¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No! ¡Es Gigi Lee que se ha dignado en aparecer y subir un capítulo!
*Sale de entre las sombras y se arrodilla estampando su cabeza contra el suelo*
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Higuchi Tachibana, la historia sí es mía.
No podía estar tranquila, le era imposible, y con Natsume mirándola menos aún.
—¿Y bien?
—Nat-Natsume, si te alejas un poquito puede que te responda, es que… sabes, necesito mi espacio personal.
Y es que la situación en la que se encontraban daba mucho en qué pensar. Natsume tenía a Mikan arrinconada contra la pared con ambos brazos estirados apoyados en la pared y ella en medio de ellos.
Siempre ocasionando malentendidos…
—Lunares, ¿me respondes o qué?
—B-Bueno ya te he dicho que no me pasa nada, solo he estado ocupada estos días, nada más.
—¿Has estado ocupada durante todo el mes? —. Contrarrestó.
No supo qué responder.
Si algo sabía Mikan es que no se le daba bien mentir y por algún motivo Natsume era bueno intuyéndolo.
—Óyeme bien, no creeré en nada de lo que me digas —decía Natsume mientras se iba acercando cada vez más a la cara de Mikan.
—E-E-Eso es problema tuyo.
Dios, Alá, Buda, quién sea, pero por favor que alguien la libre de esta dulce tortura que estaba pasando.
La pobre chica no podía mas, dentro de poco le daría un derrame cerebral si esto seguía así. Reunió toda la fuerza que su cuerpo le permitió y le empujó, pero no contó con que Natsume la agarrase del brazo y la volviera a poner en la misma posición.
Todo esto le estaba llegando a ser agotador, muy agotador. Mikan no quería alejarse de él, en el fondo no quería, solo que no sabía cómo mirarle. Lo había intentado pero antes de darse cuenta ya se encontraba huyendo. Darse cuenta de sus sentimientos hacia él no le había resultado nada fácil.
En cambio a Natsume la situación le resultaba muy exasperante. Había disfrutado la noche de Halloween, ¿y qué? Esa noche ella lo había abrazado como otras veces y a él le gustó, no dijo nada, ninguno dijo nada. Ambos se fueron y al día siguiente ella ya no le hablaba, ni al día siguiente, ni al otro, ni al otro… y así se había pasado durante todo el mes de Noviembre. Decir que la situación le exasperaba era decir poco, le ponía furioso.
—Sigo esperando una respuesta, Mikan —ya se puso serio. La castaña brincó al escuchar su nombre.
—¿Qué hacéis?
Mikan agradeció interiormente a todos los Dioses del Olimpo.
—Sumire menos mal que has aparecido, te estaba buscando —mintió descaradamente, y Natsume lo sabía. Pudo liberarse, literalmente, de los brazos que la aprisionaban. Él la dejó ir sin protestar y maldijo por el momento inoportuno que había escogido la peliverde.
—La que te estaba buscando era yo, tenemos que hablar sobre la obra de Navidad —dijo al tiempo que sacó un fajo de folios de quién sabe dónde.
Mikan asintió y cuando estaba a punto de irse Natsume la agarró del brazo por segunda vez en el día, solo que esta vez la pegó a su cuerpo y le susurro al oído: —Esto no ha terminado aquí, lunares. La soltó y dio media vuelta con las manos en los bolsillos.
Ella se quedó entre ruborizada y enfadada.
oOoOoOo
—¡¿B-beso?! —exclamó horrorizada.
Sumire suspiró con cansancio. ¿Tan difícil era que algo se le metiera en la cabeza?
—Sí, un beso, ¡¿cuántas veces tengo que decírtelo?!
—E-es que estamos hablando de un beso, ¡no de comprar pan!
—El asunto es simple. Solo tienes que besar a alguien quien yo elija.
Mikan se llevó las manos a la cabeza como signo de desesperación. Cómo le gustaría ver las cosas de la manera en que las ve Sumire. Tan fácil. Tan en su mundo.
—A ver… da igual que lo elijas tú o Hotaru, el hecho de que tengo que besar a un desconocido —enfatizó la última frase—, no va a cambiar.
—Eres una monja…
"Mejor que una fresca" quiso decir eso, pero prefirió guardar silencio. Permy había sido elegida por la gran mayoría de los estudiantes para realizar el guión de la obra de teatro, y ya de paso, supervisar la obra. Era lo que se diría la "mandamás", o para que se entienda mejor la directora.
Buscó por su propia cuenta la mayoría de los personajes de su obra. Mikan había sido seleccionada como protagonista, en realidad se ofreció ella misma, todo para no pensar en cierto chico de ojos carmesí. El problema era el otro protagonista. El hombre del que se enamoraría ella.
Sumire le había ofrecido una larga lista de candidatos, y la verdad es que todos eran muy guapos, pero el problema no era ese. El simple hecho de besar a un desconocido, ya sea por actuación, le parecía inconcebible.
—Está bien, tú ganas —empezó a decir Sumire.
A Mikan le empezaron a salir lágrimas de felicidad. Qué comprensible, qué buena y…
—Elegirás tú al chico que quieras besar. Dímelo al final del día.
…qué bruja era.
Un momento, un momento. ¡Eso es lo mismo que nada! A la castaña se le escapó una risa nerviosa, y las lágrimas de felicidad habían sido reemplazadas por lágrimas de desesperación.
oOoOoOo
Mikan siguió llorando por los desolados pasillos de la academia. Típico de un día domingo, los alumnos prefieren estar en Central Park que encerrados aquí. Hay que mirar el lado bueno, al menos Sumire había conseguido que olvidara todo lo sucedido con Natsume anteriormente… Un momento.
¿Y si…? ¿Y si le pedía a Natsume ser el protagonista masculino de la obra? Besarle a él… Inconscientemente se pasó la lengua por los labios. Qué cosas pensaba, jamás le diría que sí. Detuvo su andar. Entonces, ¿por qué le importaba tanto que ella no le hablara? Tal vez… podría intentarlo.
¡Oh, Dios mío! ¡Esta era una de la mayor idea descabezada que se le había ocurrido en toda su vida!
Pero necesitaba un motivo…
—Onee-chan.
Bingo.
—Dime, Youichi-chan —se agachó para quedar a la altura del niño de nueve años.
Ahora mismo se sentía rastrera. Utilizar a un pobre inocente para sus malévolos planes, ¿era esto lo que sentían las integrantes del club de fans de Natsume? Descartó esta idea al instante. Ellas harían lo que sea para recibir una mínima atención por parte de él.
—Onii-chan te estaba buscando.
Un sonido gutural escapó de su garganta.
Dios se lo estaba poniendo en bandeja…
Con un movimiento de cabeza Youichi le indicó que lo siguiera, y así lo hizo. La guió por los largos pasillos de la academia, doblaron la esquina y se toparon con más pasillos, hasta que llegaron al jardín trasero. Sabía exactamente a dónde se dirigían…
Y lo vio ahí recostado en su árbol de Sakura, su Sakura. Sintió envidia del árbol y de la hierba que lo rodeaba. Él levantó su cabeza y la miró. Ámbar y rubí encontrándose.
Se detuvieron en frente de él.
—Verás Natsume, sé que mereces una explicación… —empezó a decir a medida que bajaba la voz. Estaba claro que se había olvidado de la presencia de Youichi.
Antes de venir tenía claro lo que haría, lamentablemente sus planes se estaban yendo al traste ante su presencia. Tan imponente como siempre.
Natsume que había permanecido sentado decidió levantarse.
—No te escucho, lunares —dijo acercando su rostro para oírla mejor.
Esa fue la chispa que encendió a Mikan.
oOoOoOo
El pequeño Youichi sabía muchas cosas. Sabía el por qué del color azul del cielo. Sabía cómo pasar los metros a kilómetros. Y también sabía la extraña relación que compartían Hyuuga Natsume y Sakura Mikan, o por lo menos se lo imaginaba.
No había que ser un adivino para darse cuenta de ciertas cosas. Todos en la academia —conocidos y extraños—, se daban cuenta que ahí había algo extraño. Unos decían que simplemente se odiaban, otros que la chica era el nuevo "objetivo" de Natsume, y los más observadores, llámenlos listos, decían que toda esa fachada de constantes peleas era para ocultar que en el fondo se querían, y mucho.
El asunto es si ellos lo sabían. Natsume Hyuuga lo sabía. Este hecho era bastante claro. Sus constantes celos, preocupación, y formas de cuidar a la castaña lo delataban, y parece ser que no se molestaba en ocultarlo. El problema era ella, ya podrían anunciarlo en un cartel y seguiría sin enterarse.
Todo esto, y más, se lo preguntaba Youichi cuando observaba sus constantes discusiones. Ni que estuvieran casados. Ahora mismo, en este instante, sin querer queriendo estaba entre medio —en realidad lo observaba todo desde al lado de Mikan—, de una conversación que parecía íntima y delicada.
Vio como la castaña hablaba. Natsume se levantó y acto seguido sucedió algo que ninguno de los dos se esperaba.
Mikan lo agarró con suavidad con ambas manos. Se fue poniendo de puntillas con lentitud hasta que sus cabezas estuvieran juntas y posó sus labios en los de Natsume. Lentamente movió sus labios esperando respuesta por parte del chico. Éste pareció salir del shock y le correspondió con la misma lentitud. Cuando Natsume subió de intensidad el beso ella se detuvo y se alejó con la misma suavidad con la que se había acercado.
—Aquí tienes mi explicación —dijo ella.
No merezco perdón de Dios por esto que les he hecho. No me había olvidado de la historia, he pensado cada día en cómo continuaría esto, una vez lo supe pero ahora ya no me acuerdo T-T. Algunas razones de mi ausencia están explicadas en mi profile, en serio que han sido unos años de grandes cambios. Ahora mismo estoy con lo del carnet de conducir más las clases por la mañana, deséenme suerte.
En fin, tardaré unos veinte años en terminar este fic pero lo terminaré, cueste lo que cueste. Porque no me gusta dejar las cosas incompletas y tampoco les haré ese feo a ustedes.
¡Nos leeremos ¿pronto?!
