Akane era consciente del amor que le profesaba él a su amada amiga de la infancia, Aoi Akane.
Y con ello, también nos referimos a lo unilateral —hasta dónde él creía— era.
Y sabía que lo de los apellidos era algo tonto, pues ella podía quedarse con su apellido y él con el suyo.
Incluso hasta podía ser: Aoi Akane-Aoi.
No... Mejor no.
El caso era que, sin importar los rechazos que pudiera recibir de su dulce amada Aoi, con sólo verla... Era feliz.
Verla bien, verla sonreír y siendo ella, le sentaba y pensaba, que era lo mejor.
Pese a que ella no le permitiera —tal vez, por el momento— estar con él no importaba.
Si podía verla, entonces él, Akane Aoi, estaba bien.
Incluso aunque a veces usara su poder como el primer misterio que era de la escuela, verla, le hacía sentir mejor.
Y con un pequeño suspiro, ajustó sus lentes y comenzó a avanzar para entrar a la escuela.
Siendo, sin darse cuenta, observado por ella, la dueña de sus pensamientos; quien, al verlo, sonrió.
Por el momento, verse estaba bien... Pero, eso no significaba que se quedaría hasta ahí por siempre.
(Sólo era cuestión de tiempo.)
