Nombre: I'd Rather Be…. Free

Personajes: Arthur Weasley, Molly Weasley, Bil Weasley, Charlie Weasley, Percy Weasley, George Weasley, Ron Weasley, Ginny Weasley, Oliver Wood, Marcus Flint, entre otros, incluyendo OC.

Advertencias: Abuso psicológico, Físico, Menciones de depresión, Suicidio y Menciones de Violación.

Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es completamente de la autora JotaKáRoulin.

Notas del Autor: Bueno, aquí les traigo un fanfic de una idea que ha estado rondando en mi cabeza por unos días. No tengo un beta, por si cometo fallos de redacción u ortografía, agradecería mucho los review con criticas constructivas.

Sí quieren que la historia siga, háganmelo saber. ;)


Era una tarde fría de diciembre, había nevada toda la noche, cubriendo la ciudad en un manto blanco que brillaba ligeramente por la escaza luz del sol trasminada por las nubes. No era uno de esos días donde te apetece salir a la calle, precisamente por la comodidad que supondría quedarse en casa con tu pareja o tu familia, bebiendo chocolate caliente y viendo un programa malo en la televisión o en su defecto, leyendo un buen libro, pero las cosas para Ginevra Molly Weasley (próximamente Potter) nunca fueron sencillas o simples.

Seis meses pasaron desde que comenzó a jugar para las Arpías, pero no hace más de una semana que su escoba se rompió por un descuido, claro, podía practicar con las escobas pertenecientes al equipo, pero no había nada como usar una para ella. Después de todo, las escobas al igual que las varitas, deben estar hechas para el mago, ¿podía usar otras? Sí, pero no era la misma comodidad.

Pegó un suspiro agitado al entrar al callejón Diagon, por supuesto, ella esperaba enfrentarse a una cantidad descomunal de gente, como siempre, pero en esta ocasión el callejón parecía estar extrañamente despejado. Había más de una docena de personas, claro, pero la calle no estaba tan congestionada así que podría avanzar con relativa facilidad.

Iba con una meta clara en la cabeza, encontrar la escoba perfecta para su puesto de cazadora. El callejón tenía un par de tiendas donde podría conseguir la escoba, así que las visitaría todas, haría la compra perfecta. Después de crecer en la madriguera sabía la importancia del ahorra, claro, ahora su familia tenía estabilidad económica, su prometido tenía una fortuna, pero eso no significa que iba a gastar todo su dinero en una escoba lujosa que terminaría rota, ella encontraría la mejor... para ella.


—Ah. —suspiró.

Había salido de la segunda tienda después de inspeccionar cada escoba, desde los modelos clásicos hasta los más recientes, pero no podía evitar darse cuenta de todos los errores, rayones e incluso los más ínfimos detalles que no la convencían. Las compras eran difíciles, especialmente cunado buscas algo especifico, es como si el objeto se volviera más claro y tu visión evolucionara a una de halcón, podías ver cosas que antes no, todo lo contrario, al amor que, según muchos, es ciego.

Habían pasado dos horas desde que llegó, las nubes parecían tornarse más oscuras, mientras el color anaranjado del cielo nublado, parecía ir tornándose en una azul oscuro, incluso comenzó a nevar otra vez, amontonando en la calle pequeños bultos blancos.

Caminó diez pasos a la siguiente tienda cuando pasó, lo vio. Una mata de cabello rojo y ondulado, un cuerpo larguirucho mucho más delgado de lo que podía recordar. Habían pasado dos años desde la última vez que se vieron, cuando terminó la segunda gran guerra mágica, y.… enterraron a Fred,

Sí, incluso después de los años, seguía siendo difícil pensar en su hermano mayor caído en la guerra, uno de los hombres más divertidos que conoció, alguien que no pensó que perdería tan pronto.

Cerró su puño con enojo al reconocer a Percy, iba caminando directamente a las chimeneas cercanas, seguramente para irse. Quería ir ahí, gritarle, reclamarle por abandonarlos por segunda vez, ahora en un momento mucho más crítico en la historia de su familia. Ya no había excusas, la falta de pruebas para creerle a Harry, la ambición o el ministerio, había sido un cabrón con ellos, yéndose sin despedirse, dejando a su familia rota aun peor.

No se dio cuenta en que momento sus pies reaccionaron otra vez o cuando se acercó lo suficiente como para tomarlo de la muñeca, lo único en lo que pudo fijarse fue la forma tan brusca en que se dio la vuelta, dejándola en completo shock.

Percival Ignatus Weasley... simplemente no parecía él. Su cara tenía un semblante demacrado, unas ojeras enormes adornadas por lo que parecía ser un hematoma morado, muy feo si podía decir, su cara afilada ahora parecía obscenamente delgada, como si no hubiera comido algo bueno por meses. Incluso ella, siendo una mujer varios centímetros más baja, parecía poder romperlo si le daba un golpe.

—Yo... Percy…— quiso decir.

Su hermano pareció alterado, como si hubiera visto a un dementor o al mismo Lord Voldemort en persona, ni siquiera dio lugar a una segunda oración cuando ya se había escabullido por la chimenea, cosa que imitó, sin saber exactamente a donde la llevaría.


Tardo un minuto en darse cuenta de donde estaba, mismo que basto para que Percy le cerrara la puerta en la cara, una bastante bonita, cosa que al menos indicaba que no vivía en una zona de mala muerte.

Nuevamente, las cosas pasaron de cero a cien en un minuto. "Menudo imbécil, ¿cómo se atreve a cerrarme la puerta en la cara?" pensó.

Los golpes que dio no fueron silenciosos, estaba segura que los vecinos podían escucharlos, pero francamente no le interesaba. Claro, sería un escandalo que la cazadora de las Arpías estuviera como una loca golpeando la puerta de su hermano, pero peores cosas habían hecho al crecer.

—Abre la maldita puerta, Percy. —amenazó.

Si ella pudiera ver a través de la pared habría notado como su hermano mayor se tensó, dejando caer la bolsa de tela llena de los ingredientes para la cena, tratando de tomar aire para calmar los temblores que se liberaron como una tormenta eléctrica en su pecho.

Giró el pomo con una lentitud exasperante, retrocediendo cuando Ginny empujó con tal fuerza que casi lo tumbó.

—Uhm...hola, ¿qué buscas, Ginevra? —habló con la voz más neutra que pudo pronunciar.

—A ti, maldito bastardo. — pronunció ella sin pensar. Estaba tan enojada, tan frustrada, habían pasado casi seis años desde la última vez que tuvo una verdadera conversación con él, antes de que se marchara de casa por los problemas con su padre, quería gritarle, pero sus pensamientos estaban hechos una revolución. —¿cómo te atreviste a abandonarnos otra vez? ¡Después de lo de Fred! Cualquiera pensaría que verlo morir te haría reflexionar, pero no... sigues siendo el mismo orgulloso, pomposo, imbécil de siempre, cerrándome la puerta en la cara como si fueras mejor que yo. — reclamó.

Ginny pudo esperar cualquier cosa, gritos, reclamos, incluso que le cerrara la puerta en la cara nuevamente, pero no estaba preparada mentalmente para ver la reacción de su hermano, un simple y sencillo, "Uh, pe-perdón", como si no tuviera nada más que decir, como si eso fuera a solucionar las cosas.

El rostro de la pelirroja se puso colorado por la ira, ¿era acaso una burla? —¿Qué quieres dec... — iba a preguntar, pero fue interrumpida por la voz de Percy, una voz más fuere, pero no firme... solo alterada.

—¡Por Dios! Mira la hora, debes irte. —murmuró. —ahora... —no dio tiempo a quejas, cerrando la puerta.

Ginny estaba tan confundida que, otra vez, no pudo hacer nada para evitar que le cerraran la puerta en la nariz.


Percy Weasley tenia miedo, estaba asustado, todo el tiempo de todas las cosas, porque sabía que un error podía provocarle problemas, no con el ministerio o su familia, no... sino con su novio, con Marcus.

Ignoró los nuevos golpes de la puerta, tomando la bolsa que estaba en el piso, con todos los ingredientes para un buen guisado de carne, ignoró la voz tortuosa de su hermana que le recordaba lo patético e inútil que era, después de provocar la muerte de su hermano, después de abandonar a su familia porque era un cobarde que no era capaz de lidiar con ellos.

Pero ahora tenía algo que hacer, a alguien que atender, un novio que lo amaba... que lo quería incluso siendo tan inútil, tan bueno para nada, que lo obligaba a castigarlo por los errores que cometía.

El sonido de la aparición lo hizo pegar un pequeño salto, tomó la verdura y se giró temblado un poco. No sabía que decir, se le había hecho tarde en el trabajo, su hermana le consumió tiempo, pero no podía poner excusas, era su trabajo tener la cena lista.

—¿Y la comida? —preguntó.

Marcus Flint, el antiguo jugador del equipo de Slytherin, se acercó a Percy con un paso firme. ¿Por qué siempre había un error? Podía entender que su novio no fuera el más listo o veloz, pero tanta inutilidad lo enfermaba.

—Mar-Marcus, yo... estaba apunto de hacer la cena.— asintió frenéticamente.

Caminó a la sala para traer su bolsa, una pequeña mariconera de cuero que usaba para ir a trabajar, sacó una botella de Whisky y se la entrego.

—Y-yo te compre esto. —murmuró, esperando que el regalo le gustara.

El otro hombre tomó la botella con cuidado, mirando la etiqueta con una sonrisa, antes de arrojarla a la pared, justo aun lado del pelirrojo que saltó por la forma en que los vidrios explotaron.

—¿De verdad cree que un regalo barato puede justificar que llegue a casa y no este mi cena? ¡Trabajo todo el día para darnos una buena vida! Lo único que espero es tener una comida caliente cuando llegó.

Percy retrocedió por los gritos, dando un sollozo de terror cuando la mano de su pareja se poso encima de su cuello, iba a replicar, pero no sabía cómo. El muro fue lo segundo que sintió, su cabeza chocando con la pared, con sus lentes cayendo al piso mientras la sangre comenzaba a escurrir.

—¡Ya! Por favor... —suplicó con un grito, pero fue respondido por un golpe en el vientre.

La paliza comenzó, como casi cada día, con golpes duros, azotes, gritos, pero en el fondo sabía que se lo merecía.


Ginny Weasley caminó por el pasillo con una expresión sombría, después de no poder hablar con su hermano, el traidor, debía volver al callejón. Fue el sonido de un vidrio explotando y gritos lo que la hicieron girar, pero después de dudarlo un poco, optó por tomar el polvo flu e irse... seguramente no era nada, después de todo, su hermano sabía cuidarse solo. ¿no?