Capítulo 11

Neji se encontraba de pie a la orilla del bosque fijando su vista sobre el antig palacio del Rey Dragón. Por supuesto, Sarutobi ya no estaba vivo, muerto por la propia mano de Neji. Tenía que admitir que disfrutó matándole. El bastardo fue frío e insensible y debería de haber controlado más a sus hombres. Posiblemente, si lo hubiese hecho, Tenten seguiría viva.

Una refrescante brisa le atravesó mientras seguía mirando el palacio, bloqueando los sonidos del ejército a su espalda. Destellos cristalinos se elevaban hacia el dorado horizonte, arrojando fracciones de arco iris en todas las direcciones.

Algunos de los más horrorosos crímenes se habían cometido contra Konoha en ese opulento valle, yuxtaponiendo la belleza contra el horror.

Sacrificando humanos, librando batallas hasta que la sangre corrió como un río mortal. Niños y mujeres habían sido secuestrados. Él había formado parte de ello, en todo, pero no se sentía culpable. Ahora las mujeres y los niños eran esclavos, pero se les cuidaba bien. Los humanos a los que había matado eran malvados, el fin justifica los medios. Los dragones contra los que luchó les importaba poco violar a una mujer inocente, por lo tanto obtuvieron lo que se merecían.

A diferencia de otras razas, donde sólo uno gobernaba, siempre hubo dos reyes dragones. Uno para guardar y proteger cada lado de Konoha. Cuando falleció Sarutobi, solamente permaneció Sasuke y, ese estúpido hombre aún tenía que coronar a otro. Sí, mandó soldados para custodiar, pero sin tener al mando a ningún soberano, el palacio quedó vulnerable.

Ahora mismo, los guerreros caminaban por el parapeto del palacio, custodiando, vigilando todo lo que pasaba en la parte inferior. Con su extraordinaria visión, Neji les vio tan claramente como si estuviesen paseándose justo delante de él. Doce hombres armados, perfectamente musculosos, perfectamente bronceados. Pero no poseían los reveladores ojos dorados de los dragones.

Su ceja se arqueó hasta el nacimiento del pelo, empezando a notar otro extraño detalle. Normalmente los dragones sobrevolaban a todas las horas. Hoy, en ese mismo instante, no había ningún guardián sobrevolando el cielo. Sólo un suave, brillo ambarino del cristal.

Lentamente todo se estaba encajando.

Sonrió lentamente.

Casualmente, unas semanas antes, Neji le comentó al rey Nimph que el palacio de Sarutobi estaba sin un líder, que Sasuke lo había dejado a cargo de un ejército de polluelos. Gaara inmediatamente reunió sus fuerzas militares, emboscando el palacio, reclamándolo como suyo. Por lo tanto eran los Nimphs quienes caminaban en ese amanecer sobre el parapeto, sus cuerpos bronceados y musculosos a la perfección, sus cabellos tan sedosos como la seda, sus caras tan luminosas que brillaban más luminosas que la cima.

Todavía quedaba por difundir esa victoria, ya que ni siguiera él lo había sabido.

La satisfacción lo invadió, para después ensombrecerse con un simple pensamiento. La esclava robada de Sara probablemente lo sabría. Lo sabía todo. Incluso le había pertenecido por un breve espacio de tiempo, por lo tanto conocía muy bien sus habilidades.

¿La esclava se lo contaría a alguien? ¿Revelaría sus propios planes? ¿Vendría aquí?

Al instante decidió que no lo haría. Si se lo contase a alguien, entonces debería revelar exactamente quién y qué era, y se la tomaría como prisionera, una circunstancia que evitaría por todos los medios. Evitaría a los Nimphs tanto como evitaba a los demonios. Era una poderosa y sensual raza, eróticamente peligrosos, y embaucaban a cualquier fémina. Esclavizaban cuerpo y alma, hasta que todas las mujeres pensaban sólo en su Nimph, lo anhelaban.

No corrían peligro los planes de Neji.

Su satisfecha mirada se desvió hacia Sara. Nunca se le permitiría a la reina entrar en el palacio y, gracias a los Nimphs, no tenía que estrujarse el cerebro en buscar una razón de porqué no debían entrar. Para ganar tiempo, conduciría a la perra, bajo falsas pretensiones, hasta allí.

Daba igual lo que pasase, no importaba lo que tuviese que hacer, pero se aseguraría que Sara jamás volviese a reclamar a la esclava. Demasiadas cosas estaban en juego.

Como si sus pensamientos la hubiesen convocado, la perra demoníaca guió su caballo a su lado, sus cascos golpeaban el terreno. Había robado el animal de un pueblo Gorgon, después de haberse comido a su amo. El animal frenó sobre el terreno.

Las delgadas y traslúcidas alas de Sara revoleteaban detrás de ella como una afiligranada capa, la única parte elegante de su horrendo cuerpo cornucopia.

—Esos hombres no parecen dragones, se parecen a Nimphs. Guerreros Nimphs.

Su vista era tan buena como la suya, si no mejor.

—Eso parecen —dijo él, no permitiéndose mostrar otra sonrisa—. Deben de haber luchado contra los dragones y tomado posesión. ¿Crees que han escuchado sobre los portales y los quieren para ellos?

Ella jadeó.

—Por eso mismo están aquí. Me apostaría la vida en ello.

Él también apostaría su vida. De buen grado.

—¿Cómo se atreven? —chilló ella—. Los portales son míos. ¡Míos!

—Baja la voz. —No es que le importase, pero tenía que actuar como el amigo preocupado—. Ya sabes lo sensible que es su oído. ¿No has querido decir, nuestro?

—¿Y que más da sí ahora tienen a mi esclava, así como el control sobre el portal? —El pánico invadió su voz y emitió un ensordecedor sonido agudo—. Dijiste que vendría, que la humana necesitaría el portal para regresar a su casa.

—No tienen a la chica. De lo contrario, mil guerreros nos hubieran estado esperando aquí.

—Tienes razón. —Aflojó su apretada sujeción de las riendas, un aire de superioridad se formó alrededor de ella—. Me importa un bledo quién está dentro de ese palacio. Cabalguemos. Si intentan quedarse con el portal le mataré. Y a sus hijos.

Antes de que pudiese decir una palabra, ella se puso en acción, y Neji no tuvo más remedio que seguirle.

—Adelante —gritó él, y sus ejércitos empezaron a correr.

Sus vampiros podían moverse más deprisa que el parpadeo de un ojo, pero se mantuvieron al mismo constante paso, al lado de los demonios. Le conocían muy bien y no volarían a un ataque directo sin su expreso permiso.

Ambos, demonios y vampiros, corrieron a través de campo abierto, dirigiéndose hacia las elevadas puertas dobles. Sabía que eso era disparatado, pero sin lugar a dudas, sería entretenido. Sara jamás conseguiría entrar, y disfrutaría ver cómo los nimphs la bajaban de su elevado pedestal.

De repente una flecha atravesó el cielo y se aterrizó a sus pies.

El caballo de Sara se encabritó, tirándola hacía atrás antes de que pudiese equilibrarse con sus alas. Siseó mientras impactaba contra el suelo, golpeándose y rodando. Neji se rió con entusiasmo con verdadera diversión. Algo que no había hecho en años. Ah, sí, ese iba a ser un día para recordar.

Sara se puso de pie rápidamente, mirándole con ceño y a todos que se atreviesen a reír.

—Ese animal es… es…

—¿Un genuino héroe de guerra? —preguntó Neji.

—Quedaos donde estáis —gritó un nimph—. No sois bienvenidos aquí.

Neji reconoció esa voz. Gaara, rey de los Nimphs. Le prestó al rey toda su atención, Sara quedó olvidada a su lado. Sus ojos buscaron hasta que encontraron al rey sobre el filo más alto del palacio. Cabello rojo enmarcaba una perversa e hipnotizante cara. Piel admirablemente bronceada, perfil perfectamente delineado.

Lozano, labios rosados y largas y ribeteadas pestañas. Ojos verde agua, tan profundos y fantasmales como el océano encima de ellos.

Los rasgos de Gaara deberían hacerle parecer femenino. Por alguna razón su perfección física le hacía más masculino, mucho más duro. Mucho más deseado por las mujeres.

—¿Es así como das la bienvenida a un viejo amigo? ¿Con flechas?

—Sabes que tú, Neji, eres bienvenido a entrar. Sin embargo, el demonio, debe de permanecer al otro lado de las murallas.

—Bien —gritó Neji—. Donde ella está también tengo que estar yo. ¿Por qué no nos acompañas? Ambos deseamos hablar contigo.

—¿Tener suficiente confianza para estar en medio de un demonio? Creo que no. —Su risa resonó a través de la distancia, profunda y fuerte, una caricia que incluso podía sentir Neji. Ese era el método de los nimphs. Con sus voces, con sus cuerpos, con cada una de sus miradas, irradiaban sensualidad—. ¿Por qué te has aliado con una como ella?

No podía expresar su verdadera razón y, no iba a mentir al único hombre que, a través de los años, había considerado un amigo. Aunque estaba seguro que Gaara iba a declinar, y se alegraba por ello, Neji no quería que se viese implicado más de lo necesario, ignoró la pregunto y dijo:

—Sólo deseamos hablar contigo. Tienes mi palabra que saldrás exactamente igual a cómo entraste.

—Quiero luchar contigo, cobarde. — Sara blandió una zarpa en el aire. Se volvió a montar sobre el caballo—. Si te atreves trae aquí a tu ejército.

—¿Estás seguro que la puedes controlar? —preguntó Gaara, sonriendo—. Parece muy decidida a ponerme en el menú de su cena.

—¿Tienes miedo? —expelió ella—. Deberías tenerlo. Mi intención es cortarte la lengua y comérmela ante ti.

Neji puso los ojos en blanco. ¿Cuándo aprendería la mujer que tales palabras y acciones le podrían causar la muerte?

De pronto sus oídos se irguieron al captar el sonido de los soldados de Sara preparando su armamento para el ataque. Entrecerrando los ojos miró a su segundo al mando, y con un pequeño movimiento de barbilla les indicó a los demonios. Las palabras no eran necesarias; su hombre entendió lo que quería. Si un demonio hacía cualquier leve movimiento hacia el palacio, sería aniquilado.

— Neji, si debes hacerlo córtale la lengua —dijo Gaara—, pero hazla callar. Estoy tentado en bajar solamente para humillarla. Cómo si una fémina fuese alguna vez capaz de atacarme. —Se rió entre dientes—. La idea de tal ocurrencia es ridícula.

—Si quieres mi lengua, ven aquí y cógela tu mismo.

Las cejas rojas de Gaara se arquearon.

—Ni una palabra más —chasqueó Neji, su mano salió disparada y agarró el muslo de Sara.

Si no la necesitase tanto, si hubiese habido cualquier otra forma de derrotar a Sasuke, la hubiese matado allí mismo y en ese instante.

Más tarde, se confortó a sí mismo.

—Cada uno de sus alientos me insulta —susurró ella ferozmente. Se retorció ante su sujeción—. Nos está provocando.

—Obviamente nunca ha estado ante un nimph. Si vas a él o viene a ti, estarías encantada de ser su esclava. Rogarías por poder permanecer a su lado; no querrías hacer otra cosa en tu vida que complacerle. Los nimphs no lo pueden remediar. Su mera presencia provoca que las mujeres se conviertan en sus esclavas.

El horror oscureció su semblante, y su mirada se posó rápidamente en él.

—Si sabías esto, ¿por qué demonios le has invitado a que venga aquí?

—Sabía que iba a declinar la invitación. También sabía que abriría nuestras vías de comunicación.

—¿Por qué estas aquí? —dijo Gaara con un suspiro, interrumpiendo su conversación.

—Ves —murmuró Neji—. Ahora nos estamos comunicando.

Sara abrió la boca para responder, pero Neji la silenció apretándole más fuertemente el muslo. Dolorosamente. Sus labios se fruncieron.

—Pensábamos en tomar el palacio, pero como tú has llegado antes te lo dejaremos a ti. No obstante, ahora que estamos aquí, me gustaría preguntarte sobre un hombre humano.

Mientras hablaba, cientos de nimphs se alinearon en torno a su rey, mostrando su gran cantidad. Todos eran altos y fuertes con una belleza que sobrepasaba a cualquier otra criatura u objeto. Tal magnífica exquisitez dañaban sus ojos, casi obligándole a protegerlos.

—¿También has venido esperando encontrar la Joya Hinata de Byakugan?

Neji se encogió de hombros. Gaara le conocía muy bien.

—Es mía —chillo Sara—. No pienses siguiera en quedártela.

—Creo que haré cualquier cosa que me plazca hacer —dijo Gaara, su timbre era sensual, lleno de diversión.

Las manos de Sara apretaron las riendas de su caballo, y sus verdes escamas se quedaron sin color.

—Destruyámoslo —susurró—. Enviemos éstas criaturas a Hades.

Mujer estúpida.

—No tenemos ni tiempo ni recursos para guerrear, a la vez, con los nimphs y los dragones. Consuélate con el hecho que una vez que Sasuke sea derrotado, podemos hacer lo que nos plazca con lo nimphs. —No es que fuese a permitir que atacase a Gaara, incluso si aún estuviese viva en ese punto.

—No quiero esperar.

—Pero lo harás.

Echó un vistazo a los ejércitos a sus espaldas. Sus vampiros estaban totalmente quietos, compartiendo su atención entre los demonios y él, sin prestar atención al espectáculo de arriba. Estaban esperando su señal.

Los demonios, no obstante, continuaban moviéndose inquietos, lamiéndose los labios con famélica anticipación.

Ahí consistía la diferencia entre guerreros adiestrados y desaliñados idiotas.

—Eres consciente que los dragones te atacarán por apoderarte del castillo —le dijo Neji a su amigo.

—Desde luego. Esperamos con ansia e impaciencia su visita. En caso de que te hayas librado para entonces del demonio, podrás venir a nuestro auxilio. — Gaara habló con tanta tranquilidad, como si estuviesen discutiendo sobre el tiempo y, no una profecía de guerra y muerte—. Bien, si no tienes nada más que decir…

—¿Has visto al humano y al chica? —gritó Neji en beneficio de Sara.

—No han pasado por ésta tierra, ni hoy ni cualquier día desde que estamos aquí.

—Estás mintiendo —siseó Sara, y Neji se fijó en cómo sus garras se alargaban, preparándose para atacar—. Si no nos queda otro remedio pelearemos cada paso hasta llegar al interior, y cerciorarnos de ello nosotros mismos.

Gaara meneó la cabeza.

—Te deseo los buenos días, Neji.

—El portal. —El rasgo de su cara al volverse a mirar a Neji era desesperante—. ¿Qué pasa con el portal? No podernos dejarlos en las manos de ese bastardo.

Al escucharla, la hermosa cara de Gaara se vació de toda emoción, de toda diversión. Sus perfectos labios se elevaron a una leve mueca.

—Puedes y lo harás —dijo él, su tono peligroso, amenazador.

Ella jadeó.

—¿Así que hay uno adentro? ¿Lo has visto?

—No es de tu incumbencia.

—Todo este tiempo. —Su lengua viperina salió de la boca y humedeció sus labios—. Los portales existían y no tenía ni idea. El palacio de Sarutobi…

—Éste es ahora el palacio de Gaara —espetó el rey nimph—. Más vale que te aprendas el nombre y lo utilices.

—El palacio de Sarutobi —continúo ella con desprecio—, Sarutobi, Sarutobi, Sarutobi.

—Sí los enemigos osan en acercarse más, matadlos —gritó Gaara a sus hombre—. A todos.

Neji conocía al rey, lento en enfurecerse, no dudaría en matarlos ahora a todos al haber sido provocado. Su amistad era la única razón por la que Gaara aún vivía.

—Tenemos la información que necesitábamos —dijo ella.

—Marchémonos. Nos dirigiremos hacia el palacio de Sasuke. Deberemos atravesar la Cuidad para llegar ahí y durante el camino buscaremos a la pareja.

—No, podemos vencer a Gaara. Podemos matarle.

—Ya te he explicado el motivo por el que no lo haremos.

Se dio media vuelta y se alejó de ella con grandes zancadas, antes que la matase en ese instante, olvidando todo por lo que había trabajado. Se vio obligada de seguirle o morir.

—Odio a Sasuke. Te ayudaré a matarle. Pero no dañaré a Gaara.

Ella decidió seguirle. Su caballo relinchó cuando le giró, y rápidamente estuvo al lado de Neji.

—¿Y si no encontramos al humano y al chica? ¿Qué haremos entonces, poderoso rey vampiro?

—Combatiremos a Sasuke como lo planificado.

—¿Combatirles sin la esclava a mi lado?

—Estabas muy dispuesta en combatir a Gaara sin la esclava.

—Es un nimph. Sólo sabe como follar, nada más.

Neji se paró y la miró enojado y penetrantemente. La luz sus escamas verdes eran intensas y repugnantes. Ráfagas de humo y azufre salían, como rollos, constantemente de su nariz.

—Mujer, ¿acabas de llegar a Konoha? ¿Es por eso que no sabes nada de las criaturas de por aquí?

—Podría estar cobijando a mi esclava dentro de esas paredes.

—No lo está haciendo — Neji saltó hacia atrás en movimiento—. Gaara será muchas cosas, pero no es un mentiroso.

—¿Cómo lo sabes? —exigió, manteniendo el paso con él—. ¿Por qué te gusta tanto?

Sus ejércitos le seguían a la retaguardia, y muy pronto reentraron el bosque. Las ramas extendían sus largos dedos hacía ellos y las ramitas se partían bajo sus pies.

—Sí la tuviese, la hubiese desfilado a través del parapeto, mostrándola y riéndose de nosotros. El hombre tiene un retorcido sentido del humor.

—Hemos desperdiciado nuestro tiempo al venir aquí. —Era una irritada manifestación, no una pregunta.

—Hemos sabido que el humano y la esclava no han abandonado Konoha. No han cruzado un portal, por lo tanto están aquí, esperando a ser encontrados y capturados.

Lentamente, ella sonrió.