Hola, hola.

Oh, rayos, no se ni que escribir, no sé muy bien como disculparme por el enorme retraso en la actualización.

OK, empezare por el principio.

Primero que nada, como siempre agradeciéndoles por seguir esta historia, por ponerla en favoritos, por sus lindos reviews y por sus alentadores mensajes privados.

Entiendo también que haya quienes ya no quieran seguir leyendo la historia debido a mi actitud y en verdad lo siento.

Se que estuvo mal de mi parte desaparecer de la manera en la que lo hice, pero es que he estado pasando por situaciones bastante difíciles. Depresión, creo que es la mejor manera de describir mi estado de ánimo. Cuando un ser querido enferma y los médicos no te dan muchas esperanzas, creo que es lo menos que puede sucederte, pero de igual manera he encontrado fuerza en mis seres queridos, en mi familia y creo que eso era lo que necesitaba en esos momentos tan duros.

Gracias querida DanisitaM, por ofrecerme tu ayuda, y a mi querido #Teamranmaconda, aunque en aquellos momentos no supe agradecerles de la manera correcta e hice lo que mejor que se hacer…huir y apartarme cuando me siento herida.

Pero hoy estoy de un ánimo mejor, y luego de pensarlo por un tiempo decidí que no puedo dejar esta historia sin terminar, ni ninguna otra.

Es por lo que hoy les traigo el penúltimo capítulo de esta historia.

Espero de todo corazón que lo disfruten.

Desde luego los personajes no me pertenecen, solo esta alocada historia es mía.

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Recuerdos y descubrimientos.

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Diez años atrás.

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Él en realidad había albergado un diminuto rayo de esperanza, creyó firmemente que algún día ella por fin lo escogería a él, antes que, a sus estúpidas leyes, antes que al obsoleto orgullo amazon, antes que a Ranma Saotome y en cierta medida fue así, pero fue demasiado tarde.

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Mousse resoplo con fastidio cuando llegaron más platos para lavar, sacó una mano del agua jabonosa donde fregaba platos y con el antebrazo se secó el sudor de la frente, estiró la espalda y sus huesos crujieron deliciosamente, luego siguió con su labor, mientras su mente divagaba recordando el suave tacto de la piel de Shampoo convertida en gato mientras la llevaba de vuelta a Nerima. El suave ronroneo involuntario que emitía mientras él la acunaba en sus brazos protegiéndola en el largo camino de regreso al Neko Hanten, y finalmente, el dulce tacto de la punta de sus dedos mientras acariciaba su mejilla cuando por fin fue humana, aunque por supuesto esto sucedió mientras ella aun estaba inmersa en la neblina de los opiáceos que su abuela le había administrado para sedarla.

Su mente fue más allá y recordó su niñez y parte de su adolescencia, antes de la llegada a la aldea, de su eterno rival, las confusas sonrisas que ella le prodigaba y lo coqueta que llegaba a ser cuando nadie los veía, la forma pícara en que le decía que debía entrenar más duró si algún día esperaba derrotarla.

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Sí, quizás ella alguna vez lo amo, pero eso ya no importaba. Se maldijo mentalmente por ser tan débil, por seguir añorándola después de todo.

Dos horas más tarde, el joven chino caminaba silenciosamente de regreso a su hogar, un pequeño departamento que más pareciera un diminuto almacén, que estaba ubicado sobre una tienda de comestibles en la ciudad de Kanazawa, en la prefectura de Ishikawa.

No supo muy bien como había llegado a ese lugar, a Kanazawa.

Recordó como después de bajar del autobús que lo había llevado hasta ahí y luego de caminar por varias horas sin rumbo fijo, se quedó viendo como hipnotizado el cartel de se busca empleado y de pronto estaba hablando con el dueño del restaurante chino y en menos de media hora ya estaba atándose el mandil mientras comenzaba a fregar platos.

Habían pasado casi 6 meses de esa rutina, una rutina vacía y constante que al menos le servía de distracción…la mayor parte del tiempo.

Por desgracia ese no era uno de esos días.

Sonrió de medio lado meneando su cabeza cuando recordó el porqué, era su aniversario, bueno no técnicamente, ese era el día en que él había llegado desde China a Japón, dispuesto a conquistar el corazón de Shampoo.

- Idiota.

Se dijo a si mismo, mientras chasqueaba la lengua, su mente reacia, no dejaba de rememorar su rostro, su voz…su rechazo, sus humillaciones, el aroma de sus largos cabellos purpuras, el dulce brillo de sus ojos, el desprecio de su voz al rechazarlo cada vez que él le declaraba su amor.

- Idiota. – Repitió de nuevo con un poco más de energía.

Una distracción era lo que necesitaba para dejar de pensar en ella, en la ingrata que había menospreciado su cariño y devoción.

Sin dilatar más, se levantó del suelo donde había estado cavilando, y comenzó una serie de calentamientos en el reducido espacio de su departamento, los suaves movimientos de link-kung y chi-kung, eran dibujados por sus brazos y piernas con absoluta destreza y perfección, su larga y lacia melena azabache se balanceaba sobre sus hombros acariciando su piel, vació su mente de todo, alejó el recuerdo de su rostro de finos rasgos y su hermosa sonrisa mientras la energía de su cuerpo recorría su cuerpo como cálidas olas que amansaban a su quebrantado espíritu.

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Los días pasaban, uno tras otro, sin variar, se había convertido en una rutina fácil de sobrellevar, pero que al mismo tiempo minaba cada vez más su espíritu y él ni siquiera se daba cuenta de aquello.

Una tarde de martes salió más temprano que de costumbre de su patético trabajo, no habían tenido muchos clientes y por ende el trabajo había sido bastante ligero, después de barrer la banqueta frente al establecimiento, Mousse se despidió con un movimiento de cabeza de su jefe, un tipo gordo, sudoroso y mal hablado, que venía de Cantón, China, un compatriota que dejaba mucho que desear, pensaba el chico.

Ya en su hogar y después de volver de los baños termales que estaban solo a unas cuantas cuadras y con una vestimenta muy distinta a la habitual, pants negros y una playera del mismo color con un estampado de AC/DC que no tenía idea de donde había salido. Se dispuso a salir con su ropa en un cesto, iría a la lavandería que estaba frente a su departamento a lavarla.

Bajó las escaleras con los lentes sobre su cabeza como acostumbraba y, por obvias razones eso le impidió ver con claridad a su alrededor cuando giró con energía después de cerrar la verja de las escaleras.

- Lo siento – la suave voz de la joven con la que se había topado lo sobresalto y de inmediato se puso los lentes como debía.

La chica en cuestión trabajaba como cajera en la tienda de comestibles que estaba debajo de su departamento, y cada vez que se topaban él solo la saludaba con un educado movimiento de cabeza. Lo que no dejaba de causarle cierta incertidumbre era el fuerte sonrojo que su simple gesto provocaba en la chica, ella no solía hablar mucho, pero generalmente tartamudeaba y se sonroja mientras prácticamente huía de su presencia.

La verdad no había reparado mucho en su aspecto, pero esta vez, no pudo dejar de notarlo, ya que los separaba menos de medio metro de distancia.

Era por decir lo menos, bastante guapa, ni alta, ni baja, quizás mediría unos 165 centímetros a lo mucho, esbelta y con curvas bien delineadas, su cabello castaño y suavemente ondulado llegaba apenas por debajo de los hombros, sus rasgos eran delicados, de rasgados ojos color canela con tupidas pestañas rizadas y finas cejas casi delineadas a pinceladas, una fina naricita respingona y pequeña boca en forma de corazón de rosados labios.

Se apretaba las manos con nerviosismo frente a él, mientras hacía una exagerada reverencia al disculparse.

Vestía con sencillez, unos pantalones de mezclilla azul claro doblados en la parte de abajo que dejaban al descubierto sus delgados tobillos y zapatillas blancas, además de una simple y holgada blusita rosa de manga corta. Aun así, la muchacha era verdaderamente bella, no necesitaba de maquillaje exagerado ni de ropa llamativa o ajustada para verse bonita.

Mousse sonrió involuntariamente.

- No, discúlpame tú a mí…he sido un bruto, no me fije que estabas detrás de mí.

Se inclinó frente a ella con solemnidad con una mano en el pecho, mientras con la otra sostenía precariamente el canasto de ropa sucia.

El cesto se le resbalo y toda su ropa se desparramo sobre el suelo frente a la atónita mirada de ambos. La joven se inclinó como una flecha cogiendo la ropa con velocidad, mientras se disculpaba en susurros nuevamente, él no dijo nada, solo se gacho a su lado y comenzó a poner la ropa en el cesto junto con ella.

- Mousse.

- ¿Eh?

- Mi nombre, es Mousse. Mucho gusto, nunca nos habíamos presentado -, dijo con una suave sonrisa mientras observaba el sonrojado semblante de la chica.

- Masumi – dijo ella con suavidad, después de un corto silencio mientras el sonrojo aumentaba y una dulce y nerviosa sonrisa aparecía en sus labios.

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- Deja eso ya – dijo él tomando con dulzura su mano que no dejaba de atusarse el cabello en un intento de aplacar los rebeldes rizos que se obstinaban en seguir desacomodados en su cabeza -, te vez hermosa, - y sin más se acercó a ella y la beso en la frente con devoción y ternura.

Caminaron tomados de la mano, él llevaba a la espalda una enorme mochila de viaje. Ella no dejaba de morderse el labio inferior nerviosa mientras acariciaba su vientre con la mano libre, eso la tranquilizaba, una suave patadita en su interior le regreso la caricia y ella por fin suspirando más tranquila sonrió.

El camino de terracería que serpenteaba hasta llegar a la aldea de Joketsuzoku, se hacía cada vez más fácil de transitar, frente a ellos, las casas de colores claros se agrandaban mientras se acercaban a paso lento, pero seguro.

- Mi madre te adorara.

- ¡Eso dices ahora, pero cuando se enteré de que no tengo ni idea de artes marciales ella me rechazara!

- No seas tonta Masumi, ella te adorara. Ya lo veras. – Dijo riendo por lo graciosa que le parecía su esposa cada vez que se ponía histérica.

- Se decepcionará cuando vea que yo soy tan diferente a…

- Basta – le dijo con firmeza – justamente por eso, ella te amara aún más – detuvo su andar y se giró a ver a su dulce mujercita –, sabes que ella nunca estuvo de acuerdo con mi…obsesión, ese amor malsano, te lo he dicho.

Mousse había sido sincero con ella, le había contado absolutamente todo de su vida, al igual que ella lo fue con él, la relación de amistad que nació aquel martes hacia casi dos años, los había llevado a una intensa relación, una relación reciproca, de amor y pasión, un año después de conocerse él le había pedido matrimonio y ahora iban juntos a darle la noticia a la madre de Mousse, de la boda y del futuro nacimiento de sus nietos, porque tendrían gemelos, niño y niña.

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- Hijo mío.

La esbelta mujer de unos 40 años se abalanzó a los brazos de su único hijo, lo abrazó con fuerza derramando lágrimas de felicidad al verlo después de tanto tiempo de no tener noticias de él. Lo último que había sabido era gracias a Cologne, que le había llamado para informarle que su hijo se había marchado del restaurante y que no habían vuelto a saber nada de él.

Eso la llenó de tristeza y a la misma vez de orgullo, se alegraba de que por fin su hijo hubiera decidido apartarse de aquella insana y tóxica obsesión. Y por fin alejarse de aquella muchacha que no merecía ni aceptaba la pureza de su amor.

Luego de las presentaciones pertinentes y llenas de lágrimas de felicidad.

- Pero es que no lo entiendo querido, ¿cómo ha sucedido esto? – Decía sonriendo mientras acariciaba el vientre abultado de su nuera, la madre de Mousse.

- Pues…

La mente de Mousse divago, sonrojándolo de manera colosal.

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5 meses antes.

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Sus labios se unieron con desesperación, el dulce y cálido aliento de la castaña le nublaba el pensamiento, se arrancaban la ropa sin miramientos mientras, prácticamente despedazaban los muebles en su intento de fundirse una vez más.

Vivian en un modesto apartamento, aún en la ciudad de Kanazawa, pero un poco retirado del barrio donde se conocieran meses atrás. Ella seguía trabajando como cajera en la tienda de comestibles y el oji-esmeralda había conseguido un nuevo empleo en un dojo, enseñando a varios adolescentes y niños artes marciales, la paga era buena, pero los horarios eran bastante apretados, cosa que no importaba, ya que como recién casados necesitaban todo el ingreso que pudieran mientras decidían donde establecerse.

Rieron como tontos mientras rodaban por el suelo de su habitación, Masumi se sentó a horcajadas sobre su esposo, balanceando sus caderas con cadencia, mientras sus intimidades se friccionaban causándoles placer.

- No es justo, la última vez tu estuviste arriba, me toca a mí. -Dijo el joven con un brillo lujurioso en su mirada, mientras la tomaba de la cintura y girándose se colocaba sobre ella, al tiempo que capturaba uno de sus pechos con su boca y lo besaba con devoción.

- Humm – gimió ella – tramposo – dijo mientras sostenía su cabeza sobre su pecho, mientras su cabeza se ladeaba involuntariamente a causa del placer.

Entró en ella de un solo movimiento que la hizo gritar de gozo, comenzó a moverse con desesperación y fuerza, enterrándose en ella, su respiración era agitada e irregular, se sentía en la gloria. Siempre era así, ella lograba transportarlo a otra dimensión cuando abría sus piernas para él, cuando lo recibía en su cálida y apretada cavidad, uniéndose en la primitiva danza que los unía cada vez que hacían el amor.

No supo, en qué momento ocurrió, solo supo que de pronto al abrir los ojos, sus pechos se bamboleaban frente a él, mientras ella lo cabalgaba con fiereza, moviendo sus caderas en un delicioso vaivén que lo enloquecía, apretando con fuerza su miembro mientras se sostenía apoyando sus pequeñas manos en su fuerte pecho, amaba verla así, con los ojos cerrados y esa mueca de gozo en el rostro, la cabeza echada hacia atrás, los pechos meciéndose y sus labios liberando gemidos de satisfacción, cada vez que se movía sobre él.

La sujetó fuerte de las caderas, marcando el ritmo de sus movimientos, mientras se clavaba inmisericorde dentro de ella.

Ambos gritaron atronadores mientras llegaban al clímax.

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El fuerte codazo de su esposa lo devolvió a la realidad, ella obviamente había entendido el contexto de la pregunta de su suegra, y era claro que no se refería al proceso de reproducción, sino al cómo se habían conocido, enamorado y casado.

- Simplemente paso madre. Nos enamoramos y no puedo estar más agradecido con el universo por permitirme conocer a Masumi -, dijo sin poder dejar de sonreír mientras daba un pequeño beso en la mano de su esposa con dulzura.

- Gracias, - la voz de su madre estaba llena de agradecimiento, mientras abrazaba a la chica con fuerza. - Por amar tanto a mi hijo, y hacerlo feliz…hacernos felices – corrigió ella, mientras acariciaba con ternura el vientre de la chica con una inmensa sonrisa.

La noticia corrió como la pólvora por la aldea, pronto llegó a los oídos de la peli-morada, que había regresado junto a su abuela apenas un año atrás, luego de la insistencia de esta última alegando que debían volver a su hogar, aun con la sombra de la derrota y la humillación a cuestas.

Cologne esperó en silencio mientras la joven que había ido a dar la noticia del regreso de Mousse terminaba de hablar, al principio la cara de Shampoo se llenó de esperanza, pero cuando la plática llego al punto en el que indicaban que él no había vuelto solo, la mirada de la chica se cristalizo y la mueca en su rostro se convirtió en rabia.

- ¡Espera bisnieta! – Gritó ansiosa la anciana intentando detener el terremoto de ira en que se habían convertido las emociones de Shampoo.

Apareció echa una furia, con sus largos cabellos serpenteando alrededor de su cabeza y sus bomboris fuertemente apretados por sus manos.

- ¡No es verdad! Tú me amas a mí, siempre me has amado, no puedes volver ahora con esto – estiro su brazo apretando fuertemente el bombori, mientras apuntaba con ira a la chica que se encogió en los brazos de su esposo al ver llegar a la chica, abrazando su vientre de manera protectora.

Shampoo siguió sus manos, y lo vio, sintió como algo se rompió en su interior, el vientre abultado de la joven fue casi como una revelación más de su derrota, bajo su mano temblorosa dejando caer el arma, mientras lagrimas se derramaban por su pálidas y ahuecadas mejillas.

- ¿Porqué? - Preguntó en un hilo de voz - ¿Tú dijiste que me amabas? Y yo… ¡¿Por qué?! ¡Yo siempre te ame! Acaso no lo entiendes, aún te amo y tu… - sus rodillas flaquearon y callo derrotada gimiendo en el piso, su rostro estaba ahora empapado, viendo como su última esperanza se le escapaba como el viento entre los dedos.

- ¡Todo es tu culpa bisabuela! – Gritó de nuevo alzando el rostro – tú lo sabías y aun así me metiste en la cabeza que debía amar a otro, me amenazaste cuando te lo confesé hace años, incluso antes de que Ranma llegará, dijiste que Mousse nunca podría ser mi esposo, dijiste que él era inferior a mi…y te creí – su voz se quebró nuevamente – mira lo que me has hecho ¡El orgullo amazon en toda su gloria! – gritó de nuevo y se levantó para después salir de la casa de la madre de Mousse y no volver más.

Los rumores decían que había vuelto a Japón o que se había vuelto ermitaña y ahora vivía en un templo en las montañas alejado de ahí.

Cologne sabía la verdad y al poco tiempo se la hizo saber a Mousse.

La encontró días después en el bosque colgando de un árbol, con el cuello roto.

La vieja mujer lloró amargamente sabiendo que ella había sido quien le había destrozado la vida a su propia bisnieta, negándole el amor verdadero, todo por culpa del orgullo y el deseo insano de una fuerte descendencia.

Estúpida, ella siempre supo que Mousse se dejaba vencer a propósito y por ende él era fuerte y habilidoso, digno guerrero amazon, amaba a su nieta con lo que ella creía locura y en su momento se había aprovechado de eso, cientos de veces para sus propios propósitos.

Se había encaprichado con la idea del guerrero que había vencido a un dios, deseaba que su bisnieta uniera su vida al joven Saotome aun a sabiendas de que Shampoo no lo amaba en realidad, era solo un capricho que ella misma había implado en su cerebro y ahora estaba pagando el precio de su necedad.

Ella había matado a Shampoo y jamás podría perdonárselo.

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Hoy.

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Al entrar al barrio de Nerima Mousse no pudo evitar sonreír con nostalgia, recordando los cientos de aventuras que había vivido junto a su grupo de amigos, aunque en aquel entonces no fueran amigos en realidad, sino adversarios.

El timbre de la bicicleta que se atravesó en su camino le hizo recordarla, su dulce sonrisa de felicidad y su largo cabello flotando con el viento mientras pedaleaba con velocidad para entregar algún pedido.

Shampoo – pensó con melancolía al recordarla. A pesar de haberlo intentado, terminó por aceptar que el recuerdo de Shampoo y su trágico y triste desenlace jamás le permitiría olvidar a su primer amor.

El enorme portón de madera del dojo Saotome-Tendo se alzaba imponente ante él y su familia.

El mar de recuerdos lo inundaba cada vez que iban de visita a Japón y simplemente no podía evitarlo.

Alzó su mano para tocar al timbre cuando una melodiosa voz le hizo detenerse mientras sonreía girando su rostro para verla.

- ¡Tanto tiempo sin verlos! – Gritó emocionada mientras se lanzaba a los brazos de su amigo para abrazarlo con fuerza, después de unos momentos le soltó, mientras repetía la misma acción con su esposa y sus hijos. - ¡No tienen idea del gusto que me da que por fin hayan llegado!

La joven mujer que les recibió con tanta felicidad le pareció hermosa, los recuerdos nuevamente se agolparon en su mente mientras la veía tan igual y diferente al mismo tiempo.

Ciertamente había florecido y un hermoso brillo realzaba su mirada de enormes ojos castaños, su cuerpo seguía siendo esbelto y hermoso, su rostro ahora denotaba una madurez de la cual antes carecía, y su cabello azul, ahora estaba tan largo como el que Shampoo tuvo alguna vez, su sonrisa se congelo, debía dejar de hacer eso, dejar de recordarla. Ahora tenía una familia y una esposa que lo amaba con todo el corazón.

Sacudió la cabeza y sonriendo le dijo:

- A nosotros también nos da gusto estar aquí de nuevo Akane, gracias por invitarnos.

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Dos días antes.

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- ¿Entonces…? – Su voz se extinguió antes de poder terminar la pregunta que le carcomía.

Él sonrió, una de esas sonrisas que lo iluminan todo, una de esas sonrisas de afirmación, la sonrisa que le decía lo que ella anhelaba escuchar desde hacía tanto tiempo.

- Sí Akane, estas embarazada. – Dijo Tofu con tanto gozo por al fin ver cumplido el sueño de su cuñada y su gran amigo Ranma.

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Tres años antes.

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- ¿Entonces lo que está diciendo es que soy infértil? –, su voz sonó más dura de lo que pretendía.

- No precisamente, sólo digo que después de ver los resultados, me he dado cuenta de que tu recuento de espermatozoides es más bajo de lo que esperábamos. - Dijo el especialista con tacto.

El apretón que Akane le dio en la mano no hizo más que hacerlo sentir miserable, allí esta ella una vez más, brindándole toda su comprensión y apoyo…y él, ¿qué podía darle él? Ni siquiera era lo suficientemente hombre como para darle una familia.

Ranma sintió una enorme tristeza que se adueñaba de su ser, él y nadie más que él era el culpable de que no pudieran tener hijos. Luego de más de dos años de intentos fallidos, y de falsas esperanzas que se rompían cada vez que a su esposa le llegaba el periodo. Enterarse de esto le hizo sentir un enorme vacío, probablemente nunca sería capaz de darle un hijo a Akane.

Luego de contarle al doctor de su anterior problema, el de la maldición que lo convertía en mujer y que por alrededor de dos años cargo con ese peso, se llegó a la conclusión de que quizás eso habría tenido algo que ver en su actual problema. Era probable que, si la maldición hubiese durado más tiempo aquejándolo posiblemente hubiera quedado en verdad estéril; no obstante, no era una aseveración, el hombre les dijo que no había una causa exacta del porque de su condición, aunque no descartaba lo de la maldición. Le ordeno aún más análisis y estudios para descartar otras opciones.

- No importa Ranma, Kami nos dará un hijo cuando sea el momento adecuado…

- ¿Y si nunca lo logramos, y si nunca puedo darte un hijo Akane? – La interrumpió ansioso.

Su voz se quebró, se sentía culpable. En realidad, jamás pensó que algo así le afectaría de tal modo, nunca pensó que desearía tanto tener un hijo y que quizá, nunca lo tendría.

Ranma comenzó un tratamiento hormonal para incrementar el conteo de espermatozoides, pero al cabo de un tiempo lo dejo. No daba resultados. Cuando le propuso a su esposa la fertilización in vitro ella explotó.

- No seas idiota Ranma, yo soy feliz, deja de obsesionarte con esto, te lo dije hace años, Kami nos dará un hijo a su tiempo… y si no lo hace, estaré satisfecha porque te amo. Y nada, nunca, jamás me hará dejar de hacerlo, tengamos hijos o no.

Ranma por fin comprendió luego de las palabras de su mujer que debía dejar eso de lado, olvidarlo, y si la vida les permitía tener hijos algún día, estaba bien y si no lo hacía…entonces, también estaría bien.

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Hoy.

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- Lo que no entiendo es porque no has venido con Ranma a por los resultados.

- No quería que se sintiera decepcionado de nuevo si resultaba negativo –, dijo enjugándose las lágrimas de felicidad – sabes que después de un resultado negativo él se abstrae por días y sigue culpándose por ello sin cesar.

- Lo entiendo.

- Quiero que por favor me prometas que no se lo dirás, ni a él ni a nadie hasta que yo lo haga.

- Por supuesto, cuenta con ello.

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Se esmeró con ganas para cocinar esa cena, era cierto que no sería jamás una chef, pero con el paso del tiempo su cocina sí que había mejorado, al menos ya era comestible.

Ranma aún estaba en el dojo terminando de dar la última clase del día, así que ella se apresuro a servir la mesa cuando antes.

- ¿Y a que se debe esta agradable sorpresa?

- A nada en especial – dijo ella con misterio – porque no vas a darte una ducha y luego vienes a cenar conmigo

La conocía demasiado bien como para saber que algo se traía entre manos, probablemente había conseguido algún libro nuevo de cocina y por eso estaba tan entusiasmada, siempre pasaba igual, ahora que de ahí a que realmente le quedara bien era un mundo, pero él intentaba con ganas no decirle lo sosa que le parecía la comida, si con eso la hacia feliz, él se tragaría sus comentarios y también su comida sin chistar.

Mientras se acercaba a la salita de estar donde tenían la mesa la observo con detenimiento, ella estaba de espaldas, pero, aun así, irradiaba una belleza apabullante. La amaba con locura y todavía no acaba de entender como es que ella lo había elegido a él, su largo cabello estaba trenzado de manera casual y descansaba sobre su hombro mientras se esmeraba colocando los últimos toques a la cena.

Se acerco a ella en silencio, como siempre lo había hecho y se agachó a su lado abrazándola por la cintura mientras olía profundamente en su cuello, ella sostuvo sus brazos mientras una sonrisa involuntaria curveaba sus labios.

- ¿Listo para cenar?

Ranma asintió aun sobre su cuello, mientras suspiraba con decepción por tener que soltarla y no poder llevara acabo sus deseos en esos momentos, se encogió de hombros mientras se sentaba a su lado pensando que la noche era joven y la casa aun estaría sola para ellos por algunos días más.

Después de cenar Ranma no podía dejar de notar el creciente nerviosismo de Akane, la manera en que se apretaba las manos inconscientemente, el dulce brillo de sus ojos y la temblorosa sonrisa de sus labios.

- Ya, dime que es lo que pasa, que es lo que quieres decirme -, le soltó un poco exasperado – si es por la cena, en verdad debo decirte que te salió mejor que nunca, estuvo…deliciosa, – dijo con una enorme gota de nerviosismo resbalando por su nuca, más le valía ser convincente o no le darían "postre".

La sonrisa de Akane se expandió resaltando su innegable belleza.

- No es por eso, pero gracias por intentar mentir, - le dijo con alegría acariciando la mejilla de su esposo – gracias Ranma por ser el mejor esposo del mundo, por amarme a pesar de todos mis defectos, por comer mi comida a pesar de ser toxica la mayoría de las veces, - una pequeña carcajada jadeante broto de sus labios cómicamente, - por quererme a pesar de mi violenta forma de hacer las cosas, gracias…por darme la dicha más grande, gracias por ser el padre de mi bebé.

Dijo mientras lágrimas de felicidad bajaban por sus mejillas sonrojadas, y le colocaba un sobre en las manos.

Ranma tardo un poco más de tiempo del adecuado en reaccionar.

Confusión, es lo que sintió cuando ella no le recrimino como acostumbraba por mentirle sobre su comida, su cerebro hizo corto circuito cuando ella hablo de un bebé, sus manos temblorosas no sabían muy bien que hacer con el sobre que ella le había dado, simplemente no podía articular palabra alguna y sus manos se negaban a obedecerle.

Ella tomó sus manos y aun con ese semblante de profunda paz y felicidad se lo quito y lo abrió con cuidado mientras depositaba en sus manos una hoja abierta, se obligó a levantar sus manos mientras apretaba la hoja con demasiada fuerza, sus ojos atónitos no alcanzaban a comprender lo que estaba leyendo.

Letras y más letras, oraciones sin sentido.

Positivo.

Se cubrió la boca con una mano, mientras sus ojos se aguaban, alzo la mirada y al ver la afirmación y la enorme sonrisa de su esposa no pudo hacer otra cosa que apretarla con fuerza en un abrazo se casi los funde en uno mismo, mientras unas rebeldes lágrimas brotaban de sus ojos empañando su mirada.

Risas entintadas de llanto de alegría.

Besos, cientos de besos colmados de amor.

Ternura y delicadeza en su toque, al delinear con suavidad y adoración el aun plano vientre de Akane.

Añoranza al alzar nuevamente la mirada para verla a ella, al amor de su vida.

La tibieza de sus labios mientras absorbía su alma como cada vez que la besaba, en tanto la desnudaba con lentitud y besaba cada parte de su anatomía, el ardor de la pasión contenida que los envolvía en lenguas de fuego, mientras se amaban, mientras se fundían en uno mismo una vez más.

Hicieron el amor con la más infinita de las ternuras, como nunca antes lo habían hecho, redescubriéndose en cada caricia.

Besaba su entrepierna como si de ella manara el más dulce de los néctares, dándole placer generosamente, cuando ella terminó de contraerse en espasmos, él repto sobre su cuerpo, acariciándolo en roces que parecían quemarle, ella abrió sus piernas para recibirle en un acto que su cuerpo conocía de memoria, alzando las caderas, ansiosa.

Entró en ella con suavidad, haciendo estallar sus terminaciones nerviosas con explosiones de placer mientras la invadía, se movió con cadencia, dentro y fuera de ella, conteniendo las ganas de arremeter con urgencia, conteniendo la respiración para no gruñir de deleite, la beso en los labios explorando su cavidad profundamente, apretando sus caderas con avidez, adentrándose en ella en su totalidad.

- Te amo mi marimacho, - le dijo mientras acariciaba su espalda desnuda.

- Te amo mi…idiota, - dijo con una sonrisa, recordando aquella primera vez que hicieran el amor, mientras se abrazaba con más fuerza al torso desnudo de Ranma.

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Pues ya leyeron, creo que este capitulo me quedo más dramático y emocional de lo que hubiera querido, intente en muchas ocasiones escribir un final diferente para Shampoo, pero de una manera u otra siempre terminaba igual, supongo que se debe a la personalidad obsesiva de la chica o algo así.

Y en cuanto a lo del embarazo de los Saotome, que les digo, me sentí feliz de poderlo escribir por fin.

Espero que no lo hayan odiado demasiado y si les gusto o les disgusto, no olviden dejarme algún que otro review, saben que siempre los leo con cariño y es el plus que necesito para seguir escribiendo.

Gracias por sus reviews a:

Azusa CT: Querida Azusa, jajaja no sabes la risa que me da leer tus comentarios, ¿tanga tipo hijo roja? En verdad estas trastornada querida, gracias por tus comentarios y tus mensajes, y si ahora ya puedes estar tranquila pues el resultado dio positivo. Nos leemos luego linda, besos.

Ranma84: Hola amigo, sí, esta confirmado, a Ranma le dieron duro y tupido XD. Saluditos.

DanisitaM: Hola hermosa, me pone de un esplendido animo leer tu review, me he reído un buen, gracias por tu apoyo a la historia. Volviendo al review, sí, ni idea de que terrible persona puede haberme aconsejado lo de los chocolates envinados… jajaja. Gracias por tu amistad y espero de todo corazón que este nostálgico capítulo te haya gustado, aunque sea un poquito. Saludos enormes chula y espero volver a leerte pronto.

Caro: Hola Caro, afirmativo querida soy de México, y gracias a Dios ya se me paso la fiebre de la vistima, jejeje, gracias por leerme, espero este capitulo haya sido de tu agrado, saluditos.

Kariiim: ¡Hola! Pues aquí esta la actualización, espero que te haya gustado y gracias por echarme tantas porras con lo del lemon, aunque en este cap. no estuvo tan hardcore como en otros capítulos. Saludos enormes.

Emiilu: Holis, jejeje si te lo gane, lo de las vistimas digo, gracias por leer mi historia y por ser de las primeras personas en comenzar a leer y seguirlo, espero te haya gustado la actualización chula. Saludos gigantes hasta tu tierra.

Cynthiagurud: Saludos y bienvenida a esta suculenta lectura…aunque esta estuvo más de drama, pero tu entiendes gracias por leer. Saludos.

Kaysachan: Hola hermosa, ¿qué te pareció? Espero, en serio, en serio que te haya gustado, y si, ya por fin viene la bendición en camino, 😊. Saludos y abrazos bella.

Lila Davila: Holiss, jajaja, efecto novela mexicana me encanto la frase de ahora en más será una de mis favoritas y quizá pronto aparezca en uno de mis fics, espero te haya gustado la actualización chula. Besos y abrazos.

Btaisho: Hola, creo que es la primera vez que veo un review tuyo, gracias. No desesperes más aquí esta la actualización y espero que no te haya deprimido mucho, jeje. Saludos y espero leerte pronto.

Gracias a todos y todas por seguir mi historia, sí, ya sé, parezco disco rayado, pero es que no saben lo feliz que me hace leer sus comentarios, y créanme que más de una vez me han hecho reír cuando pensaba que no podría más. GRACIAS.

Y finalmente espero poder actualizar pronto, saluditos y nos leemos a la próxima. Bye, bye.