Capítulo 28

Como siempre, las visiones de Hinata nunca le hablaban de su propio peligro.

Hinata y Sakura habían serpenteado hasta la cima del parapeto del palacio, esperando captar un vistazo de la batalla. Hinata se paseó. Sus nervios se negaban a aplacarse, y no podía apartarse de una sensación de aprensión.

¿Estaría bien Naruto? ¿Lo habrían herido?

Ella no podía ver la batalla en su mente. ¿De qué servían sus dones si no podía ayudar al hombre que amaba?

Constantemente sus dedos acariciaban el brazalete que le había dado Naruto, intentando sacar la fuerza de ello.

—Dime otra vez que volverán indemnes. —dijo Sakura, su nerviosismo a la par que el de Hinata.—Esto es lo que más odio de ser la esposa de un guerrero. Amo a Sasuke con todo mi corazón. Él es una parte de mí, pero se empeña en participar en esas guerras y casi me muero de preocupación durante todo el tiempo.

Hinata se detuvo y le dedicó una media sonrisa.

—Tu marido vivirá una larga y sana vida. Como tú y tu hija.

Sakura la estudió durante varios minutos, entonces dejó escapar un suspiro de alivio.

—Preferiría morir yo misma a que le pase algo a él.

—Te entiendo. Amo a Naruto con todo mi corazón. —suspiró ella. Una suave brisa nocturna danzando alrededor de ellas, enredando su túnica y pelo—. Pero, parece que estoy destinada a perderle.

—¿Por qué? No hay razón para que dos personas que se aman no permanezcan juntas.

—Moriría en la superficie, y si él se queda aquí, los humanos atravesarán constantemente los portales, plagando nuestro país en un intento de robarnos o destruirme.

—Vale, esa es una razón. Lo siento mucho. — Sakura le dio un rápido abrazo antes de que Hinata continuara paseándose.

—Distráeme. Háblame de ti y de Sasuke.

—Mi tema favorito. —dijo ella con una sonrisa—. Recuerdo la primera vez que tuvimos una cita. —Se rió—. Yo lo llamo cita, él trabajo.

De alguna manera, Hinata no podía imaginarse al fiero dragón cortejando a nadie.

Exigir que se casara con él, sí. Entregando flores y pedirle salir, no.

—Él estaba decidido a matarme, sabes.

—¡Qué! — Hinata se detuvo a mitad de su paseo y enfrentó a la delicada mujer—. ¿Quería matarte? —ella hizo una pausa—. No sé por que me sorprende. Ese es Sasuke para tí, un hombre que cumple con su deber sin importar las circunstancias.

— Sasuke incluso había levantado la espada, listo para golpear. Yo justamente acababa de atravesar el portal y era su deber silenciarme permanentemente. Pero no lo hizo. No podía. En vez de eso, me ayudó a encontrar a mi hermano, y a cambio, me gusta pensar que llené su vida con emociones y amor. —Su cabeza se inclinó pensativamente hacia un lado—. Naruto también necesita eso, creo yo. Tiene la misma dura mirada que Sasuke lleva algunas veces.

—¿Qué voy a hacer? —preguntó Hinata con frustración.

Ninguna de ellas tenía la respuesta.

—¿Crees que la batalla se habrá terminado ya? —preguntó Sakura, sus manos entrelazándose—. No seré capaz de descansar hasta que Sasuke esté otra vez en mis brazos.

Hinata cerró los ojos y una vez más intentó enviar su conciencia fuera del palacio y a través del bosque. Justo cuando la escena finalmente se estaba formando en su mente, la llenó una sensación de estar siendo observada. Una amenazante sombra cubrió su mente, y la sacudió una sensación de peligro.

— Sakura, —dijo, mirando a su nueva amiga—. Estamos en problemas.

Sakura palideció, haciendo sus pecas todavía más obvias—. ¿Qué quieres decir?

—Hay demonios aquí, en el palacio. Robaron un medallón de Dragón de uno de los caídos y con la mayoría de nuestros hombres fuera, fueron capaces de abrir una brecha en los muros. — Hinata echó una mirada alrededor en busca de un arma, intentando usar cualquier cosa, justo como Naruto le había enseñado.

Encontró una vara larga y varias piedras grandes. Le tendió las rocas a Sakura, sus manos temblando.

—No pueden morir a menos que se les corte la garganta, pero podemos intentar contenerlos hasta que lleguen los refuerzos. Vamos, debemos bajar y adver…

Era demasiado tarde.

Seis demonios se encaramaron sobre el parapeto, sus alas agitándose furiosamente. Sus garras alargadas y sus dientes brillantes con la saliva. Sin su reina alrededor, les traía sin cuidado mantener a Hinata sana y salva.

La muerte brillaba en sus ojos.

Sakura corrió tras ella, la determinación endureciendo su expresión y alejando de ella el miedo.

—Tú encárgate de los tres de la derecha y yo me encargaré de los otros tres.

—Hecho.

Al mismo tiempo, Hinata oyó sus pensamientos.

He querido saborear a Byakugan durante mucho tiempo.

Los humanos huelen dulce, y ella lleva un bebé en su vientre.

—Estás embarazada, —le dijo Hinata—. Quédate detrás de mí.

Sakura jadeó y se llevó una mano al vientre. Ella no había sido consciente de que estaba embarazada, se dio cuenta Hinata, no queriendo que la mujer luchase ahora.

—Quédate detrás de mí. —repitió.

Sakura vaciló solo un momento antes de sacudir la cabeza.

—No. Haremos esto juntas.

Hinata entró en acción. Sakura no prestó atención a sus palabras, pero estaba justo a su lado. Los demonios se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y sus ojos se abrieron desmesuradamente.

Hinata balanceó su palo, insertándoselo en la nariz. Oyó como se rompía algo y observó como la cabeza de la criatura caía de lado. La sangre vertiéndose de su cara. Sakura lanzó una de sus rocas y esta impactó en una de las sienes del demonio. Él siseó de dolor y sorpresa.

Sakura lanzó otra roca y le golpeó en la misma sien. Esta vez él voló hacia atrás e impactó contra la pared. Dos de los otros intentaron volar tras ella, pero Hinata saltó en frente de ella y balanceó la vara.

Ella apuntó a los testículos. Los demonios quizás no se parecieran a los humanos, pero procreaban de la misma manera.

Contacto.

El bastardo aulló. Ella continuó balanceando el palo, manteniendo a la criatura en el suelo.

En su idioma, de modo que los demonios no pudieran entenderle, le dijo a Sakura.

—Retrocede. Si podemos alcanzar la puerta, podemos correr a una habitación y ocultarnos.

—Camina conmigo.

—De acuerdo. —Juntas, retrocedieron. Los demonios las siguieron, arrastrándose con sus garras y piernas, pero Hinata se las arregló para hacerlos vacilar, sin dejar de mover la vara.

—Estamos en la puerta, —susurró Sakura—. Llevo mi medallón así que se abrirá.

—Los medallones de dragón actúan como sensores, abriendo y cerrando todas las puertas.

—Cuando crucemos el umbral, cubre el medallón de modo que las puertas se cierren rápidamente. A mi señal. Una, dos. ¡Tres!

Hinata echó a correr y atravesó la puerta, justo detrás de Sakura. Las puertas se cerraron de golpe tras ellas. Ella oyó los demonios gruñendo mientras golpeaban la pesada madera.

—¡Corre! Rápido. —gritó ella.

Los demonios atravesaron la barrera demasiado pronto. Todo lo que encontraban en su camino, lo lanzaban tras ellas, y lo oían impactar contra sus perseguidores.

Uno de ellos la alcanzó y la agarraron por los hombros, tirando de ella hacia atrás. Cuando cayó, sacó la vara y estacó hacia arriba. Su movimiento le dio fuerza añadida, y su improvisada arma se hundió en la garganta del demonio. Él siseó y se convulsionó, entonces colapsó.

A Sakura no se la vía en ningún sitio; Había desaparecido más allá de las escaleras.

Los restantes demonios se cernieron a su alrededor, soltando bajos gruñidos desde sus gargantas.

—Pagarás por eso, —dijo uno de ellos.

En un borroso movimiento, Sakura apareció repentinamente en la cima de las escaleras.

—Usa esto, —gritó ella, tirándole una daga.

Hinata la cogió justo cuando un demonio saltó y se lanzó hacia Sakura. Los otros volaron hacia ella. Ella lo pateó y le arañó en el estómago, y mientras jadeaba por respirar acabó con él. Cayó a sus pies y ella alcanzó el fondo de las escaleras de Sakura.

La menuda mujer se estaba deshaciendo del demonio restante con una larga espada.

Hinata se encaramó sobre él, rodeándole la garganta con las manos. Ella deslizó la cuchilla. En segundos, estaba muerto.

Y entonces se había acabado.

Ella se quedó donde estaba, jadeando, mientras los dragones que habían permanecido detrás para protegerlas entraban en la habitación.

—¿Qué sucede? —gritó uno de ellos—. ¿Por qué no pedisteis ayuda?

—Pensé que mis gritos de terror eran suficientes, —chasqueó Sakura. Ella se dobló, jadeando por respirar.

Hinata observó la sangre sobre sus manos.

Lo había hecho.

Había probado que podía protegerse a sí misma, sin importar el enemigo. Ese conocimiento debería haberla hecho feliz, pero no lo hizo. Ahora, Naruto la dejaría ir.

Unos pocos segundos después, Naruto, Sasuke y el ejercito dragón irrumpió en el interior. Ellos llevaban una expresión de satisfecha victoria… hasta que vieron la escena de sangre y muerte.

Sasuke se apresuró hacia Sakura y Naruto corrió hacia Hinata, y ambos hombres las atrajeron a sus brazos, apretándolas contra ellos.

—¿Qué sucedió? —exigieron los dos hombres al mismo tiempo.

—Estás a salvo. —dijo Hinata, las lágrimas llenando sus ojos. Sus rodillas se aflojaron con alivio—. Estás a salvo. Gracias a los Dioses.

Sus manos vagaron sobre ella, buscando heridas.

—¿Estás herida? Dime que no estás herida.

—Esta no es mi sangre. —Ella cerró los brazos alrededor de su cuello.

Tras ellos, Sasuke corría sus manos sobre Sakura, besándola y apretándola contra sí y gritando órdenes a sus hombres para que limpiaran el desastre y mataran otra vez a todos los demonios.

Una sensación de urgencia se elevó en el interior de Hinata. Su tiempo con Naruto estaba acabando; Lo notaba todo el camino hasta sus huesos. Debería preguntar sobre la batalla, debería permitirle tiempo para descansar. Pero no le importaba ninguna de esas cosas.

—Llévame a nuestra habitación, Naruto. Ahora mismo. Por favor.

Él no vaciló; también sintió la urgencia. La alzó y la llevó en brazos.

—No vengáis a buscarnos, —dijo él por encima del hombro.