Todo por tu amor
Personajes de Mizuki e Igarashi
Regresando de su viaje de negocios Albert, el flamante empresario, mandó una carta al hogar de Pony dirigida a Candy, pidiéndole reunirse con él en ese departamento de Chicago en el que, una vez vivieron en el "Magnolia", ese nombre le vino a la mente.
El encuentro sería el día viernes para hablar de ciertos asuntos; faltaba un día.
Candy se apresuró a hacer una pequeña maleta donde llevaba sus tristezas, alegrías, sus preocupaciones y sus sueños; sueños que siempre compartió con él.
Si bien tenía miedo de mirarlo a los ojos, enfrentarlo, sentir su corazón derretirse por él; se lo jugaría todo para estar al lado de esa persona que más ama. No podía vivir sin que él supiera lo que sentía su corazón. Así que esa mañana se dirigió al tren que la llevaría a Chicago a enfrentar sus miedos.
En el tren meditó: "Si no me quiere; por lo menos sabré la verdad. Tendré que avanzar y no detenerme. Si me dice que también siente algo por mí. Lucharé por este amor que, no me cabe en el alma. Estoy dispuesta a ser una mujer digna de él".
Mientras tanto, Williams, estaba listo para ir a recibirla a la estación. Tenía todo preparado, un violinista en la estación y su corazón.
─¡Está noche he de confesarme! Repetir nuestra promesa de compartirlo todo. Quizás lo haya olvidado, pero yo no. Al llegar a la estación Candy vio a Albert, quien no pudo resistir abrazarla para decirle─: ¡Bienvenida, Candy!
Cuando llegaron al Magnolia, ella vio el departamento cubierto de Narcisos y Rosas. Albert se sentía nervioso, no dejaba de admirarla, de observarla, de olerla, de sentirla, porque aunque no se han tocado, la sentía suya.
Pasaron a la sala, querían decirse algo, pero estaban demasiados nerviosos. Él se armó de valor, diciéndose sin más: "Es ahora o nunca". Ya no podía esperar más, no quería alargar esa agonía.
─Candy, ¿recuerdas nuestra promesa de compartir nuestras tristezas y Alegrías?
─Sí, Albert. Recuerdo esa promesa como si fuera ayer ─Ella se paró en la ventana a observar las estrellas─ Albert, ¿sabes algo? Siempre he sido tuya, desde que te conocí por primera vez en la colina de Pony ─Albert no daba crédito a lo que estaba escuchando.
"Siempre ha sido mía", pensó mirándola tiernamente. La tomó de la mano y le deposito un tierno beso en los labios, expresándole─: Es verdad, Candy. Tú siempre has sido mía, como yo siempre he sido tuyo. Hoy te pido: Me acompañes en este camino, permíteme amarte no solo como tu amigo o como un hermano. Permíteme, amarte como un hombre, como tu esposo, permíteme, seguir cuidándote. Candy lloraba de la emoción. Él le tocó los labios con su dedo índice, seguidamente le habló con infinito amor.
─Albert, permíteme acompañarte, cuidarte, protegerte, darte lo mejor de mí.
Se dieron un beso largo. Apartándola de sí con delicadeza, Albert se arrodilló, abriendo una cajita con el anillo que perteneció a su madre. Lo colocó en el dedo anular de ella. Inesperadamente de la nada, un montón de fuegos artificiales hicieron su aparición. Ese mismo día, hace 2 años atrás, se habían hecho una promesa de estar juntos.
Hoy, esa promesa, se consolida en un matrimonio que, les enseña llevar su amor a otro nivel.
Fin.
