Capítulo 27

—Lo siento, mi reina, pero los dragones… ellos tienen a Byakugan.

—¿Está seguro?

—Sí. Lo vi con mis propios ojos. Los dragones entraron volando en el palacio.

Si Sasuke tenía a Byakugan todo estaba perdido. Sara nunca sería capaz de derrotarle—él ya sabría de su plan.

—Neji, —gritó ella—. ¡Neji!

En unos segundos, el vampiro voló a su lado, su expresión cansada.

—¿Ahora qué?

Aterrada, vociferó y gritó la información que acababan de darle.

El rey vampiro frunció el ceño.

—Entonces ellos saben nuestro plan de batalla.

—¿Qué vamos a hacer?

—Atacaremos.

—¿Ahora?

—Ahora. —Asintió él con la cabeza.

—Sabrán de nosotros y nos detendrán.

—No a menos que hayan hablado de nuevo con Byakugan. —Su ceño fruncido se hizo más profundo—. Pero es una posibilidad que tendremos que afrontar. Ve a preparar a nuestros hombres.

Naruto y Hinata se quedaron en su cuarto durante el resto del día, haciendo el amor y disfrutando el uno del otro. Estaban desnudos, y se sostenían el uno al otro con fuerza. Él no podía dejar de tocarla. Planeaba hacer suficientes recuerdos de ella en los próximos días como para que le duraran toda una vida.

—Temo por ti. —dijo suavemente ella—. Solo eres un hombre, y no quiero que luches contra los demonios solos. No quiero que dejes esta cama.

—Es algo que tengo que hacer, bebé. —Confiaba en que Sasuke la guardarla aquí, y a cambio haría lo que el rey de dragón necesitara de él.

—Que si…

—Bebé, he estado luchando en guerras toda mi vida. Primero con mi padre, después con mis hermanos, luego para mi país. Estaré bien.

—¿Te irás a casa? —preguntó ella con suavidad, insegura—. ¿Después?¿Sin mí?

—Sí. —Su tono era finito, no dejando lugar a argumentos.

Las lágrimas relucieron en sus ojos. Demonios, él sintió sus propias lágrimas quemando en sus ojos.

—Al menos tenemos los próximos días. —Su mano exploró el hueco de su espalda y ella tembló—. No perdamos un momento de ello.

Más tarde, cuando su pasión quedó saciada, Naruto enseñó a Hinata como defenderse. Ella lo había hecho excelentemente hasta ese momento, pero la quería mejor preparada. Quería saber que podría salvarse a si misma de cualquier situación.

Por si acaso.

Estaba de pie en el centro de su habitación, y Naruto se paseaba a su alrededor, las manos cerradas tras la espalda como un líder militar.

—Cuando me haya ido, —él se atragantó con la palabra—. Sasuke te mantendrá a salvo aquí. Pero él no estará siempre alrededor, así que quiero que seas capaz de cuidar de ti misma.

—Lo he hecho bastante bien hasta ahora.

—Sí, pero quiero que lo hagas incluso mejor. No eres alguien que puede gritar por ayuda, la gente a la que atraerías podría estar interesada en ganarte para ellos. Tienes que aprender a cuidarte tú misma.

Sus labios descendieron, dándole a ella una triste y vulnerable expresión.

—Una rápida pregunta. De noche andas sola por la ciudad y un grupo de hombres se te acercan, su intención es obligarte a marcharse con ellos. ¿Te escapas o lo intentas y peleas con ellos?

—¿Peleo con ellos?

—Error. Era una pregunta trampa. No andas sola de noche por la ciudad. Es una lección, ¿lo entiendes?

Ella asintió con la cabeza, sus ojos siguiéndole lo mejor que podían mientras la rodeaba.

—Lección dos, —continuó él. Necesitaba enseñarle meses de instrucción en dos días y la urgencia montaba con fuerza sobre él—. Cualquier habitación o edificio en el que entres, lo exploras inmediatamente. Estudias a los inquilinos. Estudias la mejor manera de salir. Y no dejes que nadie sepa lo que estás haciendo.

—¿Cómo?

—Mantén la expresión casual y tu interés desenfocado. Ahora hazlo. Explora este cuarto sin parecer culpable o con un propósito.

Su mirada se lanzó de derecha a izquierda y él negó con la cabeza.

—Más despacio. —dijo él—. Combina una mirada con una acción, pero nunca dejes la mirada fija por demasiado tiempo.

Ella se apartó el pelo del hombro y volvió la cabeza, mirándole directamente.

Sonrió abiertamente, todavía un poco triste, luego apartó la mirada.

—Bien. —Él envolvió los brazos alrededor de su cintura—. Ahora dime lo que has visto.

—A ti.

—Descríbeme. Mi expresión, mi postura.

—Tus labios están tensos y firmes, y tu mirada decidida. Tenías las manos a los lados, y creo que tenías una erección.

Él se rió, su primer momento de diversión desde que se dió cuenta que tenía que irse a casa sin ella.

—Eso está bien. Realmente bien. La gente que parece estar en el lugar equivocado debería levantar tus sospechas. Si ves un centauro en el lado de la ciudad de los demonios, sabrás que no es de ahí. Por lo tanto sabrás evitarle. Y a propósito, no quiero que entres jamás en el lado de la ciudad que corresponde a los demonios. Era simplemente un ejemplo.

—Eso, te prometo, que nunca lo haré.

—Bien. Permanece siempre tranquila. Las emociones hacen que la gente haga cosas estúpidas. Si alguien te insulta, no dejes que te afecte. ¿Qué importa la opinión del bastardo de todos modos?

—Tienes razón. —asintió ella.

—Si alguien viene tras de ti, intenta escapar de ellos. No intentes luchar con ellos si no tienes que hacerlo.

—¿Y si no puedo escaparme?

—Entonces, y sólo entonces, lucha. —dijo él, caminando frente a ella—. Ve primero a la parte más vulnerable del cuerpo.

Su mirada descendió a su ingle.

—Ese es un buen lugar, pero no siempre el mejor. Si hundes los ojos de tu atacante con bastante con fuerza, no será capaz de ver bastante lo suficientemente bien para encontrarte.

Ella hizo una mueca pero asintió.

—Cualquier cosa puede ser utilizado como arma. Una roca del suelo. Un palo. Si los tienes a tu alcance, úsalos. Puedes meterle un delgado palo en el oído del atacante y hacer que vaya más despacio. El tímpano es sensible y duele al romperse. —su estómago se encogía cuando pensaba en ella teniendo que usar esas técnicas.

Él acortó un poco más la distancia entre ambos y su mirada viajó, hasta que sus ojos se encontraron. Ella tragó aire.

Su embriagador olor lo rodeó cuando se estiró y pasó un dedo por su tráquea.

—Aquí es donde el aire va desde tu boca a los pulmones. Es sensible y frágil. Si se la perforas a alguien, los incapacitará. —No mencionó que probablemente los mataría si lo hacía con bastante fuerza. No quería preocuparla con eso; solo quería que se preocupara de su supervivencia.

Sus manos bajaron, acariciando sus brazos y pasando sobre las costillas.

—Si estás lo bastante cerca, si alguien te agarra así, puedes darle un rodillazo o un codazo en el estómago. Hará que le sea difícil respirar y ayudará a que te suelte.

Ella se lamió los labios, sus párpados medio bajados.

—Y ya sabes lo de la ingle. —dijo él, arrastrando las yemas de sus dedos bajando por su estómago y ahuecándola.

Su boca se separó en un ahogado jadeo.

—Usa la rodilla o el pie y no reprimas la fuerza. Golpea tan fuerte como puedas y paralizarás a tu atacante.

—¿Qué hago si ha conseguido ponerle las manos alrededor de mi cuello? — preguntó ella jadeantemente.

Naruto alzó los brazos y envolvió suavemente sus dedos alrededor del área en cuestión, pero no aplicó presión.

—Si esto pasa, tienes que actuar inmediatamente porque su intención es hacerte pasar un mal rato. Y cuanto más tiempo pases en esta clase de sujeción, más mareada y débil estarás. Si has intentado de hundirle los ojos, has intentado pegarle una patada en la ingle y ninguno funcionó, cógele los brazos. —Cuando ella así lo hizo, él añadió—. Ahora cierra los puños y golpea con fuerza en el medio, en el interior de mi codo.

Ella lo hizo, pero usó un toque tan suave como el suyo. Su mirada se cerró una vez más en la suya y la conciencia sexual se intensificó entre ellos. Realmente, nunca los abandonaba.

—Tu objetivo no es dar una paliza a tu atacante, si no simplemente escapar y desarmarlo.

—¿Hay diferencia? —Su nariz hociqueó la parte oculta de su mandíbula.

Él casi la lanza a la cama y la reclamaba de nuevo, pero se negó a terminar su lección. Esto era demasiado importante.

—En primer lugar, la rabia será tu emoción primaria. Segundo, la supervivencia es tu única preocupación. La próxima vez que le des un puñetazo a alguien como lo hizo al tritón, asegúrate de bajar el puño.

—¿Cómo?

—Retrocede y pon tanta distancia como sea posible entre tu puño y su objetivo antes de cerrarlo y golpear. También, si puedes empujar la palma en la nariz de su oponente, esto es aún mejor. —Él cogió la mano en la suya, le abrió los dedos y la colocó a pulgadas de su nariz—. Golpea hacia arriba y con fuerza.

Ella asintió con la cabeza, y él dejó caer las manos. No la liberó, no podía. Tocarla le proporcionaba el vínculo que ansiaba, un vínculo que necesitaba tanto como respirar.

—Si no puedes llegar a su nariz con la palma, usa la frente. Tu objetivo es distraer al atacante y liberarte tu misma de su sujeción.

Ella se inclinó apoyándose en él y le lamió la costura de los labios.

—Practicaré todo lo que me has enseñado.

Su lengua pasó empujado sus labios, sus dientes, y barriendo dentro de su boca.

Su sabor le llenó, dulce y maravilloso y toda Hinata. Dios, iba a echarla de menos. No estaba seguro de que pudiera sobrevivir sin ella.

—Llévame a la cama, Naruto. Bebe de mí igual que antes.

Y él hizo.

Se oyó el resonar de un cuerno.

Naruto se incorporó en la cama, sacudiéndose de un pacífico sueño.

—¿Qué demonios es eso?

A su lado, Hinata estaba pálida y temblaba y no tenía nada que ver con el hecho de que él hubiera bebió un poco de su cuello. Tenía miedo. Mucho miedo.

Cuando se levantó, la sábana cayó a su cintura, revelando los perfectos montículos de sus pechos.

—Los demonios y los vampiros han cambiado su plan de batalla. Se están cerniendo sobre el palacio. Sólo los sentí y envié una advertencia mental a Sasuke.

—No se suponía que atacarían en tres días.

—Cambiaron de planes.

Durante el siguiente latido de corazón, había saltado ya de la cama y había agarrado su ropa de camuflaje. Se las puso rápidamente, atando después su cuchillo al cinturón.

El cuerno resonó otra vez.

Más allá de la puerta, él oyó el arrastre de pies, los gruñidos enfadados de los hombres. Naruto se dirigió hacia Hinata, quien permanecía todavía sentada en la cama, sus rasgos carentes de cualquier emoción. Él se inclinó ante ella y hurgó dentro de su bolso, donde todavía guardaba el brazalete que había comprado para ella.

—Esto es para ti. —dijo él.

—¿Para mí? —Sus ojos abrieron de par en par y se humedecieron y sus labios temblaron cuando él le deslizó la joya en el brazo—. ¿Lo compraste para mí en la ciudad? ¿Por qué?

El cuerno sonó una vez más.

—Porque lo querías. —respondió él—. Y sabía que se vería encantador en ti.— El se estiró y le apartó el pelo de los hombros, después colocó la banda de oro en su lugar. Este brillaba, resaltando el diamante que hacía juego con sus ojos—. Y porque eres el amor de mi vida.

Sin otra palabra, se incorporó y salió a zancadas del cuarto. No se permitió echar un vistazo atrás cuando siguió a varios hombres a alguna clase de la arena de entrenamiento.

Un ejército de dragones estaba ya allí, formando, con Sasuke paseándose delante de ellos.

—No mostréis piedad alguna, —decía Sasuke—. Destruiremos a los vampiros de una vez para siempre con nuestro fuego, y el humano vencerá a los demonios con su hielo. Byakugan lo ha proclamado.

Sus aclamaciones resonaron en las paredes.

—Estas criaturas piensan sorprendernos con un ataque, pero les mostraremos lo equivocados que están. Tres de vosotros, —dijo el rey, señalando—. Llevareis las fábricas de hielo para el humano. No dejéis que el contenido toque vuestra piel u os debilitareis. Os quedareis con él y le apoyareis en lo que sea necesario.

Como había dicho Sakura, los fabricantes de hielo eran en realidad extintores y había al menos sesenta de ellos. Él había librado batallas con bastantes armas, pero nunca con nitrógeno líquido. Habría preferido unas granadas, tal vez un taco de C4, pero aceptaría lo que pudiera conseguir.

—Convirtámonos en dragones, amigos míos y volemos.

Una legión de rugidos reverberó, resonando a través del redondeado recinto. La ropa se hizo trizas, las caras se alargaron, alas, colas y garras crecieron. Había visto este cambio antes, pero con todo no podía apartar la mirada. Los hombres que habían gruñido, se convirtieron en bestias con aliento de fuego. Uno de ellos —él creyó que sería Shikamaru— lo señaló a él y a su espalda con una larga garra. Mientras su mente gritaba, "Diablos, ni hablar", subió a bordo.

—Que comiencen los juegos de guerra, —refunfuñó él.

Con un extintor anclado firmemente a la espalda y una manguera negra en las manos, Naruto merodeó entre bosque de árboles. La mañana aún no había despuntado, por lo que estaba enormemente agradecido por su superior visión nocturna.

Shikamaru le había dejado una media milla atrás antes de remontar el vuelo. Los dragones que llevaban los extintores descendieron silenciosamente a su lado. Por delante, podía oír los pasos de los ejércitos de los vampiros y demonios a medida que se iban acercando.

El murmullo de voces pronto llevó a sus oídos. Oyó el sonido metálico del metal y el arrastrar de pasos. Naruto se detuvo detrás de un grueso tronco de árbol y se puso en cuclillas, disponiéndose a golpear. Esperó… esperó… esperó...

Encima de él, Sasuke emitió un grito de guerra.

Alzó la manguera, con la adrenalina al máximo, Naruto irrumpió en las líneas enemigas. Él corrió directamente hacia los demonios, rociando espuma blanca. Los dragones vomitaron fuegos, calientes rayos de luz al rojo vivo y chamuscantes rayos, una barbacoa que del 4 de Julio que había salido mal.

El calor eso inmediatamente lo alcanzó e hizo todo lo posible para permanecer en su puesto.

Unos tortuosos gritos resonaron durante la llegada del amanecer. Entre los gritos de dolor se elevaron los olores de carne agonizante y azufre. Naruto siguió rociando, evitando a los vampiros, reservando el preparado hielo líquido para los demonios.

Cuando un demonio voló hacia él, trató de rociarlo pero el tubo chisporroteó.

Vacío. Mierda.

Él sacó de repente su cuchillo, y el bastardo saltó sobre él. Antes de que él pudiera dar su primera cuchillada, lo alejaron de él y cayó al suelo. Un dragón, Kiba, le cortó la garganta con las garras.

—Trabaja en esos reflejos, —le dijo al dragón—. Un poco más lento y no habría por donde cogerme.

Su única respuesta fue un gruñido antes de volver a volar a la lucha.

Cuando Naruto se apartó, un vampiro lo divisó y atacó. Chocaron y cayeron al suelo. El vampiro estuvo a punto de morderle, de hundir sus dientes en el cuello de Naruto, cuando de repente se detuvo.

—¿Byakugan? —dijo la sanguijuela, impresionado y reverente. Él soltó a Naruto como si fuera veneno y retrocedió.

Ellos olían a Hinata en él, se dio cuenta.

Alguien le dio otro extinguidor, y Naruto lo echó a sus pies. El resto de los dragones descendió del cielo y atacaron al ejército restante a pie. Su estable vapor de fuego nunca se debilitó. Manteniéndose a ras del suelo, Naruto se arrastró por el resto del campo, buscando a través de las sombras. En repetidas ocasiones, realizó la misma acción: rociada de extintor, corte de la garganta del demonio. El sudor le caía a chorros empapándole la ropa.

Podía oler la sangre a su alrededor, y se le hizo la boca agua. Sin embargo, mantuvo firme la rienda sobre su impulso de beber, concentrándose en cambio en la tarea que le habían dado. En once ocasiones se vio obligado a cambiar un extintor por otro.

—Maldito seas, Sasuke. —El oyó una voz masculina que repartía golpes a diestro y siniestro.

Naruto reconoció inmediatamente la voz. Neji. El rey de los Vampiros que había salvado la vida de Hinata como también la suya propia. Sasuke se materializó de repente y bajó en picada.

Los dos hombres lucharon cuerpo a cuerpo. Naruto odiaba admitirlo, pero se sentía dividido. Estaba aquí para ayudar a los dragones, se lo debía a Sasuke, pero también tenía una deuda con este particular vampiro.

Oyó un gruñido tras de él y se giró, rociando espuma. EL demonio siseó y Naruto le rasgó la piel. Haciendo una mueca, gritó.

— Sasuke, déjale ir. —entonces rápidamente despachó a su atacante.

Sasuke disparó otra ronda de fuego, pero el rey vampiro la esquivó rápidamente.

—Haz tu trabajo, humano, —gritó Sasuke mientras Neji gruñó—. No necesito tu ayuda, humano.

—Esta es una antigua batalla. —dijo alguien detrás de él. Shikamaru, se dio cuenta—. No te metas en medio.

Los dos hombres continuaron luchando, y Naruto los observó impotente, matando tantas criaturas que se venían a interferir. Ningún hombre estaba ganando, porque estaban igualadamente emparejados.

—¡Tú! —gritó una hembra.

Naruto se giró, entrecerrando los ojos. Sara, la Reina Demonio, rondaba frente a él, su roja mirada aguda y encendida. Ella le enseñó los dientes.

—Tú me robaste a Byakugan. Eres la causa de este infierno. —ella se lanzó contra él.

Sus dedos apretaron el gatillo de la manguera, pero no surgió nada. Estaba vacío de nuevo.

Fantástico.

Ella se lanzó de golpe sobre él, sacudiéndolo como a una muñeca. Al instante siguiente, estaba sobre él, dándole un puñetazo en la nariz. Oyó como se rompía el cartílago, sintió el agudo aguijonazo y el chorro de sangre caliente en la nariz. Sus garras le arañaron el hombro.

Hay que joderse.

Una chica le estaba pateando el culo.

Con todo, sintió el cartílago en su nariz volver a su sitio, sintió las marcas de las garras cerrándose. Uno de los beneficios que pertenecían al lado oscuro, supuso.

Él se la quitó de encima, pero ella voló de nuevo hacia él. Nunca había golpeado a una mujer en su vida pero arrastró el puño hacia atrás para hacer justamente eso cuando se la arrancaron. Neji le hundió los dientes en el cuello, la acción fiera, letal, y tan salvaje como cualquier animal.

El cuerpo de Sara dio un tirón y se convulsionó una vez, dos, después quedó completamente inmóvil. Su cabeza cayó sin vida a un lado. Cuando Neji acabó de alimentarse, se levantó y enfrentó a Sasuke con tranquila furia. La sangre goteando de su boca. Él miró alrededor, viendo la cantidad de hombres que había perdido, observando el ejército dragón que ahora los rodeaba.

—Te concedo a ti esta victoria, pero lo nuestro no se ha terminado.

—Nunca lo hará, —dijo Sasuke—. Coge al resto de tus hombres y vete. Y sabe que yo te permití irte solo porque salvaste al humano.

Neji sonrió, la acción carente de humor.

—Ya hemos hecho esto antes. Salvé a uno de tus humanos, y tú me dejaste marchar. No siempre será así. Un día, me daré un festín con tu sangre. Pero ya que estás siendo tan generoso, sin embargo, te haré un favor y te diré que los Nimphs han tomado el palacio de Sarutobi.

—Mientes. Mis hombres lo guardan.

—Ve y velo por ti mismo. Pensábamos apropiarnos nosotros también, Sara y yo, pero se nos adelantaron. Nuestra batalla es contigo, así que se lo dejamos.

Un bajo gruñido emergió de la garganta de Sasuke, y dio un amenazante paso hacia delante.

—Saluda a tu mujer de mi parte. Todavía recuerdo su sabor, —dijo Neji, su sonrisa carente de humor ampliándose todavía más—. Hasta la próxima.

El Rey vampiro se desvaneció.

A su alrededor yacían los cuerpos de demonios, dragones y vampiros. Los dragones vivos estaban reunidos alrededor de Sasuke.

—Tú, —dijo Sasuke, indicando hacia un grupo de ellos. La furia oscureció sus facciones—. Ve al palacio de Sarutobi y busca a Konohamaru. No te dejes ver. Quiero saber si los Nimphs están realmente allí.

A Naruto se le derrumbaron los hombros por el cansancio, y bloqueó el resto de las instrucciones de Sasuke. Habiendo terminado con esta batalla, su tiempo con Hinata se había acabado.

Él no estaba siquiera listo para dejarla ir.