Capítulo 5: Guerra fría
—¿Eh? —dijo Mista, confundida y volteándose junto con Izbran hacia quien sea que había dado esa orden. No pudo ver mucho, sin embargo, puesto que un pequeño slime verde le dio un golpe en la cara y la derribó con una fuerza que no aparentaba tener.
Izbran, al percatarse de eso, intentó librar a su compañera de la criatura, lo cual estuvo a punto de lograr hasta que recibió una potente ráfaga de bolas de nieve que lo arrojó al suelo también. Sacudiéndose y poniéndose de pie, listo para pelear, se fijó en los agresores.
Un hombre alto, de cabello y barba negros y expresión intimidante, portaba un extraño cañón color blanco. A su lado, una chica pelirroja y sonriente. Su estatura era baja y en su mano izquierda llevaba un bastón que finalizaba en una curva. El mismo parecía gotear baba.
—¡Lo sentimos mucho, pero deben darnos el Báculo de Avispa o los dejaremos noqueados para que los devore un pingüino! —exclamó la chica, demostrando entusiasmo. El slime dejó de atacar a Mista, para volver y posarse en el hombro de la agresora. En contraste, su acompañante se mantenía firme, con una mirada hostil y apuntando hacia el espadachín.
—¿Báculo de Avispa? ¿De qué habl-?... Eh, ¡los pingüinos no comen personas! —dijo totalmente confundido Izbran. Estaba tan confundido que, por más que estaba en una pose de lucha, no había desenfundado su espada aún. La maga, que recién se había levantado de la nieve, miraba con muy malos ojos a la invocadora.
—Se refiere a los pingüinos corrompidos —explicó secamente el guardián, aunque su verdadero objetivo al decir eso era que su compañera no quedara como una completa idiota—. Si se resisten, serán sometidos por la fuerza. ¿Qué llevan de valor? ¿Pociones, armas, dinero, accesorios? Muéstrennos, cedan lo que pidamos y se podrán ir en paz.
—Imbécil... ¿Crees que somos tan tontos como tu amiga acaso? Lo único que les daremos será un mundo de dolor si no se marchan ambos —amenazó Mista, mostrando su Báculo de Zafiro y apuntándolo hacia la pelirroja.
—Mista tiene razón, ¿qué demonios les sucede? Somos humanos, ¡se supone que debemos trabajar juntos! —se puso de acuerdo Izbran. Acto seguido sacó su Espada Encantada, consiguiendo sorprender al hombre alto.
—Grr... Saben, yo no quería atacarlos en un principio, pero nadie tiene el derecho de llamarme tonta. Parecían ser buena gente, ¡pero resulta ser que no son más que unos estúpidos! —dijo Asira, el slime en su hombro gruñendo también.
—La Espada Encantada... Esto será mucho más fructuoso de lo que imaginaba. Por negarse a cooperar, serán neutralizados. Y que algún dios los proteja contra el frío de la Tundra —avisó Ácuro, y cargó su cañón con bolas de nieve—. Han sido advertidos.
Luego de unos segundos en silencio, los dúos mirándose a los ojos entre sí, quien se atrevió a ejecutar el primer ataque fue la invocadora. Usando el bastón, comandó a su slime un ataque hacia la maga. Como inmediata respuesta, Mista disparó tres proyectiles hacia su rival y se preparó para defenderse de la molesta criatura. Y aunque en un principio el guardián estaba dispuesto a deshacerse de la maga también en un ataque doble, no pudo hacerlo ya que los espadazos de Izbran lo obligaron a abstenerse. La pelea fue larga, aunque estaba dividido en un combate entre Mista y Asira por un lado e Izbran y Ácuro por el otro. A pesar de que el slime era muy escurridizo y molesto, la maga poco a poco ganaba dominio sobre su rival. Los dos hombres se limitaban a atacarse a distancia entre sí.
—Hmph... Si sigue esto así, nadie ganará... —se dijo a sí mismo y en voz baja el espadachín. Tomándose unos minutos para pensar, tuvo un plan ingenioso.
Mientras su rival lo miraba atento, cargando munición para su cañón, Izbran arrojó un proyectil hacia arriba del guardián. Más precisamente, hacia una rama de un árbol que llevaba mucha nieve encima. Al darse cuenta lo que su contrincante había intentado, rápidamente se apartó para no ser sepultado... Pero a dos metros suyo ya estaba el guerrero, quien le asestó tres fuertes cortes en el pecho, brazo y hombro.
Resentido por el daño, Ácuro intentó distanciarse para contraatacar y sanarse, pero su rival no se lo permitió. Espadazo tras espadazo, el guardián no pudo soportar más y cayó al suelo, en bastante mal estado. Asira, por más que estaba perdiendo, frenó su ataque y empezó a tomar una posición mucho más defensiva. Su objetivo ahora no era ganar, sino conseguir que su compañero se recupere.
—¿Ácuro? ¿Te han ganado? ¿Cómo...? —se preguntaba ella, mientras retrocedía ante el avance del dúo. Los nervios se apoderaban de ella cada segundo que pasaba, y su slime lo notó muy bien. Por eso es que, sin previo aviso ni orden, la criatura se abalanzó rápidamente sobre Izbran. Manteniéndolo ocupado, comenzó a correr en dirección al caído guardián, esquivando como podía los proyectiles de zafiro y las aleatorias espadas de energía que lanzaba el espadachín. Siendo golpeada más de una vez pero sin dejar de correr, llegó hasta él y llamó de nuevo a su slime a que le cubra la espalda—. ¡Oye, no te me mueras aquí! ¡Toma!
Acto seguido, tomó una poción curativa menor y se la alcanzó a la boca. Recomponiéndose un poco, lo apresuró a que se ponga de pie, puesto que el pequeño slime no era capaz de mantener a los dos combatientes a raya.
—He subestimado la capacidad de esa espada... —dijo Ácuro, aún adolorido y cargando el cañón sobre su hombro para disparar otra vez—. Debemos mantener la distancia a toda costa. Si no, el de espada nos cortará como manteca. Quiero que tu slime lo moleste, y yo me encargaré de esa maga. Si ves que se está acercando demasiado, solo dímelo y atacaremos al mismo tiempo. ¿He sido claro?
—¡Entendido! —afirmó Asira. Con el nuevo plan, la criatura volvió a generarle problemas a un Izbran que se veía cada vez más frustrado. Mista se encontraba casi en el mismo estado que en el principio de la pelea, pero la nueva ráfaga de bolas de nieve la empezó a preocupar.
Ya cansado de la excesiva agilidad del slime, el espadachín decidió ignorarlo por completo y empezó a correr rápidamente hacia la invocadora, achicando distancias a una velocidad alarmante.
—¡A-Aaah! ¡Viene hacia aquí! —advirtió la pelirroja, y en menos de un segundo, el guerrero se veía envuelto en una oleada de bolas de nieve que le dieron con una fuerza mayor a la normal, potenciada por su corrida. Casi derribándolo, tuvo que frenar y cubrirse con su espada o algún árbol.
—Hm, eso debió dolerle. Debe de estar cansado después de correr así y blandir esa espada por todo este rato. Ahora, la mag-... —al ver de nuevo hacia donde se encontraba antes Mista, ya no había nadie. Ni siquiera en los alrededores—. Se ha ido. Ten cuidado, hará un ataque sorpresa. Yo mantendré un ojo sobre el guerrero.
Cesando los ataques casi por completo, el slime recorriendo las cercanías en búsqueda de la maga, lo único que sucedía ahora en la batalla eran algunos proyectiles de espada disparados por Izbran, respondidos por cañonazos de Ácuro. Además de eso, todo era puro silencio. La criatura de Asira no parecía encontrar rastro de Mista.
—¿Quizá huyó, no?
—No. Lo dudo realmente —respondió el guardián, sumamente atento. Mientras pensaba dónde podría haber ido, notó algo extraño en donde se paraba su compañera, algo así como... Nieve moviéndose...
—¡Asira, sal de ahí! —ordenó, pero ante la confusión de ella y la velocidad en la que la maga salió del suelo para golpearla con su pico de cobre, poco pudo hacer. La maga luego cambió a su Báculo de Zafiro, para asestarle otro golpe más con el mismo y dispararle un proyectil a una distancia peligrosamente cercana en el abdomen.
La invocadora soltó su arma, retrocediendo y tomándose con las manos el punto donde había sido golpeada, a lo que el antes cubierto Izbran vino por detrás y la acabó de neutralizar con un espadazo de poca potencia. Mientras tanto, Mista era despedida unos metros al recibir varios proyectiles del cañón.
Ahora apuntando hacia su otro contrincante, el guardián intentó disparar... Pero ninguna bola de nieve salió. Se había quedado sin bolas de nieve en plena tundra, y ahora estaba a merced de su enemigo. Tal y como se esperaba, recibió un corte individual pero fuerte, lo cual dañó seriamente a su cañón y lo derribó al suelo.
—¡Ugh! —se quejó él, e intentó ponerse de pie con esfuerzo, pero fue frenado por un puñetazo en el rostro de Izbran.
—¡Quédate quieto, sucio ladrón! —le ordenó, furioso—. Estamos en un mundo muy peligroso y ustedes se toman el trabajo de atacar a quienes son sus potenciales aliados.
Mista se encargó de traer a Asira por la fuerza, quien se encontraba muy adolorida y llorando. Cuando llegó hacia su compañero, la hizo sentar en el suelo, a un lado del guardián.
—V-Violentos... ¡Son unos malditos violentos! ¡Waaah! —lloraba la pelirroja, con su slime sobre la cabeza, el cual le dirigía una mirada de muerte hacia los vencedores.
—No buscamos pelea y sin embargo nos atacaron. Dijeron que nos dejarían a que el frío nos consuma si es que ganaban. ¿Y ahora osas quejarte? —le respondió la maga, con el mismo enojo que el guerrero—. Son dos tontos, y lo que sea que les suceda lo tendrán merecido.
—...disculpa, espadachín... —dijo el guardián costosamente—. Permíteme alcanzar una poción, al menos...
—¿Eh? ¿Quieres curarte acaso? ¿Seguir peleando? Antes de eso, preferiría matarte así no debo cruzarme con una amenaza en el futuro.
—No... Una de estas... —dijo, alcanzando una poción de recuperación y, antes de que Izbran pueda hacer algo al respecto, tomó un sorbo y desapareció. Recordando los efectos de la poción, seguramente fue teletransportado hacia donde sea que despertó en este mundo.
—¡Maldición! —exclamó el guerrero, ahora girándose a Asira. Para prevenir que haga lo mismo, la maga la tenía sujeta por las manos. Pero, había algo fuera de lugar...
¡El slime! ¡No estaba sobre su cabeza!
No, estaba oculto dentro de los ropajes de la chica... Y rápidamente salió, con la misma poción adherida a él, y le hizo beber un poco a su ama. Al igual que su compañero, desapareció. Izbran, atónito y boquiabierto, no supo qué hacer.
—¡Gah! ¿Es en serio? —dijo Mista, fastidiada por su incapacidad de vigilar a su enemiga correctamente.
—¿Cómo pudimos ser tan tontos? No puedo explicarlo...
—...bueno, ya ha ocurrido. No podemos hacer nada. Al menos tuvieron su merecido —intentó calmar la situación la chica, ya sin el buen humor que la nieve le había dado.
—Sí, tienes razón... Ahora, una pregunta.
—¿Hm?
—¿Cómo hiciste ese ataque sorpresa?
—Ah, eso. Jejeje... Cuando ellos se centraron en ti, tuve la chance de cavar rápido un pozo y cerrarlo. Una vez ahí abajo, solo tuve que oír de dónde venían los pasos. Hice un túnel, y cuando se dio la oportunidad, cavé hacia arriba y golpeé rápido a quien sea que estaba ahí.
—Sabes, esa persona podría haber sido yo.
—Sí, pero la probabilidad era de uno sobre tres. ¿No te hubieras arriesgado?
—No, claro que no... Podría haberte lastimado.
—Sé sincero —dijo Mista, con una expresión que demostraba que no le creía ni un poco.
—...está bien, sí.
—Aunque ya no importa eso. Aparte de la pelea... ¡Pude ver y tocar nieve por primera vez en mi vida! —señaló la maga, con mejor ánimo—. Es muy bonita... ¡Debería aprender un hechizo con nieve!
—No le veo nada muy especial. Es solo una cosa fría... A mí me sorprendería más ver el mar. Jamás lo he visto. Pensar que una masa de agua gigantesca es lo que cubre la mayor parte de nuestro planeta es una locura... Un ambiente tan desconocido, lleno de secretos...
—No le ves lo especial porque viviendo en una montaña te parece lo más normal del mundo. Con respecto al mar... ¿Sabes que yo tampoco lo he visto? Por lo que dicen los ancianos de mi pueblo, es un misterio mayor que el mismísimo cosmos. Y eso que es parte de nuestro planeta natal. Interesante, de por seguro.
—Totalmente —concordó el guerrero, quien notó que el sol ya se estaba ocultando—. Mista, creo que ya es hora de volver. Ha sido un día largo y cansador, la luna saldrá en cualquier momento.
—Uff, sí. Por mucho que me guste este lugar, no puedo negar que estoy muy cansada. No puedo esperar a tomarme una siesta. ¿Vamos?
—Vamos. Yo te sigo.
Justo antes de partir, Izbran se percató de que sus rivales habían dejado algunos objetos en el suelo; muy probablemente se les habían caído. Sin avisarle a su compañera, los tomó y la siguió.
Esas cosas, que a simple vista parecían ser minerales de algún tipo, le recordaban al tungsteno de su mundo original.
Luego de una larga caminata de regreso, apresurándose para atravesar el horripilante Carmesí cuanto antes, finalmente llegaron a las casas. Jacob hablaba con un hombre desconocido, quien se veía ligeramente decepcionado. Llevaba puesta ropa exótica: un traje azul, largo y abierto, pantalones negros, una camisa blanca y un sombrero de copa que llevaba una pluma adherida.
—¿Otro habitante más? Bienvenido, supongo... —dijo en voz alta el espadachín, con muy pocas ganas de construir otra vivienda más. El guía y el desconocido miraron hacia él, el guía sonriendo.
—¿Ve? Le dije que volverían —le dijo al forastero, para después dirigirse a Izbran—. ¿Qué tal su travesía? Mientras daban vueltas por allí, llegó este amable señor. Por favor...
—Oh, sí. Mi nombre es Bohemas. Es todo un honor conocerlos; el señor Jacob me ha hablado bien de ustedes —se presentó, dándoles una reverencia—. Soy un mercader ambulante, cruzar los océanos para vender mis excelentísimas mercancías es mi día a día. ¡Vendo objetos de lugares que quizá ni siquiera existan!
—El placer es todo nuestro. Soy Izbran, guerrero de las montañas —dijo el espadachín, y miró hacia Mista, quien estaba riendo por lo bajo.
—¿"Guerrero de las montañas"? Ese no lo había oído antes —comentó Jacob—. Cada día traes un título nuevo.
—Saludos, Bohemas. Yo soy Mista, una maga aprendiz —se presentó ella, por su parte, inclinándose en señal de respeto.
—Saben, estaba justo a punto de irme. No tengo planeado quedarme aquí. Pero por fortuna, llegaron. ¿Están interesados en algo? —preguntó el mercader ambulante, mostrando algunos de los productos que vendía. Una katana, sake, un extraño dispositivo con una pequeña antena incorporada, antorchas que emitían un brillo extremo y un sombrero azul que emitía un aura mágica.
—¿Una katana? ¿Sake? ¿Vienes de Japón?
—¿Ja-qué? No conozco ese lugar —respondió Bohemas—. Este sake me lo regaló una supuesta oni, ¿saben? Aunque no parecía serlo, de verdad. Lucía más como una niña pequeña. Cabello naranja, blusa rosada y pollera púrpura. Lo único que la delataba como oni eran sus dos gigantescos cuernos. Si mi memoria no me falla, su nombre era Suik-... Oh, ¡lo siento! Creo que me quedé hablando de más.
—No hay problema —aceptó la disculpa Mista—. Por cierto, ¿ese sombrero es mágico, cierto? Puedo sentir su aura.
—Hablas de este y no del mío, supongo —dijo, mostrando el sombrero azul—. Sí, es mágico. Lo he conseguido justo aquí, en la isla de Terraria.
—Ese sombrero me es muy familiar —intervino Jacob, con los ojos entrecerrados, intentando recordar algo. Luego de unos segundos en silencio, exclamó—: ¡Oh! ¡Cómo pude olvidar a ese hombre! Ese sombrero... Ha de ser de Maelor, un legendario mago de estas tierras... ¿Dónde lo has encontrado?
—Hace unos meses, encontré en la playa un cofre dorado enterrado casi por completo. Me tomé el trabajo de desenterrarlo, y dentro estaba este sombrero. No me es de ninguna utilidad, así que está a la venta. Tres monedas de oro por él.
—Es un poco caro, ehm... —Izbran dudaba, pero luego se percató de que su compañera lo miraba, expectante. Realmente deseaba ese sombrero—¡...no me mires así! ¡Lo compro!
—Je, sabía que lo harías —dijo satisfecha—. No sé por qué pensabas que la decisión era tuya, de todos modos... El dinero es de ambos.
—Bien, bien... Pero debemos ponernos de acuerdo, también —le dio la razón, mientras volcaba sobre la mano de Bohemas tres monedas de oro—. ¿Qué es ese dispositivo, señor?
—Jojojo, es de la más avanzada tecnología duende —presumió—. Detecta todo tipo de criaturas extrañas cerca con ayuda de ese pequeñito radar. Como no es un simple traste, serán cinco monedas de oro por uno. ¿Qué piensan?
—¿Cinco? Eso es demasiado... Además de que necesitaremos dos...
—Lo siento mucho, pero es el precio más justo. Debo pagar el mantenimiento de mi barco, y allí en mis tierras tengo bocas que alimentar.
La maga y el guerrero se miraron entre sí, pensando si aceptar el trato o no. Finalmente, la maga sugirió algo—: Izbran, cómprate uno para ti y nada más. No es como que planeemos viajar separados por el momento. Además, ya hemos comprado mi sombrero.
—Muy bien, entonces... Me llevaré uno —confirmó, a lo que Bohemas le entregó el dispositivo. Tras haber recibido las cinco monedas de oro, el mercader no podía ocultar la alegría.
—¡Venir a Terraria siempre acaba siendo beneficioso! ¿No quieren algo más? Les ofrezco un descuento, estas ant-...
—No, pero muchas gracias de igual forma, Bohemas. No es que nos quede demasiado dinero ya —lo cortó la chica.
—...entiendo. Ha sido un buen día hoy, después de todo. Espero ver sus caras pronto —dijo, haciendo otra reverencia para despedirse—. Ya debo irme. Se hará de noche y no quiero que mi barco sea tripulado por zombis. ¡Buena suerte!
—¿No necesitarás ayuda? —preguntó Jacob. Como respuesta, el mercader sonrió y no hizo más que mostrar la katana. Con eso fue suficiente para saber que sería capaz de defenderse. Tras eso, se marchó hacia la oscuridad del bosque.
Tras eso, los tres se quedaron conversando un rato. Mortimer ya se encontraba durmiendo, y la dríada de la que Jacob había hablado no había venido aún. Pero como una mayor preocupación, Mista señaló que aún no tenía una casa propia... Lo cual fue resuelto en poco tiempo, talando algunos árboles y construyendo, el guía sorprendentemente dándoles una mano. Izbran le regaló su cama, luego de discutir con la maga un largo rato hasta convencerla, a lo que prometió que esa noche no dormiría en el suelo de madera.
—Entonces, ¿dónde dormirás? En serio, no me molestaría dormir un día mal. Ya lo has hecho tú, lo justo es que ahora lo haga yo.
—Vivo en una bodega, lejos de toda civilización. Sé lidiar con estas situaciones, me las arreglaré de alguna manera —le respondió—. Diablos, incluso hay veces que me quedo dormido apoyado en algún árbol. Por favor, ve y duerme, Mista.
Luego de un silencio largo, ella se rindió. Suspiró, y no pudo ocultar una leve sonrisa—. Como tú digas. Buenas noches, Izbran.
—Igualmente. ¡Recupera energías para mañana, eh!
Dicho eso, la maga se retiró hacia su nueva casa. ¿Qué hizo el guerrero, entonces? Fue, juntó un montón de hojas caídas, las trajo a su vivienda para usarlas como acolchado, y se desplomó sobre ellas para dormir.
Nota del autor:
¿Casi un año? En serio, vaya que lo siento. Mi motivación se había desplomado, y decidí descontinuar la historia, aunque haber dado inicio a otro fanfiction de Touhou Project me levantó un poco el ánimo y me puse a escribir otra vez. Como "agradecimiento", dejé una obvia referencia a ese juego en este capítulo. Intentaré que no vuelvan a ocurrir estos semejantes lapsos de tiempo entre capítulos, aunque no podré prometer mucho luego de lo ocurrido, menos cuando la época de colegio se acerca cada vez más. Pero fuera de eso, espero hayan disfrutado de este capítulo. Por favor, dejen su reseña, sea crítica o apoyo. De verdad las aprecio mucho. ¡Se despide Lord Arkhalis!
