Capitulo 11

Se movía como un pez en el agua, iba de un grupo a otro, saludaba a todos con esa galantería tan atractiva y sonreía encantadoramente, los hombres lo respetaban y las mujeres… bueno las mujeres deseaban tenerlo en sus camas.

Sintió unas punzadas en su nuca, volteo y se encontró con la mirada de la niña que parecía desear su pronta desaparición del mundo. Alzó su copa y la saludo con ella. La chica le volteo la cara y Betty espero paciente, cuando la volvió a mirar Betty le guiño un ojo y le sonrió. La chica se puso roja de indignación y camino en busca de su jefe que estaba haciendo reír a un grupo de hombres.

" Ay niña, te compadezco, pero enamorarse del jefe es muy mala idea, y más si ese jefe es MI novio"

Se frotó los brazos y se resigno, Berlín era una ciudad muy fría y el invierno acababa de empezar, solo le quedaba acostumbrarse.

Una mano le rozó el brazo y ella se dio la vuelta bruscamente.

- Perdone señorita, la veo tan sola aquí que me preguntaba si le podía hacer compañía.

Betty miro de arriba abajo al recién llegado y le sonrió enigmáticamente.

- Veo que su vino se ha terminado, déjeme conseguirle otro… aquí tiene. Dígame que le parece esta recepción?

- Pretensiosa.

- Aha… y entonces que hace aquí?

- Acompañar a mi novio.

- Oh tiene novio… que lastima.

- Si, tengo novio…

- Si yo tuviera una novia tan hermosa como usted no la dejaría sola ni un momento.

- Tal vez yo quiera estar sola.

- Y por qué sería?

- Tal vez por que la compañía me aburre, por ejemplo.

- Esta insinuando que su novio la aburre?

- Puede ser…

- Y si su novio la aburre por qué está con él?

Betty se acerco al hombre y casi rozándole la oreja con los labios le susurro:

- Por qué me hace el amor muy rico, me da los mejores orgasmo que he tenido, con diferencia.

El hombre la miró con los ojos abiertos y libidinosos y cuando iba a responder alguien se le acerco por atrás y le hablo en perfecto español.

- Armando, no me vas a presentar a esta belleza?

Armando suspiro fastidiado, le habían arruinado la fantasía.

- Ah si… Beatriz este es Rodolfo un colega, Rodolfo esta es Beatriz mi-

- Hola preciosa de donde eres?

- Novia… Beatriz es mi novia.

- Ah, tu novia… no sabia que tenias novia, y que fuera tan linda…-Rodolfo hizo caso omiso de Armando y le agarró la mano a Betty atrevidamente para darle esa sonrisa que él sabía que le conseguía lo que quería y besarle la mano para hacerle saber que le gustaba.

- Si es muy linda, pues ahora ya lo sabes y si nos perdonas has interrumpido una conversación.

- Hermano no sea así, Beatriz de donde eres?

- De Bogotá Rodolfo.

- Bogotá! Y como es que conoces a Armando?

- Pues lo conozco de haber trabajado juntos en Colombia.

- Y dime, como una mujer como tú termina con un hombre como Armando?

- Pues es que a las mujeres como yo nos gustan los hombres como Armando.

- Aburridos y secos?

- No, terriblemente atractivos y sensuales.

Armando rio con ganas, el enfado se le estaba pasando rápidamente y Rodolfo no supo que decir.

- Bueno gracias por saludar Rodolfo, ahora si nos perdonas – le paso un brazo por los hombros a Betty y la guio suavemente lejos de él, Betty se dio la vuelta y le guiño un ojo a Rodolfo.

- Adiós Rodolfo y no te preocupes que hay mujeres a las que les gustan los hombres como tú.

- Ah si? , como? Divertidos e interesantes?

- No, atrevidos y pedantes.

Armando volvió a reír y se la llevó antes de que tuviera que pelearse con Rodolfo.

Mientras la ayudaba a ponerse el abrigo, aprovecho para besarle la suave nuca perfumada y le dijo tiernamente:

- Gracias amor por acompañarme, se que debe haber sido muy aburrido para ti, además de que no habrás entendido ni una sola palabra.

Betty lo beso y le paso los brazos por el cuello.

- No me des las gracias, la he pasado estupendamente, me encanta como te queda este traje y verte socializar con todos esos ricachones snob me excita.

- Ummm mi amor, hoy solo hemos hecho el amor una vez, vámonos ya que el día se acaba y mi doctor me recetó hacer el amor tres veces al día…

- Y de quien es la culpa de que no nos acurrucáramos más tiempo?

- Lo sé, pero te prometo que a partir de mañana ya solo seremos tú y yo, sin viejos ricachones ni compañeros pesados…

- Bueno tu compañero puede venir si quiere…

- Betty! Te voy a tener que castigar.

- Ah si? Y como será eso doctor? Me va a azotar?

- Si, te voy a azotar y te va a encantar…

- Vaaaamoooonooos ya o te juro por dios que te saco los pantalones aquí mismo.

Y salieron corriendo en busca de un taxi.

Betty sabía que cuando había bajado del avión Armando había buscado disimuladamente en su mano para ver el anillo.

Ella no le había dicho nada y él no había preguntado. Que podía decir?

No estaba lista aún, lo amaba y estaba segura de querer un futuro con él. Pero aún quería más tiempo, acababan de empezar, por que apresurar las cosas?

Él le dijo que se tomará su tiempo, que no la presionaría y estaba cumpliendo su promesa. Y Betty solo lo amaba más por eso.

Aún había muchas cosas que considerar, ella tenía su trabajo y sus proyectos y no quería tener que abandonar todo de repente, eran muchos años de sacrificio para tirarlos todos por la borda así como así.

Quería mantener su trabajo y también quería a Armando. Y no tenía porque perder uno para tener lo otro.

Y de la misma manera no quería que Armando perdiera lo suyo.

Se casaría con él, algún día… pero ahora era tiempo de vivir la dulce experiencia del noviazgo.

Y eso incluía 4 días en Berlín con su sexy novio. Así que con todo el entusiasmo de pasear por una ciudad desconocida mientras el amor de tu vida te lleva de la mano y te consiente en cada esquina, Betty se dispuso a pasarla en grande.

- Dentro de dos fines de semana será festivo aquí, y habrá un fin de semana largo que empezará un jueves y terminará el lunes, pensé en ir a verte.

- Más te vale, te quiero ahí el miércoles a la noche.

- Eres muy exigente! Bueno… haré lo que pueda.

- Umm lo que puedas no me basta.

- Me vas a fundir.

- Si, pero primero te exprimiré a fondo.

Armando no paraba de reír y sonreír a su lado, y Betty que se estaba volviendo adicta al sonido de su alegría se esforzaba más y más por hacerlo feliz.

Armando tenía un apartamento muy pequeño, con una sola habitación y una cocina muy pequeña, pero con un gran sofá plagado de almohadones y suaves mantas, una gran tv para ver películas y muchos DVDs. Claro que no podía decir el final de ni una sola de ellas, ya que cada sesión de cine terminaba con ella montada encima de él dejándose el alma por llegar al orgasmo.

Bautizaron cada estancia del pequeño apartamento haciendo el amor en ellas, y cuando acabaron volvieron a repetir por las dudas.

Betty estaba asombrada del inagotable deseo que la consumía por ese hombre. Uno diría que haber hecho el amor en un fin de semana más veces que en los últimos dos años acabaría con la libido de cualquiera, pero para ella solo había servido para hacerla desear más y más…

"así es como se deben sentir los adictos a las drogas"

Era adicta a un hombre, y para su eterna satisfacción ese hombre resultaba ser su novio. Dios era grande!

Betty había llevado un paquete de camisetas básicas y cuando Armando le preguntó que eran, ella le pidió que usara una cada noche para dormir.

Armando no entendía el por qué y Betty no le dio explicaciones.

Hasta que la segunda mañana que despertó y se sacó la ropa para meterse al baño la pillo guardando cuidadosamente la camiseta en una bolsa.

Betty no quiso explicarle nada y evadió el interrogatorio de una forma muy efectiva, ocupando la boca con su sexo como excusa para tener la boca llena y no poder responder.

Armando quedó satisfecho y se olvidó de todo.

Unos días después una Betty llorosa se preparaba para meterse en su cama, en su casa… sin él.

Sacó una bolsa cuidadosamente guardada en su maleta y tomo una de las camisetas, se desnudo y se vistió solo con ella, en la cama tomó el teléfono y llamó a su amor.

Cuando colgó se acurruco bajo el edredón y lentamente se fue quedando dormida soñando con su novio y envuelta en su perfume que desprendía la camiseta plagada con su olor.

- Podemos hablar un momento?

Sara la miraba expectante desde la puerta en su oficina.

- Si claro, pasa… que deseas?

- Bea hace mucho que no hablamos tú y yo, la verdad es que te hecho de menos.

Betty levanto una ceja. Ella no podía decir lo mismo, al principio si la había extrañado, pero desde que definió su situación con Armando se sintió más enfadada con la sucia treta de Sara, pensar que podría haber perdido toda esta felicidad por ella la enervaba.

- Ah bueno…

- Supongo que aún me debes de odiar.

- No te odio.

- Es lo que parece.

- Actuaste de una forma despreciable Sara, eso no se olvida así como así.

- Lo sé, me equivoque, pero tienes que entender que lo hice con buenas intenciones.

- El infierno está lleno de buenas intensiones Sara.

- Vale, si, lo reconozco, me equivoque y por lo feliz que has sido estos últimos meses yo diría que el error fue garrafal. Te veo muy feliz, de hecho tengo que decir que nunca he visto a alguien tan feliz como tú y te… envidio.

- Si, soy muy feliz, Armando es maravilloso.

Sara sonrió suavemente y la miró con el corazón en la mano.

- Bea, tu has sido mi mejor amiga estos últimos años, desde que te conozco… te extraño, te necesito y quisiera no tenerte más fuera de mi vida, crees que alguna vez me perdonarás y volverás a confiar en mí?

- Sara…no puedo decir que no me conmueva lo que me dices, tu también has sido importante en mi vida, y no puedo evitar pensar lo especial que fuiste conmigo desde el primer día, y además te quiero… pero espero que entiendas que tengo una relación con un hombre que a ti no te gusta, que eso no va a cambiar, que no voy a renunciar a él por ti ni por nadie, que él estará en mi vida presente y si no puedes soportar eso entonces no tenemos más nada que decirnos.

Sara le dio una sonrisa acuosa y se levantó secándose las lágrimas, en un segundo actuó como si nada nunca hubiera pasado entre ellas.

- Confírmame la próxima vez que Armando este en Málaga, me encantaría cocinar para ustedes.

Betty la miro dudando un momento, pero no podía seguir guardando malos sentimientos para ella, el tiempo le había demostrado que no era una persona rencorosa y si bien ahora no estaba del todo a gusto con ella, sabía que tarde o temprano todo esto sería una anécdota, así que por qué no empezar a olvidar ya?

- Si claro.

Sara empezó a salir y antes de que abriera la puerta Betty la sorprendió.

- Te apetece comida china para almorzar?

- Si… estoy famélica.

Si, tardarían un tiempo en volver a reconstruir su amistad, pero lo conseguirían.

- La Navidad aquí será blanca, hace mucho frío y está todo nevado… se ve hermoso.

- Ummm eso es muy tentador.

- No prefieres que nos quedemos en tu cálida ciudad?

- No tan cálida, aquí cuando hace frío, hace frío…

- Entonces decide tú mi amor, yo estoy a tu plena disposición. Soy su esclavo mi señora.

- Ay no me digas eso, sabes que me vuelvo loca y no tenerte aquí conmigo… me pongo triste

- Te extraño mi vida.

- Y yo a ti mi amor.

- Bueno entonces que te parece?

- Y si no es ni Berlín ni Málaga?

- Que propones?

- Vámonos de viaje.

- A dónde?

- Qué dices Londres o Praga?

- Bueno Londres lo conozco… y Praga no, siempre he querido ver el reloj astronómico.

- Esta bien, mañana me conectaré a Internet y planearé el viaje.

- Ay mi amor, me encanta que seas tan eficiente!

- Tienes suerte de que me guste ser tan eficiente.

- Mi amor…

- Si?

- Te adoro.

- Y yo a ti mi pequeño caprichoso.

- Bueno entonces esta decidido?

- Si, Praga, en tres semanas.

Una relación a distancia es sufrir a cada momento, extrañar a esa persona, añorarla, contar los minutos hasta verla… Betty lo sabía muy bien. Nunca había deseado tanto tener a alguien a su lado como a él.

Había extrañado a sus padres, a sus amigos, a su país, su casa y costumbres… pero siempre había sido una añoranza agridulce que le recordaba que estaba lejos de ellos por cumplir sus sueños y vivir la vida que siempre quiso.

En cambio extrañar a Armando era doloroso y solo le recordaba que cada día que pasaba era un poco mas de tiempo que perdía con el amor de su vida.

Cuanto tiempo más podía aguantar así? Si cada día y cada momento lo amaba más y más?

Y cada vez que pensaba que había llegado al límite de su amor y que era imposible quererlo más, su corazón parecía crecer un poco más para guardar más sentimientos por él.

Sabía que su tiempo se acababa, prácticamente era una cuestión de salud, la deprimía no tenerlo a su lado, y sin duda su doctor le recomendaría la compañía de su amor para curar sus pocas ganas de comer, dormir y los vergonzosos y repentinos ataques de llanto.

Así que no lo pensó más, y dos semanas antes de su viaje a Praga fue a hablar con su jefe.

Ella quería su trabajo y lo quería a él… y los tendría a ambos.

- Dios como te he extrañado Betty, sentía que me faltaba la mitad de mi cuerpo sin ti a mi lado.

- Mi amor, abrázame más, por favor, abrázame más…

Y así se quedaron un rato más en el aeropuerto donde se habían reunido.

Era Navidad y un encantador hotel los esperaba. En Praga hacía un frío infernal, botas, chaquetones, guantes, gorros y muchas, muchas capas de ropa para descubrir una ciudad bohemia donde Kafka había nacido.

Betty estaba sacando la ropa de las maletas y acomodándolas en el armario mientras Armando toqueteaba el termostato.

Un paquete perfectamente envuelto y con un hermoso lazo de seda se escondía entre los pantalones de Armando.

- Hey hey hey! No no señorita, esto aún no es para usted.

- Que es? Sabes que detesto esperar, dámelo…

Betty intentaba arrebatarle el regalo, pero que podía hacer con una mole de 1,80 y 77 kilos? Armando la tiro encima de la cama y metió el regalo en la pequeña caja fuerte de la habitación, se dio la vuelta y se metió la llave en sus calzoncillos.

- Ahora ya está, tendrás que esperar.

- Pretendes que desista de tomar mi regalo metiéndote las llaves en tus bóxer? Que clase de estrategia es esa? Sabes que me encanta hurgar en tus calzoncillos!

- Venga no seas pesada, pórtate bien y puede que más tarde te deje toquetearme.

- Noooooo mi amor sabes que odio esperar.

- Mañana es Navidad, y tendrás tu regalo, no seas caprichosa.

- Jooo, pues que sepas que yo te iba a dar mi regalo esta noche pero ahora no lo haré.

- Bueno pues entonces me tocará aguantarme, creo que voy a sobrevivir.

Betty le tiro la almohada a la cabeza haciéndole saltar las gafas de la cara.

La Navidad en Praga no se podía vivir lujosamente, por lo que no habría smoking y vestidos de fiesta, tocados de peluquería y maquillajes glamorosos.

Cenaron en un cómodo restaurante decorado con exquisitos arreglos navideños.

El camarero les recomendó el plato típico Navideño Checo, milanesa de carpa con una ensalada de patatas…

Comieron a gusto y brindaron con vino.

Cuando terminaron salieron a pasear por el centro que estaba plagado de casetas, donde se vendían vasos de sidra y vino caliente para revitalizarlos y que se acompañaban con todo tipo de galletas duras.

Un gran pino natural montado en el centro de la plaza central, adornado de cientos de bolas y luces.

La gente paseaba abrigada hasta las orejas sobre la nieve pisada, disfrutando de una noche llena de emoción.

Betty y Armando abrazados esperaban atentos entre la multitud la llegada de la medianoche. Cada vez más gente se iba reuniendo para celebrar la Navidad y luego ir a la misa del gallo a disfrutar de los conciertos que se ofrecían al terminar los servicios.

De pronto empezó a nevar y Armando abrazo a Betty, le acomodo el gorro y la bufanda y la beso en la frente mientras la acurrucaba en su pecho. El sonreía feliz mirando como el reloj empezaba a sonar anunciando la tan esperada hora, la gente se saludaba y tocaban cornetas y maracas.

Armando la miró para desearle una Feliz Navidad y se encontró con los ojos llorosos de su amor.

- Por qué lloras?

- Por qué te amo.

- Y eso te hace llorar?

- Si, por qué es la única forma que encuentra mi corazón de enseñarte cuanto te ama.

Armando la sostuvo contra su cuerpo y ahí la dejo mientras la nieve caía a su alrededor.

Ya en la noche en el hotel, Betty le quito la ropa y lo acostó en la cama apoyándolo contra el cabecero.

- Espérame aquí, solo será un segundo, voy a ponerme tu regalo.

Armando sonrió contento, imaginado un body o una ropa interior sexy.

Betty salió del baño e iba totalmente desnuda. El se quedó embobado y extrañado de verla así.

- Y mi regalo? Pensé que te pondrías algo sexy… aunque claro tampoco me puedo quejar.

- Eso es porque no estás mirando bien, lo llevo puesto.

Mientras le hablaba gateo hasta él desde los pies y poco a poco se fue acomodando en su regazo. Comenzó a acariciarle suavemente la cabeza y sus dedos fueron bajando suave y lentamente por su cara.

Armando la miraba fijamente perdido en su ojos.

- Mira bien mi amor y veras que lo llevo puesto.

Sus dedos se detuvieron en sus ojos tapándole la visión de su cara y Armando estaba a punto de repetirle que ella estaba desnuda y que no veía nada, cuando un reflejo llamó su atención. Sus ojos enfocaron y entonces lo vio.

Allí en su dedo el anillo que hace tantos meses le había regalado.

Las lágrimas se le saltaron involuntarias.

- Beatriz… Beatriz…

No podía hablar, la emoción le embargaba el cuerpo. Sólo pudo abrazarla y besarla poniendo todo su amor en sus besos.

- Beatriz dímelo.

- El que? Que acepto?... Bueno pues, acepto, me quiero casar contigo y que tu seas el señor de Pinzón.

- Te amo tanto, tanto…

- Ahora hagamos el amor y mañana me das tu regalo y yo te doy el otro.

- No necesito más regalos, ya nada podrá superar este.

- Oh pero yo creo que el otro te hará bastante feliz.

Y antes de que él pudiera replicar, Betty se deslizo por su pene y ya nada más en el mundo le importaba a ninguno de los dos.

A la mañana siguiente despertaron abrazados, y con unas sonrisas cómplices.

- Buenos días futura señora mía.

- Buenos días futuro señor mío.

- Mi amor quieres tu regalo?

- Creo que he sido muy buena, me lo merezco no crees?

- Te mereces el cielo entero.

- Me conformo contigo. Mi cielo.

- Ay que te como.

- Venga levantémonos, tengo hambre y deseo pasear.

- Nos duchamos juntos?

- Si, hay una parte de mi espalda a la que no llego.

- A su servicio mi señora.

Desayunaron y se prepararon para salir, antes Armando abrió la caja fuerte y le entregó el hermoso paquete.

Betty lo abrió con mucha ilusión y se encontró con una caja de terciopelo azul, dentro había un hermoso reloj, un Seiko Credor Sonnerie, era tan majestuoso que lo miró con reverencia.

Hace meses ella lo había visto en un programa de televisión y se había quedado prendada de él.

Y él se había acordado.

Lo beso un rato largo. Estaba nerviosa por el otro regalo que le tenía preparado.

- Bueno ahora cierra los ojos… esta bien puedes abrirlos.

En sus manos había puesto un sobre blanco sin nada escrito.

Armando la miró interrogante y ella le animo a abrirlo. Dentro había un papel doblado y por un momento el corazón de Armando se detuvo imaginando un análisis de alguna clínica donde diría que iba a ser padre.

Pero se quedó aún más sorprendido con lo que encontró.

Era una solicitud aprobada.

Betty había pedido un traslado a alguna sucursal en Berlín y se la habían concedido.

- Dios mío Beatriz, esto es en serio?

- Aha…

- Betty mi vida, yo… estoy tan feliz, pero me siento mal que tengas que renunciar a tus amigos y tu vida en Málaga por mi.

- Pues no lo hagas, porque yo me siento tremendamente feliz de saber que para el verano que viene ya estaremos viviendo juntos.

- Mi amor, mi amor… que hice para merecerte?

- Amarme, solo eso… amarme.