Simplemente Él, Simplemente Ella

Una cafetería une el destino de dos jóvenes de mundos diferentes


Hacía frio ese día. Itachi metió las manos en el abrigo que vestía para conservar el calor, y caminó por las calles casi desoladas del centro de Konoha. No sabía qué pasaba exactamente, tal vez el clima era la razón por la cual no había gente a los alrededores.

Se dirigía a una cafetería estilo vintage que al parecer acababa de ser inaugurada, ya que apenas ayer la había visto en su camino a la universidad.

Entró al establecimiento y se sentó en una de las mesas más alejadas a la entrada del lugar. Fijó su mirada en el servilletero que estaba en la mesa y se permitió divagar un momento.

Estaba a unos meses de terminar la universidad y su padre lo estaba presionando para que entrara a trabajar a la corporación Uchiha desde el año pasado. Había logrado convencerlo de que lo dejara terminar la carrera antes de trabajar para él, y aunque Fugaku había cedido, sabía que no estaba contento al respecto.

Lo cierto era que aún no quería trabajar para la compañía. No quería ser visto como el genio Uchiha, el que haría prosperar la corporación hasta niveles insospechados. Ya tenía suficiente de eso en la universidad y aún así, prefería las alabanzas en la universidad que las que seguramente recibiría al ser parte de la empresa de su padre. Alabanzas venidas de personas que sólo querrían ganar su simpatía para asegurar su puesto de trabajo. Ya estaba harto de amistades por conveniencia y de los falsos halagos que se dirigían a su persona.

Estaba pensando en eso cuando escuchó unos pasos que se dirigían hacia él. Siguió el recorrido de ellos hasta que tuvo cerca a la persona que lo atendería. Unos botines converse de color rojo oscuro se detuvieron frente a él. Subió su mirada lentamente por el cuerpo de la mujer (supuso que era una mujer por el calzado que portaba) que lo atendería. Piel nacarada, un par de piernas bien formadas, falda de mezclilla con botones al frente a medio muslo, una sudadera rojo oscuro, unos mechones ¿rosados? Que iniciaban en la cintura, un cuello largo y de apariencia delicada, una boca pequeña pero perfectamente delineada, la nariz más perfecta que había visto nunca y unos ojos, sus ojos, lo hipnotizaron de inmediato. Ojos verdes, como el jade, brillando ante él como si fueran estrellas. Brillantes estrellas.

La muchacha se sonrojó ante la penetrante mirada que estaba posada en ella.

-Buenas tardes – dijo, con el fin de romper el incómodo silencio –Hoy lo atenderé yo. Este es el menú, cuando esté listo para pedir hágamelo saber – extendió el menú hacia el muchacho y este por fin reaccionó, tomándolo. Justo cuando iba a regresar a la cocina, Itachi la llamó.

-¿Es natural? Digo, el color de tu cabello – quiso golpearse la frente cuando terminó de decirlo. ¿Desde cuándo trataba de sacar conversación con una chica con un tema tan tonto? Él, Uchiha Itachi, el soltero más codiciado del país, ¿Nervioso ante el atractivo de una mujer? Ver para creer.

Por su parte, de espaldas a él, Sakura rodó los ojos. ¿Por qué todo el mundo pensaba que se había teñido el cabello? Era cierto que no conocía a nadie más con un tono como el suyo, y que el color no era común en una cabellera, pero ¡ella no se había teñido el cabello!

Se volvió hacia el joven con una falsa sonrisa y le contestó

-Sí, es natural. Desde mi nacimiento, para ser más específicos - le dijo con tono irónico, y se alejó antes de escuchar la respuesta del joven.

La cagué, se dijo Itachi.

Siguió el recorrido de la joven hacia la cocina y la observó detenidamente. Por su apariencia, podía deducir que tenía unos 17 años. Alta, hermosa. Tan solo una niña pero preciosa en verdad. De un ondulado y largo cabello rosado brillante. Pero fueron sus ojos y ahora su sonrisa, esa que estaba iluminando su cara de muñeca mientras hablaba con una cocinera, los dos rasgos que lo habían cautivado.

Se quedó mirándola por un largo rato hasta que vio que ella dirigía su mirada a él. Así que rápidamente la desvió hacia el menú en sus manos.

Te estás comportando como un crío, Itachi.

Después de ojear desinteresadamente el menú, le hizo una seña con la mano a la joven, la cual se acercó a él con una sonrisa.

-¿Qué vas a ordenar? – le preguntó, con una pequeña libreta en la mano.

-Un americano, por favor – le dijo él.

-Claro, en un momento lo traeré – dicho esto, se alejó en dirección a la cocina.

Miró de reojo los movimientos de la chica para no ser descubierto observándola. Tenía gracia atendiendo. Caminaba como una modelo de un lado a otro con suma facilidad con dos bandejas en sus manos. Sonreía con naturalidad a los comensales y era eficiente en su trabajo.

Es realmente hermosa, pensó Itachi con una sonrisa en su rostro.

Cinco minutos después de haber hecho su orden, la joven se dirigía a él con lo pedido.

-Aquí tienes. Espero lo disfrutes – le dijo, para sonreírle y luego alejarse nuevamente.

Se tomó el americano con toda la paciencia del mundo, y se vio tentado a pedir otro con tal de tener más tiempo para ver a la joven. Pero recordó que había quedado con Kisame y tenía que irse.

Mirando a la joven por última vez, dejó el pago sobre la mesa y se dirigió a la salida de la cafetería.


Sakura vio salir al joven que había atendido. Dio la espalda a la puerta del establecimiento y se llevó las manos a las mejillas, las cuales estaban sonrosadas.

Era el hombre más atractivo que había visto en su vida. Era mayor que ella, de eso estaba segura. Podía decir que tenía unos 22 años y, aunque no tenía una afición por los hombres mayores que ella (Sakura en realidad no sabía qué tipo de afición tenía con los hombres), ese joven podía ser el hombre perfecto para cualquier mujer con buena vista.

Llevó su mirada al reloj frente a ella. Eran las 4 de la tarde. En una hora saldría del trabajo y podría ir a casa a trabajar, pero esta vez en tareas de la universidad.

Ser estudiante de medicina y trabajar a la vez podría ser un verdadero dolor de cabeza. Ciertamente no le hacía mucha falta el dinero, pero le gustaba la idea de generar sus propios ingresos.

Atendió a dos parejas y a un señor antes de terminar su turno de trabajo.

-Hasta mañana, Kaede-san – se despidió la muchacha.

-Nos vemos mañana, Sakura-san – le dijo una joven morena de cabello rizado.

Ajustando la mochila en sus hombros, salió con una sonrisa a enfrentar el frío de las calles de Konoha.

Debí traer mi abrigo, se dijo la joven cuando un viento helado le caló los huesos y alborotó sus cabellos rosados.

-¿Tienes frío? – le preguntó una voz que le resultó familiar.

Entre la cortina de cabellos que se posaba en su rostro, pudo distinguir al dueño de la voz. Era el joven que había atendido en la cafetería.

-¿No te habías ido ya? – le preguntó, algo confundida por la presencia del hombre. Hace una hora había abandonado el local.

Itachi se encogió de hombros.

-Decidí esperarte – le dijo y le regaló una sonrisa encantadora, marca Uchiha.

Aún con la sonrisa, Sakura lo miró con desconfianza.

-Ya. ¿Quién eres, un acosador o un asesino en serie? – le preguntó, olvidándose de lo atractivo que era el hombre. Después de todo, y con el peligro que corrían las mujeres en las calles, ¿Cómo no iba a desconfiar de un hombre que apenas conocía y que le decía que la estaba esperando?

Ciertamente, no parecía una mala persona, pero bien dicen que las apariencias engañan. Así que era mejor estar a la defensiva en estos casos.

Itachi la vio con una ceja alzada y contuvo una sonrisa divertida.

-¿No sabes quién soy? – le dijo, un poco incrédulo porque no lo había reconocido.

Ella arqueó una ceja.

-¿Debería saberlo? – le dijo ella, un tanto confundida.

Itachi sonrió. Era la primera mujer con la que había hablado que no sabía quién era él. Después de todo, ¿Quién no conocía a Itachi Uchiha? Primogénito de la Corporación Uchiha, una figura pública en todo el sentido de la palabra. Habían reportajes de él en las revistas de farándula todos los meses, y ni hablar de las veces que había sido portada de los periódicos del país por algún evento de la familia Uchiha.

La muchacha le hablaba sin ninguna consideración por ser quien era y por primera vez, Itachi sintió que podía ser él mismo. No el genio ni el Heredero de una gran corporación. Sino Itachi. Simplemente Itachi. Le gustaba, pero sin duda le gustaba más ella.

-Me gustas, Sakura – le dijo, con una sonrisa genuina en su rostro.

Sakura parpadeó en repetidas ocasiones, y sintió como sus mejillas se sonrojaban. Pero luego frunció el ceño, consciente de un pequeño detalle.

-¿Cómo sabes mi nombre? – le preguntó, y miró para todos lados, por si le tocaba salir corriendo si ese joven se le acercaba.

Ajeno a su pequeño ataque de paranoia, el joven le siguió sonriendo.

-Si tuviera una hija con un cabello como el tuyo, le habría nombrado Sakura. Es muy apropiado – le dijo, con exquisita cortesía.

Sakura se relajó un poco.

Así que es por eso. Bueno, puede resultar lógico, se dijo la joven. Aun así, prefirió no bajar la guardia frente al muchacho.

Itachi observó con el rostro ladeado a la joven frente a él.

A la mierda Kisame, puede esperar.

-¿Quieres que te lleve a tu casa? Hace frío – le dijo a la joven, y quiso reír cuando ella lo miró, desconfiada por su propuesta.

-No es necesario, me gusta caminar. De todos modos, Gracias – le dijo, y regalándole una sonrisa, le dio la espalda y comenzó a caminar rápidamente en la dirección opuesta a donde él estaba.

Itachi la observó alejarse con una sonrisa en el rostro. El comportamiento de esa niña le resultaba entretenido y fascinante a la vez. Contuvo el impulso de seguirla, ya que eso sí lo delataría como un acosador, y comenzó a caminar en dirección a su auto, el cual estaba estacionado a una cuadra de la cafetería (solo Dios sabía por qué lo había estacionado a una cuadra del establecimiento). Se montó en el vehículo y desde lejos, observó el lugar donde había hecho el más fascinante descubrimiento.

Sakura, pensó. Y una sonrisa adornó su rostro.

Algo le decía que esa cafetería se convertiría en su lugar favorito. Y no precisamente por su propuesta de valor, sino por ella.

Simplemente ella.


Yo!

Bueno, dejé de lado las 20,000 tareas que tengo pendientes de la Universidad sólo para escribir este momento ItaSaku. Ya tenía la idea en mente y no pude concentrarme en las tareas hasta que la escribí. Así que si no termino mis tareas a tiempo es culpa de ustedes, queridos lectores XD

Debo decir que este no es un momento cualquiera. Es un guiño a mi historia El Heredero. En ella hago mención del lugar en el que se conocieron Itachi y Sakura, pero no conté lo sucedido cuando se conocieron. En el momento en que publiqué la historia no me pareció relevante contarlo, por eso me surgió la idea de plasmarlo como un momento dispar en esta serie de momentos. Esta historia sí tiene una conexión con El Heredero, pero puede leerse como un momento dispar entre Itachi y Sakura.

Aun así, y si son fans del ItaSaku, los invito a leer El Heredero. Debo decir que estoy muy contenta con esa historia. Es lo más emotivo que he escrito hasta la fecha, así que los invito a echarle un vistazo.

Con esta tercer historia ItaSaku (El Heredero, La Habitación de Itachi y la presente), dejo en evidencia mi amor por esta pareja y por el Mayor y más guapo de los hermanos Uchiha.

Espero sus comentarios. No saben cuánto me alegran y me inspiran a seguir escribiendo el saber que hay gente que me lee y que les gusta lo que hago.

Hasta el próximo momento.