Prólogo
Estoy...muerto?...-era el único pensamiento que cruzaba por su mente en ese momento, no podía ver nada más que solo oscuridad, no sentía los brazos, no sentía las piernas, no sentía nada más que ira- maldito seas Kakaroto!! volveré por ti! Y esta vez no solo voy a matarte a ti! iré también por tus miserables cachorros!! - escupia con rabia tras recordar como una vez más perdía contra su nemesis, estaba tan cerca de matar a los cachorros de este, estaba por deshacerse no solo de ellos, si no también de ese planeta, fue en menos de un parpadeo que todo había cambiado y el era arrastrado al sol para luego acabar con su existencia.
El que había sido alguna vez considerado como el guerrero legendario, no era nada más que nada en estos momentos, una nada la cual expulsaba su ira verbalmente en este momento. ¿Que más podía hacer?solo le quedaba eso, maldecir una y otra y otra vez al sayayin puro que lo dejó en ese estado, claro a él y a sus "cachorros" como el los solía llamar. Estuvo asi seguramente durante horas, a el no le importaba durante cuanto tiempo hubiera estado insultando a esa sabandija y a toda su línea sanguínea, con tal de rebajar su ira lo haría el tiempo necesario y eso hizo, tranquilizandose de minuto a minuto.
- Supongo que...se acabo...- muchos no lo creerían, pero en esas palabras, en esas pocas palabras que alcanzó a decir el que alguna vez fue considerado por sus adversarios como un monstruo, una bestia ...un demonio,se sentía un un tono de tristeza. Seguramente era tristeza por no volver a probar los banquetes de las distintas culturas de los distintos planetas a los que el había ido, o seguramente tenía tristeza de no volver nunca más a poder ir a ningúno de los burdeles que había en uno que otro planeta, quizás sería el destruir planetas, o...tal vez...era la tristeza de no poder nunca más a volver a experimentar un combate, no sentir la adrenalina, la tensión del momento, el miedo del adversario, la cara de terror cuando ponían antes de acabar con ellos, el poder haber acabado con ellos frente de sus familias, la cara de horror y tristeza que sabe ver en sus hembras y cachorros, de cada ser era diferente la reacción, pero si en algo podía estar de acuerdo, era que cada una de esas hembras lloraban cuando el saciaba sus más mundanos instintos con ellas, no era exigente, y tampoco le importaba si es que los cachorros de ella o del "héroe" del planeta lo veían en pleno acto, a él no le importaba eso, no era egoísta en ese sentido, sin duda debe ser eso lo que extrañaría de estar vivo, los gritos, alaridos, llantos, pataleos , o súplicas de esas hembras. Suplicandole que se detenga, que no lo hiciera, que no frente a sus cachorros, y finalmente le rogaban que no terminara dentro o eso suponía el, era difícil saber que decían algunas hembras, no todas hablaban el mismo idioma. En definitiva, esas eran las cosas que el extrañaría de estar vivo, era una lástima que el ya no pueda gozar de esas cosas, al menos ya no escucharía los llanto de los irritantes cachorros, no le agradaban para nada los cachorros, débiles y sobre todo unos llorones, el no entendía por que es que decidían tener cachorros, eso sin duda no lo extrañaría, pero las otras cosas si, total eso es lo único que le ponía triste de no poder vivir más, seguro era eso...amenoz que...lo que lo ponga realmente triste fuera.
El viento soplaba lo poco que quedaba de las hojas de los árboles, lo único que se podía oír del bosque, no era más que solo el silbido del viento. Era difícil de creer, que alguna vez el bosque que estaba rebosante de vida, no era nada más que las sobras de lo que quedaba de una batalla.
En esa sola noche, había perdido tanto, no sólo perdió a compañeros shinobi, si no también que había perdido a un amigo, dejando huérfano a un recién nacido, el le prometió que se encargaria de él, y tenía pensado hacerse cargo de él, en este momento le daban el tratamiento adecuado en el hospital. Esa noche, muchos de esos pequeños habían quedado en las mismas, era una lástima, pero así eran las cosas, es el deber de los shinobis, el proteger su aldea, dando todo por ella, incluso la vida, con tal de que esté segura.
Soltando un suspiro al aire, caminando por lo que aún quedaba del bosque, el tercero veía si no habían olvidado a algún compañero caído, no quería que haya una familia sin que pueda despedirse de su ser querido. Extrañaba el escuchar la fauna nocturna, ahora no quedaba nada más que oír más que el viento.
Estaba por volver a la aldea, pero algo llamó su atención, viendo algo moverse entre piedras y cortesa de árboles. Acercandose lentamente y empezar a quitar la cortesa y las piedras.
- Qui-quien abría traído- abría los ojos y la boca sorprendido por lo encontrado - un bebe a una batalla - tomó al bebé en sus manos y lo levantó con cuidado, abríendo los ojos más, debido a la sorpresa de que ese bebé tenía una cola, pero esa sorpresa fue remplazada por tristeza al ver que el bebé estaba frío, quieto y en completo silencio,no mostraba algún rastro de signos vitales. Empezó a caminar de regreso a la aldea, cuando sintió como el bebé en sus brazos empezaba a llorar de una manera suave, eso sacó una sonrisa al tercero quien empezó a ir más rápido a llevarlo a un hospital.No sabia por que, pero ahora que el bebé estaba despierto, podía sentir algo en el, y era algo especial, pero como suele pasar muchas veces, no importa lo especial que tengas en el interior, si no sabes aprovecharlo, ese algo especial no serviría para nada. El sayayin podrá aprovechar eso en esta segunda oportunidad que la vida le daba o...volvera a cometer los mismos errores?.
Lamentablemente...yo creo saber esa respuesta.
