Capítulo 6: Costa de la serenata
Tal y como la vez anterior, Mista se despertó antes que Izbran. Ese descanso había sido sumamente reparador, y más en la comodidad de esa cama de nuevo. Debía conseguirle una a su compañero... Estirando sus brazos y calzándose su armadura, salió de su casa. Allí afuera, y como de costumbre, estaba Jacob. Pero no estaba solo; una chica de cabello verde, largo y atado en una coleta, vestida con lo que parecían ser prendas de plantas, estaba conversando con él. No se percataron que la maga había despertado, así que en su lugar fue a la casa de Mortimer y tocó la puerta. Se oyeron unos pasos desde dentro de la casa, y el mercader, con un rostro mañanero, abrió la puerta.
—¿Hmm? ¿Mista? Buenos días, señorita.
—Buenos días, Mortimer. ¿Lo... he despertado?
—No, estaba acomodando un par de cosas —le respondió—. ¿Necesitas algo?
—De hecho, sí. ¿Tendrás alguna cama a la venta?
—Una cama... Ven, sígueme. Veré si hay alguna en la buhardilla —dijo, abriéndole la puerta a la chica y subiendo ambos unas escaleras. Allí arriba había de todo; vaya que era un desorden. Revolviendo chatarra que no había logrado vender, encontró un colchón aún con envoltorio—. ¡Hm! Tienes suerte, aquí hay un colchón. Las sábanas deben de estar... ¡Aquí! Y la almohada también, qué conveniente.
—Justo lo que necesito, genial.
—¿Me darías una mano para bajar todo esto? —le pidió el anciano, a lo que ella accedió. Luego de unos minutos, ya la cama entera se encontraba en el piso de abajo. —Muy bien, ehm, será una moneda de platin-...
—¡¿QUÉ?! —dijo incrédula Mista, luego calmándose al ver la sonrisa en la cara del mercader—. Lo siento... No podía entender cómo una cama valdría eso...
—¡Jeje! Quizá sean jóvenes y sanos, pero son lentos para percatarse de una broma. Ahora hablando en serio, normalmente debería cobrarte dos monedas de oro por una de estas, pero como sé que tú e Izbran serán mis más importantes clientes, te cobraré la mitad.
—Excelente —respondió la chica, alcanzando sus monedas... Tenía una de oro y apenas diez de plata. Tomó la dorada y se la depositó en la mano—. Sin ese descuento, no hubiera conseguido comprarla...
—Tómalo como una muestra de mi generosidad, Mista. Muchas gracias por tu compra —le agradeció, guiñándole un ojo—. Suerte allí afuera.
—Gracias a ti, Mortimer. Nos vemos luego —se despidió.
Con las sábanas y almohada bajo un brazo y el colchón siendo arrastrado, Mista empezó a dirigirse hacia la casa de su compañero. Le debía devolver el favor y darle una cama a él también. Esto llamó la atención del guía, y también de la chica de vestimentas vegetales. La maga no podía llevar todo eso por sí sola sin ensuciar todo el colchón con tierra, así que Jacob se acercó a ella a ayudarla. La otra chica, por el otro lado, simplemente se quedó mirando en su lugar.
—¿Cómo pretendes llevar todo eso sola? —preguntó el hombre, sonriendo por la situación—. ¿O se la estás robando a Mortimer, acaso...?
—¡Oh! Hola, Jacob. No, de hecho se la he comprado recién. La estaba llevando hacia la casa de Izbran.
—¿Hm? ¿A la casa de Izbran? —dijo, ahora sonriendo de forma pícara—. Bueno, yo notaba un vínculo fuerte entre ustedes dos, a pesar de que no se conocen hace mucho. Ciertamente han avanzado muy ráp-...
—¡¿Qué diablos?! ¡No te hagas ideas raras! ¡No puedo creer que digas eso! —se sonrojó Mista, completamente incómoda con lo que el guía había dicho. El guía rio en respuesta.
—Bromeo, bromeo obviamente... Bueno, te daré una mano con todo esto. Cuando se lo des a Izbran, despiértalo y tráelo. Ha llegado una huésped muy particular que les será de mucha ayuda.
Echando una ojeada a la mujer que los miraba a lo lejos, Mista tomó el colchón por un lado y Jacob del otro. Ahora de manera mucho más eficiente, lo trasladaron hasta la casa del guerrero, apoyándolo contra la pared junto a la almohada y las sábanas. Antes de que la maga pueda agradecer, el guía habló.
—Bueno, haz lo que tengas que hacer y apresúrate. Despierta a Izbran, con un balde de agua si es necesario, pero hazlo. La mujer que ha llegado tiene mucho que decirles, muy probablemente les responderá unas cuantas preguntas que deben tener —dijo en un tono serio Jacob—. Yo volveré con ella.
—Genial, gracias por la ayuda.
—No, no hay de qué.
El guía retirándose hacia donde se encontraba la mujer de cabello verde, Mista tocó ligeramente la puerta tres veces. Como nadie respondía y no se oyó nada desde dentro, luego de casi un minuto, abrió la puerta con cuidado; y la situación que presenció iba más allá de lo absurdo.
Izbran estaba dormido sobre una enorme pila de hojas, abrazando su casco como si fuera un peluche, y roncaba de manera tan ruidosa que no entendía cómo no lo había oído desde afuera de la casa.
—Jeje... ¡Jajajaja! —rio la rubia. ¡Izbran estaba usando hojas como si fueran una cama! Ese hombre sería capaz de dormir hasta en el más incómodo de los lugares.
La risa de la chica, inevitablemente, despertó al joven. Molesto, se refregó los ojos y usa una mano para tapar el sol que lo encandilaba.
—Gah... ¿Quieres cerrar esa puerta al menos? El sol me va a dejar ciego...
—No hay tiempo... Hay una nueva cara afuera. Por cierto, te he comprado una cama —le respondió la chica—. Es estúpido que sigas durmiendo de formas tan raras.
—¿...qué?
—¡Has oído bien! —dijo, sonriente—. Pero ven, Jacob dijo que te despertara de cualquier manera posible. Creo que es importante.
—... —el hombre se quiso quejar por haberlo ella despertado tan bruscamente, pero estaba también muy agradecido por el regalo de su compañera. Ahora de un poco mejor humor, se levantó de esa pila de hojas, la chica yéndose de la casa. Antes de salir ojeó a los papeles que llevaba escribiendo; una historia larguísima... Y lo peor de todo, basado en hechos reales. ¿Le creería su familia una vez que vuelva, o pensarían que Izbran había robado demasiado vino antes de escribir eso?... Si es que escapaba de Terraria con vida...
Calzándose la armadura y refregándose los ojos, salió de su casa. Mista ya estaba allí, con Jacob y una desconocida más, por lo que apresuró el paso para llegar a ellos.
—Soy Mista, una maga aprendiz. Y mi compañero del que quizá te habló Jacob es Izbran. Hablando de él, ¿por qué se demora tan-...?
—Aquí estoy, aquí estoy —dijo el guerrero, llegando hacia el grupo—. Perdonen la tardanza, mi sueño estaba siendo de maravilla...
Viendo a aquella mujer más de cerca, tenía una belleza de otro mundo. Su cabello era largo y verde, atado en una larga coleta; sus ojos eran azules como los de un lago, y sus prendas eran poco más que hojas y lianas. Se mantenía en silencio, mirando al joven y en ocasiones cambiando su vista hacia la maga. Tanto silencio generó un clima incómodo, aunque la desconocida ni se inmutaba.
—Eh... ¡Ah! ¡Cómo pude olvidarlo! Soy Izbran, guerrero de las montañas. ¿Y ust-...?
—Con que han sido ustedes dos los vencedores del Rey Slime —lo interrumpió—. De lo que me ha dicho Jacob, no llevan mucho tiempo en Terraria y sin embargo han lidiado con una bestia como esa. Eso quiere decir que... Ejem, permítanme presentarme; soy Elysia, la última de todas las dríadas. Mi raza no es hostil hacia los humanos, así que no han de preocuparse de mi presencia.
—¿Una dríada? —preguntó Mista.
—Sí. Somos seres nacidos a partir de la naturaleza misma, y ella alimenta nuestra alma. Aunque, como he dicho, no encontrarán a otra dríada en Terraria... Soy la última de todas —respondió Elysia con un tono melancólico. Pero luego, su ánimo se encendió al cambiar el tema de conversación—. He venido aquí para quedarme; ustedes dos, Mista e Izbran, son personas especiales. Muuuy especiales...
Los dos la miraron, confundidos. ¿Qué tenían de especiales unos jóvenes lo suficientemente desafortunados como para terminar en un mundo donde todos desean matarlos? Si tenían algo en especial, eso era su mala suerte.
—No parecen tener mucha idea, hm... —se tomó tiempo para pensar—. Aunque no han sido traídos aquí de una manera... "natural", por así decirlo, el mundo de Terraria mismo los ha elegido como sus héroes.
—¿Eh? —preguntaron los dos.
—Humanos de su mundo son transferidos aquí en lapsos de seis meses. Y justo hoy se cumplen seis meses desde la muerte del último forastero. Aun así, nadie vino —explicó—. O al menos Jacob no ha recibido a nadie nuevo. Ustedes, al parecer, han sido quienes Terraria escogió.
—Pero, ¿cómo? Yo solo estaba en mi bodega, y de la nada... ¡Bam! Me empezó a arder todo el cuerpo, el ambiente tenía una temperatura insoportable, el cielo se tiñó de naranja... ¡Y aparecí aquí!
—Me pasó exactamente igual —agregó Mista.
La dríada se sorprendió al oír esas palabras, y se mantuvo en silencio unos segundos. Su expresión cambió a una irritada.
—Eso explica mucho... —dijo—. He dicho que la manera en la que fueron transferidos no fue natural, pero jamás hubiera imaginado que Providencia estuviera detrás de esto.
—¡Oh! ¡Ya veo...! —exclamó Jacob. Parecía que, de repente, entendía toda la situación, pero no agregó nada más.
—¿Eh? ¿Qué sucede? —preguntó Izbran.
—Creo que debería explicar esto desde el principio... Busquemos un lugar más cómodo. Será largo —pidió la dríada. Luego de un poco de discusión, optaron por sentarse bajo un árbol. Allí, Elysia empezó a contarles.
Terraria era, en su momento, un sitio donde el balance era absoluto. La raza dríada, hijas de la naturaleza, mantenía ese equilibrio perfectamente... Sólo la débil Corrupción y el insignificante Carmesí posaban como amenazas a la armonía. Sin embargo, alguien pronto intentaría cambiarlo todo...
Cthulhu era un monstruo de poder inimaginable. Destructor de mundos, devorador de seres. Terraria había sido elegida como su objetivo... Deseaba destruirlo todo; desde los pacíficos bosques poblados por inofensivos animales hasta los infiernos poblados por los más terroríficos demonios. No distinguía entre el bien o el mal; su objetivo era hacer de Terraria poco más que polvo.
Las dríadas, conscientes de ello, unieron fuerzas para enfrentar a la abominable bestia bajo el liderazgo de la gran Silva. Aunque la fuerza de una sola no competía de manera alguna con la de Cthulhu, juntas podían hacerle frente. Y para su fortuna, fueron victoriosas; el monstruo fue despojado de un ojo, su cerebro y piernas. Obligado a huir para no morir, escapó hacia el lado oscuro de la luna... Y las dríadas, quienes habían dado una muy dura batalla, resultaron ser masacradas. De todas ellas sólo había sobrevivido una sola... Esa era Elysia.
Un vacío de poder se generó ante la ausencia de un regulador como ellas lo eran. Pronto, el Carmesí y la Corrupción se verían fortalecidos, y contra todo pronóstico... Distintas civilizaciones florecerían en el desierto, cielo, mar e infierno. Junto a ellas lo harían las cuatro elementales, que serían adoradas hasta el punto de gozar un estatus casi divino.
Y, aun así, el vacío no había sido llenado. El desequilibrio era notorio, y la tonta solución que hallaron las civilizaciones ante eso fueron guerras. Mientras perdían su tiempo matándose entre ellos, se revelaría un hombre desde las entrañas de la jungla junto a su dragón. Se revelaría Yharim, quien luego se convertiría en el ser más temido de toda la historia de Terraria. Uno incluso más temido que Cthulhu. Y aprovechando la debilidad de sus enemigos, desde su trono en la Selva y con la ayuda de sus leales sirvientes, se adueñaría de estas tierras.
Hasta el día de hoy reina de forma suprema, deshaciéndose de posibles amenazas de las formas más crueles posibles. Por eso mismo fue que se ganó el apodo del "Rey Tirano"...
—...y se preguntarán dónde encajan ustedes en todo esto —les dijo Elysia. Los dos jóvenes asintieron, mientras el guía escuchaba atento—. Los dioses creadores de Terraria, cada seis meses, transfieren un humano del exterior hacia aquí con la finalidad de recuperar el balance. ¿La razón por la que ellos mismos no interfieren de manera directa? Yharim tiene cierta bestia de su lado, particularmente fuerte contra los dioses, aunque creo que serían capaces de matarlo si esos dioses pelearan juntos... La verdadera razón escapa mi conocimiento.
—Ajá...
—Providencia es una diosa que, si bien no formó parte de la creación de Terraria, es increíblemente fuerte y se opone a la tiranía de Yharim. Sin embargo, el Devorador de Dioses está a su acecho, así que no le queda más que refugiarse en el sol para juntar energía y... destruir Terraria, eventualmente.
—¡¿Qué?! —exclamó incrédula Mista.
—Cree que es la mejor solución al desastre en que todo esto se ha vuelto. Yharim ya se ha atornillado en el poder; es casi imposible sacarlo. Tiene ojos y oídos por todas estas tierras... Pero la presencia de ustedes me da esperanza —admite—. Si verdaderamente fue Providencia quien los trajo aquí, entonces aun cree que la tiranía puede ser derrumbada sin necesidad de hacer cenizas todo Terraria con su llamarada profana. Quizá esa diosa no sea tan terca como pensaba...
—Eh, bueno, a ver... —dijo Izbran, intentando absorber todo lo que había dicho Elysia—. ¡¿Estás diciendo que una DIOSA, eligió a dos HUMANOS que apenas se pueden defender de unos slimes, para derrocar a un tipo que tiene como súbdito a un DEVORADOR DE DIOSES?!
—¡Jajaja! Innegablemente eres muy débil ahora, pero tu potencial es ilimitado. Créeme —rio la dríada—. Sigue el camino por el que vas. Lo estás haciendo bien... Aunque mediante avances, tendrás mayores responsabilidades a tus hombros. Y lo mismo te digo a ti, Mista.
—Entendido.
—Ahora bien... ¿Cómo andan de equipamiento?
Los tres empezaron a hablar sobre sus armas, armaduras y accesorios, Jacob retirándose a su casa, probablemente a leer un libro. Elysia se sorprendió cuando ninguno de los dos supo qué era un Cristal de Vida; a lo que les dio uno a cada uno, sintiéndose avigorados ni bien lo tocaron. Les preguntó acerca de los Cristales de Maná, a lo que la maga le respondió que recolectaba estrellas caídas durante la noche y los fabricaba cuando podía. Además, elogió el armamento con el que contaban, especialmente la espada de Izbran.
—No es una espada normal. Has tenido la suerte de encontrarla.
—Se lo debo a ella, en verdad —dijo el espadachín, apuntando a Mista—. Sin una torpeza de su parte, quizá nunca la hubiera encontrado.
—¡Hey!... Bueno, es cierto... —admitió la maga.
—¿A dónde planean ir?
—¡Ah! Ehm...
—Hm, ¿qué tal el mar? —propuso Mista, ante la ausencia de ideas del guerrero.
—El mar... Deberán cruzar la Selva y la Corrupción, pero sí, creo que ya tienen la capacidad de ir hasta allí, siempre y cuando no sea el sulfúrico... —dijo Elysia, pensativa.
—¿Sulfúrico?
—Sí, al este hay un océano que producto de la contaminación se volvió una zona horrible. Anteriormente eran aguas cristalinas que daban lugar a la fosa que es el Abismo, pero ahora... Sus aguas son tóxicas, ácidas. Las formas de vida de allí mutaron para adaptarse, y no de una manera muy bella. No están listos para ir aún —explicó—. Pero el océano al oeste está en perfecto estado. Hay algunos animales que quizá les causen problemas, ya sean medusas, cangrejos o tiburones.
—Nada con lo que no podamos lidiar —concluyó despreocupado Izbran.
—Hm, de los dos, quien más peligro correrá allí serás tú, guerrero —le advirtió la dríada, ganando otra vez la atención—. En ese océano vive cierta criatura cuyo canto es conocido por atraer a todo hombre quien lo oiga. Esa criatura luego los ahoga, y... nadie sabe qué ocurre con ellos. Mista, siendo mujer tú no deberías ser afectada, pero deberás cuidar de él.
—No hay problema entonces, lo mantendré vigilado. Nunca permitiría que muera —aseguró la maga, ojeando al espadachín, que ahora parecía más nervioso por lo que Elysia había dicho—. ¿Algo más que debamos saber?
—No, eso es todo. Son libres de ir a la costa oeste —respondió—. Suerte, jóvenes.
—¡Muchas gracias, Elysia! Volveremos vivos —se despidió Izbran, su compañera saludando también. Una vez hecho eso, ambos partieron al oeste.
La caminata no tuvo demasiados eventos, más que charla trivial entre los dos humanos. Llegados a la Corrupción debieron deshacerse de los devoraalmas que fueron a atacarlos, y tuvieron la suerte de que ningún gusano como el de la vez anterior apareció. Lograron traspasar esa zona con mucha más facilidad que antes. Cruzada la tierra púrpura, se vieron ante un extenso bosque que mediante avanzaban se hacía más y más denso. En un punto, ya vieron que el mismo césped y los mismos árboles cambiaban; las hojas eran de un color verde más vivo, los troncos más oscuros, la zona era húmeda y había lianas por todas partes. Inconfundiblemente, esa era la Selva.
—Nunca he estado en una, pero tanta vegetación me dice que esto es la Selva —dijo Izbran.
—Sí, es inconfundible... Libros en mi pueblo hablan de magos que se aislaban a zonas así para amaestrar la magia verde. Impresionante...
—Sin duda, nunca he visto tanta vida en un solo lugar —coincidió—. Pero no deberíamos quedarnos aquí... ¿Ese tal Yharim surgió de aquí, no? Dudo que sea buena idea encontrarnos con él. Según lo que dijo Elysia, es un tipo muy duro.
—"Muy duro" se queda corto —respondió Mista—. Debemos pasar esta zona lo antes posible, como dices.
Las plantas entorpecían un poco el movimiento de ambos, y más aún lo hacían los charcos de agua repartidos por todo el lugar. Así como la flora, este sitio estaba repleto de fauna; murciélagos, slimes, pirañas... Incluso había una planta carnívora, en el sentido literal de la palabra.
—¡Uah! ¡Esa cosa casi me arranca un brazo! —se asustó Izbran, una planta atrapadora dando un mordisco que casi lo alcanza.
—¿Te quejas? ¡No me has visto correr de esa piraña cuando crucé el charco, entonces!
Pasar por la Selva fue una desventura. Se lastimaron, pero finalmente lograron pasarla. Una vez lo hicieron, Mista frenó para descansar, para decepción del guerrero.
—¿Cuántos minutos más? ¡Vamos! —la apresuró. Aunque los dos tenían ansias por ver el mar por primera vez, era el espadachín quien más lo deseaba. Mista ya había visto la nieve, que era lo que más la sorprendía de todas las cosas.
—Cruzar la Selva fue agotador, Izbran...
—Pasé por lo mismo. ¡Arriba! —la intentó levantar jalándole del brazo, pero la chica se resistía.
—Un rato más...
—Te quedarías todo el día si te lo permitiera, hm... ¡Ajá!
—Que har-... ¡Aaaah! ¡Bájame! ¡Ayuda! —gritó Mista. El guerrero había tenido la brillante idea de que, si ella no se movía, entonces él la movería a ella. La cargó en sus brazos, ignorando el pataleo y los manotazos de la maga, y corrió hacia la costa—. ¡Bájame! ¡Ahora!
—Huff... ¡Ya...! ¡Un poco más...! —la ignoró, puesto que las palmeras y la arena de la playa se acercaban cada vez más. Y así continuó en su corrida al mar, hasta que frenó y soltó a la chica en el suelo, desplomándola en la arena y quedándose quieto, sus ojos brillando ante el espectáculo—. Esto... Esto es el mar...
El agua se extendía más allá de lo que uno podía ver. Islas muy pequeñas se veían a unos kilómetros de la costa, grandes cabezas de piedra descansando sobre las mismas. Las olas golpeaban la arena, creando un sonido relajante para cualquiera que lo oiga. Caracolas de todos colores, formas y tamaños decoraban el suelo, y algunas rocas en la costa interrumpían las armonía de las olas, estas chocando contra ellas para salpicar agua por toda la zona cercana. Ya era el mediodía; el sol estaba en lo alto, y el calor los invitaba a ambos a zambullirse. Pero algo se los interrumpió; siendo arrastrado por las olas, un hombre de su edad yacía inconsciente.
—¡Pfft! Maldito... —se quejó la maga, escupiendo un poco de arena y limpiándose con ambas manos—. En qué pens-... ¡Mira!
Ambos se acercaron a auxiliar al hombre inconsciente, arrastrándolo bien fuera del agua, Izbran presionándole el pecho con tal de que escupiera agua en caso de que haya tragado.
—Está vivo, por suerte... ¿Tendrás alguna poción de curación? Nos servirá.
—Sí, espera —le dijo ella, buscando y alcanzándole una. Sin embargo, al acercársela, el espadachín no la tomó. Su mirada parecía perdida, mirando al mar—. ¿Izbran? Debemos ayudarlo. Toma la poción, no es hora de ver el paisaje ahora.
No hubo respuesta. El guerrero se levantó lentamente del suelo, apoyando cuidadosamente al inconsciente. Nada tenía sentido de lo que estaba haciendo, Mista no lograba comprenderlo...
Hasta que se oyó, resonante, un hermoso canto femenino proveniente del océano.
