Capítulo 26
Hinata revolvió a través del único armario que había en la habitación y encontró varios trajes. Ella eligió una de un bonito color azul, con un cordón enlazado a través del dobladillo y la blusa adornada con brillantes zafiros. Se habían bañado y Naruto ya estaba vestido con pantalones de cuero y camiseta que utilizaban los dragones.
Había llamado a su jefe hacía unos momentos y le había dicho al hombre que él tenía a Byakugan en su posesión. Después de que el hombre se pasara unos minutos chillando de excitación, minutos en los que su corazón saltó desbocado, Naruto arrancó un diamante de la pared y le dedicó una secreta y tierna sonrisa antes de meterlo en su bolso.
Como iban a conseguir que ella pasara el OBI, no lo sabía. ¡Lo único que sabía era que iba a ir a la superficie!
—¿En qué estás pensando? —preguntó ella, sosteniendo el brillante material contra su cuerpo.
—En que te prefiero desnuda.
Ella se rió y se echó el material sobre la cabeza, cubriendo su desnudez.
—Me rehúso a ir a comer desnuda.
—Qué pena.
Justo cuando estaba asegurando los lazos de su nuevo traje azul, llamaron a la puerta.
—Adelante, —llamó ella.
Las puertas se abrieron a la mitad y se deslizaron a los lados. Un moreno guerrero con coleta permanecía en la entrada, el medallón del dragón colgando resplandeciente en su cuello.
— Shikamaru, —dijo Hinata con una sonrisa—. Es un placer verte de nuevo.
—Y a ti. Venid, —dijo él, apartando sus ojos dorados para evitar ver cualquier cosa que no debería—. La comida está servida.
Hinata suspiró, afligiéndose ya por la pérdida de ese maravilloso indulto. De las suaves caricias que a Naruto le gustaba deslizar sobre su cuerpo, de los ardientes besos que esparcía subiendo por sus piernas. Como si él tampoco pudiera permanecer alejado de ella, se le acercó y depositó un rápido beso en sus labios, sus lenguas atreviéndose a un rápido acoplamiento.
—Por todos los dioses —murmuró Shikamaru, girando sobre sus talones. Ellos lo siguieron corredor abajo.
Naruto entrelazó sus dedos y le dio un gentil apretón.
—Todo irá bien. Ya lo verás. No voy a alejarme de tu lado. —liberando su mano, extendió la palma sobre el cuello de ella y lo masajeó, moviendo algunas hebras de su pelo.
—Si hay algún problema, —añadió él, mirándola a los ojos, haciéndola sentir calidad y querida—. Enviaré a todos los demonios sobre el culo de Sasuke.
La mesa tallada de los dragones estaba llena a rebosar de comida y bebida, llevando el apetitoso aroma en cada dirección. Todos los guerreros que Naruto había conocido en el bosque estaban allí, junto con unos pocos más, sentados impacientemente, esperando a que llegaran Hinata y él. Sasuke reclamaba la cabeza de la mesa con una Sakura vestida de manera formal a su derecha. Un collar de rubíes adornaba su cuello, su pelo recogido en lo alto de la cabeza, y llevaba un suave vestido rojo. Las dos únicas sillas disponibles estaban a la derecha de Sasuke. Naruto reclamó la más cercana al dragón, y Hinata ocupó la contigua a la de él.
—Podéis comer. —dijo Sasuke.
Los hombres atacaron inmediatamente la comida, un banquete que consistía en jamón glaseado a la miel, pavo con arándanos, y algún tipo de pudin blanco. Cada receta procedía de la superficie, se percató Hinata, por que había visto a Naruto comer cada uno de esos platos. Ella tomó un poquito de pudin y cerró los ojos en rendición ante el rico y decadente sabor sobre su boca.
—Espero que encontrarais la habitación satisfactoria. —dijo Sakura después de tragar un bocado de jamón.
—Lo hicimos. Gracias. — Hinata le ofreció una suave sonrisa.
— Sasuke explicó que no tenías nombre. —La hermosa humana llevaba una expresión de completa perplejidad—. Dijo que la mayoría de la gente te llama "eso" o "esclava".
—Ella tiene nombre. —dijo Naruto, su tono completo y duro y sin invitación a argumento alguno—. Es Hinata.
—Ves. —Ella le lanzó a Sasuke una satisfecha mirada—. Te dije que tenía nombre. Uno hermoso, por cierto. —Sonriendo, volvió su atención hacia Hinata—. Creo que es tan genial que puedas predecir el futuro. Sasuke y yo podíamos haber utilizado ese tipo de habilidad la primera vez que nos encontramos. Podrías haberle dicho cuanto me amaba, así no habría luchado tan duramente contra ello.
Sasuke arqueó las cejas, su única reacción a su insultante esposa. Él posó su vaso de vino.
—¿Qué sabes acerca de los vampiros y los demonios… Hinata?
La habitación quedó en absoluto silencio; cada presente esperaba conteniendo el aliento la respuesta.
Con el estómago anudado dolorosamente, Hinata dijo.
—Preferiría discutirlo contigo en privado.
Ella quería dejar la discusión para después de comer. Sasuke se tomó a pecho sus palabras.
—Dejadnos. —les dijo a sus hombres.
Aunque su tono era normal, los dragones reaccionaron de inmediato, agarrando su comida mientras se ponían en pie. Sus sillas resbalaron tras de ellos, creando una ruidosa sinfonía. Además de Hinata y Sasuke, Sakura y Naruto fueron los únicos que se quedaron.
Sasuke miró intencionalmente a Sakura.
—Dijiste que podía quedarme, ¿recuerdas? —le dijo ella con terquedad. Se reclinó en la silla, mordisqueó una pieza de pavo de su plato y mordisqueó los bordes, el perfecto cuadro de relajación.
Sasuke se volvió a mirar a Naruto.
—Ni siquiera lo intentes, —le dijo poniendo los ojos en blanco—. Me quedo. Fin de la historia.
Hinata respiró profundamente y encontró la fija mirada de Sasuke cuando se volvió de nuevo a ella.
—Tengo una sensación de inminente destino para ti. Sara me preguntó una vez que sabía yo sobre las Nieblas de Konoha.
La furia erupcionó en las profundidades negras de sus ojos.
—¿Qué le dijiste? —gruñó.
—Vigila tu tono, Lagarto — Naruto lo interrumpió con brusquedad—, o la conversación se termina aquí.
El rey dragón irradiaba la paciente calma de un depredador. Entonces él asintió rígidamente y le repitió la pregunta en un tono más amable.
—Sabes que no puedo mentir, así que tampoco le di ninguna respuesta. Sin embargo, ella realmente sabe de las nieblas y espera obtener el control sobre ellas.
Lenta, muy lentamente, el dragón se relajó. Entonces bufó.
—Como si su pusilánime armada pudiera compararse con la nuestra.
Sakura frunció el ceño, dándose toquecitos con un dedo en la mandíbula.
—¿Por qué debería querer esa Sara control sobre los portales? Las criaturas Konohakures no pueden sobrevivir fuera de Konoha. Morirían en cuestión de días. Ni siquiera Sasuke es inmune.
—¡Qué! —se incorporó Naruto—. ¿Los Konohakures mueren fuera de Konoha?
Hinata palideció. Oh, dioses. Habiendo estado conectada siempre a Naruto y al mundo de la superficie, había olvidado su conexión con Konoha. Si viajaba a la superficie, moriría. Ella se cubrió la boca con una temblorosa mano, esperando cortar su gemido de horror.
— Hinata. —la incitó Sasuke.
¿Se quedaría Naruto? Él clamaba que la amaba, pero, ¿Era eso suficiente para mantenerle aquí?
—¿Hinata? —dijo de nuevo Sasuke.
Recuperar la compostura parecía casi imposible, pero lo hizo. Enderezó los hombros y obligó a sus siguientes palabras a salir con firmeza.
— Sara no sabe que morirá si se va. Ninguna de las criaturas lo sabe. Recuerda, nadie sabía siquiera de los portales a excepción de los dragones hasta que Sakura y su hermano llegaron a través de él. Así fue como los vampiros descubrieron los pasadizos, y ahora que son conscientes de Konoha, todavía ninguno de ellos sabe de nuestras debilidades. Sara asumió que podría vivir en la superficie sin ningún problema.
—En caso de que te lo preguntes, —dijo Sakura a Naruto—. Las Nieblas Konohakures son los portales que utilizaste para llegar aquí.
Naruto no mostró reacción alguna. Su piel estaba pálida, las líneas de su boca tensas.
—Hablando de los portales, —añadió Sakura—. ¿Cómo hiciste para evitar a Sasuke?
Finalmente volvió a prestarles atención, aunque su expresión permaneció seria.
—¿Aquí tenéis un portal? Este no es el palacio por el que entré.
Los labios de Sasuke se bajaron en un feroz ceño.
—Entraste en el de Sarutobi. Los guardias allí apostados obviamente no te vieron. ¿Los heriste? —él se inclinó hacia delante sobre los codos, sus labios apretados en un mohín mientras esperaba la respuesta.
—No, no los herí. Ni siquiera supieron que yo estaba allí. Estaban demasiado ocupados con algo más.
¿La guerra con los Nimphs? Se preguntó Hinata. Ella no se lo había mencionado a Sasuke. Aún no.
Dos oscuras cejas se arquearon hacia arriba.
—Entonces, debes ser un buen guerrero. —dijo Sasuke.
—Lo soy. —respondió Naruto.
—¿Entró alguien más contigo?
—No, solo yo.
—¿Y detrás de ti?
—Nadie que yo sepa.
—Sabía que no debía enviar una armada de polluelos, —murmuró el rey—, pero tenía que darle a Konohamaru una oportunidad para liderar.
—Suficiente. — Sakura le besó la mejilla—. Podemos encargarnos de Konohamaru y el otro portal después. Ahora mismo necesitamos discutir sobre los vampiros y los demonios y esa sensación de destino que tuvo Hinata.
—No sé lo que están planeando. —aclaró Hinata—. Todavía.
—Lo descubrirás. —Era una exigencia, no una petición.
Ella asintió.
Naruto negó con la cabeza.
—Si tiene que hacer algo peligroso, la respuesta es no.
—Nada peligroso, —le prometió ella—. Solo agotador. —Sin otra palabra, cerró los ojos y puso su mente en blanco, ignorando todo a su alrededor.
Naruto la observó, listo para correr en su rescate si tan siquiera hacía una mueca.
Sus facciones empezaron a relajarse, su respiración continuó, estable pero lenta.
Demasiado lenta. Pasaron varios momentos en surrealista expectación. Y entonces habló, su voz bordeada con otras voces, un extraño sonido. Igual que una legión de fantasmas. En la misma manera en que le había hablado a él cuando habían sido perseguidos por los Tritones.
—Tus enemigos se ocultan en el bosque, abriéndose paso hacia el borde de vuestra región. En tres días, llegarán a este palacio. Los demonios atacarán primero, tu fuego será incapaz de herirlos. Mientras estés distraído con ellos, los vampiros se moverán a través de las sombras y conquistarán las cuevas bajo nosotros.
La mandíbula de Sasuke se tensó una, dos veces.
—¿Saben que nosotros poseemos a Byakugan?
—En este momento no.
—¿Cómo puedo detenerles? ¿Cómo puedo evitar que suceda eso?
Su expresión no varió, y continuó con esa extraña voz.
—Debes atacar primero. Al alba de la tercera mañana, vuela al bosque y rodéales, entonces cércalos rápidamente con fuego y hielo.
—No entiendo. —Dijo el rey de los Dragones poniéndose en pie y empezando a pasearse de un lado a otro—. ¿Cómo utilizaré tanto el fuego como el hielo?
Dios mío, pensó Naruto. Esto es exactamente por qué los hombres pelean por esta mujer. Porque es tan peligrosa en las manos equivocadas. Podía desentrañar todo el plan de batalla del enemigo…y decir exactamente como vencerle. Él lo había sabido, incluso vislumbrado antes, pero esto…
Si alguien en la superficie descubría que Byakugan era realmente una mujer, la codicia humana siempre se alzaría contra ella. Cazándola. Igual que era cazada aquí, pero peor aún.
El descubrimiento de que no podría llevarla a la superficie con él porque estaba físicamente vinculada a Konoha había sido un golpe del que todavía no se había recuperado. Verla en acción fue otro golpe más, conduciendo a casa el hecho de que nunca estaría a salvo, sin importar donde residiera.
—Mientras los dragones respiran fuego, los humanos deberán usar el hielo.
Sasuke dirigió una dura mirada negra hacia Naruto.
—¿Tienes hielo?
—No. —Confundido, frunció el ceño.
Sakura chasqueó los dedos, sus ojos ampliándose.
—Ella se refiere a los extintores. Los que trajeron los humanos en su última invasión. Los que has almacenado aquí, pero tus hombres no pueden utilizarlos por que los dragones se debilitan con el frío.
Hinata se desplomó en su silla. Naruto la cogió y recogió su flácido cuerpo en sus brazos.
—Dulzura. —la llamó.
Ella no respondió. Sus ojos permanecían cerrados, su expresión suave como si estuviera durmiendo.
—La llevaré a la habitación. —dijo él, la preocupación por encima de todo—. Ya ha tenido bastante.
Sasuke asintió.
—¿Nos ayudarías, humano? ¿Llevarás el hielo cuando ataquemos?
Él no tenía tiempo. Tenía que volver a casa. Pero la idea de tres días más… con sus noches… con Hinata era un incentivo que no podía resistir.
—Con dos condiciones.
Sasuke arqueó una ceja.
—¿La primera?
— Hinata estaba desesperada por buscar en el Templo de Cronos información sobre su padre, pero tus hombres nos detuvieron. Envía a alguien a las ruinas para que busque algo que pueda serle útil.
—Considéralo hecho. ¿La segunda?
—Cuando me vaya, quiero que mantengas a Hinata aquí. Mantenla a salvo. La perdiste antes y eso…
—No volverá a suceder. Ahora somos más fuertes y nadie, nadie en absoluto, puede quebrar nuestros muros. Estará a salvo conmigo.
Naruto luchó para pasar una neblina de furia, tristeza y alivio, e inclinó la barbilla en aceptación de su trato.
—Entonces considérame el Hombre de Hielo.
Después de que Naruto metiera a una dormida Hinata en la cama, le alisara el pelo de la cara, y depositara un suave beso en sus labios, agarró su transmisor y se encorvó sobre la orilla de la cama.
—Santa a Madre.
Pasaron varios segundos en silencio.
—Santa a Madre. —dijo de nuevo.
—Aquí Madre. ¿Ha sucedido algo con el paquete?
—El paquete está seguro. —Él les entregaría el diamante en su mochila sin ningún cargo de conciencia.
Antes de que pudiera decirle a su jefe la razón de su llamada, Hatake dijo,
—¿Descubriste algo sobre aquella cita de que la joya era capaz de respirar?
—Estaba enterrada bajo un montón de rocas. —Mentira—. Me imagino que el texto se refería a que estaba privada de aire. —Una enorme mentira.
—Tiene sentido.
Volviendo de nuevo al asunto que tenía entre manos, dijo.
—Quería avisarte de que llegaré a casa más tarde de lo que había planeado.
Una pausa.
—¿Debería enviar un equipo de limpieza?
—No. —Se pasó una mano por la cara—. Tengo todo bajo control. —Dios, ¿Cuándo se había convertido en un mentiroso?—. Fuera.
