Capítulo 21
Naruto empujó a Hinata al suelo y se lanzó de manera protectora sobre su cuerpo.
Cuando ella consiguió recuperar el aliento, se removió, intentando ponerse ella misma como escudo. La fuerza de él prevaleció.
—Maldito seas —gritó ella.
Él simplemente aplastó sus labios contra los de ella para un rápido beso, volviéndose y alzando la espada. Listo para atacar y defenderse. La velocidad del vampiro era increíble, casi más rápida de lo que podían ver sus ojos, convirtiéndolo en un borrón en movimiento. No sabía cómo iba a luchar con todos ellos, o como iba a salvar a Hinata. Sólo sabía que lucharía hasta la muerte si era necesario.
Y parecía que quizás fuese necesario.
Estaban casi al alcance, con la muerte en los ojos… casi... Su cuerpo se tensó, listo para el impacto y la batalla.
Ninguna raza los tocó.
—¿Qué demonios? —la sorpresa lo atravesó.
Los vampiros salieron volando pasando junto a ellos y cogiendo a los demonios en medio del aire, estrellándose juntos. Siseos que rebotaban, seguidos por el sonido de la succión. El olor del azufre se mezcló con un vibrante sonido metálico.
El centauro se puso en movimiento. Naruto saltó, tirando de Hinata con él e intentó seguir el camino que había tomado la centauro.
—Espera —dijo Hinata, intentando tirar de él para detenerle.
—¿Dónde está esa casa segura que mencionaste? —tiró de la capucha volviendo a ponérsela sobre la cabeza, cubriendo su palidez, impulsado por la determinación.
Después de hacer una rápida comprobación a derecha e izquierda del camino—y de la atención de varios clientes—acompañó a Hinata a otro callejón.
—¡Espera! —repitió ella.
Esta vez, se giró y la encaró. La mitad de su rostro estaba ensombrecido por la capucha, pero sus labios—esos suaves, apetecibles labios—eran perfectamente visibles.
—Bebé, esto es a vida o muerte. Podemos hablar cuando te haya llevado a lugar seguro.
—Leí su mente.
Él frunció el ceño.
—¿A quién?
— Neji. El Rey de los vampiros. Leí su mente.
Lo abofeteó la comprensión. La arrastró al interior de un carro cercano y deslizó el dosel sobre sus cabezas. No le gustaba permanecer quieto, pero se extendió a sí mismo sobre ella, presionando su espalda en la astillada madera.
—De acuerdo, te escucho —mantuvo su voz baja, no quería que el sonido los delatara—. ¿Qué has descubierto?
Ella tembló ante el contacto.
— Neji quiere ayudarnos.
—¿Por qué?
—No lo sé.
Él se inclinó hacia ella hasta que sus respiraciones se mezclaron, la luz en sus celestes ojos la perforaron con su intensidad. La dura longitud de su cuerpo encajaba perfectamente contra la suya.
—¿Cómo puedes saber uno y no lo otro?
Hinata se lamió los labios y se derritió contra él. Naruto había estado tan distante con ella desde que se había despertado esa mañana. Apenas la había tocado. Y ahora que estaba con él, no podía controlar su reacción.
Le deseaba de nuevo.
—Concéntrate, bebé.
—La gente no piensa de manera secuencial —dijo ella, obligándose a centrarse en lo que tenían entre manos—. Quiero ayudarle por esta y esa razón.
Él maldijo en voz baja.
—Tienes razón. Sin embargo, me sentiría mucho mejor conociendo sus motivos.
—Sí —le picaban las manos por deslizarlas por su pecho, por tener sus manos deslizándose por el suyo—. Sus hombres están manteniendo alejados de nosotros a los Tritones y Demonios. Quiere que nos quedemos aquí.
—¿Estás segura de que no te hará daño? No puedes predecir el peligro contra ti misma.
—Estoy segura de esto. Muy segura.
Él se movió, su erección presionando entre sus piernas. Ella jadeó. Él tampoco era inmune a su contacto, de todas formas.
—De acuerdo —dijo él—. Esperaremos por él.
Ella le pasó los labios sobre la línea de su mandíbula, vibrando eróticamente cuando su barba le hizo cosquillas. Las manos ascendieron por su espalda, extendió las piernas y le dio una más profunda bienvenida.
Él detuvo su acción con una sacudida de la cabeza.
—No. No podemos hacerlo aquí.
—Estamos perfectamente a salvo.
—No importa. No quiero que me cojan con los pantalones bajados y además de eso, nuestra relación física se ha acabado.
—¿Por qué? —murmuró ella, congelándose interiormente. Un sordo latido tamborileó en su pecho—. Me estás tocando ahora.
—Ya sabes lo que quiero decir —su duro tono la abofeteó.
—No, no lo sé.
Apretó los dientes y permaneció en silencio durante un largo instante.
Finalmente, se soltó.
—Te haré daño, maldita sea.
¿Hacerle daño?
—La única manera en que me harás daño es no tocándome.
Su boca se torció en un gesto.
—Ahora las cosas son diferentes. Yo soy diferente —su puño golpeó el carro, justo por encima de su cabeza—. Maldición. Quiero beber tu sangre. Cada vez que te tengo cerca, puedo oler tu sangre y quiero saborearla.
Sus ojos se abrieron desmesuradamente. Él esperaba que ella estuviese horrorizada, aterrada. Disgustada. ¿Cómo podía saber que ella no se parecía a las mujeres que conocía? Ella había crecido en este mundo, donde los vampiros eran lo normal.
Su deseo la excitó.
Nunca antes había sido mordida pero quería compartir una profunda parte de ella con Naruto, quería ser la primera y la única mujer de la que bebiera. Quizás esto los uniría, mucho más de lo que ya estaban unidos.
—Quiero que me muerdas.
Sin darle oportunidad para protestar, Hinata aplastó sus labios con los suyos. Él gruñó, entonces abrió la boca con impaciencia, sin protestar, su lengua tomando rápidamente el control. Su sabor, masculino y caliente, invadió su boca, una bienvenida conquista. Sus dientes acariciándose mientras sus cuerpos se estrechaban buscando un contacto más cercano. Sus senos presionados en su pecho. Sus manos acunando su trasero y tirando de ella contra su dura erección.
El deseo la arroyó, caliente y hambriento.
—Sabes tan bien —murmuró él con voz rasgada—. No deberíamos estar haciendo esto.
—Te deseo tanto —jadeó ella.
Él trazó un camino de besos bajando por su rostro, su mandíbula, cuello y su lengua chasqueó, lavándole la sensitiva piel. Ella sintió que sus dientes se alargaban, preparándose para la penetración.
—No debería hacer esto.
—Por favor, hazlo ahora.
Todo su cuerpo gritaba por él. Ella le había amado durante tanto tiempo, le había deseado tanto. Anhelado.
—Quizás mi sangre aliviará los cambios en tu interior y te ayudará a conquistarlos.
—Párame si te hago daño.
Él abrió la boca contra su cuello y aplicó una ligera presión. Sólo un poco más…
—Ya, ya, niños —la capa que los cubría fue hecha a un lado—. Deberíais hacer eso en algún sitio privado.
Naruto se enfrentó, encarando al intruso con un fiero gruñido. Todo en él, desde su postura a sus cerrados puños y brillantes ojos rojos, gritaban su intención de atacar. Su respiración era rápida, superficial.
Hinata jadeó y se movió a su lado, sus piernas casi torciéndose bajo su peso.
Curvó la mano alrededor de su antebrazo, relajándole instantáneamente.
— Neji —dijo ella, enderezando sus hombros.
El rey vampiro inclinó la cabeza en señal de reconocimiento. Sus apuestas facciones eran tan perfectas que podían haber sido esculpidas en piedra.
—Dejad la Ciudad Central —dijo él. Una gota de sangre negra deslizándose de un lado de su boca. La lamió con un estremecimiento de repugnancia—. Los demonios siempre tienen un sabor ácido —le echó un vistazo a Naruto—. No te los recomiendo.
Otro bajo gruñido salió de Naruto.
—Tu propósito, vampiro.
Neji arqueó una insensible ceja.
— Sara está decidida a recuperar a la chica.
—Ella es mía.
Neji se rió entre dientes, el sonido lleno con rico humor masculino.
—Ninguno de nosotros quiere que la Reina vuelva a capturarla. Por diferentes razones, estoy seguro. Mis hombres procurarán llevaros a la seguridad.
Hinata abrió la boca para protestar, pero él la cortó.
—Sabes que puedes confiar en mí en esto.
Ella asintió.
—Sin embargo, son tus motivos los que pongo en duda.
—No tienes que temer por tu humano —dijo Neji—. Mientras estoy seguro que sería un apetitoso aperitivo, estoy lleno. Y además de eso, tiene un poco de sangre de demonio, ¿no? Ahora mismo sólo me interesa el postre, no más de la misma comida putrefacta.
—Dame tu mano —insistió ella—, para que pueda asegurarme yo misma…
Él retrocedió rápidamente.
—No me tocarás.
Y en ese momento, Hinata sintió su temor. Él estaba ocultando algo y no quería que ella lo supiese, pero sentía que eso no tenía nada que ver con Naruto. Dejó caer la mano a su lado.
—Muy bien.
—No confío en él —dijo Naruto, haciendo la declaración en voz alta.
Se esforzaba por mantenerse bajo control, para atenuar la sed de sangre que rugía a través de él. Casi había mordido a Hinata, casi había bebido su sangre después de que haber luchado tanto para ignorar el deseo.
Debería haber estado disgustado consigo mismo.
No lo estaba.
Sólo le enfurecía que hubiese sido interrumpido.
No le gustaba el rey vampiro y no le gustaba la manera en la que el hombre miraba a Hinata, como invitándola a ser su amiga. Pero más que eso, no le gustaba el hecho de que esa maligna criatura descendiera en picado y se convirtiera en el héroe.
Irracional, sí.
Pero era trabajo de Naruto proteger a Hinata y maldito fuera si permitía que alguien se acercara a ella. Especialmente un vampiro.
La ironía de eso no se le escapaba.
La mujer era cazada igual que un premio de veinte puntos durante la temporada de ciervos y no se atrevía a confiársela a nadie.
—Sin mí, la perderás —dijo el vampiro.
—Permitiré que tus hombres nos saquen de la ciudad —mejor tenerlos cerca y usarlos para escapar de los demonios—. Después de eso, nos dejarán.
—¿O qué? —preguntó Neji con diversión.
—O haré a tus hombres lo que hice al castillo de los demonios.
Neji perdió la sonrisa. Su mirada perla se estrechó de manera amenazadora.
—Muy bien. Si Sara te captura, sin embargo, te mataré antes de permitir que ella use la…
—¡Neji! —gritó Hinata, el nerviosismo azotando en su voz—. No puedes matarme y lo sabes. Ahora ponte en marcha. Sara te está buscando y no está contenta.
El vampiro realmente sonrió.
—Hasta la próxima vez.
Y entonces se marchó, quedándose otros dos vampiros en su lugar.
—Vamos —dijo uno de ellos—. No tenemos mucho tiempo.
