La única forma en la que Wuxian podía intentar describirlo era con flores, semejantes a él en belleza.

Los acianos para definir su rostro teñido de rosa cada vez que hacía alguna cosa ridícula en su contra, y se enfadaba, pero más que enfado, era una vergüenza mal simulada ante sus ojos, que hacían el paralelo a la definición de arte, mientras sus labios se curvaban y una arruga algo pronunciada se reflejaba en su rostro. Entonces Wei Wuxian hacía algún que otro gesto, sacando su lengua, y guiñando un ojo, sólo para turbar más la calma de ese chico que quizá, por su carácter, no era un aciano.

Tal vez una Lila, similar a su ropa, para describir la pureza, que se reflejaba en su rostro cada vez que se colaban entre sus libros de estudio alguna que otra pintura de arte erótico, y Jiang Cheng sólo se espantaba ligeramente molesto.

-Es más la sorpresa, idiota. —Solía decir, pero el sonrojo que trazaba sus pómulos indicaban que no era sólo eso, sino que se calaba hasta la médula la idea de estar contra una cama mullida junto a la persona que arrebataba sus latidos estables. Entonces, se da cuenta de que las Lilas quizás no le queden tan perfectas, a ese espíritu que sólo buscaba, de alguna u otra forma, calmar su corazón irascible.

Tal vez los claveles, para cada una de las veces en que el hermano mayor de los Jades de Gusu se acercaba sutilmente y le tomaba la cintura, para acomodar su postura de batalla, y entonces rechinaban sus dientes cuando eso sucedía. Sus manos entonces se dirigían a las de XiChen para apartarlas sutilmente, justificando la imprudencia de tocar a su Shixiong, y reclamando que sólo él podía palpar con esa magnitud casi indecorosa sobre su piel.

Aunque lo último nunca dicho en voz alta. Y entonces se percata de que tampoco es un clavel, porque los celos lo abandonan en cuanto Cheng se escabulle de esa sutil discusión sin violencia que se desarrolla por su causa, y toma la mano de su hermano del alma, llevándolo lejos de ahí.

Tal vez una cala blanca, mientras desliza sus besos por sobre su cuello, y deja una que otra marca roja, que es comparada sólo al rubor que tiñe sus orejas, y al calor que irradia su cuerpo ante cada sutil delineado de sus dedos contorneando su pecho, su clavícula, sus hombros, sus brazos y sus manos. Tal vez una caléndula, cuando ve, repentinamente, el turbio camino demoníaco que ha debido tomar, una vez que todo se rompe y Jiang Cheng parece tan, tan inalcanzable, y entonces se resigna a cuidar de los Wen, a intentar aplacar esa pena de amor que lo supera. Tal vez sólo una caléndula, pero eso era Wuxian, con su amor unilateral, mientras su hermano escapaba de la categoría de cala blanca, porque si bien era carnal, era la atracción filial uno de los motivos que no podía dejar escapar. Y entonces todo era eros.

Tal vez, Jiang Cheng era sólo una Lobelia. Una vulnerable Lobelia que fue corrupta de sentimientos negativos, de odio, de dolor, de resentimiento, y entonces esas malas sensaciones corrosivas lo terminaron de consumir y participó en la aniquilación de su persona.

Wei Ying ya no sabía qué era. Pero de algo estuvo seguro, una vez que le volvió a ver: Jiang Cheng parecía asemejar más a un loto, como ese golpe de buena suerte. Una nueva vida, un nuevo cuerpo, una nueva oportunidad de verlo, aún después de todo el daño, pero sobretodo, un nuevo amor teniendo a WangJi de su parte. De su lado, dándolo todo.

Jiang Cheng era un loto. Una belleza entre tanta gente que, similar al charco, sólo le ahogaba y acorralaba.