Capítulo 4: Sangre, horror
—¡Heh! ¿Qué te parece, eh? ¿Ahora te atreves a combatir contra mí? —fanfarroneaba Izbran, deleitado con su nueva espada, la Espada Encantada. Con ella arrojaba proyectiles al aire, y verlos alejarse en el cielo sin ser afectados por la gravedad le daban una sensación de gran poderío.
—Hmph. Sin mí, esa espada jamás la hubieras encontrado. ¡Deberías agradecerme!
—Oye, ya te he dicho que eres una genia. ¿Qué más quieres? —dijo Izbran, conservando su tono de voz arrogante—. ¿O será que... mis palabras no significan nada para ti...?
—¿Qué? ¡Claro que me importó ese cumplido! Me estoy quejando de que te llenas la boca diciendo que me ganarías en un combate.
—¿Hm? ¿He oído bien...?
—...encontrar esa espada fue un error. Ya se te subió el poder a la cabeza... —dijo Mista, cerrando los ojos y negando con la cabeza.
—¡No, para nada! –contestó el espadachín, frenando el paso y mirándola al rostro, echándole ojeadas de vez en cuando a su nueva arma—. Simplemente digo la verdad. Basándome en nuestros equipos y las peleas con los monstruos que nos hemos cruzado, yo sería el ganador en un hipotético duelo. La Espada Encantada me da una gran vent...
—Bueno, muy bien entonces. ¿Te parecería adecuado llevar ese duelo a la realidad? —interrumpió Mista, cansada de charlatanería por parte del hombre y tomando una pose agresiva—. Las palabras que escupes son puras presunciones. ¡Hazlas valer con acciones!
El guerrero, tomado por sorpresa, se quedó en silencio por unos segundos sin saber qué decir. ¿Tanto le dolía la verdad a esa maga...? Luego de pensar un rato, llegó a una conclusión... ¡Era el momento perfecto para probar la Espada Encantada y demostrar su superioridad!
—¡Hagamos eso pues, Mista! ¡Verás con qué respaldo a mis palabras! —exclamó Izbran, preparándose para el duelo con una sonrisa confiada. La chica, por su parte, tenía una expresión que denotaba cierto fastidio y seriedad.
—Es hora de recordarte tu lugar. Si bien no niego que eres algo hábil, ¡en un mundo donde la magia es real, la arrogancia y las armas blancas no te llevarán tan lejos como crees!
—¡Ya veremos! —dijo Izbran, y corrió hacia ella con la espada delante suyo. Dio varios cortes, arrojando proyectiles hacia donde estaba parada, y saltó con tal de caer en frente suyo y conseguir hacerle un buen daño.
Rápidamente, Mista los esquivó, luego dando un salto para atrás y disparándole con el Báculo de Zafiro repetidas veces. Antes de tocar el suelo, el guerrero dio un corte en el aire dirigido hacia la nueva posición de la joven, así enviando un proyectil de espada. Desgraciadamente, este chocó contra uno de los proyectiles de zafiro y desapareció. Lo siguiente que vio Izbran fue cómo los proyectiles azules restantes se dirigían hacia él, sin posibilidad de esquivar. Todos dieron en el blanco.
—¡Guh! —se quejó el espadachín, adolorido por los disparos y por pura suerte manteniéndose de pie.
Las quejas de Izbran no significaron algún tipo de freno para la maga, que lo único a lo que estaba dispuesta en ese momento era vencerlo... Y darle tiempo para respirar era una mala idea. Por eso, bebió todo el contenido de una poción de maná menor rápidamente, estrellando la botella una vez vacía contra el suelo y volviendo a la carga. Esta vez, aprovechó la incertidumbre en su enemigo para irse detrás de él y, con su Bastón de Zafiro delante, fue a encajarle un proyectil... Disparado a menos de un metro de distancia.
De más está decir que el tiempo que tuvo para reaccionar el guerrero fue ínfimo, apenas girando la cabeza para enterarse del dolor que iba a sentir. Y así fue; si bien el poder de los proyectiles era técnicamente menor debido a que el maná era provisto de una poción, la cercanía a la que se habían disparado compensaban ese desbalance.
—¡Argh! —volvió a quejarse Izbran. Esta vez fue derribado al suelo, y Mista estaba al lado. Por eso mismo, ella se decidió por alzar el bastón, con la intención de golpearlo con la gema de este y al mismo tiempo disparar más proyectiles. Y contra todo pronóstico, en el momento que el bastón iba al impacto el guerrero por fin se defendió, dando un fuerte golpe con la espada que chocó el Bastón, desviándolo de su camino. Sin intención de hacerlo, la espada también despidió un proyectil que rozó la mejilla de la maga, alertándola y provocando que retroceda nuevamente.
—Huh... Eso estuvo cerca. Ya casi olvidaba el poder de esa espada... —dijo la chica una vez llegó a una distancia segura, tomándose la mejilla y quitándose la sangre que salía de esa insignificante herida. Esta vez optó por esperar a su contrincante, pero no por modales... Si no para que su maná vuelva a maximizarse.
Aprovechando el tiempo, el espadachín se levantó del suelo. Ahora, su expresión daba a entender enfado, y a la vez... Una inseguridad de sí mismo cada vez mayor que Mista supo notar casi al instante.
—Ya acabemos con el calentamiento... ¡Pasemos al duelo propiamente dicho!
—Más palabras vacías. ¡Que te sirva de lección! —respondió desafiante la maga, tomando una posición defensiva ante el inminente ataque del rival.
—¡Aquí tienes palabras vacías! —gritó el guerrero, y comenzó a lanzar azotes con su espada por los aires a una velocidad mayor a la que acostumbraba. Los proyectiles enviados de estos cortes no eran demasiado precisos, pero la cadencia a la que eran disparados hacía que formaran una casi auténtica pared de daño puro. Contrario a su anterior estrategia, esta vez no acortó la distancia con su enemiga.
Eso no sirvió de mucho para dañarla, de todos modos. Respondiendo a las espadas con proyectiles azules y esquivando, Mista consiguió salir ilesa de la ráfaga. Pero cuando volteaba a ver cuál sería el próximo movimiento de Izbran...
...él ya estaba ahí, a su lado, a punto de darle un buen corte. Sorprendida, mas no distraída, frenó el espadazo interponiendo su bastón y empezó un forcejeo del cual claramente no saldría ganando.
Fue este un motivo suficiente para que ella, durante el forcejeo, incline su bastón ligeramente hacia un lado y, cuando la gema ya estaba en una posición adecuada... ¡Disparó un proyectil que dio en el pecho del guerrero!
Por la cercanía, el cansancio por el ataque anterior y el inesperado contraataque de la maga, aquél disparo lo dejó sin aliento. Esto lo hizo retroceder unos pasos, tambaleándose y perdiendo la firmeza con la que sostenía la espada. Mista se apresuró ni bien se percató de ello, y con un golpe de bastón potenciado por un fuerte envión, dio en la mano de Izbran. Obviamente, esto provocó que suelte la Espada Encantada... Y tras esto, ella apuntó la gema de su arma en el rostro del espadachín, a pocos centímetros de tocarlo, sin disparar y quieta como si estuviera hecha de hielo. Así se quedaron ambos: en silencio, mirándose a los ojos, uno demostrando sorpresa y la otra seriedad...
Mista había sido, de forma decisiva, la ganadora del duelo.
—C-Cómo... —tartamudeaba el espadachín, quien no entendía cómo había sido vencido.
Unos segundos después, la rubia cerró los ojos, suspiró abandonando su seriedad y bajó su arma. Luego, volvió a dirigirle la mirada a su contrincante.
—Izbran, ¿por qué aceptaste el duelo? ¿Por mero orgullo...? Practico magia desde que era muy, muy pequeña... Y sin embargo, fue aquí la primera vez que tú blandiste una espada. ¿Qué estabas pensando?
—Es cierto, pero... ¡La Espada Encantada...! ¿Cómo has hecho para derrotarme...?
—Huff. Si bien tengo que admitir que es un arma seriamente efectiva, aún no has amaestrado la lucha cuerpo a cuerpo. Una vez complementes buena habilidad con una buena espada, este duelo tendrá otro final.
—...ya veo... –respondió el guerrero, sin saber muy bien qué responder. ¿Qué acababa de suceder? Una chica con habilidades mágicas lo había derrotado sin sufrir algún daño significativo, y sus armas no eran de las mejores. ¿Tanto le quedaba por aprender?
Como el joven no parecía moverse de su lugar, fue Mista quien tomó la Espada Encantada del suelo y se la volvió a dar en manos. Tras esto, él sacudió la cabeza para despabilarse, e intentó volver a su postura normal.
—Andando, quédate pensando en el camino —dijo la maga, como si fuera capaz de leer sus pensamientos—. ¿Carmesí se llamaba el lugar rojo, o no?
—Eh, ehm... Sí, Carmesí. Eso mismo. ¿Hacia dónde era?
—No lo sé, Jacob dijo simplemente que la Corrupción se ubicaba al Oeste. Habrá que volver.
—Supongo...
—Vamos, pues.
El dúo se dirigió de nuevo a las casas. Sin embargo, ninguno hacía comentarios durante la caminata, sino que era un silencio incómodo el que reinaba. Tomando la iniciativa luego de pensar un rato, Izbran fue el primero en emitir palabra.
—Oye, Mista.
—¿Sí?
—Siento la manera en la que me comporté. Habiéndolo pensado, fui un torpe y necesitaba esa lección.
—¡Jajaja! Ah, no es nada —rió la chica, satisfecha de que su compañero se haya dado cuenta de su error—. Por mi parte, quizá podría haber reaccionado mejor... Pero te lo merecías de todos modos.
—¡Heh! No voy a negar eso.
—Muy bien, pues no tienes razón de hacerlo, jejeje.
—Ahora en serio, gracias por hacerme entrar en razón. Esto... Mi orgullo es algo con lo que vengo luchando hace un buen tiempo, y me has...
—¡Ah, ya! ¡No hagas de esto un momento vergonzoso! —lo cortó la joven, ambos riendo luego de eso—. Pero sí, de nada. Procuraré castigarte cada vez que hagas esas tonterías.
—Acepto, acepto... ¿Qué edad tienes, por saber?
—Dieciocho, asumo que soy mayor que t...
—Diecinueve por aquí. Más te vale comportarte, niña, que los castigos también los daré yo.
—¡Pfft! Pensé que eras menor que yo.
—Eso fue insultante.
—Lo decía por tu apariencia más que nivel de madurez, pero qué va...
—Ya, era broma. Aunque sé que no soy la persona más madura que te puedas encontrar, pero así soy yo. Ahora bien, ya hemos llegado.
—¿Ya? —preguntó Mista, mirando hacia adelante. Sí, su compañero decía la verdad, y el guía ya se estaba encaminando hacia ellos.
—Hola de nuevo, extranjeros. ¿Disfrutaron su estadía en la Corrupción, eh? Se los ve algo desprolijos, pero esos rostros son los de aquellos que no han visto al Devoramundos jamás en sus vidas —los saludó Jacob.
—Un poco oscuro para mi gusto, demasiados bichos feos, Devoram... Espera, ¡¿qué?! —dijo confundido Izbran.
—Devoramundos. Es el monstruo clase Jefe más débil de la Corrupción, detrás de la Mente Colmena. No te preocupes, no es que verdaderamente se alimente de mundos... Es un nombre que se le otorgó por su horroroso aspecto y monstruosidad. Aún así, no deja de ser un gusano colosal... A ustedes dos se los comería de tres... No, de dos bocados.
—Eso no suena muy alentador... —comentó la chica.
—Y tampoco es de importancia actualmente. Valoro que, como extranjeros que son, hayan sido los primeros en poner fin al Rey Slime. Sin embargo, el poder que poseen no es el suficiente como para andar bombardeando orbes sombríos ahora. ¿Por qué no darle una visita al Carmesí ahora, mejor?
—A eso veníamos, Jacob. Necesitamos saber dónde es que se encuentra —explicó Izbran.
—Muy bien, vuestra cautela es de admirar. El Carmesí se encuentra en el lado opuesto a la Corrupción, en el Este. Está un poco lejos, pero no es que pertenezcan a la generación de Mortimer, así que deberían llegar sin cansarse. Siguiendo el Carmesí está la Tundra, la distinguirán porque se trata de un lugar lleno de nieve y hielo, con árboles oscuros y nevados. No es peligrosa, así que pueden explorarla... La tundra subterránea es otra historia. Pero confío en que si llegan allí, sobrevivirán. ¿Alguna pregunta?
—¿Nieve? ¿En serio dices que hay nieve... en Terraria? —preguntó la muchacha, con una emoción que a duras penas lograba contener, la cual se escapaba a través de sus ahora brillantes ojos marrones.
—¡Mucha nieve! No olviden llevar un abrigo o algo si es que irán. Aún no tenemos doctora, así que tendrán que callar si pescan un resfrío.
—¡Mucha nieve! –repitió gritando la chica para sorpresa de Jacob, ahora con una gran sonrisa y mirando a su colega-. ¡Podré ver y tocar nieve!
—¡No sé por qué andas tan feliz, pero qué bien por ti!
Así fue como, olvidándose de despedirse, Mista tomó de la mano a Izbran y corrió hacia el Este junto a él. Jacob se limitó a ver cómo se alejaban, percatándose que habían ignorado su consejo de llevar abrigo, y detrás suyo vino caminando tranquilamente el mercader.
—Recuerdo los tiempos en los que tenía tanta energía como ellos, ¡jaja!
El guía sonrió ante el comentario del viejo Mortimer—. Yo no soy ningún anciano, pero nunca me gustó andar merodeando este mundo tan hostil. Prefiero leer libros y aprender de él sin arriesgar mi vida.
—¿Y dónde está la emoción en eso, Jacob? Anda, aún te queda tiempo.
—No, definitivamente no. Me gusta este estilo de vida... Sin mí, los extranjeros no sabrían qué diantres hacer.
—...pues es tu vida, joven. Yo simplemente te aconsejo.
—No planeo cambiar mi rutina de ningún modo. Mucho menos ahora; ellos son los primeros extranjeros que han llegado a progresar tan siquiera un poco... Son un par interesante.
—Sí, tienes razón en eso. Normalmente, el Azote del Desierto los devora... O los zombis y ojos demoníacos por la noche.
—...llámame loco, pero mi intuición me dice que llegarán muy lejos. Más de lo que esperamos.
—Vaya, depositando tu confianza en los jovencitos, ¿eh?
—Su forma de actuar... Noto algo distinto a los demás extranjeros que llegaron a Terraria. Algo... No sabría describirlo.
—¿Hm?
—No es casualidad que ellos estén aquí, para nada... Los grandes poderes tienen algo que ver con todo esto. Quizá sea Yharim buscando nuevos reclutas, o comida para su dragón...
—¡Bendita sea Providencia, Jacob! Cuántas presunciones sin fundamento.
—...la llegada de Izbran y Mista debe de haber sido obra de alguno de ellos. ¿Por qué? Ni yo lo sé... Deberíamos interrogarlos a ambos ni bien vuelvan...
¿...qué es que se está tramando allí en la selva...?
La dupla de maga-guerrero llegaron velozmente al Carmesí, todo gracias a la bestial adrenalina de Mista que el pobre Izbran no compartía. Ni bien tocaron el césped rojizo, sin embargo, la emoción se desplomó fuertemente. Ese lugar... Era lo más horroroso que habían visto en sus vidas.
Sangre goteando de los árboles, árboles que casi no tenían hojas y las que tenían, eran color rojo y estaban marchitas. El césped escarlata estaba rociado de sangre en lugar de agua, e incluso ojos y tejidos estaban repartidos en el suelo. El ambiente, al igual que en la Corrupción, era más oscuro de lo habitual, de seguro por la energía maligna reinante en el sitio. A lo lejos se veía una cueva de piedra color rubí, con una entrada tan oscura que parecía invitarlos a un ambiente más amenazante aún.
—Demonios... ¿En dónde nos hemos metido?
—No lo sé, pero este lugar es... Increíblemente espantoso... —respondió la chica.
—Sangre y vísceras por todas partes. Me pregunto de dónde habrán salid... ¡Cuidado! —alertó Izbran a su compañera, rápidamente empujándola a un lado fuertemente y yendo directo hacia donde se encontraba la amenaza: un Caramonstruo que iba a morderla por la espalda. El guerrero no demoró en deshacerse de él; la criatura no tenía mucho que hacer contra su Espada Encantada.
—¡Oye! Pudiste haberme apartado más sutilmente —se quejó la maga, quien había caído al suelo por el empujón y se había manchado con la sangre del césped—. Qué asco... En fin, parece que tenemos más compañía.
Y así era: a lo lejos ya venían dos Carmebichos por los cielos y un Trepasangre por tierra. Ante esta adversidad, la muchacha abrió fuego con su Bastón de Zafiro, mientras que el guerrero prefirió ir acortando distancias con los monstruos al mismo tiempo que les lanzaba proyectiles de espada. Los primeros en caer fueron los dos Carmebichos, ya que al estar por aire estaban mucho más expuestos que la tercer criatura, el Trepasangre, que de hecho saltó y por poco no mordió a Izbran. Esa había sido su última chance de realizar algún tipo de daño, pues al segundo pasado la araña fue atravesada por la Espada Encantada.
—Esa araña fue la más grande que había visto en mi vida... Me salvaste el pellejo...
—No te olvides que estamos en Terraria, de seguro hay peores... Ya entremos a esa cueva y terminemos de explorar este lugar tan horrible. No veo la hora de largarme de aquí y al fin poder tocar... Nieve... —dijo Mista, su humor mejorando tras decir esa última palabra.
—¡Vamos entonces! ¡Que ni las arañas y los bichos voladores nos frenen! —gritó el joven, y ambos se pusieron en marcha hacia la cueva, en su camino quitando alguna que otra red de espinas que se les interponían.
Ya habiendo llegado a la cueva, la oscuridad dentro de la misma los obligó a usar antorchas. Se oían gritos monstruosos provenientes desde la oscuridad, pero ni bien colocaban antorchas para iluminar... No había nada. Y así fue, caminando por ese ancho pasillo descendiente, que en un momento se encontraron con un precipicio.
—Cúbreme la espalda, arrojaré unos proyectiles para ver qué es que tenemos aquí —ordenó Mista, a lo que su compañero obedeció. Luego apuntó su arma hacia el precipicio, y disparó 5 proyectiles en distintas direcciones. Se llevó una sorpresa...
Ese precipicio se trataba de una cavidad gigantesca, en forma de esfera y con pasillos más pequeños saliendo de ella. Pero eso no fue lo que particularmente la sorprendió, sino la cantidad de Trepasangres en las paredes dirigiéndose hacia ella y los Caramonstruos allí abajo, lanzando alaridos y saltando para intentar alcanzarla fútilmente.
—¡Izbran! ¡Necesito ayuda!
—¡De inmediato! —respondió, volteando y aunque sorprendido por la cantidad de arañas, procedió rápidamente a arrojarles cuantos espadazos pueda. El dúo, por fortuna, fue capaz de matar a todos sus enemigos.
—¿Nos queda algo por ver? —preguntó Mista, cada vez con mayor intención de largarse del Carmesí.
—No, nada... Mientras matábamos aquellas cosas, uno de los proyectiles me permitió ver uno de esos altares que vimos en la Corrupción, pero este estaba hecho de carne y ojos.
—¡A la nieve entonces!
—¡Espera! Tamb-...
Izbran no tuvo tiempo de responder, puesto que la maga ya lo había tomado de la mano y empezó a correr.
Eventualmente, salieron de la cueva sin cruzarse algún monstruo, y la rodearon para llegar al destino que quería Mista. A la lejanía ya se empezaba ver el suelo blanco, lo que simplemente alimentaba la euforia de la chica. Antes de llegar, el espadachín tuvo la determinación como para frenar el paso, obligando también a su colega hacerlo.
—¿Qué haces? ¡Vamos! —lo apuró.
—¡Aguarda un minuto, por favor! Los monstruos que destrozamos nos dieron estas... Vértebras —dijo el guerrero., mostrando siete de ellas.
—¿Vértebras...? ¿Y para qué nos servirán, precisamente...?
—No lo sé, pero incluso las arañas lo dejaban. ¿Desde cuándo las arañas son vertebrados?
—...llevémoslas a la casa, Jacob tendrá respuestas. Pero antes, ¡vayamos a la Tundra de una vez por todas!
Izbran se quedó en silencio y luego suspiró—. Tanto revuelo por tocar una cosa fría... En fin, vamos ya.
Para alegría de Mista e indiferencia del espadachín, finalmente llegaron a la Tundra. Lo primero que hizo la joven fue arrojarse en la nieve, por primera vez teniéndola entre manos y arrojándola por los aires mientras reía. Esta situación le resultó muy cómica a Izbran... Bastaba un poco de nieve y ya para enloquecer a aquella mujer.
—¿Y, qué tal te parece? Fría, ¿no es así?
—¡Es genial! ¡Toma! —respondió ella, arrojándole una bola de nieve al rostro.
—¡Puh! ¡¿A qué fue eso?! —pidió explicaciones Izbran, mientras que su compañera sólo reía a carcajadas mientras le señalaba la cara, ahora llena de nieve. Al ver que no obtenía respuestas, armó una bola de nieve él mismo y se la arrojó, sin que ella se lo espere. Así fue como empezó una feroz guerra de nieve entre ambos, esquivando y armando bolas cada vez más grandes...
...y en la lejanía, había otro par de personas mirándolos en lo alto de una montaña. Un hombre alto, armado con un Cañón de Bolas de Nieve y de aspecto imponente... Acompañado de una joven chica, dueña de un Báculo de Slime, teniendo su mascota durmiendo encima de su cabeza. Para agregar, las vestimentas de la muchacha eran... De lo más informal que uno se podría imaginar.
—Como deduje, no éramos los únicos humanos en este mundo —dijo en voz baja el hombre.
—¡Parecen estar divirtiéndose, Ácuro! ¿Por qué no nos unimos a ellos? —propuso enérgicamente la invocadora.
—No conocemos sus intenciones, Asira. Por el momento no son más que enemigos, como lo sería cualquier ser pensante en estas peligrosas tierras. Quizá tengan algo que nos sirva, atacarlos no sería una mala idea —respondió secamente el guardián llamado Ácuro.
—Eres un aburrido. ¡Están jugando y quieres atacarlos! ¿Siempre eres así?
El hombre, para intentar convencer a su colega, tomó un camino más "conveniente" para ella—. No lo sé... Me pareció ver que la chica portaba un Báculo de Avispa —mintió.
—¡¿En serio?! —exclamó Asira, dando un salto y despertando al pobre slime que descansaba sobre su cabeza—. Entonces... ¡Bien! ¡Vamos a atacarlos, pero prométeme que no volveremos a hacer estas cosas aburridas!
—Lo prometo, lo prometo... —le dijo Ácuro, suspirando. Se venía preguntando varias veces si había sido una buena decisión permitir que esa invocadora sea su compañera, o si simplemente era una molestia.
Ambos, de forma sigilosa para no ser vistos por Izbran y Mista, bajaron la montaña y se arrastraron por la nieve en dirección a ellos. Para su fortuna, los otros dos estaban demasiado distraídos arrojándose nieve como para percibir sonido alguno. Y tras el paso de unos minutos, ellos ya estaban a una distancia adecuada... Y poniéndose de pie rápidamente, el guardián los apuntó con su cañón y Asira ordenó con su báculo el ataque de su slime al par.
—¡Quietos ahí!
