Capítulo 1: ¿Dos son multitud?
Nada más ni menos que un slime verde se había arrojado a la cara del desafortunado Izbran. Si bien era una gelatina, por alguna razón el joven sintió dolor... Cosa que lo llevó a sacar su nueva espada corta de cobre y traspasar con ella a la extraña criatura.
—¡Wah! ¡¿Q... Qué demonios era eso?! —se preguntó, en busca de explicaciones y mirando al guía Jacob.
—Eso, mi amigo, es un slime verde. Es la variante más débil de los slimes, así que si eso te pareció duro... Sugeriría que pospongas tu exploración a tierras desconocidas un buen par de semanas.
Izbran lo miró, ligeramente molesto, pero no se atrevió a responderle puesto a que sus intenciones eran buenas: evitar que él termine como los demás humanos que pisaron Terraria.
—Ya, ¿qué esperas? ¿A que se haga de noche y un zombi te devore los sesos?
—Eh, ¡no! ¡Solo espera! —respondió el extranjero. Y al finalizar su oración, se dispuso a talar cuanto árbol pueda. No habían pasado más de 10 minutos y la cantidad de madera conseguida era abominable... Y frente a un sorprendido Jacob por semejante acumulación de madera, Izbran hizo una pequeña casa con dos cuartos; uno para él y otro para el guía.
El muchacho estaba satisfecho. Esa construcción, si bien era bastante más pequeña que su bodega, lo llenaba de orgullo por el hecho de que estaba hecha íntegramente por él. Jacob lo miró e hizo un gesto de aprobación.
—No está nada mal. Mi cuarto cuenta con pared, iluminación, una silla, mesa y espacio suficiente... ¿Qué más he de pedir? Muchas gracias.
—Por nada, Jacob. Me alegro de que te guste.
—Heh. Oye, la noche ya está cayendo... Tú quédate en tu cuarto y no salgas. Quizá los muertos vivientes te lleguen a tocar la puerta, pero no saben abrirla, así que quédate tranquilo. Excepto cuando tenemos Luna Sangrienta... Cosa que no sucederá, al menos no esta noche si mis cálculos no fallan.
—Entend... ¿qué? ¿Luna Sangrienta? ¿Y eso es...?
—Las noches en las que la luna se tiñe de color rojo son llamadas así. En este evento los monstruos nocturnos son alterados, podrías encontrarte hordas gigantescas de zombis... Comunes y sangrientos, estos últimos parecen venir solo durante esta noche. Y cómo no olvidarse de los goteadores... Bolas de tejido con varios ojos, las cuales son capaces de flotar en el aire.
—...eso no suena nada bien.
—Ah, y la inteligencia zombi se ve aumentada también. Durante el evento son capaces de abrir puertas.
—¡Eso suena más que malo!
—No te preocupes, extranjero... De seguro que para cuando se aparezca ya estés bien armado.
—Eh, eso espero...
—Sí. Ahora, a la casa. Yo me echaré una buena siesta, que ya han pasado meses desde que pude dormir en un sitio decente... ¡Adiós!
Y sin más que decir, el guía se adentró en su cuarto y cerró la puerta detrás suyo. Izbran suspiró y miró al cielo: ya había oscurecido, era cuestión de minutos para que la noche se presente y los monstruos salgan de sus oscuros escondites. Siguiendo el consejo de Jacob, entró a su casa, cerró la puerta y se sentó en una silla a escribir, pues era uno de sus pasatiempos preferidos. En su mundo era algo que hacía muy comúnmente tras los días exhaustivos en el viñedo. En lugar de descansar, como haría cualquier persona normal, él optaba por hacer eso. Lo que sí, jamás había logrado acabar de escribir una historia. Siempre las dejaba a medio terminar. Sin embargo, haber aparecido en este mundo tan peculiar llamado Terraria le había proporcionado una catarata de ideas... Por primera vez en su vida estaba totalmente dispuesto a escribir una historia y completarla. Y fue justo cuando estaba acabando de planificar la introducción de esta cuando se vio interrumpido por unos gruñidos provenientes de afuera acompañados de unos violentos golpes a la puerta de su casa.
—Z... Zombis... Bueno, al parecer Jacob tenía razón.
Izbran respiró profundamente, e intentó ignorar el alboroto que generaban los zombis intentando entrar a la casa. Al principio se le hizo una tarea más que difícil, pues pensar que tras esa puerta que tenía a pocos metros había más de un cadáver viviente buscando matarlo le complicaba las cosas. Pero tras unos diez minutos, ya se empezó a volver repetitivo, y poco a poco el joven fue perdiendo su miedo. Sin dejar de escribir, el muchacho no se había dado cuenta de que ya era medianoche. Era capaz de quedarse así hasta la mañana siguiente, sino era por un sonido que no llegó a reconocer lo desenfocó de su escritura. Era uno extraño, no era capaz de describirlo, pero lo que oyó luego sí: el ruido de carne desmembrándose, sangre salpicando, y finalmente... Silencio. Los golpes y gruñidos habían desaparecido... E irónicamente, al muchacho se le erizaron los pelos de la piel al darse cuenta de esto. ¿Qué había sido eso...? Quizá iba a ser mejor preguntar. O quizá no... Quién sabía lo que lo esperaba ahí fuera. Armándose de valor, empuñó fuertemente su espada corta y pateó la puerta de su casa, listo para lo que sea...
No había nada.
Miró a su alrededor, y lo único que logró ver fueron los restos de zombi delante suyo, árboles, y algún que otro... ¿Ojo? Volando a la lejanía. Pero no más que eso. Era de noche aún, pero raro era que ni un solo monstruo se le había lanzado ni bien abrió la puerta. En su lugar... Recibió un proyectil verde en la cabeza. Al instante, sintió un ardor por todo su cuerpo por culpa de este, el cual afortunadamente cesó tras unos segundos. Así, se apresuró a mirar hacia arriba, a lo que sea que le haya tirado aquella cosa.
Y arriba de su casa había una chica, cuya apariencia daba a entender que era al menos un año menor que él. Su cabello era rubio y corto, llegándole hasta los hombros. Sus ojos eran marrones, y en su mano portaba lo que parecía ser una rama. Ella lo miraba con una expresión de incertidumbre, pero mantenía su rama delante suyo, en guardia.
—¡¿Se puede saber por qué haces eso?! —gritó Izbran. La chica no le contestó, pero se aferró aún más a su rama al ver que el hombre estaba armado con una espada.
—¿No vas a responder? Asumiré que eres un monstruo más de aquellos, entonces...
Ella estaba buscando palabras para explicarse, pero no llegó a decir nada pues un determinado Izbran dio un gran salto hacia el techo de su casa, espada delante suyo y dispuesto a atacar a la chica. Ella llegó a apartarse, pues la distancia entre ellos le dio el tiempo suficiente como para reaccionar, y desde su rama le arrojó por segunda vez uno de esos proyectiles verdes. Este impactó con éxito en el brazo izquierdo de su oponente, quien se vio envuelto en ardor y dolor nuevamente. Incluso juró ver cómo sus ropajes se quemaban por unos momentos...
—¡Me las vas a pagar! —dijo el joven, ahora más enfurecido, y corrió hacia la chica. Ella saltó de la casa, de nuevo al suelo, pero no se percató de que su contrincante llegó a saltar también y con envión de su corrida... Atizándole una estocada a un lado del abdomen. Ella se arrojó al suelo, rodó rápidamente y se puso de pie, mirando a Izbran, algo de sangre brotándole de su nueva herida. Dolía, pero no tanto como ella había imaginado. Ahora con pocas ganas de hablar, tomó distancia y arrojó otro proyectil, el cual viajó en parábola hacia el espadachín. Pero este lo desvió con su espada, y acortando distancia ante la extrañada chica, consiguió clavarle la espada una vez más antes de que ella escape, en la pierna. Desafortunado él, de todos modos, pues eso también le valió un proyectil golpeándolo en el rostro, seguido del característico ardor.
Ella intentó alejarse otra vez, pero no logró nada al tener su pierna herida, y tropezó. Cuando volteó boca arriba, Izbran ya estaba parado a su lado, espada en mano y mirándola fijamente a los ojos. Su expresión no era de lo más amigable. Viéndose venir algo malo, la chica se dispuso a hablar.
—¡Ya! ¡Lo siento! ¡Esto es un error!—dijo, arrastrándose en el suelo y alejándose de su adversario.
—¿Los monstruos piden perdón...? Los slimes que he matado siquiera podían hablar.
—No, ¡no soy un monstruo!
Al decir esto, Izbran cambió su mirada de agresiva a confundida.
—¿Qué? ¿Y entonces por qué me atacas?
—Acababa de lidiar con un buen número de zombis —respondió, tomándose la herida en el torso—. Creí que eras uno más que me había pasado por alto...
—Los zombis no saben abrir puertas, sabes.
—Sí, lo sé... No te había visto abrirla. Me di cuenta de que no lo eras cuando me viste, pero no pude hacer mucho pues te lanzaste a atacarme.
—Ah, eh... Bueno, supongo que puedo creerte... Ven dentro de la casa, aquí serás alimento de los muertos —dijo Izbran, tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse. El hombre tenía alguna que otra quemadura en el rostro y en el brazo, mientras que la oscuridad de su cabello no dejaba ver las de la cabeza. Ella, sin más, aceptó su ayuda y ambos entraron a la casa. Una vez dentro, sintiéndose culpable, la chica se volvió a disculpar.
—De nuevo, lo siento. Creo que eres el primer humano que me topé luego de que... Algo realmente extraño suceda y me deje en este aún más extraño mundo.
—¿Ah? ¿Tú también vienes de otro mundo?
—Sí. Siendo más precisa... ¿Planeta Tierra? ¿Has oído de él?
Izbran miró a la joven con mirada aburrida—. Yo también vengo de ahí. Trabajo en una bodega, en una zona montañosa... ¿Y tú?
—Oh... Yo vengo de un pequeño pueblo, bastante aislado del resto de la sociedad. Es bastante atrasado tecnológicamente, pero tenemos algo que ustedes no...
—¿Y eso es?
—Magia. Nuestro pueblo fue fundado por los mismos magos que fueron rechazados por la sociedad, tratados de locos por creer que la magia era real...
—¡Vaya! —exclamó el hombre. Ahora parecía más interesado, pero de repente sacudió la cabeza rápidamente—. Uh, no me he presentado... Soy Izbran, eh... ¡Un espadachín exitoso! –mintió.
—Yo soy Mista, una maga aprendiz aún. Un gusto —se presentó la chica. Si bien no le creía mucho el que era un espadachín exitoso, prefirió no decirlo para evitar problemas.
—Mista... Qué nombre tan raro —dijo el supuesto espadachín, ganándose una mirada incrédula. Un tipo llamado Izbran hablando de nombres raros—. ¿Qué hay de esa rama que llevas? No dolía mucho lo que sea que arroja, asumo que tiene propiedades mágicas... Pero vaya que quema.
—Me la he encontrado aquí, en un cofre dentro de una pequeña cueva. He decidido llamarla Varita de Chispas. Y sí, es mágica —explicó—. No es la mejor arma mágica que haya usado, pero funciona, al fin y al cabo. Es bastante efectiva contra los zombis.
—Hm, interesante. Yo aquí también me hecho con este primor –dijo, mostrando su infalible espada corta de cobre-. Esto... Es genial contra, eh... Slimes.
Mista se tapó la boca, intentando contener la risa, irritando a Izbran.
—¡¿De qué te ríes?! ¡Si con ella te he vencido!
—¿Oh? Querré verte decir lo mismo en cuanto consiga algo mejor que esta ramita —respondió la maga, con una sonrisa. Tras un intercambio de miradas, el muchacho hizo un gesto con la mano simulando desinterés y miró hacia otro lado.
—Cuando quieras. Jamás he perdido un duelo, maga.
Esta vez, la chica logró contener la risa, evitando un conflicto. El resto de la noche se la pasaron hablando de temas poco interesantes, más que nada de sus vidas cotidianas en el mundo natal. Estaban empezando a hablar sobre cómo había sido que fueron transportados a Terraria, pero fueron interrumpidos por una tercera voz.
—¿Hm? ¿Qué tenemos aquí? —preguntó la voz. Esa voz era el guía, vestido de pijama y bostezando, parado frente a la puerta abierta—. Oh, una extranjera más.
—Eh, sí... Mi nombre es Mista, saludos.
—Jacob, puedes llamarme guía —se presentó. Y luego, giró la cabeza para mirar a Izbran—. Oye, "espadachín exitoso". Ya está amaneciendo, así que tienes el paso libre para explorar... Pero ten cuidado. Si fuera tú, evitaría adentrarme a zonas con el césped color púrpura o rojo. Son bastante peligrosas.
—¿De veras? Sí que el tiempo pasa rápido aquí...
—O quizá se quedaron hablando tanto tiempo que a ustedes solos se les pasó rápido. Madre mía, la próxima hablen en un tono más bajo, que mi sueño es ligero...
—Lo tendré en cuenta, Jacob.
—Perfecto. Y otra cosa más, la más importante de todas.
—Eh, ¿sí?
—Ni se les ocurra pisar el desierto. Es... Quizá la zona más peligrosa para ustedes en estos momentos.
—¿Y eso a qué se debe? —preguntó la maga.
—Resumidamente... Un gusano marino gigantesco se está paseando por ahí, esperando alguna presa para devorar.
El "espadachín" y Mista se miraron entre ellos. Este mundo se les hacía cada vez más y más incomprensible. El guía sonrió ante la reacción.
—Tomadas dichas precauciones, es posible que vuelvan en una pieza. Si se encuentran algún cofre o jarrones tomen lo que contengan, tengan cuidado con los slimes, y en caso de que alguno se lastime, pruebe de comer uno de esos champiñones que aparecen de vez en cuando en el suelo. Tranquilos, no son tóxicos, tienen propiedades curativas... Aunque saben muy mal.
El dúo asintió ante las indicaciones de Jacob. Lo saludaron, y juntos partieron a explorar el peligroso mundo que los rodeaba. En el camino tuvieron que lidiar con algún que otro molesto slime, pero no resultaron heridos. Por curiosidad, Izbran propuso investigar el árbol gigante, a lo que Mista aceptó. Tras revisarlo por los alrededores, no le encontraron nada interesante, por lo que el hombre lo vio como una genial oportunidad para hacerse con una enorme cantidad de madera. Pero ni bien dio algunos hachazos, descubrió que el tronco era hueco, y un túnel vertical oscuro viajaba por él hacia el subterráneo.
—¿Crees que sea buena idea ir ahí abajo? —preguntó la maga, arrojando un proyectil verde desde la Varita hacia el túnel, iluminándolo mientras pasaba y revelando una ausencia de amenazas.
—Sí, y lo acabas de demostrar. No hay nada feo ahí abajo, quizá hasta nos espere un jugoso tesoro...
—Entonces, ¡vamos allá!
—Quiero que vigiles a esos humanos, cada paso que den, cada acción que realicen. Necesito saber todo de ellos.
—¿Mi Señor? Son solo unos patéticos humanos, no representan una amenaza para usted ni para su reino.
—Es una orden, bruja. Los extranjeros pueden llegar a ser sorpresas... Si resultan ser lo suficientemente competentes, incluso consideraría integrarlos en mi ejército.
—...todos los extranjeros terminan siendo devorados por el gusano del desierto. ¿De verdad cree que sea importante?
—Llegado este punto, debería matarte por cuestionar de esa forma mis órdenes...
La bruja lo miró, el miedo apoderándose de ella poco a poco.
—...pero me sirves, y mucho. Por lo que gastaré mi valioso tiempo en responderte. La razón es la siguiente...
El dúo ya estaba volviendo a la casa tras un día de exploración bastante bueno. La única desgracia que habían sufrido fue un slime verde golpeándole el rostro a Izbran una vez más y estaban probando las cosas que habían conseguido de los cofres hallados.
—¡Qué porquería! Lo único que hace esta cosa es colocar hojas. ¡Daba el aspecto de ser un arma mágica! –se quejó el joven.
—Creí que eras un espadachín.
—Claro que lo soy. Lo decía para que reemplaces esa... Rama a la que llamas arma.
—Seguro... Pero oye, mírale el lado bueno. Nos hemos hecho con todas estas pociones, lingotes y monedas.
—¿Y para qué queremos monedas, se puede saber?
—Pues, para... ¿Comprar algo?
—¿Y conoces a algún vendedor?
—Ehm... No, no.
—No nos sirven de nada, Mista.
—Jojo, aquí huelo ganancias —dijo una voz a las espaldas del dúo. Ni bien se dieron vuelta, vieron de quién se trataba: un tipo de barba blanca y larga. Por sus ropas y por lo recién dicho... Se podía deducir que era mercader de algún tipo.
—Les puedo ofrecer bloques de tierra en descuento; una moneda de cobre por bloque. ¡Ganga!
El par lo miró, confundidos los dos.
—Sólo bromeaba, jovencitos. Soy Mortimer, el mercader... Mis instintos del negocio me trajeron hasta aquí. Les ofrezco de todo: picos, hachas, antorchas, pociones de...
—¿Maná? –preguntó la maga.
—Sí, y tamb...
—¡Ten todo mi dinero! —lo cortó Mista, ganándose un débil empujón de parte de Izbran.
—Sabía que aquí había oportunidades de ganar... Lo que sí, jovencitos, este anciano necesita de un techo para hacer su vida. ¿Tienen algo?
El exitoso espadachín suspiró. Nuevamente tenía que construir... Qué importaba, con el tiempo se acostumbraría.
