Capítulo 3: Sombras y putrefacción

El dúo, tras una exageradamente larga discusión acerca de la posesión de los objetos obtenidos del Rey Slime, llegaron a un acuerdo. La armadura de ninja y la montura de slime ahora eran propiedad de Izbran; pero con la condición de que sería Mista la beneficiada en la próxima disputa de objetos entre los dos.

—Quizá no lo parezca... Pero este trato me vendrá muy bien en el futuro, hoho.

—¡Ya quisieras! —respondió el guerrero, riendo y luego bostezando—. Oye... No sé si es por culpa de haber peleado contra algo más fuerte de lo habitual o de la discusión de recién, pero vaya que me ha dado sueño.

—Hm... Ahora que lo dices... Estoy algo cansada también. Sería mejor descansar, mañana nos esperan las tierras de las que habló Jacob, ve a saber qué bicho nos espera ahí.

—La Corrupción y el Carmesí... Los nombres de aquellos lugares no me inspiran mucha confianza, de verdad...

—Los nombres son lo de menos, ¡el guía dijo que eran zonas bastante peligrosas!

—Bleh... Debe de estar exagerando, Jacob se preocupa más de lo que debe. Dice el dicho que quien no arriesga no gana, ¿no es así?

—Pero aquí arriesgas tu mismísima vida, tonto.

—¡Y qué va! De algo habrá que morir.

—Qué forma de pensar tan interesante tienes, espadachín...

—Volveremos sanos y salvos, te lo aseguro —dijo Izbran, para luego corregirse—. Bueno... Quizá no del todo sanos, pero sí salvos.

Mista miró incrédula al joven, luego sonrió y miró hacia otro lado—. Heh, me das gracia. Oye, ahora que lo pienso... No tengo dónde dormir.

—¿Oh? Ah, cierto que no tienes casa... Ehm...

—...

—Mmm... ¡Lo sé! Quédate esta noche en mi casa, y para mañana construimos una para ti.

—Q... ¿Qué?

—¿Acaso tienes alguna idea mejor?

—No me refiero a eso, pero... ¿Tu casa?

—¿Qué tiene de malo? Es bonita, limpia y cómoda.

—Argh, no lo entiendes... Bueno, si no hay otra alternativa, a tu casa iremos.

—Eres una chica muy rara, Mista. ¿Me tienes miedo acaso? Tranquila, ¡aún no soy un zombi! —dijo Izbran, riendo y esquivando un golpe débil de la maga.

—¡Cállate!

—Ya, que era una broma. Eres una chica promedio.

—¡Eso es peor!

—¿Y qué quieres que te llame entonces? ¡Diablos!

—Simplemente deja de referirte a mi personalidad, ¡que sueltas chatarra!

—Uoh, incluso que te doy cobijo me tratas así...

Ella estaba a punto de responder, pero se contuvo, como es característico de la muchacha para finalizar conversaciones que parecen no acabar más. Cerró los ojos, suspiró, y se tomó unos segundos para volver a dirigirse al espadachín—. Esto... Mejor ya vayamos a dormir.

—Tú lo has dicho —dijo Izbran, asintiendo y bostezando otra vez—. ¡En marcha!

El sol ya había desaparecido en el horizonte, y una luna creciente se empezaba a asomar. Las estrellas presentaban poco a poco su brillo, invisible a la luz del día. El dúo de extranjeros fue caminando hacia la casa del guerrero, este abriendo la puerta y permitiéndole el paso a Mista, como todo buen caballero haría. Se adentraron en la casa, y lo primero que hizo Izbran fue tomar asiento en frente a su escritorio. La maga notó los papeles escritos encima de él, y no pudo contener la curiosidad.

—¿Qué es eso? —preguntó.

—¿Las escrituras? Ya ves, escribir historias es un pasatiempo que tengo... Y este mundo tan misterioso me ha dado ideas. ¡Quién hubiera dicho que la magia existía! ¡Zombis, criaturas gelatinosas que adoran atacar justo al rostro...!

—Eso último sólo te sucede a ti.

—Quizá es por lo bello que soy, quién sabe.

—Alto ahí, ni que fueras la gran cosa —atacó la chica, luego riendo. Izbran hizo una expresión de dolor.

—¡Auch! Eso dolió... Tu sinceridad es ponzoña...

Mista fue incapaz de notar que Izbran simplemente estaba actuando.

—Eh, era broma, hehe... No te ofendas, no lo decía en serio.

El rostro del espadachín cambió de adolorido a sorprendido, sus ojos abiertos como platos.

—¡¿De veras?! Es decir, ¿soy bello?

—¿Qué? ¡No dije eso! Es decir... ¡Argh! ¡Me confundes...!

—¡Esto es oro! Una chica bonita cree que soy bello.

Las mejillas de Mista tomaron un color rojizo de vergüenza, y no tenía idea de qué decir.

—¡¿Q-Qué dices?! ¡Cállate!

—Bueno, ya. Vinimos a mi casa a dormir, no a tener una cita, compórtate.

Esto colmó la paciencia de la maga, su rostro rojo como un tomate, e intentó golpear a Izbran varias veces. El otro, en cambio, reía y se cubría con los brazos de los manotazos de la joven. Luego de unos segundos así, la muchacha se cansó y frenó, ahora tomando asiento en la cama del guerrero. Suspirando, y el color de sus mejillas volviendo a su color original, se percató de algo.

—Oye... Hay solo una cama.

Izbran se quedó en silencio unos segundos, se rascó la cabeza y miró hacia el techo, con el mentón apoyado en una mano.

—Vaya, no lo había pensado... Hoy no ando muy lúcido, hm.

—¿Y ahora qué hacemos?

—No sé. Tú duerme en mi cama, yo buscaré una forma de dormir.

—Ehm... ¿Seguro?

—Claro, siempre termino arreglándome de alguna manera u otra. Tú duerme ahí —comandó el espadachín, a lo que Mista se encogió de hombros. Él se levantó de su silla, y abrió la puerta, con intención de salir de la casa.

—Pues, muchas gracias, entonces.

—Oh, no es nada... Buenas noches —le dijo Izbran, saliendo ya de la casa y cerrando tras él la puerta. La chica se quedó unos segundos sentada, mirando hacia las hojas escritas, hasta que en un momento se quitó las piezas de armadura de hierro que poseía: un casco y un peto. Abrió las sábanas, se metió adentro de la cama, y finalmente se durmió.

Afuera de la casa ya era de noche, el guerrero no estaba solo: había un ojo demoníaco no muy amigable volando arriba suyo. Desenfundando su Espada larga de Hierro, saltó y lo atravesó, el ojo quedando pinchado en la espada como si se tratara de una brocheta. Casi al instante desapareció, y soltó algo que rebotó en la cabeza del espadachín para luego caer en el suelo. Extrañado, él lo tomó para ver que era... un lente.

—¿Un lente? Me pregunto para qué servirá, no tengo problemas de visión... Debería hablar con Jacob luego —se dijo a sí mismo.

Guardando el lente en su bolsillo, fue hacia un cofre a buscar telaraña... Y no tenía. Si no recordaba mal, Mortimer le había mencionado mientras construía su casa que era capaz crear seda a partir de telaraña en Terraria, y que se la compraría a un buen precio de conseguirla... Qué mundo tan peculiar.

Pero a fin de cuentas, no había telaraña, y por tanto, tampoco seda. El mercader no iba a regalarle otra cama más, eso era claro... Así que sus esperanzas de hacerse tan siquiera una manta se desvanecieron. ¿Cómo dormirá ahora? ¿En el suelo...?

...sí, en el suelo. No había otra opción.

Mista se despertó luego de un plácido sueño, el cantar de los pájaros haciéndose oír, a la vez que las voces de Jacob y Mortimer, quienes parecían estar conversando. Se destapó, refregó los ojos, y cuando se disponía a poner los pies en el suelo... Tocó algo suave, que definitivamente no era el suelo.

Ella miró hacia abajo, y tenía su pie izquierdo en el rostro de un dormido Izbran. ¿Qué demonios hacía en el suelo y cómo fue capaz de dormirse? Como reacción, la maga quitó el pie rápidamente, y se paró a un lado del espadachín. Pensó en despertarlo... Pero decidió no hacerlo, ya que era posible que se enfade. En lugar de eso, se puso nuevamente su armadura y salió de la casa, encontrándose así con el guía y el mercader. Ellos, al oír la puerta de lo de Izbran abrirse, voltearon.

—Buenos días, jovencita —saludó Mortimer—. Me habló Jacob de que piensan ir hoy a la Corrupción y al Carmesí a explorar. ¿Es cierto?

—En efecto —respondió Mista.

—Sabes... A pesar de los años que llevo encima, jamás pise esos suelos, pero sí los he llegado a ver desde lejos. Cuentan muchas leyendas de esos lugares... Las cuales me han quitado las ganas de volver a acercarme.

—Son de los biomas más hostiles de Terraria —advirtió Jacob—. Pero si van preparados, es probable que vuelvan vivos. Les sugiero empezar explorando la Corrupción, aquellas tierras púrpuras en las que la sombra domina... Es menos peligrosa que el Carmesí, las horrorosas tierras de sangre.

—Guhh... Buenos días... ¿De qué hablan...? —dijo una voz adormilada detrás de la maga, quien al girar la cabeza vio a Izbran, ya con su armadura de ninja puesta.

—¿Izbran? Cuando desperté estabas completamente dormido, y eso que acabo de despertar...

—¿Crees que tu pie en mi cara no me despertó?

—¡Ah! Eh, ¡lo siento! —pidió perdón la chica, avergonzada pero sonriente, recibiendo risas leves por parte del guía y el mercader.

—No, no es nada... De veras que te debo conseguir una cama, el suelo estaba demasiado duro.

—Izbran, buenos días. Estábamos diciéndole a tu compañera acerca de que deberían empezar explorando la Corrupción antes que el Carmesí, por cuestiones de peligro más que nada.

—Ajá...

—Si no son capaces de sobrevivir cómodamente en la Corrupción, sería mejor que dejen el Carmesí para otro momento. Pero por lo que veo, están bien equipados... Tú, Izbran, podrías conseguir una mejor espada. Si logras hallar uno de los pozos de Espada Encantada de los que te hablé, sería excelente. Por ello, dale un buen uso a tu armadura de ninja y usa los cuchillos arrojadizos para defenderte de lo que sea.

—Bien, eso haré.

—Otro aviso que no tiene relación con su expedición... Es probable que hoy vendrá otra huésped más, y necesitará un hogar. La dríada, quien vendrá por enterarse de que han vencido a un monstruo fuerte como lo es el Rey Slime. Aquí, en Terraria, los llamamos monstruos de clase "Jefe"...

—No puedo descansar, ¿no? —preguntó retóricamente el espadachín, con una pereza gigantesca de tener que construir otra casa—. ¿Sabes qué vendría muy bien? Que uno de estos huéspedes por venir sea un constructor.

—Hmm... No conozco alguno, pero quizá sea posible, como lo es todo en este mundo.

—Ruego por su llegada.

—Y es completamente entendible... Pero la dríada les vendrá bien, de veras. Es conocedora del equilibrio en Terraria, y tiene algunos artículos bastante interesantes que le pueden comprar. Ahora bien, no nos alejemos del tema principal, disculpen... En estos biomas a los que irán, que son llamados los "biomas malignos", es probable que se encuentren bolas de tejido pulsante, como quistes. Si es que se los cruzan, no los rompan por ningún motivo, no albergan ningún tesoro ni nada que les sirva. ¿Me oyen?

—¿Y por qué? —preguntó Mista.

—Esos quistes sellan monstruos de tipo "Jefe" con los que no se pueden meter aún, especialmente el del Carmesí. Si rompen alguno de esos quistes, dense por muertos.

—¿La Mente Colmena y los Perforadores, por casualidad? —pregunta Mortimer, con una expresión preocupada, a lo que Jacob asiente. El mercader ahora mira al dúo.

—Tiene razón Jacob... Sea lo que sea, no los rompan... Es por esas dos cosas que no voy allí.

—Sin embargo, de los monstruos y los quistes no es lo único de lo que se deben preocupar... En las profundidades de los abismos corruptos y cuevas carmesíes yacen, tras las rocas, orbes sombríos y corazones carmesíes.

—¿Qué? —preguntó Izbran, ya algo mareado.

—Sí. Estos sirven para sellar a otro par de monstruos tipo Jefe, aunque estos son más débiles. Aún así, no piensen en tocarlos... Aunque ahora que lo pienso, no tendrán forma de romper las rocas infectadas.

—Vaya, esto es mucha información... —dijo Mista, en el mismo estado que su colega guerrero.

—Lo sé, es mucha, pero es de vital importancia que lo recuerden. Su vida depende de ello, extranjeros —advirtió Jacob, con un tono de voz oscuro... Luego cerró los ojos, y su rostro dejó de expresar preocupación, ahora sonriente—. Bien, eso es todo lo que tenía para decirles. Si están preparados ya, son libres a ir. Por favor, ¡vuelvan vivos! Oh, por cierto, la Corrupción se encuentra al Oeste.

—¡Claro que lo haremos! —aseguró la maga, confiada.

—Mientras yo esté vivo, claro —agregó Izbran, con el fin de molestar a la chica.

—¡Cállate ya, pesado! Vamos en camino. Próxima parada: ¡la Corrupción!

Ambos saludaron con la mano a Jacob y Mortimer, el espadachín luego preparando sus cuchillos arrojadizos. Cuando terminó, partieron hacia el terreno púrpura. En el camino, además de matar slimes que se interponían en su camino, aprovecharon para platicar.

—Oye, Mista.

—¿Dime?

—¿Me puedes contar acerca del pueblo de dónde vienes? Aún no me creo que la magia existió desde siempre y nadie lo sabe.

—Ehm... Es menos impresionante de lo que te imaginas, de veras. Allí vivimos unas trescientas personas, aproximadamente... El pueblo está rodeado de un domo mágico, mantenido por los más experimentados, que evita que sea visible al resto del mundo. Es por ello que jamás se percataron de nuestra existencia.

—Increíble...

—Desde muy pequeños se nos enseña el arte de la magia. Porque, obviamente, es la razón por la que existe el pueblo en primer lugar. Una vez al año, hay competiciones relacionadas a este arte, entre las cuales está la competición de combate. Es en la que siempre participo yo.

—¿Y has ganado alguna vez?

—No, nunca he ganado. No sé si recuerdas, pero yo soy una maga aún aprendiz. Por mucho que me esfuerce, siempre soy derrotada por los mayores, que tienen más años practicando que yo.

—¿Y qué hay si te comparas con el resto de aprendices?

—B-Bueno... No quiero sonar soberbia, pero soy considerada de lo mejor que hay entre los que aún aprenden. La magia siempre me ha gustado, y no paro de entrenar para superarme.

—Tal cual me sucede a mí con la espada, heh.

—¿En serio practicas seguido?

—No.

—¡Anda! Si es que fuera de Terraria no has tocado una espada, te recomendaría hacerlo. Eres exageradamente hábil si hablamos de alguien con nada de experiencia.

—Podría hacerlo... ¡Si es que logramos salir!

—Ya verás que volveremos, cabeza hueca —le dijo Mista, sonriendo.

—Si lo conseguimos... ¿Me permitirían entrar a ese pueblo mágico?

—¿Oh? Habría que preguntarle a los ancianos, aunque lo veo poco probable, conociéndolos... Pero hablando en serio, a pesar de lo mucho que me guste todo lo relacionado a la magia, es cansador estar encerrada en un domo sin la posibilidad de salir a ver el mundo. Piénsalo, daría mucho por salir a ver qué tal es todo allí afuera, si me preguntas.

—Ese es un buen punto...

—¿Y por qué no me cuentas tú que tal es todo?

—¿Todo? ¡El mundo es gigantesco! Pero te puedo contar de donde vivo...

—Me parece bien.

—Trabajo en una bodega de mi familia, lejos de la ciudad, en una zona alta y montañosa. Hace bastante frío... Pero ya estoy acostumbrado a él. La zona me parece hermosa... En más de una ocasión me acuesto a ver el atardecer, luego de trabajar en las vides. Ver el sol anaranjado esconderse tras las majestuosas montañas, con sus picos cubiertos de nieve, incluso en el verano...

—¡¿Nieve?!

—Sí, nieve. En invierno es normal que haya nevadas en toda la región. ¿Por qué tan sorprendida?

—Jamás he tocado nieve... ¿Qué tal es?

—Uhm... ¿Fría?

—¡Serás afortunado! Ahora tengo más ganas de salir del domo.

—Ni que sea la gran cosa, ya. Oye, parece que ya estamos por llegar a la Corrupción.

—¿De veras? —preguntó la maga, mirando hacia adelante, y tenía razón: a pocos metros de ellos, el césped ya empezaba a tomar un repentino color púrpura. El ambiente era más oscuro, por alguna extraña razón... Los árboles tenían sus hojas púrpuras y marchitadas también, y sus troncos eran de un gris pálido. Redes de afiladas espinas estaban dispersas por distintos puntos del lugar, y se veía volar a lo lejos a unas criaturas de formas bastante bizarras y grandes, muy grandes mandíbulas, las cuales permitían saber que no perdonaban a aquel que sea atrapado por ellas. Todo encajaba perfectamente; estaban en la Corrupción.

—Sí, de veras. Es cuestión de tiempo para que algo... —no pudo completar Izbran, pues una gota de un líquido verde cayó desde arriba en su hombro. Reaccionando, miró hacia arriba, y se trataba de un Devoraalmas que se preparaba para atacarlos. Él se apresuró, y antes de que Mista se entere de qué había arriba, le arrojó varios cuchillos que lo mataron antes de que llegue a hacer daño—. ...nos ataque.

—¡Uoh! ¿Qué era eso?

—Uno de los tantos monstruos del lugar, supongo... Vaya que era feo.

—Mmm... Quizá nos sirva quedarnos con uno de estos trozos podridos que soltó.

—¿Tú dices? Pues junta los que consigamos, Jacob ya nos hablará de qué sirven.

Y así hicieron. Aquel no fue el único Devoraalmas que los atacó; varios otros los atacaron mientras recorrían tierras corruptas. Sin embargo, los cuchillos de Izbran y la magia de Mista evitaron que sean dañados. De vez en cuando tenían el infortunio de pisar espinas, pero nada más grave que eso. Llegaron a la suma de diecisiete trozos podridos, y eventualmente llegaron al borde de un gran abismo. Este tenía sus paredes hechas de piedra púrpura, característico de la Corrupción, y no se llegaba a ver el fondo.

—¿Este es el abismo del que habló el guía? ¿Cómo bajamos sin rompernos los huesos?

—Buena pregunta —dijo la maga, poniéndose a pensar, hasta que algo se le ocurrió—. Hey, tengo una idea. Yo puedo bajar usando mi gancho de slime... Tú hazlo colgando una cuerda, y baja aferrándote a ella.

—Hmm... Nada mal, no está nada mal. Haremos eso.

—Intenta iluminar cuanto más puedas... Es seguro que dentro de los abismos nos esperan más de esos bichos feos. ¿Tienes antorchas?

—Sí.

—Genial. ¡Vamos!

Acto siguiente, Mista fue bajando de niveles en el abismo corrupto. Teniendo el gancho de slime en una mano y una antorcha en la otra, tenía también el báculo de zafiro guardado en caso de que aparezca algún monstruo. Mientras tanto, Izbran arrojaba una cuerda muy larga hacia lo profundo, y luego la ató hacia una pequeña roca picuda de los bordes del abismo. Suspiró, y rogando por que salga todo bien, se aferró a la cuerda y fue bajando poco a poco, teniendo los cuchillos a su alcance para repeler ataques.

Afortunados ellos, pues el descenso fue un éxito. No hubo ninguna criatura dispuesta a atacarlos. Ahora se hallaban en una cueva subterránea... Y el ambiente era aún más pesado, como si algo les estuviera diciendo que salgan. La cueva estaba conformada en su totalidad de piedra corrupta, con la presencia de unos altares muy raros.

—Hmm... Me pregunto para qué serán esos altares —dijo Mista.

—Habría que llevarle uno a Jacob para que nos informe, entonces —respondió Izbran, sacando un martillo de madera para remover el altar demoníaco. Pero ni bien lo golpeó, sintió una fuerte y muy dolorosa presión en el pecho, lo cual lo hizo soltar el martillo instantáneamente y caer al suelo.

—¡Izbran! —exclamó la maga, preocupada, y corrió rápido hacia él para ayudarlo—. ¡¿Qué sucedió?! ¡¿Estás bien?!

—Ghh... Ese altar... Ha de estar maldito...

—¿Qué? ¿Por qué dices eso?

—Sentí que me aplastaban el pecho, todo por tocar esa cosa...

—¿Crees que es mejor que volvamos?

—No estoy de lo mejor, pero no hace falta... —le respondió el espadachín, poniéndose de pie con la ayuda de la chica—. El herirse era inevitable en una excursión como esta.

—Ten, bebe esto —dijo ella, alcanzándole una poción de curación menor al guerrero, quien sin dudarlo la bebió, ignorando el sabor.

—Gracias... Ya prosigamos con la exploración. No quiero ser una molest-...

De repente, se empezaron a sentir unas muy leves pero notables vibraciones en el suelo. Alertado de ello, Izbran sacó sus cuchillos arrojadizos, y Mista su báculo de zafiro. Poco a poco, las vibraciones se hiceron más fuertes, hasta que... Un gusano bastante grande, con mandíbulas apenas más pequeñas que las de un devoraalmas y un gran ojo verde en su parte posterior, apareció desde el suelo y cargó contra el espadachín. Sin embargo, él ya estaba listo, y logró hacerse a un lado antes de recibir un mordisco. Mientras el gusano se volvía a enterrar, aprovechó para clavarle cuanto cuchillo pueda, con el apoyo de la maga y sus proyectiles de zafiro.

Las vibraciones empezaron a perder fuerza, para luego volver a ganarla otra vez. En esta ocasión, el gusano atacó a Mista, quien lo esquivó sin problemas y acabó matándolo con su báculo. Ni bien esto sucedió, el monstruo desapareció y, en su lugar, dejó trozos podridos y sus poderosos dientes de devorador.

—Bien hecho —dijo Izbran, felicitando a su compañera—. ¿Qué nos trae este bicho?

—Más trozos podridos, y... ¡Vaya! ¡Que nos ha dejado sus mandíbulas! —exclamó la joven, tomando todos los objetos y guardándolos.

—Siento que sirven para algo importante...

—Yo igual. Pero recuerda que quien lo mató fui yo...

—¡Anda! ¿Y los cuchillos qué gasté?

—No soy yo la que tiene una armadura de ninja —señaló Mista, cerrándole la boca a su compañero—. Cumple con lo prometido, hehe...

—...bien, tú ganas.

Luego de que Izbran se diera por vencido respecto a tener los dientes, exploraron lo que quedaba de la cueva. No había nada interesante, además de los Devoraalmas; se trataba de un gran pasillo con esos altares y algunos hoyos verticales, los cuales se trataban de continuaciones de los abismos superficiales. Por eso mismo, decidieron que ya era hora de partir. Salieron del abismo de la misma forma que entraron: Mista haciendo uso del gancho, mientras que el guerrero subía por la cuerda. Cuando llegaron a la superficie, el sol estaba en lo más alto. Era el mediodía ya. Y delante de ellos... Había lo que parecía ser un cerebro podrido, pulsante, demasiado grande para ser de un humano y rodeado de un mineral púrpura. Los dos supieron qué era ni bien lo vieron... Gracias al guía.

—Mira, un quiste... —dijo la maga, un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo.

—Ignóralo. No queremos morir aún, ¿o sí?

Ellos siguieron su camino, hasta que eventualmente salieron de la Corrupción. Por azares del destino, en el camino de vuelta a casa, Mista tropezó con algo, de suerte salvándose de una torpe caída.

—¡Uoh! ¿Qué? —dijo ella, quien no se esperaba el obstáculo. Luego miró a Izbran, pensando que le había jugado una broma... Pero el espadachín estaba mirando al suelo, con los ojos bien abiertos y brillantes—. ¡Hey! ¿Por qué haces es...

-¡Eres una genia, Mista! –dijo inesperadamente él, para luego sacar su pico de cobre y empezar a cavar al lado del obstáculo. Cuando la chica pudo ver mejor... Se dio cuenta de que había tropezado con un pequeño pozo, el cual parecía no tener final. Y eso sólo podía significar una cosa...

Tras unos minutos de espera por parte de la maga, Izbran volvió a la superficie nuevamente. Ahora con una sonrisa que le cruzaba todo el rostro, y una nueva espada entre manos... Una de color azul. Sí, era la Espada Encantada.


Qué mal día... Hoy los peces parecían no tener hambre dijo cierto pescador.

Y cuando el muchacho se disponía a volver con su pequeño bote a la orilla, una bella melodía empezó a sonar...