Capítulo 22
Tres horas después, Naruto se encontró solo con Hinata y a salvo en el bosque.
Fieles a su palabra, los vampiros los escoltaron a salvo a través de la ciudad y los dejaron en paz.
—Esto está bastante apartado, —dijo uno de ellos—. Nosotros debemos irnos ahora. No volváis a la ciudad.
Antes de que Naruto pudiera responder, se desvanecieron en un rápido movimiento.
—Espera aquí. —le dijo a Hinata.
Echó a correr a través de los árboles, los troncos se emborronaron a causa de su propia velocidad. Quería asegurarse que los vampiros no daban la vuelta y les atacaban. Los vio una sola vez, su blanquecino pelo rubio ondeando más allá del follaje.
Satisfecho con que no regresarían, se volvió sobre sus pasos. Hinata estaba exactamente donde la había dejado, extendiendo la comida que habían comprado antes de dejar la ciudad. Ella alzó la mirada ante su aproximación.
—Espero que tengas hambre.
—Estoy famélico. —Él se dejó caer.
El aire era agradable y fragante con los aromas del verano. Los pájaros volaban por encima de sus cabezas, y el río discurría a su lado. El picnic perfecto. Casi podía olvidar que había sido perseguido por enloquecidos tritones y demonios con la venganza en mente.
Él miró la comida con avidez. Después de tener sólo una insípida barrita energética como desayuno, habría vendido su alma—quizás ya lo había hecho y eso era un punto discutible—por un mero mordisco de aquella suculenta carne.
—¿Comemos? —preguntó ella tan educadamente como siempre.
Él no tuvo tiempo para responder, simplemente arrancó una pieza de carne y se la llevó a la boca.
Casi gime por el escarpado placer de ello.
Hinata gimió.
—No creo haber probado nunca nada tan bueno, —dijo ella—. Bueno, excepto a ti.
Ella siguió diciendo cosas como esa, y el que tuvieran tal valor para ella lo impresionó lo bastante como para hacer una pausa, su mano llena de la carne de ave se colocó frente a su boca.
—Puedo decir lo mismo de ti.
Desde su último beso, había existido una pesada tensión entre ellos. Iban a hacer de nuevo el amor; ambos lo sabían, Él no podía resistirla; Sólo, no podía. Cada vez que lo intentaba, sólo tenía éxito en conducirse a sí mismo a la locura. Así que lo que había hecho era negárselo a sí mismo. Su deseo de morderla la excitaba más que lo repelía.
Una bendición que él no iba a preguntar.
No sabía con seguridad al cien por cien si ella era la Joya Hinata de Byakugan como sospechaba. No sabía si tendría una noche o más con ella. Nada de eso importaba. La amaba, e iba a estar con ella.
El cuándo, lo sabía, sería más bien pronto que tarde.
Su mirada vagó por ella. La suciedad y salpicaduras de sangre manchaban su mejilla. El pelo negro azulado como la noche caía en cascada bajando por su espalda. Y todavía, con la vitalidad que centelleaba en sus ojos perlas, nunca había parecido más encantadora. Más exquisita.
La ternura que él sentía por ella, su ferocidad. Esa necesidad de estar cerca de ella. Esta furiosa pasión e inagotable hambre.
Esa protectora obsesión.
Sólo su hermana, Katie, había sacado sus protectores instintos de esta manera, y ahora Hinata.
Él sentía que todo la empujaba hacia ella.
Su hermana la adoraría, lo sabía.
—Estás pensando en tu familia, —declaró Hinata. Ella mordisqueó un suave panecillo relleno de queso.
Sus cejas se arquearon.
—¿Y cómo sabes eso, oh, lectora de mentes?
—Tenías una expresión pensativa. Háblame de ellos.
—Ya sabes de ellos.
—Cuéntame, de todos modos.
Entre mordiscos, le dijo.
—Brian es el flemático, siempre fuerte, siempre estable. Eric es el pacificador y es difícil de irritar, pero una vez que se vuelve loco, — Naruto fingió un estremecimiento—, la ira de Eric es algo terrible. —Mientras hablaba, todo en su interior se relajó. Ese había sido el propósito de Hinata, se percató él con admiración—. Denver estará probablemente teniendo en este minuto una cita con la Reina de Hielo Más Grande del Mundo.
—¿Madison o Jane? —preguntó Hinata con una sonrisa.
—Madison.
—La recuerdo. Nunca sonríe.
—No sé que ve ese chico en ella. No tiene emoción alguna y probablemente es tan divertida como un extraterrestre en la cama.
Hinata jadeó con escandalizada sorpresa.
—Que cosa más horrible has dicho.
Se le escapó una carcajada, y se sorprendió de lo genuina que era.
—Quizás calentar a una remilgada es más divertido de lo que me di cuenta.
Sus mejillas enrojecieron.
—No soy una remilgada.
—Créeme, Resplandor, lo sé. —Él se estiró y apretó su mano—. Nick probablemente está causando problemas en algún sitio con su retorcido sentido del humor. Katie probablemente le dé a su marido, Jorlan, el infierno, y mi padre probablemente se lo de a mi madrastra, Anko, el infierno. Parece ser una tradición familiar.
—Me encantaría poder conocerles en persona.
Sus palabras dirigieron al instante una imagen por su mente—una imagen de Hinata rodeada por sus hermanos, su hermana y su padre. Le darían la bienvenida con los brazos abiertos, adorarían su franqueza y honestidad, y demonios, adoraría ver su cara cuando su rocambolesca familia la impresionara.
—Siempre he deseado tener la fuerza de Katie, —supiró Hinata con tristeza—. Cuando conoció a Jorlan por primera vez no pudo aplastarla fácilmente con su escarpada masculinidad. Pero en vez de eso terminó conquistándole.
Por encima de sus cabezas, la cúpula despedía un brillo ambarino y ese brillo caía goteando en sus rasgos, acunándola en un perfecto marco de resplandor. Su pecho se oprimió.
—Está anocheciendo, así que tenemos que acabar la comida. Quiero lavarme antes de que se vaya la luz.
Acabaron su comida en silencio, y Naruto se puso en pie. Le tendió la mano.
—¿Lista?
—¿Para el baño? — Hinata le miró, su mirada insegura—. ¿Juntos?
Él asintió.
—Si entras en el agua conmigo, vamos a hacer el amor.
—Por fin. —Estirándose, entrelazó los dedos con los de él. La ayudó a ponerse en pie. Un atractivo rubor de entusiasmo coloreó sus mejillas mientras cruzaban la corta distancia hasta la orilla del río.
—¿Nos atacarán los Tritones? —preguntó él, el pensamiento apenas acaba de ocurrírsele.
—Todavía están en la ciudad, y no los siento.
—¿Lo hiciste la vez pasada?
Ella asintió.
—Eso es por lo que estaba vestida y no desnuda como prometí. Había esperado que pasaran de mí. Aquí estamos completamente solos.
Cuando ella soltó su mano para desatar los nudos de la cintura de su vestido, él la detuvo con un ronco susurro.
—Déjame.
Con movimientos hábiles, trabajó en el material. La sucia tela pronto flotó a sus tobillos, dejándola en ropa interior. Aquella también la hizo caer al suelo. Y entonces ella estuvo de repente gloriosamente desnuda.
Él bebió de su visión. Pezones rosados, como perlas, vientre listo como la seda, un parche de oscuros rizos y largas y finas piernas.
Perfecta.
Hinata permaneció completamente quieta para la exploración de Naruto. Como la gente de Konoha la quería por sus habilidades psíquicas, ellos la veían como un objeto. Una cosa. Hasta se lo llamaron en una ocasión. Nunca la habían visto como un ser sexual. Pero la manera en que la miraba Naruto… se sentía dolorida. Erótica y deseada.
—Eres tan hermosa, —jadeó él. Sus ojos ardientes, su voz espesa.
—Gra… gracias. —No sabía que más decir.
La necesidad rasgó atravesándola, y extendió la mano, deshaciéndose de las ropas de él pieza por pieza. Las manos le temblaban. Su pecho era amplio y contorneado con músculo, y sus pezones eran pequeños y marrones, duras puntas contra sus manos. Un fino rastro de pelo rubio descendía pasando la cintura de sus pantalones hasta su pene. La larga y gruesa longitud sobresaliendo.
Ella lo había visto antes así. Orgulloso. Despierto. No en la tienda, demasiado oscura, si no para otras mujeres. Esta vez, la deseaba a ella. Estaba duro por ella. Su sangre se encendió con el poder de ese conocimiento.
—Creo que estamos hechos para complacernos uno al otro. —Dijo él, levantándola por la cintura y caminando directamente al agua con ella.
Ella envolvió las piernas a su alrededor cuando el frío líquido la envolvió, haciéndola temblar.
El calor de Naruto la mantenía cálida y proporcionaba un contraste erótico. Sus brazos rodeándole. Pechos contra pecho. Erección contra mujer.
—Te he deseado durante tanto tiempo, —confesó ella jadeante.
—Entonces tómame, —dijo él, su voz más áspera, más de lo que nunca la había oído—. Soy tuyo.
Ella le besó entonces, suavemente al principio. En el momento en que sus lenguas se encontraron, ella casi gritó por la repentina intensidad que se dio entre ellos. La abandonaron las fuerzas. De no haber estado sus brazos alrededor de ella, se habría hundido a plomo hasta el fondo del río. Una de sus manos le agarró el muslo, manteniendo la pierna alrededor de él.
La sensación de su erección presionada directamente contra ella, lista para la penetración, aún más allá de su alcance. Se meció contra ella. Ella gimió ante el inexplicable estallido de placer cuando despertó cada terminación nerviosa en su cuerpo.
—Se siente tan bien. Hazlo otra vez.
Él se rió.
—Primero, tengo que lavarte. Los pechos… están sucios. Muy sucios.
Sonaba tan malicioso.
—Deja caer las piernas, —añadió él.
Cuando lo hizo, sus manos ahuecaron el agua y la vertieron sobre su pecho. Él observó sin apenas aliento cuando las gotas se deslizaban por sus redondos pechos, cayendo en sus pezones.
Él lamió la primera gota que cayó, después la otra.
—Estás tan sucia. Necesito lavarte por todas partes.
—¿Y tú estás sucio?
—Oh, sí.
El besó su camino bajando por su estómago, sin parar hasta que estuvo arrodillado. El agua solo alcanzaba la unión de sus muslos. Saliendo como una flecha, su lengua encontró el corazón de ella. Ella gritó por el placer de ello, y dejó caer la cabeza hacia atrás. Sus manos aferrándose a la cabeza de él, manteniéndola en el lugar.
Hinata tenía que tenerle dentro de ella. Ahora. Le clavó las uñas. Él se levantó de golpe y ambos cayeron al agua, sus bocas ancladas juntas mientras el líquido los bañaba, cubriéndolos. Sus cuerpos enredándose y estirándose mientras sus lenguas luchaban.
Su cabeza se aligeró justo cuando Naruto dio un poderoso pataleo de sus piernas, enviándolos a la superficie. Ella jadeó por aire, tomando el suyo. El jadeó por aire, tomando el de ella. La necesidad de tenerle, a todo él, azotaba a través de ella.
—No me hagas esperar más tiempo, —jadeó ella.
—¿Ahora?
—Por favor.
Él se levantó y entró en ella, profundamente.
Sus paredes interiores lo sujetaron apretadamente y cuando estuvo completamente envainado, dándole a su cuerpo lo que había ansiado todos esos días, su placer explotó. Ella se contrajo alrededor de él. Las estrellas parpadearon detrás de sus párpados, y el calor se extendió como incontrolable fuego por su sangre. Porque él estaba dentro de ella, siendo una parte de ella, su éxtasis fue más que completo.
—Mierda, —gruñó Naruto. Bombeando dentro y fuera y ella agarrándose a él.
—Más. —Mucho más. Ella quizás nunca tuviera bastante de él. Ya el hambre crecía nuevamente—. Te quiero. —Las palabras brotaron de su garganta, sin invitación. Estaban impresas en cada una de sus células. Gritarlas era tan natural como respirar.
—Dímelo otra vez, —gimió él.
—Te quiero.
—Otra vez.
—Te quiero, Naruto. Dioses, te quiero.
Dentro y fuera, moviéndose más y más rápido, el agua salpicando alrededor de ellos. Ella mordió el cordón de su cuello, con fuerza. Le tiró del pelo, su necesidad haciéndose demasiado grande para controlarla. Ella necesitaba… necesitaba…
Sus dientes se hundieron en su cuello.
Exactamente esto. Al instante otro orgasmo la consumió. Intenso. Muy intenso.
—Sí, ¡Sí!
Y cuando ella se retorció contra él, cabalgando las olas de placer, él bebió de ella. Sus embates se hicieron más profundos, más rápidos incluso, más duros.
Más rápido.
Más duro.
Cuando se corrió, un grito ronco salió arrancado de su garganta y el sonido resonó a través del bosque.
