado horror cuando él jadeó por aire…

Entonces dejó totalmente de respirar.