Capítulo 24

Naruto había hecho algunas estupideces a lo largo de su vida, pero esta encabezaba la lista.

Después de hoy, si alguien le decía que no tenía pelotas de acero, estarían equivocados. Por lo general, disfrutaba volando. Había saltado de aviones, por Dios santo. Diablos, había levitado y flotado él mismo en la ciudad.

Ahora mismo, con el viento peinando su pelo y la cúpula de cristal emitiendo un suave brillo sobre ellos, todo lo que quería hacer es vomitar. Su única ancla contra la caída libre a su muerte era su agarre de kung fu sobre un dragón. Un verdadero dragón con aliento de fuego. Detrás de él, Hinata inclinó la cabeza contra su hombro, disfrutando de la experiencia igual que si estuviesen acomodados en primera clase a bordo del Concorde.

—Allí está, —dijo ella, indicando con la cabeza—. El palacio de Sasuke.

Bastante segura, surgió una enorme fortaleza de cristal, una brillante y escarpada monstruosidad de torres desiguales. Todos los colores del arco iris se extendían desde los bordes. Shikamaru voló acercándose cada vez más, y un helado sudor cubrió la piel de Naruto. No había puertas que él pudiera ver. Ni ventanas.

Y el estúpido dragón no estaba aminorando la caída. Estaba, de hecho, agitando sus membranosas y finas alas transparentes con más rapidez.

Alguien debería haberle dicho que el plan era estrellarse contra la pared y abrir un boquete.

— Hinata, agárrate fuerte a mí. Prepárate para el impacto.

Pero la parte de arriba de la cúpula se abrió, convirtiéndose rápidamente en una zona de aterrizaje. El agua del mar cayó dentro del palacio. Los dragones volaron directamente al interior de la cascada. El salado líquido llovió sobre él, y él se volvió y apretó el rostro de Hinata a su espalda.

Momentos después, los dragones se deslizaron suavemente a los mojados suelos, permitiendo que el agua cayera por sus flancos. Con el agua goteándole, Naruto se apresuró a desmontar y ayudó a Hinata a hacer lo mismo. No admitiría que le estaban temblando los miembros.

—Gracias. —El pelo húmedo le colgaba por la cara y hombros. Ahora que estaban allí, había un triste brillo en sus ojos y un borde melancólico en su voz.

¿Estaba pensando en el ruinoso templo?

Sin saber qué hacer, la besó en los labios.

Ella parpadeó y le sonrió lentamente. Maldito si no se le encogía el pecho.

—¿Y eso por qué fue? —preguntó ella.

—Solo por si acaso.

Él devolvió su atención a los dragones. A causa de que Hinata confiaba tan completamente en ellos, él era capaz de bajar la guardia más de lo general. ¿Y no era irónico?

No podía confiar en que los compañeros humanos del OBI no lo apuñalaran, pero podía poner su vida en manos de unas bestias que respiraban fuego. Por primera vez desde que entró en Konoha, no se sintió acechado ni cazado. O como el próximo plato en el menú.

Mientras miraba, las escamas de las criaturas desaparecieron bajo su bronceada piel. Sus alargados rostros se hundieron, sus colas y alas se retrajeron bajo pequeños pliegues de piel humana y fueron una vez más completamente humanos. Por supuesto, también estaban completamente desnudos.

—No mires, Hinata, o te taparé los ojos.

Ella bufó.

—Por aquí. —dijo Shikamaru. Sin esperar por su asentimiento, él y los otros salieron a zancadas de la habitación.

Uno al lado del otro, él y Hinata los siguieron al corredor. Antorchas alineadas en las paredes, brillaban iluminando aquella riqueza. No sabía que había esperado de un palacio dragón pero, no era lo que encontró. Diamantes, zafiros, esmeraldas, y rubíes adornaban las paredes. Oro y plata servían de pegamento para mantener las gemas unidas.

—Dios mío. —murmuró él. Tanta riqueza… Nunca había visto nada parecido.

Obligarse a sí mismo a apartar la mirada resultó ser difícil, pero no se permitiría distracción alguna.

—Si ocurre algo, quédate detrás de mí, ¿de acuerdo? —Quizás confiara en los dragones en esta habitación, pero no sabía que había más allá de esas puertas. Con destreza movió el cuchillo desde su sujeción en la muñeca y lo deslizó bajo la manga de la camisa.

—Espero que recuerdes ser así de protector por la mañana.

Por la mañana… ¿Cuándo le entregaría a Byakugan? ¿Cuando se entregaría a sí misma?

—Puedes contar con ello. —dijo él, intentando asegurarle que sin importar lo que le dijese, nunca la lastimaría.

Ella se mordió el labio entonces abrió la boca para decir algo. La volvió a cerrar de golpe.

—Yo… te quiero, Naruto.

Eso no es lo que ella quería decir. Él había preferido oírla decirle "Te amo" otra vez, pero aquellas palabras servirían, por ahora. Él realmente quería cada maldita cosa de ella.

—Yo también te quiero, dulzura.

—¿Podéis callaros por unos segundos? —dijo Kiba con un suspiro—. Eres igual que Sasuke y Sakura. Dulzura esto y dulzura aquello. Nos enferma a morir tal sin sentido.

—¿A dónde nos llevas? —preguntó Naruto.

—A conocer a Sasuke. —respondió Hinata por el dragón.

Shikamaru giró sobre sus talones y se acerco a la pared más alejada del lado derecho.

En esta ocasión, Naruto advirtió el medallón que colgaba del cuello del guerrero. Era pequeño y redondo, y ahora emitía una ligera y brillante luz azul. Como si sintiese esa presencia, los dos paneles se abrieron inmediatamente.

—He pasado dos años aquí, —dijo Hinata—. Madara era el líder entonces. Sasuke solo era un niño, aprendiendo los dictados del Guardián.

—Y un Guardián es…

—Un protector de esta ciudad. Cuando los humanos entran, los Guardianes los matan.

— Sasuke no parece matar mucho estos días, —dijo Kiba—. Sakura lo vuelve loco. Así que ahora lleva a los viajeros a algún lado en la superficie y borrarles la memoria.

—Yo no fui asesinado o redirigido, —apuntó Naruto.

—Sí, —dijo Shikamaru—. Y nosotros sentimos curiosidad del por qué. Sasuke tiene toda la intención de descubrirlo.

Ellos terminaron su caminata bajando por el estrecho y largo pasillo en silencio, dejando un rastro de agua. Giraron en una esquina—y entraron en un comedor con aire decadente. Una mesa con garras de dragón, paredes de marfil, suelos de ébano.

Una enorme ventana se abría en la parte de atrás, mirando hacia toda la ciudad. Su hermana, Katie, restauraba casas y habría matado por poseer esa habitación. Unos ganchos se alineaban contra la pared, colgando de cada cual una pieza de ropa.

Un enorme guerrero se sentaba a la cabeza de la mesa, con una coqueta pelirrosa en su regazo. Ella le susurraba algo al oído y la bestia se reía. Incluso riendo, Naruto nunca había visto una figura más imponente. Una cicatriz se extendía desde el ojo izquierdo del hombre hasta la barbilla. Parecía como si desayunara niños y merendara cascotes de cristal.

—Traemos noticias, Sasuke, —anunció Shikamaru. Él se detuvo en frente del todavía risueño hombre.

El color sonrojaba las mejillas de la pelirrosa. Se puso en pie, dándole a Naruto su primera visión completa de ella. El pelo se le rizaba en los hombros y las pecas adornaban cada pulgada de visible piel bajo sus jeans y camiseta.

Él no había visto nada excepto capas y túnicas durante la pasada semana, y las modernas ropas de la superficie lo sorprendieron.

Sasuke frunció el ceño, levantándose y arrastrando su silla tras de él.

—Primero vístete Después me dirás lo que has descubierto. —él separó las piernas y cerró las manos a su espalda, preparado, esperando las malas noticias.

Los guerreros se vistieron, tomando las ropas de los ganchos.

Al contrario que los otros dragones que Naruto había visto, Sasuke no tenía los ojos dorados. Los suyos eran negros y remolineaban rojo igual que una neblina matutina, tan extraños como los de Neji. Tan enigmáticos como los de Hinata. De hecho, ambos Hinata y Sasuke poseían el mismo sedoso pelo negro azulado.

La mirada de Naruto vagó de uno a otro. Hinata tenía rasgos de los demonios, vampiros, y ahora de los dragones, con todo parecía humana. ¿Qué significaría eso?

Kiba recuperó la atención.

—Los vampiros y los demonios han unido sus fuerzas. Se estaban abriendo paso hacia aquí cuando se detuvieron en la Ciudad Central para dar caza a este humano y…

—A mí. — Hinata se adelantó rodeándole.

Todos los ojos se centraron en ella.

Por qué sintió un repentino ramalazo de orgullo por ella, Naruto no intentó empujarla esta vez tras él. Ella se mantenía fuerte en la cara del peligro y aceptaba las consecuencias. Incluso aunque él odiaba no hacer nada, no podía arrebatarle eso.

Especialmente cuando sentía que esos hombres no la lastimarían.

Su padre lo había criado para creer que las mujeres necesitaban ser sobreprotegidas, que eran débiles y vulnerables sin un hombre. Su fuerte y capaz hermana, Katie, probaba cada día lo erróneo de esa teoría. Hinata también. Ella luchó para proteger y defender su vida, colocándose ella misma en peligro esperando salvarla.

—Tú escapaste de Sara. —dijo Sasuke. Su voz era tan dura e implacable como su expresión—. No estoy seguro de confiar en ti. ¿Estás aquí por orden suya?

Una ola de dolor parpadeó en los ojos de Hinata, pero la ocultó rápidamente y volvió al ceñudo líder de los dragones—. No. ¿Crees realmente que me habría dejado ir por alguna razón? ¿Incluso tu caída?

Sasuke la estudió y asintió.

—Tienes razón. Tengo muchas preguntas para ti. El humano, sin embargo…

—Es mi única razón para venir con tus hombres. Si él se va, yo también lo haré.

El dragón gruñó desde el fondo de su garganta.

—Muy bien, entonces. Si él hiere, destruye o roba algo, me encargaré personalmente de su muerte.

—Me gustaría verte intentarlo. —dijo Naruto sin temor.

Sin tolerar la insubordinación, Sasuke avanzó hacia él. La rabia oscureciendo, si era posible, sus ojos.

La pelirrosa se adelantó con una sonrisa, bloqueándole el paso. Su sonrisa parecía genuina a pesar de la creciente tensión en la habitación.

—Soy Sakura, la esposa del grandullón. Es un placer conocerte.

Cuando ella tendió la mano para sacudir la de Naruto, Sasuke gruñó.

—Tocar a Sakura no está permitido, humano. Mantén tus manos para ti mismo.

—Oh, cállate, —dijo ella sin volverse. Ella y Naruto estrecharon las manos—. Por una vez, estoy contenta de ver otro humano.

Sasuke alzó las manos en exasperación.

—Ves a tu hermano cada día.

Ella solo le sonrió otra vez.

—¿Realmente puedes considerar a Sasori un humano?

Los labios de Sasuke se estiraron mientras luchaba contra su propia sonrisa.

—No dejes que Sasuke te intimide, —le dijo a Naruto—. No es sino un dulce. — Sakura se volvió hacia Hinata—. Estamos encantados de tenerte aquí. He oído mucho sobre ti. Porque no os muestro vuestras habitaciones, y así podréis prepararos para la cena. Podremos conversar agradablemente después de que hayamos comido.

Sasuke llevó a la pequeña mujer a un lado.

—No quiero que tomes parte en esto. Tú…

Sakura volcó su atención completamente sobre su marido. Agitó las pestañas y curvó las manos sobre su pecho.

—Espero seriamente que no estés intentando hacerme a un lado porque estarás en un montón de asquerosos problemas.

El hombre se derritió, esa era la única manera de describirlo. Su expresión se suavizó y se estiró y acarició un rizo rosa de la sien de Sakura.

—Llévales a sus habitaciones. Después de comer, los interrogaremos juntos.

Sakura plantó un suave beso sobre sus labios antes de reunirse con Naruto y Hinata.

—Como iba diciendo, os mostraré vuestras habitaciones.

—Habitación. —dijo Naruto dispuesto a presentar batalla. No había manera en que lo fueran a apartar de Hinata—. Solo necesitamos una.

Ella miró a Hinata en busca de confirmación. Hinata asintió, sus mejillas de un brillante color rojo.

Los ojos verdosos de Sakura brillaron con conocimiento.

—Podéis daros un baño, descansar o… lo que sea, y nos encontraremos de nuevo aquí en una…

—Dos, —dijo Hinata, bajando la mirada a sus pies.

Los labios de Naruto se estiraron.

—Dos horas.