Lo de siempre, los personajes no me pertenecen son de Higuchi Tachibana, la historia sí es mía.

En este capítulo veremos un poco más los sentimientos de Mikan. Disfrútenlo~


Pasada la temporada de lluvias, le siguió un calor descomunal impropio del mes de mayo.

El día de hoy la castaña se despertó de buen humor, y no era para menos. Hoy, día domingo, no había clases por eso quedó con el grupo para ir a la ciudad central. Almorzaría fuera, jugaría con sus amigos, nada podía salir mal.

Excepto por un pequeño problema. Antes tenía que pasar por la habitación del gato negro a por algo que no tenia ni idea de lo que sería. Encima que ella le había invitado amablemente a pasar el día en la ciudad central junto con todos pero no, él simplemente dijo:

No me interesa.

A veces el chico podía llegar a ser tan estresante… ¿Y por qué estaba hablando de Natsume? Ni ella mismo lo sabía.

Observó la hora y vio que si no se daba prisa llegaría tarde. Cogió su bolso comprobando que no se le olvidara nada y salió de la habitación.

No tardó tanto en llegar a la habitación de Natsume, los cuartos de triple estrella no estaban tan alejados de los de estrella especial, además, se conocía el camino a la perfección. ¡No es que lo visitara a menudo! Si no que a veces se preocupaba por él y algunas noches se escabullía a su cuarto, comprobaba si estaba herido y si así era le curaba las heridas. Él no es una persona que acepta ayudas tan fácilmente, así que tenia que insistir una y otra vez.

¿Y por qué otra vez estaba hablando de Natsume? Se agarró la cabeza y empezó a sacudírsela. Ni ella misma lo sabía.

Se paró en frente de su puerta y tras suspirar varias veces finalmente tocó.

Una vez. Esperó diez segundos… Nada.

Dos veces. Nada.

Ya se estaba empezando a hartar y cuando se disponía a tocar una tercera vez la puerta se abrió.

—¿Qué quieres?

—¿Cómo que qué quiero? Me dijiste tú que venga.

Él pareció pensárselo unos segundos y finalmente la dejó pasar.

—Quédate aquí y espérame, voy a salir un rato.

—¡No! ¡Oye que yo he quedado, no puedes irte y dejarme aquí sola!

Tarde. Él ya había desaparecido por la puerta.

oOoOoOo

El grupo de chicas, conformado por: Hotaru, Anna, Nonoko y Sumire estaban esperando a la castaña en la parada del bus, que como siempre llegaba tarde. Todas sabían que esto pasaría, por eso siempre llegaban diez minutos mas tarde, pero el día de hoy llevaba treinta minutos de retraso, algo bastante inusual.

De repente como si diez caballos se acercasen se escuchó un ruido proveniente de lo lejos. Esperaron que el sonido se acercase, y efectivamente, cada vez estaba más cerca. Al final, distinguieron una silueta que venia corriendo a toda prisa. Claro, es Mikan.

La castaña frenó en seco como si de un coche se tratara cuando estuvo delante de sus amigas. Se inclinó para agarrarse las rodillas y empezó a recuperar la cantidad de energía perdida en el sprint.

—¡Llegas tarde! le hizo saber Sumire. Algo bastante obvio.

—Lo… siento… es que… tuve… que… intentó explicar la castaña.

—Tranquila Mikan, respira Anna la agarró de los hombros y se puso a hacer ejercicios de respiración.

A Hotaru el momento le recordó a cuando una embarazada está a punto de dar a la luz.

—¡Ya déjense de tanto teatro y explica por qué nos has tenido tanto tiempo esperando con este calor! Sumire estaba claramente fastidiada de tanto esperar.

Mikan ya había recuperado parte del aliento.

—Verán, es que estuve en el cuarto de Natsume y… no pudo terminar la frase ya que llovieron un montón de preguntas.

—¿Estuviste con él?

—¿Y qué hicieron?

—Ya era hora que esto avanzara.

—Como intente pasarse…

—¡Esperen un momento! las interrumpió Mikan. Es cierto que estuve en su cuarto, ¡pero el muy imbécil me dejó esperándolo ahí sola y nunca llegó! empezó a despotricar en contra de él.

—¿Y para qué quería verte? Cualquier cosa te lo podría haber dicho mañana en clases.

—No se… tal vez me necesitaba para algo de las tareas.

A todas esa posibilidad les pareció muy remota.

—Venga, ¡vamos todas a la ciudad central a comer howalons! animó Mikan.

—¡Sí! solo Anna y Nonoko se unieron a sus festejos.

oOoOoOo

Estaba aburrido. Para empezar, ¿cómo había terminado aquí?

—No voy.

—Yo tampoco.

Miró sus cartas un rato. Tres ases, nada mal. Lo malo: el único que quedaba era Koko.

—¿Y bien, Natsume? -sonrió con sorna Koko.

Tsk, maldito.

Estuvieron un rato en un duelo de miradas hasta que finalmente Koko cedió.

—Ah… es imposible, yo tampoco voy.

Je, el lector de mentes no era invencible.

—¡Increíble Natsume, vas ganando cuatro partidas seguidas! lo alabó Mochi.

Por supuesto, era el gran Natsume-sama.

—¿Otra partida? propuso Koko.

—¡No, no! ¡Esto ya se está volviendo aburrido! se quejó Yuu.

Con los años Tobita Yuu se había vuelto un integrante más en el selecto grupo de Hyuuga Natsume.

—¡¿Qué tal si nos vamos a beber unas birras?! exclamó emocionado Mochi.

—¡Estoy de acuerdo con esa propuesta! ¡Y más con este calor! le apoyó Koko.

—¡No podemos, hay un menor con nosotros! se opuso el responsable Yuu.

Todos ignoraron el hecho de que también eran menores y se giraron hacia el pequeño Youichi, que bebía una cajita de zumo de melocotón.

—Yo también voy e hizo un pequeño puchero.

Si hubieran sido un grupo de chicas tal vez habrían gritado "¡kyaa!" pero no, ellos no eran chicas y pensaron de todo menos que el niño era lindo.

—Sabes que no puedes, ¡ni si quiera llegas a los diez años! replicó Yuu.

Y como es normal en un niño de nueve años le dio una rabieta. Movió manos y piernas repitiendo "¡yo también voy!", solo que no contó con estrujar el zumo que llevaba en la mano y el contenido se vertiera en Natsume, concretamente en su camisa.

El grupo dejó de respirar por un momento, y todos los ojos fueron a parar en Natsume y su futura reacción. Este por un momento no dijo nada, hasta que finalmente se levantó. Los mayores temieron por su vida, y a Youichi casi se le salían lágrimas de los ojos.

—No pasa nada acarició la cabeza del pequeño mientras que le dedicaba una sonrisa de ternura.

oOoOoOo

Las chicas estaban satisfechas. Habían visto tiendas, y de vez en cuando entraban a algunas para comprar algo que había captado su atención en el escaparate. Lo que es lo mismo: tarde perfecta de chicas.

—No… ya no puedo más se quejó Mikan. Estaba cansada, le dolían los pies y encima la estaban dejando atrás.

—¡Date prisa Mikan! ¡Aún quedan muchas tiendas por ver! la alentó Nonoko a la distancia.

Estuvo a punto de reanudar su marcha pero algo captó su atención. Un grupo de chicos reunidos bajo un árbol. Se veían un poco asustados y en eso otro chico se levantó y acarició la cabeza de un niño, reconoció a Natsume y a Youichi.

Estuvo a punto de llamarlo, pero la sonrisa, esa sonrisa, hizo que se detuviera.

¿Cómo podía ser tan dulce con el pequeño si con los demás era tan frío?

Debería tratar a los demás al igual que lo hace con Youichi, a ella por ejemplo. Ella también quería una de esas sonrisas, una caricia, alguna palabra bonita. ¿Y por qué? Tal vez sólo quería saber si le importaba como persona, como ser humano. Y reclamaría esos derechos. Después de todo él había robado todo signo de castidad en ella.

Fue el primero en verle las bragas. ¡Él robó su primer beso! Ya era hora que reclamara el trato que merece.

Se arremangó las mangas del vestido que llevaba un signo de pose de lucha y se dispuso a cantarle a Natsume sus mil verdades, si no fuera porque él empezó a desabotonarse la camisa no se hubiera detenido.

Tuvo que agarrarse al árbol mas cercano que encontró para no caerse.

¿En qué demonios estaba pensando el chico? ¿Acaso ahora se dedicaba a hacer stripteas público?

Como abejas atraídas por la miel empezaron a llegar chicas y empezaron a observarlo con estrellitas en los ojos soñando con la dicha que sería tener un novio con el cuerpo como ese…

Y Mikan por segunda vez en el día sintió celos. No lo permitiría, no dejaría que nadie viera ese espectacular panorama, porque… ¡porque lo decía ella! Él siempre le aconsejaba que no dejara que nadie viera su ropa interior, este caso era parecido.

Volvió a poner su pose de lucha y se acercó a pasos agigantados hacia Natsume y el grupo de "niñas salidas".

—¡¿Se puede saber qué hacen?! sabía perfectamente lo que hacían, es decir, nada.

Chicos y chicas incluidas la miraron, entre ellos Natsume. Notó su mirada puesta en ella y un escalofrío le recorrió el cuerpo entero. Vio como se asomó una sonrisa maliciosa de los labios de él.

—Vaya, vaya, pero si es lunares.

—¡No soy lunares!

—¿Qué haces por aquí?

—De compras contestó tajantemente la castaña.

—¿Y con quién?

Con esa pregunta notó algo en la mirada de Natsume que no supo identificar.

—¡Y a ti que te importa! ¡Yo no te voy preguntando por qué vas medio desnudo!

—¿Te gusta lo que ves? se abrió un poco más la camisa.

ESO es lo que la estaba molestando.

—¡Sí! Quiero decir ¡no! sus palabras estaban jugando en su contra. ¡No seas exhibicionista, vístete ahora mismo!

Parece ser que se olvidaron que alrededor de ellos habían espectadores, estos veían cómo se pasaban la "pelota". Nadie dijo nada. Extraño…

La castaña al ver que Natsume no hacía ademán de vestirse, tomó una decisión.

—Está bien. Entonces yo también me convertiré en una exhibicionista fue la decisión de Mikan.

Al principio todos pensaron que era una broma, pero abandonaron la idea cuando Mikan se empezó a subir poco a poco el vestido que llevaba…

Natsume abrió los ojos sorprendido. Lunares era idiota pero no tanto, lamentablemente lo que decía iba muy en serio. Agarró su mano impidiendo que se subiera un centímetro más el vestido.

—¡Mikan para! y la miró con toda la rabia que sentía en ese momento.

La muchacha se detuvo un momento sorprendida por escuchar su nombre de los labios de él, pero decidió ignorarlo e iba a continuar subiéndose el vestido cuando escuchó que la llamaban.

—¡Idiota, te estábamos buscando! Sumire como siempre tan amable.

—Lo siento, las perdí de vista mintió Mikan al mismo tiempo que seguía intentando subirse el vestido.

—Pues ya estoy aquí, venga vámonos que nos están esperando

—¡No, espera! ¡Tengo que seguir ajustando cuentas con este idiota!

—Hasta luego, Natsume-sama ignoró toda clase de quejas de la chica y la llevó casi a rastras con ella.

A todos los espectadores se les cayó una gotita de la sien. En cambio Natsume suspiró aliviado, porque gracias a la chica gato-perro se salvó de un espectáculo aún mayor.

Hoy, todos descubrieron algo nuevo. Mikan Sakura también podía llegar a ser posesiva.


Arigatou por todos los reviews y los seguidores, los adoro 3 sin vosotros esto no hubiera avanzado tanto :D

En este capitulo quería que participara el grupo y no solo Mikan y Natsume, en el próximo, Youichi, y va a ser mas corto que los otros. Por cierto, si preguntan por Ruka, el está cuidando a sus animales, tal vez lo verán en el próximo (al pobre le hubiera dado un derrame nasal si veía todo esto) xD

Para los que no lo sepan, Gakuen Alice terminó T-T, una de las varias razones por las que he tardado en actualizar. Que depresión…

¡Nos leemos en el capitulo siete!